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rigor, control de calidad y veracidad en la edición de no ficción

El pasado 3 de septiembre apareció en The Atlantic el interesante artículo “Book Publishing, Not Fact-Checking”, de Kate Newman. En su artículo Newman aborda el problema de la verificación de datos en la edición de libros de no ficción. Newman cita a Craig Silverman, quien mientras escribía su libro Regret the Error hizo un sondeo con respecto al nivel de verificación de datos que la gente creía que se aplicaba en tres tipos diferentes de publicaciones: libros, revistas y periódicos. Según Silverman, la mayor parte de la gente con la que habló creía que el nivel de verificación de datos era más alto en los libros que en las revistas y en los periódicos.

 

 

 

BOOK_PUBLISHING_NOT_FACT_CHECKING

 

 

Tras presentar en la parte inicial de su artículo el caso de dos libros que se basan en la historia de la activista por los derechos humanos Somaly Mam —que desde que salió a la luz fue dada por verdadera pero que presuntamente es falsa, según se denunció hace un tiempo— sobre la manera como fue prostituida durante su niñez en Camboya y mencionar algunos ejemplos más, Newman hace dos afirmaciones que desvirtúan la creencia popular según la cual en los libros hay un alto nivel de verificación de datos:

 

1. la mayoría de los libros no son sometidos a verificación de datos.

2. muchos lectores no se dan cuenta de que la verificación de datos nunca ha sido una práctica habitual en el mundo de la edición de libros.

 

Newman destaca el hecho de que ante un fraude como el de Mam las críticas hayan recaído más sobre los autores que en sus libros han dado cuenta de su “heroica” historia y sobre ella misma que sobre las editoriales que han publicado dichos libros. En su artículo Newman comenta que ‘las casas editoriales carecen de los fondos para realizar operaciones de verificación de datos pero este argumento cada vez es más difícil de aceptar, particularmente cuando se trata de grandes sellos’.

 

Para mí está claro que en el caso de la no ficción tanto los autores como las editoriales tienen una responsabilidad con respecto a la veracidad, a la exactitud y a la fiabilidad de los contenidos que se publican. Más vale que durante el proceso de edición los contenidos sean sometidos a los controles de calidad más estrictos para que en caso de enfrentarse a cuestionamientos o polémicas los autores y las editoriales puedan defender el valor y la solidez de su trabajo, evitando así poner en peligro la credibilidad y el prestigio que han construido. Lo que no tengo tan claro es hasta dónde llega la responsabilidad de los autores y dónde empiezan las editoriales a ser responsables. En mi opinión, estamos ante una frontera bastante difusa pero quisiera hacer algunas consideraciones con respecto a la importancia de que las editoriales asuman una parte importante de esta responsabilidad. Como soy plenamente consciente de que se trata de una responsabilidad compartida, no pretendo liberar a los autores de ésta y atribuírsela totalmente a las editoriales. Quiero más bien llamar la atención sobre las diferencias existentes entre la naturaleza y el estatus de las editoriales y los autores.

 

 

 

TRUTHOMETER

 

 

 

Hay algunos factores de carácter estructural en los que las editoriales se diferencian significativamente de los autores:

 

– tienen una capacidad operativa y una disponibilidad de recursos mayores.

– cuentan con una experticia y un know-how bastante amplios y profundos en relación con los procesos de edición de contenidos.

– son marcas corporativas que tienen un entorno, un abanico de productos y servicios, una proyección y un ciclo de vida muchos más amplios que los autores, que son marcas personales.

 

Estos tres factores de carácter estructural son la fuente de un factor diferencial necesario para explicar por qué en términos de veracidad, credibilidad y fiabilidad los contenidos de no ficción que las editoriales publican podrían ser más confiables que aquellos que sean publicados directamente por sus autores sin someterlos a ningún filtro previo. Si ahora que las barreras de entrada para producir y publicar contenidos se han venido abajo hasta prácticamente desaparecer se necesitan argumentos en defensa del valor que aportan las editoriales, creo que en factores como éstos podríamos encontrarlos. Ahora bien, en este contexto las editoriales tendrían que demostrarnos que efectivamente están aportando un valor que los autores que se autopublican no están en capacidad de ofrecer. Para bien o para mal las editoriales ya no son los guardianes exclusivos del acceso a la publicación, por lo que su autoridad no puede seguir dándose por sentado así como hoy en día la naturaleza física del libro en papel tampoco es garantía de nada.

 

 

 

FACTCHECK

 

 

 

En el vasto campo de la no ficción hoy en día las editoriales pueden aportar el valor necesario para ganar autoridad y reforzarla de cara tanto a sus competidores como a los autores que se autopublican no sólo mediante la verificación de datos, sino también a través de la inclusión en sus libros de piezas complementarias de diversos tipos que enriquezcan el contenido y que al ampliar la perspectiva permitan profundizar en los temas de los que éste se ocupa: índices onomásticos, aparatos críticos, elementos contextuales, glosarios, listados exhaustivos de fuentes documentales de diferentes naturalezas, tablas y gráficos, infografías, ilustraciones, líneas de tiempo, recursos multimedia, etc.

 

Aunque es verdad que los autores que se autopublican también están en capacidad de producir estas piezas complementarias para enriquecer los contenidos de sus libros, las editoriales pueden hacerlo más cómodamente porque su capacidad operativa y los recursos que tienen a su disposición son mucho mayores. La inclusión de este tipo de piezas complementarias en el contenido de una obra de no ficción aporta un valor que marca una diferencia entre los libros que las tienen y aquellos que no. Como lector valoro particularmente los libros que me suministran un conjunto de contenidos de esta naturaleza.

 

Quizás la amenaza que las editoriales ven en los autores que se autopublican se convierta en un incentivo para que muchas de las que trabajan en el ámbito de la no ficción no sólo apuesten por tratar la información con más rigor con el propósito de reforzar su credibilidad de cara a sus públicos, sino que además aprovechen los recursos que tienen a su disposición para producir contenidos más ricos y mejores.

 

A quien le interese profundizar en este tema le recomiendo echarle un ojo a la entrada “la verificación de datos y la credibilidad en la producción de contenidos”, que publiqué en febrero de 2013.

libros necesarios en tiempos de crisis: informarse y reflexionar para entender

Desde hace un tiempo ciertos tipos de libros de no ficción vienen gozando de una creciente popularidad que se ve reflejada tanto en su visibilidad como en sus ventas. Pienso sobre todo en dos tipos de libros: por un lado, aquellos que en estos tiempos de crisis y agitación ayudan a comprender la evolución de algunas coyunturas de actualidad —la crisis económica y política española, los conflictos en el Medio Oriente, las revueltas que los movimientos conocidos como “indignados” han promovido y protagonizado en distintos países del mundo, el efecto desestabilizador de las revelaciones con respecto a las labores de espionaje realizadas por los servicios de inteligencia estadounidenses, las catástrofes naturales y otras tragedias—; y, por otro lado, aquellos que invitan a una reflexión más amplia y profunda desde la perspectiva de lo que podríamos llamar “el pensamiento crítico” —las relaciones de poder, las fortalezas y debilidades tanto de la democracia como de otras formas de gobierno, la igualdad de género, los derechos reproductivos, las relaciones Norte-Sur, la crisis del capitalismo financiero, la inmigración, las diversas facetas de la cultura de masas y de la sociedad de consumo, etc.—.

 

El valor que en este momento aportan estos dos tipos de libros radica en su capacidad de responder a las necesidades puntuales que hoy en día tenemos no sólo como personas sino también como sociedad de reflexionar en torno a las cosas que están pasando en los entornos locales, nacionales, regionales y globales, de comprenderlas y de encontrar tanto respuestas como soluciones para diversas preguntas y problemáticas relacionadas con ellas.

 

 

 

 

 

 

Son muchos los sellos editoriales tanto especializados como generalistas que con mayor o menor intensidad y de una manera no siempre sistemática vienen explorando el filón de la actualidad a través de libros que tienen un enfoque marcadamente divulgativo y que responden a la necesidad que tenemos de entender lo antes posible lo que está pasando en este mundo convulsionado. Entre ellos se destacan AkalAlianza, Anagrama, ArielConecta, CríticaDebate, DeustoeCicero, Ediciones B, eldiario.es libros, Empresa activaGestión 2000, Libros del K.O.Los libros del Lince, PaidósPenínsulaPlataforma, RBARoca o Taurus. Por otro lado, Alpha Decay, Capitán SwingErrata Naturae, FórcolaGedisaIcaria o Katz —que a pesar de estar en Argentina tiene una buena presencia en España— son algunas de las editoriales de nuestro ámbito que están publicando títulos de pensamiento crítico alrededor de temas diversos como los mencionados anteriormente y algunos otros.

 

A menudo los libros que explican y analizan la evolución de coyunturas de actualidad que al tener lugar en la esfera pública y al repercutir en diversos ámbitos de la vida social pueden resultar cercanas tanto a la experiencia como a los referentes de grandes cantidades de personas también tienen un enfoque práctico en la medida en que buscan ofrecerles a sus lectores pistas que les ayuden a adaptarse a los cambios que está sufriendo su entorno, a superar las dificultades que se derivan de éstos y a reinventarse personal y profesionalmente. En muchos de estos libros cuyo enfoque es marcadamente divulgativo suelen mezclarse elementos provenientes de disciplinas como el periodismo, el management, las finanzas, el marketing, la psicología, el coaching y la autoayuda.

 

 

 

 

 

 

En un momento en el que se están publicando tantos libros de este tipo la posibilidad de que éstos conecten con el público depende no sólo de los temas que aborden y de la manera como lo hagan, de la forma como se promocionen y de la visibilidad que tengan en los puntos de venta, en los medios de comunicación y en el ámbito online, sino también de su capacidad de responder satisfactoriamente a las inquietudes, a las necesidades, a los intereses y a las expectativas tanto de lectores individuales como de distintos sectores sociodemográficos que sean representativos de la sociedad en su conjunto.

 

Sigo creyendo que las formas breves tanto en papel como en digital son un embalaje ideal para este tipo de contenidos. En una entrada de hace unos meses ya comenté que ‘en un momento en el que consumimos grandes cantidades de contenidos de todo tipo, en el que por cuestiones tanto de tiempo como de atención a menudo privilegiamos la brevedad y en el que tenemos una necesidad cada vez mayor de entender lo antes posible lo que está pasando en nuestro mundo convulsionado puede haber grandes oportunidades sobre todo para las piezas de no ficción que además de producirse bajo un modelo de edición ágil puedan comercializarse de manera fragmentada gracias a su estructura modular y/o empaquetarse en microformatos digitales‘. Los microformatos digitales tienen la ventaja de que les ofrecen a los autores y a los editores la capacidad de reaccionar rápidamente para producir contenidos vigentes con respecto a coyunturas susceptibles de evolucionar a gran velocidad.

 

A principios de diciembre de 2013 mientras preparaba esta entrada se publicaron dos artículos interesantes que abordan este fenómeno desde una perspectiva afín:

 

– “Cuando las novedades editoriales militan, o al menos lo intentan”, de Karina Sainz Borgo.

“Libros para entender la crisis económica”, de Roger Domingo —quien en su condición de editor de AlientaDeusto, y Gestión 2000 seguramente conoce el tema mejor que nadie—.

 

El sumario del artículo de Karina —cuya palabra clave es “malestar”— no podría hacer un mejor diagnóstico de la situación:

 

‘Vivimos los días de la ira: el estado del bienestar se desmorona, la calle bulle, la clase media se cabrea y los políticos flaquean. No son días inocentes. Quienes hacen ficción meten el dedo muy dentro en la llaga y los que se dedican al ensayo escriben volcados en la realidad. Las editoriales apuestan fuerte por una literatura que aclare el malestar’.

 

Roger, por su parte, define el estado de la cuestión en los dos primeros párrafos de su artículo:

 

‘Llevamos cinco años de crisis y, con ello, cinco años de un nuevo género literario, a saber: los libros sobre actualidad económica que tratan de explicar al lector no especializado las causas, los orígenes y los culpables de la debacle, así como las posibles soluciones a la misma. El cambio es profundo, pues nace de la demanda, es decir, de un nuevo tipo de lector que ya no es el habitual en libros de economía (profesionales, profesores, inversores, etc.) sino que se extiende al conjunto de la sociedad.

En este sentido, advertimos tres grandes grupos de lectores: aquellos que demandan información sobre lo ocurrido; aquellos que buscan en los libros sobre la crisis reforzarse ideológicamente y, por último, aquellos que buscan propuestas alternativas al actual sistema económico’.

 

Los que para millones de personas son tiempos cada vez más difíciles parecen estar siendo mucho mejores para algunos autores y editores de libros de actualidad, prácticos y de pensamiento crítico. Constatar la excelente acogida que los libros de pensamiento crítico vienen teniendo entre los públicos joven y adulto así como la creciente politización de éstos me hace pensar que quizás la editora Diana Hernández tenía razón cuando decía que ‘la política es el nuevo indie‘.

 

¿Alguien se anima a compartir sus impresiones con respecto al estado actual tanto de la oferta como de la demanda de estos tipos de libros en otros países del ámbito hispanohablante de acuerdo con las circunstancias políticas, económicas y sociales particulares de cada uno de ellos?