archivo de la categoría “premios literarios”

martes, marzo 29, 2011 categorizado bajo literatura latinoamericana, premios literarios

“aprender a leer es la cosa más importante que me ha pasado en la vida”: mario vargas llosa

Hace dos semanas fui al local de la calle Pau Claris de la librería Laie a recoger un libro que había encargado y en el mostrador me encontré un montoncito de ejemplares de una edición no venal que hizo Alfaguara de “Elogio de la lectura y la ficción”, el discurso que Mario Vargas Llosa leyó ante la Academia Sueca al recibir el Premio Nobel de Literatura en Estocolmo el 7 de diciembre de 2010. Aunque Vargas Llosa no es el santo de mi devoción y los pronunciamientos públicos de los autores normalmente me interesan poquísimo, me llevé un ejemplar del discurso del escritor peruano pensando en la remota posibilidad de que en algún momento me dieran ganas de leerlo.

Tengo que aclarar que cuando empecé a leer a los 17 años quería saberlo todo sobre los escritores que me gustaban en ese momento —entre los que estaba Vargas Llosa, por supuesto— y buscaba en su biografía y en sus anécdotas, en sus lecturas y en sus amistades claves para descifrar el sentido de su obra. Al cabo de un tiempo empecé a sentir que tanto el culto al autor como el ejercicio de la lectura paranoica eran dos prácticas que me resultaban bastante estériles, por lo cual desde entonces las opiniones de los escritores dejaron de interesarme —salvo en situaciones excepcionales muy puntuales—. Que hablen las obras y punto porque como lector a mí todo lo demás me sobra. Que los periodistas, los biógrafos, los críticos y los académicos hagan lo que se espera de ellos e indaguen en las vidas de los autores y en todo aquello que los ha influenciado. En términos generales, a priori no me interesan ni el autor como figura pública ni mucho menos su vida privada.

El caso es que el domingo antepasado antes de irme a dormir cogí el ejemplar del discurso de Vargas Llosa que llevaba unos días debajo de la pequeña pila de libros que tengo en mi mesa de noche y en cuanto leí la primera frase sentí una profunda emoción que duró hasta el final de la lectura y que sólo se redujo en aquellos pasajes en los que el escritor peruano saca a relucir su faceta de evangelizador político. El discurso gira en torno a la vocación de lector y escritor de Vargas Llosa, que en su caso parecen estar íntimamente ligadas y ser inseparables. Mientras leía el discurso de Vargas Llosa me sentí identificado con la mayor parte de sus testimonios con respecto a su experiencia como lector y me emocioné al ver cómo él le ponía nombre a una serie de ideas y sensaciones con respecto a mi relación con la lectura que yo no había sido capaz de verbalizar.

A continuación reproduzco los fragmentos del discurso de Vargas Llosa que me parecen un testimonio valioso con respecto a su vocación y a su experiencia como lector y escritor:

‘Aprendí a leer a los cinco años, en la clase del hermano Justiniano, en el Colegio de La Salle, en Cochabamba (Bolivia). Es la cosa más importante que me ha pasado en la vida. Casi setenta años después recuerdo con nitidez cómo esa magia, traducir las palabras de los libros en imágenes, enriqueció mi vida, rompiendo las barreras del tiempo y del espacio y permitiéndome viajar con el capitán Nemo veinte mil leguas de viaje submarino, luchar junto a D’Artagnan, Athos, Portos y Aramis contra las intrigas que amenazan a la Reina en los tiempos del sinuoso Richelieu, o arrastrarme por las entrañas de París, convertido en Jean Valjean, con el cuerpo inerte de Marius a cuestas.

La lectura convertía el sueño en vida y la vida en sueño y ponía al alcance del pedacito de hombre que era yo el universo de la literatura. Mi madre me contó que las primeras cosas que escribí fueron continuaciones de las historias que leía pues me apenaba que se terminaran o quería enmendarles el final. Y acaso sea eso lo que me he pasado la vida haciendo sin saberlo: prolongando en el tiempo, mientras crecía, maduraba y envejecía, las historias que llenaron mi infancia de exaltación y de aventuras.

(…) Gracias a ellos [a su madre, a su abuelo y a su tío] y sin duda, también, a mi terquedad y algo de suerte, he podido dedicar buena parte de mi tiempo a esta pasión, vicio y maravilla que es escribir, crear una vida paralela donde refugiarnos contra la adversidad, que vuelve natural lo extraordinario y extraordinario lo natural, disipa el caos, embellece lo feo, eterniza el instante y torna la muerte un espectáculo pasajero.

(…) Además de revelarme los secretos del oficio de contar, [los escritores a los que debe algo] me hicieron explorar los abismos de lo humano, admirar sus hazañas y horrorizarme con sus desvaríos. Fueron los amigos más serviciales, los animadores de mi vocación, en cuyos libros descubrí que, aun en las peores circunstancias, hay esperanzas y que vale la pena vivir, aunque fuera sólo porque sin la vida no podríamos leer ni fantasear historias.

(…) Seríamos peores de lo que somos sin los buenos libros que leímos, más conformistas, menos inquietos e insumisos y el espíritu crítico, motor del progreso, ni siquiera existiría. Igual que escribir, leer es protestar contra las insuficiencias de la vida. Quien busca en la ficción lo que no tiene, dice, sin necesidad de decirlo, ni siquiera saberlo, que la vida tal como es no nos basta para colmar nuestra sed de absoluto, fundamento de la condición humana, y que debería ser mejor. Inventamos las ficciones para poder vivir de alguna manera las muchas vidas que quisiéramos tener cuando apenas disponemos de una sola.

(…) Lo quieran o no, lo sepan o no, los fabuladores, al inventar historias, propagan la insatisfacción, mostrando que el mundo está mal hecho, que la vida de la fantasía es más rica que la de la rutina cotidiana.

(…) La buena literatura tiende puentes entre gentes distintas y, haciéndonos gozar, sufrir o sorprendernos, nos une por debajo de las lenguas, creencias, usos, costumbres y prejuicios que nos separan. Cuando la gran ballena blanca sepulta al capitán Ahab en el mar, se encoge el corazón de los lectores idénticamente en Tokio, Lima o Tombuctú. Cuando Emma Bovary se traga el arsénico, Anna Karenina se arroja al tren y Julien Sorel sube al patíbulo, y cuando, en El Sur, el urbano doctor Juan Dahlmann sale de aquella pulpería de la pampa a enfrentarse al cuchillo de un matón, o advertimos que todos los pobladores de Comala, el pueblo de Pedro Páramo, están muertos, el estremecimiento es semejante en el lector que adora a Buda, Confucio, Cristo, Alá o es un agnóstico, vista saco y corbata, chilaba, kimono o bombachas. La literatura crea una fraternidad dentro de la diversidad humana y eclipsa las fronteras que erigen entre hombres y mujeres la ignorancia, las ideologías, las religiones, los idiomas y la estupidez.

(…) Una mañana piurana, de la que todavía no creo haberme recobrado, mi madre me reveló que aquel caballero [el padre que creía muerto, del cual había una foto en su velador], en verdad, estaba vivo. Y que ese mismo día nos iríamos a vivir con él, a Lima. Yo tenía once años y, desde entonces, todo cambió. Perdí la inocencia y descubrí la soledad, la autoridad, la vida adulta y el miedo. Mi salvación fue leer, leer los buenos libros, refugiarme en esos mundos donde vivir era exaltante, intenso, una aventura tras otra, donde podía sentirme libre y volvía a ser feliz. Y fue escribir, a escondidas, como quien se entrega a un vicio inconfensable, a una pasión prohibida. La literatura dejó de ser un juego. Se volvió una manera de resistir la adversidad, de protestar, de rebelarme, de escapar a lo intolerable, mi razón de vivir. Desde entonces y hasta ahora, en todas las circunstancias en que me he sentido abatido o golpeado, a orillas de la desesperación, entregarme en cuerpo y alma a mi trabajo de fabulador ha sido la luz que señala la salida del túnel, la tabla de salvación que lleva al náufrago a la playa.

(…) La literatura es una representación falaz de la vida que, sin embargo, nos ayuda a entenderla mejor, a orientarnos por el laberinto en el que nacimos, transcurrimos y morimos. Ella nos desagravia de los reveses y frustraciones que nos inflige la vida verdadera y gracias a ella desciframos, al menos parcialmente, el jeroglífico que suele ser la existencia para la gran mayoría de los seres humanos, principalmente aquellos que alentamos más dudas que certezas, y confesamos nuestra perplejidad ante temas como la trascendencia, el destino individual y colectivo, el alma, el sentido o el sinsentido de la historia, el más acá y el más allá del conocimiento racional.

(…) la ficción es más que un entretenimiento, más que un ejercicio intelectual que aguza la sensibilidad y despierta el espíritu crítico. Es una necesidad imprescindible para que la civilización siga existiendo, renovándose y conservando en nosotros lo mejor de lo humano. Para que no retrocedamos a la barbarie de la incomunicación y la vida no se reduzca al pragmatismo de los especialistas que ven las cosas en profundidad pero ignoran lo que las rodea, precede y continúa. Para que no pasemos de servirnos de las máquinas que inventamos a ser sus sirvientes y esclavos. Y porque un mundo sin literatura sería un mundo sin deseos ni ideales ni desacatos, un mundo de autómatas privados de lo que hace que el ser humano sea de veras humano: la capacidad de salir de sí mismo y mudarse en otro, en otros, modelados con la arcilla de nuestros sueños’.

En estas palabras de Vargas Llosa encuentro mejores argumentos para incentivar a alguien a leer que en cualquiera de las campañas de fomento a la lectura que he visto hasta ahora.

Parafraseando a Vargas Llosa y trasladando a mi experiencia personal la confesión que éste hace al principio de su discurso, yo diría que convertirme en lector a los 17 años es una de las cosas más importantes y afortunadas que me han pasado en la vida. Y Vargas Llosa tiene su parte de responsabilidad en ello: me inicié como lector con La ciudad y los perros, Los jefes y Los cachorros —luego leí novelas como Conversación en La Catedral, Pantaleón y las visitadoras, Historia de Mayta y Elogio de la madrastra y todavía tengo ganas de leer algunas otras como La casa verde, La guerra del fin del mundo y La Fiesta del Chivo—.

Quedo profundamente agradecido con Vargas Llosa por estas palabras que no hacen otra cosa que reafirmar el entusiasmo que me han producido algunos de sus libros y muchas otras lecturas de distintos autores que para mí han sido fundamentales.

En este enlace pueden ver el vídeo de la lectura del discurso de Vargas Llosa en Estocolmo. Y quien quiera descargar el texto en pdf, puede hacerlo aquí.

martes, junio 9, 2009 categorizado bajo edición, editores, premios literarios

el booker prize según tom maschler

Yo definiría Editor como un testimonio en el que desde su experiencia personal como editor Tom Maschler da cuenta de un período interesantísimo de la edición en Inglaterra, que cubre la mayor parte de la segunda mitad del siglo XX. Se trata de un libro ameno, escrito en un tono descomplicado y lleno de anécdotas que toda persona interesada en la edición o en el mundo editorial debería leer por simple curiosidad.



Durante sus años como editor Maschler publicó a grandes autores tan distintos como Roald Dahl, Doris Lessig, Salman Rushdie, Bruce Chatwin, Julian Barnes, Ian McEwan, Martin Amis, Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa.

En Editor Maschler le dedica un breve apartado a la historia del Booker Prize y a la manera como se asigna el premio. Con respecto al premio, del cual él es uno de los creadores, dice Maschler:

‘Con el premio ya en la mano, quedaba pensar en los detalles de la organización. Propuse contar para su administración con la National Book League, a cuyo frente se hallaba Martin Goff, que desde entonces ha defendido magníficamente el premio. Estuvimos de acuerdo en reunir un jurado de cinco personas, una de las cuales lo presidiría, y creamos un comité para elegirlas. También convinimos en que los autores habrían de ser británicos o pertenecientes a la Commonwealth. Para empezar, la cuantía del premio sería de 5.000 libras y el fallo se comunicaría con una copa en el Guildhall. Se nos ocurrió, creo que con acierto, anunciar todos los años una lista de seis autores de la que saldría el ganador, con la intención de estimular las especulaciones sobre el fallo y también para que el método beneficiara no ya a un escritor, sino a seis. El jurado celebraría tres sesiones y en la tercera, un mes antes del día D, se elegirían los finalistas y el ganador, aunque el nombre de este último se mantendría en el mayor de los secretos’.

Editor, de Tom Maschler. pág. 146

Trama editorial

Madrid, 2009


Según dice Maschler al final del apartado que le dedica al premio, ‘cuando contemplo mi carrera de editor pienso que el Booker Prize ha sido mi aportación más útil y más duradera’.



Con ocasión de la salida de Publisher, en marzo de 2005 The Guardian publicó en su sección de libros un completo perfil de Maschler que recomiendo leer.


Al tema de los premios literarios ya me he referido en estas entradas anteriores. Interesante fijarse en las diferencias existentes entre el sistema de premios literarios en los ámbitos anglosajón, francófono e hispanohablante.


Nota: las negrillas son mías.

notas sueltas [ 4 ] / lecciones de los desarrolladores de software para los editores, parecidos en portadas y el "idealismo mágico" de ángela becerra

Tim O’Reilly es una de esas personas que parece haber entendido de qué va ese rollo de la edición de contenidos en formato digital. De hecho, parece que O’Reilly Media ha encontrado un modelo de negocios que le ha permitido adaptarse exitosamente a los cambios que están teniendo lugar debido a la emergencia de los contenidos digitales y de los dispositivos electrónicos de lectura. Quizás el tema y la naturaleza de los contenidos que edita expliquen la capacidad de adaptación de O’Reilly Media frente al cambio tecnológico: ésta es la editorial de referencia de manuales de lenguajes de programación y software, textos de tipo modular cuyas partes pueden comercializarse perfectamente por separado —a diferencia, por ejemplo, de una novela—.


Hace poco O’Reilly publicó en su blog una entrada titulada “What Publishers Need to Learn from Software Developers”“Lo que los editores necesitan aprender de los desarrolladores de Software”— sobre la discusión que tuvo lugar durante el proceso de producción de The Twitter Book. En ella O’Reilly cita a Andrew Savikas, que dice:

‘The more I think about it the more obvious it’s becoming to me that the next generation of authoring/production tools will have much more in common with today’s software development tools than with today’s word processors.

Software developers spend enormous amounts of time creatively writing with text, editing, revising, refining multiple interconnected textual works —and often doing so in a highly distributed way with many collaborators. Few writers or editors spend as much time as developers with text, and it only makes sense to apply the lessons developers have learned about managing collaborative writing and editing projects at scale’.

***


En los blogs sobre publicidad es frecuente encontrar entradas que señalan parecidos sospechosos entre piezas nuevas y otras que han sido producidas en el pasado en el marco de campañas de productos distintos. Aquí van dos ejemplos de esto mismo en el ámbito de las portadas de libros: el primero de ellos salió hace casi un año en el blog de la librería Negra y Criminal y el segundo no hace mucho en The Book Design Review.

***


A propósito de la escritora colombiana Ángela Becerra, una autora de Planeta que acaba de ganar el III Premio Iberoamericano Planeta Casa América de Narrativa con la novela Ella que lo tuvo todo, se dice que es ‘la precursora del “idealismo mágico”’.


Si alguien sabe en qué consiste esta nueva corriente narrativa, le agradecería que me lo explicara.


una cuestión de derechos

Como dije en mi entrada de ayer, Sergio Vila-Sanjuán explica en Pasando página los cambios que produjo la agente literaria Carmen Balcells en el campo de la negociación de los derechos en la edición española.

Dice Vila-Sanjuán:

‘¿Cuáles son los cambios que Balcells ha propiciado? Principalmente son dos: acabar con los contratos indefinidos e introducir en el mercado del libro español los adelantos’. (Pasando página, pág. 130)



Pero el aspecto al que me refería ayer al hablar sobre las dificultades a las que deben enfrentarse los autores que escriben en castellano para ser publicados en otros países donde se habla su misma lengua es distinto y tiene que ver con la posibilidad de que editores diferentes publiquen una misma obra en distintos países hispanohablantes en lugar de que lo haga uno solo para América y España. Así explica Vila-Sanjuán esta práctica:

‘Es lo que se llama “partición de derechos”, que implica que un mismo libro, en castellano, puede ser vendido a varias editoriales diferentes de España y América creando una división territorial. La razón principal, argumenta Balcells, es que así se asegura una distribución efectiva, mientras que cuando los libros se vendían únicamente a una editorial española resultaban mal distribuidos al otro lado del Atlántico. Desde el punto de vista de Balcells, resulta absurdo desperdiciar el potencial de mercados en alza como el mexicano; hay que aprovecharlo al máximo. Ni que decir tiene que todas estas iniciativas representan auténticas revoluciones para el mercado del libro español y contribuirán decisivamente a configurarlo tal como es hoy’. (Pasando página, pág. 132)


El tema derechos universales para lengua castellana vs. derechos por partición geográfica me suscita varias preguntas:


¿Qué es más favorable para los autores hispanoamericanos que aspiran a que su obra sea conocida en países distintos del suyo donde también se habla castellano: que una editorial tenga los derechos para todo el ámbito hispanohablante o fragmentar los derechos por países? ¿Venderle los derechos universales en castellano de un libro a una sola editorial garantiza su circulación en todos los países? ¿Qué lleva a una editorial que ha comprado los derechos universales en castellano de un libro a moverlo sólo en unos países y a dejarlo quieto en otros? ¿Qué puede hacer un autor que le ha vendido los derechos universales en castellano de un libro suyo a una sola editorial si ésta no lo mueve en ciertos países? ¿Ganan más los agentes y los autores recurriendo al mecanismo de partición de derechos? ¿En qué medida la escogencia de uno u otro mecanismo de gestión de derechos afecta tanto a una editorial independiente como a los sellos pertenecientes a un gran grupo? ¿Qué diferencia existe entre las editoriales españolas y las hispanoamericanas en términos de poder de negociación a la hora de defender de cara a una agencia literaria su posición a favor de uno u otro mecanismo?


Sería bueno saber qué opinan al respecto los autores, agentes y editores a partir de su experiencia.


No es fácil entender por qué, como dice Javier Moreno en HermanoCerdo, conseguir autores jóvenes colombianos en Lima es imposible. Claramente la cosa no es tan sencilla como hablar de un mercado unificado o como decir que se está desperdiciando el potencial que en términos comerciales y culturales encierra el hecho de tener una masa crítica de cerca de quinientos millones de lectores cuya lengua materna es el castellano.

miércoles, febrero 4, 2009 categorizado bajo agentes literarios, literatura latinoamericana, premios literarios, reseña

¿qué deben hacer los escritores hispanoamericanos para cruzar la frontera?

‘Me sentía tentado a asomarme al otro lado, a ver qué había allí. Me preguntaba qué sensación se experimentaba al cruzar la frontera. ¿Qué sentía uno? ¿En qué pensaba? Debía tratarse de un momento de gran emoción, de turbación, de tensión. ¿Cómo era ese otro lado? Seguro que diferente. Pero ¿qué significaba “diferente”? ¿Qué aspecto tenía? ¿A qué se parecía? ¿Y si no se parecía a nada de lo que yo conocía y, por lo tanto, era algo incomprensible e inimaginable? Pero, en el fondo, mi más ardiente deseo, mi anhelo tentador y torturador que no me dejaba tranquilo, era de lo más modesto, pues lo único que me intrigaba era ese instante concreto, ese paso, ese acto básico que encierra la expresión cruzar la frontera. Cruzarla y volver enseguida, con eso —pensaba— me bastaría, saciaría esa inexplicable y, sin embargo, muy acuciante sed psicológica’.

Viajes con Heródoto, de Ryszard Kapuściński. pp. 16 – 17

Anagrama

Barcelona, 2006


***



Hace poco Javier Moreno escribió en HermanoCerdo una nota llamada “El nuevo rostro de las letras dominicanas” en la que hablaba acerca de lo difícil que es encontrar en cualquier país latinoamericano un libro de un autor de otro país de la región debido a que las editoriales que los publican no hacen el esfuerzo de llevarlos ni siquiera a los territorios vecinos —muchas veces apenas los mueven en los suyos propios—. Javier dice lo siguiente:


‘Es una lástima que buena parte de estos autores jamás trasciendan las fronteras de su país. Ojalá que encontráramos maneras de mover sus trabajos. Lo más triste es que este no es ni siquiera un fenómeno aislado: conseguir autores jóvenes colombianos en Lima es imposible, y lo mismo ocurre de, digamos, Caracas a Chile. ¿Cómo conseguir literatura joven ecuatoriana en el DF? Son poquísimos los autores latinoamericanos que logran liberarse de sus fronteras políticas y casi siempre ocurre mediante publicaciones en España (detalle que hace todo esto más absurdo, si posible.) Considerando que todos hablamos más o menos el mismo idioma, la falta de distribución no es sólo insultante sino terriblemente torpe: el mercado de todas esas editoriales en español podría multiplicarse varias veces si se aliaran y montaran esquemas efectivos de distribución y promoción internacional’.




Aunque parezca ridículo, cuando un autor latinoamericano quiere atravesar la frontera hacia su país vecino o darse a conocer en cualquier otro lugar de la región lo normal es que sólo lo consiga una vez haya saltado el charco. En una entrada del 25 de octubre de 2007 titulada “venir a españa para poder ir al país de al lado: ¿la paradoja de los escritores hispanoamericanos?” hice la siguiente afirmación:


‘En síntesis, premios como el Herralde, el Alfaguara o el Biblioteca Breve ponen en evidencia que tal vez la obtención de algún tipo de reconocimiento en España sea la mejor forma que tienen los escritores hispanoamericanos de darse a conocer en los países vecinos. Aunque en apariencia es una paradoja que estos escritores tengan que pasar por España para poder atravesar la frontera que los separa del país de al lado, a la larga esta lógica tiene mucho sentido debido tanto al tamaño de la industria editorial española como a la influencia que ésta ejerce en Hispanoamérica’.


Releyendo esta entrada me doy cuenta de que hay dos elementos que en ese momento no tuve en cuenta:


– en primer lugar, los mecanismos que utilizan los agentes literarios para la gestión de los derechos en el ámbito hispanohablante: universal para lengua castellana o por partición geográfica.


A quienes estén interesados en este tema al que espero referirme en una próxima entrada, les recomiendo leer el apartado “El reinado de Carmen Balcells” de Pasando página. Allí Sergio Vila-Sanjuán explica los cambios que ha propiciado en la gestión de derechos en castellano esta agente literaria que, según el autor, marca un antes y un después en la edición española —y de la que tanto se ha vuelto a hablar debido a su negocio en el ámbito de los contenidos digitales—.





– en segundo lugar, el papel que han jugado ciertas revistas como Etiqueta negra, El malpensante, Letras libres, Quimera, Gatopardo e incluso SoHo —y ahora HermanoCerdo, eso está claro— a la hora de dar a conocer a autores de otros países latinoamericanos allí donde se publican y, en ocasiones, en un ámbito más amplio gracias a sus Websites.


En su nota Javier llega a una conclusión que me gusta mucho porque se deriva de su actitud de no limitarse a quejarse y de hacer el esfuerzo de plantear soluciones o por lo menos de prever posibles escenarios futuros:


‘Hay un mundo mejor, no muy lejos de acá, con una tienda Amazon (o similar) especializada en Latinoamérica. Eso ya sería un buen paso hacia una posible unificación. La impresión bajo demanda y el uso inteligente de la red por parte de las editoriales también pondrán su granito de arena en este proceso’.