archivo de la categoría “literatura española”

los 500 títulos de la colección narrativas hispánicas de anagrama

Anagrama acaba de publicar el número 500 de su colección Narrativas hispánicas. Se trata de Antagonía, un volumen que reúne por primera vez los cuatro libros que conforman esta obra de Luis Goytisolo. La colección Narrativas hispánicas apareció en 1983 y su primer título fue El héroe de las mansardas de Mansard, de Álvaro Pombo.

 

 

 

 

Si la colección Narrativas hispánicas tiene 29 años, podríamos decir que en ella en promedio se han publicado 17,2 títulos por año. Aunque está claro que a la hora de hilar fino es mejor no fiarse de los promedios. En el cuadro de publicaciones que aparece en las páginas 66 y 67 del volumen Anagrama 40 años. 1969 – 2009 hay un registro del número de títulos que se han publicado cada año en las distintas colecciones de la editorial. En el caso de Narrativas hispánicas las cifras son las siguientes —hasta ese momento se habían publicado 450 títulos. He completado los datos del período comprendido entre la segunda mitad de 2009 y lo que va corrido de 2012 revisando los boletines de novedades publicados en la página Web de la editorial—:

 

1983: 1 título

1984: 12 títulos

1985: 15 títulos

1986: 12 títulos

1987: 16 títulos

1988: 16 títulos

1989: 16 títulos

1990: 16 títulos

1991: 18 títulos

1992: 13 títulos

1993: 16 títulos

1994: 20 títulos

1995: 21 títulos

1996: 22 títulos

1997: 26 títulos

1998: 17 títulos

1999: 18 títulos

2000: 22 títulos

2001: 24 títulos

2002: 14 títulos

2003: 17 títulos

2004: 17 títulos

2005: 19 títulos

2006: 16 títulos

2007: 21 títulos

2008: 20 títulos

2009: 18 títulos

2010: 18 títulos

2011: 12 títulos

2012 (enero – marzo): 7 títulos

Total 1983 – 2012: 500 títulos

 

 

 

 

Y hasta aquí los números porque aunque éstos son importantes, lo son todavía más la naturaleza del trabajo de Anagrama en el campo de la publicación de narrativa escrita en español y la contribución que la editorial ha hecho en este ámbito.

 

***

 

En relación con el trabajo de la colección Narrativas hispánicas hay dos aspectos sobre los que me parece que vale la pena llamar la atención:

 

En primer lugar, la continuidad en el tiempo. Anagrama fue fundada en 1969 y como ya mencioné el primer título de la colección Narrativas hispánicas apareció en 1983. En este sentido la colección Narrativas hispánicas es un proyecto de largo aliento más que consolidado que reúne una muestra importante de las voces y obras más notables de la novela y del cuento que han surgido durante las últimas décadas tanto en España como en Hispanoamérica.

 

Y, en segundo lugar, la amplitud del espectro que abarca la colección Narrativas hispánicas. De hecho, el nombre mismo de la colección ya sugiere un reconocimiento de la diversidad existente en la narrativa escrita en lengua española así como la intención de dar cuenta de ella. En la colección Narrativas hispánicas han publicado autores de distintos lugares del ámbito hispanohablante, lo cual ha favorecido la circulación, la visibilidad y la lectura de su obra por fuera de sus países de origen. El desarrollo de la carrera de muchos de estos autores ha estado estrechamente ligado a la colección Narrativas hispánicas, en la cual a menudo tanto éstos como su obra han madurado y se han consolidado.

 

 

 

(Jorge Herralde y algunos de los autores que han hecho historia en la colección Narrativas hispánicas: Javier Marías, Félix de Azúa, Vicente Molina Foix y Álvaro Pombo. Imagen tomada de la página Web de Anagrama)

 

***

 

Al igual que los pequeños y medianos editores independientes locales, las filiales de los grandes grupos editoriales españoles en los distintos países hispanoamericanos han jugado un rol importantísimo en la publicación de la producción literaria de cada país. A pesar de la fuerte implantación de los grandes grupos en Hispanoamérica y del alcance de su capacidad de acción gracias a los recursos que tienen a su disposición —ya quisieran muchas pequeñas y medianas editoriales independientes contar entre otras cosas con su estructura logística, sus redes comerciales, su aparato de difusión, su capacidad de distribución o su presupuesto de marketing—, es bastante difícil que la obra de un autor local publicado por alguna de sus filiales consiga circular por fuera de su país de origen y llegar a otros territorios. Lo usual es que la obra de un autor de este tipo empiece a llegar a otros países cuando se produce un hito en su carrera —la obtención de un premio literario de renombre, por ejemplo— o cuando éste logra un cierto reconocimiento mediático. Esta forma de operar que en principio puede parecer absurda adquiere sentido si aceptamos la premisa de que con contadísimas excepciones ni en España se venden bien los libros de los autores hispanoamericanos ni en Hispanoamérica se venden bien los libros de los autores tanto españoles como de otros países de la región. Cuando hablo de excepciones me refiero no sólo a algunas figuras vivas del boom latinoamericano como Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, sino también a autores posteriores como Isabel Allende, Alfredo Bryce Echenique, Javier Cercas, Albert Espinosa, Almudena Grandes, Javier Marías, Arturo Pérez-Reverte y Carlos Ruiz Zafón.

 

 

 

 

Además de reunir en la colección Narrativas hispánicas una muestra amplia, diversa y llamativa de obras y voces contemporáneas del ámbito de la novela y el cuento escritos en español, en general Anagrama tiene una distribución buena o al menos aceptable en una parte importante de los países hispanoamericanos. Es por esto que a través de la colección Narrativas hispánicas Anagrama ha contribuido de una manera fundamental a darles a conocer a los lectores españoles e hispanoamericanos la obra de autores hispanohablantes que normalmente son poco o nada conocidos por fuera de sus países de origen. Hay que decir además que el Premio Herralde de Novela ha servido tanto para reconocer el valor de obras puntuales de autores consagrados o en proceso de consagración como para sacar a la luz a figuras emergentes cuya carrera resulta prometedora.

 

En el texto “Recorrido por cuatro décadas” el editor Jorge Herralde llama la atención con respecto al fortalecimiento de la presencia de Anagrama en los países latinoamericanos durante el período comprendido entre 2000 y abril de 2009. Al respecto dice Herralde: ‘Uno de los rasgos más destacados en este período es la progresiva consolidación de Anagrama, reforzada por sus ediciones en América Latina, en especial en Argentina y México, y también en Colombia, Chile, Uruguay, Venezuela y Perú. De forma programática, en esta década los autores latinoamericanos se publican en su país de origen y en España, y se distribuyen en los restantes países de América Latina. Además se han realizado ediciones latinoamericanas de no pocos autores relevantes del catálogo, traducidos y españoles. En total la suma de ediciones de Anagrama en América Latina, hasta abril de 2009, asciende a 87′.

 

Vale la pena destacar no sólo que a través de las traducciones de la colección Panorama de narrativas Anagrama también ha jugado un papel clave al permitirles a los lectores hispanohablantes entrar en contacto con la obra de un buen número de grandes autores contemporáneos que escriben en otras lenguas, sino también que la colección Argumentos ha sido un vehículo eficaz para la difusión de un cierto pensamiento de ‘imaginación crítica’.

 

 

 

 

Revisando el listado de títulos publicados en la colección Narrativas hispánicas de Anagrama me doy cuenta rápidamente de que hay un montón de autores de los que además de no haber leído ningún libro, tengo poquísimas referencias. En muchos casos se trata de autores que apenas me dicen algo y hay algunos que incluso ni siquiera había oído nombrar antes. Sin embargo, el hecho de que algún libro suyo haya sido publicado en la colección Narrativas hispánicas ya me sugiere algo y hace que estos autores me despierten una cierta curiosidad. Al fin y al cabo el catálogo de una editorial también puede ser visto como una declaración de principios.

 

Aparte de las editoriales que en el campo de la narrativa publican la producción nacional de sus respectivos lugares de origen y cuyo catálogo rara vez se comercializa por fuera del mercado doméstico, hay unas cuantas que al abrirles un espacio a obras de autores de países del ámbito hispanohablante distintos del suyo están tendiendo puentes entre éstos y los lectores de toda la geografía iberoamericana. Me refiero a editoriales españolas con una larga trayectoria como AlfaguaraMondadoriPre-textosSeix Barral y Tusquets así como a otras más jóvenes —algunas de ellas latinoamericanas— como 451 editoresAlpha Decay, Barataria, CandayaDuomo, Eterna cadenciaLengua de trapo, Páginas de espumaPeriféricaSexto Piso, Trama editorialTropo editores y Veintisiete letras*. Me encantaría que dentro de cinco, quince o treinta años estas editoriales jóvenes pudieran celebrar el logro de haber hecho en sus respectivas líneas de trabajo contribuciones similares a la que Anagrama viene haciendo desde hace ya más de cuatro décadas en los distintos frentes que cubre.

 

De los títulos de la colección Narrativas hispánicas que he leído mis favoritos son: Ruleta rusa y otros cuentos, de Pere Calders —traducción del catalán—; Historia abreviada de la literatura portátil, de Enrique Vila-Matas; Corazón tan blanco, de Javier Marías; Estrella distante, de Roberto Bolaño; Ochenta y seis cuentos, de Quim Monzó —traducción del catalán—; y Fiesta en la madriguera, de Juan Pablo Villalobos.

 

Por cierto, quien quiera echarle un ojo al catálogo completo de Anagrama puede consultarlo aquí.

 

* nota: en el caso de AlfaguaraMondadori y Seix Barral me refiero a las casas matrices en España de estos sellos pertenecientes a grandes grupos mientras que en el de las pequeñas y medianas editoriales más jóvenes he puesto las que se me vinieron a la cabeza de primerazo —supongo que varias se me deben estar quedando por fuera, así que se aceptan contribuciones para ampliar y complementar este listado—.

miércoles, julio 13, 2011 categorizado bajo destacados, literatura española, literatura estadounidense

mis lecturas para el verano

Desde que me convertí en lector a los 17 años, para mí las vacaciones siempre han sido el momento ideal para dedicarme a la lectura de aquellos libros que más tengo ganas de leer. Cuando estaba en la universidad la Feria del libro de Bogotá coincidía con la víspera del inicio de mis vacaciones largas, así que durante las semanas previas reunía todo el dinero que podía —lo poco que conseguía ahorrar más lo que mi papá me regalaba, que solía ser alrededor del 75% del monto final— para irme de compras. Durante los exámenes finales me iba a la feria y me armaba de un buen arsenal de lecturas para los tres meses de vacaciones que me esperaban. Muchos de los libros que compré en esa época los leí mucho más tarde o hasta ahora no los he leído. En cualquier caso están ahí, ocupando su lugar en ese proyecto de vida que es mi biblioteca personal.

 

Cuando viajaba con mi familia o con mis amigos siempre me llevaba un buen cargamento de libros con la esperanza de leerlos todos, aunque al final sólo terminaba leyendo tres o cuatro como máximo. Al cabo de un par de viajes ya sabía que me estaba llevando más libros de los que podría leer pero me tranquilizaba saber que no iba a quedarme sin lecturas o que si alguno no me gustaba podía dejarlo y continuar con otro. Muchos de mis libros favoritos los leí durante mis temporadas de vacaciones de la universidad: Cien años de soledadEl amor en los tiempos del cólera, de Gabriel García Márquez; Sobre héroes y tumbas, de Ernesto Sabato; La montaña mágica, de Thomas Mann; Desayuno en Tiffany’sA sangre fría, de Truman Capote; Niebla, de Miguel de Unamuno; Santo oficio de la memoria, de Mempo Giardnelli; La mujer que se estrellaba contra las puertas, de Roddy Doyle; y Leviatán, de Paul Auster.

 

Luego cuando empecé a trabajar tuve claro que para leer algunos libros de una cierta extensión me harían falta unas vacaciones más o menos largas —pensando en quienes dicen haberse iniciado como lectores alguna vez que se enfermaron durante su niñez, muchas veces he llegado a pensar que la ocasión perfecta para hacer estas lecturas sería una baja por enfermedad (un lujo impensable para un freelance)—. Es por eso que desde entonces he aprovechado algunas de mis vacaciones para leer novelas largas que hoy en día se encuentran ente mis libros favoritos como Las ilusiones perdidas, de Honoré de Balzac; Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño; y La hoguera de las vanidades, de Tom Wolfe. Espero que algún día no muy lejano les llegue el turno a libros cuya lectura es una deuda que tengo pendiente como Historia de dos ciudadesGuerra y paz, En busca del tiempo perdidoLos demonios, La guerra del fin del mundo, Tres tristes tigres, La consagración de la primaveraEl obsceno pájaro de la noche, toda la saga de Wilt de Tom Sharpe, la Trilogía de DeptfordMantra, 2666Tu rostro mañana.

 

Tengo previsto dedicar una parte importante del tiempo de estas vacaciones de verano a la lectura de dos novelas más o menos largas que quiero leer desde hace ya un buen tiempo: La ciudad de los prodigios, de Eduardo Mendoza, y Middlesex, de Jeffrey Eugenides.

 

 

 

Ningún lugar es malo para unas buenas lecturas vacacionales: la playa, la montaña, la ciudad, un pueblo o incluso la propia casa. Felices lecturas a quienes próximamente vayan a tomarse unas vacaciones.

 

entrevista a la agente literaria antonia kerrigan / “mi único logro ha sido ver a la mayoría de mis autores publicados en el máximo número posible de países”

Antonia Kerrigan empezó su carrera como agente literaria a principios de los años ochenta junto a Carmen Balcells, a quien según dice le debe todo lo que ha hecho hasta ahora y que le hizo ver que lo que realmente quería era tener su propia agencia. Y dicho y hecho: justo después de salirse de esa escuela que fue Carmen Balcells para ella, Kerrigan abrió su agencia literaria hace casi ya treinta años.

 

En esta entrevista Antonia Kerrigan habla acerca de las sorpresas que en ocasiones se ha llevado tras leer manuscritos de algunos autores desconocidos, de la racionalidad que hay detrás de las apuestas de su agencia, de la manera como Carlos Ruiz Zafón y Javier Sierra han contribuido a que el mercado anglosajón le abra sus puertas a la obra de autores hispanohablantes, del cambio de actitud de la industria editorial estadounidense frente a la literatura escrita en español, del interés que hoy en día suscita la literatura latinoamericana en España y, por supuesto, de su posición actual frente a la gestión de los derechos digitales —un tema con respecto al cual por lo menos de momento se muestra prudente y sobre el que parece tener sus reservas debido a la existencia de algunos interrogantes que en principio deberían resolverse próximamente—.

 

Con respecto a la reciente decisión de varios agentes literarios anglosajones de actuar como editores de ciertas obras de algunos de sus autores, Kerrigan comenta que le parece una línea de trabajo interesante si se trata de títulos que actualmente se encuentran descatalogados para que el público pueda volver a acceder a ellos fácilmente. Sin embargo, Kerrigan también dice que no está segura de que por cuestiones de compatibilidad sea posible ser agente y editor al mismo tiempo.

 

 

Martín Gómez: ¿Cómo definiría usted la función de una agencia literaria?

 

Antonia Kerrigan: Una agencia literaria se ocupa de los autores y de todos los asuntos relacionados con su producción creativa y con sus libros: desde leer el texto y dar una opinión hasta buscar un editor para comercializar su obra. Una vez el libro se ha publicado en su lengua original —la mayor parte de mis autores son españoles—, el siguiente paso consiste en buscar editores extranjeros que se interesen por la obra y que quieran traducirla a otros idiomas para conseguir que ésta se difunda lo máximo posible. No olvidemos que todo escritor escribe para que su obra la lea la mayor cantidad de personas posible. Por lo tanto ése es el objetivo final.

 

Por otro lado, una agencia literaria se ocupa de todos los papeles y de la parte económica: de las facturas, del dinero que ganen los autores, de pasar liquidaciones anualmente o de ver cuántos libros han vendido. En los servicios de una agencia literaria ahora también se incorpora la posibilidad de que la obra entre en libro electrónico y de que se distribuya en este formato tanto como se pueda a través de las nuevas plataformas de comercialización.

 

Una agencia literaria también puede prestar servicios de representación a agencias extranjeras, haciendo las veces de coagente o de subagente. Como yo desconozco el mercado asiático, tengo una persona allí que me sirve de coagente, que busca a los editores, que habla con ellos y que a cambio de un porcentaje vende los libros de mis autores en ese mercado. Yo hago lo mismo aquí para un agente y para una editorial que están en Estados Unidos y que necesitan a alguien que conozca el terreno que pisa.

 

M.G.: ¿Cuáles son los rasgos, los conocimientos y las competencias que a su juicio debe tener un agente literario?

 

A.K.: La verdad es que como es una profesión que no se aprende en ningún lugar ni tampoco hay ninguna universidad a la que puedas asistir, la mejor escuela a la que puedes ir es otra agencia literaria. Allí es donde hemos aprendido todos. Yo me formé en Carmen Balcells y desde que abrí mi agencia hacia 1983 o 1984 otros han aprendido conmigo y han montado las suyas propias.

 

Yo creo que hablar varios idiomas es una cosa absolutamente imprescindible. Pero aparte de eso, el único requisito es ser un buen vendedor y un buen lector. De resto no creo que haya ninguna otra cosa imprescindible más allá de tener ciertos conocimientos de humanidades y una cierta cultura, como en casi todos los trabajos.

 

M.G.: ¿Cuándo y bajo qué circunstancias empezó usted a trabajar como agente literaria?

 

A.K.: A principios de los años ochenta trabajé con Carmen Balcells, a quien le debo todo lo que he hecho hasta ahora y lo que soy porque con ella tuve la oportunidad de aprender un oficio y una profesión. Ella me hizo ver que lo que yo quería era tener una agencia literaria.

 

M.G.: ¿En qué momento y por qué motivo decidió usted abrir la agencia literaria Antonia Kerrigan?

 

A.K.: Cuando dejé la agencia de Carmen Balcells me puse manos a la obra y empecé absolutamente de cero. Si hubiera llegado a saber que iba a ser tan duro, seguramente no lo habría hecho. Pero como era mucho más joven y bastante inconsciente lo hice, perseveré y afortunadamente he tenido suerte.

 

M.G.: ¿Cómo es el proceso a través del cual la agencia literaria Antonia Kerrigan recluta a los autores que representa?

 

A.K.: Es un proceso es muy azaroso. Primero vienen autores a los que conoces, hablas con ellos, intentas colocar algún libro suyo y se recomiendan los unos a los otros. Un día un autor te llama o te manda un correo y te dice que después de haber escrito tres novelas juveniles tiene una para adultos y que cree que debería estar en una agencia. Por ejemplo, así fue como llegó Carlos Ruiz Zafón desde el otro lado del Atlántico. Y en su momento Matilde Asensi también llegó de esa misma manera cuando nadie la conocía porque cuando leyó su manuscrito una de las personas que trabaja conmigo dijo ‘este libro puede vender mucho’. Y así fue.

 

Eso es azar o suerte. Le dices al autor ‘mándame el libro’, te lo lees y dices ‘hombre qué bien, qué libro más estupendo. A ver si tiene éxito’. Y claro, cuando al autor le llega el éxito hay más gente que quiere estar en tu agencia. Hay otros factores que juegan un papel importante como la perseverancia o el hecho de tener un magnífico coagente en Estados Unidos que lee en español y que aprecia los libros que le mando porque eso me ha ayudado mucho a abrirme al mercado anglosajón.

 

Entre tanto sigo haciendo lo mismo: me ocupo de los autores que tengo pero sigo buscando y leyendo cosas nuevas. Cada vez tengo menos tiempo y tardo más en leer los libros pero de cuando en cuando encuentro alguna joya. Al final si un colaborador me dice ‘este libro es muy pero muy bueno’ siempre quiero leerlo para saber de qué va pero también hay muchos textos que se rechazan porque si alguien de la agencia dice que es imposible yo me fio plenamente de su palabra.

 

 

M.G.: ¿Cuáles son los servicios que les ofrece la agencia literaria Antonia Kerrigan a los autores que representa?

 

A.K.: Depende. Hay libros que simplemente lees, opinas y das tu parecer. En otros casos le dices al autor ‘estaría muy bien que te hicieran un editing’. Yo no hago un editing completo, así que a los autores les recomiendo a personas a las que pueden recurrir. A veces el editing lo hace la editorial pero si antes de mandarle el manuscrito a un editor creo que el autor ganaría mucho teniendo ayuda externa, sé a quién remitirlo.

 

M.G.: ¿Cómo es el proceso de búsqueda de un editor para los libros de los autores que representa la agencia literaria Antonia Kerrigan?

 

A.K.: Depende de la intuición de cada uno. Cuando estoy leyendo un manuscrito ya me estoy imaginando el tipo de editor que quiero y ya estoy viendo a la persona a la que le voy a hablar de ese libro. Es algo que viene cuando estás leyendo el manuscrito según el tipo de libro y el perfil de la editorial.

 

M.G.: ¿Cuáles son los factores que en un momento dado pueden llevar a la agencia literaria Antonia Kerrigan a apostar por un autor desconocido?

 

A.K.: Cuando nos gusta mucho un libro apostamos por él. A veces tenemos éxito y el editor se hace cómplice nuestro. Pero en muchas ocasiones nos ha pasado que hay libros a los que no hemos podido conseguirles un editor de ninguna de manera a pesar de que nos han gustado a todos. Por ejemplo, en el caso de Matilde Asensi tardamos tres años en encontrar un editor. El hecho de que apuestes por un libro no quiere decir que vayas a venderlo a la semana siguiente. Primero hay que convencer.

 

M.G.: A partir de la experiencia de la agencia literaria Antonia Kerrigan, ¿cómo percibe usted la evolución de la venta de derechos de autores hispanohablantes a otros mercados?

 

A.K.: Se ha abierto mucho. El éxito de Carlos Ruiz Zafón ha ayudado mucho más que muchísimo particularmente a que se abrieran los mercados anglosajones. Mercados como el italiano y el francés ya estaban al tanto de la literatura española pero el anglosajón era reacio a nuestros autores y de pronto con el éxito de Carlos se abrió muchísimo. Desde hace varios años se ha generado un interés por la literatura escrita en español. Ahora la mayoría de las editoriales tienen lectores en español y editores bilingües, que es algo que hasta hace diez años no existía. Antes tenían que buscar a un editor externo, mandarle el libro y fiarse de un informe de lectura pero ahora tienen editores que leen en español.

 

M.G.: ¿Cómo ve usted el posicionamiento actual de los autores hispanohablantes y de la literatura en lengua española en otros mercados?

 

A.K.: Hoy en día los autores hispanohablantes están bien posicionados, mucho mejor que hace unos años. Podrían estar estupendamente pero no todos consiguen traducirse. Sin embargo, están mucho mejor de lo que estaban antes y eso es un avance importante.

 

M.G.: ¿Cuáles son los factores que favorecen y dificultan la introducción de los autores hispanohablantes y de la literatura en lengua española en otros mercados?

 

A.K.: La temática no importa mucho. El tiempo entre costuras, de Maria Dueñas, es una novela sobre el protectorado español en Marruecos. Se trata de un tema que incluso muchos españoles desconocen y uno diría que un libro de este tipo no se va a vender nunca en Estados Unidos pero no es así porque se publicará y los americanos están muy entusiasmados con la novela.

 

Por ejemplo, Javier Sierra ayudó muchísimo a la entrada de los autores españoles al mercado estadounidense. Incluso entró a la lista de los más vendidos de The New York Times, lo cual influyó muchísimo para que los editores de Estados Unidos empezaran a plantearse la compra de obras de autores hispanohablantes.

 

 

M.G.: ¿Cómo percibe usted el estado actual y el potencial del mercado del libro latinoamericano así como su posición frente al mercado español?

 

A.K.: En España está volviendo a haber un cierto interés por lo que se está escribiendo en Latinoamérica. Hubo mucho interés con el boom, después un cierto desinterés y luego un nuevo interés durante la época del crack. Y ahora el mercado español está volviendo a interesarse por el trabajo de los escritores latinoamericanos.

 

M.G.: ¿Usted es partidaria del modelo de gestión de derechos universales en lengua española o de uno basado en la partición geográfica que presuponga su explotación en territorios limitados del ámbito hispanohablante?

 

A.K.: Ésta es una pregunta difícil de contestar. Si hay un libro que es muy pero muy mexicano, tú sabes que se trata de un libro sólo para México. Los grandes grupos suelen querer comprar derechos mundiales en lengua española porque son los que tienen filiales tanto en España como en todos los países de Latinoamérica. Como la práctica nos enseña que un libro que un gran grupo publica en un país latinoamericano —pongamos el ejemplo de Colombia— normalmente no llega a España y viceversa, yo he llegado a un acuerdo con estos grandes grupos: yo les cedo los derechos mundiales durante un período de 12 o 18 meses y si al cabo de ese tiempo el libro no está en todos los países de habla hispana, los derechos que ellos no están usando regresan al autor.

 

M.G.: ¿Qué piensa usted acerca de la reciente decisión de varios agentes literarios anglosajones como Andrew Wylie, Ed Victor, Curtis Brown y Blake Friedman de actuar como editores de ciertas obras de algunos de sus autores?

 

A.K.: Me parece interesante. Creo que hay que pensárselo mucho porque es un hecho muy reciente y hacer eso también requeriría mucha infraestructura. Y no sé si es compatible ser agente y al mismo tiempo editor. Aún no me posiciono sobre el tema pero me parece que es interesante, especialmente si los agentes van a ser editores de libros que actualmente están descatalogados. El hecho de poder darle una segunda vida a libros que se encuentran descatalogados me atrae muchísimo pero ahora mismo no tengo una opinión fija o formada sobre esto. Creo que me arriesgaría a digitalizar y a poner en libro electrónico todos los títulos que se encuentren descatalogados para que estén a disposición del público. Eso sí que me parecería muy interesante.

 

M.G.: ¿Cuál es actualmente la política de la agencia literaria Antonia Kerrigan con respecto a la gestión de los derechos digitales de las obras de sus autores?

 

A.K.: No tengo una política al respecto y explicaré por qué. Yo tengo algunas ideas que requieren muchas discusiones con editores tanto españoles como de otros países. Creo que los derechos digitales deben ser sin exclusivas, que nadie debe tenerlos todos y que los libros tienen que estar en todas las plataformas digitales que haya. Con esto me refiero a que deben estar en Amazon, en Barnes & Noble, en Libranda y en donde sea. Los editores tienden más a querer quedarse con todos los derechos digitales y creo que también debe haber una gran y profunda discusión acerca tanto de los precios que van a poner como de los porcentajes que van a darle al autor. Por tanto, en estos momentos yo estoy en una nube de interrogantes que espero que vayan resolviéndose a lo largo de los próximos meses para poder definir en un momento la política de esta agencia con respecto a la gestión de los derechos digitales. De momento nuestra política consiste en escuchar, comentar y discutir todo lo relacionado con los derechos digitales para llegar a una conclusión con respecto a qué es lo más beneficioso para el autor y a cómo hacer que las editoriales queden contentas con sus resultados. En este sentido estoy muy sintonizada con otras agencias como las que forman parte de la Asociación de Agencias Literarias de España (ADAL).

 

M.G.: ¿Cuál cree usted que es en el mediano y en el largo plazo el potencial desarrollo del mercado de los contenidos en formato y soporte digital en el ámbito hispanohablante?

 

A.K.: Yo creo que todo tenderá a ir a más. Si tenemos que seguir el ejemplo norteamericano, yo diría que todo irá a más. Ahora, predecir me parece difícil.

 

 

M.G.: ¿Cuáles han sido hasta el momento los principales logros de la agencia literaria Antonia Kerrigan?

 

A.K.: El único logro es cumplir la meta de cualquier agente, que es conseguir que todos sus autores o la mayor parte de ellos se publiquen en el máximo número posible de países. Creo que cada vez he conseguido que mis autores tengan una mayor presencia en los países europeos, asiáticos, americanos y anglosajones. Esta tendencia ha ido en aumento, lo cual es un gran logro para mí.

 

M.G.: ¿Cuáles han sido las principales dificultades con las que se ha encontrado durante su trabajo al frente de la agencia literaria Antonia Kerrigan?

 

A.K.: En una época los editores no se arriesgaban con autores que no tenían un nombre o con figuras jóvenes. Esos años fueron difíciles porque podías hacer poco si no representabas a grandes nombres. Después las cosas han ido cambiando porque he conseguido algún éxito y cuando esto pasa todos empiezan a hacerte más caso.

 

M.G.: ¿Cuál es su balance con respecto a la experiencia de la agencia literaria Antonia Kerrigan?

 

A.K.: Mi balance es que la experiencia ha valido la pena.

 

Transcripción: Margarita María Pérez Barón

lunes, mayo 7, 2007 categorizado bajo crítica, literatura contemporánea, literatura española

¿quiénes son las grandes voces de la narrativa española actual?

Cuando en el artículo ‘Los venenos de la crítica’ se le pregunta en qué se destaca la crítica española frente a la del resto del mundo, el comentarista de libros Ricardo Senabre responde que “frente a otros países ganamos en la atención a obras estrictamente literarias y de diversas literaturas”. A diferencia del ámbito anglosajón, en España —y en el resto del mundo de habla hispana— los libros traducidos o de autores extranjeros hispano hablantes representan un porcentaje importante del total de libros publicados y reseñados en los medios de comunicación. Basta con ir a una librería o con hojear la sección de cultura de un diario cualquiera para constatarlo.

La respuesta de Senabre me hace preguntarme a qué se debe esta apertura del mercado español frente a lo que se publica en otros ámbitos —en algunos más que en otros, dependiendo tanto de la orientación de la editorial como del momento—: ¿al fuerte interés que le suscitan a la sociedad española las expresiones culturales provenientes de otras latitudes? ¿A la voraz curiosidad de los lectores españoles? ¿A un complejo de inferioridad de éstos frente a culturas que en este momento son más influyentes globalmente? ¿A que países como Alemania, Francia, Estados Unidos o el Reino Unido hacen valer la superioridad de su poder político y económico mediante una especie de imperialismo que se apoya en el peso de sus expresiones culturales? ¿A que lo que se escribe en España no despierta el interés del público? ¿A que lo que escriben los autores españoles no logra saciar la sed de los lectores españoles?


Sea cual sea la respuesta, pensar en todo esto me hace preguntarme quiénes son en este momento las grandes voces de la narrativa española —es decir, sus figuras más representativas—. Está claro que hay una cantidad importante de escritores que están en ese proceso de formación que consiste en buscar una voz propia. Sin embargo, cuando intento identificar a aquellos autores consolidados que en el momento actual constituyen la máxima expresión de la narrativa española me cuesta trabajo ir más allá de Enrique Vila-Matas, Javier Marías, Álvaro Pombo, Eduardo Mendoza, Luis Landero y el Muñoz Molina de hace unos años. Seguramente se me queden varios por fuera. Me pregunto si serán autores como Arturo Pérez-Reverte, Juan Marsé, Almudena Grandes o Antonio Gala.


Eso sí, estoy seguro de que de esta lista por el momento no forman parte autores cuyos libros se venden muy bien como Rosa Montero, Carlos Ruiz Zafón, Ildefonso Falcones, Maruja Torres o Lucía Extebarria —que, como Ray Loriga, a sus cuarenta y tantos se rehúsa a dejar de comportarse como un quinceañero con ínfulas de beatnik—.