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lecturas de fin de semana [ 27 ] / ‘hay que abrirles campo’

El escritor colombiano Héctor Abad Faciolince, que fue uno de los jurados de la convocatoria Bogotá 39 —a la que me referí a finales de abril y a mediados de mayo—, publicó en la página de cultura de Página/12 un artículo sobre la actualidad literaria latinoamericana y sobre lo que presupone la escogencia de 39 escritores latinoamericanos menores de 39 años teniendo en cuenta la sensibilidad de nuestra época y la influencia de las nuevas tecnologías de la información sobre ésta.


Hay que abrirles campo

Por Héctor Abad Faciolince


La literatura no es como el deporte o la farándula, donde la juventud es un requisito esencial: dejas de ser joven y dejas de ganar carreras y de aparecer en MTV. La actualidad literaria de algunos octogenarios (Saramago, Gordimer, Szymborska, García Márquez) así lo demuestra. La literatura es un larguísimo maratón que dura toda la vida, no una carrera de cien metros planos. Sin embargo, este oficio tampoco puede estar dominado por una gerontocracia que define los nombres y los gustos. Como el mundo cambia tan aceleradamente en los últimos decenios, expresar las sensibilidades del presente requiere una constante renovación generacional. En El amor en los tiempos del cólera las relaciones amorosas avanzaban a través de mensajes enviados por telégrafo. Un amor de hoy va por mails, por teléfono, chat, sms, emoticones y melodías que viajan de celular a celular… De esa otra sensibilidad el portavoz difícilmente será alguien que sólo escribe a máquina. Mark Twain fue un pionero, el primer novelista que entregó a las editoriales sus libros escritos a máquina. Algunas cosas cambian y otras permanecen. Los sentimientos quedan, hasta las palabras para expresarlos se repiten, pero el medio y la sensibilidad se renuevan.


Para que nos cuenten cómo es eso, o si no hay ningún cambio, se juntan y se convoca a los escritores más jóvenes de América latina que ya hayan publicado al menos un libro destacado. La revista Granta lo hace en Inglaterra y en Estados Unidos. De vez en cuando publica antologías con límite de edad, en narrativa (y podría hacerse también en poesía), para esquivar la tiranía de los ancianos de la tribu. Queremos ver qué proponen los nuevos. Hay que abrirles campo. Además, en este caso, se mantienen así abiertos los vasos comunicantes entre los países latinoamericanos. Si los políticos y la economía no unen a nuestros países, al menos la cultura tiene que tener ese poder vigoroso de borrar nuestras fronteras, que son mucho más artificiales que reales.


La geografía, la historia, la lengua compartida nos obligan a estar juntos, a enriquecernos con las ideas, hallazgos e iniciativas del vecino. Aprender consiste en intercambiar, en crecer gracias a lo que al otro se le ocurre. Ponemos a circular ideas, estilos, propuestas literarias. Eso queremos. Que haya una gran reunión de 39 jóvenes escritores latinoamericanos menores de 39, dentro de unos meses en Bogotá. Esperamos que el jurado haya tenido buen olfato, dentro de otros 20 años nos juzgarán a ver si lo tuvimos o no. Si entre estos 39 narradores no hay un gran escritor, uno solo, dentro de 20 años entonces habremos fracasado en el intento, y ojalá ya no estemos aquí para pagarlo. Pero también dependemos de los vasos comunicantes que nos ayuden a crear el periodismo, las editoriales, los agentes, los lectores, los privados. Tratamos de ver todo aquello que se nos propuso con un espíritu abierto, amplio y generoso, más atento a los valores literarios que a los publicitarios.


¿Qué encontramos? Una serie de islas, un archipiélago con leves aires de familia: narrativa urbana, sexo, drogas, pero también historia. Prosa nerviosa, algo histérica, pero también morosa y preocupada por la contención formal y el cuidado de las palabras. No quisimos privilegiar ningún estilo. Nos dejamos guiar por el propio gusto, pero también por los gustos ajenos, pues no podemos saber si platos que nos parecen hoy ásperos al paladar, serán los preferidos de mañana.

Martes, junio 19, 2007 categorizado bajo literatura contemporánea, literatura no occidental

entrevista a pere sureda, director de la editorial belacqva / “queremos mirar a otras orillas y publicar a autores que vengan de culturas diferentes"

Con la transformación de su colección ‘La otra orilla’ en un sello editorial autónomo y con el lanzamiento de un sello de bolsillo en septiembre próximo, el Grupo Editorial Norma le da un giro importante a su rama editorial —a la cual pertenece Belacqva, al igual que Parramón y Granica—. La publicación de la obra completa de William Styron, de un par de novelas del nigeriano Ben Okri y de algunos libros de Rubem Fonseca que no se han editado en España son algunas de las sorpresas que tiene esta editorial que en año y medio se ha anotado en su cuenta varios éxitos al publicar algunos títulos de gran calidad literaria que han tenido un excelente rendimiento en ventas como Siete cuentos fronterizos, Primera nieve en el monte Fuji y Ciudades de sal.


Martín Gómez: ¿Cómo definiría usted Belacqva?


Pere Sureda: Belacqva es una empresa editorial que está ligada por lazos familiares con el Grupo Editorial Norma, cuya sede está en Cali (Colombia) y que desde hace dos años ha vivido un proceso de reorganización en sus líneas editoriales. Es una editorial pequeña que trabaja fundamentalmente en cuatro líneas con la voluntad de ofrecer a los lectores títulos con unos altos estándares de calidad tanto en la selección de los textos como en la edición de los libros —que es bastante cuidadosa—. En definitiva, la voluntad de Belacqva es hacer de intermediario entre el autor y el lector de la manera más eficaz y rentable para la editorial.

M.G.: ¿Cuándo se funda la editorial Belacqva y en qué momento es adquirida por el Grupo Editorial Norma?


P.S.: El Grupo Editorial Norma compra Belacqva en 2003 y la editorial se refunda en agosto de 2005. Por cuestiones de desacuerdos con la línea editorial, el anterior accionista se desvincula de Belacqva en mayo de 2005 y yo me incorporo en agosto de ese mismo año. La editorial se refunda de una manera más acorde con todas las líneas editoriales del Grupo Editorial Norma, tomando fundamentalmente cuatro de ellas: de novela histórica, de ensayo histórico, de ensayo ecléctico —que va desde lo literario hasta lo político— y, finalmente, la colección ‘La otra orilla’ que desde principios de junio se ha convertido en un sello editorial autónomo. ‘La otra orilla’ se desgaja como colección de Belacqva y empieza a ser un sello con identidad propia que funciona autónomamente de Belacqva y del Grupo Editorial Norma tanto en España como en América Latina, donde agrupa a autores de ficción tanto hispanos como extranjeros con voluntad de calidad literaria.


M.G.: ¿Cómo se definió el perfil de las distintas colecciones de Belacqva?


P.S.: A partir de las publicaciones que ya tenía el Grupo Editorial Norma, que trabaja desde hace más de cuarenta años en América Latina. Vimos el tipo de libros y de colecciones que Norma tenía allí para establecer cuáles de ellas no estaban implantadas en España. Hicimos un análisis del mercado español en términos de aspectos como autores, librerías, agentes literarios y suplementos. Al final llegamos a la conclusión de que las cuatro líneas importantes que valía la pena lanzar como nuevo proyecto editorial eran las que mencioné hace un momento.


M.G.: ¿Bajo cuáles criterios editoriales se eligen los libros que publica Belacqva?


P.S.: Bajo los criterios subjetivos de un lector impenitente. Llevo en el sector editorial 35 años, durante los que he trabajado en diferentes áreas al margen de las cuales siempre he sido un buen lector. Los libros se eligen bajo el criterio subjetivo de un lector que quiere aportar calidad al hacer de transmisor entre determinados autores y determinados lectores. Esto implica no sólo estar al tanto de las corrientes de los distintos mercados en los que nos movemos como el anglosajón, el árabe o el asiático, sino también saber qué corrientes literarias, historiadores o ensayistas están marcando la pauta en el mercado editorial a nivel mundial.


M.G.: ¿Hasta el momento cuál ha sido el resultado de la apuesta que ha hecho Belacqva al introducir al mercado español a autores latinoamericanos poco conocidos aquí como Tomás González y Guillermo Arriaga?


P.S.: El resultado de la introducción de estos autores ha sido una gran satisfacción para el editor porque los había leído y nunca los había visto publicados en España. A nivel de crítica estamos medianamente contentos pero todavía no tenemos el reconocimiento que nos gustaría tener. Como prácticamente sólo tenemos un año y medio de vida, debemos ganarnos la credibilidad y el crédito tanto de los lectores como de los críticos. Creo que en este campo aún nos queda mucho camino por andar, que todavía tenemos muchos libros más por vender y que deben seguir aflorando muchas más críticas que las que nos han dedicado hasta el momento. Vamos por el buen camino pero aún nos falta muchísimo.


M.G.: ¿De dónde surge el interés por autores de origen no occidental —como Huda Barakat, Chi Li, Yasunari Kawabata y Georges Moustaki—, algunos de los cuales tras formarse en Occidente han establecido un puente entre éste y su cultura natal?


P.S.: Miramos un poco el mercado y vemos que las editoriales a las cuales nos gustaría parecernos conceptualmente ponen mucho más énfasis en los autores anglosajones y occidentales en el sentido estricto de la palabra —sobre todo en los franceses e italianos—. Vemos que por diversos motivos que no conozco no han puesto tanto hincapié en autores que, al margen de la lengua en la que se expresen, vengan de culturas diferentes. Hay varios casos como el de Abderrahmán Munif con la pentalogía Ciudades de sal —que es un clásico de las letras árabes—, la libanesa Huda Barakat y la china Chi Li. Kawabata es distinto porque en este caso Belacqva no ha descubierto a nadie. Simplemente encontramos un manuscrito de un premio Nobel que curiosamente permanecía inédito en español porque su editor habitual no lo había publicado. Entonces lo trajimos a España. Pensamos que en lo que sería el área de traducciones es importante estar al tanto de la vanguardia pero también queremos mirar a otras orillas, trayendo a estos autores que en el pasado no han estado presentes en nuestro mercado y que me gustaría que en el futuro tuvieran una presencia mayor y más constante en él.


M.G.: ¿Hasta el momento cómo ha sido la acogida de la colección ‘Documentos’ en la que Belacqva ha publicado a autores como Sigmund Freud, Primo Levi, Stendhal y Nathaniel Hawthorne?


P.S.: Buena aunque hemos tenido un mejor apoyo de la crítica que de las ventas. Estamos sembrando y empezando a mostrar lo que será la arquitectura de un pequeño árbol. Tenemos la suerte de que en casi todas las colecciones hay uno o dos libros que han tenido el éxito suficiente para ir manteniendo el equilibrio. Todos estos libros han sido bien vistos por la crítica aunque quizás no tan vendidos y, en general, han tenido una muy buena recepción. Los libreros han hablado muy bien de ellos. Pero, por ejemplo, otro título de la misma colección que se llama Viaje por las mentiras de la Historia Universal —que es un libro de divulgación sobre las mentiras de la historia— ha tenido una crítica muy buena pero, además, ya va por la sexta edición y lleva más de 15000 ejemplares vendidos. Es un libro de más amplio espectro y más divulgativo. Ese tipo de libros que también es tan necesario nos permite arriesgarnos en apuestas un poco más difíciles como la de traducir ochocientas páginas de la biografía de Primo Levi. Nos parece esencial que esa biografía se traduzca y, por lo tanto, intentamos buscar el equilibrio.


M.G.: ¿Cree usted que Belacqva está llenando un hueco que han dejado en el mercado tanto los grandes grupos como las editoriales independientes que ya están posicionadas?


P.S.: Creo que más que llenar el hueco está contribuyendo a que el hueco de la calidad en el que están Belacqva y otras editoriales vaya teniendo más peso y vaya creciendo más en las librerías. Creo que más que cubrir un hueco estamos sumando al gran hueco de la calidad que hay actualmente en el mercado.


M.G.: ¿En qué consiste la estrategia tanto editorial como comercial de Belacqva para alcanzar y conservar una posición propia en el mercado?


P.S.: Esto es difícil en un mercado tan saturado como el que vemos hoy en día porque reflexionando un poco te das cuenta de que es cierto eso de que permanecer una semana en la mesa de novedades equivale casi a alcanzar la inmortalidad. Es un poco pretencioso decir que podemos diferenciarnos de nuestra competencia. Creo que es difícil que nos diferenciemos y realmente soy mucho más sincero en la medida en que más que diferenciarme, preferiría parecerme a otros sellos editoriales cuyos propietarios o editores en este momento ya tienen más de setenta años para poder tomar el relevo cuando éstos vendan o dejen la editorial. Yo quisiera que cuando fuéramos mayores pudiéramos tomar el relevo de determinados editores que a finales de los setenta y principios de los ochenta han cambiado el panorama tanto de la literatura como del ensayo de calidad en este país.


M.G.: ¿Qué distingue a Belacqva de otras editoriales independientes españolas?


P.S.: Que está apoyada por el Grupo Editorial Norma. Esto quiere decir que detrás suyo hay una cultura de cuarenta años de entender la edición en términos de calidad. Que tiene detrás a un grupo como Carvajal, que tiene paciencia, que es un proyecto que está planteado a mediano y largo plazo, que no vamos a variar el rumbo porque las cosas no nos vayan bien, que tenemos fe en que hacemos nuestro trabajo bien y con convicción y que pensamos que sembrando poco a poco al final terminaremos recogiendo una buena cosecha.


M.G.: ¿Cuál sería su balance de la experiencia de la editorial hasta ahora?


P.S.: El primer año fue muy complicado porque cambiamos el catálogo y creamos nuevas colecciones. Además, debimos convencer al mercado de que la marca Belacqva, que tenía unas connotaciones determinadas, tenía posibilidades de existir con un proyecto diferenciado del anterior y propio. 2006 fue un año muy duro. Pero también hemos tenido la suerte de que a principios de 2007 hemos publicado Siete cuentos fronterizos, de Georges Moustaki, cuya reimpresión nos ha ayudado a crear más confianza en los distribuidores, en los libreros, en la crítica y en los lectores. Esto hace que los libros permanezcan más tiempo en las librerías, con lo cual tienen más oportunidades de venta y los lectores van conociendo más este mundo nuestro. Por lo tanto, estoy gratamente sorprendido por este principio de año aunque ahí queda mucha tela que cortar para acabar el año. Esperamos acabar bien 2007 con algunos libros importantes que vamos a sacar de aquí a final del año. Creo que vamos por el buen camino pero queda mucho porque éste es un mercado muy complicado.


M.G.: ¿Podría adelantarnos algo con respecto a los libros que está preparando en este momento Belacqva?

P.S.: Acabamos de sacar una novela de un clásico contemporáneo que murió en noviembre del año pasado y que está inmerecidamente olvidado a pesar de ser un maestro de la literatura. Se trata de La decisión de Sophie, de William Styron. Con este libro retomaremos la obra de Styron y la publicaremos completa en España. En el sello La otra orilla también publicaremos la última novela del escritor nigeriano Ben Okri, cuyo título es Starbook. Además, de Ben Okri vamos a recuperar el Booker Prize titulado El camino hambriento y vamos a traducir su continuación, Songs of Enchantment. También seguiremos publicando a autores colombianos. Acabamos de firmar el contrato de la continuación de Ursúa, la primera novela de William Ospina, y vamos a publicar en España su libro de ensayos Las auroras de sangre y su poesía completa. Tenemos buenas sorpresas editoriales dentro de la modestia de una editorial que no publica más de cincuenta títulos al año.


En el mes de septiembre sacaremos una colección de bolsillo porque queremos entrar en este mercado. Produciremos libros con calidad teniendo en cuenta que el mercado de bolsillo tiene unas normas relacionadas con el precio y el formato. Trabajaremos con precios de entre cinco y doce euros en los formatos estándares de bolsillo pero haremos libros con solapas, con calidad y con la voluntad de llegar a las librerías y al público más amplio posible. Nuestra colección de bolsillo saldrá en septiembre con ocho títulos y con seis tanto en octubre como en noviembre —es decir, con veinte títulos en lo que queda del año para hacer un poco de despliegue y dar a conocer el nuevo sello editorial—.


También seguiremos publicando las otras líneas tradicionales de Belacqva —‘Novela histórica’, ‘El ojo de la historia’ y la colección ‘Documentos’— y tanto en España como en Latinoamérica le daremos más fuerza y más personalidad al sello La otra orilla.


M.G.: ¿Podría mencionarnos algunos autores y/o libros que le gustaría incluir en el catálogo de Belacqva?


P.S.: Bueno, la respuesta es muy obvia. Son los autores con los que he crecido. Acabamos de contratar ¡Absalón, Absalón!, de William Faulkner, y la publicaremos el año que viene. Me gustaría seguir publicando a Dickens, a Mark Twain, a Jack London, a Stevenson, a Joyce, a Kerouac, a Capote y a muchos otros autores con los que me he criado. La mayoría de ellos ya están publicados. Pero si no los puedo publicar a ellos, me gustaría por lo menos publicar a sus hijos y a sus nietos. Es decir, a Faulkner, a Thomas Wolfe, a Hemingway y a muchos otros que han dejado huella en España, en América Latina y en el resto del mundo.


Me encantaría publicar a Coetzee, lo cual hoy es inviable aunque no lo sabemos si lo será dentro de diez años. Me gustaría publicar a Kapuściński, que ha muerto. Quizás aún haya un manuscrito suyo inédito y yo tenga la suerte de encontrarlo. Quiero publicar libros que tengan la virtud de aportar una nueva mirada tanto en ficción como en no ficción, de hacer reflexionar y de abrirle pequeñas ventanitas a la gente para que ésta tenga una nueva mirada sobre el mundo. En definitiva leer es viajar a otros mundos. Para mí es un placer ver a una persona que encuentra en una librería un libro de Belacqva o de la editorial que sea.

Viernes, junio 8, 2007 categorizado bajo literatura contemporánea

lugares comunes

En su blog The Art of Fiction, Mauricio Salvador hace una convocatoria para la creación de un nuevo diccionario de lugares comunes tanto en la crítica de libros, como en los argumentos a los que recurren los autores para justificar su obra. “Durante algún tiempo hemos estado dándole vueltas a la idea. ¡Hay tanto material allá afuera!”, dice Mauricio.

Mauricio cita perlas recurrentes en la crítica como éstas:

- “Una prosa que no deja concesiones”

- “El verdadero protagonista es el lenguaje”


Por el lado de los autores, algunos de ellos terminan descubriendo el agua tibia con sus intentonas experimentales. Mauricio también da cuenta de los ímpetus vanguardistas de ciertos autores que desde hace varios años han hecho las delicias de los académicos de corte postmoderno:

“La idea de la novela me da mucha desconfianza. Es por eso que en mi novela me propuse hacer una crítica de la idea de novela, desarmarla, jugar con los géneros”.


Y con respecto a este tipo de manifiesto lúdico – deconstructivo, comenta que es “como si se tratara del Tristram Shandy o cosa parecida”.


Personalmente me interesa mucho el lugar común tanto en la literatura como en el periodismo. En la literatura hay tres clichés que me fascinan:

- La consumación del amor en París

- El detective intelectual

- El misterio en torno a una gran obra de arte


En cuanto al periodismo, el colombiano —que salvo unas cuantas excepciones se caracteriza por ser poco cuidadoso en el uso del lenguaje, irrespetuoso de la sintaxis y empalagoso y lagrimón— tiene cuatro expresiones que me encantan:

- “Caía una llovizna pertinaz”

- “¡Te llamo desde la prisión!” (esta frase es una recreación del pregón inicial de El preso, una canción de Fruko y sus tesos que representa un hito en la historia de la música colombiana y a la cual los periodistas recurren cada vez que alguna de nuestras celebridades se enrola en el grupo cada vez más grande de figuras de la farándula criolla que desfila por los pabellones de nuestras cárceles)

- “En el aire reinaba una tensa calma”

- “Unas son de cal y otras son de arena”



En [ el ojo fisgón ] he intentado dar cuenta de las fórmulas que he encontrado de manera recurrente en novelas que he leído últimamente en las entradas ‘fórmulas / variante # 1 del género negro: el thriller religioso-erudito‘, ‘fórmulas / variante # 2 del género negro: el thriller terrenal‘, ‘fórmulas / variante # 3 del género negro: el thriller filosófico-místico‘, ‘fórmulas / la novela francesa de crisis‘ y ‘fórmulas / la novelita romanticona‘—. Cito la manera como planteé el ejercicio de identificar estas fórmulas:

“Cada género y subgénero literario tiene sus convenciones: la tragedia, la épica, los libros de caballería, la novela realista del siglo XIX, los folletines y los thrillers. Si en su momento estas convenciones debían ser respetadas para legitimar la obra y su pertenencia a un género determinado, hoy en día muchos autores las utilizan como fórmulas para inscribir sus obras en una tendencia que está teniendo éxito en el mercado y, de esta manera, congraciarse con los agentes y los editores para garantizar no sólo la publicación sino también el éxito en ventas de lo que escriben —y, por qué no, la posibilidad de pegarle a un premiecillo—.


De cierta manera la existencia y la aplicación de estas fórmulas —gracias a las cuales la literatura está cada vez más llena de lugares comunes— garantizan el funcionamiento del mercado editorial en la medida en que las editoriales, los agentes, las librerías y los autores deben inventar cada día la manera de hacer que su trabajo sea rentable para poder seguir viviendo de él. Aunque este fenómeno puede ser visto como una perversión del mercado, también hay que tener en cuenta que éste cada vez está más segmentado y, que por lo tanto, a pesar de la concentración de la industria editorial todo el tiempo están apareciendo nuevos nichos que configuran circuitos a los que los grandes grupos editoriales no llegan”.


Con respecto a las convenciones dice Mauricio:

“Hay un ensayo de John Barth titulado “Literature of exhaustion” en el que crítica duramente la literatura de convenciones, es decir la novela de impulso realista, debido a que esas convenciones había sido ‘usadas’ mucho. Los nuevos lectores se encontraron entonces con libros que buscaban a toda costa escapar de esos convencionalismos (y lo lograron), construyendo novelas de estructuras fragmentadas o tiempos dislocados o tipografía loca, que durante un buen tiempo alimentaron los estudios académicos de un montón de universidades. El lector que buscaba aquellos convencionalismos baratos se quedó con el ojo cuadrado viendo cómo los académicos y los escritores se divertían horrores con historias en las que cada cinco palabras te recordaban que lo que estabas leyendo no era una ficción, sino un juego literario y que, bueno, como dijeran los anuncios de Pepsi ¡Es lo de hoy!”.

Aplaudo la iniciativa de Mauricio, a la cual espero poder hacer alguna contribución a su diccionario.

Viernes, junio 8, 2007 categorizado bajo edición, editores, editores independientes, literatura contemporánea

entrevista a patricia escalona, directora editorial de roca / "tendemos a convertirnos en una mediana editorial independiente"

Roca es una pequeña editorial independiente que gracias a su intenso ritmo de publicación, al éxito en ventas de ciertos títulos y a la adquisición de los derechos de algunas figuras importantes atraviesa actualmente por un proceso de crecimiento. En sus distintas colecciones Roca editorial maneja una amplia gama de registros que van desde la literatura negra de calidad hasta la ficción literaria, pasando por la novela histórica, la literatura juvenil o el thriller y los libros de misterio de menor exigencia.

Martín Gómez: ¿Cómo definiría usted Roca editorial?


Patricia Escalona: Roca es una pequeña editorial independiente que empezó con mucha ambición e ilusión y que ahora se está convirtiendo más bien en una editorial mediana gracias a nuestras últimas adquisiciones editoriales, que son bastante importantes.


M.G.: ¿Cuándo y por iniciativa de quién surge la idea de crear Roca editorial?


P.E.: La iniciativa fue de Blanca Rosa Roca, de quien la editorial toma el nombre. Durante 17 años ella había trabajado en Ediciones B como gerente y por cambios que se dieron en el Grupo Zeta —al cual pertenece dicho sello— ella salió de allí y decidió crear su propia editorial.


M.G.: ¿Cuáles son las motivaciones que condujeron a la creación de la editorial?

P.E.: Supongo que la motivación de Blanca Rosa fue seguir haciendo lo que más le gusta, que es leer y publicar libros. Con esta idea nos arrastró a todos los que estábamos en su círculo cercano. En un principio la acompañaron tres personas: Carlos Ramos, que es el subdirector y gerente; Silvia Fernández, de prensa; y Sunsi Molins, de producción, quien es la encargada del acabado de los libros. Estas tres personas seguían siendo muy cercanas a Blanca Rosa a pesar de su salida de Ediciones B y cuando ella les sugirió trabajar en su editorial no tuvieron ningún problema en acompañarla. Luego Blanca Rosa contactó con los otros dos socios, que somos Ángel Molina —el director de administración— y yo. Y a todos nos pareció una muy buena idea no estar en sujetos a ningún grupo grande ni a criterios discutibles —y a veces poco comprensibles— y formar una editorial independiente que consiguiera situarse en el mercado. Nosotros empezamos a publicar libros hace tres años y un par de meses, por lo cual es bastante sorprendente que hayamos conseguido situarnos y que se nos conozca. Hemos trabajado mucho y hemos tenido mucha suerte.


M.G.: ¿Cómo se definió el perfil de las distintas colecciones de Roca editorial?


P.E.: En realidad esto obedece a criterios personales. Al principio en Roca habíamos tres personas que comprábamos libros: Blanca Rosa, Carlos y yo misma. Afortunadamente a los tres nos gustan libros diferentes, con lo cual el criterio era muy distinto y el catálogo ha resultado ser muy ecléctico y completo al mismo tiempo. Entonces cabe todo. Desde el thriller americano más habitual hasta la novela literaria más sensible y difícil. que también está teniendo buenos resultados.


M.G.: ¿Bajo cuáles criterios editoriales se eligen los libros que publica Roca editorial?


P.E.: Básicamente bajo los criterios personales de elección. Hay una colección de literatura histórica, otra de literatura negra de calidad y otra de thrillers y libros de misterio de menor exigencia literaria pero que son muy rápidos y entretenidos. Tengo amigos que son escritores y que los leen con mucho gusto porque sirven un poco para digerir entre dos libros. Luego hay una colección literaria, de la que me encargo yo personalmente y que hemos ido consiguiendo situar en el mercado a pesar de que hacerlo ha costado un poco más.


M.G.: ¿Cree usted que Roca editorial está llenando un hueco que han dejado en el mercado tanto los grandes grupos como las editoriales independientes que ya están posicionadas?


P.E.: Sí porque lo que Roca ha hecho es apostar por autores desconocidos que estaban buscando una oportunidad. Hemos publicado del orden de cien autores que nunca antes se habían publicado en España, lo cual es muy arriesgado administrativa y comercialmente porque un autor de estas características no siempre da los resultados que podría dar un autor consolidado. Nosotros antes no estábamos en capacidad de optar a grandes autores, que es algo que hemos hecho cuando hemos podido. Durante casi tres años nos hemos dedicado a intentar lograr que autores desconocidos tuvieran su lugar en el mercado editorial y lo hemos conseguido.


M.G.: ¿En qué consiste la estrategia tanto editorial como comercial de Roca para alcanzar y conservar una posición propia en el mercado?


P.E.: En primer lugar, tenemos una política de autor. Como ya he dicho, empezamos a publicar autores desconocidos y seguimos publicándolos. También hemos publicado a E. L. Doctorow, que es un autor consolidado y conocidísimo que nosotros no hemos descubierto pero que hemos vuelto a publicar con muy buenos resultados. Como queremos ser coherentes con nuestra política de autor, vamos a publicar un libro suyo llamado Creationists que es de ensayos sobre creadores en distintos campos y que no tiene nada que ver con el catálogo de Roca porque hasta ahora no hemos publicado no ficción. Todo lo que publique Doctorow merece la pena ser leído porque es un gran autor contemporáneo como lo pueden ser otros norteamericanos como Irving y Auster. Sin embargo, hasta ahora Doctorow había sido un autor con mala suerte en el mercado español.


El hecho de ser una editorial pequeña en cuanto a número de personas que trabajan en ella —ahora somos catorce— facilita mucho la creación de estrategias comerciales y de marketing porque decimos “nos reunimos ahora” y cinco personas se meten en una sala de la que luego salen ideas para promocionar un libro. Como, por ejemplo, empezar la promoción de un libro de vampiros creando una dirección de e-mail con el nombre de uno de los personajes y enviar un mensaje semanal a libreros y periodistas, de manera que se cree un misterio que se acaba solucionando con la presentación del libro en el último mensaje. Esta es una idea que surgió en una reunión mientras nos reíamos y hablábamos de lo que nos había gustado del libro.


La ilusión y las ganas de ser una editorial pequeña se concretan en este tipo de estrategias imaginativas que nos permiten jugar un poco y crear diferentes cosas que puedan aplicarse a los libros y que a la vez nos distingan un poco de lo que hacen las otras editoriales. Dentro de lo que cabe, claro. Tampoco se trata de hacer grandes barbaridades porque al final el que estamos vendiendo no es un producto cualquiera. Queremos vender libros. Hasta que me muera seguiré defendiendo la idea de que los libros no son tornillos y que con ellos no vale todo. Teniendo en cuenta este principio, sí que se puede jugar un poco, tener un poco de imaginación y crear cierta intriga. ¿Por qué no?


Para promocionar los libros en ocasiones creamos páginas Web con contenidos que no son demasiado complicados para que los lectores las consulten y puedan contactarnos si tienen alguna duda. También pagamos el dinero que podemos permitirnos para que los libros se vean más en los puntos de venta más atractivos como pueden ser la Fnac, las grandes superficies o las librerías —que es algo que depende del tipo de libro—. Hay librerías que nos conviene que tengan cierto tipo de libros más que otros. También invertimos algo en publicidad en revistas aunque mucho menos porque, como te decía, hasta ahora hemos tenido ciertas limitaciones que nos han hecho recurrir a la imaginación.


M.G.: ¿Qué distingue a Roca editorial de otras editoriales independientes españolas?


P.E.: Creo yo que hay una ambición comercial bastante clara. Por su filosofía, desde el principio Roca editorial ha tendido a convertirse en una editorial mediana en lugar de quedarse siendo una pequeña editorial independiente. Es decir, que tendemos a ser una mediana editorial independiente probablemente con una facturación mayor y con un mejor posicionamiento ante el mercado y el lector. A lo que tiende Roca es a que el sello sea conocido, a ser un sello que el lector reconozca. En cambio con las pequeñas editoriales esto es muy difícil al menos que se trate de lectores muy de nicho. Debido a una parte de los libros que publica, Roca tiene tendencia a ser reconocida por el gran público.


M.G.: ¿Cuál sería su balance de la experiencia de la editorial hasta ahora?


P.E.: No podría ser más positivo. He pasado por cuatro editoriales en mi vida laboral y, sin lugar a dudas, es aquí donde estoy más feliz. Tengo campo para hacer lo que quiero y por encima de mí hay personas que hablan, que se comunican conmigo y a las que no tengo que pedirles hora para entrar a su despacho. Son personas comprensivas que se han portado muy bien a nivel laboral y personal. Eso por un lado. Luego, como directora editorial puedo permitirme el lujo de escoger lo que quiero hacer cada día. Alguien a quien le guste este mundo no podría estar más contento. Si un día quiero editar un libro, lo edito. O si quiero dedicarme a ayudarle a Carlos con el marketing, no tengo más que decírselo y me siento con él. Entonces hay un abanico de cosas que puedo hacer. Obviamente estoy obligada a hacer algunas otras, como en todo trabajo, pero no me molestan en absoluto. Y estoy muy contenta. En este tiempo he aprendido muchísimo. Entonces el balance es muy positivo.


Nosotros tuvimos mucha suerte con El enigma del cuatro, que fue un gran éxito y que afortunadamente nos posicionó en el mercado de manera que a partir de entonces los libreros ya sabían que nosotros vendíamos libros. Lo difícil es convencerlos de que somos capaces de editar libros de otro estilo porque hay grandes problemas de espacio en las librerías, que están llenas de cajas y cajas de libros. Y a veces es difícil hacerlos salir de las tres editoriales que ellos consideran que son más literarias y convencerlos de que hay otras más que están haciendo cosas de buena calidad. Gracias a Doctorow nuestra línea literaria ha empezado a tener una mejor acogida. El proceso que estamos sufriendo con la línea literaria es el habitual en cualquier editorial. Lo raro es lo que nos ha pasado en estos tres años y es que hemos conseguido ponernos donde lo hemos hecho. Es muy difícil. En ese sentido es como si se tratara de dos editoriales completamente distintas.

M.G.: ¿Podría adelantarnos algo con respecto a los libros que está preparando en este momento Roca editorial?


P.E.: La bodega, de Noah Gordon. Éste es un autor cuyo máximo éxito en España ha sido un libro llamado El médico, que vendió millones de ejemplares. El médico forma parte de una trilogía compuesta, además, por Chamán y La doctora Cole. Gordon también es el autor de libros como El rabino y El diamante de Jerusalén. Nosotros hemos comprado todos sus títulos para reeditarlos en nuestro fondo editorial. Tres de ellos los hemos comprado traducidos. Esperamos que La bodega, que será la novedad de Noah Gordon, sea un gran éxito.


Otro gran autor al que hemos aspirado y que hemos conseguido es Michael Connelly. Se trata de un autor de thriller súper consolidado, muy bueno y también muy reconocido. Estamos contentísimos con él y sacaremos su nuevo libro, que pertenece a la famosa serie del abogado Harry Bosch.


Ambos libros saldrán en el mes de octubre.


M.G.: ¿Podría mencionarnos algunos autores y/o libros que le gustaría incluir en el catálogo de Roca editorial?


P.E.: Bueno, pues a mis autores favoritos como Jeffrey Eugenides, John Irving —por supuesto—, Philip Roth y otros grandes nombres de la literatura anglosajona, que por mi formación es la que a mí más me gusta. También me gustaría publicar a Daniel Pennac si es que en algún momento se decide a volver a escribir. Y a Margaret Atwood y a Ian McEwan.


O si no me gustaría seguir descubriendo nuevos autores. De hecho hemos descubierto algunos bastante alucinantes como M.J. Hyland, una autora nuestra inglesa que tiene muy buenas críticas de Coetzee hablando de su escritura. Y estamos muy contentos con ella. Doctorow es un sueño cumplido. Cuando ves a uno de estos grandes autores en las listas, bromeando con los agentes tú les dices “bueno, si algún día alguien no lo quiere…”. Y un día un agente me llamó y me dijo: “¿aquello que me dijiste medio en broma era cierto, lo quieres?”. Y entonces no me lo creo. No entiendo porque nosotros hemos vendido 12000 ejemplares con este libro, que no es un libro menor. Es una buena venta. Y estoy segura de que podremos mantener el ritmo. Y bueno, ya veremos si consigo reeditar toda su obra.

Lunes, mayo 21, 2007 categorizado bajo literatura contemporánea, literatura latinoamericana

‘mcondo’ once años después: mucho ruido y pocas nueces

En agosto de 1996 dos figuras pertenecientes a una nueva camada de escritores chilenos publicaron McOndo, una compilación de relatos de dieciocho autores latinoamericanos con quienes compartían una serie de referentes, sensibilidades, preocupaciones, intereses, temas y registros narrativos. La antología editada por Alberto Fuguet y Sergio Gómez partía del siguiente presupuesto:

“Nuestro McOndo es tan latinoamericano y mágico (exótico) como el Macondo real (que, a todo ésto, no es real sino virtual). Nuestro país McOndo es más grande, sobrepoblado y lleno de contaminación, con autopistas, metro, tv-cable y barriadas. En McOndo hay McDonald´s, computadores Mac y condominios, amén de hoteles cinco estrellas construídos con dinero lavado y malls gigantescos.


En nuestro McOndo, tal como en Macondo, todo puede pasar, claro que en el nuestro cuando la gente vuela es porque anda en avión o están muy drogados. Latinoamérica, y de alguna manera Hispanoamérica (España y todo el USA latino) nos parece tan realista mágico (surrealista, loco, contradictorio, alucinante) como el país imaginario donde la gente se eleva o predice el futuro y los hombres viven eternamente. Acá los dictadores mueren y los desaparecidos no retornan. El clima cambia, los ríos se salen, la tierra tiembla y Don Francisco coloniza nuestros inconscientes”.

Al parecer la motivación de Fuguet y Gómez para hacer su antología fue el desconcierto que en su momento les produjo el rechazo que suscitó en el International Writers Workshop de la Universidad de Iowa el hecho de que sus textos faltaran “al sagrado código del realismo mágico” porque, según un editor, éstos “bien pudieron ser escritos en cualquier país del Primer Mundo”. Sin lugar a dudas, lo que Fuguet y Gómez llaman ‘la locura latina’ es una consecuencia del éxito que tuvieron en el mercado las obras de los autores del boom, de esa necesidad de la academia de ponerle una etiqueta a todo y, finalmente, de la exotización de lo latinoamericano por parte tanto de esta misma academia como de los medios de comunicación norteamericanos y europeos.


Dicen Fuguet y Gómez que “existe un sector de la academia y de la intelligentsia ambulante que quieren venderle al mundo no sólo un paraíso ecológico (¿el smog de Santiago?) sino una tierra de paz (¿Bogotá?, ¿Lima?). Los más ortodoxos creen que lo latinoamericano es lo indígena, lo folklórico, lo izquierdista. Nuestros creadores culturales sería gente que usa poncho y ojotas. Mereces Sosa sería latinoamericana, pero Pimpinela, no. ¿Y lo bastardo, lo híbrido? Para nosotros, el Chapulín Colorado, Ricky Martin, Selena, Julio Iglesias y las telenovelas (o culebrones) son tan latinoamericanas como el candombe o el vallenato”.


Sin lugar a dudas la propuesta de McOndo es bastante interesante porque si las generaciones más recientes hemos crecido en una época cuyo espíritu es muy distinto de aquel de la de García Márquez, Rulfo o Carpentier, es ridículo esperar que la sensibilidad, las preocupaciones, los intereses, los temas y los registros narrativos de los escritores de hoy sean iguales a los de los autores mencionados. No obstante, la manera como Fuguet y Gómez plantean su propuesta siempre me ha parecido un poco chocante porque su actitud iconoclasta los lleva a desconocer el valor del aporte que en su momento hicieron a la tradición de la literatura latinoamericana una serie de obras de altísima calidad literaria que, además, dieron cuenta de ciertos aspectos de la realidad de la región de una manera muy ingeniosa, viva y, en ocasiones, universal.


Coincido con Fuguet y Gómez en que en la narrativa que se está produciendo actualmente en Latinoamérica “el gran tema de la identidad latinoamericana (¿quiénes somos?) pareció dejar paso al tema de la identidad personal (¿quién soy?)” y en que “ésta es una de las herencias de la fiebre privatizadora mundial” porque los textos que se están escribiendo hoy en día “no son frescos sociales ni sagas colectivas. Si hace unos años la disyuntiva del escritor joven estaba entre tomar el lápiz o la carabina, ahora parece que lo más angustiante para escribir es elegir entre Windows 95 o Macintosh”.


Aunque creo que la provocación de Fuguet y Gómez era necesaria para que ellos y sus contemporáneos pudieran quitarse de encima el estigma del realismo mágico, once años después tengo la impresión de que —salvo unas pocas excepciones— el legado de McOndo es bastante pobre y de que su publicación trajo consigo mucho ruido y pocas nueces.

Nota: los siguientes son los autores incluidos en McOndo:

Juan Forn, Rodrigo Fresán, Martín Rejtman, Edmundo Paz Soldán, Santiago Gamboa, Rodrigo Soto, Alberto Fuguet, Sergio Gómez, Leonardo Valencia, Ray Loriga, José Angel Mañas, Antonio Domínguez, Jordi Soler, David Toscana, Naief Yehya, Jaime Bayly, Gustavo Escanlar y Martín Casariego Córdoba.

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