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una industria en busca de nuevas ideas

Estoy convencido de que el libro es una tecnología casi perfecta a la que tal y como la conocemos hoy en día se le pueden hacer muy pocas mejoras porque está muy cerca de su estado evolutivo más avanzado. Es verdad que en los procesos de producción del libro sigue habiendo muchas cosas que pueden mejorarse —principalmente para facilitar la integración de lo digital y de los posibles desarrollos que en el futuro se deriven de su evolución—. Y en lo que se refiere a la comunicación, a la promoción y al marketing aún tenemos más de una tarea pendiente. Por otro lado, la situación actual de la industria editorial pone en evidencia la necesidad de que ésta se reinvente más allá de la optimización de sus procesos de producción y de la creación de nuevos modelos de negocio.

 

Iniciativas como la Publishing Hackathon que se realizó en mayo pasado en Nueva York o The BookSmash Challenge de HarperCollins dan cuenta de que ciertos sectores y actores de la industria editorial son conscientes de la necesidad que tienen de reinventarse en distintos sentidos —una reinvención a nivel tanto interno como sectorial—. Creo que este proceso de reinvención pasa por puntos como la redefinición de la naturaleza, de la razón de ser y de la actividad de los distintos actores, la integración con otros segmentos de la industria de los contenidos, la puesta en valor de su trabajo, la búsqueda de fuentes de ingresos alternativas a las tradicionales, el fortalecimiento de los vínculos con los lectores, el mejoramiento del conocimiento que se tiene de éstos y el desarrollo de nuevas formas de empaquetar, de promocionar y de poner a circular aquello que la industria produce para garantizar no sólo que llegue a sus clientes potenciales o reales sino también que despierte su interés.

 

 

 

 

 

 

En un sector poco dado a invertir en investigación y desarrollo iniciativas como la Publishing Hackathon y The BookSmash Challenge constituyen una manera económica, rápida y potencialmente eficaz de acceder a esas ideas nuevas e incluso innovadoras que son tan necesarias sobre todo en momentos críticos como el actual, echando mano de prácticas y recursos propios de nuestra época como el crowdsourcing o eso que llaman “la sabiduría de las multitudes” —a los que ciertos sectores más dinámicos y potentes como el tecnológico, el farmacéutico y el minero vienen recurriendo desde hace tiempo—.

 

 

 

 

 

No creo que la reinvención de la industria editorial deba pasar solamente por lo digital —de hecho, insisto en la necesidad de desdigitalizar la agenda—. Independientemente de las decisiones que la industria editorial tome en medio de su proceso de reinvención y del rumbo que le dé a éste su apuesta debe pasar por seguir intentando producir y ofrecer contenidos de buena calidad, valiosos y relevantes, que es lo que mejor sabe hacer.