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Martes, Julio 23, 2013 categorizado bajo edición, escritores, escritura, industria editorial, literatura británica, marketing

el autor como marca: la verdad sobre el caso robert galbraith (más conocido como j. k. rowling)

Las reacciones y el impacto en ventas que provocó la noticia de que la escritora británica J. K. Rowling había publicado la novela policíaca The Cuckoo’s Calling bajo el seudónimo de Robert Galbraith pone en evidencia la importancia del autor como marca. Esta novela cuyo autor fue presentado en su momento como un ex investigador de la Royal Military Police salió al mercado el 18 de abril de 2013, hasta el pasado domingo 14 de julio había registrado un volumen de ventas modesto y había tenido una acogida más bien positiva entre ciertos reseñistas y comentaristas de libros. The Cuckoo’s Calling supuestamente era la opera prima de Galbraith y fue publicada por el sello Sphere de la filial británica de Little, Brown Book Group —el mismo grupo que a finales de septiembre de 2012 publicó The Casual Vacancy, la primera novela para adultos de Rowling—.

 

 

 

THE_CUCKOOS_CALLING_WEB

 

 

 

Una vez se supo a través de una presunta filtración del abogado Chris Gossage de la firma Russells Solicitors que detrás del desconocido Robert Galbraith se escondía J. K. Rowling las ventas de The Cuckoo’s Calling se dispararon, coincidiendo justo con la víspera del lanzamiento de la edición de bolsillo de The Casual Vacancy —que salió al mercado el pasado jueves 18 de julio—. ¿Se trata de una metida de pata debido a la indiscreción de un abogado de la firma de la que Rowling es clienta que habló más de la cuenta con la mejor amiga de su esposa —que fue quien difundió la información vía Twitter— o de una estudiada jugada de marketing que orquestaron conjuntamente la autora, su agencia literaria —que también decía representar a Galbraith— y Little, Brown Book Group? Si vamos más allá de lo meramente anecdótico, la respuesta a esta pregunta importa poco. Lo realmente importante en toda esta historia es lo que tiene que ver con la trayectoria que siguieron las ventas de The Cuckoo’s Calling después de que Rowling, su agencia literaria y su editor confirmaron que en efecto la autora de la saga de Harry Potter y Galbraith eran la misma persona.

 

Entre el 18 de abril y el pasado 14 de julio Little, Brown Book Group había vendido 1.500 ejemplares de The Cuckoo’s Calling en el Reino Unido. A raíz de la revelación de que la autora de The Cuckoo’s Calling era Rowling la editorial tuvo que mandar a imprimir 140.000 ejemplares de la novela para responder a los pedidos de los puntos de venta británicos, que rápidamente habían agotado sus existencias y que debían atender la demanda de su clientela. Como en el mundo digital no aplican los principios de la economía de la escasez que rigen la producción, la distribución y la comercialización de mercancías físicas, quienes no pudieran hacerse con un ejemplar en papel de The Cuckoo’s Calling mientras tanto podían comprar en cualquier momento la versión digital de la novela —que según informa Digital Book World, fue el e-book más vendido en Estados Unidos en la semana del lunes 15 al domingo 21 de julio pasados—. Ayer The Bookseller reportó que a partir del domingo 14 de julio las ventas de The Cuckoo’s Calling en el Reino Unido se dispararon un 41.000%.

 

La fidelidad a Rowling y la curiosidad con respecto a su nuevo libro pudo haber llevado a muchos lectores a comprar The Cuckoo’s Calling cuando se reveló la verdadera identidad de su autora. Rowling parece ser una marca lo suficientemente potente como para vender cualquier producto editorial que lleve su firma independientemente del género al que pertenezca. La firma de J. K. Rowling en sí misma ya es un argumento de venta. ¿Cuántos autores —independientemente de los géneros de los que se ocupe su obra y de la factura de ésta— quisieran que su marca fuera así de potente y que su firma tuviera este poder? Supongo que cuando un autor publica lo que escribe es porque quiere que su obra se venda, circule y se lea tanto como sea posible —y me imagino que el orden de prioridad con respecto a estos tres elementos puede variar de un caso a otro—. Por otro lado, está claro que para muchos lectores el nombre del autor es no sólo la vía más fácil para buscar, encontrar o descubrir un libro sino también un criterio central en el proceso de selección de sus lecturas.

 

¿Por quién vendrán firmadas las próximas ediciones de The Cuckoo’s Calling, por Robert Galbraith o por J. K. Rowling? ¿The Cuckoo’s Calling conservará la firma de Robert Galbraith y para asegurarse un gancho comercial la editorial aclarará de alguna manera que detrás de este nombre se esconde J. K. Rowling, tal y como hace Alfaguara cuando anuncia mediante una pegatina que pone en las portadas de sus novelas que ‘Benjamin Black es John Banville’?

 

Si alguien quiere interrogar a la autora con respecto a la verdadera historia detrás de The Cuckoo’s Calling, de momento tendrá que esperar porque en el espacio de la página Web de la editorial dedicado a la novela se anuncia que ‘J.K. Rowling will not be available for interview’.

 

Con respecto a este tema recomiendo leer el artículo “Ten Lessons Learned from the Outing of J.K. Rowling as the Author of The Cuckoo’s Calling, que fue publicado ayer en Digital Book World.

littell, ¿un escritor antimediático?

La intención de manejar un bajo perfil es un rasgo que ha caracterizado a Jonathan Littell desde que se ganó el Prix Goncourt con su novela Les Bienveillantes —recién publicada por RBA en español como Las benévolas—. Desde el momento mismo en que se rehúsa a ir a la gala de entrega del premio Littell decide no ser un escritor mediático, lo cual es poco usual hoy en día y significa sustraerse de la espectacularización del ámbito de lo literario —un tema al que ya me referí cuando hablé del fenómeno Michel Houellebecq y del lanzamiento del libro de Yasmina Reza sobre Nicolas Sarkozy—.

El remate de la entrevista publicada el sábado pasado en Babelia ilustra la actitud de Littell:

P. ¿Se siente un miembro de ese club de Bartlebys que fundó Enrique Vila-Matas?


R. Bartleby el escribiente es un libro que me fascina. Ese personaje que no dejaba de decir que preferiría no hacerlo, en cierto modo, fue mi actitud con el Goncourt, que pasaran de mí.


P. ¿En qué anda metido ahora?


R. Pues en nada. Apenas tengo tiempo para concentrarme en cosas serias con todo esto.


P. Pero, ¿escribe?


R. No.


P. ¿No quiere escribir otra novela?


R. Ya veremos. Me paso la vida en cosas que me vienen de este maldito libro, estoy harto.


P. ¿Maldito libro? ¿Ya lo odia?


R. No, haberlo escrito, no. Pero todo esto. Repetir esta entrevista 30 o 40 veces…


P. No da muchas.


R. Demasiadas para las que yo concedería. No le veo sentido a no ser que surjan cosas nuevas. Hay que hacerlo, es parte de su trabajo también, deben vender periódicos, es puro comercialismo, no tiene nada que ver con otra cosa. He hecho algunas entrevistas interesantes en las que han surgido algunos elementos nuevos y entonces valen.


P. ¿En ésta ha dicho algo nuevo?


R. No.


P. Pues añádalo.


R. No tengo más que añadir. –

Con su decisión de no ser un escritor mediático Littell parece hacer lo mínimo para contribuir a la promoción de su novela, que es un proceso que requiere que el autor conceda entrevistas en todos los medios, que vaya a firmar ejemplares de su obra en las librerías y que se muestre simpático e ingenioso con todo el mundo. Sin embargo, el revuelo que se produjo en los medios tras la salida de Les Bienveillantes, la buena acogida que ésta tuvo entre la crítica, los premios que recibió y el número de ejemplares vendidos constituyen en sí mismos argumentos de venta de la novela y dan pie para que su aparición dé de qué hablar. Estos argumentos sumados a una buena distribución y a una buena ubicación del libro en punto de venta contribuyen a contrarrestar el daño que le pueden hacer a la promoción de la obra la intención de su autor de manejar un bajo perfil y el fastidio que éste manifiesta hacia los medios de comunicación.

pronto en españa las benévolas [les bienveillantes], de jonathan littell

Tras haber publicado una novela de ciencia ficción en 1989, un escritor dedica cinco años a una investigación para terminar escribiendo en sólo 112 días una novela de 904 páginas publicada en 2006 en la célebre colección blanca de Gallimard que no sólo se convierte en el fenómeno editorial del año en Francia, sino que también gana el Prix Goncourt y el Grand Prix du roman de l’Académie française —Gran premio de novela de la Academia francesa—. Se trata de una novela titulada Les Bienveillantes, cuyo autor es un desconocido escritor norteamericano llamado Jonathan Littell.

Sí. Una novela escrita en francés por un autor norteamericano ha recibido los dos premios más importantes de “la república de las letras”.


Al parecer el argumento de la novela gira en torno a los recuerdos de Maximilien Aue con respecto a su participación como oficial de la SS en las masacres perpetradas por ésta años atrás. Se dice que el éxito del libro tiene que ver, entre otras cosas, con el creciente interés que suscitan desde hace un tiempo las obras relacionadas con los criminales nazis. Supongo que además la novela debe ser sobresaliente en términos de calidad literaria —la historia, el manejo del lenguaje, la organización de los hechos y el ritmo narrativo del relato—.


Como recientemente distintos medios han anunciado que en octubre la editorial RBA lanzará en España la traducción de Les Bienveillantes bajo el título de Las benévolas, me pregunto una vez más si el revuelo que se produjo en los medios, la buena acogida de la crítica, los premios recibidos y el excelente desempeño en ventas de la novela de Littell sean suficientes para que el éxito que ésta tuvo en Francia se reproduzca en España.

Martes, Julio 24, 2007 categorizado bajo editores, escritores, literatura contemporánea, summertime

summertime [ 11 ] / mi estudio sobre tendencias y hábitos de lectura de narrativa contemporánea cinco años después

Todo empieza en junio de 2001. Voy a graduarme de Ciencia Política y todavía me hacen falta los últimos cursos de la carrera de Literatura —obviamente los más aburridos—. Estoy hasta la coronilla de los análisis de texto que proponen mis profesoras en clase y cada trabajo que tengo que hacer es un verdadero tedio. Tengo la impresión de que por fuera de la charla de cafetería cualquier comentario acerca de un libro sobra. Disfruto como pocas cosas la lectura del texto y todo lo que pueda decirse en relación con éste me aburre y carece de interés para mí.


Se acerca el momento de definir el proyecto de mi trabajo de grado y estoy decidido a hacerlo sobre la narrativa de Truman Capote hasta que un día me doy cuenta de la insatisfacción que me produce el hecho de que la literatura contemporánea apenas se haya mencionado por los laditos en un par de cursos de la carrera que estoy por terminar —salvo por los seminarios de “Cuatro narradores norteamericanos” y de Umberto Eco rara vez se va más allá del boom latinoamericano, al que a duras penas se llega—. Justamente de esa insatisfacción y de un creciente interés por la actividad editorial surge la idea de desarrollar a manera de trabajo de grado un estudio sobre tendencias y hábitos de lectura de narrativa contemporánea que hago a partir de las respuestas a las entrevistas y a las encuestas dadas por los miembros de una población de “lectores profesionales”. Esta población la conforman tanto autores y editores de narrativa contemporánea, como profesores y estudiantes de los tres departamentos de Literatura que hay en ese momento en las universidades de Bogotá.



Como lo dije en una entrada anterior, ‘la literatura me interesa desde una doble perspectiva: por un lado, el contenido del libro y punto —es decir, lo literario—; y, por el otro, todo lo que se mueve alrededor del libro como mercancía simbólica que es puesta en circulación y que terminamos haciendo nuestra en la medida en que deja una huella en nosotros —algo bastante extraliterario—. Esta segunda fuente de interés me suscita, entre muchas otras, las siguientes preguntas: ¿Qué nos motiva a leer un libro? ¿Qué esperamos de él? ¿Cuáles son las razones por las que escogemos un libro entre todos los demás? ¿Quiénes orientan nuestra decisión de leer una cosa u otra? ¿Qué papel juega la lectura en nuestras vidas? ¿En qué momentos leemos? ¿Qué importancia tiene para nosotros comprar libros? ¿Dónde preferimos comprarlos? ¿Qué hay detrás de una biblioteca personal? ¿Qué espacios ofrecen las bibliotecas públicas y universitarias? ¿En qué medida les sacamos el jugo a la oferta que éstas hacen? ¿Cómo se conforman las tendencias del mercado editorial? ¿Quiénes y de qué manera instauran las modas literarias? ¿Cuáles son los factores que contribuyen al éxito de un libro? ¿Qué implicaciones tiene la concentración de la propiedad en el mercado editorial? ¿Cuáles son las estrategias que deben adoptar las editoriales independientes para ser viables como empresas y sobrevivir?’


Cinco años después guardo un bonito recuerdo de los quince meses que pasé haciendo este trabajo titulado Narrativa contemporánea: ¿quién y en qué condiciones la está leyendo?, con respecto al cual hoy en día tengo algunas reservas de carácter metodológico —relacionadas concretamente con el “análisis” estadístico de las encuestas aplicadas a los estudiantes—.


El listado de las personas a las que entrevisté para hacer este estudio es el siguiente:

– Ana Roda, editora de editorial Norma

– Antonio García, escritor

– Betty Osorio, profesora de Literatura de la Universidad de los Andes

– Claudia Montilla, profesora de Literatura de la Universidad de los Andes

– Esteban Hincapié, editor de Proyecto editorial

– Héctor Abad, escritor

– Hugo Chaparro, escritor

– Jorge Franco, escritor

– Julio Paredes, escritor

– Luis Carlos Henao, profesor de Literatura de la Pontificia Universidad Javeriana

– Luz Mary Giraldo, profesora de Literatura de la Universidad Nacional y de la Pontificia Universidad Javeriana

– María del Rosario Aguilar, profesora de Literatura de la Universidad Nacional y editora de editorial Norma

– Mario Mendoza, escritor

– Mauricio Contreras, editor de editorial Magisterio

– Nicolás Arango, editor de Arango editores

– Patricia Miranda, editora de editorial Planeta

– Patricia Simonson, profesora de Literatura de la Universidad Nacional

– Piedad Bonnett, profesora de Literatura de la Universidad de los Andes y escritora

– Pilar Reyes, editora de Alfaguara

– Ricardo Silva, escritor

– Santiago Tobón, editor de Proyecto editorial


Quien esté interesado en leer este trabajo puede descargarlo haciendo clic aquí.

Sábado, Julio 14, 2007 categorizado bajo escritores, lecturas de fin de semana, literatura francesa, showbiz

lecturas de fin de semana [ 32 ] / ‘houellebecq y la clonación del mercado’

Aprovecho la fiesta de la Revolución francesa para reproducir un artículo del suplemento Radar, del diario Página/12 acerca de la intriga generada durante el verano de 2005 en el mundo editorial francés alrededor de la publicación de La posibilidad de una isla, de Michel Houellebecq. Cada cosa que hace o dice el autor, que funciona perfectamente como una marca, genera revuelo y en este caso la polémica empezó cuando éste dejó a su editor de toda la vida para irse con Fayard, un sello perteneciente al grupo Hachette. Luego vino todo el misterio en torno a los adelantos del manuscrito, alimentado por la decisión de la editorial de enviárselos solamente a un selecto grupo de periodistas afines a Hachette y al autor. Como si lo anterior no fuera suficiente, por orden expresa del grupo en los días previos al lanzamiento de su nueva novela Houellebecq dio poquísimas entrevistas a medios de comunicación. Algunas editoriales aprovecharon la coyuntura para sacarle su tajada a la polémica, publicando escandalosos libros sobre el autor —entre ellos una biografía no autorizada—. Entre tanto empezó a darse por sentado que La posibilidad de una isla sería la obra galardonada con el Prix Goncourt. Finalmente, el 31 de agosto salió el libro y publicaciones como Les Inrockuptibles y Lire sacaron números especiales dedicados al enfant terrible de la literatura francesa.

Pero la polémica no terminó ahí porque La posibilidad de una isla no ganó el Goncourt y tampoco fue elegido el libro del año. De hecho, la novela no fue muy bien recibida por la crítica. El resultado final de la intriga orquestada por la editorial y amplificada por los medios fue desastroso porque la novela no satisfizo las expectativas. La llamada “República de las letras” experimentaba por primera vez en carne propia la subordinación definitiva de lo literario a las leyes de marketing y del espectáculo.


En su libro Au secours, Houellebecq revient ! (¡Socorro, Houellebecq vuelve!) el editor Eric Naulleau sugiere que ‘asistimos en estos últimos tiempos a una evacuación progresiva de la literatura del campo literario’ y que ésta está ligada a una confusión creciente entre la literatura y la farándula.


polemicas > el lanzamiento del nuevo houellebecq

Houellebecq y la clonación del mercado

A fin de mes sale La posibilidad de una isla, la nueva novela (futurista y protagonizada por clones) del escritor francés Michel Houellebecq, y su lanzamiento se ha convertido en la mayor operación de mercado de la tan seria industria editorial francesa: reuniones conspicuas, bandos enfrentados, panfletos de denuncia, críticos discriminados, manipulaciones mediáticas, biografías no autorizadas y hasta supuestas conexiones con la secta clonaria de Raël. Radar reconstruye el campo de batalla en que se ha convertido el asunto.

Por Eduardo Febbro

desde París


El idioma francés consta de dos preciosas palabras para definir un ardid, un montaje sobredimensionado. La primera es una onomatopeya, “bluff”; la segunda tiene ramificaciones más evidentes: “mystification”, es decir, inflar con contenidos falsos un hecho. Ambas palabras no bastarían para resumir el extraordinario operativo comercial que precede y rodea la publicación de la última novela del escritor francés Michel Houellebecq, La posibilidad de una isla. Golpes bajos, contratos millonarios, intrigas, escándalos programados, rumores, intoxicación deliberada, manipulaciones, ofensivas y contraofensivas, tiraje excepcional, publicación simultánea en varios idiomas, en suma, humo delante del fuego para preparar el escenario con el único propósito de que el próximo 31 de agosto la aparición del libro sea un terremoto en el mundo de la edición.

En un país donde las “letras” son sagradas y los autores monjes aún idolatrados, la industrialización de un objeto literario y el recurso a métodos de marketing dignos de productos prêt-à-porter rompe los esquemas tradicionales. Nunca antes en la historia de la edición francesa una obra literaria había sido objeto de una pantomima tan bien orquestada. Todo el mundo habla del “libro” –o, mejor dicho, de la representación comercial que se prepara—. Su escritura, su contenido, su estética, su apuesta formal han estado ocultos hasta hace una semana y ello alimentó una catarata de rumores. Sin embargo, nadie ignora el millón quinientos mil dólares que el autor cobró como adelanto, el 18% que le corresponde por cada ejemplar, las cláusulas del contrato que le otorgan los derechos exclusivos para dirigir una película el año que viene o las mil y un tramas que se armaron para impedir que alguien lo lea antes de que aparezca. La película estará producida por GMT Productions, una filial de la editorial Hachette. Houellebecq rentabiliza su éxito, y su editor —Fayard en primer plano pero la multinacional Hachette en segundo— lo propulsan en la aventura. La caja de resonancia es tal que, simultáneamente con la novela, se publican cuatro libros sobre Houellebecq, entre ellos una biografía “no autorizada” y un panfleto contra el autor de Las partículas elementales llamado ¡Socorro, Houellebecq vuelve!


Hasta la rabia de la crítica literaria parece sabiamente calculada. A pedido de Houellebecq, la editorial privó a los críticos de la lectura previa de la obra y éstos consagraron sus columnas a hablar mal del “fenómeno” que encarna el autor. El resultado es el mismo: cero literatura pero publicidad garantizada. Sólo los medios autorizados por Houellebecq han obtenido el privilegio de recibir algunas páginas por adelantado o, favor supremo concedido por su majestad, de entrevistar al autor: Le Monde, Le Nouvel Observateur, Les Inrockuptibles , France 2. La primicia del manuscrito dio lugar en Francia a una novela de espionaje editorial digna de un secreto militar. Hace unas semanas, ante la sorpresa general, el crítico literario del diario conservador Le Figaro, Angelo Rinaldi, adelantó el contenido de la novela. Pero ocurre que Rinaldi no pertenece a la tribu del escritor sino al grupo parisino de los anti-Houellebecq. ¿Cómo consiguió entonces el libro? Según explicó el mismo Rinaldi, La posibilidad de una isla le cayó entre las manos “por azar”. El crítico se estaba paseando por un parque de París cuando encontró el libro abandonado “sobre un banco de la plaza”.


Es lícito reconocer que Michel Houellebecq es un ferviente abonado al servicio de “escándalos promocionales” y que además goza de una fiel tribu de adeptos en los medios de comunicación. Desde luego, con una empresa tan tentacular como Hachette detrás, ¿quién se animaría a no obedecer las consignas? Durante el año 2001, justo antes de que apareciera su anterior novela, Plataforma, el escritor había levantado olas de ira con sus declaraciones sobre el Islam, al que juzgó como “la religión más estúpida”. Los juicios y la promoción del “autor-libro” recompensaron su volubilidad al tiempo que, luego de un paso ante los tribunales, lo empujaron a un obligado silencio. Esta vez, a fin de evitar todo accidente, su editor no permitió las entrevistas en directo en la televisión. El escritor sólo aparecerá en programas grabados y previamente vistos por el editor que, además, tiene derecho a cortar lo que no le convenga a su protegido. ¡Inédito! El 24 de agosto del año pasado, en Deauville, el balneario más chic de la costa Normanda, Houellebecq asistió a una cena con los ejecutivos del grupo Hachette, hombres de corbata y de grandes negocios que se habían desplazado para asistir al gran acontecimiento “literario” del año: el escritor francés acababa de dejar a su antiguo editor, Flammarion, para formar parte de Fayard, una de las editoriales del poderoso grupo Hachette. “Estoy contento, me gustan los grandes grupos”, dijo el escritor en esa ocasión.


Los 200 mil ejemplares de La posibilidad de una isla esperan el 31 de agosto para convertirse en el ya preparado y anunciado best-seller del año. Si al público le gustan las historias, la “historia” de cómo se promueve un libro es ya una en sí. Houellebecq y sus asociados han conseguido que el contenido del contrato editorial trascendiera antes que el del mismo libro. Los ejércitos están preparados. Los pro y los anti afilan sus uñas. Los primeros arguyen que con su último libro, Houellebecq se “muestra superior a todos los escritores norteamericanos”. Qué elogio. Los segundos aseguran que la lectura de La posibilidad de una isla es “agobiante”, un libro que “nos reconforta durante una o dos tardes” y cuya lectura deja la impresión de que “nos hemos encontrado con uno de esos franceses comunes que siempre se quejan de todo”. Pero, por encima de partidarios o críticos, lo más desmoralizador para las letras es corroborar que en torno de un autor se han creado no ya clanes literarios sino industriales. A los 47 años, Houellebecq es el autor francés contemporáneo más traducido (35 idiomas) y ello explica mucho el juego de intereses. Los argumentos se financian con millones de dólares y operaciones de mercado que nada tienen que ver con el mundo del libro, con su luz todavía milagrosamente viva, pese a todo. ¿Cómo explicar si no que un autor joven y vivo, que “apenas” ha escrito cuatro novelas, un ensayo sobre Lovecraft, poemas y dos breves libros de cuentos, tenga ya una biografía? En mayo pasado, la revista Les Inrockuptibles francesa editó un número especial sobre Michel Houellebecq acompañado de un DVD con las entrevistas del autor. Marc Fumaroli, ensayista y célebre autor de un libro sobre la política cultural de Francia (El Estado Cultural), se pregunta si acaso ‘Houellebecq no se ha convertido en el Harry Potter francés para adultos’. El silencio “pactado” del autor de Extensión del campo de batalla y el ruido orquestado por los estrategas del mercado han dejado en segundo plano la obra.


Con panfletos bien venenosos su antiguo editor se venga de Houellebecq, al igual que los escritores de su generación, heridos en su orgullo creador por tanta mercadotecnia puesta al servicio del arte. Según cálculos de la prensa francesa, el editor deberá vender más de 400 mil ejemplares para rentabilizar la inversión. Todo se organizó como si se tratara de un asunto protegido por el sello secreto de la defensa nacional. Quienes leyeron el manuscrito firmaron una cláusula de confidencialidad y, una vez que las primeras pruebas salieron de la imprenta, el libro fue ocultado para que no cayera en manos de ningún crítico. Apenas el español Fernando Arrabal, que publica este mes un libro de conversaciones con Houellebecq, fue autorizado a destilar algunos comentarios prudentes. Eric Naulleau, el autor del panfletario ¡Socorro, Houellebecq vuelve!, dice en su libro: ‘Cuando el gallo se vuelve la gallina de los huevos de oro, el capitalismo literario se pone en marcha”. Michel Houellebecq es, para la crítica, el escritor que mejor describe “el sufrimiento ordinario’ y la frustración de los ciudadanos europeos que viven en una sociedad que ha perdido la “función” de compartir. En sus obras, la solidaridad es una broma y la soledad, el hedonismo y la violencia interior son el mundo de la modernidad. La posibilidad de una isla es una novela de anticipación, de computadoras y clones. Sectas, robotización, pantallas, manipulaciones, inmigración, vejez, una sociedad sin esperanzas, vaciada por el consumo, el aburrimiento y el hedonismo. Los personajes son todos clones. Lo esencial del libro está construido en torno del relato de la vida de Daniel 1, descubierto dos mil años más tarde por Daniel 24 y luego Daniel 25, sus clones futuristas que lo leen luego de que un Apocalipsis nuclear destruyó el planeta. Una secta que reemplazó las religiones que conocemos hoy, los Elohims, promete la inmortalidad a cada uno de sus miembros. Sus adeptos, antes de suicidarse, dejan su ADN y el relato de sus vidas. El objetivo es clonarse indefinidamente para convertirse en un neohumano, una categoría donde ni siquiera el lenguaje o el placer existen. En la hasta ahora única entrevista de Houellebecq publicada por Le Monde el fin de semana pasado, el escritor explicó que ‘los neohumanos comunican de forma virtual. Poco a poco, en el curso de las sucesivas clonaciones, han ido perdiendo las principales características de la humanidad: la risa, las lágrimas, el humor’. En la misma entrevista, Houellebecq predice que lo que narra en su libro se producirá: ‘Creo que algunas cosas son irreversibles. Todo lo que la ciencia permite se realizará. La ciencia dice la verdad. El arte no llega a la verdad, sólo busca dar una visión estética de la vida’. A quienes lo critican porque su última novela suena como un himno a la clonación, Houellebecq responde: ‘Me hacen reproches porque muestro en detalle lo que es la humanidad. Y porque estoy seguro de que todo cuanto es técnicamente posible será realizado, incluso si no es verdaderamente humano. La clonación será una realidad’. En la biografía Houellebecq no autorizado: investigación sobre un fenómeno, Denis Demonpion pone de relieve los lazos estrechos que existen entre Houellebecq y Raël, el gurú de la secta de los raëlianos que hace unos años anunció haber clonado el primer ser humano de la historia. Los hombres cultivan una amistad que, según su biógrafo, está basada en los contrastes: ‘Raël ejerce una influencia sobre Houellebecq porque Raël es un hombre que vive plenamente, que se divierte. A su lado, Houellebecq sufre del complejo del intelectual’.

Houellebecq tiene ahora cita con los lectores. Las pasiones y los odios acumulados por críticos y gurúes de sectas literarias perderán su resonancia cuando empiece la lectura pública, acompañada de otros debates. El 31 de agosto, los lectores de lengua hispana, alemana, inglesa, italiana y japonesa podrán apreciar el valor de la obra lejos del estruendo mercantil organizado para lanzarla. Uno de los personajes de la última novela de Houellebecq, Daniel 1, dice: ‘Era un observador pertinente de la realidad contemporánea pero quedaban tan pocas cosas por observar: habíamos simplificado tanto, diluido tanto, roto tantas barreras, tabúes, esperanzas erróneas, aspiraciones falsas…’. ¿Obra maestra de la literatura o de las técnicas del mercado? Habrá que leer. Profético, en un poema de 1996 Houellebecq escribió: ‘Soy un sistema liberal/ Como un lobo en un terreno vacío’.