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Miércoles, marzo 28, 2007 categorizado bajo literatura estadounidense

notas sobre ‘vinieron como golondrinas’, de william maxwell

Hace unas semanas escribí una entrada titulada Vinieron como golondrinas, un libro que tienta, en la que hablaba sobre la curiosidad que me había despertado la novela de William Maxwell que la editorial barcelonesa Libros del Asteroide publicó en septiembre de 2006. Como me parecía una novela tan atractiva, en ese momento dije que seguramente Vinieron como golondrinas sería uno de los siguientes libros que leería. Y dicho y hecho: hace dos semanas decidí sacar de mi biblioteca el ejemplar de la novela que había comprado a principio de año y dedicarme a leerla en mis ratos libres.

Vinieron como golondrinas aborda desde el punto de vista de dos niños y de su padre la manera como durante el invierno de 1918, cuando acaba de anunciarse el fin de la Primera Guerra Mundial, en un pequeño pueblo de Illinois una familia de la clase media vive el azote de una epidemia de gripe. La escritura de Maxwell se caracteriza por un estilo escueto y certero que siempre está haciendo énfasis en el detalle, como lo evidencia el hecho de que para articular su relato sin dejar ningún cabo suelto y sin que sobre nada recurra solamente a los elementos estrictamente necesarios. Considero que el mayor logro del autor en Vinieron como golondrinas consiste en lograr dotar a cada personaje de una sensibilidad, de una visión del mundo y de una voz propias porque al explorar lo más profundo de la interioridad de cada uno de ellos el lector tiene la oportunidad de ver una misma realidad desde tres perspectivas diferentes y, por lo tanto, de percibirla de maneras completamente distintas.

‘granta’: nueva etapa de la versión en español y próxima publicación de ‘best of young american novelists 2′

En febrero se anunció que la versión en español de la revista británica Granta ya no seguiría siendo editada y distribuida por el Grupo Planeta —que entre 2004 y 2006 había sacado del número 0 al 6— sino por Alfaguara, que acaba de sacar el número 7 de esta publicación. En la medida en que es una consecuencia del hecho de que Valerie Miles —quien hasta hace poco editaba Granta en español con Aurelio Major— haya dejado Planeta para asumir el cargo de subdirectora y editora para narrativa extranjera de Alfaguara, probablemente el cambio de un grupo a otro no implique un giro muy fuerte en la línea editorial de la revista —aunque curiosamente el índice del número 7 sugiere una inclinación particular por los autores del sello que la edita. Por el momento el cambio más importante es el inicio de la distribución de la revista en Latinoamérica, donde hay una larga tradición de la crónica periodística y del reportaje literario.

Desde su aparición Granta ha hecho una apuesta que consiste en explorar lo que está sucediendo en distintas tradiciones literarias para identificar a las futuras promesas de la narrativa de cada una de ellas. De hecho, la aparición en las páginas de la revista les ha permitido a autores como Kazuo Ishiguro, Salman Rushdie, Julian Barnes, Ryszard Kapuscinski, Martin Amis, Raymond Carver, Hanif Kureishi, Ian McEwan y Zadie Smith darse a conocer más allá del ámbito exclusivamente local de sus países de origen. En palabras de Valerie Miles, Granta es “una especie de cantera de autores e ideas para las editoriales: hacemos de laboratorio, y descubrimos y probamos escritores”.

Granta y la prescripción de un canon de la narrativa contemporánea


Tal es el prestigio que ha construido con el paso de los años, que Granta se ha ganado la autoridad para proponer lo que podríamos llamar un canon de la narrativa contemporánea a través de la publicación de las compilaciones de Young British Novelists —de 1983, 1993 y 2003— y de Best of Young American Novelists —que en 1996 incluyó a figuras como Edwidge Danticat y Jonathan Franzen—. Una excelente noticia antes de terminar: el número 97 de la edición en inglés y el 8 de la edición en español, que aparecerán próximamente, estarán consagrados a la segunda versión de Best of Young American Novelists.

Sábado, febrero 17, 2007 categorizado bajo edición, escritores, literatura, literatura contemporánea, literatura estadounidense

el reconocimiento al mérito de auster

City of Glass, la primera novela de lo que años más tarde se conocería como The New York Trilogy, fue publicada en 1985 tras ser rechazada por 17 editores distintos y después de que Paul Auster publicara bajo el seudónimo de Paul Benjamin la novela policíaca Squeeze Play —cuya traducción titulada Jugada de presión publicó el año pasado Anagrama—. En ese entonces Auster ya había publicado un par de libros de no ficción titulados The Art of Hunger y The Invention of Solitude, había editado una antología de poesía francesa del siglo XX y traducido tanto a Jean-Paul Sartre como a Stéphane Mallarmé.

Ha pasado un poco más de dos décadas desde la publicación de City of Glass y Auster, que acaba de cumplir sesenta años, ha terminado por convertirse en uno de los escritores vivos más reconocidos del ámbito de la ficción literaria. Si Auster logró un cierto éxito con la publicación de The New York Trilogy, la aparición de Moon Palace o de Leviathan lo elevaría al status de escritor de culto en el que se consolidaría con obras más recientes como The Book of Illusions, Oracle Night y Brooklyn Follies.

La temática, que es siempre la misma, y el tratamiento de ésta constituyen el principal atractivo de los libros de Auster porque tanto sus historias como los personajes que las protagonizan ponen en evidencia que nuestras vidas están llenas de coincidencias, incitándonos a explicar todo lo que nos sucede a partir de una lógica cuyo principio fundamental es el azar. Al fin y al cabo los libros que más nos gustan son aquellos que nos ofrecen una forma de explicar las cosas que nos pasan o una visión del mundo parecida a la nuestra.

Las reediciones y Travels in the Scriptorium


Desde hace dos semanas las vitrinas y las mesas de novedades de todas las librerías de Barcelona están inundadas de ejemplares de la traducción al español de Travels in the Scriptorium, que fue publicada en inglés a finales del año pasado. Las múltiples reediciones anuales de las obras anteriores de Auster, el entusiasmo con el que tantos jóvenes las leen y el hecho de que sus libros compartan vitrina con best-sellers de aeropuerto como los de Almudena Grandes o con el último libro de José Saramago ya nos permiten hacernos una idea de lo que este autor norteamericano significa como fenómeno cultural y editorial.

Lunes, febrero 12, 2007 categorizado bajo edición, escritores, literatura, literatura estadounidense

‘vinieron como golondrinas’, un libro que tienta

Durante cerca de cuarenta años William Maxwell (1908 – 2000) fue el editor de ficción de The New Yorker, donde contribuyó a dar a conocer a autores como J. D. Salinger, Tom Wolfe, Vladimir Nabokov, John Updike, John Cheever, Issac Bashevis Singer y Flannery O’Connor. Su novela Vinieron como golondrinas acaba de ser publicada por la editorial barcelonesa Libros del Asteroide.

El hecho tanto de que Maxwell haya estado al frente de The New Yorker durante un período de esplendor en el desarrollo de la narrativa norteamericana, como de que haya impulsado la carrera de algunos de los autores que protagonizaron dicho esplendor despiertan mi curiosidad hacia su novela —que, dicho sea de paso, ha recibido muy buenas críticas—. Seguramente Vinieron como golondrinas será una de mis próximas lecturas.

el fenómeno de les bienveillantes

Les Bienveillantes, de Jonathan Littell, es uno de esos fenómenos inexplicables que de vez en cuando producen desconcierto en el mercado editorial. Si no, ¿cómo explicar el hecho de que un desconocido autor norteamericano escriba en 112 días y en francés su primera novela, de que ésta tenga 900 páginas, de que Gallimard la publique, de que tras su lanzamiento en agosto de 2006 Les Bienveillantes rápidamente se convierta en un best seller en Francia y de que en noviembre del mismo año se gane el Prix Goncourt —que es el premio más prestigioso de la literatura francesa—?

Para empezar, es raro que un desconocido autor gringo haya escrito en francés su opera prima de 900 páginas. Pero más raro aún es el hecho de que una editorial como Gallimard la haya publicado. Al fin y al cabo la buena ficción literaria se vende poco y apostar por una obra tan extensa es un riesgo inminente, sobre todo si su autor no es una figura posicionada en el mercado y si la novela no obedece a la fórmula de lo que se conoce como literatura de aeropuerto.


Dicen que la editorial RBA ha comprado en una subasta los derechos de traducción de Les Bienveillantes, cuya versión en español empezará a circular hacia principios de 2008. Debido al impulso que le dan el reconocimiento tanto del Goncourt como de la crítica y el tema en torno al cual se articula el argumento, es probable que el fenómeno de Les Bienveillantes se reproduzca en otros mercados y que la primera novela de Littell se convierta en uno de esos libros que además de ser buenos tienen un buen rendimiento comercial.

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