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rigor, control de calidad y veracidad en la edición de no ficción

El pasado 3 de septiembre apareció en The Atlantic el interesante artículo “Book Publishing, Not Fact-Checking”, de Kate Newman. En su artículo Newman aborda el problema de la verificación de datos en la edición de libros de no ficción. Newman cita a Craig Silverman, quien mientras escribía su libro Regret the Error hizo un sondeo con respecto al nivel de verificación de datos que la gente creía que se aplicaba en tres tipos diferentes de publicaciones: libros, revistas y periódicos. Según Silverman, la mayor parte de la gente con la que habló creía que el nivel de verificación de datos era más alto en los libros que en las revistas y en los periódicos.

 

 

 

BOOK_PUBLISHING_NOT_FACT_CHECKING

 

 

Tras presentar en la parte inicial de su artículo el caso de dos libros que se basan en la historia de la activista por los derechos humanos Somaly Mam —que desde que salió a la luz fue dada por verdadera pero que presuntamente es falsa, según se denunció hace un tiempo— sobre la manera como fue prostituida durante su niñez en Camboya y mencionar algunos ejemplos más, Newman hace dos afirmaciones que desvirtúan la creencia popular según la cual en los libros hay un alto nivel de verificación de datos:

 

1. la mayoría de los libros no son sometidos a verificación de datos.

2. muchos lectores no se dan cuenta de que la verificación de datos nunca ha sido una práctica habitual en el mundo de la edición de libros.

 

Newman destaca el hecho de que ante un fraude como el de Mam las críticas hayan recaído más sobre los autores que en sus libros han dado cuenta de su “heroica” historia y sobre ella misma que sobre las editoriales que han publicado dichos libros. En su artículo Newman comenta que ‘las casas editoriales carecen de los fondos para realizar operaciones de verificación de datos pero este argumento cada vez es más difícil de aceptar, particularmente cuando se trata de grandes sellos’.

 

Para mí está claro que en el caso de la no ficción tanto los autores como las editoriales tienen una responsabilidad con respecto a la veracidad, a la exactitud y a la fiabilidad de los contenidos que se publican. Más vale que durante el proceso de edición los contenidos sean sometidos a los controles de calidad más estrictos para que en caso de enfrentarse a cuestionamientos o polémicas los autores y las editoriales puedan defender el valor y la solidez de su trabajo, evitando así poner en peligro la credibilidad y el prestigio que han construido. Lo que no tengo tan claro es hasta dónde llega la responsabilidad de los autores y dónde empiezan las editoriales a ser responsables. En mi opinión, estamos ante una frontera bastante difusa pero quisiera hacer algunas consideraciones con respecto a la importancia de que las editoriales asuman una parte importante de esta responsabilidad. Como soy plenamente consciente de que se trata de una responsabilidad compartida, no pretendo liberar a los autores de ésta y atribuírsela totalmente a las editoriales. Quiero más bien llamar la atención sobre las diferencias existentes entre la naturaleza y el estatus de las editoriales y los autores.

 

 

 

TRUTHOMETER

 

 

 

Hay algunos factores de carácter estructural en los que las editoriales se diferencian significativamente de los autores:

 

– tienen una capacidad operativa y una disponibilidad de recursos mayores.

– cuentan con una experticia y un know-how bastante amplios y profundos en relación con los procesos de edición de contenidos.

– son marcas corporativas que tienen un entorno, un abanico de productos y servicios, una proyección y un ciclo de vida muchos más amplios que los autores, que son marcas personales.

 

Estos tres factores de carácter estructural son la fuente de un factor diferencial necesario para explicar por qué en términos de veracidad, credibilidad y fiabilidad los contenidos de no ficción que las editoriales publican podrían ser más confiables que aquellos que sean publicados directamente por sus autores sin someterlos a ningún filtro previo. Si ahora que las barreras de entrada para producir y publicar contenidos se han venido abajo hasta prácticamente desaparecer se necesitan argumentos en defensa del valor que aportan las editoriales, creo que en factores como éstos podríamos encontrarlos. Ahora bien, en este contexto las editoriales tendrían que demostrarnos que efectivamente están aportando un valor que los autores que se autopublican no están en capacidad de ofrecer. Para bien o para mal las editoriales ya no son los guardianes exclusivos del acceso a la publicación, por lo que su autoridad no puede seguir dándose por sentado así como hoy en día la naturaleza física del libro en papel tampoco es garantía de nada.

 

 

 

FACTCHECK

 

 

 

En el vasto campo de la no ficción hoy en día las editoriales pueden aportar el valor necesario para ganar autoridad y reforzarla de cara tanto a sus competidores como a los autores que se autopublican no sólo mediante la verificación de datos, sino también a través de la inclusión en sus libros de piezas complementarias de diversos tipos que enriquezcan el contenido y que al ampliar la perspectiva permitan profundizar en los temas de los que éste se ocupa: índices onomásticos, aparatos críticos, elementos contextuales, glosarios, listados exhaustivos de fuentes documentales de diferentes naturalezas, tablas y gráficos, infografías, ilustraciones, líneas de tiempo, recursos multimedia, etc.

 

Aunque es verdad que los autores que se autopublican también están en capacidad de producir estas piezas complementarias para enriquecer los contenidos de sus libros, las editoriales pueden hacerlo más cómodamente porque su capacidad operativa y los recursos que tienen a su disposición son mucho mayores. La inclusión de este tipo de piezas complementarias en el contenido de una obra de no ficción aporta un valor que marca una diferencia entre los libros que las tienen y aquellos que no. Como lector valoro particularmente los libros que me suministran un conjunto de contenidos de esta naturaleza.

 

Quizás la amenaza que las editoriales ven en los autores que se autopublican se convierta en un incentivo para que muchas de las que trabajan en el ámbito de la no ficción no sólo apuesten por tratar la información con más rigor con el propósito de reforzar su credibilidad de cara a sus públicos, sino que además aprovechen los recursos que tienen a su disposición para producir contenidos más ricos y mejores.

 

A quien le interese profundizar en este tema le recomiendo echarle un ojo a la entrada “la verificación de datos y la credibilidad en la producción de contenidos”, que publiqué en febrero de 2013.

viernes, septiembre 5, 2014 categorizado bajo literatura, mis libros favoritos

el tiempo es escaso y hay mucho que leer

La primera vez que fui consciente de que no tenía todo el tiempo del mundo para ocuparme de todos los libros que quería leer fue en 2001, cuando tuve mi primer trabajo. Tras pasar una parte del día trabajando y la otra asistiendo a mis clases de la universidad, al final de la jornada no tenía ni fuerzas ni capacidad de concentración para leer. Durante el primer semestre de ese año pasé la mayor parte de los fines de semana estudiando y debía repartir el poco tiempo libre que tenía entre mi novia de la época, mis amigos y mi familia. Y la verdad es que no siempre era fácil repartir ese tiempo de una manera más o menos equilibrada. Vivía con una sensación permanente de que no tenía suficiente tiempo y me angustiaba constatar varias veces al día que aunque hiciera todo el esfuerzo del que era capaz, nunca llegaría a terminar en los plazos establecidos todo lo que tenía que hacer.

 

 

 

CALENDARIO

 

 

 

***

 

La evolución de mi comportamiento como lector ha hecho que mis criterios para escoger mis lecturas hayan variado en diferentes momentos. En las distintas etapas de mi historia como lector he escogido mis lecturas siguiendo algunas pautas básicas:

 

– leer los libros que mencionaban y comentaban los pocos lectores que me rodeaban —básicamente mis profesores y compañeros del colegio—.

– leer los clásicos de la literatura latinoamericana.

– leer todo lo que me caía en las manos.

– leer obras de autores representativos de la literatura colombiana de la segunda mitad del siglo XX.

– leer el canon occidental para mis cursos de la universidad y obras de autores no canónicos durante mi tiempo libre.

– leer de todo un poco durante mi tiempo libre de acuerdo con lo que me apetecía, con las recomendaciones que me hacían unas cuantas personas de confianza y con las referencias que encontraba en mis lecturas —los clásicos griegos, el teatro del Siglo de Oro, Shakespeare, el boom latinoamericano, los narradores estadounidenses de la primera mitad del siglo XX, el Nadaísmo, las novelas contemporáneas, etc.—.

– leer literatura contemporánea.

– leer lo que me gusta y explorar nuevos territorios de vez en cuando.

 

Al verla en retrospectiva creo que esta evolución ha sido muy importante para mí porque en su momento me permitió establecer los referentes básicos de mi universo lector, amoblarlo a mi medida y construir un criterio y un gusto propios.

 

***

 

En 2002 estaba empezando a hacer mi proyecto de grado de la carrera de Literatura. Mientras lo desarrollaba mi proyecto tenía un nombre de trabajo que para mí era una especie de declaración de intenciones: “Nuevas voces de la narrativa”. Al final el título de mi trabajo de grado fue “Narrativa contemporánea: ¿quién y en qué condiciones la está leyendo?”. Un día tuve una conversación sobre mi proyecto con mi profesora M.—gracias a la cual leí la Biblia como un texto literario, descubrí la novela inglesa del siglo XVIII y me aficioné a la narrativa francesa del siglo XIX—. En algún momento de nuestra conversación que yo mencioné a Santiago Gamboa mi profesora M. dijo algo que me marcó: ‘Gamboa no tiene nada que decirle a alguien que no haya crecido en Bogotá en la calle tal con tal’. Más adelante en respuesta a algo que dije sobre Jorge Franco mi profesora M. dejó caer otro comentario que iba en la misma dirección del anterior: ‘Yo creo que puedo morirme sin leer a Jorge Franco’.

 

Los comentarios de mi profesora M. confirmaban una vez más mi idea de que el Departamento de Literatura de mi universidad vivía anclado en el pasado y de que allí no existía el más mínimo interés por lo que pasaba en el ámbito de la producción literaria de nuestros días. Y en cierta medida mi proyecto era una respuesta contra esa postura reaccionaria que predominaba entre mis profesores según la cual en la literatura aparte del canon occidental había pocas cosas que valieran la pena. En síntesis, para mí esa conversación con mi profesora M. validó una vez más el sentido de mi proyecto y me dio una señal de que éste iba por un buen camino.

 

***

 

Con algunos de los libros que he empezado a leer este año he tenido una relación conflictiva. Me refiero particularmente a las siguientes novelas: La plaça del Diamant, de Mercè Rodoreda; Crematorio, de Rafael Chirbes; El abuelo que saltó por la ventana y se largó, de Jonas Jonasson; Delirio, de Laura Restrepo; y El enredo de la bolsa y la vida, de Eduardo Mendoza. Se trata de novelas con las que por razones diferentes en cada caso no conseguí conectar y a las que les di todas las oportunidades que pude. En los casos de La plaça del DiamantEl abuelo que saltó por la ventana y se largó y Delirio decidí dejar de leerlas poco antes de llegar a la mitad porque su lectura se fue tornando cada vez más insoportable pero en los de CrematorioEl enredo de la bolsa y la vida opté por terminarlas —muchas veces estuve tentado a abandonar estas dos novelas, por lo que todavía no tengo claro por qué llegué hasta el final—.

 

 

 

LECTURAS_TEDIOSAS

 

 

 

Soy ante todo un lector de ficción pero en este campo hay ciertos géneros y subgéneros que no me gustan: la épica, la ciencia ficción, la literatura fantástica y de aventuras o la novela juvenil. Es por eso que no he leído y que lo más probable es que nunca lea el Cantar de los nibelungosFharenheit 451, El señor de los anillos, Harry Potter o Juego de tronos. Estamos frente a una cuestión de intereses, afinidades y gustos de la que ni me avergüenzo ni me enorgullezco. Aunque también es verdad que me produce una satisfacción enorme tener claro lo que me gusta y ser capaz de identificar con facilidad el tipo de lectura que me resulta más apropiado para cada ocasión o circunstancia de acuerdo con mis necesidades, mis intereses, mi estado de ánimo y mi disposición del momento.

 

En el ámbito estrictamente personal que asocio a mi tiempo libre desde hace años me niego a leer hasta el final aquellos libros con los que no conecto y cuya lectura no me resulta estimulante. Considero que hacerlo para mí hoy en día supone robarles tiempo a obras que todavía no he leído y quiero leer —pienso en Gargantúa y Pantagruel, Moll Falnders, Orgullo y prejuicio, Guerra y paz, Los hermanos KaramázovBouvard y PécuchetLa señora Dalloway, La región más transparente, El siglo de las luces o Los versos satánicos, por ejemplo— a la relectura de mis libros favoritos, a Ana o a mis amigos. Ahora entiendo que el tiempo es valioso porque es escaso y por eso no soporto desperdiciarlo en lecturas que me resultan insatisfactorias o tediosas e incluso tiendo a apostar por leer libros que al menos potencialmente representan valores seguros para mí. A menudo cuestiono el pragmatismo excesivo y lo poco arriesgado de mi actitud pero estoy convencido de que cuando uno va haciéndose mayor y cuenta con ratos libres muy limitados más vale que escoja cuidadosamente lo que lee porque no dispone de mucho tiempo y en cambio sigue habiendo mucho por leer. Cito un comentario que José Antonio Muñoz hizo en Twitter hace unas semanas durante una conversación que sostuvimos a propósito del volumen de novedades de esta rentrée: ‘uno ya tiene una edad y hay que empezar a dedicarse a lo imprescindible, antes de que llegue la parca’.

 

Hace tiempo decidí que nunca más leería un libro ‘porque hay que leerlo’ y concluir que para mí este argumento carece de validez significó quitarme un peso de encima. Al fin y al cabo como dice Daniel Pennac en la primera frase de Como una novela, ‘el verbo leer no soporta el imperativo. Aversión que comparte con otros verbos: el verbo “amar”…, el verbo “soñar”…’

 

Entre los derechos imprescindibles del lector que nos sugiere Pennac al final de su libro quisiera destacar los siguientes cuatro que para mí son fundamentales:

 

1. El derecho a no leer.

3. El derecho a no terminar un libro.

4. El derecho a releer.

5. El derecho a leer cualquier cosa.

 

 

 

COMO_UNA_NOVELA

 

 

 

Considero que es fundamental que cada uno construya su criterio como lector basándose en sus intereses, afinidades, gustos y necesidades personales. Esta entrada es una invitación a leer sólo aquello que se nos antoje sin aceptar imposiciones externas de ninguna clase, a estar abiertos a acoger sugerencias de lectura de personas que nos conozcan bien y que sepan lo que nos gusta o cuyo criterio nos resulte confiable, a explorar todos los territorios que queramos, a dejarnos llevar por nuestra intuición, a estar dispuestos a equivocarnos en nuestras elecciones, a corregir el rumbo cuando tomemos decisiones deacertadas y a no creernos nunca eso de que ‘hay que leer tal o cual libro’ porque seguramente perderemos el tiempo leyendo cosas con las que no conectamos o que no nos interesan.

 

Me gustan y valoro particularmente aquellos libros que hacen que me sienta feliz de no morirme sin haberlos leído, que me dejan un vacío cuando los termino, que me cambian la vida y que marcan un antes y un después en mi experiencia vital.

el boom visto por xavi ayén

Durante las últimas semanas he dedicado una parte importante de mi tiempo libre a la lectura de Aquellos años del boom, de Xavi Ayén (RBA, 2014). Aquellos años del boom ofrece a partir de diversos documentos y testimonios una visión de un fenómeno extraordinario de la literatura latinoamericana que se gestó en los años 1960. Este libro que ganó el Premio Gaziel de Biografías y Memorias 2013 es el resultado del riguroso trabajo de investigación de Ayén, que desde una perspectiva que según las necesidades de cada momento se mueve con fluidez entre la panorámica global y el detalle minucioso demuestra un conocimiento extenso y profundo del boom como fenómeno literario, cultural y político. Cuando veo en mi mesa de noche mi ejemplar de Aquellos años del boom imagino con una fascinación tremenda el conocimiento, el mapa mental, la red de relaciones tanto personales como de datos y hechos, el modo de trabajo y las notas de Ayén —lo que inicialmente fue una intuición lo he confirmado en medio de algunas conversaciones que durante el último año he tenido con Marcel Ventura, nuestro amigo en común que conoce de cerca el making-of de este libro—. Recomiendo leer el artículo “El método Ayén” que Llàtzer Moix escribió hace unas semanas para el especial “Cuando Barcelona hizo boom” del suplemento cultura/s, del diario La Vanguardia.

 

Como autor, la mayor parte del tiempo Ayén parece una figura invisible que de repente se implica personalmente y se expone en su relato cuando éste lo exige. Con respecto al boom dice Ayén en el último párrafo de la introducción de su libro:

 

‘A mí me gusta verlo, sencillamente, como una bonita historia que sucedió en mi ciudad y que acabó, aquel 12 de febrero de 1976, de un modo tan novelesco: con un filete ensangrentado en el ojo de Gabo’.

 

También vemos a Ayén implicado personalmente en su relato cuando dice que ‘el día que el boom llegó a mi ciudad yo todavía no había nacido’, que ‘cuando vine al mundo y, sobre todo, un poco después, la ciudad se convirtió en un parque temático del boom‘ o que ‘a lo mejor me crucé con alguno de aquellos escritores cuando mis padres me llevaban al pediatra, que tenía consulta en el barrio donde todos ellos vivían’. Si quieren conocer el origen de la relación de Ayén con Carmen Balcells o la manera como la agente literaria urdió su encuentro con García Márquez a finales de diciembre de 2005 en México, tendrán que leer Aquellos años del boom.

 

 

 

 

AQUELLOS_AÑOS_DEL_BOOM

 

 

 

Ayén destaca desde el principio la importancia que el libro ha tenido históricamente en Barcelona. Y en los anteriores fragmentos de las primeras páginas de su libro es evidente que para Ayén la ciudad juega un rol protagónico en el desarrollo del boom. A continuación veremos algunos ejemplos en los que se abordan estos dos temas que están estrechamente relacionados.

 

– Sobre la relación entre Barcelona y los libros:

 

‘Junto a la arquitectura de Gaudí y los triunfos deportivos del Barça, hay algo relacionado con el libro que forma parte del complejo ADN de los barceloneses. Los primeros impresores de la ciudad se remontan al siglo XV, poco después de que el invento de Gutenberg fuera introducido en la península Ibérica. La industria editorial es uno de los pilares que permiten a la segunda urbe española disputar la supremacía a Madrid. Barcelona, mediana población mediterránea, es, también, el origen del Día Mundial del Libro, fiesta que se ha expandido por diversos países y que la Unesco universalizó en 1995’.

 

– Sobre la manera como Barcelona atrajo a escritores latinoamericanos anteriores al boom como Domingo Faustino Sarmiento, Rubén Darío, Rómulo Gallegos y José María Vargas Villa:

 

‘Los autores del boom no fueron los primeros latinoamericanos en llegar a la ciudad’.

 

– Sobre el rol de Barcelona como capital cultural latinoamericana:

 

‘Algo sucedió para que en poco más de diez años la ciudad pareciera otra, para que entrados los setenta se convirtiera en la capital de la cultura latinoamericana.

Vargas Llosa recuerda que “autores de toda América Latina llegaban a Barcelona con el sueño de triunfar. Aquí estaban las editoriales que permitían llegar a públicos más amplios que los pequeños sellos que existían en nuestros países de origen. El clima era muy exultante, se vivía la literatura por todos lados, yo mismo fui jurado de diversos premios. Barcelona se convirtió en la nueva capital cultural de América Latina, como lo había sido París para mi generación. Llegaban jóvenes escritores de todos los países, Argentina, Colombia, Perú, Nicaragua… atraídos por el prestigio y la mitología de la ciudad, con fama de abierta, internacional y capaz de lanzar a un escritor al mundo”. El peruano no tiene duda: “El boom nació en Barcelona” porque “solo hubiera podido nacer en una ciudad donde el libro era el rey y en una circunstancia donde la literatura era la reina”‘.

 

– Sobre Barcelona como punto de encuentro para las figuras relacionadas con el boom:

 

‘Sucedieron cosas muy importantes en Buenos Aires, La Habana y México D. F., pero, en la etapa decisiva que va de finales de los años sesenta a finales de los setenta, Barcelona es, en palabras de Carlos Fuentes, “el meollo del asunto”, el lugar de cita de aquella constelación. Además de los escritores, aquí vivían dos elementos clave para que cuajara el boom: Carlos Barral y Carmen Balcells. “Todos lo sabíamos: había que pasar por Barcelona”, a decir de Fuentes’.

 

– Sobre la expansión y el crecimiento de la cuota de mercado de la edición barcelonesa en Latinoamérica:

 

‘El mundo semiclandestino de las editoriales en lengua catalana, por ejemplo, sale entonces a la luz: no solo Edicions 62, también la nueva Proa en 1964, Curial en 1972, Llibres del Mall en 1973 o Quaderns Crema en 1979. Su fuerza coincide con la de sellos en castellano que van a liderar la edición de todo el mundo hispanohablante. Desde aquí se editarán para toda Sudamérica diccionarios, enciclopedias, novelas, y los libros de Seix Barral, de la colección Biblioteca Básica RTVE (Salvat) o los de Bruguera, entre muchos otros, que llegarán a 300 millones de latinoamericanos. En 1967, la más importante editorial argentina se queja de que la competencia editorial que tradicionalmente han mantenido México, Argentina y España se está desequilibrando en favor de los españoles, que producen 13.000 títulos al año, frente a los 5.000 de Argentina y los 4.000 de México’.

 

– Sobre la influencia de Barcelona en los países latinoamericanos:

 

‘La brasileña Piñón asiente y cree que “quizás los propios catalanes no se dan cuenta de la importancia que Barcelona tiene en Latinoamérica’.

 

Es indudable que hoy en día Barcelona sigue siendo un importante centro de toma de decisiones en el mundo del libro en español debido a la presencia en la ciudad de un buen número de agencias literarias, editoriales y librerías que tienen mucho peso en el sector. Y las recientes fusiones y adquisiciones que dan cuenta del proceso de consolidación de la industria editorial que está en marcha actualmente —con protagonistas como Anagrama, Círculo de Lectores, Feltrinelli, Planeta, Penguin Random House, Prisa ediciones, Tusquets, la cadena de librerías La Central o las agencias literarias Carmen Balcells y Wylie— fortalecen la condición de hub de Barcelona en la edición en el ámbito hispanohablante.

 

Si al peso simbólico de la tradición que es fuente de una gran cantidad de mitos le añadimos su condición de punto de encuentro, es fácil entender la capacidad que tiene Barcelona de atraer a personas vinculadas al mundo del libro y a los distintos oficios de la edición. A menudo estas personas trabajan bien sea de manera sucesiva o bien simultáneamente como escritores, lectores, correctores, redactores, traductores, editores, encargados de prensa o periodistas —es bien sabido que en la edición abundan la rotación en los puestos y las colaboraciones externas—. Quizás durante los últimos cinco años Barcelona haya perdido una parte de su capacidad de atraer y retener a estos profesionales tanto locales como extranjeros, muchos de los cuales han optado por irse a buscar oportunidades laborales en otros países como consecuencia de la crisis económica española.

 

Ya veremos si de aquí a unos años Barcelona sigue conservando su posición dominante en la edición en español o si con el tiempo ésta se desplaza hacia otro centro más potente que tenga una influencia a nivel global no sólo en diferentes mercados, sino también en distintos ámbitos lingüísticos. Me pregunto si es posible que en algún momento la influencia histórica y actual de Barcelona se distribuya entre distintos centros de poder ubicados tanto en Estados Unidos como en Latinoamérica.

 

 

 

 

BCN&BOOM

 

 

 

Como puede verse a continuación, Ayén también aborda en Aquellos años del boom cuestiones como el estado de la industria editorial latinoamericana, la relación de fuerzas entre ésta y la española y las dificultades existentes para la circulación de la obra de los autores latinoamericanos en países diferentes del suyo —sería interesante ponerse a la tarea de comparar qué ha cambiado desde entonces en relación con estos tres aspectos—. Estos temas son abordados bien sea mediante observaciones de Ayén o bien a través de diversos testimonios que éste recoge al respecto.

 

– Sobre el boom como un fenómeno global de la literatura escrita en español:

 

‘Que un colombiano residente en México [García Márquez] publicara en Argentina era un indicio premonitorio del nuevo mercado global en español que iba a abrir el boom. Porrúa ya lo veía así, unos meses antes de publicar la novela [Cien años de soledad]:

“Será el primer caso de un narrador que ha comenzado su carrera literaria fuera del país y que va a convertirse en un escritor extranjero editado en la Argentina. Eso yo creo que sucede porque su temática es latinoamericana”‘.

 

– Sobre el estado de la industria editorial argentina a mediados del siglo XX —años antes de que la española se lanzara a la conquista de Latinoamérica mediante ese proceso de expansión al que hace referencia uno de los fragmentos citados anteriormente—:

 

‘”Nos creíamos, sin duda, la capital del boom —certifica Gloria López, nieta del fundador [de Sudamericana]—, nuestra industria editorial era entonces fuerte, la española no tanto, y toda América Latina leía nuestras traducciones, las argentinas, realizadas por nombres como Borges, Cortázar, Aurora Bernárdez, Bianco, Pessoni…”. Se habla del boom editorial argentino no solo porque los grandes autores internacionales se traducen allí sino por su capacidad de influencia en otros países y porque hay un incremento de ventas notable, que Porrúa asocia a “un crecimiento de la clase media a raíz del proceso de industrialización del país, nacen nuevos lectores, sobre todo jóvenes, universitarios”‘.

 

– Sobre la falta de editoriales en ciertas zonas de la región y las dificultades existentes para la circulación de la obra de los autores latinoamericanos en los diferentes países del ámbito hispanohablante:

 

‘Hay también motivos prácticos para que alguien que quiere emprender la carrera de escritor emigre. La América Latina de la época contaba con editoriales en Buenos Aires, Montevideo, Santiago de Chile y México. Y existían enormes trabas para que los libros circularan de unos países a otros, como denunció el mismo Nicanor Parra. El resto era un páramo. Como apuntaba el poeta venezolano Juan Liscano en 1966:

“En la zona que va desde Panamá a Bolivia prácticamente no hay casas editoras, de tal manera que los escritores de esta zona […] hallan enormes dificultades para salir a la superficie porque tienen que encontrar la manera de ser tomados por casas ya sea mexicanas, ya sea del sur del continente”‘.

 

 

 

FIGURAS_DEL_BOOM

 

 

 

Como muchos libros periodísticos y de no ficción en general, Aquellos años del boom puede leerse básicamente de tres formas diferentes —ojo, no estoy haciendo un planteamiento como el hecho por Cortázar en Rayuela ni mucho menos—: linealmente de principio a fin, de manera salteada tras abrir cualquier página al azar y siguiéndoles el rastro a personajes específicos a través del índice onomástico. Durante las dos últimas semanas yo he pasado largas horas leyendo Aquellos años del boom de estas tres maneras y podría pasar muchas más haciéndolo.

 

Ayén construye en Aquellos años del boom un relato ameno, sólidamente articulado y rigurosamente documentado que debería convertirse en una lectura de referencia en cualquier lugar donde se enseñe periodismo cultural e historia de la literatura latinoamericana. Aquellos años del boom es un libro que todo aquel que esté interesado en el periodismo cultural y en la literatura latinoamericana debería leer.

 

Espero que Aquellos años del boom llegue muy pronto a las librerías latinoamericanas para que los lectores de los distintos países de Latinoamérica puedan acceder a él porque se trata de un libro que explora a profundidad y desde perspectivas múltiples un capítulo clave de los últimos cincuenta años de nuestra historia. Para mí que a mediados de los años 1990 me inicié como lector con el boom este libro de Ayén será de ahora en adelante una referencia fundamental. Recomiendo leer Aquellos años del boom lápiz en mano —si alguien está buscando una lectura amena para estas vacaciones, ésta es una buena apuesta—. A quienes compren Aquellos años del boom les aseguro que difícilmente encontrarán una mejor manera de gastarse los 26 euros que cuesta el libro.

 

Quienes quieran leer un fragmento de Aquellos años del boom pueden acceder a través de este enlace a sus primeras páginas gracias a la edición en línea del suplemento Babelia, del diario El País.

miércoles, febrero 5, 2014 categorizado bajo crónica, literatura argentina, literatura latinoamericana, periodismo literario

una idea sencilla de leila guerriero: la historia y el estilo

El pasado 18 de octubre fui a La Central de Mallorca para ver a Leila Guerriero, que presentaba Una historia sencilla. Ya he dicho en ocasiones anteriores que como lector los autores no me interesan. Me interesa lo que escriben y punto —otra cosa es que desde el punto de vista profesional los autores me resulten interesantes o que en el plano personal puedan llegar a interesarme tanto como cualquier otro individuo con quien tenga algún tipo de afinidad—. De hecho, en mi mundo ideal los autores no se pronuncian públicamente sobre nada y dejan que sus libros hablen por ellos. Diría incluso que en una versión extrema de ese mundo ideal los autores no existen porque los libros son escritos por máquinas inteligentes. Así es más o menos el mundo en el que me gustaría vivir como lector.

 

Y aunque normalmente no voy a presentaciones de libros porque me parecen aburridísimas, en esta ocasión quería oír a Leila Guerriero porque me interesan mucho sus reflexiones con respecto al oficio del cronista. Leila Guerriero estuvo genial y encantadora durante la presentación de Una historia sencilla. Y tengo que confesar que mientras oía hablar a Leila Guerriero con Rodrigo Fresán la autora empezó a resultarme tan admirable como su trabajo.

 

 

 

 

 

 

 

De todo lo que dijo Leila Guerriero durante la presentación de Una historia sencilla me quedo con la siguiente idea relacionada con la importancia que se les debe dar tanto al contenido como a la forma en la construcción de una crónica —y de muchos otros tipos de textos literarios, creo yo—:

 

‘A mí me parece primero que nada que si no hay historia, no hay crónica. A mí me parece que esto básicamente es periodismo. Y la historia tiene que estar contada y todas las cosas básicas del periodismo —qué, cómo, cuándo, dónde, etc.— tienen que estar contadas. O sea, el libro podría estar divinamente escrito y no contar absolutamente nada. Qué sé yo: no contar la historia del malambo o no decir de dónde viene. Todo eso sería una falla, me parece. O sea, no es nada más como periodismo con adornos. Pero yo sí creo que si no hay estilo, no hay nada. A mí sí me interesa la búsqueda de una voz. Los autores que más me interesan son los autores que tienen un estilo como claro, como definido’.

 

Al igual que los de Truman Capote, Tom Wolfe y Gay Talese, los textos de Leila Guerriero tienen la capacidad de despertar mi interés por historias que abordan temas que a priori no me interesan, de mantenerme enganchado hasta el final y de dejarme una sensación de vacío cuando termino de leerlas.

 

Quizás por deformación profesional un detalle que me llama la atención de los cuatro libros que Leila Guerriero ha publicado como autora es que cada uno de ellos ha sido editado por un sello diferente: Los suicidas del fin del mundo por Tusquets; Frutos extraños por Aguilar (Colombia)/Alfaguara (España); Plano americano por Ediciones Universidad Diego Portales (UDP); y Una historia sencilla por Anagrama. En este sentido los libros de Leila Guerriero se encuentran tan dispersos como los textos reunidos en Frutos extraños y en Plano americano, que han ido apareciendo en diferentes publicaciones periódicas de distintos países.

 

A continuación pueden ver el vídeo de la presentación de Una historia sencilla en La Central, que fue realizado por bracket cultura —véanlo completo, les aseguro que no se arrepentirán—:

 

 

 

 

 

 

Antes de terminar recomiendo leer la entrevista de Ramón Lobo a Leila Guerriero, que fue publicada en la revista Jot Down“El periodismo objetivo es la gran mentira del universo, todo es subjetivo”.

 

Y no dejen de leer a Leila Guerriero, por favor. Lean todo lo que publica, que vale mucho la pena.

libros necesarios en tiempos de crisis: informarse y reflexionar para entender

Desde hace un tiempo ciertos tipos de libros de no ficción vienen gozando de una creciente popularidad que se ve reflejada tanto en su visibilidad como en sus ventas. Pienso sobre todo en dos tipos de libros: por un lado, aquellos que en estos tiempos de crisis y agitación ayudan a comprender la evolución de algunas coyunturas de actualidad —la crisis económica y política española, los conflictos en el Medio Oriente, las revueltas que los movimientos conocidos como “indignados” han promovido y protagonizado en distintos países del mundo, el efecto desestabilizador de las revelaciones con respecto a las labores de espionaje realizadas por los servicios de inteligencia estadounidenses, las catástrofes naturales y otras tragedias—; y, por otro lado, aquellos que invitan a una reflexión más amplia y profunda desde la perspectiva de lo que podríamos llamar “el pensamiento crítico” —las relaciones de poder, las fortalezas y debilidades tanto de la democracia como de otras formas de gobierno, la igualdad de género, los derechos reproductivos, las relaciones Norte-Sur, la crisis del capitalismo financiero, la inmigración, las diversas facetas de la cultura de masas y de la sociedad de consumo, etc.—.

 

El valor que en este momento aportan estos dos tipos de libros radica en su capacidad de responder a las necesidades puntuales que hoy en día tenemos no sólo como personas sino también como sociedad de reflexionar en torno a las cosas que están pasando en los entornos locales, nacionales, regionales y globales, de comprenderlas y de encontrar tanto respuestas como soluciones para diversas preguntas y problemáticas relacionadas con ellas.

 

 

 

 

 

 

Son muchos los sellos editoriales tanto especializados como generalistas que con mayor o menor intensidad y de una manera no siempre sistemática vienen explorando el filón de la actualidad a través de libros que tienen un enfoque marcadamente divulgativo y que responden a la necesidad que tenemos de entender lo antes posible lo que está pasando en este mundo convulsionado. Entre ellos se destacan AkalAlianza, Anagrama, ArielConecta, CríticaDebate, DeustoeCicero, Ediciones B, eldiario.es libros, Empresa activaGestión 2000, Libros del K.O.Los libros del Lince, PaidósPenínsulaPlataforma, RBARoca o Taurus. Por otro lado, Alpha Decay, Capitán SwingErrata Naturae, FórcolaGedisaIcaria o Katz —que a pesar de estar en Argentina tiene una buena presencia en España— son algunas de las editoriales de nuestro ámbito que están publicando títulos de pensamiento crítico alrededor de temas diversos como los mencionados anteriormente y algunos otros.

 

A menudo los libros que explican y analizan la evolución de coyunturas de actualidad que al tener lugar en la esfera pública y al repercutir en diversos ámbitos de la vida social pueden resultar cercanas tanto a la experiencia como a los referentes de grandes cantidades de personas también tienen un enfoque práctico en la medida en que buscan ofrecerles a sus lectores pistas que les ayuden a adaptarse a los cambios que está sufriendo su entorno, a superar las dificultades que se derivan de éstos y a reinventarse personal y profesionalmente. En muchos de estos libros cuyo enfoque es marcadamente divulgativo suelen mezclarse elementos provenientes de disciplinas como el periodismo, el management, las finanzas, el marketing, la psicología, el coaching y la autoayuda.

 

 

 

 

 

 

En un momento en el que se están publicando tantos libros de este tipo la posibilidad de que éstos conecten con el público depende no sólo de los temas que aborden y de la manera como lo hagan, de la forma como se promocionen y de la visibilidad que tengan en los puntos de venta, en los medios de comunicación y en el ámbito online, sino también de su capacidad de responder satisfactoriamente a las inquietudes, a las necesidades, a los intereses y a las expectativas tanto de lectores individuales como de distintos sectores sociodemográficos que sean representativos de la sociedad en su conjunto.

 

Sigo creyendo que las formas breves tanto en papel como en digital son un embalaje ideal para este tipo de contenidos. En una entrada de hace unos meses ya comenté que ‘en un momento en el que consumimos grandes cantidades de contenidos de todo tipo, en el que por cuestiones tanto de tiempo como de atención a menudo privilegiamos la brevedad y en el que tenemos una necesidad cada vez mayor de entender lo antes posible lo que está pasando en nuestro mundo convulsionado puede haber grandes oportunidades sobre todo para las piezas de no ficción que además de producirse bajo un modelo de edición ágil puedan comercializarse de manera fragmentada gracias a su estructura modular y/o empaquetarse en microformatos digitales‘. Los microformatos digitales tienen la ventaja de que les ofrecen a los autores y a los editores la capacidad de reaccionar rápidamente para producir contenidos vigentes con respecto a coyunturas susceptibles de evolucionar a gran velocidad.

 

A principios de diciembre de 2013 mientras preparaba esta entrada se publicaron dos artículos interesantes que abordan este fenómeno desde una perspectiva afín:

 

– “Cuando las novedades editoriales militan, o al menos lo intentan”, de Karina Sainz Borgo.

“Libros para entender la crisis económica”, de Roger Domingo —quien en su condición de editor de AlientaDeusto, y Gestión 2000 seguramente conoce el tema mejor que nadie—.

 

El sumario del artículo de Karina —cuya palabra clave es “malestar”— no podría hacer un mejor diagnóstico de la situación:

 

‘Vivimos los días de la ira: el estado del bienestar se desmorona, la calle bulle, la clase media se cabrea y los políticos flaquean. No son días inocentes. Quienes hacen ficción meten el dedo muy dentro en la llaga y los que se dedican al ensayo escriben volcados en la realidad. Las editoriales apuestan fuerte por una literatura que aclare el malestar’.

 

Roger, por su parte, define el estado de la cuestión en los dos primeros párrafos de su artículo:

 

‘Llevamos cinco años de crisis y, con ello, cinco años de un nuevo género literario, a saber: los libros sobre actualidad económica que tratan de explicar al lector no especializado las causas, los orígenes y los culpables de la debacle, así como las posibles soluciones a la misma. El cambio es profundo, pues nace de la demanda, es decir, de un nuevo tipo de lector que ya no es el habitual en libros de economía (profesionales, profesores, inversores, etc.) sino que se extiende al conjunto de la sociedad.

En este sentido, advertimos tres grandes grupos de lectores: aquellos que demandan información sobre lo ocurrido; aquellos que buscan en los libros sobre la crisis reforzarse ideológicamente y, por último, aquellos que buscan propuestas alternativas al actual sistema económico’.

 

Los que para millones de personas son tiempos cada vez más difíciles parecen estar siendo mucho mejores para algunos autores y editores de libros de actualidad, prácticos y de pensamiento crítico. Constatar la excelente acogida que los libros de pensamiento crítico vienen teniendo entre los públicos joven y adulto así como la creciente politización de éstos me hace pensar que quizás la editora Diana Hernández tenía razón cuando decía que ‘la política es el nuevo indie‘.

 

¿Alguien se anima a compartir sus impresiones con respecto al estado actual tanto de la oferta como de la demanda de estos tipos de libros en otros países del ámbito hispanohablante de acuerdo con las circunstancias políticas, económicas y sociales particulares de cada uno de ellos?