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librerías y proximidad

Para nadie es un secreto que los actuales son tiempos difíciles para las librerías. De hecho, el discurso sobre la crisis de las librerías —y sobre todas las crisis en general— ya empieza a sonar a lugar común. El origen de la crisis de las librerías se le achaca en distinta medida a diversos factores: la concentración de las ventas en las grandes superficies —El Corte Inglés, Casa del Libro, Fnac, Carrefour, etc.—, el crecimiento del e-commerce, la posición dominante y las malas prácticas de Amazon, la llegada de los e-books y la irrupción de diversos actores provenientes del mundo tecnológico en la venta de éstos —Kindle StoreiBookstoreGoogle PlayKobo, etc.—, los bajos índices de lectura, la creciente importancia tanto de los contenidos no escritos como de los dispositivos conectados a Internet en el uso del tiempo libre o la caída del consumo como consecuencia del mal estado de la economía.

 

A pesar de las dificultades existentes, en ciudades como Barcelona y Madrid mientras algunas librerías cierran otras han abierto. En Barcelona, por ejemplo, recientemente han cerrado Áncora y Delfín, Canuda, Catalonia, Excellence, Espai Proa, Platón y Roquer pero también han abierto Calders, La impossible, La memòria, Nollegiu y varios locales de Re-Read —la cadena low cost, que además ya se implantó en Madrid y Málaga—. A quienes les interese saber lo que viene pasando en este mismo campo en Madrid les recomiendo leer el artículo “El fenómeno de las nuevas librerías madrileñas”, de Paula Corroto. Desconozco en una gran medida lo que está pasando en otras ciudades españolas, así que si alguien tiene información al respecto puede compartirla en la zona de comentarios.

 

 

 

Nuevas librerías barcelonesas

 

 

 

Debido a la lógica y a la evolución del sector retail, en las ventas de libros hay unos pocos gigantes que al acaparar una cuota de mercado enorme vienen quedándose con la mayor parte del pastel. Sin embargo, al mismo tiempo cada vez son más las pequeñas librerías que están construyendo su propia clientela y fidelizándola mediante una oferta de productos y servicios que obedece a sus necesidades e intereses —de la misma manera como la creciente concentración de la propiedad de la industria editorial viene desarrollándose paralelamente al boom de la edición independiente—. Se trata de librerías que están trabajando de una manera que las diferencia de las grandes cadenas o de las tiendas de e-commerce y que están atendiendo públicos a los que éstas no están en capacidad de llegar o que quizás ni siquiera les interesan. En fin, aunque el mercado parezca estrecharse estas librerías están abriéndose un lugar en él.

 

Es verdad que debido en parte a las razones mencionadas en el primer párrafo de esta entrada hoy en día en España las librerías están teniendo serias dificultades para sobrevivir. Pero también es cierto que los habitantes de muchas grandes y medianas ciudades españolas y europeas pueden presumir de tener al alcance de la mano un puñado de librerías de un cierto nivel —algunas excelentes, unas muy buenas y otras menos buenas—. A diferencia de lo que sucede en muchas urbes latinoamericanas y estadounidenses, los habitantes de estas ciudades españolas no sólo viven en un entorno poblado de librerías sino que además normalmente no tienen que recorrer grandes distancias para llegar a ellas. Hace unos meses un amigo mexicano me contó que la librería más cercana a su casa en México D. F. está a unos seis kilómetros de distancia de allí. En la Esquerra de l’Eixample que es el barrio de Barcelona donde vivo, por ejemplo, hay unas cuantas buenas librerías de distintos tipos —varias de ellas especializadas— y no me sorprendería que próximamente abrieran algunas más. Y luego el barrio también cuenta con un buen número de librerías papelerías, cuya oferta se centra sobre todo en best sellers y libros de actualidad que normalmente tienen una rotación bastante alta.

 

Aparte de la calidad de su selección de libros —que en algunos casos supone una cierta especialización—, del ejercicio de un rol prescriptor, de las actividades y espacios que ofrecen o de su singularidad, quizás la proximidad sea una de las cartas que más réditos puede darles a las pequeñas librerías para diferenciarse y posicionarse de cara al resto del sector, a su entorno y a su clientela. Está claro que en el ámbito de las librerías también pueden calar la actitud, las prácticas y el discurso con respecto al comercio de proximidad y pequeño que a menudo se ve en el caso de los productos alimentarios, en el que además el reclamo con respecto al consumo de lo local viene adquiriendo una creciente importancia —que en algún punto quizás llegue a ser equiparable a la adquirida por lo orgánico, lo ecológico o lo biológico, cuyos productores y comercializadores a menudo también apelan a la proximidad del origen de los alimentos, a la ausencia de intermediarios y al uso de prácticas de comercio justo—. Al fin y al cabo por distintas razones de carácter económico, social y cultural no es lo mismo comprar en una pequeña librería de barrio que en un local de una cadena mediana como La Central o Laie, en una gran superficie como Casa del Libro o Fnac o en una plataforma de e-commerce como Amazon.

 

 

 

Productos locales

 

 

 

Su condición de comercio de proximidad puede ser una de las mayores fuentes de ventaja competitiva para las pequeñas librerías que a menudo están en barrios residenciales y no en zonas estrictamente comerciales porque les permite convertirse en un actor fundamental de la vida de sus comunidades. Como lo hacen las verdulerías, los bares, las panaderías, las mercerías, las charcuterías, las peluquerías o las carnicerías, las pequeñas librerías pueden asumir un papel protagónico en la construcción de eso que se conoce como “la vida de barrio”. El colectivo Llibreters de Gràcia es un caso interesante no sólo del papel que desempeñan las librerías en la construcción de la vida de barrio, sino también de la importancia que tiene la puesta en marcha de iniciativas colectivas por parte de actores de un mismo gremio y/o sector.

 

Las librerías están frente a la oportunidad de jugar un rol clave en la dinamización cultural tanto de las ciudades como de su entorno más inmediato. Una librería puede ser el escenario de toda una serie de actividades relacionadas con el libro, la lectura o los temas asociados a la oferta que hay en sus estanterías —lo cual es muy claro cuando hay una especialización determinada como en el caso de Abracadabra o de Le Nuvole en Barcelona—. Por otro lado, el caso de una librería como Pequod Llibres es la demostración de que un espacio minúsculo puede albergar una intensa actividad cultural y convertirse en un dinamizador de su entorno próximo.

 

 

 

I didn't buy it on Amazon

 

 

 

El establecimiento de un contacto estrecho y de una relación fluida con su clientela es una de las claves para el buen ejercicio de un rol prescriptor por parte del librero. Quizás las pequeñas librerías de barrio tengan una mayor facilidad para entablar un contacto y una relación de estas características que permitan acceder a un conocimiento profundo de las necesidades y los intereses de los clientes y distinguir aquellos finos matices que seguramente los algoritmos más complejos no están en capacidad de captar. En estos tiempos en los que las grandes superficies, la dependencia de los dispositivos móviles a la hora de relacionanos con el entorno tanto social como físico y de usar nuestro tiempo libre, el e-commerce, las comidas rápidas, los productos y servicios low cost o el turismo masivo tienden a imponerse, también ganan cada vez más terreno el consumo de productos y el comercio locales o el movimiento slow —que no debe gustarles nada a los inventores de Spritz, la aplicación que permite leer mil palabras por minuto—.

 

Así como a la industria editorial se le acusa de sobreproducir, vale la pena preguntarse si en España actualmente hay demasiadas librerías y qué tan óptima es la distribución geográfica de éstas —porque no es lo mismo vivir en una ciudad grande o mediana que en un pequeño pueblo—. La búsqueda de posibles respuestas a estas preguntas debería no sólo tener en cuenta los índices de lectura y de compra de libros, sino también examinar estos datos en el actual contexto de crisis económica y de cambio de paradigma en la edición.

 

Antes de terminar aprovecho para destacar la iniciativa Yo amo mi librería promovida por Txetxu Barandiarán, que invita a construir de manera colaborativa un mapa de librerías.

 

 

 

Llibreters de Gràcia

 

 

 

Finalmente, para complementar la reflexión recomiendo la lectura de los siguientes artículos:

 

– “¿Defender a todas las librerías?”, de Txetxu Barandiarán.

“Mapa de librerías independientes en España (1): las demasiadas librerías” y “Mapa de librerías independientes en España (2): líderes del absurdo”, de Bernat Ruiz Domènech.

– “Que no nos expropien el concepto de librería”, de Lucía Lijtmaer.

– La serie “Librerías con encanto”, de la revista Jot Down —cuya autora es Raquel Blanco—.

imaginar el futuro y contribuir a su construcción

Cuando abrí [ el ojo fisgón ] a principios de 2007 circulaban por la red algunas imágenes con respecto al futuro del libro y de la lectura. Estas representaciones gráficas daban cuenta del estado evolutivo de ambas cosas en ese momento así como de las formas que entonces se creía que adoptarían más adelante. Se trata de imágenes que hoy en día parecen sacadas de la prehistoria, que en esa época circularon mucho en la blogosfera, que yo mismo usé en varias ocasiones y cuyos orígenes no consigo establecer en este momento —si alguien los conoce, le agradecería que me pasara las referencias—.

 

 

 

 

 

 

¿Cómo creen quienes viven en una época determinada que será el mundo al cabo de 10, 25, 50 o 100 años? Explorar cómo se han imaginado diferentes momentos del futuro en distintos contextos históricos puede decirnos mucho con respecto a una época: ¿cuáles son los intereses, las expectativas, las ideas fijas, las aspiraciones, las proyecciones o los imaginarios colectivos predominantes, subordinados y marginales? ¿qué valoraciones se hacen de tal o cual cosa? ¿de qué recursos se dispone?

 

Pensemos en hitos como ciertas obras de Julio Verne, Metropolis, las historias de Buck RogersUn mundo feliz1984, Fahrenheit 451Los Supersónicos, Volver al futuro, etc. —seguro que los amantes de la ciencia ficción o de lo distópico podrían citar varias decenas más de ejemplos representativos—.

 

 

 

 

 

 

En el caso de las ideas con respecto al futuro tanto del libro como de la lectura el discurso especulativo y prospectivo ha tendido a centrarse más en el soporte que en el contenido. Podríamos decir que este enfoque es perfectamente comprensible debido a la imposibilidad de disociar soporte y contenido en el libro en papel. Por otro lado, supongo que nuestra capacidad de especular y de construir imágenes con respecto al futuro está bastante limitada por aquello que conocemos o que nos resulta familiar —me pregunto hasta qué punto podemos desconocerlo y salirnos de los esquemas con los que hemos crecido—.

 

Y si las representaciones literarias, televisivas o cinematográficas del futuro del mundo occidental son un reflejo de la sociedad que las ha producido en un momento histórico determinado, las que se habían hecho hasta hace muy poco con respecto a la evolución de lo libresco y de la lectura como experiencia se centraban demasiado en el libro como concepto paradigmático y en el ordenador como dispositivo fundamental de acceso a lo digital —antes de la aparición del Kindle en noviembre de 2007 todos los lectores de tinta electrónica habían sido un fracaso, los teléfonos inteligentes hasta ahora empezaban a popularizarse y el iPad que desde un principio ha sido la tableta de referencia salió al mercado en abril de 2010—. Al fin y al cabo el libro y el ordenador son dos tecnologías con historias, desarrollos, usos y alcances muy diferentes cuya evolución las llevó con los años a terminar ocupando un lugar central en nuestra época debido a que su presencia en una amplia variedad de ámbitos cada vez es mayor y más fuerte.

 

 

 

 

 

 

Me parece que el ejercicio especulativo con respecto a la futura evolución del libro debería centrarse más en algunos aspectos relacionados con el contenido como tal en lugar de poner un énfasis tan marcado en el soporte. Teniendo en cuenta las puertas que abre el desarrollo tecnológico en el ámbito de la producción, la circulación y el consumo de contenidos digitales, creo que algunas preguntas relacionadas con temas sobre los que se viene discutiendo recurrentemente desde hace un tiempo podrían ayudar a orientar la reflexión —vale la pena leer los reportes que han aparecido de lo que se dijo al respecto en el Congreso del Libro Electrónico, cuya primera edición se celebró los días 24 y 25 de octubre en Barbastro—:

 

– ¿cómo pueden estructurarse y empaquetarse los contenidos?

– ¿de qué manera se pueden crear nuevas formas narrativas y experiencias de lectura?

– ¿cómo y dónde hacer accesibles los contenidos?

– ¿de qué manera se generarán ingresos con la comercialización de los contenidos*?

– ¿cómo amortizar las enormes inversiones que supone el desarrollo de aplicaciones y libros enriquecidos?

 

Como lo han señalado Joe Wikert y Jaume Balmes en diferentes ocasiones, muchos de los archivos que hoy en día se venden como e-books son el producto de conversiones cuyo resultado es una mala copia en soporte digital del libro en papel. De hecho, tengo entendido que éste fue uno de los temas en los que se centraron las intervenciones de quienes participaron en la mesa redonda “Tecnología para la edición de libros electrónicos” del congreso de Barbastro. En este sentido está claro que aún hay mucho por hacer no sólo para ampliar la oferta de e-books, sino también para garantizar que éstos salgan al mercado en óptimas condiciones técnicas. En algunos casos se trata de cuestiones en las que el componente técnico que en ocasiones es dominante se mezcla con la concepción de los contenidos independientemente de su naturaleza y con el diseño y la implementación tanto de modelos de negocio como de estrategias de promoción y comercialización.

 

 

 

 

 

 

Con respecto a las perspectivas de desarrollo del mercado de los libros enriquecidos y a la frustración producida por las expectativas insatisfechas en este campo recomiendo leer el artículo “Why it’s Too Early for Publishers to Give up on Media-Rich Ebooks”, que David Wilk publicó el pasado 24 de octubre en Digital Book World. Wilk dice en su artículo:

 

‘Algunos observadores de la edición digital han cuestionado por qué las muchas y potentes tabletas que hay en el mercado no han traído una nueva generación de e-books con medios enriquecidos que deleiten a los lectores con nuevas formas de experiencias de lectura digital. Mientras tanto el sentido común de los editores dice que no es viable un mercado para lo que actualmente se conoce como “e-books enriquecidos”‘.

(…)

‘No pienso que podamos decir si hay un mercado para inventos que todavía no hemos visto. Los editores no ven (aún) un mercado para la edición digital inventiva, lo cual es lo suficientemente justo, dado que aún tiene que haber un e-book innovador que pruebe que lo hay. ¿Pero y si la razón por la que todavía no hemos visto ningún éxito en el campo de los e-books innovadores no es una falta de mercado sino de algo completamente distinto?

Las plataformas de lectura digital les ofrecen a los escritores, a los narradores y a los productores la oportunidad de enriquecer, animar y profundizar la experiencia de la lectura’.

 

Siempre es posible dejar que otros moldeen su entorno e impongan sus reglas de juego o contribuir en la medida de lo posible a configurarlo. Si se quiere jugar un papel activo en la configuración de su entorno y en la construcción del futuro de éste, es necesario detectar y conocer los desafíos a los que hay que enfrentarse, reconocer las fortalezas y debilidades propias, estar bien informado de lo que está sucediendo alrededor suyo, revisar las bases y los esquemas a partir de los cuales se ha construido su negocio, deshacerse de los prejuicios que se tienen y cuestionar la validez actual de todo aquello que hasta el momento se ha dado por cierto, destinar recursos de todo tipo a la investigación, identificar aliados potenciales para trabajar colaborativamente con ellos, atreverse a probar y estar dispuesto a fracasar, hacer un balance de cada experiencia y ser capaz tanto de identificar puntos muertos como de reformular los planes sobre los que se ha estado trabajando.

 

A propósito de este tema me parecen reveladoras las palabras de Julieta Lionetti en el especial Un estado de ánimo de la revista Texturas:

 

‘Me ha tocado vivir el final de muchas cosas: de los barrios como lugar de socialización y aprendizaje; del tabaco como signo de sofisticación; del cine como arte; del colmado como sitio privilegiado de abastecimiento. Que todos esos finales dieron lugar a nuevos comienzos a los que debí adaptarme. Ahora me toca el final de la edición tal y como la conocemos desde 1930. Y esta vez, en lugar de adaptarme, he decidido ser protagonista del nuevo comienzo’.

 

***

 

 

 

 

 

 

Para terminar, ya que estamos hablando de las maneras como nos imaginamos el futuro les recomiendo echarles un ojo a la fascinante historia de la Enciclopedia Mecánica de Ángela Ruiz Robles —a la que algunos se han referido como “precursora del libro electrónico”—, a The Usborne Book of the Future —fue publicado en 1979 por Usborne Books y sus autores son Kenneth Gatland y David Jefferis— y al blog Paleofuture. Son tres auténticas maravillas.

 

 

 

 

 

 

 

* nota: el proceso de búsqueda de respuestas a esta pregunta ayuda a entender por qué temas como el precio, la viabilidad de los modelos de suscripción, las modalidades de préstamo de e-books a bibliotecas, la venta directa y el DRM siguen siendo críticos hoy en día.

experiencia de compra y elección racional: hacia un consumo reflexivo

Entre todos los puntos de venta o tipos de establecimientos comerciales que se dedican a vender libros, ¿en cuáles preferimos los lectores comprar y dejar nuestro dinero?

 

Ya que soy yo quien plantea la pregunta, a continuación comparto con ustedes mi respuesta —que obviamente está condicionada por mis intereses, inclinaciones, necesidades y posturas como lector y/o consumidor—:

 

– en librerías no especializadas que además de contar con una oferta amplia y diversa me ofrezcan una alta probabilidad de encontrar aquellos libros que esté buscando independientemente del género al que pertenezcan o de la temática de la que se ocupen.

– en librerías especializadas en aquellos géneros, temáticas, tradiciones, áreas geográficas o idiomas específicos que forman parte de mi órbita de intereses y donde casi con toda seguridad encontraré los libros que busco en relación con ésta.

– en librerías que cuenten con libreros que además de estar en capacidad de orientar y hacer recomendaciones conozcan las inclinaciones, las preferencias y los gustos de su clientela.

– en librerías que me permitan acceder lo antes posible a aquellos títulos que no tengan en stock cuando yo vaya a buscarlos, respondiendo rápidamente a necesidades urgentes.

– en librerías cuya oferta cuente con ediciones en lengua original de libros escritos en otros idiomas.

– en librerías que ofrezcan títulos descatalogados, bien sea nuevos o bien de segunda mano.

– en librerías que al tener una buena programación de actividades jueguen un rol de dinamización cultural en su entorno.

– en librerías que les den un trato justo a los editores y que estén dispuestas tanto a trabajar de manera coordinada con éstos como a ofrecerles su apoyo en aspectos como la comunicación, la promoción y el marketing.

 

 

 

 

 

Como no suele ser fácil encontrar una librería en la que todas estas condiciones se cumplan a la vez, cuando voy a comprar un libro el peso de cada una de ellas en mi decisión de ir a una o a otra varía según los rasgos de éste y mis necesidades puntuales del momento. Debido a lo anterior normalmente escojo la librería a la que iré dependiendo del tipo de libro que tenga en mente comprar. En función de mis intereses, inclinaciones y necesidades, algunas de las librerías de Barcelona en las que suelo hacer mis compras son Abracadabra, AltaïrCasa Anita, Documenta, JaimesLa Central, LaieLe Nuvole y Negra y Criminal. Aunque con frecuencia mis compras tienen algo de azaroso porque casi siempre que de manera inesperada me llama la atención algún libro que no había previsto adquirir termino llevándomelo conmigo, la mayor parte de las veces decido racional y premeditadamente qué comprar y dónde hacerlo teniendo en cuenta no sólo el tipo de título que busco sino también la capacidad de la librería de ofrecerme servicios que en cada caso obedezcan a mis necesidades y expectativas.

 

Ahora que el sector del libro está en una encrucijada por la coincidencia de la crisis económica y del cambio de paradigma —recomiendo leer las reflexiones, las observaciones y los comentarios que Manuel Gil viene publicando sobre este tema en Antinomias libro— la sumatoria de las decisiones de compra de cada consumidor y/o lector puede hacer una diferencia significativa sobre todo para aquellas librerías que están pasando por una situación financiera complicada. Es por eso que en cierto sentido esta entrada es una invitación al consumo reflexivo basado en la elección racional a partir de un balance de la experiencia que les ofrecen las librerías a sus clientes reales o potenciales.

 

Las visitas a las librerías juegan un rol central en mi vida tanto personal como profesional por lo que significa para mí no sólo salir a pasear por la ciudad y echarle un ojo a lo que se está publicando, sino también asistir a un lugar que es un punto de encuentro y que propicia el contacto con otras personas, salir del aislamiento social en el que a menudo vivimos quienes trabajamos como freelance, sacar la cabeza del hoyo negro en el que por momentos llega a convertirse el mundo de los entornos de generación 2.0 y contrarrestar la tendencia al sedentarismo que es cada vez más común en nuestros días. Debido a lo anterior prefiero seguir comprando los libros en papel en mis librerías de ladrillo y cemento favoritas al menos que la imposibilidad de encontrar allí en un tiempo prudencial y a un precio razonable lo que esté buscando me lleve a recurrir a una tienda en línea. Mi posición a favor de un espacio cuya supervivencia a futuro está seriamente amenazada es sostenible hoy en día gracias en parte a la existencia de libreros como Paco Camarasa, Jesús Casals, Josep Cots, Damià Gallardo o Ricardo Rendón, que hacen que la visita a las librerías y la experiencia de compra sean gratas para quienes vamos allí.

 

 

 

 

 

 

Varios agentes vinculados al mundo barcelonés de la cultura y del libro vienen trabajando en El Mapa de Librerías de Barcelona, un proyecto colaborativo que está construyéndose en Google Maps. Los aportes de quienes participan en la construcción de este mapa que se actualiza de manera abierta y continua pueden dar cuenta de la constante evolución del tejido de librerías de Barcelona, que desde hace un tiempo viene sufriendo modificaciones significativas —durante el último año han cerrado algunos establecimientos mientras que otros han abierto sus puertas recientemente—.

el bookcamp III de kosmopolis 2013: algunas impresiones

En el marco del festival Kosmopolis 2013 que fue organizado por el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB) los pasados viernes 15 y 16 de marzo se celebró el BookCamp III, en el que participé en distintas mesas redondas de presentación de casos en relación con los nichos en la edición, la literatura infantil, las posibilidades de lo digital y la situación actual de las librerías. Esta experiencia en el BookCamp III fue riquísima porque en las conversaciones que tuvieron lugar en las mesas redondas tuve la oportunidad no sólo de descubrir distintos proyectos emergentes en el campo de la edición, sino también de conocer tanto la evolución de iniciativas que tienen una trayectoria más larga como las posiciones de sus responsables con respecto a los temas que se abordaron allí.

 

 

 

Bookcamp Kosmopolis’13 (C) CCCB. Foto: Carlos Cazurro, 2013

 

Entre las cosas que pude observar en las mesas redondas de presentación de casos del BookCamp III, las que más me llamaron la atención son las siguientes:

 

– la gran cantidad de iniciativas de emprendimiento que desde hace un tiempo vienen surgiendo en el campo de la gestión de contenidos dentro del sector editorial, alrededor suyo y/o relacionadas con él.

– la participación en la puesta en marcha de estas iniciativas de profesionales que aportan diferentes conocimientos y competencias que se derivan de su experiencia en diversos sectores.

– el surgimiento de iniciativas en el interior de estructuras pequeñas que tienen unos costes fijos mínimos y que no necesariamente encuentran en la escasez de recursos o en la falta de un modelo de negocio claro una fuente de limitaciones para su desarrollo.

– la enorme variedad de iniciativas nativas digitales o híbridas en las que lo análogico es un factor bien sea secundario o bien marginal.

– la importancia que los gestores de estas iniciativas le dan a la colaboración para desarrollar herramientas, acciones o campañas de manera conjunta mediante la agregación de los recursos, de los conocimientos y del know-how que cada uno tiene a su disposición.

– la percepción de que a pesar de las dificultades existentes actualmente no todo está perdido para las librerías tradicionales que al tener un cierto nivel de especialización, al prestar diferentes servicios con un alto valor agregado y al jugar un rol de dinamización cultural en su entorno han conseguido no sólo convertirse en una referencia en sus respectivos segmentos y ámbitos de acción sino también fidelizar al menos a una parte de su clientela.

 

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Vale la pena hacerle seguimiento tanto a la emergencia de nuevas iniciativas en el ámbito de la edición, del libro y de los contenidos en general como a la evolución de las ya existentes que tienen una trayectoria más larga. Y al ser un punto de encuentro y de intercambio de experiencias el BookCamp es un escenario propicio para que los gestores de estas iniciativas las den a conocer y entren en contacto tanto con otros actores del sector como con sus públicos reales y potenciales.

Miércoles, Diciembre 19, 2012 categorizado bajo contenidos digitales, e-book, entorno digital, literatura latinoamericana, plataformas digitales

la relación con la biblioteca personal (en papel y en digital)

El fin de semana pasado mientras leía La tentación del fracaso me encontré en el “Tercer diario parisino (1956 – 1957)” una serie de anotaciones de Julio Ramón Ribeyro con respecto a la venta de los libros de su biblioteca personal como eventual solución a sus problemas económicos. Al respecto dice Ribeyro:

 

’11 de noviembre (9 de la noche)

 

Si mañana no ocurre algún milagro, me veré obligado a vender libros, es decir, el centenar de volúmenes que desde hace unos años me acompañan, a través de mil peripecias, por los que siento un amor que no me atrevo siquiera a describir.

 

(12 de la noche)

 

Despierto insomne luego de tres horas de sueño turbulento. Sigo pensando en la manera de evitar la venta de mis libros. Ahora veo que aquello sería un crimen imperdonable, una forma de suicidio espiritual. Voy a malbaratar años de lecturas, de reflexiones, de hallazgos, de notas marginales que sólo para mí tienen sentido. Mis libros son mi pan, mi sombra, mi memoria, todo esto y más aún… ¿Dónde me voy a buscar y reconocer? Siento un dolor desgarrador y estoy a punto de echarme a llorar. ¡Cuántas veces me he privado de una comida por comprar un libro! Si ahora vendo mis libros no es para comer sino para pagar a los malditos, a los inhumanos hoteleros de París, porque sino les pago serían capaces de hacerme un daño horrible, de matarme tal vez; en una palabra, de impedirme que alguna vez vuelva a comprar libros.

 

12 de noviembre

 

¡Se salvaron mis libros! ¿Hasta cuándo?’

 

Y luego a las 11 de la noche del 14 de diciembre anota Ribeyro:

 

Le Grand Meaulnes de Alain Fournier, Dominique de Fromentin y el Benjamin Constant de Du Bos, se convirtieron en un vaso de leche y en un paquete de cigarrillos Gauloises’.

 

 

 

¿Alguna vez han estado en esta situación que describe Ribeyro o sentido la angustia que sus palabras transmiten?

 

Estas palabras de Ribeyro ponen en evidencia el valor simbólico y sentimental que tienen los libros para ciertas personas así como la racionalidad y las pasiones en las que se fundamenta ese ambicioso proyecto que es la construcción de una biblioteca personal.

 

Antes mi apego a mi biblioteca era tal, que cuando estaba planeando irme de Bogotá me daba pavor pensar que me separaría de ella y que sólo podría llevarme conmigo unos pocos libros. Mi biblioteca personal fue un proyecto en el que durante cerca de ocho años me gasté la mayor parte del dinero que caía en mis manos. En esa época a menudo fui un comprador de libros compulsivo, caprichoso, irresponsable e incapaz de planificar sus gastos sensatamente. Durante mucho tiempo mis libros fueron mi única posesión valiosa en términos afectivos y económicos.

 

Luego durante mis primeros tres años en Barcelona sólo compré unos pocos libros porque vivía en habitaciones o pisos pequeños, me mudaba a menudo y no sabía cuánto tiempo más viviría en la ciudad. Cuando tuve la certeza de que me quedaría en Barcelona de manera indefinida al menos que algún motivo de fuerza mayor me llevara a irme de la ciudad —es decir, cuando dejé de sentir que ésta era un lugar de paso para mí— empecé a comprar libros de nuevo. Sin embargo, me convertí en una de esas personas que sólo compran lo que saben que leerán en un futuro más o menos inmediato —un principio que por razones prácticas sólo quebranto excepcionalmente—.

 

Creo que mi relación con mi biblioteca personal cambió a partir de ese momento porque me di cuenta de que ya no sentía un apego irracional hacia la mayoría de mis libros y que podía vivir con sólo unos pocos de ellos. Mientras que ahora puedo decir que no tendría mayor dificultad para deshacerme de muchos de mis libros, hay una sensación de seguridad y tranquilidad que me produce el hecho de saber que unos cuantos están ahí —siempre tengo presente de manera particular La vida de mi padre. Cinco ensayos y una meditación, de Raymond Carver—.

 

¿Algún día será posible verse en la situación que describe Ribeyro o sentir su angustia en el mundo digital?

 

Lo digital trasforma radicalmente la relación que tenemos con nuestra biblioteca en los planos tanto simbólico y emocional como jurídico. Con la irrupción de lo digital el cambio del soporte en el que existen las obras que forman parte de nuestra biblioteca y del tipo de intermediario al que se las compramos supone un cambio sustancial que va más allá de no poder tocar los libros ni sentir el olor del papel o su peso. Para entender las implicaciones que supone la compra y venta de e-books recomiendo leer el artículo “The right to resell: a ticking time bomb over digital goods”, publicado recientemente en paidContent.

 

 

 

 

En la medida en que la mayor parte de las veces realmente están pagando por una licencia de acceso al contenido en formato digital, los usuarios no pueden prestar, revender o heredar sus e-books porque las políticas de las plataformas de comercialización no se lo permiten. De hecho, en algunas plataformas de venta ni siquiera es posible comprar e-books para regalárselos a otra persona. El artículo señala que la venta de libros, revistas, discos o películas de segunda en soporte físico se apoya en la doctrina First Sale que no es aplicable a los contenidos digitales, por lo cual no contempla la reventa de éstos.

 

Es legítimo que las implicaciones del concepto de propiedad cambien con lo digital —sobre todo si los contenidos digitales se conciben como un servicio y no como un producto— pero considero que hay que revisar la posición desventajosa en la que quedan los consumidores frente a los editores y a las plataformas de comercialización en este nuevo entorno cuya configuración es un proceso que sigue estando en marcha y en el que las reglas de juego todavía están definiéndose —justo debido a lo anterior vale la pena dar la batalla y aún hay mucho por hacer—. A propósito de este tema recomiendo volver sobre los planteamientos hechos por Javier Celaya y José Antonio Vázquez en los “Derechos de los lectores de libros digitales”.

 

Espero que más temprano que tarde llegue el momento en el que las reglas del mercado hagan posible que cualquier usuario pueda transferirle parcial o totalmente su biblioteca a otro porque aquí estamos hablando de un capital simbólico en el que la inversión hecha va más allá del dinero que se gasta debido a la formación de un criterio y al esfuerzo que supone la construcción de ese proyecto personal al que muchos lectores consagran una parte importante de sus vidas. Estoy seguro de que si las reglas de juego del mercado siguen estableciéndose en detrimento de sus intereses los consumidores encontrarán la manera de subvertirlas —ver estos dos ejemplos que en su momento dieron mucho de qué hablar: Calibre plugins: the simplest option for removing most ebook DRM y DRM Removal Tools for eBooks—.