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el boom visto por xavi ayén

Durante las últimas semanas he dedicado una parte importante de mi tiempo libre a la lectura de Aquellos años del boom, de Xavi Ayén (RBA, 2014). Aquellos años del boom ofrece a partir de diversos documentos y testimonios una visión de un fenómeno extraordinario de la literatura latinoamericana que se gestó en los años 1960. Este libro que ganó el Premio Gaziel de Biografías y Memorias 2013 es el resultado del riguroso trabajo de investigación de Ayén, que desde una perspectiva que según las necesidades de cada momento se mueve con fluidez entre la panorámica global y el detalle minucioso demuestra un conocimiento extenso y profundo del boom como fenómeno literario, cultural y político. Cuando veo en mi mesa de noche mi ejemplar de Aquellos años del boom imagino con una fascinación tremenda el conocimiento, el mapa mental, la red de relaciones tanto personales como de datos y hechos, el modo de trabajo y las notas de Ayén —lo que inicialmente fue una intuición lo he confirmado en medio de algunas conversaciones que durante el último año he tenido con Marcel Ventura, nuestro amigo en común que conoce de cerca el making-of de este libro—. Recomiendo leer el artículo “El método Ayén” que Llàtzer Moix escribió hace unas semanas para el especial “Cuando Barcelona hizo boom” del suplemento cultura/s, del diario La Vanguardia.

 

Como autor, la mayor parte del tiempo Ayén parece una figura invisible que de repente se implica personalmente y se expone en su relato cuando éste lo exige. Con respecto al boom dice Ayén en el último párrafo de la introducción de su libro:

 

‘A mí me gusta verlo, sencillamente, como una bonita historia que sucedió en mi ciudad y que acabó, aquel 12 de febrero de 1976, de un modo tan novelesco: con un filete ensangrentado en el ojo de Gabo’.

 

También vemos a Ayén implicado personalmente en su relato cuando dice que ‘el día que el boom llegó a mi ciudad yo todavía no había nacido’, que ‘cuando vine al mundo y, sobre todo, un poco después, la ciudad se convirtió en un parque temático del boom‘ o que ‘a lo mejor me crucé con alguno de aquellos escritores cuando mis padres me llevaban al pediatra, que tenía consulta en el barrio donde todos ellos vivían’. Si quieren conocer el origen de la relación de Ayén con Carmen Balcells o la manera como la agente literaria urdió su encuentro con García Márquez a finales de diciembre de 2005 en México, tendrán que leer Aquellos años del boom.

 

 

 

 

AQUELLOS_AÑOS_DEL_BOOM

 

 

 

Ayén destaca desde el principio la importancia que el libro ha tenido históricamente en Barcelona. Y en los anteriores fragmentos de las primeras páginas de su libro es evidente que para Ayén la ciudad juega un rol protagónico en el desarrollo del boom. A continuación veremos algunos ejemplos en los que se abordan estos dos temas que están estrechamente relacionados.

 

– Sobre la relación entre Barcelona y los libros:

 

‘Junto a la arquitectura de Gaudí y los triunfos deportivos del Barça, hay algo relacionado con el libro que forma parte del complejo ADN de los barceloneses. Los primeros impresores de la ciudad se remontan al siglo XV, poco después de que el invento de Gutenberg fuera introducido en la península Ibérica. La industria editorial es uno de los pilares que permiten a la segunda urbe española disputar la supremacía a Madrid. Barcelona, mediana población mediterránea, es, también, el origen del Día Mundial del Libro, fiesta que se ha expandido por diversos países y que la Unesco universalizó en 1995’.

 

– Sobre la manera como Barcelona atrajo a escritores latinoamericanos anteriores al boom como Domingo Faustino Sarmiento, Rubén Darío, Rómulo Gallegos y José María Vargas Villa:

 

‘Los autores del boom no fueron los primeros latinoamericanos en llegar a la ciudad’.

 

– Sobre el rol de Barcelona como capital cultural latinoamericana:

 

‘Algo sucedió para que en poco más de diez años la ciudad pareciera otra, para que entrados los setenta se convirtiera en la capital de la cultura latinoamericana.

Vargas Llosa recuerda que “autores de toda América Latina llegaban a Barcelona con el sueño de triunfar. Aquí estaban las editoriales que permitían llegar a públicos más amplios que los pequeños sellos que existían en nuestros países de origen. El clima era muy exultante, se vivía la literatura por todos lados, yo mismo fui jurado de diversos premios. Barcelona se convirtió en la nueva capital cultural de América Latina, como lo había sido París para mi generación. Llegaban jóvenes escritores de todos los países, Argentina, Colombia, Perú, Nicaragua… atraídos por el prestigio y la mitología de la ciudad, con fama de abierta, internacional y capaz de lanzar a un escritor al mundo”. El peruano no tiene duda: “El boom nació en Barcelona” porque “solo hubiera podido nacer en una ciudad donde el libro era el rey y en una circunstancia donde la literatura era la reina”‘.

 

– Sobre Barcelona como punto de encuentro para las figuras relacionadas con el boom:

 

‘Sucedieron cosas muy importantes en Buenos Aires, La Habana y México D. F., pero, en la etapa decisiva que va de finales de los años sesenta a finales de los setenta, Barcelona es, en palabras de Carlos Fuentes, “el meollo del asunto”, el lugar de cita de aquella constelación. Además de los escritores, aquí vivían dos elementos clave para que cuajara el boom: Carlos Barral y Carmen Balcells. “Todos lo sabíamos: había que pasar por Barcelona”, a decir de Fuentes’.

 

– Sobre la expansión y el crecimiento de la cuota de mercado de la edición barcelonesa en Latinoamérica:

 

‘El mundo semiclandestino de las editoriales en lengua catalana, por ejemplo, sale entonces a la luz: no solo Edicions 62, también la nueva Proa en 1964, Curial en 1972, Llibres del Mall en 1973 o Quaderns Crema en 1979. Su fuerza coincide con la de sellos en castellano que van a liderar la edición de todo el mundo hispanohablante. Desde aquí se editarán para toda Sudamérica diccionarios, enciclopedias, novelas, y los libros de Seix Barral, de la colección Biblioteca Básica RTVE (Salvat) o los de Bruguera, entre muchos otros, que llegarán a 300 millones de latinoamericanos. En 1967, la más importante editorial argentina se queja de que la competencia editorial que tradicionalmente han mantenido México, Argentina y España se está desequilibrando en favor de los españoles, que producen 13.000 títulos al año, frente a los 5.000 de Argentina y los 4.000 de México’.

 

– Sobre la influencia de Barcelona en los países latinoamericanos:

 

‘La brasileña Piñón asiente y cree que “quizás los propios catalanes no se dan cuenta de la importancia que Barcelona tiene en Latinoamérica’.

 

Es indudable que hoy en día Barcelona sigue siendo un importante centro de toma de decisiones en el mundo del libro en español debido a la presencia en la ciudad de un buen número de agencias literarias, editoriales y librerías que tienen mucho peso en el sector. Y las recientes fusiones y adquisiciones que dan cuenta del proceso de consolidación de la industria editorial que está en marcha actualmente —con protagonistas como Anagrama, Círculo de Lectores, Feltrinelli, Planeta, Penguin Random House, Prisa ediciones, Tusquets, la cadena de librerías La Central o las agencias literarias Carmen Balcells y Wylie— fortalecen la condición de hub de Barcelona en la edición en el ámbito hispanohablante.

 

Si al peso simbólico de la tradición que es fuente de una gran cantidad de mitos le añadimos su condición de punto de encuentro, es fácil entender la capacidad que tiene Barcelona de atraer a personas vinculadas al mundo del libro y a los distintos oficios de la edición. A menudo estas personas trabajan bien sea de manera sucesiva o bien simultáneamente como escritores, lectores, correctores, redactores, traductores, editores, encargados de prensa o periodistas —es bien sabido que en la edición abundan la rotación en los puestos y las colaboraciones externas—. Quizás durante los últimos cinco años Barcelona haya perdido una parte de su capacidad de atraer y retener a estos profesionales tanto locales como extranjeros, muchos de los cuales han optado por irse a buscar oportunidades laborales en otros países como consecuencia de la crisis económica española.

 

Ya veremos si de aquí a unos años Barcelona sigue conservando su posición dominante en la edición en español o si con el tiempo ésta se desplaza hacia otro centro más potente que tenga una influencia a nivel global no sólo en diferentes mercados, sino también en distintos ámbitos lingüísticos. Me pregunto si es posible que en algún momento la influencia histórica y actual de Barcelona se distribuya entre distintos centros de poder ubicados tanto en Estados Unidos como en Latinoamérica.

 

 

 

 

BCN&BOOM

 

 

 

Como puede verse a continuación, Ayén también aborda en Aquellos años del boom cuestiones como el estado de la industria editorial latinoamericana, la relación de fuerzas entre ésta y la española y las dificultades existentes para la circulación de la obra de los autores latinoamericanos en países diferentes del suyo —sería interesante ponerse a la tarea de comparar qué ha cambiado desde entonces en relación con estos tres aspectos—. Estos temas son abordados bien sea mediante observaciones de Ayén o bien a través de diversos testimonios que éste recoge al respecto.

 

– Sobre el boom como un fenómeno global de la literatura escrita en español:

 

‘Que un colombiano residente en México [García Márquez] publicara en Argentina era un indicio premonitorio del nuevo mercado global en español que iba a abrir el boom. Porrúa ya lo veía así, unos meses antes de publicar la novela [Cien años de soledad]:

“Será el primer caso de un narrador que ha comenzado su carrera literaria fuera del país y que va a convertirse en un escritor extranjero editado en la Argentina. Eso yo creo que sucede porque su temática es latinoamericana”‘.

 

– Sobre el estado de la industria editorial argentina a mediados del siglo XX —años antes de que la española se lanzara a la conquista de Latinoamérica mediante ese proceso de expansión al que hace referencia uno de los fragmentos citados anteriormente—:

 

‘”Nos creíamos, sin duda, la capital del boom —certifica Gloria López, nieta del fundador [de Sudamericana]—, nuestra industria editorial era entonces fuerte, la española no tanto, y toda América Latina leía nuestras traducciones, las argentinas, realizadas por nombres como Borges, Cortázar, Aurora Bernárdez, Bianco, Pessoni…”. Se habla del boom editorial argentino no solo porque los grandes autores internacionales se traducen allí sino por su capacidad de influencia en otros países y porque hay un incremento de ventas notable, que Porrúa asocia a “un crecimiento de la clase media a raíz del proceso de industrialización del país, nacen nuevos lectores, sobre todo jóvenes, universitarios”‘.

 

– Sobre la falta de editoriales en ciertas zonas de la región y las dificultades existentes para la circulación de la obra de los autores latinoamericanos en los diferentes países del ámbito hispanohablante:

 

‘Hay también motivos prácticos para que alguien que quiere emprender la carrera de escritor emigre. La América Latina de la época contaba con editoriales en Buenos Aires, Montevideo, Santiago de Chile y México. Y existían enormes trabas para que los libros circularan de unos países a otros, como denunció el mismo Nicanor Parra. El resto era un páramo. Como apuntaba el poeta venezolano Juan Liscano en 1966:

“En la zona que va desde Panamá a Bolivia prácticamente no hay casas editoras, de tal manera que los escritores de esta zona […] hallan enormes dificultades para salir a la superficie porque tienen que encontrar la manera de ser tomados por casas ya sea mexicanas, ya sea del sur del continente”‘.

 

 

 

FIGURAS_DEL_BOOM

 

 

 

Como muchos libros periodísticos y de no ficción en general, Aquellos años del boom puede leerse básicamente de tres formas diferentes —ojo, no estoy haciendo un planteamiento como el hecho por Cortázar en Rayuela ni mucho menos—: linealmente de principio a fin, de manera salteada tras abrir cualquier página al azar y siguiéndoles el rastro a personajes específicos a través del índice onomástico. Durante las dos últimas semanas yo he pasado largas horas leyendo Aquellos años del boom de estas tres maneras y podría pasar muchas más haciéndolo.

 

Ayén construye en Aquellos años del boom un relato ameno, sólidamente articulado y rigurosamente documentado que debería convertirse en una lectura de referencia en cualquier lugar donde se enseñe periodismo cultural e historia de la literatura latinoamericana. Aquellos años del boom es un libro que todo aquel que esté interesado en el periodismo cultural y en la literatura latinoamericana debería leer.

 

Espero que Aquellos años del boom llegue muy pronto a las librerías latinoamericanas para que los lectores de los distintos países de Latinoamérica puedan acceder a él porque se trata de un libro que explora a profundidad y desde perspectivas múltiples un capítulo clave de los últimos cincuenta años de nuestra historia. Para mí que a mediados de los años 1990 me inicié como lector con el boom este libro de Ayén será de ahora en adelante una referencia fundamental. Recomiendo leer Aquellos años del boom lápiz en mano —si alguien está buscando una lectura amena para estas vacaciones, ésta es una buena apuesta—. A quienes compren Aquellos años del boom les aseguro que difícilmente encontrarán una mejor manera de gastarse los 26 euros que cuesta el libro.

 

Quienes quieran leer un fragmento de Aquellos años del boom pueden acceder a través de este enlace a sus primeras páginas gracias a la edición en línea del suplemento Babelia, del diario El País.

miércoles, febrero 5, 2014 categorizado bajo crónica, literatura argentina, literatura latinoamericana, periodismo literario

una idea sencilla de leila guerriero: la historia y el estilo

El pasado 18 de octubre fui a La Central de Mallorca para ver a Leila Guerriero, que presentaba Una historia sencilla. Ya he dicho en ocasiones anteriores que como lector los autores no me interesan. Me interesa lo que escriben y punto —otra cosa es que desde el punto de vista profesional los autores me resulten interesantes o que en el plano personal puedan llegar a interesarme tanto como cualquier otro individuo con quien tenga algún tipo de afinidad—. De hecho, en mi mundo ideal los autores no se pronuncian públicamente sobre nada y dejan que sus libros hablen por ellos. Diría incluso que en una versión extrema de ese mundo ideal los autores no existen porque los libros son escritos por máquinas inteligentes. Así es más o menos el mundo en el que me gustaría vivir como lector.

 

Y aunque normalmente no voy a presentaciones de libros porque me parecen aburridísimas, en esta ocasión quería oír a Leila Guerriero porque me interesan mucho sus reflexiones con respecto al oficio del cronista. Leila Guerriero estuvo genial y encantadora durante la presentación de Una historia sencilla. Y tengo que confesar que mientras oía hablar a Leila Guerriero con Rodrigo Fresán la autora empezó a resultarme tan admirable como su trabajo.

 

 

 

 

 

 

 

De todo lo que dijo Leila Guerriero durante la presentación de Una historia sencilla me quedo con la siguiente idea relacionada con la importancia que se les debe dar tanto al contenido como a la forma en la construcción de una crónica —y de muchos otros tipos de textos literarios, creo yo—:

 

‘A mí me parece primero que nada que si no hay historia, no hay crónica. A mí me parece que esto básicamente es periodismo. Y la historia tiene que estar contada y todas las cosas básicas del periodismo —qué, cómo, cuándo, dónde, etc.— tienen que estar contadas. O sea, el libro podría estar divinamente escrito y no contar absolutamente nada. Qué sé yo: no contar la historia del malambo o no decir de dónde viene. Todo eso sería una falla, me parece. O sea, no es nada más como periodismo con adornos. Pero yo sí creo que si no hay estilo, no hay nada. A mí sí me interesa la búsqueda de una voz. Los autores que más me interesan son los autores que tienen un estilo como claro, como definido’.

 

Al igual que los de Truman Capote, Tom Wolfe y Gay Talese, los textos de Leila Guerriero tienen la capacidad de despertar mi interés por historias que abordan temas que a priori no me interesan, de mantenerme enganchado hasta el final y de dejarme una sensación de vacío cuando termino de leerlas.

 

Quizás por deformación profesional un detalle que me llama la atención de los cuatro libros que Leila Guerriero ha publicado como autora es que cada uno de ellos ha sido editado por un sello diferente: Los suicidas del fin del mundo por Tusquets; Frutos extraños por Aguilar (Colombia)/Alfaguara (España); Plano americano por Ediciones Universidad Diego Portales (UDP); y Una historia sencilla por Anagrama. En este sentido los libros de Leila Guerriero se encuentran tan dispersos como los textos reunidos en Frutos extraños y en Plano americano, que han ido apareciendo en diferentes publicaciones periódicas de distintos países.

 

A continuación pueden ver el vídeo de la presentación de Una historia sencilla en La Central, que fue realizado por bracket cultura —véanlo completo, les aseguro que no se arrepentirán—:

 

 

 

 

 

 

Antes de terminar recomiendo leer la entrevista de Ramón Lobo a Leila Guerriero, que fue publicada en la revista Jot Down“El periodismo objetivo es la gran mentira del universo, todo es subjetivo”.

 

Y no dejen de leer a Leila Guerriero, por favor. Lean todo lo que publica, que vale mucho la pena.

lunes, julio 15, 2013 categorizado bajo literatura latinoamericana

bolaño

En una entrada de febrero 28 de 2012 expliqué las circunstancias en las que entré en contacto por primera vez con la obra de Roberto Bolaño. A continuación reproduzco los dos párrafos iniciales de esa entrada que publiqué hace ya un año y medio:

 

‘Hacia finales de 2000 o principios de 2001 mi amigo R. me contó que entre los estudiantes de la facultad de Literatura de su universidad que iban de poetas malditos o de beatniks se había puesto de moda un libro que los traía locos a todos. Se trataba de Los detectives salvajes, una novela de cerca de 500 páginas de un escritor chileno llamado Roberto Bolaño que estos muchachos llevaban orgullosamente debajo del brazo con una mezcla de irreverencia y altanería. Con R. nos preguntábamos si estaríamos frente al sustituto de Ray Loriga, de Alberto Fuguet o del escritor de culto de turno —es increíble que dos estudiantes veinteañeros puedan llegar a tener prejuicios tan fuertes. Afortunadamente muy pronto nos daríamos cuenta de lo equivocados que estábamos—.

 

Una tarde de mediados de 2001 entré a la tienda de Círculo de lectores de la carrera 15 con 85 en la que estaban saldando libros de Anagrama, entre los cuales había un ejemplar de un volumen de cuentos de Roberto Bolaño llamado Llamadas telefónicas. Le eché un ojo al libro y decidí comprarlo sólo por saber cuál era el motivo de la euforia que Bolaño estaba causando entre los estudiantes de Literatura de la universidad de R. A los pocos días empecé a leer Llamadas telefónicas y no pude parar hasta que me terminé todos los cuentos’.

 

 

ROBERTO_BOLAÑO

 

 

Después de Llamadas telefónicas leí varios libros de Bolaño en el siguiente orden: Nocturno de Chile, Estrella distante, La literatura nazi en América, Putas asesinas, Los detectives salvajes, Entre paréntesis y Una novelita lumpen. Bolaño murió el 15 de julio de 2003, faltando dos o tres semanas para las vacaciones que yo había previsto dedicar a leer Los detectives salvajes —había comprado la novela unos meses antes y estaba esperando la llegada del momento propicio para leerla—. Después de la muerte de Bolaño vino toda la expectativa generada por el anuncio de que en 2004 se publicaría esa obra de gran ambición y magnitud que es 2666. Y luego cada cierto tiempo empezaron a publicarse póstumamente nuevos títulos de Bolaño.

 

Durante siete años no volví a leer nada de Bolaño hasta que a principios de 2012 decidí embarcarme en la lectura de 2666, que es el único libro suyo publicado póstumamente que he leído hasta ahora —la verdad es que los demás no me llaman la atención pero si alguien se anima a hacerme alguna recomendación yo encantado de recibirla—.

 

De mis lecturas de la obra de Bolaño me quedo con los siguientes cuatro títulos que para mí como lector han sido fundamentales y que recomiendo leer —los pongo en orden de publicación—:

 

– La literatura nazi en América

– Estrella distante

– Los detectives salvajes

– Nocturno de Chile

 

 

 

MI_BIBLIOTECA_BOLAÑO_FUNDAMENTAL

 

 

Soy un lector que suele ser fan de libros y no de autores —y tengo que decir que en términos de calidad la obra de Bolaño me parece bastante irregular, lo cual entre otras cosas es perfectamente comprensible y normal—. No cuento con los elementos necesarios para decir si Bolaño es un autor sobrevalorado, como afirman a menudo algunas personas entendidas en estos asuntos así como los enemigos de las modas literarias de cualquier tipo. Además, se trata de una cuestión que me tiene absolutamente sin cuidado. A Bolaño le debo no sólo una serie de lecturas entrañables, sino también largas horas de conversación que en diferentes momentos me han ayudado a generar nuevas complicidades con algunos de mis amigos y a fortalecer mis vínculos con éstos.

 

Mi homenaje como lector a Bolaño cuando se cumplen diez años de su muerte consiste en evocar en esta entrada la historia de mi relación con su obra a través de mis lecturas y, sobre todo, en releer Nocturno de Chile —confieso que hacerlo también ha terminado siendo el mejor regalo que he podido hacerme a mí mismo para ocupar mis ratos libres este verano—.

un libro 100% americano: anotaciones sobre sam no es mi tío

En algún momento del verano de 2012 me enteré vía Twitter de la publicación de Sam no es mi tío por parte de la filial estadounidense de Alfaguara, cuya sede se encuentra en Miami. Sam no es mi tío me llamó la atención desde el principio debido a mi interés por la crónica periodística, a su planteamiento temático, a su enfoque y a la naturaleza y ubicación de la editorial que lo publicó. Por otro lado, tanto el título como la portada del libro me parecieron bastante sugestivos porque ponen en evidencia la relación de amor y odio que muchas de las personas del resto de países americanos tenemos con Estados Unidos.

 

 

 

 

Sam no es mi tío —cuyos editores son Diego Fonseca y Aileen El-Kadi— es un volumen compuesto por 24 crónicas de igual número de autores de distintos países americanos. En la selección de los autores parece no haber ningún interés por cumplir cuotas de género o de países de origen: se trata de 5 mujeres y 19 hombres nacidos en 9 de los 35 países del continente —Argentina (4), Bolivia (1), Brasil (3), Colombia (2), Chile (3), Estados Unidos (2), Guatemala (1), México (6) y Perú (2)—. Al parecer los editores no aplicaron medidas de discriminación positiva para obtener un buen resultado en el índice de paridad de género (IPG) o para evitar polémicas en torno a nacionalidades hegemónicas y subordinadas dentro del continente americano.

 

Revisando las biografías de los autores queda claro que en el caso de varios de ellos las variables “lugar de nacimiento” y “nacionalidad” pueden llegar a ser bastante irrelevantes debido a su condición de inmigrantes —está claro que algunos están siguiendo los pasos de sus padres y abuelos—. De hecho, en su crónica Hernán Iglesias Illa (Buenos Aires, 1974) hace un relato y una serie de observaciones sobre la ceremonia de juramento a la Constitución de Estados Unidos en la que obtuvo la nacionalidad estadounidense —’el texto dice en un momento que los aquí presentes “renunciamos y abjuramos” de nuestras nacionalidades anteriores y nosotros lo repetimos, sabiendo que no lo vamos a hacer’—.

 

Aunque supongo que estos 24 autores no hablan en representación de ningún colectivo —social, político, religioso, nacional, etc.— y la mayoría de las crónicas parte de historias personales, seguramente para muchos lectores de cualquier país americano será fácil identificarse con algunos de ellos —pienso sobre todo en quienes han tenido acceso a las universidades estadounidenses o han aspirado a hacerlo—, con las historias que cuentan o con los protagonistas de éstas.

 

Es interesante que un libro como Sam no es mi tío que recoge crónicas en las que autores provenientes de distintos lugares de América se enfrentan al fantasma de Estados Unidos salga de la filial estadounidense de un gran grupo editorial español que tiene una presencia fuerte en una buena parte de los países del continente. Como explica más adelante Diego FonsecaAlfaguara USA les suministra a las filiales de los distintos países latinoamericanos los ejemplares de Sam no es mi tío que éstas soliciten para satisfacer la demanda local de sus respectivos mercados —salvo en el caso de la argentina, que recientemente hizo una edición propia—.

 

Sospecho que Sam no es mi tío puede conectar fácilmente con un cierto tipo de lector latinoamericano debido no sólo a la tradición de cronistas y al auge de la crónica periodística que hay en la región, sino también a que en América Latina la relación con Estados Unidos en muchos sentidos ha sido, es y seguirá siendo un problema irresuelto. Aunque Sam no es mi tío aborda un tema que en principio poco o nada tiene que ver con su realidad, el lector español contemporáneo también podría interesarse por este libro debido tanto a la creciente popularidad de la crónica periodística en España como al fenómeno migratorio que desde hace un par de años viene provocando la crisis económica. Según la página Web de Alfaguara, en este momento Sam no es mi tío sólo está disponible en España en formato digital.

 

A continuación reproduzco las respuestas de Diego Fonseca a unas preguntas que le hice con respecto a Sam no es mi tío:

 

Martín Gómez: ¿En qué momento, por iniciativa de quién y con qué motivación surge el concepto del libro Sam no es mi tío?

 

Diego Fonseca: En 2008, la revista que me empleaba en Miami se presentó en quiebra. Me habían llevado desde México, donde vivía, con un plan ambicioso de posicionamiento en América Latina. Habló George W. Bush ante el Congreso, la crisis apretó, Wall Street perdió todos los ladrillos y la publicidad para América Latina se congeló. Lo que siguió fue una llamada de los directores de la revista para avisarme que no podían seguir. Fue a las diez de la mañana de un domingo, en mi primer día de luna de miel en el desierto de Arizona. Tenía que contar esa historia pero no di con medios que publicaran largo formato en español en Estados Unidos. El grueso de los cronistas y escritores latinos que vivíamos entonces allá, de hecho, colaborábamos con medios latinoamericanos. Por ende, había una inteligencia viva sin muchos canales en el país: se me ocurrió que ese canal podría ser un libro. Dos años después, en 2010, lo conversamos con Aileen y comenzamos a producirlo. La idea fue retratar la relación de los latinos e hispanos con Estados Unidos sin corsés: múltiples agendas, múltiples miradas. Que la crónica permitiese mostrar la relación entre la nación hegemónica y su antiguo patio trasero. Qué vemos ahora, cómo nos relacionamos ahora, cómo es vivir dentro de Estados Unidos, cómo un individuo afirma su presencia, negocia su conflicto con una cultura receptora.

 

M.G.: ¿Qué criterios se utilizaron para escoger a los cronistas incluidos en Sam no es mi tío y para definir los temas que éstos abordarían en sus crónicas?

 

D.F.: Variados. Queríamos salirnos de la agenda de la migración indocumentada per se, pero no escaparle. No nos interesaba retratar, por ejemplo, agendas más tradicionales, como la de Cuba-Estados Unidos, que ya tiene bastante literatura producida. Miramos al migrante y su relación con el país, con otros migrantes; su propio yo en negociación con la vida diaria. Cómo es hacerse ciudadano sin ser perseguido, cómo se desmitifica la idea de que hay malos de un lado y buenos sólo del otro. De qué manera exhibíamos la dureza de ser un migrante con poca capacidad para capear los abusos y la listura del que es capaz de valerse de los huecos del sistema. Si algo hay en el libro es la exhibición de Estados Unidos como un caleidoscopio. Lo es, en buena medida. Estados vecinos pueden asumir posiciones en extremo antagónica sobre diversos temas —aborto, parejas del mismo sexo, ayudas federales, educación primaria, inmigración y dale que va— pero todos, en el fondo, reconocen su pertenencia a una nación con unas ficciones orientadoras que la mayoría acepta y promueve.

 

M.G.¿El hecho de que Sam no es mi tío haya sido publicado por la filial estadounidense de Alfaguara tiene que ver con la temática y el enfoque del libro?

 

D.F.Alfaguara USA debiera responder esto, pero creo que sí. Igual, Argentina acaba de hacer una edición propia. El resto de América Latina, desde México al Caribe, de Centroamérica a Sudamérica, importó el libro desde Miami.

 

M.G.¿Cómo ha sido hasta el momento la acogida de Sam no es mi tío?

 

D.F.: Muy buena, hasta donde sé. Yo hice presentaciones y medios en diversos países —México, Colombia, Guatemala, Perú, Ecuador— y Aileen estuvo en el norte de Argentina y la recepción es buena. En Estados Unidos, lanzamos Sam no es mi tío en las dos ferias de libros en español, LeALA en los Angeles y la Miami Book Fair de la Florida. Va bien en Amazon, y las críticas son más que buenas. El libro llegó en un buen momento. Las elecciones mostraron, otra vez, la importancia demográfica y política de los latinos. La migración latina es central para diversas economías del sur y es eficiente en materia de costos para diversos sectores, como el agropecuario y varias prestaciones de servicios. Culturalmente hay una creciente significación de lo hispano —allí el vaso está un cuarto lleno. Hay una progresiva salida del anonimato de los latinos, aunque los medios en inglés todavía no terminan de entender el proceso ni han sabido acercarse a las formas culturales de consumo de los latinos con efectividad.

 

M.G.¿En qué países circula actualmente Sam no es mi tío y en cuáles de ellos ha funcionado mejor en términos de visibilidad, comentarios y reseñas en prensa, distribución, implantación en puntos de venta, ventas, etc.?

 

D.F.: Estados Unidos, México, Guatemala, República Dominicana y Puerto Rico; Colombia, Perú y Ecuador, Bolivia y Argentina. Estamos esperando novedades para Chile y Uruguay. La recepción de prensa ha sido significativa en Colombia, Ecuador y Perú, por ejemplo. En todos los países ha habido reseñas en los medios centrales. Las principales cadenas de librerías los exhiben en las principales ciudades de la región.

 

***

 

De Sam no es mi tío recomiendo muy especialmente las siguientes crónicas:

 

– “El sueño americano”, de Jon Lee Anderson

 

– “Y entonces Dios”, de Diego Fonseca

 

– “Dicho hacia el sur”, de Eduardo Halfon

 

“El país de nunca jamás”, de Camilo Jiménez

 

 

Antes de terminar, aprovecho para darles las gracias a Camilo por regalarme un ejemplar de Sam no es mi tío durante mi último viaje a Bogotá y a Diego por responder a mis preguntas.

miércoles, diciembre 19, 2012 categorizado bajo contenidos digitales, e-book, entorno digital, literatura latinoamericana, plataformas digitales

la relación con la biblioteca personal (en papel y en digital)

El fin de semana pasado mientras leía La tentación del fracaso me encontré en el “Tercer diario parisino (1956 – 1957)” una serie de anotaciones de Julio Ramón Ribeyro con respecto a la venta de los libros de su biblioteca personal como eventual solución a sus problemas económicos. Al respecto dice Ribeyro:

 

’11 de noviembre (9 de la noche)

 

Si mañana no ocurre algún milagro, me veré obligado a vender libros, es decir, el centenar de volúmenes que desde hace unos años me acompañan, a través de mil peripecias, por los que siento un amor que no me atrevo siquiera a describir.

 

(12 de la noche)

 

Despierto insomne luego de tres horas de sueño turbulento. Sigo pensando en la manera de evitar la venta de mis libros. Ahora veo que aquello sería un crimen imperdonable, una forma de suicidio espiritual. Voy a malbaratar años de lecturas, de reflexiones, de hallazgos, de notas marginales que sólo para mí tienen sentido. Mis libros son mi pan, mi sombra, mi memoria, todo esto y más aún… ¿Dónde me voy a buscar y reconocer? Siento un dolor desgarrador y estoy a punto de echarme a llorar. ¡Cuántas veces me he privado de una comida por comprar un libro! Si ahora vendo mis libros no es para comer sino para pagar a los malditos, a los inhumanos hoteleros de París, porque sino les pago serían capaces de hacerme un daño horrible, de matarme tal vez; en una palabra, de impedirme que alguna vez vuelva a comprar libros.

 

12 de noviembre

 

¡Se salvaron mis libros! ¿Hasta cuándo?’

 

Y luego a las 11 de la noche del 14 de diciembre anota Ribeyro:

 

Le Grand Meaulnes de Alain Fournier, Dominique de Fromentin y el Benjamin Constant de Du Bos, se convirtieron en un vaso de leche y en un paquete de cigarrillos Gauloises’.

 

 

 

¿Alguna vez han estado en esta situación que describe Ribeyro o sentido la angustia que sus palabras transmiten?

 

Estas palabras de Ribeyro ponen en evidencia el valor simbólico y sentimental que tienen los libros para ciertas personas así como la racionalidad y las pasiones en las que se fundamenta ese ambicioso proyecto que es la construcción de una biblioteca personal.

 

Antes mi apego a mi biblioteca era tal, que cuando estaba planeando irme de Bogotá me daba pavor pensar que me separaría de ella y que sólo podría llevarme conmigo unos pocos libros. Mi biblioteca personal fue un proyecto en el que durante cerca de ocho años me gasté la mayor parte del dinero que caía en mis manos. En esa época a menudo fui un comprador de libros compulsivo, caprichoso, irresponsable e incapaz de planificar sus gastos sensatamente. Durante mucho tiempo mis libros fueron mi única posesión valiosa en términos afectivos y económicos.

 

Luego durante mis primeros tres años en Barcelona sólo compré unos pocos libros porque vivía en habitaciones o pisos pequeños, me mudaba a menudo y no sabía cuánto tiempo más viviría en la ciudad. Cuando tuve la certeza de que me quedaría en Barcelona de manera indefinida al menos que algún motivo de fuerza mayor me llevara a irme de la ciudad —es decir, cuando dejé de sentir que ésta era un lugar de paso para mí— empecé a comprar libros de nuevo. Sin embargo, me convertí en una de esas personas que sólo compran lo que saben que leerán en un futuro más o menos inmediato —un principio que por razones prácticas sólo quebranto excepcionalmente—.

 

Creo que mi relación con mi biblioteca personal cambió a partir de ese momento porque me di cuenta de que ya no sentía un apego irracional hacia la mayoría de mis libros y que podía vivir con sólo unos pocos de ellos. Mientras que ahora puedo decir que no tendría mayor dificultad para deshacerme de muchos de mis libros, hay una sensación de seguridad y tranquilidad que me produce el hecho de saber que unos cuantos están ahí —siempre tengo presente de manera particular La vida de mi padre. Cinco ensayos y una meditación, de Raymond Carver—.

 

¿Algún día será posible verse en la situación que describe Ribeyro o sentir su angustia en el mundo digital?

 

Lo digital trasforma radicalmente la relación que tenemos con nuestra biblioteca en los planos tanto simbólico y emocional como jurídico. Con la irrupción de lo digital el cambio del soporte en el que existen las obras que forman parte de nuestra biblioteca y del tipo de intermediario al que se las compramos supone un cambio sustancial que va más allá de no poder tocar los libros ni sentir el olor del papel o su peso. Para entender las implicaciones que supone la compra y venta de e-books recomiendo leer el artículo “The right to resell: a ticking time bomb over digital goods”, publicado recientemente en paidContent.

 

 

 

 

En la medida en que la mayor parte de las veces realmente están pagando por una licencia de acceso al contenido en formato digital, los usuarios no pueden prestar, revender o heredar sus e-books porque las políticas de las plataformas de comercialización no se lo permiten. De hecho, en algunas plataformas de venta ni siquiera es posible comprar e-books para regalárselos a otra persona. El artículo señala que la venta de libros, revistas, discos o películas de segunda en soporte físico se apoya en la doctrina First Sale que no es aplicable a los contenidos digitales, por lo cual no contempla la reventa de éstos.

 

Es legítimo que las implicaciones del concepto de propiedad cambien con lo digital —sobre todo si los contenidos digitales se conciben como un servicio y no como un producto— pero considero que hay que revisar la posición desventajosa en la que quedan los consumidores frente a los editores y a las plataformas de comercialización en este nuevo entorno cuya configuración es un proceso que sigue estando en marcha y en el que las reglas de juego todavía están definiéndose —justo debido a lo anterior vale la pena dar la batalla y aún hay mucho por hacer—. A propósito de este tema recomiendo volver sobre los planteamientos hechos por Javier Celaya y José Antonio Vázquez en los “Derechos de los lectores de libros digitales”.

 

Espero que más temprano que tarde llegue el momento en el que las reglas del mercado hagan posible que cualquier usuario pueda transferirle parcial o totalmente su biblioteca a otro porque aquí estamos hablando de un capital simbólico en el que la inversión hecha va más allá del dinero que se gasta debido a la formación de un criterio y al esfuerzo que supone la construcción de ese proyecto personal al que muchos lectores consagran una parte importante de sus vidas. Estoy seguro de que si las reglas de juego del mercado siguen estableciéndose en detrimento de sus intereses los consumidores encontrarán la manera de subvertirlas —ver estos dos ejemplos que en su momento dieron mucho de qué hablar: Calibre plugins: the simplest option for removing most ebook DRM y DRM Removal Tools for eBooks—.