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librerías y proximidad

Para nadie es un secreto que los actuales son tiempos difíciles para las librerías. De hecho, el discurso sobre la crisis de las librerías —y sobre todas las crisis en general— ya empieza a sonar a lugar común. El origen de la crisis de las librerías se le achaca en distinta medida a diversos factores: la concentración de las ventas en las grandes superficies —El Corte Inglés, Casa del Libro, Fnac, Carrefour, etc.—, el crecimiento del e-commerce, la posición dominante y las malas prácticas de Amazon, la llegada de los e-books y la irrupción de diversos actores provenientes del mundo tecnológico en la venta de éstos —Kindle StoreiBookstoreGoogle PlayKobo, etc.—, los bajos índices de lectura, la creciente importancia tanto de los contenidos no escritos como de los dispositivos conectados a Internet en el uso del tiempo libre o la caída del consumo como consecuencia del mal estado de la economía.

 

A pesar de las dificultades existentes, en ciudades como Barcelona y Madrid mientras algunas librerías cierran otras han abierto. En Barcelona, por ejemplo, recientemente han cerrado Áncora y Delfín, Canuda, Catalonia, Excellence, Espai Proa, Platón y Roquer pero también han abierto Calders, La impossible, La memòria, Nollegiu y varios locales de Re-Read —la cadena low cost, que además ya se implantó en Madrid y Málaga—. A quienes les interese saber lo que viene pasando en este mismo campo en Madrid les recomiendo leer el artículo “El fenómeno de las nuevas librerías madrileñas”, de Paula Corroto. Desconozco en una gran medida lo que está pasando en otras ciudades españolas, así que si alguien tiene información al respecto puede compartirla en la zona de comentarios.

 

 

 

Nuevas librerías barcelonesas

 

 

 

Debido a la lógica y a la evolución del sector retail, en las ventas de libros hay unos pocos gigantes que al acaparar una cuota de mercado enorme vienen quedándose con la mayor parte del pastel. Sin embargo, al mismo tiempo cada vez son más las pequeñas librerías que están construyendo su propia clientela y fidelizándola mediante una oferta de productos y servicios que obedece a sus necesidades e intereses —de la misma manera como la creciente concentración de la propiedad de la industria editorial viene desarrollándose paralelamente al boom de la edición independiente—. Se trata de librerías que están trabajando de una manera que las diferencia de las grandes cadenas o de las tiendas de e-commerce y que están atendiendo públicos a los que éstas no están en capacidad de llegar o que quizás ni siquiera les interesan. En fin, aunque el mercado parezca estrecharse estas librerías están abriéndose un lugar en él.

 

Es verdad que debido en parte a las razones mencionadas en el primer párrafo de esta entrada hoy en día en España las librerías están teniendo serias dificultades para sobrevivir. Pero también es cierto que los habitantes de muchas grandes y medianas ciudades españolas y europeas pueden presumir de tener al alcance de la mano un puñado de librerías de un cierto nivel —algunas excelentes, unas muy buenas y otras menos buenas—. A diferencia de lo que sucede en muchas urbes latinoamericanas y estadounidenses, los habitantes de estas ciudades españolas no sólo viven en un entorno poblado de librerías sino que además normalmente no tienen que recorrer grandes distancias para llegar a ellas. Hace unos meses un amigo mexicano me contó que la librería más cercana a su casa en México D. F. está a unos seis kilómetros de distancia de allí. En la Esquerra de l’Eixample que es el barrio de Barcelona donde vivo, por ejemplo, hay unas cuantas buenas librerías de distintos tipos —varias de ellas especializadas— y no me sorprendería que próximamente abrieran algunas más. Y luego el barrio también cuenta con un buen número de librerías papelerías, cuya oferta se centra sobre todo en best sellers y libros de actualidad que normalmente tienen una rotación bastante alta.

 

Aparte de la calidad de su selección de libros —que en algunos casos supone una cierta especialización—, del ejercicio de un rol prescriptor, de las actividades y espacios que ofrecen o de su singularidad, quizás la proximidad sea una de las cartas que más réditos puede darles a las pequeñas librerías para diferenciarse y posicionarse de cara al resto del sector, a su entorno y a su clientela. Está claro que en el ámbito de las librerías también pueden calar la actitud, las prácticas y el discurso con respecto al comercio de proximidad y pequeño que a menudo se ve en el caso de los productos alimentarios, en el que además el reclamo con respecto al consumo de lo local viene adquiriendo una creciente importancia —que en algún punto quizás llegue a ser equiparable a la adquirida por lo orgánico, lo ecológico o lo biológico, cuyos productores y comercializadores a menudo también apelan a la proximidad del origen de los alimentos, a la ausencia de intermediarios y al uso de prácticas de comercio justo—. Al fin y al cabo por distintas razones de carácter económico, social y cultural no es lo mismo comprar en una pequeña librería de barrio que en un local de una cadena mediana como La Central o Laie, en una gran superficie como Casa del Libro o Fnac o en una plataforma de e-commerce como Amazon.

 

 

 

Productos locales

 

 

 

Su condición de comercio de proximidad puede ser una de las mayores fuentes de ventaja competitiva para las pequeñas librerías que a menudo están en barrios residenciales y no en zonas estrictamente comerciales porque les permite convertirse en un actor fundamental de la vida de sus comunidades. Como lo hacen las verdulerías, los bares, las panaderías, las mercerías, las charcuterías, las peluquerías o las carnicerías, las pequeñas librerías pueden asumir un papel protagónico en la construcción de eso que se conoce como “la vida de barrio”. El colectivo Llibreters de Gràcia es un caso interesante no sólo del papel que desempeñan las librerías en la construcción de la vida de barrio, sino también de la importancia que tiene la puesta en marcha de iniciativas colectivas por parte de actores de un mismo gremio y/o sector.

 

Las librerías están frente a la oportunidad de jugar un rol clave en la dinamización cultural tanto de las ciudades como de su entorno más inmediato. Una librería puede ser el escenario de toda una serie de actividades relacionadas con el libro, la lectura o los temas asociados a la oferta que hay en sus estanterías —lo cual es muy claro cuando hay una especialización determinada como en el caso de Abracadabra o de Le Nuvole en Barcelona—. Por otro lado, el caso de una librería como Pequod Llibres es la demostración de que un espacio minúsculo puede albergar una intensa actividad cultural y convertirse en un dinamizador de su entorno próximo.

 

 

 

I didn't buy it on Amazon

 

 

 

El establecimiento de un contacto estrecho y de una relación fluida con su clientela es una de las claves para el buen ejercicio de un rol prescriptor por parte del librero. Quizás las pequeñas librerías de barrio tengan una mayor facilidad para entablar un contacto y una relación de estas características que permitan acceder a un conocimiento profundo de las necesidades y los intereses de los clientes y distinguir aquellos finos matices que seguramente los algoritmos más complejos no están en capacidad de captar. En estos tiempos en los que las grandes superficies, la dependencia de los dispositivos móviles a la hora de relacionanos con el entorno tanto social como físico y de usar nuestro tiempo libre, el e-commerce, las comidas rápidas, los productos y servicios low cost o el turismo masivo tienden a imponerse, también ganan cada vez más terreno el consumo de productos y el comercio locales o el movimiento slow —que no debe gustarles nada a los inventores de Spritz, la aplicación que permite leer mil palabras por minuto—.

 

Así como a la industria editorial se le acusa de sobreproducir, vale la pena preguntarse si en España actualmente hay demasiadas librerías y qué tan óptima es la distribución geográfica de éstas —porque no es lo mismo vivir en una ciudad grande o mediana que en un pequeño pueblo—. La búsqueda de posibles respuestas a estas preguntas debería no sólo tener en cuenta los índices de lectura y de compra de libros, sino también examinar estos datos en el actual contexto de crisis económica y de cambio de paradigma en la edición.

 

Antes de terminar aprovecho para destacar la iniciativa Yo amo mi librería promovida por Txetxu Barandiarán, que invita a construir de manera colaborativa un mapa de librerías.

 

 

 

Llibreters de Gràcia

 

 

 

Finalmente, para complementar la reflexión recomiendo la lectura de los siguientes artículos:

 

– “¿Defender a todas las librerías?”, de Txetxu Barandiarán.

“Mapa de librerías independientes en España (1): las demasiadas librerías” y “Mapa de librerías independientes en España (2): líderes del absurdo”, de Bernat Ruiz Domènech.

– “Que no nos expropien el concepto de librería”, de Lucía Lijtmaer.

– La serie “Librerías con encanto”, de la revista Jot Down —cuya autora es Raquel Blanco—.

martes, marzo 4, 2014 categorizado bajo librerías

“especies en peligro de extinción”: reseña de librerías, de jorge carrión

En el número 101 de la revista Arcadia acaba de aparecer mi reseña de Librerías, de Jorge Carrión. El título de la reseña es “Especies en peligro de extinción” y en ella comento muy brevemente algunos de los detalles del libro de Carrión que me parecen más relevantes.

 

 

 

 

 

Se me ocurren muchas formas de definir Librerías. Entre ellas hay una que prefiero porque es la que mejor se ajusta a mi lectura: se trata de una guía de viajes especializada en librerías. En el viaje que le propone al lector, Carrión recorre varias decenas de ciudades y una mayor cantidad de librerías de distintos tipos. Pero mejor que sea Carrión mismo quien le presente al lector este libro que en 2013 fue finalista del Premio Anagrama de Ensayo:

 

‘Sobre los libros como objetos, como cosas, sobre las librerías como restos arqueológicos o traperías o archivos que se resisten a revelarnos el conocimiento que poseen, que se niegan por su propia naturaleza a ocupar el lugar que en la historia de la cultura les corresponde, sobre su condición a menudo contra-espacial, opuesta a una gestión política del espacio en términos nacionales o estatales, sobre la importancia de la herencia, sobre la erosión del pasado, sobre el patrimonio inmaterial y su concreción en materiales que tienden a descomponerse, sobre la Librería y la Biblioteca como Jano Bifronte o almas gemelas, sobre la censura siempre policial, sobre los espacios apátridas, sobre la librería como café y como hogar más allá de los puntos cardinales, el Este y el Oeste, Oriente y Occidente, sobre las vidas y las obras de los libreros, sedentarios o errantes, aislados o miembros de una misma tradición, sobre la tensión entre lo único y lo serial, sobre el poder del encuentro en un contexto libresco y su erotismo, sexo latente, sobre la lectura como obsesión y como locura pero también como pulsión inconsciente o como negocio, con sus correspondientes problemas de gestión y sus abusos laborales, sobre los tantos centros y las infinitas periferias, sobre el mundo como librería y la librería como mundo, sobre la ironía y la solemnidad, sobre la historia de todos los libros y sobre los libros concretos, con nombres y apellidos en sus solapas, de papel y de píxeles, sobre las librerías universales y mis librerías particulares: sobre todo eso versará este libro, que hasta hace poco estaba en una librería o una biblioteca o la estantería de un amigo y que ahora pertenece, aunque sea provisionalmente, lector, a tu propia biblioteca’.

 

Carrión es no sólo un escritor, un crítico literario y un profesor, sino también un viajero y un pensador. Tengo la impresión de que el discurso de Carrión en torno tanto a los libros como a las librerías es altamente pasional pero que al mismo tiempo está sólidamente estructurado y se ha construido con una gran habilidad retórica. Y desde mis perspectiva personal esta combinación es una de las grandes virtudes de Librerías.

 

Los libros y las librerías son dos elementos de nuestras vidas que como sociedad —y en ocasiones como individuos— hemos convertido en fetiche. Si me pregunto por qué en general no hemos establecido un vínculo similar —y aquí el matiz es muy importante porque podemos llegar a establecerlo, sobre todo en el caso de cierto tipo de elementos que socialmente sirven como fuente de diferenciación— con los electrodomésticos, las camisas, los martillos, los manteles, las farmacias, las ferreterías, las mercerías o los supermercados, la respuesta viene inmediatamente a mí: porque los libros y las librerías tienen un alto valor simbólico. Recordemos que durante siglos el libro ha sido —o no sé si más bien debería decir que hasta hace poco lo fue— el vehículo privilegiado para la transmisión del conocimiento así como de esa parte importante del patrimonio cultural que pasa por lo impreso. Y recordemos también que a menudo las librerías son mucho más que simples puntos de venta de libros.

 

 

 

 

 

 

A los amantes de los libros y de los lugares donde éstos se venden les recomiendo leer Librerías. Y si no tienen una librería cerca o si en su librería más cercana este libro no está disponible, a través de su experiencia personal podrán entender de una vez por todas una de las principales razones por las que hoy en día las librerías tienen serias dificultades y están en desventaja para competir con las grandes tiendas de comercio electrónico —es decir, por qué son especies en peligro de extinción—.

 

Quien quiera descargar el PDF de “Especies en peligro de extinción” puede hacerlo apretando aquí. Y quien prefiera leer la reseña directamente en la página Web de Arcadia sólo tiene que seguir este enlace.

 

Antes de terminar quiero darle las gracias a Marianne Ponsford por abrirme las puertas de Arcadia al aceptar mi propuesta de publicar esta reseña de Librerías en la revista.

editoriales argentinas en librerías españolas: el caso de la central

De los países hispanoamericanos quizás Argentina sea el que tiene el ecosistema editorial más rico e interesante. Además de un buen número de editoriales, Argentina tiene un robusto tejido de librerías y uno de los índices de lectura más elevados de la región. Me pregunto de qué manera las turbulencias políticas y económicas que cada cierto tiempo vive Argentina repercuten sobre el desarrollo de su ecosistema editorial. ¿En momentos de inestabilidad se publican, se venden y se leen menos libros en Argentina? ¿Las medidas de proteccionismo económico del gobierno argentino que vistas desde afuera son perjudiciales para las editoriales extranjeras realmente favorecen a la industria nacional?

 

En una visita reciente a la librería La Central de la calle Mallorca de Barcelona me encontré con una selecta oferta de títulos publicados por diversas editoriales independientes argentinas. Al poco tiempo volví a La Central con el propósito de identificar las editoriales argentinas que estaban presentes en sus estanterías y mesas de novedades. Durante esta segunda visita encontré algunos títulos de las siguientes editoriales independientes argentinas —es probable que se me hayan escapado unas cuantas—:

 

 

– Adriana Hidalgo

– Colihue

– Corregidor

– El cuenco de plata

– Eterna Cadencia

– Interzona

– Katz

– La Bestia Equilátera

– La Compañía

– Libros del zorzal

– Losada

– Mansalva

– Mardulce

– Paradiso

 

 

 

 

 

 

Según me explicó Marta Ramoneda de La Central, estas editoriales suelen llegar a la librería por tres caminos diferentes: en primer lugar, a través de distribuidoras españolas que sirven en España los títulos de algunas de ellas; en segundo lugar, mediante distribuidoras argentinas que exportan los títulos de algunas otras; y, por último, vía trato directo con las editoriales —con cuyos responsables se ha entrado en contacto de distintas maneras: gracias a la intermediación de conocidos en común, tras conocer el catálogo durante una visita de presentación o gracias a un encuentro imprevisto que conduce al establecimiento de una relación comercial—.

 

Considero que la inclusión de títulos de unas cuantas editoriales argentinas en el fondo de algunas librerías españolas —aunque solamente unas pocas estén interesadas en hacerlo y/o se lo puedan permitir— es un buen signo que supone un enriquecimiento de la oferta del mercado. La oferta en las librerías de títulos publicados por editoriales de otros países tanto hispanohablantes como pertenecientes a otros ámbitos lingüísticos enriquece nuestro entorno y amplía nuestros horizontes. Me encantaría que en las librerías españolas además hubiera más libros publicados por editoriales de otros países hispanoamericanos cuya industria editorial es menos potente que la argentina —es posible encontrar alguna cosa aquí y allí pero en general la oferta es bastante escasa y supongo que la demanda también lo es—. Sin embargo, soy consciente de que hay un gran número de obstáculos y limitaciones que hacen que importar y vender en España los títulos de este tipo de editoriales sea un esfuerzo bastante difícil de asumir y poco rentable.

 

Para dar cuenta de una manera muy global de la situación de la edición en Argentina y ponerla en contexto, a continuación reproduzco algunos gráficos que contienen cifras con respecto a la industria editorial iberoamericana así como a los hábitos de lectura y compra de libros de los habitantes de la región desde una perspectiva comparada por países:

 

 

 

 

 

 

 

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Los cinco primeros gráficos fueron extraídos del estudio “El espacio iberoamericano del libro 2012”, que fue realizado por Lenin Monak y publicado por el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC); la última tabla se extrajo del informe “Mercado editorial de Argentina y Ciudad de Buenos Aires” correspondiente a 2013, que fue realizado por el Observatorio de Industrias Creativas (OIC) del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

 

Recomiendo leer ambos documentos así como echarle un ojo al blogroll del blog de Eterna Cadencia.

 

Gracias, en primer lugar, a Julieta Lionetti no sólo por aclararme algunas dudas con respecto al panorama actual tanto de la industria y del mercado editorial como de la lectura en Argentina, sino también por llamarme la atención sobre ciertos aspectos que yo no había tenido en cuenta; y, en segundo lugar, a Marta Ramoneda por su amable y detallada explicación con respecto a la manera como vienen llegando las editoriales argentinas a La Central.

experiencia de compra y elección racional: hacia un consumo reflexivo

Entre todos los puntos de venta o tipos de establecimientos comerciales que se dedican a vender libros, ¿en cuáles preferimos los lectores comprar y dejar nuestro dinero?

 

Ya que soy yo quien plantea la pregunta, a continuación comparto con ustedes mi respuesta —que obviamente está condicionada por mis intereses, inclinaciones, necesidades y posturas como lector y/o consumidor—:

 

– en librerías no especializadas que además de contar con una oferta amplia y diversa me ofrezcan una alta probabilidad de encontrar aquellos libros que esté buscando independientemente del género al que pertenezcan o de la temática de la que se ocupen.

– en librerías especializadas en aquellos géneros, temáticas, tradiciones, áreas geográficas o idiomas específicos que forman parte de mi órbita de intereses y donde casi con toda seguridad encontraré los libros que busco en relación con ésta.

– en librerías que cuenten con libreros que además de estar en capacidad de orientar y hacer recomendaciones conozcan las inclinaciones, las preferencias y los gustos de su clientela.

– en librerías que me permitan acceder lo antes posible a aquellos títulos que no tengan en stock cuando yo vaya a buscarlos, respondiendo rápidamente a necesidades urgentes.

– en librerías cuya oferta cuente con ediciones en lengua original de libros escritos en otros idiomas.

– en librerías que ofrezcan títulos descatalogados, bien sea nuevos o bien de segunda mano.

– en librerías que al tener una buena programación de actividades jueguen un rol de dinamización cultural en su entorno.

– en librerías que les den un trato justo a los editores y que estén dispuestas tanto a trabajar de manera coordinada con éstos como a ofrecerles su apoyo en aspectos como la comunicación, la promoción y el marketing.

 

 

 

 

 

Como no suele ser fácil encontrar una librería en la que todas estas condiciones se cumplan a la vez, cuando voy a comprar un libro el peso de cada una de ellas en mi decisión de ir a una o a otra varía según los rasgos de éste y mis necesidades puntuales del momento. Debido a lo anterior normalmente escojo la librería a la que iré dependiendo del tipo de libro que tenga en mente comprar. En función de mis intereses, inclinaciones y necesidades, algunas de las librerías de Barcelona en las que suelo hacer mis compras son Abracadabra, AltaïrCasa Anita, Documenta, JaimesLa Central, LaieLe Nuvole y Negra y Criminal. Aunque con frecuencia mis compras tienen algo de azaroso porque casi siempre que de manera inesperada me llama la atención algún libro que no había previsto adquirir termino llevándomelo conmigo, la mayor parte de las veces decido racional y premeditadamente qué comprar y dónde hacerlo teniendo en cuenta no sólo el tipo de título que busco sino también la capacidad de la librería de ofrecerme servicios que en cada caso obedezcan a mis necesidades y expectativas.

 

Ahora que el sector del libro está en una encrucijada por la coincidencia de la crisis económica y del cambio de paradigma —recomiendo leer las reflexiones, las observaciones y los comentarios que Manuel Gil viene publicando sobre este tema en Antinomias libro— la sumatoria de las decisiones de compra de cada consumidor y/o lector puede hacer una diferencia significativa sobre todo para aquellas librerías que están pasando por una situación financiera complicada. Es por eso que en cierto sentido esta entrada es una invitación al consumo reflexivo basado en la elección racional a partir de un balance de la experiencia que les ofrecen las librerías a sus clientes reales o potenciales.

 

Las visitas a las librerías juegan un rol central en mi vida tanto personal como profesional por lo que significa para mí no sólo salir a pasear por la ciudad y echarle un ojo a lo que se está publicando, sino también asistir a un lugar que es un punto de encuentro y que propicia el contacto con otras personas, salir del aislamiento social en el que a menudo vivimos quienes trabajamos como freelance, sacar la cabeza del hoyo negro en el que por momentos llega a convertirse el mundo de los entornos de generación 2.0 y contrarrestar la tendencia al sedentarismo que es cada vez más común en nuestros días. Debido a lo anterior prefiero seguir comprando los libros en papel en mis librerías de ladrillo y cemento favoritas al menos que la imposibilidad de encontrar allí en un tiempo prudencial y a un precio razonable lo que esté buscando me lleve a recurrir a una tienda en línea. Mi posición a favor de un espacio cuya supervivencia a futuro está seriamente amenazada es sostenible hoy en día gracias en parte a la existencia de libreros como Paco Camarasa, Jesús Casals, Josep Cots, Damià Gallardo o Ricardo Rendón, que hacen que la visita a las librerías y la experiencia de compra sean gratas para quienes vamos allí.

 

 

 

 

 

 

Varios agentes vinculados al mundo barcelonés de la cultura y del libro vienen trabajando en El Mapa de Librerías de Barcelona, un proyecto colaborativo que está construyéndose en Google Maps. Los aportes de quienes participan en la construcción de este mapa que se actualiza de manera abierta y continua pueden dar cuenta de la constante evolución del tejido de librerías de Barcelona, que desde hace un tiempo viene sufriendo modificaciones significativas —durante el último año han cerrado algunos establecimientos mientras que otros han abierto sus puertas recientemente—.

descenso a los infiernos de los saldos de libros

El pabellón de descuentos de la Panamericana siempre me ha parecido uno de los espacios más interesantes y singulares de la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBo). Se trata de un espacio de al menos mil metros cuadrados dedicado básicamente al saldo de libros.

 

 

 

 

Una de las particularidades del pabellón de descuentos de la Panamericana es que allí se saldan distintos tipos de libros que ya han cumplido su ciclo en el circuito comercial del canal librerías. Debido a lo anterior este pabellón de la FILBo —a diferencia de casi todos los demás— cuenta con una oferta significativamente distinta de la existente en las librerías de la ciudad y en la que las novedades ocupan un lugar mínimo. En síntesis, quien vaya al pabellón de descuentos de la Panamericana se encontrará con pilas de ejemplares de libros que ya no forman parte del catálogo de títulos vivos del mercado, que ya están fuera de circulación o que hoy en día circulan muy poco.

 

 

 

 

El colombiano es un mercado bastante sensible al precio y en él los libros tienden a ser caros. Es por esto que en un punto de venta como el pabellón de descuentos de la Panamericana el precio bajo actúa como un factor diferencial que incita y favorece la compra por impulso. De los libros que se venden en el pabellón de descuentos de la Panamericana, ¿cuántos son necesarios, relevantes, pertinentes o imprescindibles para quien los compra? ¿En qué medida el reclamo del precio bajo lleva al cliente a comprar irreflexivamente? ¿Hasta dónde el precio bajo distorsiona el valor del libro e introduce un sesgo en el criterio del comprador, llevándolo a tomar sus decisiones de compra de una manera más bien irracional?

 

 

 

 

Como se ve en las imágenes que ilustran esta entrada, la oferta del pabellón de descuentos de la Panamericana es amplia y variada —ojo, no se trata solamente de libros cuyo valor es escaso o nulo—: en ella hay libros cuya publicación hace unos años despertó una gran expectativa, que en su momento vendieron miles de ejemplares, que fueron bien recibidos por la crítica y/o por el público, que ganaron premios literarios de las más diversas naturalezas, cuyos autores son figuras reconocidas o llegaron a ser considerados futuras promesas, que ocupan un lugar central en la tradición literaria o en el campo del conocimiento a los que pertenecen, que marcaron un hito en la evolución de éstos o que tuvieron sus quince minutos de gloria.

 

Y luego hay un montón de libros que en este momento no tienen mayor valor o carecen de interés bien sea porque su contenido caducó al poco tiempo de salir al mercado o bien porque nunca tuvieron ni lo uno ni lo otro.

 

 

 

 

Quizás el grueso de la oferta del pabellón de descuentos de la Panamericana no tenga mayor interés para una parte importante del público. Sin embargo, es altamente probable que muchos lectores cuyos intereses específicos están muy bien definidos ocasionalmente encuentren a un precio irrisorio algún libro que consideren una joya. En este sentido el pabellón de descuentos de la Panamericana es un lugar al que de vez en cuando vale la pena ir de caza —debo advertir de antemano que si no se tiene algo de paciencia, es necesario armarse previamente de una buena dosis de ella—.

 

 

 

 

Hay varios aspectos sobre los que quisiera llamar la atención con respecto a los saldos de libros que desde hace años se realizan tanto en el pabellón de descuentos de la Panamericana como en algunos locales que esta cadena de librerías y papelerías tiene en distintos puntos de la ciudad:

 

– ponen en evidencia la sobreproducción de títulos que durante los últimos años ha caracterizado la evolución de la industria editorial española.

– demuestran la incapacidad del mercado de absorber la oferta tanto de títulos como de ejemplares producidos por la industria editorial.

– les permiten a las editoriales deshacerse de stocks cuyo mantenimiento genera unos costes enormes por concepto de gestión de inventarios, de almacenamiento y de transporte —por lo que si no saldan los libros les resulta más conveniente destruírlos que conservarlos para seguir intentando venderlos (con respecto a este tema recomiendo leer la entrada “¿Por qué las editoriales destruyen libros?”, de Mariana Eguaras)—.

– dan cuenta de la creciente velocidad a la que las novedades editoriales rotan y pierden valor tanto comercial como simbólico, sobre todo si se tiene en cuenta que cada vez los títulos que se saldan llevan menos tiempo en el mercado —aquí no me refiero sólo a libros de actualidad o a manuales prácticos cuyos contenidos caducan rápidamente—.

– confirman que una gran parte de la producción de la industria editorial española que no se vende en España termina saldándose en el mercado latinoamericano —que en estos tiempos de crisis parece empezar a cobrar una importancia estratégica para los editores ibéricos—.

– al darles una segunda vida a aquellos libros que pueden tenerla terminan permitiendo y/o propiciando el encuentro entre éstos y sus lectores.

 

 

 

 

 

Hay un aspecto que desde un punto de vista práctico puede carecer de interés pero que personalmente me resulta apasionante, por lo que merece una mención aparte: la oferta del pabellón de descuentos de la Panamericana tiene un gran valor desde un punto de vista arqueológico e historiográfico.

 

En las mesas y en las estanterías de este “salón de promociones” hay un testimonio valiosísimo de la historia reciente de la producción de la industria editorial hispanohablante. Los miles de libros que se apilan allí están contando la evolución tanto de las líneas editoriales como de la imagen de marca de un montón de sellos y colecciones —mientras que algunos de ellos han sufrido los procesos de fusiones y adquisiciones a través de los cuales se han conformado los grandes grupos tal y como los conocemos hoy en día, otros directamente han desaparecido—. La selección de estos libros también puede ser un indicador que insinúa el valor que la industria, las instancias prescriptoras, el mercado y los lectores les dan a un conjunto de autores y obras, a ciertas ediciones de éstas y a una parte del catálogo de algunas editoriales.

 

 

 

 

Al parecer la Panamericana no sólo tiene la capacidad de asumir los costes que generan la gestión de inventarios, el almacenamiento y el transporte de estos libros de saldo, sino que además lleva años haciendo un negocio bastante rentable al venderlos a unos precios bajísimos. En el pabellón de descuentos de la Panamericana de la última FILBo yo compré tres libros:

 

Sin noticias de Gurb, de Eduardo Mendoza (Seix Barral). Precio de compra: $ 6.000 / 2,5 euros; precio en la Librería Lerner: $ 45.000 / 18,8 euros.

¡Ánimo, Wilt!, de Tom Sharpe (Anagrama). Precio de compra: $ 8.000 / 3,3 euros (no está en librerías).

El seminarista, de Rubem Fonseca (Norma). Precio de compra: $ 12.000 / 5 euros; precio en la Librería Lerner: $ 39.000 / 16,3 euros.

 

 

 

 

La oferta del pabellón de descuentos de la Panamericana de la FILBo pone en evidencia que para el conjunto de la industria editorial, para las ferias del libro y para los lectores hoy en día hay vida más allá de las novedades y de los canales de venta convencionales.

 

Me pregunto si con el crecimiento de lo digital a futuro el mercado de los saldos tenderá a decrecer paulatinamente y a volverse marginal o residual.