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fil 2011 [ 1 ] / calentando motores

Ahora mismo estoy haciendo los preparativos para viajar una vez más a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), que se llevará a cabo entre el 26 de noviembre y el 4 de diciembre próximos, que tendrá a Alemania como invitado de honor y que en 2011 celebra sus 25 años.

 

 

 

 

Ir a la FIL siempre es un placer debido no sólo al dinamismo tanto cultural como profesional del que es el punto de encuentro e intercambio más importante para la industria editorial española, latinoamericana y estadounidense, sino también a la calidez de su ambiente. Esto es posible gracias tanto la hospitalidad de los mexicanos como al profesionalismo y a la calidad humana del equipo de trabajo de la FIL.

 

No me canso de decir que la cultura popular mexicana juega un papel fundamental en mi historia personal —es la fuente de una parte importante de mis referentes culturales tanto de la infancia como de la adolescencia y de muchos elementos de mi educación sentimental—. México es un país con una actividad cultural intensísima del cual han salido y siguen saliendo corrientes de pensamiento que han enriquecido el ámbito de las humanidades y las ciencias sociales, proyectos editoriales con propuestas interesantes y voces que han traído nuevos aires a la literatura en lengua española. Además, tengo que decir que hay unos cuantos mexicanos —la mayor parte de ellos tapatíos, casualmente— a quienes desde hace un tiempo me unen vínculos afectivos cada vez más fuertes.

 

De la programación que propone este año la FIL me llama particularmente la atención el especial Los 25 secretos mejor guardados de América Latina, que es presentado en los siguientes términos:

 

‘La FIL Guadalajara presenta 25 formas de leer el continente. Autores cuyo talento se ha consolidado en sus países, pero que aún son poco conocidos fuera de éstos, 25 tesoros literarios a la espera de ser descubiertos’.

 

 

 

 

Si les interesa el especial Los 25 secretos mejor guardados de América Latina, pueden consultar la programación aquí.

 

Recomiendo echarle un ojo al especial 25 secretos literarios, en el que el equipo del blog Serial de la revista Letras Libres está entrevistando a los escritores seleccionados por la FIL.

 

La FIL me suscita algunas reflexiones que ya iré comentando y una vez esté allí empezaré a publicar pequeños reportes con mis impresiones de las cosas que vaya viendo sobre el terreno.

 

A quienes vayan a estar en la FIL, allí nos vemos.

entrevista a la agente literaria antonia kerrigan / “mi único logro ha sido ver a la mayoría de mis autores publicados en el máximo número posible de países”

Antonia Kerrigan empezó su carrera como agente literaria a principios de los años ochenta junto a Carmen Balcells, a quien según dice le debe todo lo que ha hecho hasta ahora y que le hizo ver que lo que realmente quería era tener su propia agencia. Y dicho y hecho: justo después de salirse de esa escuela que fue Carmen Balcells para ella, Kerrigan abrió su agencia literaria hace casi ya treinta años.

 

En esta entrevista Antonia Kerrigan habla acerca de las sorpresas que en ocasiones se ha llevado tras leer manuscritos de algunos autores desconocidos, de la racionalidad que hay detrás de las apuestas de su agencia, de la manera como Carlos Ruiz Zafón y Javier Sierra han contribuido a que el mercado anglosajón le abra sus puertas a la obra de autores hispanohablantes, del cambio de actitud de la industria editorial estadounidense frente a la literatura escrita en español, del interés que hoy en día suscita la literatura latinoamericana en España y, por supuesto, de su posición actual frente a la gestión de los derechos digitales —un tema con respecto al cual por lo menos de momento se muestra prudente y sobre el que parece tener sus reservas debido a la existencia de algunos interrogantes que en principio deberían resolverse próximamente—.

 

Con respecto a la reciente decisión de varios agentes literarios anglosajones de actuar como editores de ciertas obras de algunos de sus autores, Kerrigan comenta que le parece una línea de trabajo interesante si se trata de títulos que actualmente se encuentran descatalogados para que el público pueda volver a acceder a ellos fácilmente. Sin embargo, Kerrigan también dice que no está segura de que por cuestiones de compatibilidad sea posible ser agente y editor al mismo tiempo.

 

 

Martín Gómez: ¿Cómo definiría usted la función de una agencia literaria?

 

Antonia Kerrigan: Una agencia literaria se ocupa de los autores y de todos los asuntos relacionados con su producción creativa y con sus libros: desde leer el texto y dar una opinión hasta buscar un editor para comercializar su obra. Una vez el libro se ha publicado en su lengua original —la mayor parte de mis autores son españoles—, el siguiente paso consiste en buscar editores extranjeros que se interesen por la obra y que quieran traducirla a otros idiomas para conseguir que ésta se difunda lo máximo posible. No olvidemos que todo escritor escribe para que su obra la lea la mayor cantidad de personas posible. Por lo tanto ése es el objetivo final.

 

Por otro lado, una agencia literaria se ocupa de todos los papeles y de la parte económica: de las facturas, del dinero que ganen los autores, de pasar liquidaciones anualmente o de ver cuántos libros han vendido. En los servicios de una agencia literaria ahora también se incorpora la posibilidad de que la obra entre en libro electrónico y de que se distribuya en este formato tanto como se pueda a través de las nuevas plataformas de comercialización.

 

Una agencia literaria también puede prestar servicios de representación a agencias extranjeras, haciendo las veces de coagente o de subagente. Como yo desconozco el mercado asiático, tengo una persona allí que me sirve de coagente, que busca a los editores, que habla con ellos y que a cambio de un porcentaje vende los libros de mis autores en ese mercado. Yo hago lo mismo aquí para un agente y para una editorial que están en Estados Unidos y que necesitan a alguien que conozca el terreno que pisa.

 

M.G.: ¿Cuáles son los rasgos, los conocimientos y las competencias que a su juicio debe tener un agente literario?

 

A.K.: La verdad es que como es una profesión que no se aprende en ningún lugar ni tampoco hay ninguna universidad a la que puedas asistir, la mejor escuela a la que puedes ir es otra agencia literaria. Allí es donde hemos aprendido todos. Yo me formé en Carmen Balcells y desde que abrí mi agencia hacia 1983 o 1984 otros han aprendido conmigo y han montado las suyas propias.

 

Yo creo que hablar varios idiomas es una cosa absolutamente imprescindible. Pero aparte de eso, el único requisito es ser un buen vendedor y un buen lector. De resto no creo que haya ninguna otra cosa imprescindible más allá de tener ciertos conocimientos de humanidades y una cierta cultura, como en casi todos los trabajos.

 

M.G.: ¿Cuándo y bajo qué circunstancias empezó usted a trabajar como agente literaria?

 

A.K.: A principios de los años ochenta trabajé con Carmen Balcells, a quien le debo todo lo que he hecho hasta ahora y lo que soy porque con ella tuve la oportunidad de aprender un oficio y una profesión. Ella me hizo ver que lo que yo quería era tener una agencia literaria.

 

M.G.: ¿En qué momento y por qué motivo decidió usted abrir la agencia literaria Antonia Kerrigan?

 

A.K.: Cuando dejé la agencia de Carmen Balcells me puse manos a la obra y empecé absolutamente de cero. Si hubiera llegado a saber que iba a ser tan duro, seguramente no lo habría hecho. Pero como era mucho más joven y bastante inconsciente lo hice, perseveré y afortunadamente he tenido suerte.

 

M.G.: ¿Cómo es el proceso a través del cual la agencia literaria Antonia Kerrigan recluta a los autores que representa?

 

A.K.: Es un proceso es muy azaroso. Primero vienen autores a los que conoces, hablas con ellos, intentas colocar algún libro suyo y se recomiendan los unos a los otros. Un día un autor te llama o te manda un correo y te dice que después de haber escrito tres novelas juveniles tiene una para adultos y que cree que debería estar en una agencia. Por ejemplo, así fue como llegó Carlos Ruiz Zafón desde el otro lado del Atlántico. Y en su momento Matilde Asensi también llegó de esa misma manera cuando nadie la conocía porque cuando leyó su manuscrito una de las personas que trabaja conmigo dijo ‘este libro puede vender mucho’. Y así fue.

 

Eso es azar o suerte. Le dices al autor ‘mándame el libro’, te lo lees y dices ‘hombre qué bien, qué libro más estupendo. A ver si tiene éxito’. Y claro, cuando al autor le llega el éxito hay más gente que quiere estar en tu agencia. Hay otros factores que juegan un papel importante como la perseverancia o el hecho de tener un magnífico coagente en Estados Unidos que lee en español y que aprecia los libros que le mando porque eso me ha ayudado mucho a abrirme al mercado anglosajón.

 

Entre tanto sigo haciendo lo mismo: me ocupo de los autores que tengo pero sigo buscando y leyendo cosas nuevas. Cada vez tengo menos tiempo y tardo más en leer los libros pero de cuando en cuando encuentro alguna joya. Al final si un colaborador me dice ‘este libro es muy pero muy bueno’ siempre quiero leerlo para saber de qué va pero también hay muchos textos que se rechazan porque si alguien de la agencia dice que es imposible yo me fio plenamente de su palabra.

 

 

M.G.: ¿Cuáles son los servicios que les ofrece la agencia literaria Antonia Kerrigan a los autores que representa?

 

A.K.: Depende. Hay libros que simplemente lees, opinas y das tu parecer. En otros casos le dices al autor ‘estaría muy bien que te hicieran un editing’. Yo no hago un editing completo, así que a los autores les recomiendo a personas a las que pueden recurrir. A veces el editing lo hace la editorial pero si antes de mandarle el manuscrito a un editor creo que el autor ganaría mucho teniendo ayuda externa, sé a quién remitirlo.

 

M.G.: ¿Cómo es el proceso de búsqueda de un editor para los libros de los autores que representa la agencia literaria Antonia Kerrigan?

 

A.K.: Depende de la intuición de cada uno. Cuando estoy leyendo un manuscrito ya me estoy imaginando el tipo de editor que quiero y ya estoy viendo a la persona a la que le voy a hablar de ese libro. Es algo que viene cuando estás leyendo el manuscrito según el tipo de libro y el perfil de la editorial.

 

M.G.: ¿Cuáles son los factores que en un momento dado pueden llevar a la agencia literaria Antonia Kerrigan a apostar por un autor desconocido?

 

A.K.: Cuando nos gusta mucho un libro apostamos por él. A veces tenemos éxito y el editor se hace cómplice nuestro. Pero en muchas ocasiones nos ha pasado que hay libros a los que no hemos podido conseguirles un editor de ninguna de manera a pesar de que nos han gustado a todos. Por ejemplo, en el caso de Matilde Asensi tardamos tres años en encontrar un editor. El hecho de que apuestes por un libro no quiere decir que vayas a venderlo a la semana siguiente. Primero hay que convencer.

 

M.G.: A partir de la experiencia de la agencia literaria Antonia Kerrigan, ¿cómo percibe usted la evolución de la venta de derechos de autores hispanohablantes a otros mercados?

 

A.K.: Se ha abierto mucho. El éxito de Carlos Ruiz Zafón ha ayudado mucho más que muchísimo particularmente a que se abrieran los mercados anglosajones. Mercados como el italiano y el francés ya estaban al tanto de la literatura española pero el anglosajón era reacio a nuestros autores y de pronto con el éxito de Carlos se abrió muchísimo. Desde hace varios años se ha generado un interés por la literatura escrita en español. Ahora la mayoría de las editoriales tienen lectores en español y editores bilingües, que es algo que hasta hace diez años no existía. Antes tenían que buscar a un editor externo, mandarle el libro y fiarse de un informe de lectura pero ahora tienen editores que leen en español.

 

M.G.: ¿Cómo ve usted el posicionamiento actual de los autores hispanohablantes y de la literatura en lengua española en otros mercados?

 

A.K.: Hoy en día los autores hispanohablantes están bien posicionados, mucho mejor que hace unos años. Podrían estar estupendamente pero no todos consiguen traducirse. Sin embargo, están mucho mejor de lo que estaban antes y eso es un avance importante.

 

M.G.: ¿Cuáles son los factores que favorecen y dificultan la introducción de los autores hispanohablantes y de la literatura en lengua española en otros mercados?

 

A.K.: La temática no importa mucho. El tiempo entre costuras, de Maria Dueñas, es una novela sobre el protectorado español en Marruecos. Se trata de un tema que incluso muchos españoles desconocen y uno diría que un libro de este tipo no se va a vender nunca en Estados Unidos pero no es así porque se publicará y los americanos están muy entusiasmados con la novela.

 

Por ejemplo, Javier Sierra ayudó muchísimo a la entrada de los autores españoles al mercado estadounidense. Incluso entró a la lista de los más vendidos de The New York Times, lo cual influyó muchísimo para que los editores de Estados Unidos empezaran a plantearse la compra de obras de autores hispanohablantes.

 

 

M.G.: ¿Cómo percibe usted el estado actual y el potencial del mercado del libro latinoamericano así como su posición frente al mercado español?

 

A.K.: En España está volviendo a haber un cierto interés por lo que se está escribiendo en Latinoamérica. Hubo mucho interés con el boom, después un cierto desinterés y luego un nuevo interés durante la época del crack. Y ahora el mercado español está volviendo a interesarse por el trabajo de los escritores latinoamericanos.

 

M.G.: ¿Usted es partidaria del modelo de gestión de derechos universales en lengua española o de uno basado en la partición geográfica que presuponga su explotación en territorios limitados del ámbito hispanohablante?

 

A.K.: Ésta es una pregunta difícil de contestar. Si hay un libro que es muy pero muy mexicano, tú sabes que se trata de un libro sólo para México. Los grandes grupos suelen querer comprar derechos mundiales en lengua española porque son los que tienen filiales tanto en España como en todos los países de Latinoamérica. Como la práctica nos enseña que un libro que un gran grupo publica en un país latinoamericano —pongamos el ejemplo de Colombia— normalmente no llega a España y viceversa, yo he llegado a un acuerdo con estos grandes grupos: yo les cedo los derechos mundiales durante un período de 12 o 18 meses y si al cabo de ese tiempo el libro no está en todos los países de habla hispana, los derechos que ellos no están usando regresan al autor.

 

M.G.: ¿Qué piensa usted acerca de la reciente decisión de varios agentes literarios anglosajones como Andrew Wylie, Ed Victor, Curtis Brown y Blake Friedman de actuar como editores de ciertas obras de algunos de sus autores?

 

A.K.: Me parece interesante. Creo que hay que pensárselo mucho porque es un hecho muy reciente y hacer eso también requeriría mucha infraestructura. Y no sé si es compatible ser agente y al mismo tiempo editor. Aún no me posiciono sobre el tema pero me parece que es interesante, especialmente si los agentes van a ser editores de libros que actualmente están descatalogados. El hecho de poder darle una segunda vida a libros que se encuentran descatalogados me atrae muchísimo pero ahora mismo no tengo una opinión fija o formada sobre esto. Creo que me arriesgaría a digitalizar y a poner en libro electrónico todos los títulos que se encuentren descatalogados para que estén a disposición del público. Eso sí que me parecería muy interesante.

 

M.G.: ¿Cuál es actualmente la política de la agencia literaria Antonia Kerrigan con respecto a la gestión de los derechos digitales de las obras de sus autores?

 

A.K.: No tengo una política al respecto y explicaré por qué. Yo tengo algunas ideas que requieren muchas discusiones con editores tanto españoles como de otros países. Creo que los derechos digitales deben ser sin exclusivas, que nadie debe tenerlos todos y que los libros tienen que estar en todas las plataformas digitales que haya. Con esto me refiero a que deben estar en Amazon, en Barnes & Noble, en Libranda y en donde sea. Los editores tienden más a querer quedarse con todos los derechos digitales y creo que también debe haber una gran y profunda discusión acerca tanto de los precios que van a poner como de los porcentajes que van a darle al autor. Por tanto, en estos momentos yo estoy en una nube de interrogantes que espero que vayan resolviéndose a lo largo de los próximos meses para poder definir en un momento la política de esta agencia con respecto a la gestión de los derechos digitales. De momento nuestra política consiste en escuchar, comentar y discutir todo lo relacionado con los derechos digitales para llegar a una conclusión con respecto a qué es lo más beneficioso para el autor y a cómo hacer que las editoriales queden contentas con sus resultados. En este sentido estoy muy sintonizada con otras agencias como las que forman parte de la Asociación de Agencias Literarias de España (ADAL).

 

M.G.: ¿Cuál cree usted que es en el mediano y en el largo plazo el potencial desarrollo del mercado de los contenidos en formato y soporte digital en el ámbito hispanohablante?

 

A.K.: Yo creo que todo tenderá a ir a más. Si tenemos que seguir el ejemplo norteamericano, yo diría que todo irá a más. Ahora, predecir me parece difícil.

 

 

M.G.: ¿Cuáles han sido hasta el momento los principales logros de la agencia literaria Antonia Kerrigan?

 

A.K.: El único logro es cumplir la meta de cualquier agente, que es conseguir que todos sus autores o la mayor parte de ellos se publiquen en el máximo número posible de países. Creo que cada vez he conseguido que mis autores tengan una mayor presencia en los países europeos, asiáticos, americanos y anglosajones. Esta tendencia ha ido en aumento, lo cual es un gran logro para mí.

 

M.G.: ¿Cuáles han sido las principales dificultades con las que se ha encontrado durante su trabajo al frente de la agencia literaria Antonia Kerrigan?

 

A.K.: En una época los editores no se arriesgaban con autores que no tenían un nombre o con figuras jóvenes. Esos años fueron difíciles porque podías hacer poco si no representabas a grandes nombres. Después las cosas han ido cambiando porque he conseguido algún éxito y cuando esto pasa todos empiezan a hacerte más caso.

 

M.G.: ¿Cuál es su balance con respecto a la experiencia de la agencia literaria Antonia Kerrigan?

 

A.K.: Mi balance es que la experiencia ha valido la pena.

 

Transcripción: Margarita María Pérez Barón

Martes, junio 14, 2011 categorizado bajo literatura latinoamericana

borges*

“A quien leyere”

 

‘Si las páginas de este libro consienten algún verso feliz, perdóneme el lector la descortesía de haberlo usurpado yo, previamente. Nuestras nadas poco difieren; es trivial y fortuita la circunstancia de que seas tú el lector de estos ejercicios, y yo su redactor’.

 

Tomado de Fervor de Buenos Aires (1923).

 

 

“Borges y yo”

 

‘Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico. Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo XVIII, las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson; el otro comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un actor. Seria exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir, para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. Nada me cuesta confesar que ha logrado ciertas páginas válidas, pero esas páginas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la tradición. Por lo demás, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y sólo algún instante de mi podrá sobrevivir en el otro. Poco a poco voy cediéndole todo, aunque me consta su perversa costumbre de falsear y magnificar. Spinoza entendió que todas las cosas quieren perseverar en su ser; la piedra eternamente quiere ser piedra y el tigre un tigre. Yo he de quedar en Borges, no en mí (si es que alguien soy), pero me reconozco menos en sus libros que en muchos otros o que en el laborioso rasgueo de una guitarra. Hace años yo traté de librarme de él y pasé de las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y con lo infinito, pero esos juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras cosas. Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro.

 

No sé cuál de los dos escribe esta página’.

 

Tomado de El hacedor (1960).

 

***

 

* nota: homenaje a Jorge Luis Borges en el 25º aniversario de su muerte (14 de junio de 1986).

Martes, marzo 29, 2011 categorizado bajo literatura latinoamericana, premios literarios

“aprender a leer es la cosa más importante que me ha pasado en la vida”: mario vargas llosa

Hace dos semanas fui al local de la calle Pau Claris de la librería Laie a recoger un libro que había encargado y en el mostrador me encontré un montoncito de ejemplares de una edición no venal que hizo Alfaguara de “Elogio de la lectura y la ficción”, el discurso que Mario Vargas Llosa leyó ante la Academia Sueca al recibir el Premio Nobel de Literatura en Estocolmo el 7 de diciembre de 2010. Aunque Vargas Llosa no es el santo de mi devoción y los pronunciamientos públicos de los autores normalmente me interesan poquísimo, me llevé un ejemplar del discurso del escritor peruano pensando en la remota posibilidad de que en algún momento me dieran ganas de leerlo.

Tengo que aclarar que cuando empecé a leer a los 17 años quería saberlo todo sobre los escritores que me gustaban en ese momento —entre los que estaba Vargas Llosa, por supuesto— y buscaba en su biografía y en sus anécdotas, en sus lecturas y en sus amistades claves para descifrar el sentido de su obra. Al cabo de un tiempo empecé a sentir que tanto el culto al autor como el ejercicio de la lectura paranoica eran dos prácticas que me resultaban bastante estériles, por lo cual desde entonces las opiniones de los escritores dejaron de interesarme —salvo en situaciones excepcionales muy puntuales—. Que hablen las obras y punto porque como lector a mí todo lo demás me sobra. Que los periodistas, los biógrafos, los críticos y los académicos hagan lo que se espera de ellos e indaguen en las vidas de los autores y en todo aquello que los ha influenciado. En términos generales, a priori no me interesan ni el autor como figura pública ni mucho menos su vida privada.

El caso es que el domingo antepasado antes de irme a dormir cogí el ejemplar del discurso de Vargas Llosa que llevaba unos días debajo de la pequeña pila de libros que tengo en mi mesa de noche y en cuanto leí la primera frase sentí una profunda emoción que duró hasta el final de la lectura y que sólo se redujo en aquellos pasajes en los que el escritor peruano saca a relucir su faceta de evangelizador político. El discurso gira en torno a la vocación de lector y escritor de Vargas Llosa, que en su caso parecen estar íntimamente ligadas y ser inseparables. Mientras leía el discurso de Vargas Llosa me sentí identificado con la mayor parte de sus testimonios con respecto a su experiencia como lector y me emocioné al ver cómo él le ponía nombre a una serie de ideas y sensaciones con respecto a mi relación con la lectura que yo no había sido capaz de verbalizar.

A continuación reproduzco los fragmentos del discurso de Vargas Llosa que me parecen un testimonio valioso con respecto a su vocación y a su experiencia como lector y escritor:

‘Aprendí a leer a los cinco años, en la clase del hermano Justiniano, en el Colegio de La Salle, en Cochabamba (Bolivia). Es la cosa más importante que me ha pasado en la vida. Casi setenta años después recuerdo con nitidez cómo esa magia, traducir las palabras de los libros en imágenes, enriqueció mi vida, rompiendo las barreras del tiempo y del espacio y permitiéndome viajar con el capitán Nemo veinte mil leguas de viaje submarino, luchar junto a D’Artagnan, Athos, Portos y Aramis contra las intrigas que amenazan a la Reina en los tiempos del sinuoso Richelieu, o arrastrarme por las entrañas de París, convertido en Jean Valjean, con el cuerpo inerte de Marius a cuestas.

La lectura convertía el sueño en vida y la vida en sueño y ponía al alcance del pedacito de hombre que era yo el universo de la literatura. Mi madre me contó que las primeras cosas que escribí fueron continuaciones de las historias que leía pues me apenaba que se terminaran o quería enmendarles el final. Y acaso sea eso lo que me he pasado la vida haciendo sin saberlo: prolongando en el tiempo, mientras crecía, maduraba y envejecía, las historias que llenaron mi infancia de exaltación y de aventuras.

(…) Gracias a ellos [a su madre, a su abuelo y a su tío] y sin duda, también, a mi terquedad y algo de suerte, he podido dedicar buena parte de mi tiempo a esta pasión, vicio y maravilla que es escribir, crear una vida paralela donde refugiarnos contra la adversidad, que vuelve natural lo extraordinario y extraordinario lo natural, disipa el caos, embellece lo feo, eterniza el instante y torna la muerte un espectáculo pasajero.

(…) Además de revelarme los secretos del oficio de contar, [los escritores a los que debe algo] me hicieron explorar los abismos de lo humano, admirar sus hazañas y horrorizarme con sus desvaríos. Fueron los amigos más serviciales, los animadores de mi vocación, en cuyos libros descubrí que, aun en las peores circunstancias, hay esperanzas y que vale la pena vivir, aunque fuera sólo porque sin la vida no podríamos leer ni fantasear historias.

(…) Seríamos peores de lo que somos sin los buenos libros que leímos, más conformistas, menos inquietos e insumisos y el espíritu crítico, motor del progreso, ni siquiera existiría. Igual que escribir, leer es protestar contra las insuficiencias de la vida. Quien busca en la ficción lo que no tiene, dice, sin necesidad de decirlo, ni siquiera saberlo, que la vida tal como es no nos basta para colmar nuestra sed de absoluto, fundamento de la condición humana, y que debería ser mejor. Inventamos las ficciones para poder vivir de alguna manera las muchas vidas que quisiéramos tener cuando apenas disponemos de una sola.

(…) Lo quieran o no, lo sepan o no, los fabuladores, al inventar historias, propagan la insatisfacción, mostrando que el mundo está mal hecho, que la vida de la fantasía es más rica que la de la rutina cotidiana.

(…) La buena literatura tiende puentes entre gentes distintas y, haciéndonos gozar, sufrir o sorprendernos, nos une por debajo de las lenguas, creencias, usos, costumbres y prejuicios que nos separan. Cuando la gran ballena blanca sepulta al capitán Ahab en el mar, se encoge el corazón de los lectores idénticamente en Tokio, Lima o Tombuctú. Cuando Emma Bovary se traga el arsénico, Anna Karenina se arroja al tren y Julien Sorel sube al patíbulo, y cuando, en El Sur, el urbano doctor Juan Dahlmann sale de aquella pulpería de la pampa a enfrentarse al cuchillo de un matón, o advertimos que todos los pobladores de Comala, el pueblo de Pedro Páramo, están muertos, el estremecimiento es semejante en el lector que adora a Buda, Confucio, Cristo, Alá o es un agnóstico, vista saco y corbata, chilaba, kimono o bombachas. La literatura crea una fraternidad dentro de la diversidad humana y eclipsa las fronteras que erigen entre hombres y mujeres la ignorancia, las ideologías, las religiones, los idiomas y la estupidez.

(…) Una mañana piurana, de la que todavía no creo haberme recobrado, mi madre me reveló que aquel caballero [el padre que creía muerto, del cual había una foto en su velador], en verdad, estaba vivo. Y que ese mismo día nos iríamos a vivir con él, a Lima. Yo tenía once años y, desde entonces, todo cambió. Perdí la inocencia y descubrí la soledad, la autoridad, la vida adulta y el miedo. Mi salvación fue leer, leer los buenos libros, refugiarme en esos mundos donde vivir era exaltante, intenso, una aventura tras otra, donde podía sentirme libre y volvía a ser feliz. Y fue escribir, a escondidas, como quien se entrega a un vicio inconfensable, a una pasión prohibida. La literatura dejó de ser un juego. Se volvió una manera de resistir la adversidad, de protestar, de rebelarme, de escapar a lo intolerable, mi razón de vivir. Desde entonces y hasta ahora, en todas las circunstancias en que me he sentido abatido o golpeado, a orillas de la desesperación, entregarme en cuerpo y alma a mi trabajo de fabulador ha sido la luz que señala la salida del túnel, la tabla de salvación que lleva al náufrago a la playa.

(…) La literatura es una representación falaz de la vida que, sin embargo, nos ayuda a entenderla mejor, a orientarnos por el laberinto en el que nacimos, transcurrimos y morimos. Ella nos desagravia de los reveses y frustraciones que nos inflige la vida verdadera y gracias a ella desciframos, al menos parcialmente, el jeroglífico que suele ser la existencia para la gran mayoría de los seres humanos, principalmente aquellos que alentamos más dudas que certezas, y confesamos nuestra perplejidad ante temas como la trascendencia, el destino individual y colectivo, el alma, el sentido o el sinsentido de la historia, el más acá y el más allá del conocimiento racional.

(…) la ficción es más que un entretenimiento, más que un ejercicio intelectual que aguza la sensibilidad y despierta el espíritu crítico. Es una necesidad imprescindible para que la civilización siga existiendo, renovándose y conservando en nosotros lo mejor de lo humano. Para que no retrocedamos a la barbarie de la incomunicación y la vida no se reduzca al pragmatismo de los especialistas que ven las cosas en profundidad pero ignoran lo que las rodea, precede y continúa. Para que no pasemos de servirnos de las máquinas que inventamos a ser sus sirvientes y esclavos. Y porque un mundo sin literatura sería un mundo sin deseos ni ideales ni desacatos, un mundo de autómatas privados de lo que hace que el ser humano sea de veras humano: la capacidad de salir de sí mismo y mudarse en otro, en otros, modelados con la arcilla de nuestros sueños’.

En estas palabras de Vargas Llosa encuentro mejores argumentos para incentivar a alguien a leer que en cualquiera de las campañas de fomento a la lectura que he visto hasta ahora.

Parafraseando a Vargas Llosa y trasladando a mi experiencia personal la confesión que éste hace al principio de su discurso, yo diría que convertirme en lector a los 17 años es una de las cosas más importantes y afortunadas que me han pasado en la vida. Y Vargas Llosa tiene su parte de responsabilidad en ello: me inicié como lector con La ciudad y los perros, Los jefes y Los cachorros —luego leí novelas como Conversación en La Catedral, Pantaleón y las visitadoras, Historia de Mayta y Elogio de la madrastra y todavía tengo ganas de leer algunas otras como La casa verde, La guerra del fin del mundo y La Fiesta del Chivo—.

Quedo profundamente agradecido con Vargas Llosa por estas palabras que no hacen otra cosa que reafirmar el entusiasmo que me han producido algunos de sus libros y muchas otras lecturas de distintos autores que para mí han sido fundamentales.

En este enlace pueden ver el vídeo de la lectura del discurso de Vargas Llosa en Estocolmo. Y quien quiera descargar el texto en pdf, puede hacerlo aquí.

presentación de fet a amèrica: ¿cómo atravesar las fronteras?

Ayer lunes 18 de octubre tuvo lugar en Casa Amèrica Catalunya la presentación de Fet a Amèrica, en la cual intervinieron algunos de los autores invitados a participar en el festival: Inés Bortagaray (Uruguay), Luis Humberto Crosthwaite (México), Israel Centeno (Venezuela), Marta Aponte Alsina (Puerto Rico), Javier Vásconez (Ecuador) y Tomás González (Colombia). En la presentación presidida por Lolita Bosch y Fernanda Álvarez del Colectivo Fu también intervinieron Marta Nin y Cristina Osorno de Casa Amèrica Catalunya, la editora Carola Moreno de Barataria y Paz Balmaceda —quien moderó las conversaciones compiladas en el libro 18 escritores. La novela latinoamericana contemporánea—.

Una vez se abrió el espacio para los comentarios y las preguntas de los asistentes a la presentación, les planteé a los autores que asistieron al acto una pregunta que desde hace un tiempo me inquieta y que ya he abordado en ocasiones anteriores*: ¿cómo ha sido la circulación y la recepción de su obra fuera de sus países de origen?

Recojo las respuestas que dieron a esta pregunta los autores, la mayor parte de los cuales publican con las filiales que tienen en sus países los grandes grupos editoriales españoles y en algunos casos también lo hacen con editoriales independientes españolas:

Tomás González: recientemente su obra ha empezado a publicarse y a comercializarse fuera de Colombia, lo cual indica que poco a poco ha ido logrando traspasar la frontera de su país de origen.

La traducción de su obra al alemán y la buena acogida que ha tenido ésta entre la crítica de Alemania ha sido el motor que ha impulsado la circulación de la obra de Tomás González por fuera de su país.

Javier Vásconez: para los escritores latinoamericanos la edición y la distribución de su obra representa un doble problema porque para que sus libros lleguen a otros países de la región diferentes del suyo antes deben haber entrado al circuito editorial español. Incluso después de haber sido publicados por una gran editorial española, es difícil colocar los libros de un escritor ecuatoriano, guatemalteco o chileno en una librería peruana, mexicana o uruguaya.

Las herramientas de comunicación en línea amplían significativamente las posibilidades de circulación de la obra al tiempo que la curiosidad que presupone la traducción a lenguas como el alemán o el francés contribuye a despertar el interés por ésta.

Israel Centeno: el origen del problema está en la relación entre el autor y el lector, por lo cual la pregunta fundamental es: ¿cómo llega el autor a sus lectores?

En ese sentido es necesario establecer un intercambio fluido entre los distintos países hispanohablantes a través del cual pueda ponerse a circular la diversidad que hay en ellos.

Al final como fuente de legitimación el respaldo del lector pesa más que la concesión de un premio o la publicación en una editorial determinada porque ‘encontrarse con el lector es más importante que estar en un sello’.

Luis Humberto Crosthwaite: como autor inicialmente le interesa que su obra circule en el ámbito mexicano. Llevando este planteamiento al extremo, afirmaría incluso que es un autor que escribe para su familia.

En su condición de autor la entrada a Facebook le ha abierto las puertas al contacto con los lectores de su obra.

Según Carola Moreno, para un editor español llevar libros a América Latina es casi imposible debido a las dificultades que imponen algunas cuestiones de carácter arancelario, territorial y político. Carola destacó que al exportar libros a América Latina se gastan en impuestos, transporte y trámites grandes cantidades de dinero que deberían invertirse en acciones de comunicación y promoción. Por otro lado, Carola señaló que debido a lo anterior paradójicamente resulta más fácil vender libros españoles en países pertenecientes a otros ámbitos lingüísticos como Francia o Alemania que en América Latina.

Carola llamó la atención sobre el hecho de que en América Latina el precio de los libros españoles es prohibitivo, por lo cual éstos son vistos como bienes suntuarios y no como objetos cuya finalidad consiste en ser leídos.

Desde su condición de autor latinoamericano Javier Vásconez retomó el planteamiento de Carola a la inversa, preguntando por qué España casi no importa libros latinoamericanos.

En un momento en el que los contenidos son más relevantes que los soportes y en el que el transporte de mercancías no siempre es la solución más óptima para la gestión de bienes culturales que pueden bien sea materializarse directamente allí donde van a comercializarse o bien desmaterializarse, un modelo en el que la presencia en otros mercados siga basándose en la exportación de libros quizás sea cada vez más obsoleto. ¿No sería mejor echar mano de recursos como la edición de contenidos en formato digital y la impresión bajo demanda o pensar en otros modelos como la coedición, por el que justamente han apostado el Colectivo Fu y Barataria para llevar a América Latina el libro 18 escritores. La novela latinoamericana contemporánea?

Paz Balmaceda, por su parte, puso sobre la mesa el tema de la manera como se gestionan los derechos en los contratos que algunas editoriales —sobre todo las filiales locales de los grandes grupos españoles— les proponen a los autores. Según Paz, las cláusulas de derechos universales para todos los territorios en lengua española son un obstáculo para que las obras de los autores latinoamericanos circulen en países distintos del suyo. ¿Qué opinarán los distintos agentes literarios, editores y autores con respecto a la propuesta de acabar con lo contratos de derechos universales y de instaurar un sistema basado únicamente en acuerdos de explotación circunscritos a territorios específicos?

Todas estas intervenciones no hacen más que confirmar que existen diversos obstáculos que en los ámbitos literario y editorial dificultan el establecimiento de un intercambio fluido entre los distintos países latinoamericanos, así como entre éstos y España. Vale la pena preguntarse si el origen de estos obstáculos está solamente en cuestiones de carácter legal, arancelario y económico o si su existencia se debe además a una falta de interés no sólo del sector editorial y de los medios de comunicación, sino también de los lectores.

* a propósito de este tema, ver las siguientes entradas:

“venir a españa para poder ir al país de al lado: ¿la paradoja de los escritores hispanoamericanos?”

“¿qué deben hacer los escritores hispanoamericanos para cruzar la frontera?”

“una cuestión de derechos”

“¿por qué los escritores que escriben en español se leen poco en países hispanohablantes distintos del suyo?: ideas de maría moreno y javier moreno”

“sobre el comercio de libros entre españa y américa latina”

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