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sobre el estudio “digitalización del libro en españa”, realizado por dosdoce.com y ediciona

Durante esta semana algunos importantes blogs y medios de comunicación han comentado las conclusiones del estudio “Digitalización del libro en España”, realizado por Dosdoce.com y Ediciona durante Liber 2008. El estudio fue publicado a principios de esta semana y puede descargarse gratuitamente haciendo clic aquí.

Los resultados del estudio me hacen pensar que la percepción de los editores españoles con respecto a las nuevas tecnologías está empezando a cambiar, lo cual es un indicio de que poco a poco las visiones escépticas y apocalípticas frente a la inevitable evolución de la actividad y del negocio editorial podrían tender a volverse minoritarias.

Dice el estudio que ‘el 69% de los encuestados considera que la principal prioridad de las editoriales ante el reto de la digitalización del libro es la definición de su modelo de negocio’. El crecimiento del número editoriales que comercializan contenidos digitales o que piensan hacerlo en 2009, la importancia que se le da a la formación en nuevas tecnologías o el carácter prioritario de la negociación de los derechos digitales son algunas evidencias de que algunas cosas están empezando a cambiar en el sector editorial español.

Hay un aspecto específico del estudio que me ha llamado particularmente la atención:

Existe desacuerdo entre los profesionales españoles y los europeos acerca de la principal vía de ingresos dentro de 10 años

Según una encuesta a 1.000 profesionales del sector del libro de 30 países, realizada por la organización de la última edición de la Feria de Frankfurt, el 40% de los encuestados opina que los ingresos derivados de la venta de libros electrónicos superarán dentro de una década, en 2018, en volumen de negocio al papel.

Sin embargo, el 48% de los profesionales del sector del libro encuestados por Dosdoce y Ediciona durante la pasada edición de LIBER considera que la principal vía de ingresos de las editoriales españolas en el año 2020 seguirá siendo los libros en papel. Tan sólo un 16% piensa que los libros electrónicos se convertirán en la principal vía de ingresos.

Curiosamente, los resultados de la encuesta también demuestran que la mayoría de los editores españoles sigue analizando su futuro modelo de negocio sin tener en cuenta otras posibles vías de ingreso y de crecimiento que ofrece la economía digital. Según la encuesta realizada por la Feria de Frankfurt, el 22% de los encuestados consideraba muy importante llegar a acuerdos con la industria del cine, un 18% apostaba por establecer alianzas comerciales con la industria discográfica y un 13% con la industria del videojuego’.

¿A qué se debe esta diferencia? ¿Será una consecuencia del hecho de que España no sea un desarrollador potente de tecnología como Alemania, Francia o Inglaterra? ¿Tendrá alguna relación con el grado de madurez que ha alcanzado el mercado español en el campo de la tecnología? ¿Sería distinta la situación si en España hubiera más early adopters?


Aunque el estudio deja ver que ha habido un cambio de actitud por parte de los editores, esta diferencia con respecto a sus colegas del resto de Europa o el hecho de que ‘utilizar las nuevas tecnologías para promocionar sus productos en la Web y el rediseño de los sitios Web es lo que los profesionales consideran menos importante’ sugieren que la adopción de una nueva mentalidad con respecto a los contenidos digitales puede llegar a ser más lenta de lo deseable y que, por lo tanto, el sector estará menos preparado para asimilar el impacto de las transformaciones que están teniendo lugar en su entorno.

Miércoles, mayo 28, 2008 categorizado bajo e-book

la metamorfosis del libro

La aparición, el perfeccionamiento, la proliferación, la creciente penetración y la consolidación de los soportes electrónicos suponen una metamorfosis del concepto de libro y, por lo tanto, un desafío para la industria editorial. Todos los actores involucrados en la cadena de producción editorial deben buscar la forma más óptima de adaptarse al entorno que se configura a partir de esta transformación —replanteamiento del modelo de negocios, negociación de derechos, tipos de licencias y usos permitidos por cada una de ellas, costes de producción y distribución de los contenidos, precio del producto final, fuentes de ingresos y un largo etcétera—. Como consecuencia del desarrollo de las nuevas tecnologías asociadas a la presentación de contenidos en texto e imagen, nuestra idea tradicional de lo que es un libro empieza a ser insuficiente y las fronteras de la definición de este concepto tienden a desdibujarse.

Joaquín Rodríguez viene planteando en el blog Los futuros del libro una serie de interesantes reflexiones sobre este tema que permiten estar al tanto del rumbo que toma esta discusión y entender las implicaciones que tiene su evolución.


Rodríguez muestra la complejidad del problema en la entrada titulada “Esto no es un libro (¿o sí?)”:

‘Roger Chartier, el maestro francés, nos advertía hace ya bastante tiempo, de que uno de los principales problemas al que deberíamos enfrentarnos para comprender la transición de los soportes que ahora está sucediendo es que no disponíamos todavía de las categorías intelectuales necesarias para percibir los nuevos soportes como libros o, dicho de otra manera, que nuestras categorías perceptivas están indisolublemente ligadas a un medio concreto —el papel y sus diversas manifestaciones— y a la forma en que ese medio compone y transmite los significados’.

edición 2.0. los futuros del libro [ 3 ] / ¿por qué tendremos libro en papel durante un buen tiempo más?

¿Por qué hasta el momento todos los modelos de libro electrónico que se han lanzado al mercado han fracasado?

Joaquín Rodríguez ofrece una respuesta interesante en la entrada de su blog titulada “Breve historia del libro electrónico (I):

‘Entre los años 1999 y 2006 hemos vivido, seguramente, la fulgurante y brevísima historia de la primera fase del libro electrónico. Multitud de dispositivos nacieron, se lanzaron, se intentaron vender, fracasaron y desaparecieron, todo en el cortísimo plazo de cinco o seis años. Las leyes elementales de la promoción dicen que cualquiera sea la cosa que se lance e intente vender, debe hacerse pasar por insustituible e imprescindible y, si cabe, debe suplantar su identidad para hacerse pasar por lo que no es (cuánto sabemos de esto los lectores que nos enfrentamos a los centenares de novedades comerciales lanzadas por las editoriales que se quieren hacer pasar por suceso editorial de primer orden). Es cierto que en la brevísima historia del libro electrónico hubo demasiado de promoción y poco de reflexión sobre las necesidades estructurales verdaderas de los posibles receptores, que la inercia de la tecnología y sus descubrimientos ignoró esa regla básica que dice que no ha habido invento en la historia que se haya asumido plenamente sin que haya habido necesidad de hacerlo (las oficinas de patentes son testigos mudos de la multitud de inventos innecesarios que concibe el hombre), que las guerras de las incompatibilidades y las tecnologías propietarias llevaron a un callejón sin salida a la mayoría de los dispositivos, que además, sólo servían para un propósito —de ahí la horrible denominación de dispositivos dedicados—, el de leer textos en el formato propietario del mismo fabricante que había construido el dispositivo, que la oferta de títulos que podían descargarse de la red —en sitios, la mayor parte de las veces, propiedad de los mismos fabricantes— era escasa y poco atractiva.’.

Edición 2.0. Los futuros del libro, pp. 138 – 139

Melusina

Barcelona, 2007

En síntesis, seguimos a la espera de un libro electrónico que se ajuste a las necesidades del usuario en términos de portabilidad, comodidad para la lectura, accesibilidad a contenidos, usabilidad, interoperabilidad y precio. Kindle parece significar un avance en algunos de estos aspectos y el tiempo dirá en qué medida soluciona cada uno de estos problemas.

En una entrevista a Lawrence Lessig que Rodríguez reproduce, el creador de la licencia Creative Commons se refiere a la convivencia entre antiguos y nuevos soportes, que explicaría por qué si en algún momento el libro electrónico consigue convertirse en un dispositivo de uso popular por lo menos durante un tiempo no sustituirá al libro en papel. Dice Lessig que ‘las nuevas tecnologías no siempre sustituyen a las antiguas. La radio, es un ejemplo, sobrevivió a la introducción de la televisión’.

Miércoles, febrero 14, 2007 categorizado bajo e-book, edición, impresión

cuando se puede prescindir del papel

Si en su momento el boom de Internet generó en el mercado editorial una ola de pánico en relación con el futuro del libro, hoy en día es evidente que por ahora éste está lejos de quedar condenado a desaparecer en la medida en que cohabita sin mayor problema con los distintos soportes digitales de publicación de contenidos. De hecho, al final la naturaleza de los contenidos acaba por determinar cuál es el soporte más apropiado para la difusión de éstos. Esto lo constato todos los días: mientras que para mí lo más cómodo es leer las noticias en Internet o consultar un diccionario online, nunca me leería Ana Karenina en formato electrónico.

Si bien el formato digital es práctico para hacer lecturas de textos breves que responden a la inmediatez o de documentos de referencia que pueden requerir la rápida búsqueda de información específica, resulta incomodísimo para leer textos largos. Cuando se está leyendo en soporte impreso un texto importante, nada más útil que tener también una versión en formato digital porque a través de búsquedas por palabras clave permite encontrar información específica sin perder tiempo.

En el caso de la prensa especializada sobre temas de actualidad, por ejemplo, las declaraciones que hace en su blog Colin Crawford con respecto al cambio de origen de los ingresos de IDG —la editora de contenidos sobre nuevas tecnologías de la información y la comunicación— no podrían ser más elocuentes: “Durante más de cuatro décadas hemos tenido sangre de imprenta corriendo por las venas de nuestro cuerpo corporativo. Pero durante los últimos años hemos visto un cambio dramático. Hoy en día el crecimiento de nuestros ingresos del soporte online excede el declive en nuestros ingresos por cuenta del impreso”. Según Crawford, para muchas de las publicaciones de IDG el próximo año los ingresos que dará el soporte online serán mayores que los provenientes del impreso y en 2009 alcanzarán cerca del 50 % de las entradas totales de la empresa. Para adaptarse a las nuevas circunstancias, IDG ha decidido reorientar su estrategia de negocios y se redefinirá como una compañía de información cuya actividad se centrará en la Web y se complementará con exposiciones, eventos y publicaciones impresas. Al centrarse en el soporte Web, de ahora en adelante podrá sacar provecho de las ventajas de la creciente convergencia tecnológica que propicia la interoperabilidad entre distintos formatos.

Si mediante esta nueva orientación la empresa logra adaptarse a los cambios que está sufriendo su negocio evitando así que se le conviertan en un obstáculo, no cabe duda de que al final éstos no tienen por qué generarle mayor traumatismo. El caso de IDG deja claro que tanto las publicaciones como los editores de contenidos que reaccionen rápidamente frente a los cambios tecnológicos no tienen por qué temer que los efectos de éstos los afecten de manera negativa.

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