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librerías y proximidad

Para nadie es un secreto que los actuales son tiempos difíciles para las librerías. De hecho, el discurso sobre la crisis de las librerías —y sobre todas las crisis en general— ya empieza a sonar a lugar común. El origen de la crisis de las librerías se le achaca en distinta medida a diversos factores: la concentración de las ventas en las grandes superficies —El Corte Inglés, Casa del Libro, Fnac, Carrefour, etc.—, el crecimiento del e-commerce, la posición dominante y las malas prácticas de Amazon, la llegada de los e-books y la irrupción de diversos actores provenientes del mundo tecnológico en la venta de éstos —Kindle StoreiBookstoreGoogle PlayKobo, etc.—, los bajos índices de lectura, la creciente importancia tanto de los contenidos no escritos como de los dispositivos conectados a Internet en el uso del tiempo libre o la caída del consumo como consecuencia del mal estado de la economía.

 

A pesar de las dificultades existentes, en ciudades como Barcelona y Madrid mientras algunas librerías cierran otras han abierto. En Barcelona, por ejemplo, recientemente han cerrado Áncora y Delfín, Canuda, Catalonia, Excellence, Espai Proa, Platón y Roquer pero también han abierto Calders, La impossible, La memòria, Nollegiu y varios locales de Re-Read —la cadena low cost, que además ya se implantó en Madrid y Málaga—. A quienes les interese saber lo que viene pasando en este mismo campo en Madrid les recomiendo leer el artículo “El fenómeno de las nuevas librerías madrileñas”, de Paula Corroto. Desconozco en una gran medida lo que está pasando en otras ciudades españolas, así que si alguien tiene información al respecto puede compartirla en la zona de comentarios.

 

 

 

Nuevas librerías barcelonesas

 

 

 

Debido a la lógica y a la evolución del sector retail, en las ventas de libros hay unos pocos gigantes que al acaparar una cuota de mercado enorme vienen quedándose con la mayor parte del pastel. Sin embargo, al mismo tiempo cada vez son más las pequeñas librerías que están construyendo su propia clientela y fidelizándola mediante una oferta de productos y servicios que obedece a sus necesidades e intereses —de la misma manera como la creciente concentración de la propiedad de la industria editorial viene desarrollándose paralelamente al boom de la edición independiente—. Se trata de librerías que están trabajando de una manera que las diferencia de las grandes cadenas o de las tiendas de e-commerce y que están atendiendo públicos a los que éstas no están en capacidad de llegar o que quizás ni siquiera les interesan. En fin, aunque el mercado parezca estrecharse estas librerías están abriéndose un lugar en él.

 

Es verdad que debido en parte a las razones mencionadas en el primer párrafo de esta entrada hoy en día en España las librerías están teniendo serias dificultades para sobrevivir. Pero también es cierto que los habitantes de muchas grandes y medianas ciudades españolas y europeas pueden presumir de tener al alcance de la mano un puñado de librerías de un cierto nivel —algunas excelentes, unas muy buenas y otras menos buenas—. A diferencia de lo que sucede en muchas urbes latinoamericanas y estadounidenses, los habitantes de estas ciudades españolas no sólo viven en un entorno poblado de librerías sino que además normalmente no tienen que recorrer grandes distancias para llegar a ellas. Hace unos meses un amigo mexicano me contó que la librería más cercana a su casa en México D. F. está a unos seis kilómetros de distancia de allí. En la Esquerra de l’Eixample que es el barrio de Barcelona donde vivo, por ejemplo, hay unas cuantas buenas librerías de distintos tipos —varias de ellas especializadas— y no me sorprendería que próximamente abrieran algunas más. Y luego el barrio también cuenta con un buen número de librerías papelerías, cuya oferta se centra sobre todo en best sellers y libros de actualidad que normalmente tienen una rotación bastante alta.

 

Aparte de la calidad de su selección de libros —que en algunos casos supone una cierta especialización—, del ejercicio de un rol prescriptor, de las actividades y espacios que ofrecen o de su singularidad, quizás la proximidad sea una de las cartas que más réditos puede darles a las pequeñas librerías para diferenciarse y posicionarse de cara al resto del sector, a su entorno y a su clientela. Está claro que en el ámbito de las librerías también pueden calar la actitud, las prácticas y el discurso con respecto al comercio de proximidad y pequeño que a menudo se ve en el caso de los productos alimentarios, en el que además el reclamo con respecto al consumo de lo local viene adquiriendo una creciente importancia —que en algún punto quizás llegue a ser equiparable a la adquirida por lo orgánico, lo ecológico o lo biológico, cuyos productores y comercializadores a menudo también apelan a la proximidad del origen de los alimentos, a la ausencia de intermediarios y al uso de prácticas de comercio justo—. Al fin y al cabo por distintas razones de carácter económico, social y cultural no es lo mismo comprar en una pequeña librería de barrio que en un local de una cadena mediana como La Central o Laie, en una gran superficie como Casa del Libro o Fnac o en una plataforma de e-commerce como Amazon.

 

 

 

Productos locales

 

 

 

Su condición de comercio de proximidad puede ser una de las mayores fuentes de ventaja competitiva para las pequeñas librerías que a menudo están en barrios residenciales y no en zonas estrictamente comerciales porque les permite convertirse en un actor fundamental de la vida de sus comunidades. Como lo hacen las verdulerías, los bares, las panaderías, las mercerías, las charcuterías, las peluquerías o las carnicerías, las pequeñas librerías pueden asumir un papel protagónico en la construcción de eso que se conoce como “la vida de barrio”. El colectivo Llibreters de Gràcia es un caso interesante no sólo del papel que desempeñan las librerías en la construcción de la vida de barrio, sino también de la importancia que tiene la puesta en marcha de iniciativas colectivas por parte de actores de un mismo gremio y/o sector.

 

Las librerías están frente a la oportunidad de jugar un rol clave en la dinamización cultural tanto de las ciudades como de su entorno más inmediato. Una librería puede ser el escenario de toda una serie de actividades relacionadas con el libro, la lectura o los temas asociados a la oferta que hay en sus estanterías —lo cual es muy claro cuando hay una especialización determinada como en el caso de Abracadabra o de Le Nuvole en Barcelona—. Por otro lado, el caso de una librería como Pequod Llibres es la demostración de que un espacio minúsculo puede albergar una intensa actividad cultural y convertirse en un dinamizador de su entorno próximo.

 

 

 

I didn't buy it on Amazon

 

 

 

El establecimiento de un contacto estrecho y de una relación fluida con su clientela es una de las claves para el buen ejercicio de un rol prescriptor por parte del librero. Quizás las pequeñas librerías de barrio tengan una mayor facilidad para entablar un contacto y una relación de estas características que permitan acceder a un conocimiento profundo de las necesidades y los intereses de los clientes y distinguir aquellos finos matices que seguramente los algoritmos más complejos no están en capacidad de captar. En estos tiempos en los que las grandes superficies, la dependencia de los dispositivos móviles a la hora de relacionanos con el entorno tanto social como físico y de usar nuestro tiempo libre, el e-commerce, las comidas rápidas, los productos y servicios low cost o el turismo masivo tienden a imponerse, también ganan cada vez más terreno el consumo de productos y el comercio locales o el movimiento slow —que no debe gustarles nada a los inventores de Spritz, la aplicación que permite leer mil palabras por minuto—.

 

Así como a la industria editorial se le acusa de sobreproducir, vale la pena preguntarse si en España actualmente hay demasiadas librerías y qué tan óptima es la distribución geográfica de éstas —porque no es lo mismo vivir en una ciudad grande o mediana que en un pequeño pueblo—. La búsqueda de posibles respuestas a estas preguntas debería no sólo tener en cuenta los índices de lectura y de compra de libros, sino también examinar estos datos en el actual contexto de crisis económica y de cambio de paradigma en la edición.

 

Antes de terminar aprovecho para destacar la iniciativa Yo amo mi librería promovida por Txetxu Barandiarán, que invita a construir de manera colaborativa un mapa de librerías.

 

 

 

Llibreters de Gràcia

 

 

 

Finalmente, para complementar la reflexión recomiendo la lectura de los siguientes artículos:

 

– “¿Defender a todas las librerías?”, de Txetxu Barandiarán.

“Mapa de librerías independientes en España (1): las demasiadas librerías” y “Mapa de librerías independientes en España (2): líderes del absurdo”, de Bernat Ruiz Domènech.

– “Que no nos expropien el concepto de librería”, de Lucía Lijtmaer.

– La serie “Librerías con encanto”, de la revista Jot Down —cuya autora es Raquel Blanco—.

editoriales argentinas en librerías españolas: el caso de la central

De los países hispanoamericanos quizás Argentina sea el que tiene el ecosistema editorial más rico e interesante. Además de un buen número de editoriales, Argentina tiene un robusto tejido de librerías y uno de los índices de lectura más elevados de la región. Me pregunto de qué manera las turbulencias políticas y económicas que cada cierto tiempo vive Argentina repercuten sobre el desarrollo de su ecosistema editorial. ¿En momentos de inestabilidad se publican, se venden y se leen menos libros en Argentina? ¿Las medidas de proteccionismo económico del gobierno argentino que vistas desde afuera son perjudiciales para las editoriales extranjeras realmente favorecen a la industria nacional?

 

En una visita reciente a la librería La Central de la calle Mallorca de Barcelona me encontré con una selecta oferta de títulos publicados por diversas editoriales independientes argentinas. Al poco tiempo volví a La Central con el propósito de identificar las editoriales argentinas que estaban presentes en sus estanterías y mesas de novedades. Durante esta segunda visita encontré algunos títulos de las siguientes editoriales independientes argentinas —es probable que se me hayan escapado unas cuantas—:

 

 

– Adriana Hidalgo

– Colihue

– Corregidor

– El cuenco de plata

– Eterna Cadencia

– Interzona

– Katz

– La Bestia Equilátera

– La Compañía

– Libros del zorzal

– Losada

– Mansalva

– Mardulce

– Paradiso

 

 

 

 

 

 

Según me explicó Marta Ramoneda de La Central, estas editoriales suelen llegar a la librería por tres caminos diferentes: en primer lugar, a través de distribuidoras españolas que sirven en España los títulos de algunas de ellas; en segundo lugar, mediante distribuidoras argentinas que exportan los títulos de algunas otras; y, por último, vía trato directo con las editoriales —con cuyos responsables se ha entrado en contacto de distintas maneras: gracias a la intermediación de conocidos en común, tras conocer el catálogo durante una visita de presentación o gracias a un encuentro imprevisto que conduce al establecimiento de una relación comercial—.

 

Considero que la inclusión de títulos de unas cuantas editoriales argentinas en el fondo de algunas librerías españolas —aunque solamente unas pocas estén interesadas en hacerlo y/o se lo puedan permitir— es un buen signo que supone un enriquecimiento de la oferta del mercado. La oferta en las librerías de títulos publicados por editoriales de otros países tanto hispanohablantes como pertenecientes a otros ámbitos lingüísticos enriquece nuestro entorno y amplía nuestros horizontes. Me encantaría que en las librerías españolas además hubiera más libros publicados por editoriales de otros países hispanoamericanos cuya industria editorial es menos potente que la argentina —es posible encontrar alguna cosa aquí y allí pero en general la oferta es bastante escasa y supongo que la demanda también lo es—. Sin embargo, soy consciente de que hay un gran número de obstáculos y limitaciones que hacen que importar y vender en España los títulos de este tipo de editoriales sea un esfuerzo bastante difícil de asumir y poco rentable.

 

Para dar cuenta de una manera muy global de la situación de la edición en Argentina y ponerla en contexto, a continuación reproduzco algunos gráficos que contienen cifras con respecto a la industria editorial iberoamericana así como a los hábitos de lectura y compra de libros de los habitantes de la región desde una perspectiva comparada por países:

 

 

 

 

 

 

 

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Los cinco primeros gráficos fueron extraídos del estudio “El espacio iberoamericano del libro 2012”, que fue realizado por Lenin Monak y publicado por el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC); la última tabla se extrajo del informe “Mercado editorial de Argentina y Ciudad de Buenos Aires” correspondiente a 2013, que fue realizado por el Observatorio de Industrias Creativas (OIC) del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

 

Recomiendo leer ambos documentos así como echarle un ojo al blogroll del blog de Eterna Cadencia.

 

Gracias, en primer lugar, a Julieta Lionetti no sólo por aclararme algunas dudas con respecto al panorama actual tanto de la industria y del mercado editorial como de la lectura en Argentina, sino también por llamarme la atención sobre ciertos aspectos que yo no había tenido en cuenta; y, en segundo lugar, a Marta Ramoneda por su amable y detallada explicación con respecto a la manera como vienen llegando las editoriales argentinas a La Central.

experiencia de compra y elección racional: hacia un consumo reflexivo

Entre todos los puntos de venta o tipos de establecimientos comerciales que se dedican a vender libros, ¿en cuáles preferimos los lectores comprar y dejar nuestro dinero?

 

Ya que soy yo quien plantea la pregunta, a continuación comparto con ustedes mi respuesta —que obviamente está condicionada por mis intereses, inclinaciones, necesidades y posturas como lector y/o consumidor—:

 

– en librerías no especializadas que además de contar con una oferta amplia y diversa me ofrezcan una alta probabilidad de encontrar aquellos libros que esté buscando independientemente del género al que pertenezcan o de la temática de la que se ocupen.

– en librerías especializadas en aquellos géneros, temáticas, tradiciones, áreas geográficas o idiomas específicos que forman parte de mi órbita de intereses y donde casi con toda seguridad encontraré los libros que busco en relación con ésta.

– en librerías que cuenten con libreros que además de estar en capacidad de orientar y hacer recomendaciones conozcan las inclinaciones, las preferencias y los gustos de su clientela.

– en librerías que me permitan acceder lo antes posible a aquellos títulos que no tengan en stock cuando yo vaya a buscarlos, respondiendo rápidamente a necesidades urgentes.

– en librerías cuya oferta cuente con ediciones en lengua original de libros escritos en otros idiomas.

– en librerías que ofrezcan títulos descatalogados, bien sea nuevos o bien de segunda mano.

– en librerías que al tener una buena programación de actividades jueguen un rol de dinamización cultural en su entorno.

– en librerías que les den un trato justo a los editores y que estén dispuestas tanto a trabajar de manera coordinada con éstos como a ofrecerles su apoyo en aspectos como la comunicación, la promoción y el marketing.

 

 

 

 

 

Como no suele ser fácil encontrar una librería en la que todas estas condiciones se cumplan a la vez, cuando voy a comprar un libro el peso de cada una de ellas en mi decisión de ir a una o a otra varía según los rasgos de éste y mis necesidades puntuales del momento. Debido a lo anterior normalmente escojo la librería a la que iré dependiendo del tipo de libro que tenga en mente comprar. En función de mis intereses, inclinaciones y necesidades, algunas de las librerías de Barcelona en las que suelo hacer mis compras son Abracadabra, AltaïrCasa Anita, Documenta, JaimesLa Central, LaieLe Nuvole y Negra y Criminal. Aunque con frecuencia mis compras tienen algo de azaroso porque casi siempre que de manera inesperada me llama la atención algún libro que no había previsto adquirir termino llevándomelo conmigo, la mayor parte de las veces decido racional y premeditadamente qué comprar y dónde hacerlo teniendo en cuenta no sólo el tipo de título que busco sino también la capacidad de la librería de ofrecerme servicios que en cada caso obedezcan a mis necesidades y expectativas.

 

Ahora que el sector del libro está en una encrucijada por la coincidencia de la crisis económica y del cambio de paradigma —recomiendo leer las reflexiones, las observaciones y los comentarios que Manuel Gil viene publicando sobre este tema en Antinomias libro— la sumatoria de las decisiones de compra de cada consumidor y/o lector puede hacer una diferencia significativa sobre todo para aquellas librerías que están pasando por una situación financiera complicada. Es por eso que en cierto sentido esta entrada es una invitación al consumo reflexivo basado en la elección racional a partir de un balance de la experiencia que les ofrecen las librerías a sus clientes reales o potenciales.

 

Las visitas a las librerías juegan un rol central en mi vida tanto personal como profesional por lo que significa para mí no sólo salir a pasear por la ciudad y echarle un ojo a lo que se está publicando, sino también asistir a un lugar que es un punto de encuentro y que propicia el contacto con otras personas, salir del aislamiento social en el que a menudo vivimos quienes trabajamos como freelance, sacar la cabeza del hoyo negro en el que por momentos llega a convertirse el mundo de los entornos de generación 2.0 y contrarrestar la tendencia al sedentarismo que es cada vez más común en nuestros días. Debido a lo anterior prefiero seguir comprando los libros en papel en mis librerías de ladrillo y cemento favoritas al menos que la imposibilidad de encontrar allí en un tiempo prudencial y a un precio razonable lo que esté buscando me lleve a recurrir a una tienda en línea. Mi posición a favor de un espacio cuya supervivencia a futuro está seriamente amenazada es sostenible hoy en día gracias en parte a la existencia de libreros como Paco Camarasa, Jesús Casals, Josep Cots, Damià Gallardo o Ricardo Rendón, que hacen que la visita a las librerías y la experiencia de compra sean gratas para quienes vamos allí.

 

 

 

 

 

 

Varios agentes vinculados al mundo barcelonés de la cultura y del libro vienen trabajando en El Mapa de Librerías de Barcelona, un proyecto colaborativo que está construyéndose en Google Maps. Los aportes de quienes participan en la construcción de este mapa que se actualiza de manera abierta y continua pueden dar cuenta de la constante evolución del tejido de librerías de Barcelona, que desde hace un tiempo viene sufriendo modificaciones significativas —durante el último año han cerrado algunos establecimientos mientras que otros han abierto sus puertas recientemente—.

martes, febrero 12, 2013 categorizado bajo grandes superficies, librerías, librerías independientes, libreros

¿quién quiere un mundo sin librerías?

Yo no. Las librerías son un elemento fundamental del mundo en el que me muevo y en el que quiero seguir moviéndome. Creo que las librerías enriquecen en muchos sentidos la vida de las ciudades y de las personas que viven en ellas. De hecho, cada vez que voy a una ciudad procuro visitar sus librerías —tanto las que me han recomendado previamente como las que voy encontrándome por el camino—. Sin embargo, hay quienes ven las cosas de otra manera. Y la evolución de las ventas de libros podría estar dándoles la razón a quienes ven las librerías como un elemento anacrónico, casi inútil y absolutamente prescindible en el mundo de hoy.

 

Los argumentos en defensa de las librerías que apelan a su rol cultural y a su valor simbólico —algunos de los cuales yo mismo comparto— son válidos en los planos emotivo, histórico y sociológico pero si se miran desde un punto de vista pragmático basado en la racionalidad económica no se sostienen. Ninguna ley natural, divina o de vida estipula que las librerías deban seguir estando presentes en este mundo porque su existencia es el resultado de una creación humana en un momento histórico específico. Los tiempos cambian y con ellos los elementos que conforman nuestro entorno, así que no hay razón para creer que alguno de ellos tenga garantizada su existencia hasta el fin de los días o para basar la defensa de su supervivencia argumentando que ‘es imprescindible porque ha estado ahí desde siempre’.

 

 

 

Portada de la edición de junio 9 y 16 de 2008 de la revista The New Yorker.

(Ilustración de Adrian Tomine)

 

 

En estos tiempos de cambios en los que las ventas de libros a través de grandes plataformas de comercio electrónico son cada vez mayores las librerías de bricks-and-mortar tienen el reto de demostrarles tanto a los demás actores de la cadena de valor del libro como a sus clientes potenciales que siguen teniendo algo valioso que aportarles. Y para hacerlo es necesario que pasen por un proceso de reinvención y de reconversión —un tema que fue abordado en el especial “Jaque o gambito: librerías y entorno digital” del número 14 de de la revista Texturas—. Mientras las librerías continúen canalizando una parte importante de las ventas de libros seguirán siendo fundamentales para los editores, que por lo menos de momento todavía necesitan mesas y estanterías en las que exhibir sus títulos para que muchos consumidores puedan acceder a ellos.

 

Entre las medidas cuya adopción puede ayudar al fortalecimiento del sector librero vale la pena tomar como punto de partida las siguientes, que son tan elementales que pueden sonar a obviedad —en la medida de lo posible trataré de apoyarme en ejemplos de mi entorno cercano que conozco más o menos bien para ilustrar cada planteamiento—:

 

– la especialización en áreas temáticas, disciplinas o géneros para construir una clientela de públicos de nicho: crear una oferta amplia, sólida y diversa alrededor de un número limitado de temas para llegar a nichos de lectores con necesidades e intereses específicos. Pienso en librerías como Abracadabra llibres, Le NuvoleNegra y Criminal o Xoroi.

– el mejoramiento de su capacidad de responder rápidamente a la demanda de los consumidores: como está claro que debido a diversas limitaciones una librería sólo puede tener en sus estanterías una pequeña parte de la oferta editorial existente en el mercado, es importante que pueda hacerle llegar en el menor tiempo posible a su clientela aquellos títulos que no tenga disponibles en sus locales y almacenes cuando ésta los solicite —justamente una de las ventajas competitivas de las grandes tiendas de comercio electrónico consiste en su capacidad de responder inmediatamente a la demanda de los consumidores, que desde un punto de vista operativo es donde radica una de las mayores fortalezas de Amazon—. ¿Es posible pensar en una alianza entre distribuidores y libreros para que las librerías puedan hacerle llegar a su clientela en un par de días los libros que solicite y que éstas no tengan en stock?

– el ejercicio de un rol de dinamización cultural en su entorno: la propuesta de una oferta de actividades culturales que estén en sintonía con los intereses de su público objetivo por cuestiones tanto temáticas como de proximidad geográfica. Abracadabra llibresLa CentralLaieLe NuvoleNegra y Criminal y Pequod llibres constituyen buenos ejemplos.

– el desarrollo de una buena presencia en línea: por un lado, montar una página Web que cuente con una base de datos en la que pueda consultarse el fondo que conforma la oferta de la librería y que permita gestionar ventas a través de una plataforma de comercio electrónico; y, por el otro lado, poner en marcha una estrategia de comunicación y marketing en entornos de generación Web 2.0.

– la diversificación de la oferta de productos: vender otros artículos asociados bien sea al mundo del libro o bien a los campos temáticos relacionados con las áreas de especialidad de la librería. LaieLa Central vienen explotando muy bien este aspecto en sus locales, sobre todo en sus librerías boutique de museos y centros culturales.

 – last but not least, el fortalecimiento de su rol prescriptor: además de un catálogo compuesto por una buena selección de títulos, el conocimiento por parte de los libreros de los intereses y hábitos lectores de su clientela es fundamental para la prescripción. Todas las librerías mencionadas anteriormente son bastante fuertes en este aspecto.

 

En síntesis, es fundamental que las librerías demuestren cada día que tienen un valor que aportar y que éste sea percibido por los consumidores —con respecto a este tema recomiendo leer el artículo “Novel Ideas For Indie Bookstores” que Josep M. Vinyes comentó recientemente en la entrada “El modelo de negocio de las librerías está cambiando”, del blog Actualidad editorial—.

 

 

 

Portada de la edición de diciembre 5 de 2011 de la revista The New Yorker.

(Ilustración de Daniel Clowes)

 

 

No tengo mayor cosa que decir con respecto a todo lo relacionado con la gestión económica, financiera y comercial de las librerías, que es un tema sobre el que algunos de sus mayores conocedores en nuestro medio como Manuel Gil y Txetxu Barandiarán suelen ofrecernos reflexiones, análisis y propuestas de una riqueza enorme.

 

En un momento en el que incluso el futuro de Barnes & Noble parece ser incierto —por no hablar de otras grandes cadenas de venta de libros, música, películas y artículos de electrónica de consumo como HMV, la filial francesa de Virgin Megastore y Fnac— vale la pena preguntarse no sólo cuáles son las posibilidades de supervivencia de las librerías teniendo en cuenta aspectos como su tamaño, su enfoque y su ubicación, sino también por dónde deben pasar éstas.

 

Con respecto a la situación actual de Barnes & Noble y a su posible evolución a futuro vale la pena leer los siguientes artículos:

 

– “B&N results are disappointing, and one wonders if prior success with NOOK might deserve part of the blame”“More thoughts about the future of bookstores, triggered by Barnes & Noble’s own predictions for itself”, de Mike Shatzkin.

– “Barnes & Noble’s Big Problem —and What to Do About It”, de Jeremy Greenfield.

 

Recomiendo prestarles mucha atención a las palabras de Laura Hazard Owen de paidContent en este vídeo de BiblioStarTV que fue realizado durante la conferencia Digital Book World 2013 —ojo al comentario según el cual a menudo la única librería que muchos estadounidenses tienen cerca es una tienda de Barnes & Noble y a la alerta sobre el riesgo de que a esta cadena de aquí a un par de años le pase lo mismo que a Borders—:

 

 

 

 

El material promocional del Día de las Librerías de 2011 incluía las siguientes diez razones para comprar los libros en las librerías:

 

Comprando aquí tus libros…

1/ Apoyas la economía local

2/ Ayudas al medio ambiente

3/ Creas empleo en tu comunidad

4/ Fomentas un bien cultural

5/ Compartes nuestra experiencia

6/ Alimentas la red social

7/ Apoyas a los emprendedores

8/ Dinamizas el tejido cultural y social de tu barrio

9/ Favoreces la libertad de elección y la diversidad

10/ Haces de tu librería un destino único’

 

 

 

 

Algunos de estos planteamientos me parecen parcial o totalmente razonables y válidos pero otros, por el contrario, no sólo me resultan poco o nada convincentes sino que además me suenan a retórica vacía. ¿Qué opinan ustedes al respecto?

el día de las librerías

Mañana viernes 30 de noviembre se celebra en España el Día de las Librerías, que es organizado por la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (CEGAL). Así se presenta el Día de las Librerías en su página Web:

 

‘El día 30 de noviembre de 2012 es nuestro día, el Día de las Librerías.

 

También es el día de todos los lectores, de los que nos visitan asiduamente y de aquellos que lo hacen de forma esporádica. Ese día las puertas de las librerías españolas estarán más abiertas que nunca para todos, no cerraremos hasta las diez de la noche.

 

Las librerías trabajamos para difundir el libro y fomentar la lectura y para conseguirlo ofrecemos un marco ideal, el marco cultural que necesita el libro. Las librerías independientes españolas somos un espacio que propicia el encuentro entre lectores y libros en un entorno lleno de alicientes culturales y donde prima la atención personalizada de libreras y libreros comprometidos con su oficio. Comprar un libro en una librería independiente tiene valor añadido y los lectores lo saben.

 

El viernes 30 de noviembre queremos que sea un día especial para todas las personas que entren en una librería. Todos los lectores que nos visiten disfrutaran de una gran variedad de actividades culturales, obsequios y descuentos especiales.

 

A los libreros y libreras nos gusta leer y nos encanta aconsejar libros a nuestros clientes. El viernes 30 acércate a las librerías, tenemos tu libro‘.

 

 

 

 

Todas las actividades programadas para el Día de las Librerías pueden consultarse aquí.

 

Para promocionar el Día de las Librerías sus organizadores han recurrido a una serie de ingeniosas imágenes cuyos juegos de palabras me recuerdan los anuncios de las librerías Gandhi de México.

 

 

 

 

En un momento particularmente difícil para las librerías esta campaña de CEGAL puede contribuir a dirigir tráfico hacia éstas, a llamar la atención sobre su importancia en la articulación de una dinámica cultural en la vida de su entorno y a darles un pequeño impulso a las ventas.

 

¿El Día de las Librerías forma parte de una estrategia de CEGAL a mediano y largo plazo o es una iniciativa suelta que carece de continuidad? Creo que de la respuesta a esta pregunta dependen en gran parte los resultados de este esfuerzo.

 

De momento, esta entrada es una invitación a participar mañana en el Día de las Librerías.