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lecturas de fin de semana [ 17 ] / ’66 feria de madrid ¿la hora del relevo?’

Con ocasión de la 66 Feria del Libro de Madrid la edición de esta semana del suplemento El Cultural, del diario El Mundo, incluye un interesante reportaje de Nuria Azancot que recoge el punto de vista de distintos pequeños editores independientes con respecto al estado actual del mercado editorial español y a la manera como éste los afecta un tema que desde el principio ha ocupado un lugar privilegiado en la agenda de [ el ojo fisgón ]—. Quienes están al frente de distintas editoriales como Abada, Alpha Decay, Artemisa, Berenice, Irreverentes, La Factoría de Ideas, Menoscuarto, Nórdica, Periférica, Rey Lear, Sexto Piso y 451 hablan de su experiencia y analizan tanto las dificultades que han tenido hasta el momento, como sus planes y proyecciones a futuro.

66 Feria de Madrid ¿La hora del relevo?

Nuria Azancot

Los nuevos editores analizan los problemas del sector en vísperas de la gran fiesta del libro que comienza el viernes


A partir de mañana —25 de mayo de 2007— y hasta el 10 de junio, la 66 Feria del Libro volverá a apoderarse del corazón de Madrid, arrastrando al parque del Retiro a miles de escritores, libreros, editores, lectores y curiosos ojeadores (y hojeadores) de novedades. Una fiesta en la que, sin embargo, la mayoría de sus 344 casetas ofrece una oferta es casi clónica, con pocas alternativas a los best sellers impuestos por el mercado. El Cultural quiere ocuparse de hoy de esas alternativas, porque en ellas se refugia a menudo el talento, la ironía y la felicidad que proporciona la gran literatura. Esa por la que han apostado los editores convocados en estas páginas, casi todos con presupuestos mínimos pero grandes esperanzas y problemas serios de supervivencia.

La mayoría de los pequeños editores no tienen caseta propia en la Feria, aunque, como explica bienhumorado Javier Azpeitia, responsable de 451, “estaremos dando vueltas por ahí: todos los libreros y los editores en tan pequeño espacio… Es demasiado tentador”. Tampoco se hacen demasiadas ilusiones sobre posibles ventas: “No creo que haya muchas”, se lamenta Diego Moreno, de Nórdica; “Para nosotros la cifra de venta en la feria no es importante, lo que nos interesa sobre todo es repartir catálogos, material promocional y llegar a un público que de otra manera no llegaríamos”, explica Paris Álvarez, de La Factoría de Ideas; “No tenemos grandes expectativas de ventas. Nuestros autores tampoco”, apunta Santiago Tobón, de Sexto Piso; “Más que ventas importa que la gente nos conozca y se interese por lo que publicamos”, destaca Diana Zaforteza, de Alpha Decay. El más optimista es Fernando Guerrero, de Abada, ya que, “aunque hablar de ventas es siempre complicado, este año esperamos movernos en torno a los 800 ejemplares vendidos…”Y claro, con esas perspectivas, se conforman, como explica Jesús Egido, de Rey Lear, con “participar en la fiesta, que nos conozcan, que toquen nuestros libros, que los hojeen, que los huelan… Que pierdan el respeto hacia el libro como algo lejano o muy sesudo y aprendan a disfrutar con él. ¡Qué más pueden pedir nuestros autores! La feria debe ser compartida por todos”.

Se trata, en definitiva, de que sus libros estén en alguna caseta, ya que la Feria es una oportunidad de salvar el cerco de silencio que a veces les acosa.


Elogio y refutación del librero

Al cabo, como explica Carola Moreno, de Barataria, “allí los pequeños tenemos la posibilidad de enseñar nuestros libros y de tomar contacto con libreros y público. Es además un excelente escaparate para los autores que, como los editores, suelen hacer su trabajo muy aislados, muy alejados de los lectores. De todas formas, la feria de Madrid es la fiesta de los libreros, el gremio más maltratado en los últimos años. Su paulatina desaparición por asfixia ante el avance de los macrogrupos es el verdadero drama del libro. Un buen librero conocedor de su oficio no tiene repuesto posible. Merecen todo nuestro reconocimiento y toda la ayuda que se les pueda prestar”.

Ellos también reclaman ayuda, aunque cada caso es muy distinto, empezando por el dinero que manejan. Así, el presupuesto de Rey Lear para este año rondará los 50.000 euros; el de Periférica, los 100.000; Ediciones Irreverentes, los 110.000, para 29 títulos editados en 2006, y tiradas de 500 a 2.500 ejemplares; Menoscuarto cuenta con 125.000 euros de presupuesto, para 15-20 títulos anuales y tiradas de 2000 a 3000 ejemplares, “llegando excepcionalmente a 5.000”; Diana Zaforteza, de Alpha Decay, publica 9-10 títulos al año, con tiradas que oscilan entre 2000 y 2.500 ejemplares y un presupuesto “muy limitado”. Tampoco lo precisan Marian Montesdeoca, de Artemisa, ni Santiago Tobón, de Sexto Piso, ni ….

En cambio, Javier Fernández, de Berenice, señala como “objetivos de ventas para 2007 los 300.000 euros”, con un ritmo de publicaciones de tres títulos al mes y 2000 ejemplares de tirada; Fernando Guerrero, de Abada, cuenta para este ejercicio con 440. 000 euros, “con el que pretendemos continuar nuestra media de libros por año, 30”, pero con tiradas medias de 1.200 ejemplares para los títulos de autores españoles y 2.200 para las traducciones. La excepción, claro, es La Factoría de Ideas, no en vano su editor, Paris Álvarez Ruiz, menciona “una cifra de negocio de 2.000.000 de euros que equivalen a unas ventas de unos cuatro millones de euros a precio de portada”.

Un año dramático


Pero es eso, la excepción. Quizá por ello, Carola Moreno prefiere no “enterarme demasiado de los aspectos económicos del ‘negocio’. Si lo hiciera probablemente Barataria no existiría desde hace tiempo. En todo caso, una editorial pequeña es un negocio casi siempre ruinoso. Las alegrías económicas son mínimas”. Y es que para estos editores todo es pequeño, menos las esperanzas. Y los problemas. Aunque en eso tampoco se ponen de acuerdo, ni siquiera en si existe o no la crisis del sector o cómo les afecta. En este sentido, la más clara (la más sincera) vuelve a ser Carola Moreno, quien proclama que “en privado o en público el año está siendo dramático. Acabo de estar en la Feria del libro de Sevilla. Casi todas las casetas lucían en un ochenta por ciento repetitivas cubiertas de pseudo novelas históricas. El espacio para el libro-libro es mínimo, puramente residual. Habrá otras explicaciones, pero ésa salta a la vista”.

“Se lee poco, pero más que antes”


Javier Azpeitia (
451) denuncia que “la desorientación de los lectores no se debe al exceso de libros sino a la falta de definición de las líneas editoriales, que en muchos casos las grandes editoriales fomentan para revolver las aguas”. Jesús Egido (editor y único empleado de Rey Lear) apunta que “el gran enemigo de la cultura en España es la debilidad de nuestro sistema educativo, del que el lector tiene poca culpa”. Tampoco se plantea vencer a los grandes grupos, pues “somos muy pequeños para plantearnos este tipo de carreras de velocidad, nos va más el maratón. No obstante, publicamos Alves & C. de Eça de Queiroz meses antes de que Alba Editorial editase Alves y Compañía. Y nuestra traducción, de Juan Lázaro, es magnífica.”

Por su parte Julián Rodríguez Marcos (Periférica) reivindica el papel del editor “no sólo como intermediario entre el autor y el lector, sino también como una mezcla de hermeneuta y agente o activista cultural”. Y ofrece su personal diagnóstico: “Estamos en un momento confuso, pero también excitante. Excitante porque está en transformación. No somos agoreros: creemos en el futuro. Cada vez, eso sí, ha de ser más plural, necesita ser más plural. Se lee poco, por supuesto. Siempre se lee poco. Pero se lee más que antes. Y el número de bibliotecas ha crecido en toda España. Y tenemos confianza en ese papel futuro de las bibliotecas respecto a las pequeñas editoriales. Su ayuda sería muy útil para proyectos como el nuestro”. Y denuncia otro problema: “algunos de los autores latinoamericanos que hemos publicado han recibido, tras ser publicados por Periférica y encontrar eco en la crítica española, ofertas de grandes grupos editoriales, algunos de capital español, en sus países de origen, y también de algunas agencias literarias españolas que no han actuado con elegancia al dirigirse a nuestros autores de espaldas a nosotros…”.

Autores vetados por las grandes


Diego Moreno (
Nórdica) descubre que el balance del primer año de la editorial “ha sido muy positivo. Hemos empezado desde cero, pero se va consolidando”, aunque reconoce que “a veces los proyectos fallan porque no le damos la importancia que tienen la comunicación y la distribución”. Más: “El problema no son tanto los otros editores de mi tamaño como la inundación de los best sellers de los grandes grupos que dejan muy poco espacio a los demás. Además, estamos en un país en el que no se da la importancia que el libro tiene, y no hay apenas ayudas para proyectos culturales”.

En busca del lector fiel


También Javier Fernández, de Berenice, considera sus mayores problemas “la visibilidad y la rotación vertiginosa en el punto de venta. Mi experiencia me dice que para que sobrevivan los libros de fondo, como son mayormente los nuestros, hay que complementar la oferta con otros títulos de mayor pegada que fidelicen a libreros y lectores. El editor debe trabajar con dignidad y honestidad, y buscar soluciones mirando hacia delante. Me viene también a la cabeza el caso de J. G. Ballard. Hace unos años pedí los derechos de un libro que había sido olvidado por Minotauro, Running Wild, y en un primer lugar se nos concedieron los derechos, pero después se usó nuestra oferta para presionar a Minotauro y el libro vio la luz allí. Tras esta experiencia me dirigí al editor de Minotauro, y le expuse mi interés personal en Ballard, puesto que aún quedaba un libro inédito suyo y no quería que se repitiese la experiencia. Hemos recibido un trato exquisito por parte de Minotauro y su ayuda para obtener los derechos. Y War Fever, de J. G. Ballard, verá la luz en Berenice en el otoño próximo”.

Otro editor que ha sufrido en sus carnes editoras estas prácticas ha sido Paris Álvarez Ruiz (La Factoría de Ideas), que recuerda cómo “sí nos hemos adelantado y hemos publicado libros que publican en grandes grupos editoriales, pero es muy difícil; no podemos hacer las ofertas que hacen ellos. Sí que hemos tenido autores a los que les han vetado publicar con nosotros a cambio de publicar con ellos, un ejemplo es la editorial Planeta. También algunos de estos grupos han comprado algún título por el que estábamos interesados sin intención de publicarlo, de esta manera impiden que sean publicados por nuestra editorial u otras y evitan competencia. Son prácticas habituales que desde el punto de vista empresarial son comprensibles pero desde el cultural no, porque ese título nunca llegará al mercado”.

Mentiras imposibles de creer


Pero, en general y a pesar de todos los problemas, estos editores rezuman optimismo, incluso cuando, como Miguel Ángel de Rus (Ediciones Irreverentes) afirma que “los editores y los políticos dicen siempre en público que todo va genial, pero es falso. Las estadísticas de lectura son mentiras imposibles de creer, pero Ediciones Irreverentes está en crecimiento. Hasta nos hemos dado el lujo de publicar un periódico literario mensual, Irreverentes, que tira 6.000 ejemplares”. En la misma línea, Fernando Guerrero, de
Abada, destaca que “para nosotros este año está siendo positivo. No diré que todo esto esté siendo fácil, pero no puedo hablar de un año dramático, ni mucho menos”. También Santiago Tobón, de Sexto Piso, lo confirma: “en medio de un panorama tan pesimista, creemos que somos afortunados”. Muy divertida, Marian Montesdeoca, de Artemisa, asegura que “¡el año está siendo todo un éxito! Nuestros libros cada vez gustan más. Sin embargo, las ventas no reflejan la buena acogida de nuestro catálogo. ¿Será que es cierto que hay crisis?”. Y es que, señala Azpeitia, “los editores somos un poco llorones, hay que tener paciencia con nosotros”. Menos entusiasta, José Ángel Zapatero, de Menoscuarto, considera que la actual crisis del sector “afecta más a las grandes editoriales. Nosotros lo notamos menos porque no nos dirigimos al gran público, sino a un público lector bastante más reducido pero más fiel. Creo que el gran problema es la excesiva producción de títulos que saturan las librerías y despistan a los lectores”. Según Diana Zaforteza, “el panorama no es muy alentador pero yo creo que los vientos son más favorables de lo que parece, eso sí uno ha de tener claro que es una profesión vocacional. Mi experiencia es claramente positiva, tanto que quiero embarcarme en otro proyecto”. O, como celebra Jesús Egido, “Debe ser por el atrevimiento de la ignorancia, pero en Rey Lear estamos encantados de haber nacido. Los lectores nos han acogido mucho mejor de lo que esperábamos. No hay que engañarse, el mundo del libro en España es el que es y quien quiera obviar esa realidad puede encontrarse con grandes frustraciones”.

lecturas de fin de semana [ 9 ] / ‘bogotá 39′

Hace dos días en la Feria del Libro de Bogotá el jurado de la convocatoria Bogotá 39 —compuesto por los autores colombianos Piedad Bonnet, Oscar Collazos y Héctor Abad Faciolince— dio a conocer los nombres de los 39 escritores menores de 39 años más importantes del momento en América Latina. Esta convocatoria fue realizada por la organización tanto del Hay Festival que tuvo lugar en Cartagena hace un par de meses como de Bogotá Capital Mundial del Libro 2007. El listado es, según sus organizadores, “el resultado de una amplia convocatoria a nivel latinoamericano en la que los lectores, las editoriales, los agentes literarios y los escritores mismos postulen a sus escritores candidatos menores de 39 años y, por supuesto, una ocasión para leer y dialogar con la narrativa latinomericana actual”.

Sin lugar a dudas, al prescribir un catálogo de autores una iniciativa de este tipo contribuye a la configuración de un canon de la narrativa contemporánea, a orientar a los lectores y a redefinir los intereses de la industria editorial. De igual manera, les da una mayor visibilidad a los 39 autores elegidos —de quienes se empezará a hablar mucho en los medios, lo cual hará que sus nombres empiecen a ser cada vez más familiares para los lectores y, por lo tanto, muy seguramente repercutirá sobre las ventas de sus libros— y puede terminar por ir condenando lentamente al olvido a los que se han quedado por fuera del listado.



A continuación reproduzco la información —bastante incompleta y no pocas veces imprecisa, por cierto— que publicó el periódico El Tiempo con respecto a cada uno de los 39 seleccionados:

- Andrés Neuman, de Argentina
30 años. Sus novelas Bariloche (1999) y Una vez Argentina (2003) fueron finalistas del Premio Herralde de Novela.

- Pedro Mairal, de Argentina
37 años. Publicó obras como Tigres como los pájaros (Mención Premio Fortabat), Una noche son Sabrina Love (Premio Clarín de Novela). Su última publicación, Consumidor final.


- Gonzalo Garcés, de Argentina
33 años. Dos novelas publicadas: Diciembre y Los impacientes, con la cual ganó el Premio Biblioteca Breve.


- Rodrigo Hasbún, de Bolivia
27 años. Obtuvo el Premio Nacional de Literatura Santa Cruz de la Sierra en 2002 y en 2006 publicó el libro titulado Cinco.


- Veronica Stigger, de Brasil
34 años. Su obra más exitosa es O trágico e otras comédias


- Santiago Nazarian, de Brasil
30 años. Ganador del Premio Fundación Conrado Wessel de Literatura en 2003 con su obra Olivio.


- Adriana Lisboa, de Brasil
37 años. Recibió el Premio José Saramago (2003, Portugal). Sus obras más importantes son: Os fios da memoria, Sinfonía en Bronco y Caligrafías.


- João Paulo Cuenca, de Brasil
29 años. Ha publicado novelas como Cuerpo presente (2003) y ha participado en antologías como Paralelos y Prosas cariocas, entre otras.


- Alejandro Zambra, de Chile
32 años. Poeta también, es autor de una primera novela titulada Bonsái publicada por Anagrama.


- Alvaro Visama, de Chile
32 años. Ha escrito Postales urbanas y Zona cero, ejerce como crítico literario para varios medios de comunicación de su país.


- Juan Gabriel Vásquez, de Colombia
34 años. Ha publicado tres novelas, entre ellas Los informantes, que ha comenzado a ser traducida en varios países.


- Antonio Ungar, de Colombia
30 años. Ha publicado un libro de relatos cortos, titulado Trece circos comunes, De ciertos animales tristes, Zanahorias voladoras y Las orejas del lobo.


- Ricardo Silva, de Colombia
32 años. Poeta, autor de teatro, ha publicado en narrativa: Relato de Navidad en la Gran Vía y Parece que va a llover.


- Pilar Quintana, de Colombia
35 años. Cosquillas de lengua fue su primera novela. Acaba de publicar Coleccionista de polvos raros.


- John Junieles, de Colombia
37 años. Ha publicado Papeles para iniciar el fuego, Temeré por mí al terminar estas líneas y Con la luz que me queda basta.


- Antonio García, de Colombia
35 años. Ganador del Premio Iniciativa Artística Rolex para Mentores y Discípulos en el que trabajó un año con el escritor Mario Vargas Llosa. Ganador del Premio Rolex de Novela, ha escrito Su casa es mi casa y Recursos humanos.


- Karla Suárez, de Cuba
38 años. Su primera novela, Silencios, fue galardonada con el Quinto Premio de Lengua de Trapo.


- Ena Lucía Portela, de Cuba
35 años. Ha escrito El pájaro: pincel y tinta china; El viejo, el asesino y yo, Premio Juan Rulfo, entre otras obras.


- Rolando Menéndez, de Cuba
37 años. Ha escrito tres libros de relatos, Alguien se va lamiendo todo, premio David (de Cuba), El derecho al pataleo de los ahorcados, Premio Casa de las Américas y La piel de Inesa, Premio Lengua de Trapo Narrativa, entre otros premios.


- Wendy Guerra, de Cuba
37 años. También es poeta, ha publicado la novela Todos se van y ha participado en compilaciones de literatura dentro y fuera de Cuba.


- Leonardo Valencia, de Ecuador
38 años. Entre sus obras principales se cuentan El desterrado y La luna nómada.


- Gabriela Alemán, de Ecuador
39 años. Ha escrito En el país rosado, Maldito corazón, Zoom y el guión para teatro, Acróbata del hambre, entre otras obras


- Claudia Hernández, de El Salvador
32 años. Ha escrito Otras ciudades, Mediodía de frontera, Olvida uno. Es ganadora de los premios Juan Rulfo y Anne Seghers, este último en Alemania.


- Eduardo Halfon, de Guatemala
36 años. Algunas de sus obras son: El ángel literario, Esto no es una pipa y Saturno.


- Jorge Volpi, de México
39 años. Autor de A pesar del oscuro silencio, La paz de los sepulcros, El temperamento melancólico y ha sido ganador de los premios Biblioteca Breve, Deux Oceàns y Grizane Cavour.


- Guadalupe Nettel, de México
35 años. Ha escrito: Juegos de artificio y El huésped, entre otras obras. Ha sido galardonada con varios premios en México y Francia.


- Fabrizio Mejía Madrid, de México
39 años. Ha publicado obras como Viaje alrededor de mi padre, Pequeños actos de desobediencia y Entre las sábanas.


- Álvaro Enrigue, de México
38 años. Ha escrito: La muerte de un instalador, Hipotermia y Virtudes capitales, entre otras. Recibió el premio Joaquín Mortiz.


- Carlos Wynter Melo, de Panamá
36 años. Ganador del Premio Nacional de Cuento José María Sánchez, entre sus obras se encuentran: El escapista, Desnudo y otros cuentos.


- José Pérez Reyes, de Paraguay
34 años. Su obra más conocida, Ladrillos del tiempo, representa a la generación del 90, narradores surgidos después de la caída de la dictadura.

- Ivan Thays, de Perú
39 años. Ganó el Premio Príncipe Klauss de Holanda y fue finalista del Premio Rómulo Gallegos, de Venezuela, por la novela La disciplina de la vanidad.

- Santiago Roncagliolo, de Perú
32 años. Ha publicado la novela El Príncipe de los caimanes y, en el 2003 fue elegido como nuevo talento por la cadena de librerías FNAC. Con la novela Abril rojo recibió el premio Alfaguara en el 2006.

- Daniel Alarcón, de Perú
30 años. Su primer libro, Guerra a luz de las velas, fue finalista del premio Pen/Hemingway 2006. Su primera novela, Radio ausencia, será publicada en español en julio de 2007.

- Yolanda Arroyo, de Puerto Rico
37 años. Es autor de un libro de cuentos Origami de cuentos y de la novela Los documentados.


- Junot Díaz, de República Dominicana

39 años. Ha escrito Israel Drown, una colección de cuentos escritos en inglés y está escribiendo su primera novela, The Cheaters Guide to Love. Participó en el Encuentro Internacional de Escritores, Otras Literaturas, en el marco de Bogotá, Capital Mundial del Libro.


- Pablo Casacuberta, de Uruguay
38 años. Ha escrito Aquí y ahora, Ahora le toca al elefante, La parte de abajo de las cosas y Esta máquina roja, entre otras.

- Claudia Amengual, de Uruguay
38 años. Es autora de las novelas La Rosa de Jericó y Vendedor de escobas.


- Slavko Zupcic, de Venezuela
37 años. Ha recibido numerosos galardones, varios de ellos por ser también escritor para niños. Ha publicado Dragi sol, Vinko Spolovtiva ¿quién te mató? y 5831204: pizzas, pizzas, pizzas.

- Rodrigo Blanco Calderón, de Venezuela
26 años. Ganador del Concurso de autores inéditos de la editorial Monteavila, mención narrativa 2005, con el libro Una larga fila de nombres.

Jueves, abril 26, 2007 categorizado bajo best sellers, crítica, premios literarios

en españa los editores, las ventas y la crítica premian tres novelas

Este anuncio aparecido en la edición del miércoles 18 del suplemento Culturas, del diario La Vanguardia, exhibe tres novelas que recientemente han recibido premios que suponen tres tipos de reconocimiento bastante distintos: en primer lugar, el VI Premio de novela de la Fundación José Manuel Lara Hernández —perteneciente al Grupo Planeta, al igual que el sello que edita la obra premiada en 2007— en el cual las doce principales editoriales españolas participan en la elección del ganador; en segundo lugar, el premio a la novela más vendida en 2006; y, por último, el premio a la novela con mejor acogida en la prensa especializada en ese mismo año.


En cada premio está claro cuál es el mérito que se está reconociendo y se asume que tanto en el de la Fundación José Manuel Lara Hernández como en el de la prensa especializada no hay presiones externas sobre los jurados y que éstos no han hecho pactos por debajo de la mesa. Debido a que premian obras publicadas, a que no los otorga ninguna editorial en particular y a que enuncian claramente cuál es el criterio para concederlos, al menos en principio estos tres premios parecen ser más transparentes que algunos otros —como el Biblioteca Breve— que por la calidad de las obras premiadas suscitan no pocas suspicacias.

A propósito de este tema, quisiera recomendar un blog que descubrí hace unos días. Se trata de Critical Mass, del comité de directores del National Book Critics Circle —una organización que desde hace varios años viene llamando la atención sobre la importancia de la transparencia en los criterios para otorgar los premios literarios—.

Lunes, abril 23, 2007 categorizado bajo sant jordi

sant jordi

Hoy 23 de abril Cataluña celebra el Día de Sant Jordi, que es su patrón. Mientras que todo el mundo de habla hispana celebra el Día del idioma conmemorando la muerte de Cervantes —que casualmente coincide con la de Shakespeare—, los catalanes celebran Sant Jordi de una manera bastante curiosa: los hombres les regalan flores a las mujeres y éstas a cambio les regalan libros —una tradición que muchos consideran inequitativa y que con los años ha venido siendo revaluada—.

El Día de Sant Jordi tiene un valor simbólico enorme debido tanto al peso de la tradición como al despliegue comercial promovido por las librerías y por las editoriales. De hecho, el 23 de abril es el día de todo el año que más libros se venden en Cataluña.

El viernes pasado decidí hacerme por adelantado mi propio regalo de Sant Jordi. Como en este momento no tengo el tiempo para embarcarme en lecturas de largo aliento —no me gusta durar más de diez días leyendo un libro no sólo porque tengo la impresión de que si lo hago la intensidad del vínculo que establezco con él tenderá a ser menor, sino también porque con el paso del tiempo empiezo a perder la capacidad de recordar lo que he leído y de relacionarlo con otras cosas—, cuando fui a comprar mi regalo después de salir de la oficina opté por buscar libros que recojan textos cortos e independientes entre sí y que pueda leer antes de irme a dormir, mientras me tomo el café de los domingos en la mañana o en un paseo.

Estuve casi una hora en La Central de Mallorca antojándome de libros que ahora mismo no puedo leer por falta de tiempo pero como en el fondo sabía qué era lo que necesitaba, al cabo de un rato escogí los tres libros que me acompañarán durante las próximas semanas en mis ratos libres: América, de Norman Mailer; El Imperio, de Ryszard Kapuściński; y En Patagonia, de Bruce Chatwin. Sin buscarlo, escogí tres libros compuestos por textos que se encuentran en la frontera entre distintos géneros como la crónica periodística, el reportaje, el diario de viaje el periodismo literario.

Entre los muchos libros que me habría gustado comprar pero que no puedo leer en este momento, se encuentran los siguientes:

- La gran marcha, de E. L. Doctorow

- Primera nieve en el monte Fuji, de Yasunari Kawabata

- Pájaros a punto de volar, de Patricia Highsmith

- El maestro Juan Martínez que estaba allí, de Manuel Chaves Nogales

- Un relato policiaco, de Imre Kertész

- México, de Emilio Cecchi

- El quinto en discordia, de Robertson Davies

- Arthur & George, de Julian Barnes

- Siete cuentos fronterizos, de Georges Moustaki

Lunes, abril 16, 2007 categorizado bajo concentración, edición, editores, feria del libro de bogotá

debate sobre la concentración de la industria editorial en el encuentro internacional de editores literarios de la XX feria del libro de bogotá


La realización del Encuentro Internacional de Editores Literarios, que tendrá lugar en el marco de la XX Feria Internacional del Libro de Bogotá que empieza el próximo 19 de abril, pone sobre el tapete un problema típico de la globalización como es la concentración de la industria editorial. Editores de distintos países se reunirán en Bogotá para discutir acerca del panorama actual de la industria editorial y para buscarle salidas a la encerrona que representa la concentración en este sector. Al encuentro asistirán, entre otros, el agente literario Guillermo Schavelzon y los editores Manuel Borrás, Jesús García Sánchez, Felipe Escobar, Pilar Reyes, Claudio López, Jorge Herralde y Eduardo Rabasa.

En su artículo ‘Un debate con altura’, Luis Fernando Afanador —el comentarista de libros de la revista Semana— recoge el punto de vista de distintas figuras del mundo de la edición con respecto al fenómeno de la concentración. Los valiosos testimonios que reproduzco y que comento a continuación dan cuenta no sólo de las amenazas, sino también de las ventajas que trae consigo la concentración de la industria para los editores pequeños.

“En las industrias culturales la concentración de la producción y de la circulación de bienes en pocas —y con frecuencia toscas— manos, entraña riesgos sobre la diversidad y la calidad de la producción y del acceso a la cultura”. Alejandro Katz, director del Fondo de Cultura Económica en Argentina.

En su planteamiento Katz establece un vínculo entre la propiedad en el ámbito de las industrias culturales y el pluralismo de la oferta de contenidos. Sin lugar a dudas una de las repercusiones de la concentración tanto de la producción como de la circulación de bienes en este sector es la reducción de los puntos de vista que se encuentran representados en dicha oferta de contenidos y, por lo tanto, del pluralismo de ésta.

“El mundo editorial cada vez tendrá que hacer un lugar como auxiliar de otros medios de comunicación publicando libros que aumenten la popularidad de las películas y de los programas televisivos”. André Shiffrin, editor de The New Press.

La afirmación de Shiffrin nos permite entender el mecanismo a través del cual los grandes grupos multimedia diversifican sus actividades e integran servicios complementarios para racionalizar el uso de los recursos que poseen sus distintas empresas mediante sinergias. El propósito de esta operación consiste en explotar los recursos de una manera más eficaz y de distribuir las inversiones en distintos campos, de manera que la venta de ciertos contenidos jalone la de otros que están relacionados con éstos y que se encuentran en distintos formatos.

“La ficción de calidad, la historia del arte y la crítica han desaparecido de los catálogos de estos grandes grupos. Ahora la política es la de pagar importantes adelantos a favor de lo que se espera que sea un éxito de ventas. Pero cada grupo sigue la misma política y los adelantos aumentan más allá de lo que se puede esperar razonablemente por la venta de un libro”. André Shiffrin, editor de The New Press.

Con respecto al exorbitante monto de estos anticipos anota Afanador que “van a la cuenta de pérdidas y para compensar el editor se ve obligado a eliminar las obras de tiradas medias: todos los recursos disponibles deben estar en función del marketing y la publicidad de la gran apuesta. Shiffrin pone el ejemplo de la editorial Harper Collins, en Londres, que despidió empleados para cubrir el anticipo de 32 millones de dólares que le dio a Jeffrey Archer”.

“En Pre-Textos somos seis personas y no necesitamos vender más de 3.000 ejemplares de un libro —aunque en algunos casos hemos superado los 10.000 con un título— mientras que un editor a escala mayor necesita a veces hasta 120 personas y vender al menos 25.000 ejemplares. Yo no sé, ni me importa, cómo se puede combatir a los grandes grupos editoriales. Lo que sí sé es que a la tontería e insolvencia literarias en boga, sólo se les puede oponer buena literatura. El reto de un editor informado, pues, es saber escoger lo mejor para sus lectores aplicando un criterio de excelencia riguroso. Después que éstos, que suelen ser honestos, inteligentes e independientes, elijan entre lo mucho que se les ofrece”. Manuel Borrás, editor de Pre-Textos.

El punto de vista de Borrás demuestra en qué medida la concentración también puede representar una ventaja para las pequeñas editoriales, que con equipos de trabajo reducidos pueden apostarle a armar catálogos consistentes conformados por obras de buena calidad literaria que buscan satisfacer los intereses específicos de ciertos nichos de lectores.

“El nicho natural de la edición independiente es la excelencia, el rigor, el trabajo bien hecho, con imaginación y tenacidad, combinando las virtudes del esprinter en el día a día, con las del corredor de fondo”. Jorge Herralde, editor de Anagrama.

Anagrama es un caso bastante particular porque es una editorial independiente que tras cerca de 35 años de existencia ha consolidado su posicionamiento en el mercado de la edición de literatura de buena calidad. Sus contactos y sus vínculos de cooperación con editores independientes franceses, italianos, británicos y norteamericanos le han permitido a Herralde no sólo fichar en su momento a figuras emergentes como Julian Barnes, Antonio Tabucchi y Michel Houellebecq, sino también incorporar a su catálogo a figuras consolidadas como Raymond Carver, Truman Capote y Vladimir Nabokov.

“Una editorial es una empresa, y como tal tiene el propósito de poner en circulación libros para que se vendan, con los que se hace negocio. Pero también tiene la misión de preservar el patrimonio cultural y recuperar voces importantes para los lectores y para la historia de la literatura”. Jaume Vallcorba, editor de Acantilado.

Si un examen a vuelo de pájaro del catálogo de Acantilado pone en evidencia la dedicación con la que Vallcorba cumple la misión que ha decidido asumir, las ventas de sus libros demuestran que el editor catalán sabe cómo rentabilizar en beneficio de su empresa el empeño que invierte en su trabajo.

“¿A los grandes grupos sólo les interesa los libros de mucha venta? A eso yo respondo con que en la editorial para la que yo trabajo (gran monopolio, como bien saben ustedes) publico a Lobo Antunes, J.M. Coetzee, V.S. Naipaul, Orham Pamuk, etc. Cuatro de los últimos cinco premios Nobel publican en Mondadori; los dos últimos National Book Award son autores de Mondadori; de los seis finalistas de este año al Premio Impac (el más importante premio irlandés, antesala del Nobel) cinco publican en mi grupo… ¿Hace falta algún dato más? En cuanto a que a las editoriales independientes les interesa la calidad y no las ventas, ¿hay que recordar aquí que fue una pequeña editorial independiente, Umbriel, la que ha publicado El código Da Vinci”. Claudio López, coordinador editorial de Random House Mondadori.

Me gustaría preguntarle a López a partir de cuándo los sellos de Random House Mondadori empezaron a publicar a Lobo Antunes, a J.M. Coetzee, a V.S. Naipaul, a Orham Pamuk y a todos los autores notables de los que habla. Seguramente cuando algunos de estos sellos eran independientes —es decir, antes de que Random House Mondadori los comprara— se atrevieron a publicar a muchos de estos autores hoy consagrados cuando apenas empezaban a figurar y apostar por ellos implicaba un riesgo alto.

No me extrañaría que una vez se venzan los derechos de Dan Brown algún sello de uno de los grandes grupos ofrezca por ellos una suma que Umbriel no podrá pagar.

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