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miércoles, diciembre 21, 2011 categorizado bajo contenidos digitales, destacados, e-book, e-readers, entorno digital

la muerte de un lector digital

A mediados de enero de 2009 una de las editoriales para las que trabajo me dio un Sony Reader PRS-505 para facilitar el envío y la lectura de manuscritos. A finales de noviembre pasado el interruptor de encendido de mi e-reader dejó de funcionar repentinamente, lo cual a pesar de lo engorroso no era grave una vez comprobé que podía encender el dispositivo conectándolo por un momento a un ordenador. Dejando aparte esta leve molestia, todo iba bien hasta que dos semanas más tarde mi e-reader se quedó kaput.

 

 

 

 

Atrás quedaron los tiempos en los que las cosas duraban toda la vida: desde los muebles y la ropa hasta los electrodomésticos, pasando por los matrimonios. ¿Quién puede decir hoy en día que todavía conserva y usa unos zapatos, una licuadora o una silla que compró hace dos, cinco, trece o veintiocho años? En mi generación seguramente poquísima gente puede hacerlo mientras que en la de mis papás lo normal es —o quizás hasta hace unos años era— que las cosas duren mucho tiempo.

 

Con la producción en serie a gran escala, la deslocalización de las plantas de manufactura y la expansión tanto del consumismo como del estilo de vida low cost que hacen que todo sea fácilmente accesible y reemplazable, el ciclo de vida de muchos de los bienes que solemos consumir se ha reducido a su mínima expresión. Se trata de bienes de consumo casi desechables y de existencia efímera en los que la relación entre el valor y el precio tiende a ser bastante confusa. A propósito de todo esto vale la pena volver a echarle un vistazo al documental “Comprar, tirar, comprar”, que aborda este tema y en el que la obsolescencia programada ocupa un lugar central. A quienes todavía no lo hayan visto les recomiendo hacerlo ahora mismo.

 

 

http://www.youtube.com/watch?v=3btYLqacz1I

 

 

El caso de mi e-reader pone en evidencia no sólo lo vulnerable y frágil que en ocasiones puede llegar a ser la tecnología, sino también que cuando estamos hablando de consumo de contenidos los dispositivos juegan un papel secundario —aunque no irrelevante— porque lo que realmente importa son los libros, la música o los vídeos que leemos, escuchamos o vemos a través suyo. Si somos capaces de asegurar la conservación y la perdurabilidad de los contenidos, de ahí en adelante todas nuestras preocupaciones serán menores.

 

Como suelo tener tres copias de todos mis documentos —en mi ordenador, en un pendrive y en un disco duro externo—, con la muerte de mi e-reader sólo hay que lamentar la pérdida de un aparato que se estropeó. La magnitud del problema es muy distinta en el caso del libro en papel, en el que el soporte y el contenido conforman una unidad indisociable. Y si lo digo es porque nuestros libros en papel también se deterioran con el paso del tiempo, sobre todo si se encuentran bajo ciertas condiciones ambientales o si en su producción se han utilizado materiales de mala calidad con el propósito de ahorrar costes. Y bueno, ni hablar de la rapidez a la que caducan muchos de los libros que se publican hoy en día porque sus contenidos se vuelven obsoletos en cuanto salen de la imprenta —e incluso antes—.

la biblioteca inagotable

‘El universo (que otros llaman la Biblioteca) se compone de un número indefinido, y tal vez infinito, de galerías hexagonales, con vastos pozos de ventilación en el medio, cercados por barandas bajísimas. Desde cualquier hexágono, se ven los pisos inferiores y superiores: interminablemente. La distribución de las galerías es invariable. Veinte anaqueles, a cinco largos anaqueles por lado, cubren todos los lados menos dos; su altura, que es la de los pisos, excede apenas la de un bibliotecario normal. Una de las caras libres da a un angosto zaguán, que desemboca en otra galería, idéntica a la primera y a todas. A izquierda y a derecha del zaguán hay dos gabinetes minúsculos. Uno permite dormir de pie; otro, satisfacer las necesidades finales. Por ahí pasa la escalera espiral, que se abisma y se eleva hacia lo remoto. En el zaguán hay un espejo, que fielmente duplica las apariencias. Los hombres suelen inferir de ese espejo que la Biblioteca no es infinita (si lo fuera realmente ¿a qué esa duplicación ilusoria?); yo prefiero soñar que las superficies bruñidas figuran y prometen el infinito… La luz procede de unas frutas esféricas que llevan el nombre de lámparas. Hay dos en cada hexágono: transversales. La luz que emiten es insuficiente, incesante’.

Tomado de “La Biblioteca de Babel”, de Jorge Luis Borges. En Ficciones. Madrid: Alianza. 1997.

 

 

No hay nada que me resulte más frustrante como lector que entrar a una librería y no encontrar el libro que estoy buscando. La situación es aún más grave y empieza a tornarse desesperante si esto mismo pasa de manera sucesiva en varias librerías. Y es todavía peor si resulta que el libro en cuestión está agotado o descatalogado. Como siempre, las dificultades para acceder a algo y la imposibilidad de hacerlo alimentan compulsivamente el deseo de poseerlo.

 

La siguiente anécdota ilustra esta situación: entre las lecturas obligatorias del curso “Cuatro narradores norteamericanos” que tomé en el segundo semestre de 1999 se encontraban algunos cuentos del libro Un árbol de noche, de Truman Capote. Anagrama había publicado en 1989 este libro que según la profesora en ese momento era prácticamente imposible de conseguir en las librerías de Bogotá, por lo cual ésta nos pasó unas fotocopias que había mandado a sacar de su propio ejemplar. Como los cuentos que debíamos leer para la clase me gustaron tanto, terminé leyéndome el libro completo y quedé tan fascinado que tener un ejemplar propio se me convirtió en una obsesión.

 

A partir de entonces fui tanto a mis dos librerías de viejo de confianza como a muchas otras de segunda a preguntar por el libro y cada vez que se me atravesaba una librería en el camino entraba a buscarlo. Aunque siempre que entraba a una librería sabía de antemano que no iba a encontrar lo que estaba buscando, la frustración al salir era inevitable. Y así pasaron tres años hasta que un viernes después de salir del trabajo encontré en la Panamericana de la calle 72 con cerrera 15 una edición de bolsillo de Un árbol de la noche publicada en Buenos Aires por Sudamericana —a pesar de la variación en el título se trata de la misma traducción que hizo Juan Villoro para Anagrama—. Para cerrar el tema debo decir que como en ese momento no tenía dinero a la mano, tuve que esconder el libro detrás de una estantería e ir a comprarlo al día siguiente a primera hora.

 

En 2004 Anagrama resolvió el problema de una vez por todas tras publicar el volumen de los Cuentos completos de Capote, cuya portada viene ilustrada con una maravillosa foto del autor tomada en 1947 por Henri Cartier-Bresson en Nueva Orleáns.

 

 

Gracias a la creciente expansión, popularización y penetración de los e-books, de las plataformas de comercialización —tanto de compra de archivos mediante descarga como de venta de licencias de acceso a contenidos para su lectura en la nube— y de la impresión bajo demanda podríamos estar cada vez más cerca de la utopía de una biblioteca que es no sólo inagotable, sino también totalmente accesible en cualquier momento y desde cualquier lugar. Se trate bien sea de títulos viejos que han sido digitalizados o bien de novedades que aparecen directamente en digital independientemente de que también hayan sido publicadas en papel o no, estamos frente a la posibilidad del fin de la escasez cuya expresión máxima son los libros agotados y/o descatalogados.

 

 

La idea es que los lectores puedan acceder sin mayores obstáculos aquíahora y en cualquier formato a todo libro que en su momento despierte un mínimo interés y que la industria esté en capacidad de poner a su disposición todo título que más adelante sea susceptible de hacerlo para que también sea accesible. Basta con que se arregle todo lo relacionado con la gestión de derechos y con que una vez creados con el mayor cuidado posible los archivos se cuelguen en todas las plataformas de comercialización que se desee —lo cual no es poca cosa—. Esta nueva situación podría favorecer tanto a los editores que estén interesados en trabajar con nichos de mercado y en construir públicos dentro de éstos como a los lectores con intereses muy específicos —pienso, por ejemplo, en los amantes de algún tipo de literatura de género o en los expertos con un alto nivel de especialización en disciplinas, áreas de estudio y temas particulares—.

 

En síntesis, se están creando las condiciones para ampliar y facilitar el acceso al grueso de la producción editorial de todos los tiempos: tanto a las obras de dominio público que hayan sido digitalizadas como a aquellas que todavía estén sujetas a derechos de autor y cuyos editores firmen un convenio con alguna plataformas de distribución digital.

 

 

Se supone que hasta el momento la falta de una oferta legal amplia, diversa y atractiva ha sido uno de los frenos al consumo de contenidos digitales en España. Lo normal sería que el desembarco próximamente de las grandes plataformas de comercialización como Amazon, Google ebooks y Kobo —y de las demás que seguramente vendrán más adelante, independientemente de su origen y de su tamaño— contribuyera a dinamizar el mercado de los contenidos digitales en el sector del libro español y a que éstos se convirtieran en un producto familiar y cercano para el gran público.

 

Está claro que en el ámbito local algunos actores de la cadena de valor tradicional verán con recelo la llegada de players extranjeros provenientes del mundo tecnológico pero también es verdad que si éstos no aportaran su experiencia y su know how en los negocios en el ámbito online, su infraestructura tecnológica, su fondo y su músculo financiero el consumo de contenidos digitales en el sector del libro español tardaría más en despegar y se quedaría mucho más tiempo patinando debido a una mezcla de inmovilismo —por reticencia o por temor al riesgo— y de puesta en marcha de iniciativas que han sido concebidas y planificadas de manera errónea o que se han lanzado muy tímidamente.

 

 

En un escenario en el que la escasez de antes tiende a ser sustituida por una explosión y por una abundancia excesiva de contenidos —ojo que por ahora ni siquiera me referiré a la autoedición, que amerita un capítulo aparte—, la capacidad de los lectores de acceder a éstos depende en gran parte de que tengan visibilidad y de que puedan encontrarse fácilmente. Para que esto sea posible es importante que los editores trabajen cuidadosamente en la puesta en marcha de campañas de promoción y marketing en entornos digitales, en la gestión de metadatos, en la identificación de sus públicos y en la construcción de una relación fluida y dinámica con éstos. En este escenario de abundancia de contenidos lo que escasea es la atención de los lectores, que se encuentran con que su capacidad de lectura, su tiempo y sus recursos económicos son limitados.

 

Quedan en el aire algunas preguntas a las que seguramente la evolución de la situación les irá dando respuesta durante los próximos meses: ¿qué impacto tendrán en el sector del libro español la entrada de las grandes plataformas de comercialización de contenidos digitales y la ampliación de la oferta de éstos? ¿Cómo responderán los lectores frente a la ampliación de la oferta de contenidos digitales? ¿Quién se beneficiará y quién saldrá perjudicado con este cambio? ¿Cómo reaccionarán los distintos actores del sector frente a esta transformación de su entorno? ¿Cuáles actitudes y estrategias adoptarán éstos no sólo para adaptarse a este nuevo entorno, sino también para jugar un rol activo en su configuración? ¿Cuál lugar ocuparán en este nuevo entorno las plataformas locales de comercialización de contenidos digitales —tanto las ya existentes como las que aparezcan en el futuro—?

 

 

Una vez los títulos estén disponibles en todos los formatos y en todas las plataformas posibles, al lector le corresponderá escoger de qué manera acceder a ellos según sus preferencias y sus condiciones particulares. Mientras la aceptación, la adopción y la asimilación de lo digital se extienden de manera significativa, lo más probable es que el papel siga siendo la solución más óptima para una parte importante del público lector.

martes, octubre 5, 2010 categorizado bajo contenidos digitales, destacados, e-book, e-readers, entorno digital, nuevas tecnologías

¿ésta sí será la navidad de los e-readers?

Como ya es habitual desde hace un par de años, algunos entusiastas de los e-readers y de los contenidos digitales han empezado a anticipar que estos dispositivos de lectura en pantalla serán el regalo estrella durante la próxima temporada navideña.

Reproduzco un fragmento de la entrada “Los ereaders apuntan a las próximas navidades”, publicada el pasado 3 de septiembre en el blog de Bubok:

‘Con el nuevo curso escolar en la parrilla de salida – y en algunos casos, ya en plena marcha- son muchos los padres que están dándole vueltas a la idea de adquirir un lector de libros electrónicos para los chavales, para que estudien mejor. Es un discurso que me recuerda enormemente a la cantinela del ordenador que traen los Reyes Magos, ese que pueda hacer un poco de todo, para que el chaval estudie mejor.

(…) La rápida implantación de los lectores de libros electrónicos es innegable, y a medida que las empresas van lanzando nuevos productos y modelos, se está llegando a un punto crítico en que no quedará otra que bajar los precios. Muchos creen que la explosión del ereader está teniendo lugar este mismo año. Si las predicciones son mas o menos exactas, y a sabiendas que la segunda mitad del año se concentran muchas ferias de tecnología, casi se puede dar por sentado que durante el periodo navideño se van a vender lectores de libros electrónicos como nunca; así que ahora es un buen momento para pensar en adquirir un ereader en menos de 4 meses.

El camino empieza a dibujarse; si la crisis económica nos sigue afectando el bolsillo, las empresas tendrán que ceder, si quieren cerrar el año con un balance de ventas en positivo. Y navidad, dicen, es la época de los gadgets‘.

Por otro lado, ayer aparecía en Libros & Tecnología la entrada “La venta de contenidos y el desembarco de eReaders, Ipads ….y tablets” que comenta lo siguiente:

‘Es seguro que en esta campaña de Navidades van a desembarcar cantidad de ereaders de tinta electrónica (Sony, BenQ, Sansumg… entre ellos. También se espera que el Ipad se convierta en uno de los regalos estrella en dichas fechas.Por supuesto que los fabricantes competidores de Apple están a marchas forzadas para Inundar de Tablets “Android” las tiendas.Todos estos dispositivos son aptos para el consumo de ebooks, así que es de suponer que el mercado de la descarga también viva su explosión correspondiente. En cualquier caso Liber 2010 ha puesto de manifiesto que nadie quiere quedarse fuera de esta fiesta.

Es un momento de crisis pero también de enormes oportunidades. Por lo tanto es un momento de toma de decisiones’.

Yo no estoy tan seguro de compartir el optimismo de los autores de ambas entradas cuando afirman tan categóricamente que ‘la rápida implantación de los lectores de libros electrónicos es innegable’ o que ‘en cualquier caso Liber 2010 ha puesto de manifiesto que nadie quiere quedarse fuera de esta fiesta’. Habría que salir a la calle y hablar tanto con la gente del común como con representantes de distintos segmentos del sector editorial para ver si este optimismo está bien fundamentado o no.

En cualquier caso quizás el impulso que le ha dado la salida del iPad a la carrera de las tablets será el elemento que marque la diferencia con respecto a los años anteriores, en los que hubo una brecha más que significativa entre los vaticinios en relación con las ventas navideñas de e-readers y los resultados reales de éstas. Gracias a su naturaleza multitarea que les permite ofrecerle al usuario las más diversas prestaciones, las tablets y otros aparatos tienen un atractivo del que carecen los dispositivos dedicados que funcionan con tinta electrónica.

Me imagino que esta ventaja de las tablets con respecto a los e-readers será el factor diferencial para distintos tipos de usuarios con perfiles bastante particulares como los adolescentes, los geeks o todo aquel que por vocación u oficio no sea lo que podríamos llamar un “heavy reader“. Es bastante probable que un e-reader no tenga mayor posibilidad de competir con los smartphones, los notebooks o las tablets en el caso de aquellos usuarios que están sedientos de consumir contenidos digitales de todo tipo —y no sólo escritos— y que tienen una necesidad de estar conectados permanentemente a Internet para interactuar con su red de contactos y consultar información práctica.

En cualquier caso habrá que ver qué hacen los usuarios con todos estos aparatos. Al ser el usuario quien determina los usos de aquello que se pone a su disposición, no sorprendería en lo más mínimo que la lectura de libros en formato digital no fuera la funcionalidad más explotada por el propietario de una tablet e incluso que ésta ni siquiera se utilizara con dicho fin. Si además de las necesidades reales del usuario tenemos en cuenta otros factores como el estado embrionario en el que se encuentra en nuestro medio la oferta comercial de libros en formato digital, lo engorrosa que en algunas ocasiones resulta la experiencia de compra de éstos y las reservas de ciertos sectores frente al DRM debido a las limitaciones que impone, es más que probable que muchas de las tablets que se vendan durante la temporada navideña que se acerca se utilicen para cualquier cosa menos para leer.

¿Tiene que ver esto que estoy diciendo con el “Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros en el Primer Cuatrimestre de 2010” que la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE) publicó recientemente y cuyo subtítulo proclama en mayúscula sostenida y en negrilla que ‘CASI LA MITAD DE LOS ESPAÑOLES LEE EN ALGÚN SOPORTE DIGITAL‘?

Ya comentaré algunos aspectos del “Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros en el Primer Cuatrimestre de 2010” que me han llamado la atención.

***

Mientras algunos hablamos de la penetración y los usos de los dispositivos de lectura en pantalla, un grupo de expertos reflexiona acerca del futuro del sector editorial en su conjunto en la conferencia Tools of Change for Publishing 2010 que en este momento está teniendo lugar en Frankfurt y que se puede seguir en Twitter con el hashtag #tocf10.

lunes, julio 5, 2010 categorizado bajo 1, contenidos digitales, e-book, e-readers, entorno digital

“¿despega el e-book?”: artículo en la revista literata

En su número de julio la revista Literata incluye un artículo en el que planteo algunas reflexiones con respecto al estado actual de la cuestión del e-book en España.

En el artículo titulado “¿Despega el e-book?” intento dar una visión general del panorama del e-book en nuestro medio a día de hoy teniendo en cuenta aspectos como los actores del sector del libro involucrados en la producción de contenidos digitales, las posiciones de algunos de ellos frente a la emergencia de lo digital, el estado de la oferta de libros en formato digital o las condiciones que podrían favorecer o inhibir el desarrollo de este mercado.

Creo que más que plantear algo nuevo acerca de un tema con respecto al que ya se ha dicho mucho hasta el momento y sobre el que vale la pena volver cada cierto tiempo debido a la velocidad a la que está evolucionando, el artículo recoge de la manera más sintética posible lo que personalmente saco en limpio de las reflexiones que hemos planteado quienes participamos en una conversación a la que escenarios como Paradigma libro, Comunicación cultural, Los futuros del libroPensódromo [21], Anatomía de la edición, la Feria del Libro de Sevilla o la revista Texturas le han abierto un espacio y a la que puede sumarse todo aquel que tenga alguna inquietud en relación con la manera como el sector editorial está no sólo adaptándose a las transformaciones que está sufriendo su entorno sino también buscando incidir en ellas.

Gracias tanto a Helena O’Callaghan García por ampliar el espacio de reflexión sobre el tema como a Jorge Portland y a María José de Acuña por poner su galería de imágenes a mi disposición para ilustrar este artículo.

Los interesados en leer el artículo pueden descargar el archivo en pdf apretando aquí.

miércoles, junio 23, 2010 categorizado bajo 1, destacados, e-book, e-readers

cacharro derrota a lector

Hace unas semanas comentaba en una entrada la escasa atención que le prestamos al lector quienes participamos en las segundas Jornadas “Los Futuros del Libro” que organizó la Feria del Libro de Sevilla en mayo pasado. El artículo “The ‘Big Money’ Speaks: Publishing’s CEOs More Worried About E-Readers than Readers” que Publishing Perspectives publicó ayer sugiere que esta falta de interés por el lector no es exclusiva de nuestro medio.

Con respecto a la actitud de los altos ejecutivos del mundo editorial que participaron en los paneles “Will the iPad Kill Off eReaders and Other Tablets?” y “The Future of Book Publishing”, que tuvieron lugar en la conferencia Untethered 2010: Profitable Media in the Tablet Era organizada por The Big Money, dice el artículo:

‘Los oradores estaban más que dispuestos a hablar acerca de las cosas interesantes que sus dispositivos y aplicaciones están en capacidad de hacer o de qué tan ampliamente se puede esperar que éstos se propaguen en un futuro próximo. Y hubo incluso algo de conversación sobre cómo dar respuesta a la retroalimentación de los consumidores. Pero nadie explicó lo que los lectores estaban experimentando ahora mismo o lo que realmente quieren de los futuros dispositivos’.

El título del artículo ya es bastante elocuente: para los grandes de la industria —se menciona la presencia de ejecutivos de empresas como HarperCollins, Simon & Schuster, Perseus Books Group, McGraw-Hill Education y Google— parecen ser más importantes los lectores electrónicos que los de carne y hueso.

La confirmación de esta sospecha haría que la idea implícita en un comentario irónico de Rado Molina terminara por convertirse en una realidad inminente. Cuando publiqué en Facebook el link de mi entrada “¡ah, sí, el lector!” Rado hizo el siguiente comentario:

‘Martín, de qué lector está hablando el último modelo de Kindle?

compañero, olvídese de los lectores de carne y hueso (esos se pudren)

los buenos son los de tinta electrónica’

Rado puede tener razón. O al menos eso me hace pensar la siguiente imagen, que muestra los primeros resultados de búsqueda que me presenta el módulo de imágenes de Google cuando introduzco la palabra “reader”.

Entre los posibles futuros de la industria de los contenidos, ¿puede ser viable alguno que no tenga en cuenta a sus públicos?

Si es cierto que la industria de los contenidos ha entrado en crisis debido no sólo a la recesión económica sino también a su incapacidad de adaptarse a las transformaciones que viene sufriendo su entorno, cualquier posible salida de esta crisis debe pasar necesariamente por conocer los intereses, las necesidades y las expectativas de sus públicos y no sólo por el replanteamiento de sus modelos de producción y de negocio.

Hacia el final del artículo su autor cita unas palabras de Sarah Wendell de Smart Bitches, Trashy Book, que me parecen muy sugestivas y que deberían encender algunas alarmas:

‘Los consumidores están tan ansiosos por contestarles a las empresas… Estoy eternamente perpleja por la idea de que [los editores] no saben lo que quieren los consumidores’.

Cada vez estoy más convencido del rol estratégico que debe ocupar la construcción de públicos.