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la edición independiente hoy vista por andré schiffrin: un florecimiento no exento de problemas

André Schiffrin abre la introducción de su libro L’argent et les motsEl dinero y las palabras— comentando la evolución que ha tenido el panorama editorial francés desde la publicación de La edición sin editores en Francia, que tuvo lugar hace ya una década. Dice Schiffrin con respecto a la reacción que en su momento suscitó este libro en Francia:

‘La situación que yo describía en el mundo anglosajón en efecto era crítica y lamentable pero tal evolución era imposible en el país de la excepción francesa, donde la diversidad cultural forma parte integrante del sistema. A decir verdad la reacción en España, donde el libro apareció un tiempo después, fue sensiblemente la misma. Hoy aquellos que leyeron el libro me reprochan haber sido demasiado optimista. La situación actual es aún peor que la que yo describía e incluso peor que lo que yo esperaba. Porque yo también pensaba que en la situación francesa el peso de los dos grandes grupos, Hachette y Vivendi, podría permanecer felizmente equilibrado por el tercer grupo, el de los independientes, que es lo suficientemente poderoso e influyente para mantenerse en pie frente a la presión de los conglomerados y a la tendencia hacia la globalización’.

Si en Francia los editores independientes conforman un bloque ‘lo suficientemente poderoso e influyente para mantenerse en pie frente a la presión de los conglomerados’, ¿qué podemos decir al respecto en el caso español?

Schiffrin explica la repercusión que el modelo de gestión de los grandes grupos está teniendo sobre su actividad editorial, lo cual está representando una oportunidad para el número creciente de pequeñas editoriales independientes que desde hace unos años vienen enriqueciendo el panorama de la edición tanto en Europa como en los Estados Unidos. Además de describir la situación en la que se encuentran actualmente los buenos editores que aún quedan en los grandes grupos, Schiffrin destaca el fenómeno del florecimiento de la edición independiente al mismo tiempo que llama la atención sobre las dificultades a las que deben enfrentarse las pequeñas editoriales pertenecientes a este segmento para dar a conocer y distribuir los títulos que editan. Al respecto anota Schiffrin:

‘En este mismo orden de ideas, en los grandes grupos estadounidenses y europeos se da una tendencia centralizadora: editoriales hasta el momento independientes se han fundido en conjuntos más vastos, lo que permite despedir todavía a más gente (…)

Todo esto no quiere decir que los grandes grupos vayan a desaparecer de la circulación, como algunos han sugerido. Lo más probable es que continúen publicando best sellers año tras año y beneficiándose de las ventas de su fondo, construido en tiempos más propicios. Su flujo de novedades va a reducirse a su mínima expresión y a limitarse a los títulos susceptibles de generar beneficios. Es una época difícil para los buenos editores todavía numerosos en estos grupos, que intentan mantener la práctica del oficio que han venido ejerciendo hasta el momento y que consagran lo esencial de su capacidad a mitigar la presión incesante de sus propietarios.

Sin duda ellos estarían de acuerdo en afirmar que los libros que solían publicar y que querrían continuar publicando tienden a ser publicados cada vez más a menudo por las pequeñas editoriales independientes que se han multiplicado en los últimos años en Europa y en los Estados Unidos. (En Italia han aparecido literalmente cientos de nuevas editoriales en los últimos diez años).

Este florecimiento es un signo alentador, sobre todo si tenemos en cuenta que muchas de estas editoriales han sido creadas por jóvenes. Pero ellas se enfrentan a grandes dificultades tanto para lograr un equilibrio financiero como para asegurar su difusión y su distribución. Para aceptar a un editor los grandes distribuidores exigen un volumen de negocio anual importante, lo cual excluye a la mayor parte de las pequeñas editoriales que por esto deben arreglárselas para hacer su propia difusión y distribución’*.

Tras haber enunciado los principales problemas a los que debe enfrentarse hoy en día la pequeña edición independiente, más adelante Schiffrin plantea que las ayudas públicas son el eje alrededor del cual debería articularse una estrategia orientada a su fortalecimiento. Según Schiffrin estas ayudas deberían materializarse en fondos para financiar la edición de proyectos puntuales o la traducción de textos escritos en otras lenguas cuya viabilidad comercial es baja, para pagar el salario de los empleados o el alquiler de las oficinas y para que las bibliotecas públicas incluyan en sus adquisiciones títulos de estas editoriales.

Aunque soy consciente de que ciertas ayudas públicas son críticas para que el desarrollo de algunas iniciativas editoriales sea posible, tengo mis reservas con respecto a una cultura tan altamente subvencionada como la que propone Schiffrin. Además de que no creo que la viabilidad y la sostenibilidad de ningún proyecto privado deban depender de manera significativa de los fondos públicos, cada vez que se convocan y se asignan ayudas oficiales se lleva uno más de una ingrata sorpresa al ver a dónde van a parar esos recursos y lo que se hace con ellos.

Me pregunto qué pensará Schiffrin acerca de las posibilidades y las oportunidades que la emergencia de lo digital les abre a los pequeños editores para encarar no sólo el proceso de edición de sus libros y la construcción de su oferta, sino también aspectos operativos vitales como la comunicación, la promoción y la comercialización —un tema al que estamos dándole vueltas en el grupo “Las estrategias de la edición independiente” de Ediciona, al que todos están invitados a unirse—. Creo que hoy en día la omisión de este tema en un libro que intente dar cuenta de la evolución del sector editorial, de su estado actual y de las dificultades a las que deben enfrentarse algunos de sus segmentos sólo es justificable si, como dicen a menudo los informes de investigación académica, abordarlo ‘rebasa los límites de este trabajo’ —Words & Money, la edición original de L’argent et les mots, salió en noviembre de 2010 (casi al tiempo que la traducción francesa)—.

Más adelante comentaré otros de los temas que Schiffrin aborda en L’argent et les mots con la agudeza y el sentido crítico que lo caracterizan.

***

A propósito del estado actual de la edición independiente recomiendo estar atentos a lo que suceda en “Otra mirada, el 1er Encuentro de Librerías y Editoriales Independientes Iberoamericanas” que organiza la librería Cálamo de Zaragoza y que tendrá lugar los próximos días  24, 25 y 26 de febrero (ver el programa). Y para terminar recomiendo leer el comentario sobre “Otra mirada” que Manuel Gil publicó hoy en Antinomias libro, cuyo título es “Paco Goyanes, kamikaze o visionario”.

* nota: gracias a Gabriela Torregrosa por su colaboración en la traducción de este fragmento de L’argent et les mots.

presentación de fet a amèrica: ¿cómo atravesar las fronteras?

Ayer lunes 18 de octubre tuvo lugar en Casa Amèrica Catalunya la presentación de Fet a Amèrica, en la cual intervinieron algunos de los autores invitados a participar en el festival: Inés Bortagaray (Uruguay), Luis Humberto Crosthwaite (México), Israel Centeno (Venezuela), Marta Aponte Alsina (Puerto Rico), Javier Vásconez (Ecuador) y Tomás González (Colombia). En la presentación presidida por Lolita Bosch y Fernanda Álvarez del Colectivo Fu también intervinieron Marta Nin y Cristina Osorno de Casa Amèrica Catalunya, la editora Carola Moreno de Barataria y Paz Balmaceda —quien moderó las conversaciones compiladas en el libro 18 escritores. La novela latinoamericana contemporánea—.

Una vez se abrió el espacio para los comentarios y las preguntas de los asistentes a la presentación, les planteé a los autores que asistieron al acto una pregunta que desde hace un tiempo me inquieta y que ya he abordado en ocasiones anteriores*: ¿cómo ha sido la circulación y la recepción de su obra fuera de sus países de origen?

Recojo las respuestas que dieron a esta pregunta los autores, la mayor parte de los cuales publican con las filiales que tienen en sus países los grandes grupos editoriales españoles y en algunos casos también lo hacen con editoriales independientes españolas:

Tomás González: recientemente su obra ha empezado a publicarse y a comercializarse fuera de Colombia, lo cual indica que poco a poco ha ido logrando traspasar la frontera de su país de origen.

La traducción de su obra al alemán y la buena acogida que ha tenido ésta entre la crítica de Alemania ha sido el motor que ha impulsado la circulación de la obra de Tomás González por fuera de su país.

Javier Vásconez: para los escritores latinoamericanos la edición y la distribución de su obra representa un doble problema porque para que sus libros lleguen a otros países de la región diferentes del suyo antes deben haber entrado al circuito editorial español. Incluso después de haber sido publicados por una gran editorial española, es difícil colocar los libros de un escritor ecuatoriano, guatemalteco o chileno en una librería peruana, mexicana o uruguaya.

Las herramientas de comunicación en línea amplían significativamente las posibilidades de circulación de la obra al tiempo que la curiosidad que presupone la traducción a lenguas como el alemán o el francés contribuye a despertar el interés por ésta.

Israel Centeno: el origen del problema está en la relación entre el autor y el lector, por lo cual la pregunta fundamental es: ¿cómo llega el autor a sus lectores?

En ese sentido es necesario establecer un intercambio fluido entre los distintos países hispanohablantes a través del cual pueda ponerse a circular la diversidad que hay en ellos.

Al final como fuente de legitimación el respaldo del lector pesa más que la concesión de un premio o la publicación en una editorial determinada porque ‘encontrarse con el lector es más importante que estar en un sello’.

Luis Humberto Crosthwaite: como autor inicialmente le interesa que su obra circule en el ámbito mexicano. Llevando este planteamiento al extremo, afirmaría incluso que es un autor que escribe para su familia.

En su condición de autor la entrada a Facebook le ha abierto las puertas al contacto con los lectores de su obra.

Según Carola Moreno, para un editor español llevar libros a América Latina es casi imposible debido a las dificultades que imponen algunas cuestiones de carácter arancelario, territorial y político. Carola destacó que al exportar libros a América Latina se gastan en impuestos, transporte y trámites grandes cantidades de dinero que deberían invertirse en acciones de comunicación y promoción. Por otro lado, Carola señaló que debido a lo anterior paradójicamente resulta más fácil vender libros españoles en países pertenecientes a otros ámbitos lingüísticos como Francia o Alemania que en América Latina.

Carola llamó la atención sobre el hecho de que en América Latina el precio de los libros españoles es prohibitivo, por lo cual éstos son vistos como bienes suntuarios y no como objetos cuya finalidad consiste en ser leídos.

Desde su condición de autor latinoamericano Javier Vásconez retomó el planteamiento de Carola a la inversa, preguntando por qué España casi no importa libros latinoamericanos.

En un momento en el que los contenidos son más relevantes que los soportes y en el que el transporte de mercancías no siempre es la solución más óptima para la gestión de bienes culturales que pueden bien sea materializarse directamente allí donde van a comercializarse o bien desmaterializarse, un modelo en el que la presencia en otros mercados siga basándose en la exportación de libros quizás sea cada vez más obsoleto. ¿No sería mejor echar mano de recursos como la edición de contenidos en formato digital y la impresión bajo demanda o pensar en otros modelos como la coedición, por el que justamente han apostado el Colectivo Fu y Barataria para llevar a América Latina el libro 18 escritores. La novela latinoamericana contemporánea?

Paz Balmaceda, por su parte, puso sobre la mesa el tema de la manera como se gestionan los derechos en los contratos que algunas editoriales —sobre todo las filiales locales de los grandes grupos españoles— les proponen a los autores. Según Paz, las cláusulas de derechos universales para todos los territorios en lengua española son un obstáculo para que las obras de los autores latinoamericanos circulen en países distintos del suyo. ¿Qué opinarán los distintos agentes literarios, editores y autores con respecto a la propuesta de acabar con lo contratos de derechos universales y de instaurar un sistema basado únicamente en acuerdos de explotación circunscritos a territorios específicos?

Todas estas intervenciones no hacen más que confirmar que existen diversos obstáculos que en los ámbitos literario y editorial dificultan el establecimiento de un intercambio fluido entre los distintos países latinoamericanos, así como entre éstos y España. Vale la pena preguntarse si el origen de estos obstáculos está solamente en cuestiones de carácter legal, arancelario y económico o si su existencia se debe además a una falta de interés no sólo del sector editorial y de los medios de comunicación, sino también de los lectores.

* a propósito de este tema, ver las siguientes entradas:

“venir a españa para poder ir al país de al lado: ¿la paradoja de los escritores hispanoamericanos?”

“¿qué deben hacer los escritores hispanoamericanos para cruzar la frontera?”

“una cuestión de derechos”

“¿por qué los escritores que escriben en español se leen poco en países hispanohablantes distintos del suyo?: ideas de maría moreno y javier moreno”

“sobre el comercio de libros entre españa y américa latina”

Miércoles, junio 30, 2010 categorizado bajo 1, edición, editores, editores independientes

el editor como cómplice en el encuentro entre la obra y sus lectores

Muy estimulantes y sugestivos los planteamientos que hace el editor alemán Kurt Wolff en los textos recogidos en el libro Autores, libros, aventuras, que recientemente publicó Acantilado.

Hay varios aspectos de estos textos de Wolff que me han parecido particularmente llamativos: en primer lugar, que entre líneas puede encontrarse una declaración de los valores que le sirven a Wolff como principio para el ejercicio del oficio editorial; en segundo lugar, la existencia de una concepción eminentemente humanista del oficio del editor; en tercer lugar, que en sus palabras se adivina a un editor sumamente cuidadoso con el tratamiento de las distintas fases del proceso editorial; y, por último, la vigencia de sus inquietudes y opiniones en un momento en el que casi cincuenta años después de la muerte de Wolff toda nuestra atención parece centrarse obsesivamente en vender libros, archivos y cacharros a como dé lugar y en nada más.

A continuación reproduzco un fragmento de Autores, libros, aventuras en el que Wolff se refiere a las condiciones que en un momento dado pueden favorecer o dificultar la llegada de autores a una editorial:

‘El Golem es una buena ocasión para comentar que, cuando una editorial tiene la suerte de alcanzar un éxito con un libro, y además con un libro que no es malo, esto tiene una grata consecuencia: atrae a los autores. En los años de poco éxito, la afluencia de nuevos autores era escasa; en los años exitosos, excesiva. Así lo vivimos entonces con el Golem, poco más adelante con Heinrich Mann y Tagore. (No, Tagore no debe valorarse como ustedes piensan: André Gide, William Buttler Yeats, Rilke, Ezra Pound y algunos otros autores de categoría lo sabían mejor que los literatos alemanes, para quienes el éxito y la ausencia de valor eran sinónimos; este tradicional esnobismo en el mundo literario alemán es un tema del que se podría hablar largo y tendido…).

Aunque, por supuesto, es evidente que no puede demostrarse en cada caso concreto, no cabe duda de que los extraordinarios éxitos que obtuvo la editorial Kurt Wolff  con Meyrink, Heinrich Mann, Tagore o también con los primeros tomos de la poesía de Werfel y su drama Die Troerinnen (Las troyanas) trajeron consigo un aluvión de manuscritos y propuestas editoriales que, de otro modo, no nos habrían llegado. El hecho de que entonces existiera una nueva editorial abierta a la joven generación y en la que se publicaba a Kafka, Werfel y Hasenclever instó a innumerables jóvenes escritores, con talento y sin él, a enviarnos sus manuscritos’.

En este caso más que el ir y venir de autores como consecuencia del poder de seducción que tiene el éxito de una editorial, lo que más me llama la atención de las palabras de Wolff es el énfasis que ponen en el rol que juega el editor como mediador y dinamizador cultural bien sea al propiciar el encuentro entre los lectores y los creadores de su tiempo o bien al poner a sus contemporáneos en contacto con las obras literarias que se han producido en otras épocas.

De ahí el rol que en un momento dado pueden jugar ciertos editores, que gracias a la manera como asumen y hacen su trabajo llegan a ocupar un lugar central en la vida cultural de su época.

Seguro que de éstas y muchas otras cosas más se hablará mañana y el viernes en Madrid, durante el seminario “La edición cultural: sentido y oportunidades” que organiza la Asociación de Revistas Culturales de España (ARCE).

Martes, abril 13, 2010 categorizado bajo 1, destacados, editores, editores independientes

el editor como descubridor

Desde la semana pasada que empecé a releer La sabiduría del editor me dan vueltas en la cabeza las palabras con las que Hubert Nyssen empieza el capítulo “El arte del descubrimiento”. Dice Nyssen:

‘Joven o maduro, el editor literario se siente a veces y se pregona siempre investido de una misión de descubridor. Pues, él lo sabe, si confesara no tener más ambición que la de vender bien su mercancía (como hacen tantos hoy), sería simplemente uno de esos vendedores de papel impreso que abastece el grueso de la plantilla en la corporación editorial. En suma, para el editor, el descubrimiento es a la conquista lo que la invención es a la producción: la manifestación de su autoridad, aquello por lo que le son reconocidos el mérito de la revelación y el privilegio de la propiedad.

Mediante el descubrimiento, el editor accede a una forma de creación que le pertenece, la de su catálogo. Un lugar, ese catálogo, donde todo recién llegado, al mismo tiempo que es irradiado por el entorno que lo acoge, aporta un poco (y a veces mucho) de su propio barniz’.

Las palabras de Nyssen me hacen pensar en la idea del editor como el intermediario para que un texto encuentre a sus lectores y para que éstos den con el tipo de cosas que quieren leer de acuerdo con las necesidades, los intereses y las expectativas que dicta su disposición en un momento particular. Para jugar este rol de intermediario el editor debe ser un explorador que pone en práctica un ejercicio de observación participante en su entorno con el objetivo de identificar pistas que lo lleven a encontrar alguna perla o, en caso de tener muy buena suerte, a descubrir un yacimiento de estas piedras preciosas.

Justo ayer que estaba preparando esta entrada, Jorge Herralde se refirió a este mismo tema en el diálogo que sostuvo con Luis Solano, de Libros del Asteroide, en el ciclo Edicció. Converses amb editors/Edicció. Diálogos con editores que está realizando la librería Laie en el café de su local de la calle Pau Claris. A propósito de este tema Herralde hizo alusión, entre otras cosas, al problema que tienen los pequeños editores independientes cuando los grandes grupos sacan la chequera para seducir a los autores en los que ellos han invertido tras haberlos descubierto y dado a conocer, ofreciéndoles sumas de dinero que quienes han apostado por ellos inicialmente no están en capacidad de asumir.

Lo paradójico es que, como comentaron ayer Herralde y Luis, muchos de los nuevos editores independientes están construyendo su catálogo al menos en parte mediante la recuperación de títulos que han publicado los sellos de calidad de los grandes grupos pero que desde hace un tiempo se encuentran descatalogados porque para éstos no es rentable mantenerlos vivos. Curioso, ¿no?

xxii editores: conversaciones con editores independientes en revista de letras

Interesantísima la serie XXII Editores, el especial de conversaciones con editores independientes que la semana pasada se empezó a publicar en Revista de Letras. Hasta el momento se han publicado las conversaciones con varios de los editores independientes españoles que más me llaman la atención:

- Juan Casamayor, de Páginas de espuma

- Enrique Redel, de Impedimenta

- Julián Rodríguez, de Periférica

- Marian y James Womack, de Nevsky Prospects

En las conversaciones del especial XXII Editores están tocándose diversos temas relacionados no sólo con el origen de la vocación del editor, las particularidades de su oficio, la manera como se vive el día a día en las distintas editoriales o el libro electrónico, sino también con la naturaleza, el espíritu, las motivaciones, el objetivo, el balance de la experiencia y los proyectos a futuro de cada proyecto.

Creo que XXII Editores puede ser un punto de partida sólido para sacar una radiografía del estado actual de la edición independiente en España, que es un tema que me interesa enormemente y que desde un principio ha sido una motivación y a la vez un hilo conductor en [ el ojo fisgón ].

Recomiendo echarle un ojo XXII Editores y quedo a la espera de las próximas entregas de estas conversaciones con editores independientes españoles.

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