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Domingo, mayo 6, 2007 categorizado bajo edición, editores, editores independientes, lecturas de fin de semana

lecturas de fin de semana [ 12 ] / artículo sobre los editores independientes en américa latina

En su edición de ayer el suplemento Babelia, del diario El País, publicó un interesante artículo acerca de algunas editoriales independientes latinoamericanas que desde hace unos años se las arreglan para sacarle una serie de ventajas a la globalización aprovechando tanto las herramientas como los métodos que ésta provee con el propósito de alcanzar y consolidar una posición en segmentos del mercado distintos de los de los grandes grupos editoriales.


Espero que el puñado de casos que examina no despierte en la autora del artículo un optimismo infundado con respecto a lo que puede suceder con los editores independientes en una región en la que los índices de lectura son tan bajos, en la que el acceso a la cultura letrada está lejos de ser una prioridad para muchos sectores que crean sus estrategias tanto de supervivencia como de ascenso social en otros ámbitos y en la que el costo de los libros sigue siendo muy alto.

David y Goliat

Patricia de Souza 05/05/2007

La globalización tiene su Arcadia, es decir, su lado feliz. Ése sería el caso de los editores independientes en América Latina. Ellos son jóvenes, son idealistas y se permiten competir con editoriales enormes utilizando las ventajas de la globalización para actuar con libertad en un mercado que no tiene más árbitro que la oferta y la demanda, además de cierto talento e intuición. En una entrevista, Milton Friedman, economista defensor de la globalización, explicaba cuáles eran estas virtudes: permitir que el más pequeño empresario pueda competir con el más grande. David y Goliat con las ventajas de la técnica. Esos editores han aparecido en toda América Latina como una alternativa que se inspira de algunas ideas en común: acercar al lector de autores que no son editados por los sellos más importantes. No todos manejan las mismas coordenadas, pero la mayoría cree en lo que hace y lo lleva adelante con pasión. Su estructura es casi ínfima (no sé por qué nadie les ha dedicado todavía una tesis) y manejan además criterios de mercado, de calidad, aspirando a ser verdaderos editores, a influenciar la opinión y desarrollar una especie de política cultural independiente en favor de la cultura. Lo más interesante es que esta iniciativa es realmente independiente y no tiene nada que ver con una política de Estado, lo que hace de esta propuesta un proyecto dinámico y limpio.


Cuando se les pregunta por qué decidieron editar, ellos coinciden en que es una labor noble e importante, tal vez un reclamo de configurarse un rostro en el que cual reconocerse. Una de las primeras editoriales independientes surgió en Argentina, Eloísa Cartonera, y empezó a editar con papel reciclado para producir libros a muy bajo costo. Cuando un grupo de jóvenes peruanos se enteró del proyecto, decidió crear algo similar en Perú, utilizando los mismos materiales y trabajando con niños de la calle. La editorial tomó el nombre de un icono popular peruano, Sarita Cartonera. En Bolivia se ha creado otra filial, y en Santiago se han convertido en Las Chicas de Animita Cartonera. Desde hace un tiempo Sarita Cartonera (Perú) publica a autores como Ricardo Piglia, de Argentina; Margo Glanz, de México; Roncagliolo, o nuevos como Edwin Chávez y Miguel Ildefonso. Álvaro Lasso, de Estruendomudo, es otro ejemplo muy interesante. Ha logrado instalar a sus autores en las librerías de Lima, y empieza con una colección de traducciones (Tránsfugas) en la que ha publicado al autor francés Richard Millet, y su despegue es seguro. O Matalamanga, otro grupo editorial que acaba de publicar un libro de Mario Bellatin, Perros héroes. Pero también existen otras, me comenta Jaime Vargas Luna, de Sarita Cartonera, Yerba Mala en Argentina y Libros del Zorzal o los Sexto Piso, en México.

Su estética es muy diversa, recupera un cierto gusto popular por el símbolo, el sincretismo y el mestizaje cultural. Así, se crea un puente entre los diferentes países de América Latina, sin olvidar la traducción. Además de editoriales hay también revistas. Estruendomudo ha creado su revista, inspirada en las ganas de conseguir más lectores y hay otras como la de Las Sumasvoces, en Trujillo (Perú), con brillos internacionales. Estos editores se reunieron durante la Feria de Guadalajara en un encuentro bajo el nombre de Editores independientes y biobliodiversidad, para intentar formar un tándem editorial que se denominaría “Punche”. Las Sumasvoces, no sólo es una revista de literatura y arte sino un grupo de jóvenes idealistas que hace pensar en Fourier y su utopía sobre el amor como un motor de creación.

Hay una búsqueda de diversidad, ganas de ensanchar fronteras lingüísticas en el propio idioma a través de la traducción. Creo que nunca antes ha habido una efervescencia tan marcada en el mundo de la creación. A lo mejor se debe a que una cierta estabilidad permite ahora pensar, elegir, construir. Y esa pregunta por la diversificación del mundo moderno tiene que ver con las ganas de saber quiénes son, adónde se dirigen y por qué. Ésta es una inquietud subyacente en la mirada que le dan al pasado, reivindicando una cultura local, un saber vivir que observa el mundo con curiosidad y ganas de comprender. Por supuesto, el problema con que se chocan más frecuentemente es el de la distribución, pero ahí internet es una herramienta importante. La caja de herramientas que poseen es sus ganas de crear y así como Marcel Duchamp creía que “el arte estaba en todas partes”, ellos creen que la cultura puede ser diversa y masiva. O sea, estos jóvenes lo están haciendo realidad poco a poco, piedra a piedra…


No hay razón para ser pesimistas.

www.saritacartonera.com

www.estruendomudo.com

www.eloisacartonera.com

www.sextopiso.com

www.lassumasvoces.com

www.editorialmatalamanga.com

Domingo, abril 15, 2007 categorizado bajo edición, editores, editores independientes, lecturas de fin de semana

lecturas de fin de semana [ 6 ] /entrevista a inge feltrinelli: ‘el gran editor ya no volverá’


Reproduzco la entrevista que le hicieron a la editora germano italiana Inge Feltrinelli en diciembre pasado en El País —como no se puede acceder sin pagar al archivo de éste, la tomé de una página web que la reprodujo—.

Nadie diría que esta mujer que habla y gesticula a lo italiano con el telefonino no es italiana de nacimiento sino alemana (Inge Schoental), y que, a sus 76 años, aún es la presidenta de Giangiacomo Feltrinelli Editore, puesto que asumió cuando, en 1972, su marido murió mientras manipulaba una bomba. Inge Feltrinelli, la gran dama de la edición, creadora de uno de los grandes imperios editoriales europeos, recibió recientemente el premio al Mérito Editorial en la Feria del Libro de Guadalajara con la conciencia de que es tanto un homenaje a su persona como a un modelo de editor que ya nunca más volverá.

Según Inge Feltrinelli, “las pequeñas librerías tendrán que especializarse si no quieren morir. No aguantarán en el cuerpo a cuerpo frente a las otras”.

Entrevista a Inge Feltrinelli

“El gran editor ya no volverá”

Carles Geli - Barcelona19/12/2006


Pregunta. ¿Qué le hizo inclinarse por la fotografía y la edición? ¿Tradición familiar, quizá?


Respuesta. Todo lo contrario. En mi casa éramos bastante pobres, y yo quería, eso sí desde muy pequeña, conocer mundo y la gente inteligente de este mundo. Mi madre era viuda con tres hijos, dos hermanos pequeños y yo, así que tuve que espabilarme. Nunca he sido ni escritora ni periodista, pero sí acabé descubriendo en mí un pequeño talento, era una buena fotorreportera, sabía captar lo que Henri Cartier-Bresson llamó el momento decisivo de la fotografía.

P. Usted empezó a fotografiar a personajes como Hemingway, Picasso y Simone de Beauvoir gracias a los encargos de un editor de prestigio alemán, Rowolht. ¿Cómo le conoció?


R. Porque me trasladé a vivir a Hamburgo, que tras la II Guerra Mundial simbolizaba la nueva vida, el antifascismo. Me lo presentaron y me encargaba reportajes…


P. Como el famoso de Hemingway, donde usted sale en la foto con el escritor, imagen de la que se prendó un editor llamado Giangiacomo Feltrinelli, a quien conoció un día de 1958 y se dice que ya no se dejaron. ¿Qué le fascinó hasta ese extremo?


R. Sus ideas, sus ideas. Eran totalmente vanguardistas. Me hablaba del problema de los kurdos, imagínese. Y yo, que no sabía nada de política… Además, estaba eso de que era riquísimo pero tenía un ideario comunista de verdad: quería la justicia social para todo el mundo. Algunos de los primeros títulos de la editorial, en 1955, lo dicen todo: una autobiografía de Nehru, y el segundo, El flagelo de la esvástica, sobre los nazis.


P. Pasados 34 años de la muerte de su marido, ¿cómo analiza la radicalización que experimentó y que le llevó al terrorismo?


R. Giangiacomo tenía un miedo fuerte, exagerado me atrevería a decir hoy, a un golpe de Estado de la extrema derecha, y eso le condujo a las armas: para resistir al fascismo. Yo no era partidaria de esa actitud. Fui su amiga y compañera hasta el último día, pero en esa etapa estuve absolutamente en su contra.


P. ¿Por qué se puso al mando de la editorial?


R. Consideré un deber absoluto el quedarme y seguir con el proyecto de Giangiacomo. Fue el momento más dramático de mi vida. Tuvimos que reconsiderar toda la política editorial, cortar colecciones y, aún me acuerdo hoy, despedir a 25 personas. El programa de mi marido era demasiado grande para un momento en el que atravesábamos por graves problemas financieros. Ante eso, los colaboradores se bajaron todos el sueldo y a la misma cantidad. Salvar la editorial se convirtió entonces en una misión para mí.


P. Su apuesta fue crear librerías, desde las siete que tenía entonces a las 96 de hoy. Visto con ojos de ahora, la estrategia es visionaria: el control del punto de venta.


R. De alguna manera ya seguíamos la estela de Giangiacomo, pero la ampliamos. En los años cincuenta, las librerías italianas eran muy pequeñas, templos de cultura en los que los jóvenes no entraban. Nosotros empezamos con lo de las puertas abiertas, los libros siempre expuestos de cara, espacios correderos, self-service…


P. Y funcionó.


R. Sí, muy bien, y ahora van mejor que la editorial. Las librerías nos facturan 300 millones de euros al año, mientras que la editorial, 60 millones.


P. Muchos grandes grupos europeos se han pillado los dedos con esa misma estrategia de crear su propia cadena de librerías…


R. No, no con la misma. Por ejemplo, las Feltrinelli no son todas iguales: tenemos una treintena de librerías más o menos pequeñas y sólo seis megastores. La mayoría están en ciudades universitarias. En ellas hacemos cerca de 1.500 actividades anuales. Muchas, ¿verdad? Somos casi el antiministerio de Cultura italiano, que no hace nada.


P. Los gurús pronostican que la venta por Internet, como le pasa a otros productos, puede castigar mucho a las librerías.


R. Eso está por ver. La venta de libros por Internet en Italia ha sido un fracaso. Nosotros montamos una librería electrónica y la cerramos. Quizá la gestionamos mal, pero creo que tienen más sentido en países como Estados Unidos, donde hay distancias muy grandes entre unas ciudades y otras y no hay tantas librerías bien surtidas. Pero en Italia, en Europa, eso no es así. Es lo mismo que el libro electrónico: ¿se imagina una madre leyendo a su hijo en la cama un cuento de Andersen con un aparato de ésos? Imposible. El libro se toca, se huele, es un objeto sensual.


P. Pero cada vez es más difícil mantener una librería fuera de los grandes centros comerciales de las ciudades.


R. Lo que sí pasará es que las pequeñas librerías tendrán que especializarse si no quieren morir. No aguantarán en el cuerpo a cuerpo frente a las otras. Otra cosa es el precio fijo, que sí que es vital para ellas, porque si no las grandes cadenas harán dumping.


P. Un amigo suyo editor, André Schiffrin, escribió hace unos años un libro cuyo título quería reflejar los nuevos tiempos: La edición sin editores.


R. Sí, lo leí. Un poco demasiado pesimista. Creo que un gran y exquisito editor puede existir en un gran grupo. ¿Un ejemplo? Sonny Metha, de Alfred Knopf, en Bertelsmann. Pero eso lo hacemos también en Feltrinelli: publicar libros buenos aunque sabemos que no venderemos ni 5.000. Se trata también de hacer catálogo: nosotros sólo publicamos 140 libros al año. Para un grupo como el nuestro, no es mucho. Y es que tenemos mucha venta de fondo.


P. Admitirá, sin embargo, que el mundo editorial ha cambiado mucho desde que usted llegó a él.


R. Los grandes personajes de la edición, Rowolth, Gallimard… ya no existirán más. Era todo otro sistema: no había agentes literarios, se producía mucho menos, el editor era el protagonista. Esos editores de gran personalidad, que trataban a sus escritores como a hijos, ya no existen. Todo eso ya no volverá. Los editores de hoy no conocen a nadie, todos provienen de grandes industrias. Ahora todo se ha mercantilizado en extremo. Todo es marketing cultural


P. ¿Y eso es malo?


R. No lo sé. Todo se confunde.


P. ¿Las Feltrinelli no son grandes centros de distribución cultural, con libros, DVD, CD…?


R. Sí y no… Lo que sí es cierto es que hay que ir adaptándose y, por ejemplo, filmes y documentales acompañados con el libro, a nosotros nos funciona bien.

entrevista a valeria bergalli, editora de editorial minúscula / "me interesa mucho la escritura que se encuentra en la frontera"


minúscula es una de esas editoriales independientes que le apuestan a la construcción de un catálogo consistente que se atreva a alejarse de los caminos comúnmente transitados por las propuestas mayoritarias. La editora Valeria Bergalli nos habla acerca de las motivaciones que en 1999 la llevaron a crear minúscula, del perfil de cada una de sus tres colecciones y del tipo tanto de textos como de autores que le gusta incluir en el catálogo de la editorial.

MARTÍN GÓMEZ: ¿Cuándo y por iniciativa de quién surge la idea de crear la editorial minúscula?

VALERIA BERGALLI: La historia es bastante larga. Desde que era muy joven tuve la fantasía de dedicarme al mundo de la edición y, sobre todo, de tener la posibilidad de fundar una editorial o, de alguna manera, de poder configurar un catálogo. Entonces me cuesta mucho establecer un momento a partir del cual tengo una iluminación y digo ‘quiero dedicarme a esto’. Es algo que, además, está muy relacionado con mi vida personal y familiar. Por ejemplo, mi abuelo era pintor e ilustrador y tenía su estudio en casa. Cuando yo era muy pequeña, incluso antes de ir al colegio, leí La isla del tesoro ilustrada por mi abuelo. Todas estas clásicas cosas que uno lee o comienza a hojear de pequeño. Yo veía cómo mi abuelo trabajaba en casa y cómo luego eso que él hacía regresaba en forma de libro. Él me explicaba todo el proceso por el que habían pasado sus dibujos, lo cual al final era una explicación de cómo nace un libro.

Por otro lado, soy hija única y mis padres han viajado desde que yo era muy pequeña. Nací en Buenos Aires, mi madre es italiana y pasé casi toda mi adolescencia en Alemania. Durante muchos años estuve haciendo con mis padres un triángulo entre Buenos Aires, Roma y Alemania. Para mí estos viajes fueron una experiencia extraordinaria que, por otra parte, también suponía muchas despedidas y mucha distancia con respecto a las cosas que yo había vivido poco tiempo antes. Por eso los libros eran una manera de continuar la relación que yo quería tener con mi país leyendo autores argentinos, de establecer un vínculo con Italia a través de la literatura italiana o de hacer una primera aproximación a Alemania cuando me fui a vivir allí. Para una hija única que cambiaba de país cada dos por tres los libros también suplían mucho la falta de amigos. Así que los libros siempre han formado parte de mi vida y creo que de una forma casi obligada yo iba incluyéndolos en mi proyecto vital para un futuro.

En cuanto a fechas concretas podría decir que en 1999 fundé la empresa y que los primeros libros salieron en el otoño de 2000. Evidentemente entre la creación de la empresa y la salida de los primeros libros hubo un trabajo intensivo. Incluso durante los años previos a la creación de la empresa hubo todo un proceso de elaboración del catálogo que también fue bastante intenso.

M.G.: ¿Cómo se definió el perfil de las distintas colecciones de la editorial minúscula?

V.B.: Tenemos tres colecciones: ‘Alexanderplatz’, ‘Paisajes narrados’ y ‘Con vuelta de hoja’, que es la más reciente. Las tres están bastante relacionadas aunque cada una tiene un perfil bastante definido. ‘Alexanderplatz’ es una colección dedicada a dar a conocer obras tanto de narrativa como de ensayo de autores de habla alemana. Digo ‘de habla alemana’ porque son autores no sólo alemanes, sino también de otros países que han escrito en esa lengua que se ha utilizado en muchos lugares más allá de las fronteras de Alemania. Me interesaba mucho poder dar un panorama en cierto modo sistemático y al mismo tiempo muy libre de la producción literaria existente en esta lengua. Buscaba hacerlo de una forma bastante sistemática porque creo que antes de la Guerra Civil española Alemania y España tuvieron contactos muy intensos que luego se interrumpieron. Como desde los años ochenta han ido apareciendo de forma bastante errática textos de autores alemanes, me interesaba mucho la idea de ofrecer de forma libre —en el sentido de no seguir ningún orden cronológico ni historiográfico— estos puntos de vista sobre este tipo de literatura. Y hay un periodo que me interesa especialmente que es no sólo los años veinte y treinta, sino también lo que luego será el exilio alemán tanto de los que se quedaron y lograron sobrevivir al Tercer Reich como el de quienes tuvieron que irse. Los autores que hemos publicado en esta colección muestran un hincapié en este periodo pero la idea es llegar hasta nuestros días sin necesidad de seguir un orden cronológico.

La colección ‘Paisajes narrados’ está compuesta por autores de distinta procedencia, algunos de ellos de habla alemana que es una predilección que yo tengo pero que no es una cuestión sólo de gusto personal sino también de interés para los lectores de aquí debido justamente a la interrupción durante tanto tiempo del contacto entre España y Alemania que son de una rabiosa actualidad.

Algunos de estos libros fueron escritos en los años veinte y treinta pero hablan de muchos temas de los que nos seguimos ocupando. La cuestión de la literatura urbana, por ejemplo. Tú coges una novela que publicamos sobre Frankfurt y te encuentras con que toda la temática urbana está tratada allí de una forma mucho más moderna y cercana a nosotros que en muchas de las novelas que se escriben hoy en día.

También está la intención de insistir mucho en la idea de Europa, por lo cual hemos publicado muchos autores de los países del este. Hoy en día se dice sobre todo en los medios de comunicación que ‘Europa se ha ampliado al integrar a países como Polonia’, lo cual es un grave error porque todos estos países siempre han formado parte de Europa —en algunos casos mucho más que la misma España, que en ocasiones se ha encontrado en la periferia— y porque lo que en realidad se ha ampliado es la Unión Europea. Cuando lees a los autores de países como Chequia, Eslovaquia, Polonia, Hungría o la ex Yugoslavia, resulta que son autores profundamente europeos. Y es fascinante descubrir las conexiones entre ellos porque va saliendo a flote la base de esa idea de Europa que practican aunque no la expresen abiertamente. Hay una red de ciudades con un intercambio cultural interesantísimo: Berlín, Praga, Budapest, Viena… Más allá de las fronteras estatales había un intercambio cultural intenso gracias a la gente que viajaba. Por ejemplo, en las colaboraciones periodísticas para los distintos diarios de esa zona el alemán funcionaba como una lengua que unificaba. Un caso fascinante es el de Joseph Roth, que trabajaba en una y otra redacción sin importar las fronteras estatales.

Eso venía por el lado del Imperio Austrohúngaro, que funcionaba como un mosaico de pueblos que tenían un patrimonio cultural compartido. Todo esto es fascinante teniendo en cuenta muchos de los temas que estamos pensando hoy en día más allá de la misma calidad literaria, que en el caso de nuestros autores buscamos que sea sobresaliente porque lo que nos interesa es la literatura —y no hacer algún tipo de panfleto—.

‘Paisajes narrados’ es una colección abierta que busca explorar el papel que ocupa el lugar en la literatura. Los ingleses tienen la expresión the sense of place, que sugiere la exploración de textos que pueden surgir a partir del estímulo que produce el hecho de intentar aprehender un determinado lugar real o imaginario. La colección también busca explorar los microcosmos que se van creando alrededor de un determinado lugar, por lo cual creo que la expresión ‘paisaje’ engloba muy bien esto si la entendemos como todo lo que forma parte del lugar y no sólo como la apariencia física de éste.


M.G.: ¿Cree usted que en el catálogo de minúscula hay una oferta que en este momento no están haciendo ni los grandes grupos ni las editoriales independientes y que, por lo tanto, la editorial está cubriendo un vacío?

V.B.: Creo que minúscula se ha ido abriendo un lugar aunque no se trata de llenar un vacío, sino de crear una propuesta bastante definida que resulte reconocible para el lector y de que el catálogo represente una constelación de libros que adopten una forma determinada. En ese sentido no publicamos libros individualmente. Hay muchas maneras de constituir un catálogo pero yo creo mucho en la idea de colección, que a mí me facilita mucho el trabajo. Podríamos sacar un libro tras otro, de manera que por más que entendiéramos que todos los títulos tienen un aire de familia no dejarían de ser individualidades. Me gustaría mucho que al cabo de los años el lector encontrara en nuestro catálogo un mundo definido y que lo reconociera como el mundo de minúscula. Debido a la manera como están organizadas nuestras colecciones, a lo largo del tiempo he ido dándome cuenta de que poco a poco va emergiendo un gusto por ciertas obras paradójicamente más recientes —porque la mayoría de autores que publicamos son del pasado— que se inscriben en la línea de estos textos que se encuentran en el medio de varios géneros y que cuesta definir como narrativa pura. Creo que ahí hay una cierta marca de la casa.

No sé si minúscula viene a llenar un vacío pero sí pretendemos presentar un catálogo que sea una puerta abierta a un mundo bastante definido.

M.G.: ¿En qué consiste la estrategia tanto editorial como comercial de minúscula para suscitar en el público el interés por territorios que hasta hace un tiempo habían permanecido poco explorados en España?

V.B.: El desarrollo de nuestra estrategia es una tarea bastante ardua porque éste es un proyecto a largo plazo. Jamás pretendí conseguir resultados inmediatos. Mi estrategia consiste en ganarme los lectores de uno en uno. Espero que cuando los lectores lean un libro de minúscula queden lo suficientemente contentos para tener las ganas y la curiosidad de leer las otras cosas que la editorial publica. Aquí retomo la idea de colección: ya hay lectores que tienen una o dos colecciones completas. Hay quienes son más aficionados a ‘Paisajes narrados’ y quienes lo son a ‘Alexanderplatz’ o a las tres. Debo decir que esta idea fue entendida rápidamente y que a partir de la publicación del tercer o cuarto título había gente que estaba pendiente de la salida del siguiente. Incluso hay alguna persona que nos escribe diciéndonos que le falta el número tal de la colección. Y eso sí que lo busqué porque creo que ésta es una manera interesante de trabajar. Por otra parte, me parece la más honesta. En definitiva de lo que se trata es de hacer las cosas bien y de hacerle ver al lector por dónde vas —es decir, que tú trazas unas líneas y luego las sigues en lugar de que al cabo de tres o cuatro libros le cambies todo el esquema—. Mi intención era establecer unas líneas de trabajo e intentar mantenerlas en la medida en que dieran resultado porque si cometes un error luego tienes que subsanarlo.

También está la cuestión del diseño editorial, que es un aspecto sobre el que trabajamos bastante. Aunque todas las colecciones son distintas porque a cada una la identifica un color, el diseño guarda ciertos patrones que las hace reconocibles. En el caso de ‘Alexanderplatz’ recurrimos a un formato más grande porque sabíamos que había textos extensos que en otro formato no funcionarían bien. Para mí el libro es algo que tiene que ofrecer compañía al lector y por eso éste tiene que poder llevarlo a todas partes e incluso metérselo en el bolsillo del abrigo. Creo mucho en el libro que acompaña porque a mí los libros siempre me han ofrecido mucha compañía. De ninguna manera me interesaba hacer un tipo de libro grande y rígido que no permitiera este tipo de cosas y que hubiera que dejarlo encima de una mesa. Todo lo contrario, me gusta que la gente pueda llevarse los libros a donde quiera. Aunque por el tamaño los de minúscula podrían parecer libros de bolsillo, en ellos el tipo de papel, el interlineado e incluso la tipografía son mucho más refinados.

M.G.: ¿Cómo describiría los criterios y el proceso de selección de los autores y títulos que se incluyen en el catálogo de minúscula?

V.B.: En primer lugar, la calidad literaria. En segundo lugar, deben ser obras que encajen en alguna de nuestras tres colecciones. No descarto crear otra colección en el futuro —de hecho, ‘Con vuelta de hoja’ es bastante reciente—. Salvo que sea algo que me guste muchísimo, descarto todo lo que no encaje dentro de estas líneas porque su publicación desconcertaría mucho a los lectores. Es decir, en realidad un título tiene que responder muy bien a estas limitaciones que me he autoimpuesto. Seguramente a otra persona le costaría muchísimo trabajar de esta forma que a mí en realidad me facilita mucho las cosas porque me permite definir si tal libro es para minúscula o no —independientemente de que me guste mucho—. Hay muchas cosas que me habría encantado publicar pero que no hemos publicado porque no tenemos ahora la colección adecuada o porque no responden al espíritu de lo que estamos haciendo.

M.G.: ¿Existe un común denominador a los autores publicados por minúscula?

V.B.: Ya irán saliendo algunos autores muy distintos de los que hemos publicado hasta ahora, que en realidad son muy disímiles entre sí. No son de la misma época y tanto sus estilos como sus géneros son diferentes. Ya te he dicho que me gusta mucho mezclar géneros, como se ve en el hecho de que en la misma colección haya narrativa, ensayos, epistolarios y reportajes. Pero creo que son autores que fácilmente pueden entablar un diálogo entre sí gracias a los temas o a su manera de escribir. Insisto en lo que te decía antes en relación con que estoy yendo cada vez más hacia este tipo de escritura que se encuentra en la frontera, que es algo que comparten muchos de estos autores.

Es fascinante ver y constatar cómo lejos de limitarse a los dominios de la novela, la maestría narrativa se da en muchos otros ámbitos. En la narrativa esa capacidad de contar la encuentras también en reportajes, ensayos o diarios —y no sólo en el cuento o en la novela—.

M.G.: Un poco más de seis años después de la publicación de los primeros títulos, ¿cómo ve el posicionamiento de minúscula entre las editoriales y entre los lectores?

V.B.: Es un momento interesante en el que tenemos muchas cosas buenas. Con frecuencia reeditamos títulos nuestros, lo cual es una muy buena señal porque en el fondo para editoriales como minúscula —desde el punto de vista del tamaño y de la cantidad de títulos que publicamos al año— lo fundamental es que haya una red de librerías independientes que esté en buena salud, que sea fuerte y que tenga una presencia amplia. En definitiva, librerías que trabajen de manera similar a la nuestra: intentando ofrecer a los lectores cosas que no son las propuestas mayoritarias o las que buscan sobre todo el rendimiento comercial. Nosotros no dejamos de ser una empresa y evidentemente el rendimiento comercial es importante para la subsistencia de la propia editorial, pero como yo me considero una editora con vocación cultural de lo que se trata no es sólo de ganar dinero sino también de poder proponer y mantener un proyecto cultural y literario. Mi preocupación es que esta red de librerías se mantenga y subsista. De hecho, en España esta red existe y está bastante bien. Por lo tanto proyectos como el de minúscula y algunos otros son viables gracias a la existencia de estas librerías. Pero tenemos que estar alerta, sobre todo viendo lo que ocurre afuera —por ejemplo lo que ha pasado en Gran Bretaña a partir de la desaparición del precio fijo, que es muy importante—. También debemos prestarle atención a lo que está sucediendo con las grandes cadenas, que para propuestas como la de minúscula no es muy positivo.

En muchos aspectos América Latina es un fermento incluso más vital que España. Yo exporto a América Latina y te puedes imaginar que el problema es el precio por la diferencia entre el euro y el dólar. El libro hecho en España se encarece mucho al exportarlo, por lo cual la alternativa sería imprimir allá. Por otra parte, la acogida de los libros es muy buena —sobre todo en Buenos Aires y en Ciudad de México— porque hay una sensibilidad lectora. La cuestión está en vigilar que esto se mantenga porque lo contrario sería fatal para proyectos como éste.

M.G.: ¿Podría adelantarnos algo con respecto a los libros que minúscula está preparando en este momento?

V.B.: Hace poco salió El retorno de Filip Latinovicz, de Miroslav Krleža que es el autor croata por excelencia del siglo XX y que ha sido comparado con Brecht, con Musil y con Gombrowicz. Los libros de Krleža han sido traducidos a más de cuarenta lenguas y nosotros tenemos el privilegio de ser los primeros en traducir su obra al español. También acabamos de publicar México, un libro de un autor italiano llamado Emilio Cecchi que hace unos años había publicado el Fondo de Cultura Económica y del cual encargamos una nueva traducción porque estaba agotado. Se trata de un caso excepcional porque en general publicamos cosas que antes no habían aparecido en español. Este libro viene con una presentación de Italo Calvino y habla de un viaje a través de California, Nuevo México y México durante los años treinta.

También estamos preparando Viaje a Rusia, un libro de Joseph Roth —de quien el año pasado publicamos sus Crónicas berlinesas— que se desarrolla en los años veinte.

Lunes, marzo 19, 2007 categorizado bajo edición, editores, editores independientes, literatura contemporánea

entrevista a luis miguel solano, de libros del asteroide / "nuestras únicas armas son la calidad y la fiabilidad de los libros que editamos"

En mayo de 2005 salieron los primeros libros del catálogo de Libros del Asteroide A la caza del amor, de Nancy Milford, y En busca del barón Corvo, de A.J.A. Symons—, que menos de dos años después ya comprende 18 títulos. A continuación el editor Luis Miguel Solano nos cuenta cómo ha sido su experiencia al mando de este proyecto independiente que emprendió hace tres años después de trabajar en uno de los grandes grupos editoriales españoles.

Martín Gómez: ¿Cuándo y por iniciativa de quién surge la idea de crear la editorial Libros del Asteroide?

Luis Miguel Solano: La idea que tenía en mente desde hace mucho tiempo de montar una editorial fue madurando poco a poco hasta que a principios del año 2004 empecé a trabajar en el proyecto más en serio, a contrastar mis ideas con libreros, con periodistas, con otros editores… A mediados de ese año decidí dejar mi trabajo en Planeta y montar Libros del Asteroide.

M.G.: ¿Cuáles son las motivaciones que condujeron a la creación de la editorial?

L.M.S.: Yo, como la mayoría de los editores literarios, soy un editor vocacional. Pero en mi caso, además de la vocación, han influido mucho tanto mi formación como mi experiencia profesional previa porque creo que si éstas hubieran sido distintas no me habría lanzado a poner en marcha una editorial. Es un proceso tan complejo y arriesgado, que no basta con tener una vocación clara.

M.G.: ¿Cree usted que Libros del Asteroide está llenando un hueco que han dejado en el mercado tanto los grandes grupos como las editoriales independientes que ya están posicionadas?

L.M.S.: No soy consciente de que estemos ‘llenando un hueco’. En Libros del Asteroide intentamos poner el acento más en la calidad de los libros y en el interés que éstos puedan tener, que en la cantidad de ventas que se consigan. Pero cuando los editores de la competencia —grandes o pequeños, que de todo hay— están más pendientes de las expectativas de venta que de la calidad de sus libros, eso permite que con menos medios —distribución, marketing, etc.— y mejores libros puedas conseguir llegar mejor a los lectores. Yo edito pensando en el lector que va a elegir un texto cuya lectura tiene que satisfacerle. El libro tiene que haber cumplido las expectativas que el lector tenía cuando lo compró. Está claro que hay editores que no tienen esto en cuenta, que piensan simplemente en que sus libros se vendan. Yo, en cambio, pienso en que los libros que edito tienen que ser leídos. Y esta diferencia no es baladí.

M.G.: ¿En qué consiste la estrategia tanto editorial como comercial de Libros del Asteroide para alcanzar y conservar una posición propia en el mercado de la literatura contemporánea?


L.M.S.: Es relativamente sencilla: ofrecer a los lectores en castellano buenos libros de literatura extranjera y hacerlo de manera honesta. Por buenos libros entendemos libros con un nivel literario contrastado por años de buenas críticas y lectores agradecidos, que sean entretenidos, que puedan conmover a quien los lee y que enseñen —es decir, de los que el lector pueda aprender algo—. Y hacerlo de forma honesta significa no sólo cuidar la calidad de lo que publicamos —las traducciones y la edición material de los libros—, sino también no engañar a nuestro entorno —lectores, libreros o periodistas— en la información que distribuimos sobre nuestras publicaciones. Creemos que ésta es la mejor manera de construir una editorial literaria que cuente con la confianza de los lectores.

M.G.: ¿Qué distingue a Libros del Asteroide de otras editoriales independientes españolas consagradas a la publicación de literatura contemporánea?

L.M.S.: Son más las que tenemos en común: la apuesta por la calidad material de los libros y el nivel literario de nuestras publicaciones. Creo que actualmente los lectores están abrumados por la cantidad de libros que se editan y que los llamados ‘editores independientes’ aportamos fundamentalmente honestidad y fiabilidad. Y no es porque seamos más listos ni mejores editores que otros, sino porque nuestras únicas armas son la calidad y la fiabilidad de los libros que editamos. Por decirlo de otra manera, como editamos poco tenemos que asegurarnos que todos los libros sean buenos.

M.G.: Si Libros del Asteroide publica “libros fundamentales de la literatura occidental del siglo XX no disponibles en castellano”, ¿cómo definiría estos libros y cómo explicaría el hecho de que muchos títulos pertenecientes a esta categoría no hayan sido traducidos a nuestra lengua?

L.M.S.: No sé si hay una definición para eso. En realidad son los lectores y críticos de cada país quienes al definir cuáles son esos libros fundamentales establecen el canon. Lo único que hacemos nosotros es revisar ese canon y publicar en castellano libros que no se habían traducido y que en determinadas literaturas se consideran ‘fundamentales’. El que haya libros de ese tipo pendientes por publicar en castellano tiene mucho que ver con el consenso existente en torno a cierta idea estúpida de que en la literatura, y en el arte, la novedad tiene valor per se, cuando sólo debería tenerlo si mejora lo anterior. Con base en esa idea trabajan la mayor parte de editores y periodistas e, incluso, parte del público. Nosotros reivindicamos la idea de que el tiempo de los lectores es limitado y de que hay que leer los mejores libros en lugar de los más nuevos.

M.G.: Me da la impresión de que Libros del Asteroide le da mucha importancia a los prólogos de sus libros. ¿Podría hablarme un poco acerca de la intención de dichos textos y del criterio para escoger a sus autores?

L.M.S.: Cuando una editorial empieza no tiene ninguna fiabilidad porque no hay un catálogo de libros ni una historia que la avalen y con base en los cuales un lector o un librero puedan opinar sobre ella. La única manera de ofrecer ciertas garantías consiste en preparar prólogos a los libros que sirven para explicar la importancia y la vigencia de cada una de las obras. No es una idea nueva: cuando Anagrama empezó con Panorama de Narrativas lo hizo exactamente igual: incluyendo prólogos a cada uno de los libros. El criterio de selección de los prologuistas es sencillo: buscamos la afinidad entre la obra y el autor del prólogo. En la mayor parte de los casos son elecciones obvias porque esos prologuistas ya habían escrito sobre la obra o el autor.

M.G.: ¿Cuál sería su balance de la experiencia de la editorial hasta ahora?

L.M.S.: Muy positivo. Hemos publicado el número de libros que nos habíamos propuesto —unos diez al año—, hemos podido contratar la mayor parte de los libros que nos han parecido interesantes y estamos muy contentos con respecto a la manera como finalmente han quedado las traducciones y el diseño de éstos. Además empezamos a notar que ciertos lectores y libreros confían en nuestro criterio, que es lo más importante.

M.G.: ¿Podría adelantarnos algo con respecto a los libros que está preparando en este momento Libros del Asteroide?

L.M.S.: Por un lado, la tercera parte de la trilogía de Deptford, de Robertson Davies, titulada El mundo de los prodigios. Por otro lado, un libro de reportajes de John Steinbeck titulado Los vagabundos de las cosechas, que aborda un tema de gran actualidad como la situación de los inmigrantes en California a comienzos de los años treinta. Este libro contará con un estupendo prólogo de Eduardo Jordá y unas maravillosas fotografías de Dorothea Lange sobre el mismo tema.

M.G.: ¿Podría mencionarnos algunos autores y/o libros que le gustaría incluir en el catálogo de Libros del Asteroide?

L.M.S.: Mencionará tres libros maravillosos que no hemos podido publicar nosotros: Lucky Jim, de Kingsley Amis (Destino); Léxico familiar, de Natalia Ginzburg (Lumen); y El castillo alto, de Stanislav Lem (Funambulista).

(foto de Luis Miguel Solano tomada de Kosmópolis 2006. Copyright de Rosa Feliu).

Martes, marzo 13, 2007 categorizado bajo concentración, distribución, edición, editores independientes

algunas notas sueltas sobre las editoriales independientes

Mientras preparaba la entrevista que le hice ayer a Valeria Bergalli, de editorial minúscula, me puse a leer dos artículos que encontré hace un tiempo sobre los retos a los que actualmente deben enfrentarse las editoriales independientes —sobre todo las más pequeñas—. Ambos artículos recogen la preocupación existente entre los editores independientes, que ya había sido expresada en ocasiones anteriores por algunos de ellos, en relación con la creciente concentración de la industria editorial —que no es más que es una manifestación de un fenómeno más global que está teniendo lugar en el campo de los medios de comunicación—.


En la medida en que están ocupándose de un nicho que en principio está por fuera de los intereses de los grandes grupos —cuya prioridad es tener sellos orientados al gran público—, aquellas editoriales como minúscula o Acantilado que buscan construir un catálogo que indaga en territorios que hasta el momento han sido poco explorados y que han logrado suscitar el interés del público por éstos pueden reducir en cierta manera tanto la amenaza que representa la concentración como el impacto de ésta.

Según cita Elisa Silió en el reportaje Nuevos en la estantería publicado el 6 de enero de 2007 en Babelia, Javier Cambronero, de la distribuidora UDL Libros, dice que hoy en día hay una “tendencia hacia la dualización del mercado, provocada por los que buscan fondos de edición de temática selecta” cuyo impulso son “la bonanza económica, las inquietudes culturales de las nuevas generaciones y la viabilidad de la edición como alternativa profesional para personas formadas, por ejemplo, con master de edición o en las escuelas de escritura”. Valeria Bergalli explica de una manera bastante certera su visión del proyecto de una editorial independiente cuando dice que “la idea no es hacerse con un éxito de ventas sino tener long seller. Hacer un catálogo de libros perdurables, que dejen rastro”.


No cabe duda de que la viabilidad de estos y otros proyectos editoriales tan interesantes —como Libros del Asteroide, Editorial Funambulista, Alpha Decay o Bartleby— depende no sólo de la creación de un catálogo consistente y de la sensibilización del público al que se quiere llegar, sino también del montaje de una buena estrategia de distribución —que según Beatriz de Moura, editoria de Tusquets, es “el problema número uno desde siempre”—.

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