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please allow me to introduce margarita valencia



Mi primer contacto con Margarita Valencia fue a través de la columna que ella escribía en la revista El malpensante hacia finales de los años noventa. Se trataba de un ensayo literario breve, contundente e impecablemente escrito que yo leía en cada número de la revista hasta que dejó de aparecer. Como lector le perdí el rastro a Margarita hasta 2004, cuando trabajaba en una revista llamada Horas en la que ella escribía unos artículos magistrales sobre la literatura y la manera como hoy en día nos relacionamos con ella. Luego no volví a saber nada de ella hasta que Camilo Jiménez me dijo que tras haber montado el proyecto Bogotá, Capital mundial del libro 2007 estaba dirigiendo la Biblioteca Nacional de Colombia. Después la revista Arcadia empezó a publicar unas columnas suyas similares a las que escribía para El malpensante y Horas.


Aclaro, yo no conocía personalmente a Margarita. Simplemente la seguía a través de los textos que publicaba aquí y allá. La culpable de que ahora la conozca y de que ahora ella, Pablo Odell y yo estemos trabajando en el Observatorio Iberoamericano de la Edición Independiente (OBIEI) es Elena Martínez, que me la presentó en la fiesta del Veracruz durante la FIL de Guadalajara de 2008.





Hechas estas precisiones, entro en materia. En su edición número 72, de agosto – septiembre de 2006, El malpensante publica una entrevista que Catalina Arango le hizo a Margarita. En esta entrevista titulada “El oficio del editor” Margarita habla de la manera como ella concibe el papel del editor, de los efectos de la fusión en el ámbito hispanohablante de las figuras del publisher y del editor, de su idea de lo que es un libro bien editado, del rigor bajo el cual deben regirse los distintos oficios que intervienen en la edición de un libro, de la manera como se edita hoy en día, de su carrera como editora, de las figuras que la han influenciado a lo largo de ésta, de la edición universitaria y del rol que a través de una articulación entre el trabajo de sus profesores y el de sus editoriales deberían jugar las universidades en la preservación del patrimonio intelectual de un país.


Como lo que más nos interesa en estos días es lo que tiene que ver con la edición independiente, a continuación reproduzco lo que Margarita dice al respecto en esta entrevista —dado que ésta se hizo en 2006, valdría la pena preguntarse qué ha cambiado y qué sigue igual desde entonces—:


‘La cantidad de editoriales independientes que hay en un país es una señal inequívoca de la tolerancia de la sociedad a la libre circulación de las ideas’.


‘En las editoriales universitarias los editores son sirvientes de los inmensos egos de los profesores. En las comerciales, son sirvientes de los inmensos egos de los dueños, o de los señores de mercadeo’.


En respuesta a la pregunta ‘¿Cómo describiría la industria editorial colombiana?’:

‘Como una industria conformada, en este momento, por dos grandes empresas editoriales españolas que son Alfaguara y Planeta, básicamente. También está Norma, que viene muy detrás en el aspecto editorial, que ha perdido mucho espacio —porque Norma tuvo un momento de empuje literario muy fuerte, cuando Ana Roda y yo estábamos allá, aunque suene feo decirlo— pero digamos que está en el juego, y es un tercer jugador que sirve para mover las fichas. Por otro lado, no hay editoriales independientes, es decir, aparecen y desaparecen como hongos’.


‘Pero la industria editorial colombiana es la industria editorial española con unos piquitos locales: hace lo mismo que la gran industria editorial española. Le apuesta a los nombres comerciales, deja a los autores muy desprotegidos; es decir, no los acompaña, no invierte en su promoción, no los consiente: es que es muy difícil sacar un libro para lo pongan en un estante, le hagan dos entrevistas al autor y punto. Y, en general, uno no ve en la industria editorial de este país grandes ni pequeños editores, uno no ve editores. Lo que ve son multinacionales dictando lo que se debe publicar, y lo que se debe publicar para ellos es lo que vende. Pero, por otro lado, a los autores nunca les fue mejor que ahora. Porque estas empresas necesitan productos nuevos todo el tiempo, y tienen un rasero muy bajo. Un rasero por encima del cual básicamente en Colombia se publica cualquier cosa; como en todo el mundo’.


Lúcida, aguda y contundente, como siempre.


Una pregunta antes de terminar: ¿por casualidad alguien sabe de qué se ríe Margarita en la foto?

Martes, julio 14, 2009 categorizado bajo editores colombianos, editores españoles, editores independientes, obiei

“al mal tiempo, bellos libros”, según el librero david roa

En la última edición de la revista Arcadia hay un interesante artículo del librero David Roa cuyo título habla por sí solo: “Al mal tiempo, bellos libros”. Así empieza David su artículo en el que se refiere al trabajo que están haciendo distintas editoriales independientes y exquisitas tanto en Colombia como en España:


‘Probablemente la mayoría de gente que compra libros no le da mucha importancia a la calidad del papel o a la diagramación; a veces incluso poco importa la editorial que publica el producto. Sin embargo, en la práctica, para cualquiera es grato poder leer un libro con espacios generosos entre las líneas, márgenes amplias, con una fuente delicada y clara y con un papel lo suficientemente grueso que impida que las letras al respaldo distraigan la lectura’.


Según David, entre las editoriales que están haciendo este tipo de libros en Colombia se destacan Tragaluz Editores, Domingo Atrasado, Eafit o La silueta.




Con respecto a los lectores a los que les gusta tener libros cuidadosamente editados, David continúa diciendo:


‘Del mismo modo, algunos lectores compulsivos están muy pendientes de estos cuidados, y no dudan en volver a comprar un título ya existente en su biblioteca si lo encuentran bellamente editado, o se arriesgan con una obra desconocida si la presentación del libro es impecable o la editorial que lo publica se ha ganado su confianza. Estos lectores son los que preguntan por las novedades de editoriales como Acantilado, Siruela, Valdemar o Galaxia Gutenberg’.


Luego David celebra el hecho de que desde hace un tiempo sea posible encontrar en Bogotá los títulos de algunas otras de las editoriales españolas cuyos libros se caracterizan por estar cuidadosamente editados:


‘Hoy en día los bibliófilos de Bogotá pueden encontrar libros de editoriales nuevas por estas latitudes, como la colección de cuentos Los ojos de Davidson, de H. G. Wells en la edición de Atalanta; El secreto del bosque viejo, de Dino Buzzati de la editorial Gadir, o Calcomanías, de Oliverio Girondo de la editorial Renacimiento. También la excelente presentación de Lo infraordinario, de Georges Perec, o El vacío perfecto, de Stanislaw Lem de Impedimenta, que junto a otras siete editoriales hace parte del proyecto Contexto, ganadores del Premio Nacional a la mejor Labor Editorial Cultural 2008, concedido por el Ministerio de Cultura de España. Algunas de estas, como Libros del Asteroide, Barataria, Global Rhythm y Sexto piso, ya se pueden conseguir en Colombia’.


Como siempre, el precio es un tema crítico a la hora de hablar de libros importados:


‘Los precios de muchas de estas editoriales son apenas más altos que el promedio en España pero, lastimosamente, a Colombia llegan mucho más costosos’.


David cierra su artículo con un tono optimista y entusiasta:


‘Agrega además que la Crisis, con mayúscula, se lleva bien con la Literatura, con mayúscula, y que sin duda ellos sobrevivirán a ella, aunque no tan seguramente a sus exigentes horarios de trabajo, su desorden alimenticio y sus pocas horas de sueño. Al parecer, editores como los del Proyecto Contexto o Editorial Media Vaca y los proveedores y libreros que trabajan con ellos, coinciden por ahora en desestimar la crisis. Para unos, como Rangel, la crisis es una característica natural del sector editorial, mientras que para otros la crisis es su momento ideal. Sería bueno pensar que es más lo segundo que lo primero, y que la proliferación de nuevas editoriales exquisitas e independientes en las mesas de novedades de las librerías es un síntoma de una buena época para el mundo de la edición. Una época en la que los editores son verdaderos editores’.


Habrá que ver de qué manera las ventas de estos libros se ven afectadas en países como Colombia, donde según tengo entendido los efectos de la crisis hasta ahora empiezan a sentirse.


En el artículo salta a la vista que su autor es un lector atento y un librero con oficio —quienes hayan visto a David en acción saben de qué estoy hablando—.

¿por qué los escritores que escriben en español se leen poco en países hispanohablantes distintos del suyo?: ideas de maría moreno y javier moreno

En [ el ojo fisgón ] he escrito varias entradas sobre las dificultades existentes a la hora de difundir la obra de los autores hispanoamericanos en otros países hispanohablantes distintos del suyo: “venir a españa para poder ir al país de al lado: ¿la paradoja de los escritores hispanoamericanos?”, “¿qué deben hacer los escritores hispanoamericanos para cruzar la frontera?” y “una cuestión de derechos”.


En estas entradas intenté dar cuenta de algunas razones que explicaran por qué es tan difícil encontrar en cualquier país latinoamericano un libro de un autor de otro país de la región. Para mí en ese momento estaba claro que la razón que explicaba este fenómeno era que un escritor chileno o mexicano que no fuera conocido en Venezuela o Perú difícilmente encontraría allí un editor local que apostara por publicar sus libros, que si en su propio país publicaba con un gran grupo transnacional éste sólo llevaría sus libros a otros países en caso de que se tratara de un autor de mucho renombre y que si esto llegase a suceder lo más probable sería que no vendiera más que unos cuantos ejemplares —sólo autores cuyo nombre es una marca posicionada como Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Arturo Pérez-Reverte o Isabel Allende están en capacidad de garantizar grandes ventas en cualquier país—.


La existencia de una lengua común debería dar pie para que los libros circularan con mayor fluidez de un país a otro e incluso para la creación de un mercado común. Sin embargo, parece que de momento en el ámbito hispanohablante las fronteras políticas pesan más que el hecho de contar con cerca de 500 millones de lectores potenciales —al cual claramente no se le está sacando provecho—.





Dicho esto, en los comentarios a la entrada “¿qué deben hacer los escritores hispanoamericanos para cruzar la frontera?” se desarrolló una breve conversación entre María Moreno, editora de Veintisiete Letras, y Javier Moreno, coeditor de HermanoCerdo, en la que ambos dan cuenta de otros elementos que yo no consideré y que además de muy interesantes me parecen cruciales.


Como entonces no tenía mayor cosa que añadir con respecto a los argumentos de María y Javier, en ese momento me hice a un lado aunque con la intención de volver más adelante sobre este tema porque estaba convencido de que aún había mucho por decir y de que valía la pena seguir dándole un impulso a la discusión. A continuación reproduzco el intercambio de opiniones que sostuvieron María y Javier por si alguien quiere comentar algo al respecto o aportar nuevos puntos de vista —pongo en negrillas los aspectos sobre los que me gustaría llamar la atención—.


Dice María:


‘Habláis de los problemas de mercado y distribución, pero creo que debemos preguntarnos antes por el interés real que existe entre los lectores -no ya ocasionales, sino habituales- por lo que se escribe en español. Qué interés suscita la creación y el pensamiento en español en el mundo hispanohablante. Yo creo que muy poco. Dentro de cada país, se hace “algo” de caso a los autores nacionales (y sólo a algunos) y se acabó.


En España. “España da la espalda a América Latina”. Se trata de una frase que hace año y medio escuchamos repetidamente de distribuidores y libreros cuando presentamos Veintisiete Letras. Y que seguimos escuchando. ¿Por qué no interesa a los lectores españoles lo que se escribe en nuestro idioma? No hablo sólo de autores jóvenes. Hablo de obras consagradas por la crítica, de clásicos vivos, de premios nacionales… ¿Por qué no son “tendencia” las letras hispanoamericanas? Aclaro que los autores españoles sólo funcionan a medias…


Son varias las razones que se me ocurren: un desprecio (o poco aprecio) por el idioma en sí mismo y por el placer de leer en “versión original”; los manidos efectos del boom, que son muy reales y parecen haber saciado el interés de generaciones y generaciones posteriores de lectores; la radical falta de curiosidad por la cultura contemporánea latinoamericana: sería precisa una integración más natural, más viva y visible de sus manifestaciones en la vida cultural cotidiana de nuestro país (ahora se limita a ciertas esferas e instituciones en absoluto influyentes en la opinión pública); y también, hay que decirlo, los prejuicios con los que hoy un españolito se relaciona con la realidad iberoamericana, relación muy condicionada por el fenómeno de la inmigración.


Por mucha apuesta que hagamos las editoriales y por muy razonable que sea el espacio que dedican los medios a estas obras, si los hispanohablantes no tenemos interés en leer español “original”, poco más se puede hacer’.


Dice Javier en respuesta al comentario de María:


‘Buena aclaración, María. A Herralde lo escuché decir algo muy parecido alguna vez. Sospecho, sin embargo, que la observación no se extiende a América Latina.


En Latinoamérica la defensa de “lo propio” no es tan acentuada (al menos a nivel de idioma y literatura) como en España (tan es así que los autores latinoamericanos que publican en España -no importa de dónde sean- luego se venden con mediano éxito en toda latinoamérica. De hecho casi cualquier autor español medianamente serio de una editorial con interés por el mercado americano (esto es, que distribuya) se consigue en Bogotá o Lima o Quito o México D.F. sin mucha dificultad)). Naturalmente hay una predilección por los autores locales (“porque hablan de uno”) pero esta nunca llega al nivel de impedir que autores extranjeros no lleguen y se vendan.


El mercado está ahí’.


Dice María, contestándole a Javier:


‘No sé, no sé… Os doy un dato más para la reflexión: nosotros hemos empezado a exportar libros a Hispanoamérica a través de una empresa española. Aunque nuestro catálogo es muy pequeño aún (14 títulos), los autores americanos tienen un protagonismo clarísimo. No se trata de autores noveles, sino de escritores con amplia reputación y obra en sus respectivos países. Su recepción crítica en España ha sido muy buena (han tenido una más que razonable repercusión en prensa). Y, sin embargo, a nuestro exportador sólo le llegan pedidos de México, Colombia o Perú referidos a la “cara b” del catálogo: clásicos como Trotsky, Colette o Rougemont. Ningún interés por los demás’.


Para terminar, Javier le responde de nuevo a María:


Yo sospecharía que detrás de esos pedidos no hay estudios de mercado sino prejuicios y comodidad de los distribuidores. Al fin y al cabo, publicitar un clásico siempre es más fácil que presentar y popularizar un autor contemporáneo sin suficiente nombre.


Un problema adicional es el precio: En pesos colombianos los libros de Veintisiete Letras deben ser medianamente caros. Conozco distribuidoras de libros pubicados en España que etiquetan sus libros con un precio en pesos que es casi dos veces el precio en euros en España. Eso definitivamente reduce el atractivo de los libros importados.


Y bueno, hay muchos factores más. El problema ciertamente no se restringe a la distribución: La literatura en latinoamérica es en últimas un negocio con un público limitadísimo, con poca publicidad y con nulos espacios divulgación por fuera de los libros editados por los grandes grupos editoriales’.


Los planteamientos de María y Javier son bastante interesantes y vale la pena continuar con la conversación que ellos empezaron. En esta semana añadiré un par de comentarios al respecto.

Miércoles, julio 1, 2009 categorizado bajo concentración, editores independientes, grupos multimedia, marketing, obiei, publicidad

cosas que pasan gracias a la concentración de la propiedad de la industria editorial

Ayer el periódico El Tiempo publicó una noticia titulada Habla el fundador de La iguana Ciega, editorial dedicada a la cultura de Barranquilla” y cuando entré me encontré con el siguiente anuncio publicitario de la filial colombiana de Planeta.



Teniendo en cuenta que en 2007 el Grupo Planeta compró el 55 % de la Casa Editorial El Tiempo, la aparición en el periódico de esta pieza publicitaria cuyo anunciante es su accionista mayoritario confirma que, como dije en mi entrada de ayer cuando hablaba sobre las razones que explican mi interés por la edición independiente, ‘de los grandes grupos editoriales ya se ha hablado demasiado bien sea porque pertenecen a estructuras que poseen sus propios medios de comunicación que actúan como órganos de difusión “de la casa” o bien porque tienen algún tipo de influencia sobre grandes medios ajenos a ellos’ y que ‘se trata de empresas que cuentan con todo un aparato de producción, distribución, difusión y promoción propio’.


Es curioso que este anuncio que da cuenta de la concentración de la propiedad de la industria editorial y de los medios de comunicación aparezca justo en una página cuyo contenido gira en torno a una editorial independiente.

Martes, junio 30, 2009 categorizado bajo concentración, editores independientes, grupos multimedia, obiei

¿por qué el interés por las editoriales independientes?

Desde que abrí [ el ojo fisgón ] en febrero de 2007 la edición independiente es uno de los temas que más me ha interesado y de los que me he ocupado de una manera más o menos reiterativa y sistemática. A menudo me he preguntado por qué este tema me interesa tanto y ahora que el Observatorio Iberoamericano de la Edición Independiente (OBIEI) es una realidad vuelvo a hacerlo una vez más.


La respuesta es simple: en primer lugar, porque de los grandes grupos editoriales ya se ha hablado demasiado bien sea porque pertenecen a estructuras que poseen sus propios medios de comunicación que actúan como órganos de difusión “de la casa” o bien porque tienen algún tipo de influencia sobre grandes medios ajenos a ellos. Como bien lo dice la “Declaración internacional de los editores independientes por la protección y la promoción de la bibliodiversidad”, estos grupos ‘poseen los recursos económicos, los medios de comunicación y mecanismos de difusión’. En fin, se trata de empresas que cuentan con todo un aparato de producción, distribución, difusión y promoción propio y que, por lo tanto, tienen como medio natural un circuito distinto de aquel en el que a mí me interesa posicionarme.




Y, en segundo lugar, porque las editoriales independientes parecen ser el espacio donde tiende a ser mayor la apuesta por sacar a la luz nuevos valores y por publicar títulos cuya alta calidad literaria no necesariamente garantiza su rentabilidad comercial. Creo que catálogos como el de Impedimenta, Marbot, Melusina, minúscula, Nórdica y otras jóvenes editoriales independientes que están haciendo propuestas muy interesante y arriesgadas serían impensables en el seno de un gran grupo.


Aunque claro, hay sellos literarios como Seix Barral, Lumen o Alfaguara que pertenecen a grandes grupos y que publican cosas de muy buena calidad. El problema es que desde hace varios años estos sellos vienen desdibujándose y lo hacen cada vez más porque en ellos conviven obras y autores de una calidad literaria muy dispar. En un sello mítico como Seix Barral, por ejemplo, hoy en día encontramos obras excelentes de figuras como Philip Roth, Carson McCullers, Julio Ramón Ribeyro, Octavio Paz o Don DeLillo al lado de saris rojos, pasiones indias, satanases,  estrategias de yo no sé qué y gárgolas. Es más clara la línea de sellos bastante buenos como Mondadori y Caballo de Troya, de Random House Mondadori.


Tampoco se trata de sugerir que los editores independientes necesariamente son los garantes de una cultura del todo ajena a los intereses comerciales o que una editorial independiente debe ser una asociación dedicada a hacer obras de caridad a favor de la preservación de los bienes culturales. Como dicen Manuel Gil y Francisco Javier Jiménez en El nuevo paradigma del sector del libro, ‘independencia no debería asociarse directamente a creatividad: “algunos editores económicamente independientes no son sólo tontos redomados sino también incompetentes notorios, que publican obras lamentables”’.


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Nota: la parte del fragmento citado de El nuevo paradigma del sector del libro que viene entrecomillada es a su vez una cita del libro La edición independiente como herramienta protagónica de la bibliodiversidad, de Gilles Colleu, hecha por Manuel Gil y Francisco Javier Jiménez. El fragmento de El nuevo paradigma del sector del libro está en la página 41 y la cita de Colleu incluida en él está en la página 105 de La edición independiente como herramienta protagónica de la bibliodiversidad (ver el comentario de Manuel Gil y Francisco Javier Jiménez a esta entrada).

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