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librerías y proximidad

Para nadie es un secreto que los actuales son tiempos difíciles para las librerías. De hecho, el discurso sobre la crisis de las librerías —y sobre todas las crisis en general— ya empieza a sonar a lugar común. El origen de la crisis de las librerías se le achaca en distinta medida a diversos factores: la concentración de las ventas en las grandes superficies —El Corte Inglés, Casa del Libro, Fnac, Carrefour, etc.—, el crecimiento del e-commerce, la posición dominante y las malas prácticas de Amazon, la llegada de los e-books y la irrupción de diversos actores provenientes del mundo tecnológico en la venta de éstos —Kindle StoreiBookstoreGoogle PlayKobo, etc.—, los bajos índices de lectura, la creciente importancia tanto de los contenidos no escritos como de los dispositivos conectados a Internet en el uso del tiempo libre o la caída del consumo como consecuencia del mal estado de la economía.

 

A pesar de las dificultades existentes, en ciudades como Barcelona y Madrid mientras algunas librerías cierran otras han abierto. En Barcelona, por ejemplo, recientemente han cerrado Áncora y Delfín, Canuda, Catalonia, Excellence, Espai Proa, Platón y Roquer pero también han abierto Calders, La impossible, La memòria, Nollegiu y varios locales de Re-Read —la cadena low cost, que además ya se implantó en Madrid y Málaga—. A quienes les interese saber lo que viene pasando en este mismo campo en Madrid les recomiendo leer el artículo “El fenómeno de las nuevas librerías madrileñas”, de Paula Corroto. Desconozco en una gran medida lo que está pasando en otras ciudades españolas, así que si alguien tiene información al respecto puede compartirla en la zona de comentarios.

 

 

 

Nuevas librerías barcelonesas

 

 

 

Debido a la lógica y a la evolución del sector retail, en las ventas de libros hay unos pocos gigantes que al acaparar una cuota de mercado enorme vienen quedándose con la mayor parte del pastel. Sin embargo, al mismo tiempo cada vez son más las pequeñas librerías que están construyendo su propia clientela y fidelizándola mediante una oferta de productos y servicios que obedece a sus necesidades e intereses —de la misma manera como la creciente concentración de la propiedad de la industria editorial viene desarrollándose paralelamente al boom de la edición independiente—. Se trata de librerías que están trabajando de una manera que las diferencia de las grandes cadenas o de las tiendas de e-commerce y que están atendiendo públicos a los que éstas no están en capacidad de llegar o que quizás ni siquiera les interesan. En fin, aunque el mercado parezca estrecharse estas librerías están abriéndose un lugar en él.

 

Es verdad que debido en parte a las razones mencionadas en el primer párrafo de esta entrada hoy en día en España las librerías están teniendo serias dificultades para sobrevivir. Pero también es cierto que los habitantes de muchas grandes y medianas ciudades españolas y europeas pueden presumir de tener al alcance de la mano un puñado de librerías de un cierto nivel —algunas excelentes, unas muy buenas y otras menos buenas—. A diferencia de lo que sucede en muchas urbes latinoamericanas y estadounidenses, los habitantes de estas ciudades españolas no sólo viven en un entorno poblado de librerías sino que además normalmente no tienen que recorrer grandes distancias para llegar a ellas. Hace unos meses un amigo mexicano me contó que la librería más cercana a su casa en México D. F. está a unos seis kilómetros de distancia de allí. En la Esquerra de l’Eixample que es el barrio de Barcelona donde vivo, por ejemplo, hay unas cuantas buenas librerías de distintos tipos —varias de ellas especializadas— y no me sorprendería que próximamente abrieran algunas más. Y luego el barrio también cuenta con un buen número de librerías papelerías, cuya oferta se centra sobre todo en best sellers y libros de actualidad que normalmente tienen una rotación bastante alta.

 

Aparte de la calidad de su selección de libros —que en algunos casos supone una cierta especialización—, del ejercicio de un rol prescriptor, de las actividades y espacios que ofrecen o de su singularidad, quizás la proximidad sea una de las cartas que más réditos puede darles a las pequeñas librerías para diferenciarse y posicionarse de cara al resto del sector, a su entorno y a su clientela. Está claro que en el ámbito de las librerías también pueden calar la actitud, las prácticas y el discurso con respecto al comercio de proximidad y pequeño que a menudo se ve en el caso de los productos alimentarios, en el que además el reclamo con respecto al consumo de lo local viene adquiriendo una creciente importancia —que en algún punto quizás llegue a ser equiparable a la adquirida por lo orgánico, lo ecológico o lo biológico, cuyos productores y comercializadores a menudo también apelan a la proximidad del origen de los alimentos, a la ausencia de intermediarios y al uso de prácticas de comercio justo—. Al fin y al cabo por distintas razones de carácter económico, social y cultural no es lo mismo comprar en una pequeña librería de barrio que en un local de una cadena mediana como La Central o Laie, en una gran superficie como Casa del Libro o Fnac o en una plataforma de e-commerce como Amazon.

 

 

 

Productos locales

 

 

 

Su condición de comercio de proximidad puede ser una de las mayores fuentes de ventaja competitiva para las pequeñas librerías que a menudo están en barrios residenciales y no en zonas estrictamente comerciales porque les permite convertirse en un actor fundamental de la vida de sus comunidades. Como lo hacen las verdulerías, los bares, las panaderías, las mercerías, las charcuterías, las peluquerías o las carnicerías, las pequeñas librerías pueden asumir un papel protagónico en la construcción de eso que se conoce como “la vida de barrio”. El colectivo Llibreters de Gràcia es un caso interesante no sólo del papel que desempeñan las librerías en la construcción de la vida de barrio, sino también de la importancia que tiene la puesta en marcha de iniciativas colectivas por parte de actores de un mismo gremio y/o sector.

 

Las librerías están frente a la oportunidad de jugar un rol clave en la dinamización cultural tanto de las ciudades como de su entorno más inmediato. Una librería puede ser el escenario de toda una serie de actividades relacionadas con el libro, la lectura o los temas asociados a la oferta que hay en sus estanterías —lo cual es muy claro cuando hay una especialización determinada como en el caso de Abracadabra o de Le Nuvole en Barcelona—. Por otro lado, el caso de una librería como Pequod Llibres es la demostración de que un espacio minúsculo puede albergar una intensa actividad cultural y convertirse en un dinamizador de su entorno próximo.

 

 

 

I didn't buy it on Amazon

 

 

 

El establecimiento de un contacto estrecho y de una relación fluida con su clientela es una de las claves para el buen ejercicio de un rol prescriptor por parte del librero. Quizás las pequeñas librerías de barrio tengan una mayor facilidad para entablar un contacto y una relación de estas características que permitan acceder a un conocimiento profundo de las necesidades y los intereses de los clientes y distinguir aquellos finos matices que seguramente los algoritmos más complejos no están en capacidad de captar. En estos tiempos en los que las grandes superficies, la dependencia de los dispositivos móviles a la hora de relacionanos con el entorno tanto social como físico y de usar nuestro tiempo libre, el e-commerce, las comidas rápidas, los productos y servicios low cost o el turismo masivo tienden a imponerse, también ganan cada vez más terreno el consumo de productos y el comercio locales o el movimiento slow —que no debe gustarles nada a los inventores de Spritz, la aplicación que permite leer mil palabras por minuto—.

 

Así como a la industria editorial se le acusa de sobreproducir, vale la pena preguntarse si en España actualmente hay demasiadas librerías y qué tan óptima es la distribución geográfica de éstas —porque no es lo mismo vivir en una ciudad grande o mediana que en un pequeño pueblo—. La búsqueda de posibles respuestas a estas preguntas debería no sólo tener en cuenta los índices de lectura y de compra de libros, sino también examinar estos datos en el actual contexto de crisis económica y de cambio de paradigma en la edición.

 

Antes de terminar aprovecho para destacar la iniciativa Yo amo mi librería promovida por Txetxu Barandiarán, que invita a construir de manera colaborativa un mapa de librerías.

 

 

 

Llibreters de Gràcia

 

 

 

Finalmente, para complementar la reflexión recomiendo la lectura de los siguientes artículos:

 

– “¿Defender a todas las librerías?”, de Txetxu Barandiarán.

“Mapa de librerías independientes en España (1): las demasiadas librerías” y “Mapa de librerías independientes en España (2): líderes del absurdo”, de Bernat Ruiz Domènech.

– “Que no nos expropien el concepto de librería”, de Lucía Lijtmaer.

– La serie “Librerías con encanto”, de la revista Jot Down —cuya autora es Raquel Blanco—.

experiencia de compra y elección racional: hacia un consumo reflexivo

Entre todos los puntos de venta o tipos de establecimientos comerciales que se dedican a vender libros, ¿en cuáles preferimos los lectores comprar y dejar nuestro dinero?

 

Ya que soy yo quien plantea la pregunta, a continuación comparto con ustedes mi respuesta —que obviamente está condicionada por mis intereses, inclinaciones, necesidades y posturas como lector y/o consumidor—:

 

– en librerías no especializadas que además de contar con una oferta amplia y diversa me ofrezcan una alta probabilidad de encontrar aquellos libros que esté buscando independientemente del género al que pertenezcan o de la temática de la que se ocupen.

– en librerías especializadas en aquellos géneros, temáticas, tradiciones, áreas geográficas o idiomas específicos que forman parte de mi órbita de intereses y donde casi con toda seguridad encontraré los libros que busco en relación con ésta.

– en librerías que cuenten con libreros que además de estar en capacidad de orientar y hacer recomendaciones conozcan las inclinaciones, las preferencias y los gustos de su clientela.

– en librerías que me permitan acceder lo antes posible a aquellos títulos que no tengan en stock cuando yo vaya a buscarlos, respondiendo rápidamente a necesidades urgentes.

– en librerías cuya oferta cuente con ediciones en lengua original de libros escritos en otros idiomas.

– en librerías que ofrezcan títulos descatalogados, bien sea nuevos o bien de segunda mano.

– en librerías que al tener una buena programación de actividades jueguen un rol de dinamización cultural en su entorno.

– en librerías que les den un trato justo a los editores y que estén dispuestas tanto a trabajar de manera coordinada con éstos como a ofrecerles su apoyo en aspectos como la comunicación, la promoción y el marketing.

 

 

 

 

 

Como no suele ser fácil encontrar una librería en la que todas estas condiciones se cumplan a la vez, cuando voy a comprar un libro el peso de cada una de ellas en mi decisión de ir a una o a otra varía según los rasgos de éste y mis necesidades puntuales del momento. Debido a lo anterior normalmente escojo la librería a la que iré dependiendo del tipo de libro que tenga en mente comprar. En función de mis intereses, inclinaciones y necesidades, algunas de las librerías de Barcelona en las que suelo hacer mis compras son Abracadabra, AltaïrCasa Anita, Documenta, JaimesLa Central, LaieLe Nuvole y Negra y Criminal. Aunque con frecuencia mis compras tienen algo de azaroso porque casi siempre que de manera inesperada me llama la atención algún libro que no había previsto adquirir termino llevándomelo conmigo, la mayor parte de las veces decido racional y premeditadamente qué comprar y dónde hacerlo teniendo en cuenta no sólo el tipo de título que busco sino también la capacidad de la librería de ofrecerme servicios que en cada caso obedezcan a mis necesidades y expectativas.

 

Ahora que el sector del libro está en una encrucijada por la coincidencia de la crisis económica y del cambio de paradigma —recomiendo leer las reflexiones, las observaciones y los comentarios que Manuel Gil viene publicando sobre este tema en Antinomias libro— la sumatoria de las decisiones de compra de cada consumidor y/o lector puede hacer una diferencia significativa sobre todo para aquellas librerías que están pasando por una situación financiera complicada. Es por eso que en cierto sentido esta entrada es una invitación al consumo reflexivo basado en la elección racional a partir de un balance de la experiencia que les ofrecen las librerías a sus clientes reales o potenciales.

 

Las visitas a las librerías juegan un rol central en mi vida tanto personal como profesional por lo que significa para mí no sólo salir a pasear por la ciudad y echarle un ojo a lo que se está publicando, sino también asistir a un lugar que es un punto de encuentro y que propicia el contacto con otras personas, salir del aislamiento social en el que a menudo vivimos quienes trabajamos como freelance, sacar la cabeza del hoyo negro en el que por momentos llega a convertirse el mundo de los entornos de generación 2.0 y contrarrestar la tendencia al sedentarismo que es cada vez más común en nuestros días. Debido a lo anterior prefiero seguir comprando los libros en papel en mis librerías de ladrillo y cemento favoritas al menos que la imposibilidad de encontrar allí en un tiempo prudencial y a un precio razonable lo que esté buscando me lleve a recurrir a una tienda en línea. Mi posición a favor de un espacio cuya supervivencia a futuro está seriamente amenazada es sostenible hoy en día gracias en parte a la existencia de libreros como Paco Camarasa, Jesús Casals, Josep Cots, Damià Gallardo o Ricardo Rendón, que hacen que la visita a las librerías y la experiencia de compra sean gratas para quienes vamos allí.

 

 

 

 

 

 

Varios agentes vinculados al mundo barcelonés de la cultura y del libro vienen trabajando en El Mapa de Librerías de Barcelona, un proyecto colaborativo que está construyéndose en Google Maps. Los aportes de quienes participan en la construcción de este mapa que se actualiza de manera abierta y continua pueden dar cuenta de la constante evolución del tejido de librerías de Barcelona, que desde hace un tiempo viene sufriendo modificaciones significativas —durante el último año han cerrado algunos establecimientos mientras que otros han abierto sus puertas recientemente—.

descenso a los infiernos de los saldos de libros

El pabellón de descuentos de la Panamericana siempre me ha parecido uno de los espacios más interesantes y singulares de la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBo). Se trata de un espacio de al menos mil metros cuadrados dedicado básicamente al saldo de libros.

 

 

 

 

Una de las particularidades del pabellón de descuentos de la Panamericana es que allí se saldan distintos tipos de libros que ya han cumplido su ciclo en el circuito comercial del canal librerías. Debido a lo anterior este pabellón de la FILBo —a diferencia de casi todos los demás— cuenta con una oferta significativamente distinta de la existente en las librerías de la ciudad y en la que las novedades ocupan un lugar mínimo. En síntesis, quien vaya al pabellón de descuentos de la Panamericana se encontrará con pilas de ejemplares de libros que ya no forman parte del catálogo de títulos vivos del mercado, que ya están fuera de circulación o que hoy en día circulan muy poco.

 

 

 

 

El colombiano es un mercado bastante sensible al precio y en él los libros tienden a ser caros. Es por esto que en un punto de venta como el pabellón de descuentos de la Panamericana el precio bajo actúa como un factor diferencial que incita y favorece la compra por impulso. De los libros que se venden en el pabellón de descuentos de la Panamericana, ¿cuántos son necesarios, relevantes, pertinentes o imprescindibles para quien los compra? ¿En qué medida el reclamo del precio bajo lleva al cliente a comprar irreflexivamente? ¿Hasta dónde el precio bajo distorsiona el valor del libro e introduce un sesgo en el criterio del comprador, llevándolo a tomar sus decisiones de compra de una manera más bien irracional?

 

 

 

 

Como se ve en las imágenes que ilustran esta entrada, la oferta del pabellón de descuentos de la Panamericana es amplia y variada —ojo, no se trata solamente de libros cuyo valor es escaso o nulo—: en ella hay libros cuya publicación hace unos años despertó una gran expectativa, que en su momento vendieron miles de ejemplares, que fueron bien recibidos por la crítica y/o por el público, que ganaron premios literarios de las más diversas naturalezas, cuyos autores son figuras reconocidas o llegaron a ser considerados futuras promesas, que ocupan un lugar central en la tradición literaria o en el campo del conocimiento a los que pertenecen, que marcaron un hito en la evolución de éstos o que tuvieron sus quince minutos de gloria.

 

Y luego hay un montón de libros que en este momento no tienen mayor valor o carecen de interés bien sea porque su contenido caducó al poco tiempo de salir al mercado o bien porque nunca tuvieron ni lo uno ni lo otro.

 

 

 

 

Quizás el grueso de la oferta del pabellón de descuentos de la Panamericana no tenga mayor interés para una parte importante del público. Sin embargo, es altamente probable que muchos lectores cuyos intereses específicos están muy bien definidos ocasionalmente encuentren a un precio irrisorio algún libro que consideren una joya. En este sentido el pabellón de descuentos de la Panamericana es un lugar al que de vez en cuando vale la pena ir de caza —debo advertir de antemano que si no se tiene algo de paciencia, es necesario armarse previamente de una buena dosis de ella—.

 

 

 

 

Hay varios aspectos sobre los que quisiera llamar la atención con respecto a los saldos de libros que desde hace años se realizan tanto en el pabellón de descuentos de la Panamericana como en algunos locales que esta cadena de librerías y papelerías tiene en distintos puntos de la ciudad:

 

– ponen en evidencia la sobreproducción de títulos que durante los últimos años ha caracterizado la evolución de la industria editorial española.

– demuestran la incapacidad del mercado de absorber la oferta tanto de títulos como de ejemplares producidos por la industria editorial.

– les permiten a las editoriales deshacerse de stocks cuyo mantenimiento genera unos costes enormes por concepto de gestión de inventarios, de almacenamiento y de transporte —por lo que si no saldan los libros les resulta más conveniente destruírlos que conservarlos para seguir intentando venderlos (con respecto a este tema recomiendo leer la entrada “¿Por qué las editoriales destruyen libros?”, de Mariana Eguaras)—.

– dan cuenta de la creciente velocidad a la que las novedades editoriales rotan y pierden valor tanto comercial como simbólico, sobre todo si se tiene en cuenta que cada vez los títulos que se saldan llevan menos tiempo en el mercado —aquí no me refiero sólo a libros de actualidad o a manuales prácticos cuyos contenidos caducan rápidamente—.

– confirman que una gran parte de la producción de la industria editorial española que no se vende en España termina saldándose en el mercado latinoamericano —que en estos tiempos de crisis parece empezar a cobrar una importancia estratégica para los editores ibéricos—.

– al darles una segunda vida a aquellos libros que pueden tenerla terminan permitiendo y/o propiciando el encuentro entre éstos y sus lectores.

 

 

 

 

 

Hay un aspecto que desde un punto de vista práctico puede carecer de interés pero que personalmente me resulta apasionante, por lo que merece una mención aparte: la oferta del pabellón de descuentos de la Panamericana tiene un gran valor desde un punto de vista arqueológico e historiográfico.

 

En las mesas y en las estanterías de este “salón de promociones” hay un testimonio valiosísimo de la historia reciente de la producción de la industria editorial hispanohablante. Los miles de libros que se apilan allí están contando la evolución tanto de las líneas editoriales como de la imagen de marca de un montón de sellos y colecciones —mientras que algunos de ellos han sufrido los procesos de fusiones y adquisiciones a través de los cuales se han conformado los grandes grupos tal y como los conocemos hoy en día, otros directamente han desaparecido—. La selección de estos libros también puede ser un indicador que insinúa el valor que la industria, las instancias prescriptoras, el mercado y los lectores les dan a un conjunto de autores y obras, a ciertas ediciones de éstas y a una parte del catálogo de algunas editoriales.

 

 

 

 

Al parecer la Panamericana no sólo tiene la capacidad de asumir los costes que generan la gestión de inventarios, el almacenamiento y el transporte de estos libros de saldo, sino que además lleva años haciendo un negocio bastante rentable al venderlos a unos precios bajísimos. En el pabellón de descuentos de la Panamericana de la última FILBo yo compré tres libros:

 

Sin noticias de Gurb, de Eduardo Mendoza (Seix Barral). Precio de compra: $ 6.000 / 2,5 euros; precio en la Librería Lerner: $ 45.000 / 18,8 euros.

¡Ánimo, Wilt!, de Tom Sharpe (Anagrama). Precio de compra: $ 8.000 / 3,3 euros (no está en librerías).

El seminarista, de Rubem Fonseca (Norma). Precio de compra: $ 12.000 / 5 euros; precio en la Librería Lerner: $ 39.000 / 16,3 euros.

 

 

 

 

La oferta del pabellón de descuentos de la Panamericana de la FILBo pone en evidencia que para el conjunto de la industria editorial, para las ferias del libro y para los lectores hoy en día hay vida más allá de las novedades y de los canales de venta convencionales.

 

Me pregunto si con el crecimiento de lo digital a futuro el mercado de los saldos tenderá a decrecer paulatinamente y a volverse marginal o residual.

martes, febrero 12, 2013 categorizado bajo grandes superficies, librerías, librerías independientes, libreros

¿quién quiere un mundo sin librerías?

Yo no. Las librerías son un elemento fundamental del mundo en el que me muevo y en el que quiero seguir moviéndome. Creo que las librerías enriquecen en muchos sentidos la vida de las ciudades y de las personas que viven en ellas. De hecho, cada vez que voy a una ciudad procuro visitar sus librerías —tanto las que me han recomendado previamente como las que voy encontrándome por el camino—. Sin embargo, hay quienes ven las cosas de otra manera. Y la evolución de las ventas de libros podría estar dándoles la razón a quienes ven las librerías como un elemento anacrónico, casi inútil y absolutamente prescindible en el mundo de hoy.

 

Los argumentos en defensa de las librerías que apelan a su rol cultural y a su valor simbólico —algunos de los cuales yo mismo comparto— son válidos en los planos emotivo, histórico y sociológico pero si se miran desde un punto de vista pragmático basado en la racionalidad económica no se sostienen. Ninguna ley natural, divina o de vida estipula que las librerías deban seguir estando presentes en este mundo porque su existencia es el resultado de una creación humana en un momento histórico específico. Los tiempos cambian y con ellos los elementos que conforman nuestro entorno, así que no hay razón para creer que alguno de ellos tenga garantizada su existencia hasta el fin de los días o para basar la defensa de su supervivencia argumentando que ‘es imprescindible porque ha estado ahí desde siempre’.

 

 

 

Portada de la edición de junio 9 y 16 de 2008 de la revista The New Yorker.

(Ilustración de Adrian Tomine)

 

 

En estos tiempos de cambios en los que las ventas de libros a través de grandes plataformas de comercio electrónico son cada vez mayores las librerías de bricks-and-mortar tienen el reto de demostrarles tanto a los demás actores de la cadena de valor del libro como a sus clientes potenciales que siguen teniendo algo valioso que aportarles. Y para hacerlo es necesario que pasen por un proceso de reinvención y de reconversión —un tema que fue abordado en el especial “Jaque o gambito: librerías y entorno digital” del número 14 de de la revista Texturas—. Mientras las librerías continúen canalizando una parte importante de las ventas de libros seguirán siendo fundamentales para los editores, que por lo menos de momento todavía necesitan mesas y estanterías en las que exhibir sus títulos para que muchos consumidores puedan acceder a ellos.

 

Entre las medidas cuya adopción puede ayudar al fortalecimiento del sector librero vale la pena tomar como punto de partida las siguientes, que son tan elementales que pueden sonar a obviedad —en la medida de lo posible trataré de apoyarme en ejemplos de mi entorno cercano que conozco más o menos bien para ilustrar cada planteamiento—:

 

– la especialización en áreas temáticas, disciplinas o géneros para construir una clientela de públicos de nicho: crear una oferta amplia, sólida y diversa alrededor de un número limitado de temas para llegar a nichos de lectores con necesidades e intereses específicos. Pienso en librerías como Abracadabra llibres, Le NuvoleNegra y Criminal o Xoroi.

– el mejoramiento de su capacidad de responder rápidamente a la demanda de los consumidores: como está claro que debido a diversas limitaciones una librería sólo puede tener en sus estanterías una pequeña parte de la oferta editorial existente en el mercado, es importante que pueda hacerle llegar en el menor tiempo posible a su clientela aquellos títulos que no tenga disponibles en sus locales y almacenes cuando ésta los solicite —justamente una de las ventajas competitivas de las grandes tiendas de comercio electrónico consiste en su capacidad de responder inmediatamente a la demanda de los consumidores, que desde un punto de vista operativo es donde radica una de las mayores fortalezas de Amazon—. ¿Es posible pensar en una alianza entre distribuidores y libreros para que las librerías puedan hacerle llegar a su clientela en un par de días los libros que solicite y que éstas no tengan en stock?

– el ejercicio de un rol de dinamización cultural en su entorno: la propuesta de una oferta de actividades culturales que estén en sintonía con los intereses de su público objetivo por cuestiones tanto temáticas como de proximidad geográfica. Abracadabra llibresLa CentralLaieLe NuvoleNegra y Criminal y Pequod llibres constituyen buenos ejemplos.

– el desarrollo de una buena presencia en línea: por un lado, montar una página Web que cuente con una base de datos en la que pueda consultarse el fondo que conforma la oferta de la librería y que permita gestionar ventas a través de una plataforma de comercio electrónico; y, por el otro lado, poner en marcha una estrategia de comunicación y marketing en entornos de generación Web 2.0.

– la diversificación de la oferta de productos: vender otros artículos asociados bien sea al mundo del libro o bien a los campos temáticos relacionados con las áreas de especialidad de la librería. LaieLa Central vienen explotando muy bien este aspecto en sus locales, sobre todo en sus librerías boutique de museos y centros culturales.

 – last but not least, el fortalecimiento de su rol prescriptor: además de un catálogo compuesto por una buena selección de títulos, el conocimiento por parte de los libreros de los intereses y hábitos lectores de su clientela es fundamental para la prescripción. Todas las librerías mencionadas anteriormente son bastante fuertes en este aspecto.

 

En síntesis, es fundamental que las librerías demuestren cada día que tienen un valor que aportar y que éste sea percibido por los consumidores —con respecto a este tema recomiendo leer el artículo “Novel Ideas For Indie Bookstores” que Josep M. Vinyes comentó recientemente en la entrada “El modelo de negocio de las librerías está cambiando”, del blog Actualidad editorial—.

 

 

 

Portada de la edición de diciembre 5 de 2011 de la revista The New Yorker.

(Ilustración de Daniel Clowes)

 

 

No tengo mayor cosa que decir con respecto a todo lo relacionado con la gestión económica, financiera y comercial de las librerías, que es un tema sobre el que algunos de sus mayores conocedores en nuestro medio como Manuel Gil y Txetxu Barandiarán suelen ofrecernos reflexiones, análisis y propuestas de una riqueza enorme.

 

En un momento en el que incluso el futuro de Barnes & Noble parece ser incierto —por no hablar de otras grandes cadenas de venta de libros, música, películas y artículos de electrónica de consumo como HMV, la filial francesa de Virgin Megastore y Fnac— vale la pena preguntarse no sólo cuáles son las posibilidades de supervivencia de las librerías teniendo en cuenta aspectos como su tamaño, su enfoque y su ubicación, sino también por dónde deben pasar éstas.

 

Con respecto a la situación actual de Barnes & Noble y a su posible evolución a futuro vale la pena leer los siguientes artículos:

 

– “B&N results are disappointing, and one wonders if prior success with NOOK might deserve part of the blame”“More thoughts about the future of bookstores, triggered by Barnes & Noble’s own predictions for itself”, de Mike Shatzkin.

– “Barnes & Noble’s Big Problem —and What to Do About It”, de Jeremy Greenfield.

 

Recomiendo prestarles mucha atención a las palabras de Laura Hazard Owen de paidContent en este vídeo de BiblioStarTV que fue realizado durante la conferencia Digital Book World 2013 —ojo al comentario según el cual a menudo la única librería que muchos estadounidenses tienen cerca es una tienda de Barnes & Noble y a la alerta sobre el riesgo de que a esta cadena de aquí a un par de años le pase lo mismo que a Borders—:

 

 

 

 

El material promocional del Día de las Librerías de 2011 incluía las siguientes diez razones para comprar los libros en las librerías:

 

Comprando aquí tus libros…

1/ Apoyas la economía local

2/ Ayudas al medio ambiente

3/ Creas empleo en tu comunidad

4/ Fomentas un bien cultural

5/ Compartes nuestra experiencia

6/ Alimentas la red social

7/ Apoyas a los emprendedores

8/ Dinamizas el tejido cultural y social de tu barrio

9/ Favoreces la libertad de elección y la diversidad

10/ Haces de tu librería un destino único’

 

 

 

 

Algunos de estos planteamientos me parecen parcial o totalmente razonables y válidos pero otros, por el contrario, no sólo me resultan poco o nada convincentes sino que además me suenan a retórica vacía. ¿Qué opinan ustedes al respecto?

el libro en español en el mercado estadounidense visto por patricia arancibia, de barnes & noble

En el número 16 de la revista Texturas apareció una entrevista a Patricia Arancibia, quien actualmente es la Directora de contenidos digitales internacionales de Barnes & Noble. En esta entrevista realizada por Joana Costa y Adrián Puentes se ponen sobre la mesa distintos temas importantísimos: las particularidades del segmento latino del mercado editorial estadounidense; los intereses de los lectores latinos en Estados Unidos; los tipos de libros en español que mejor se venden en el mercado estadounidense —tanto en papel como en digital—; las dificultades para que el libro en español circule más allá de las fronteras de su país de origen; la presencia del libro tanto latinoamericano como español en el mercado estadounidense; las posibilidades que abre lo digital para el mejoramiento de la circulación del libro en español, para la diversificación de la oferta y para la creación de un mercado global al cual puedan acceder incluso los pequeños editores; la importancia de la promoción en el ámbito online y la manera como una buena gestión de los metadatos le permite al usuario encontrar fácilmente los libros en las plataformas de e-commerce.

 

 

 

A continuación reproduzco algunos de los fragmentos de la entrevista que más me llamaron la atención, en los cuales Patricia toca una amplia variedad de temas críticos con respecto al mercado del libro en español.

 

– Sobre la presencia del libro en español en el mercado estadounidense, los factores que han dificultado su llegada allí y las posibilidades que abre lo digital para facilitar su penetración:

 

‘Sí, fui por todas partes. Sigo yendo. Por todo el mundo. El español era obviamente una prioridad porque este es un mercado bilingüe, prácticamente. Además vos seguías trayendo libros en español impresos. Traías muy pocos en relación a lo que quisieras, porque los editores se ponen en un riesgo: la importación suma costos. Si la moneda, como en el caso del euro, es más cara, no sólo el libro viene ya de por sí a un precio que es caro para este mercado, sino que además suma costos con la aduana y el transporte. Un cargamento de libros se puede quedar en la aduana seis meses. Llegaban siempre tarde, llegaban pocos, entonces los editores tenían que decidir: no podías traer todo tu catálogo, solo una parte reducida que estabas seguro que iba a vender en este mercado. Y si se te acababa el stock tenías que traer otro. O sea, siempre fue bastante complicado. Este es un mercado gigante pero hay libros que pueden vender super bien afuera y acá no funcionar. Hay libros que podrían funcionar en el long tail pero quizás no te conviene traerlos, porque no tienes lugar y tendrías que sacar otro título. Lo que trae el digital es la posibilidad de ampliar el número de títulos; el stock es infinito. El número de títulos que podés tener en español en los Estados Unidos es por lo menos cuatro veces más de lo que nunca tuviste en papel. En este formato nunca hubo disponibles para ordenar en los Estados Unidos más de ocho mil o nueve mil títulos en español. En España o América Latina, un país medio tiene cien mil títulos vivos. En cambio, en digital ahora nosotros tenemos más de cuarenta mil en español que vienen de todos lados. Más de lo que existe en español en cualquier otra parte. Creo que toda España tiene tres mil o cuatro mil libros (de verdad, no pdf). En Argentina hay como cinco tiendas de ebooks, en Chile hay tres, en México otras cinco. Una de las cosas que yo hice fue abogar para que las editoriales se consiguieran los derechos digitales. Hay que ir rápido y negociar con tus autores, pero eso lleva tiempo. Y ya no hay tiempo. A su vez, empezar ese proceso e invertir todo el dinero y el tiempo si no vas a ver ningún rédito por cinco años es durísimo’.

 

– Sobre la manera como lo digital facilita el intercambio y puede contribuir a hacer posible la creación de un mercado global en español:

 

‘También hay que pensar que ahora se publica en español acá, y que la distribución del libro en español en el mundo es rara: es muy difícil encontrar un libro latinoamericano en España, a no ser que lo publique un editor español. Y es muy difícil encontrar un libro español en América Latina. Y si lo encontrás, es impagable. En todo caso, tampoco es verdad que todo va a ser internacional con los libros digitales. Hubo un momento en que en España se vendían biografías de Aznar a morir, pero acá no las compraba nadie. En Argentina se publican libros de política que no se pueden pagar, pero acá los libros de política argentina no le interesan ni al académico que estudia historia de Argentina. Entonces tú puedes decir: mirá que interesante, a mí me interesa esto y esta gente está del otro lado de la cordillera haciendo lo mismo, está en el Caribe haciendo lo mismo. Me parece que en eso sí hay una oportunidad de intercambio: el no estar tan limitados por la distribución, por ser tantos países, por ser veinticinco países, por tener océanos, riachos o montañas en medio. El digital te resuelve muchos problemas. Ahora se puede ser un editor pequeño y pensar global’.

 

‘(…) Hoy hay quinientos millones de personas en el mundo que hablan español, es el tercer idioma del mundo y es el segundo del mundo occidental. Eso es una masa crítica bastante fuerte. Vos me preguntás si creo que podemos llegar a ser un idioma importante, pero si le preguntas a cualquier persona que no hable español te va a decir que ya lo es. Hace mucho que estamos todos conectados a Internet. Hay gente en Ushuaia leyendo El País en este momento.

 

El digital te trae eso: la inmediatez, la posibilidad de publicar libros globalmente. Todavía no lo está haciendo casi nadie, aunque se están preparando. Eso sí me parece que es super importante. Es una oportunidad genial. Es una oportunidad que puede ayudar incluso con la internacionalización del libro físico. Me parece que hay una oportunidad de fomentar más el comercio de títulos entre distintos países, y que no sea que el único escritor chileno que conocemos es Bolaño después de Neruda. Que haya un intercambio real, que un escritor no tenga que ganarse un Nobel o morirse para que en otros países sepan que existe’.

 

 

 

 

– Sobre los distintos circuitos que conforman el mercado del libro en español en Estados Unidos:

 

‘Lo que sí es muy importante aquí es ver las diferencias entre tres mercados: bibliotecas, retail y académico. Las bibliotecas tienen una población particular, con necesidades particulares. Siempre se habla de lo que la gente quiere, y los bibliotecarios saben muy bien lo que la gente quiere en sus comunidades. En cambio, en el mercado comercial estás hablando de gente que entra a una librería o a un website a comprar libros; es completamente distinto. Después está el mercado académico, y dentro de éste hay para niños, para secundarios y universidades, y esos tres son muy poderosos pero muy distintos entre sí.

 

El mercado comercial, que es el que a mí me ocupa, es muy diferente a los otros. Como lo es en inglés, pero yo te diría que quizás todavía más. Lo que más vendemos en español es la ficción, lejos’.

 

– Sobre los tipos de libros en español que mejor funcionan en el mercado estadounidense:

 

‘De todo. La ficción latinoamericana mucho más que la española. O sea, los autores latinoamericanos, los más grandes, son tan fuertes acá como en sus países. Yo me acuerdo que en un momento se decía que no había que traer La sombra del viento porque era muy literario. Yo dije: de ninguna manera, vamos a traer ese libro. También decían que no había que traer el diccionario de la RAE porque «los latinos de Estados Unidos no saben lo que es la Real Academia». Yo dije: de ninguna manera. Hay que traer ese diccionario. Y estuvo durante muchos años entre nuestros libros más vendidos, entre otras cosas porque las bibliotecas lo querían y no estaba en ningún lado’.

 

‘(…) Bueno, lo que veo, por ejemplo, es que el romance vende a morir. Y como he dicho antes, lo que vende mucho es el misterio y el thriller. Ahora es una barbaridad lo que vende La reina del sur de Arturo Pérez-Reverte. Es un tema latinoamericano, y la política latinoamericana vende bien. Un periodista latinoamericano escribe algo sobre su país y es muy difícil que venda. Pero cualquier cosa sobre narcotráfico va a vender, no importa lo que sea. Ya sea en Colombia o en México. Porque la gente también está preocupada acá, porque hay violencia, porque su familia es de allá. Todo esto está en los medios todo el tiempo y vende’.

 

– Sobre la importancia y el alcance del marketing en el ámbito online:

 

Random House Mondadori, por ejemplo, hace mucha promoción fuera de España y también hace mucha promoción online. Si vos abrís El País desde acá, la parte comercial del periódico sabe que estás en los Estados Unidos; hay estrategias de marketing que se podrían usar perfectamente con libros (…)

 

(…) Las editoriales que están acá, como Santillana, Random y Penguin, se han movido bien para trabajar la prensa en español. Pero no toda la gente tiene llegada a la prensa en español. Segundo, la prensa en español en Estados Unidos es regional, es casi por ciudad. Vos ponés algo en el New York Times y le llega a todo el mundo; pones algo en La Opinión y llega a Los Ángeles. A mí me da la impresión de que Random House Mondadori maneja muy bien el marketing online; es algo bien sabido en la industria. Porque, aunque lo hacen desde España, lo hacen para toda América Latina. Lo deberían estar haciendo más editores’.

 

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Dado que hoy en día en Estados Unidos ‘hay más gente que habla español que en España’, creo que todo editor hispanohablante independientemente de dónde se encuentre, de su tamaño y de la orientación de su catálogo debería leer con cuidado esta entrevista y tomar nota de lo que se dice en ella con el propósito bien sea de entrar al mercado estadounidense o bien de fortalecer su presencia en él —ver en el informe de Comercio Exterior del Libro 2010 la evolución de las exportaciones de la industria editorial española hacia ese país—. Las respuestas de Patricia a las acertadas preguntas que le plantean Joana Costa y Adrián Puentes en esta entrevista ponen en evidencia la manera como su experiencia sobre el terreno le ha permitido desarrollar un amplio y profundo conocimiento tanto de la estructura como de la dinámica de funcionamiento del mercado editorial estadounidense, latinoamericano y español.

 

 

 

 

A quien le interese profundizar en este tema le recomiendo echarle un ojo a la presentación de Patricia en la conferencia TOC 2011, cuyo título es “Why Sell eBooks in Spanish in the U.S and How to Make it Happen in 8 Months”, en la que explica las razones que llevaron a Barnes & Noble a montar la plataforma Nook Books en español y algunos detalles relacionados con el funcionamiento de ésta desde su lanzamiento en noviembre de 2010.

 

 

 

 

Quienes no tengan acceso al número 16 de Texturas y quieran leer la entrevista completa, pueden descargarla apretando aquí gracias a la generosidad tanto del equipo de Trama editorial como de Joana Costa y Adrián Puentes.