archivo de la categoría “1”

miércoles, julio 21, 2010 categorizado bajo 1

mis lecturas para el verano

El impulso de la primera mitad del año se agota, la capacidad de atención se acerca peligrosamente a cero, el ritmo de trabajo va disminuyendo poco a poco y de lo único que quedan ganas es de empezar a hacer los preparativos para las vacaciones de verano.

Como me gusta aprovechar al menos una parte de mi tiempo libre para leer, ahora mismo estoy seleccionando mis lecturas para este verano. Los siguientes son los libros que espero leer para desconectar durante mis cortísimas vacaciones.

Maletas perdidas, de Jordi Puntí

Salamandra

Barcelona, 2010

– La librería, de Penelope Fitzgerald

Impedimenta

Madrid, 2010

– Peyton Place, de Grace Metalious

Blackie Books

Barcelona, 2010

***

Ya publicaré algunas lecturas recomendadas para estas vacaciones de verano.

miércoles, julio 7, 2010 categorizado bajo 1, donde pongo el ojo, mis libros favoritos, mis recomendados

donde pongo el ojo… [ 106 ]

Lecturas en curso

La playa de los ahogados, de Domingo Villar

Siruela

Madrid, 2009

Mi recomendado de la semana

Tocar los libros, de Jesús Marchamalo

Fórcola

Madrid, 2010

Mis libros favoritos

Diario del año de la peste, de Daniel Defoe

Impedimenta

Madrid, 2010

Me llama la atención

Te quiero verde, de Elaine Dundy

Duomo ediciones

Barcelona, 2010

lunes, julio 5, 2010 categorizado bajo 1, contenidos digitales, e-book, e-readers, entorno digital

“¿despega el e-book?”: artículo en la revista literata

En su número de julio la revista Literata incluye un artículo en el que planteo algunas reflexiones con respecto al estado actual de la cuestión del e-book en España.

En el artículo titulado “¿Despega el e-book?” intento dar una visión general del panorama del e-book en nuestro medio a día de hoy teniendo en cuenta aspectos como los actores del sector del libro involucrados en la producción de contenidos digitales, las posiciones de algunos de ellos frente a la emergencia de lo digital, el estado de la oferta de libros en formato digital o las condiciones que podrían favorecer o inhibir el desarrollo de este mercado.

Creo que más que plantear algo nuevo acerca de un tema con respecto al que ya se ha dicho mucho hasta el momento y sobre el que vale la pena volver cada cierto tiempo debido a la velocidad a la que está evolucionando, el artículo recoge de la manera más sintética posible lo que personalmente saco en limpio de las reflexiones que hemos planteado quienes participamos en una conversación a la que escenarios como Paradigma libro, Comunicación cultural, Los futuros del libroPensódromo [21], Anatomía de la edición, la Feria del Libro de Sevilla o la revista Texturas le han abierto un espacio y a la que puede sumarse todo aquel que tenga alguna inquietud en relación con la manera como el sector editorial está no sólo adaptándose a las transformaciones que está sufriendo su entorno sino también buscando incidir en ellas.

Gracias tanto a Helena O’Callaghan García por ampliar el espacio de reflexión sobre el tema como a Jorge Portland y a María José de Acuña por poner su galería de imágenes a mi disposición para ilustrar este artículo.

Los interesados en leer el artículo pueden descargar el archivo en pdf apretando aquí.

miércoles, junio 30, 2010 categorizado bajo 1, edición, editores, editores independientes

el editor como cómplice en el encuentro entre la obra y sus lectores

Muy estimulantes y sugestivos los planteamientos que hace el editor alemán Kurt Wolff en los textos recogidos en el libro Autores, libros, aventuras, que recientemente publicó Acantilado.

Hay varios aspectos de estos textos de Wolff que me han parecido particularmente llamativos: en primer lugar, que entre líneas puede encontrarse una declaración de los valores que le sirven a Wolff como principio para el ejercicio del oficio editorial; en segundo lugar, la existencia de una concepción eminentemente humanista del oficio del editor; en tercer lugar, que en sus palabras se adivina a un editor sumamente cuidadoso con el tratamiento de las distintas fases del proceso editorial; y, por último, la vigencia de sus inquietudes y opiniones en un momento en el que casi cincuenta años después de la muerte de Wolff toda nuestra atención parece centrarse obsesivamente en vender libros, archivos y cacharros a como dé lugar y en nada más.

A continuación reproduzco un fragmento de Autores, libros, aventuras en el que Wolff se refiere a las condiciones que en un momento dado pueden favorecer o dificultar la llegada de autores a una editorial:

‘El Golem es una buena ocasión para comentar que, cuando una editorial tiene la suerte de alcanzar un éxito con un libro, y además con un libro que no es malo, esto tiene una grata consecuencia: atrae a los autores. En los años de poco éxito, la afluencia de nuevos autores era escasa; en los años exitosos, excesiva. Así lo vivimos entonces con el Golem, poco más adelante con Heinrich Mann y Tagore. (No, Tagore no debe valorarse como ustedes piensan: André Gide, William Buttler Yeats, Rilke, Ezra Pound y algunos otros autores de categoría lo sabían mejor que los literatos alemanes, para quienes el éxito y la ausencia de valor eran sinónimos; este tradicional esnobismo en el mundo literario alemán es un tema del que se podría hablar largo y tendido…).

Aunque, por supuesto, es evidente que no puede demostrarse en cada caso concreto, no cabe duda de que los extraordinarios éxitos que obtuvo la editorial Kurt Wolff  con Meyrink, Heinrich Mann, Tagore o también con los primeros tomos de la poesía de Werfel y su drama Die Troerinnen (Las troyanas) trajeron consigo un aluvión de manuscritos y propuestas editoriales que, de otro modo, no nos habrían llegado. El hecho de que entonces existiera una nueva editorial abierta a la joven generación y en la que se publicaba a Kafka, Werfel y Hasenclever instó a innumerables jóvenes escritores, con talento y sin él, a enviarnos sus manuscritos’.

En este caso más que el ir y venir de autores como consecuencia del poder de seducción que tiene el éxito de una editorial, lo que más me llama la atención de las palabras de Wolff es el énfasis que ponen en el rol que juega el editor como mediador y dinamizador cultural bien sea al propiciar el encuentro entre los lectores y los creadores de su tiempo o bien al poner a sus contemporáneos en contacto con las obras literarias que se han producido en otras épocas.

De ahí el rol que en un momento dado pueden jugar ciertos editores, que gracias a la manera como asumen y hacen su trabajo llegan a ocupar un lugar central en la vida cultural de su época.

Seguro que de éstas y muchas otras cosas más se hablará mañana y el viernes en Madrid, durante el seminario “La edición cultural: sentido y oportunidades” que organiza la Asociación de Revistas Culturales de España (ARCE).

lunes, junio 28, 2010 categorizado bajo 1

el contenido y el orden de la biblioteca personal

A propósito de la presentación de Tocar los libros, el libro de Jesús Marchamalo que hace poco reeditó Fórcola ediciones, el pasado 3 de junio Joaquín Rodríguez reprodujo en una entrada de Los futuros del libro un bonito fragmento de este ensayo que leeré próximamente.

El fragmento que en estos días de estrenar casa no deja de darme vueltas en la cabeza dice lo siguiente:

‘Hay quien dice que las bibliotecas definen a sus dueños, y estoy seguro de que es cierto. “El hogar es donde tienes los libros”, escribió Richard F. Burton, escritor, militar, explorador, diplomático, agente secreto y viajero infatigable a quien, por cierto, no debió resultarle fácil ubicar sus estanterías. Margarite Yourcenar dijo en una ocasión que reconstruir la biblioteca de una persona era una de las formas más idóneas de informarnos cómo es. Por supuesto que los libros hablan de nosotros. De nuestras pasiones e intereses. Los libros delimitan nuestro mundo, señalan las fronteras difusas, intangibles, del territorio que habitamos’.

¿Qué dirá de mí mi biblioteca barcelonesa, en la que la narrativa estadounidense y la latinoamericana son las que mejor están atendidas a pesar de la existencia de grandes, evidentes e inexcusables vacíos y ausencias; en la que no debe haber más de siete libros de poesía ni más de uno de teatro; en la que literaturas como la alemana, la japonesa, la árabe o la africana brillan por su ausencia salvo por contadas excepciones; en la que la novela gráfica, el álbum ilustrado infantil y la crónica periodística vienen ganando terreno rápidamente; en la que a la novela francesa contemporánea se le ha vetado el acceso hasta nueva orden; y en la que los libros sobre edición y editores ocupan un lugar cada vez más importante?

Hace dos fines de semana cuando le conté que ya había montado mi biblioteca en la casa nueva mi amiga M. me preguntó cómo ordenaba mis libros y yo con toda la naturalidad del mundo le expliqué que primero los clasificaba por zonas geográficas, que luego organizaba por género los libros provenientes de una misma zona y que a continuación ponía en orden cronológico aquellos de un mismo género que también comparten origen geográfico.

Normal, ¿no?

Pues parece que no.

– ¿El orden cronológico es el del nacimiento de los autores? —me preguntó M.

– ¡Obvio! —le contesté sin pensarlo y con chulería.

– Pues es que con esa lógica tan absurda no me parecería raro que organizaras tus libros en orden cronológico de compra —me contestó M. riéndose de mí—  ¿Porque entonces dónde pondrías un libro publicado en México cuyo autor es un historiador chileno que escribe sobre España?

– ¡En Chile, claramente!

– ¡Ay, no, Martín!

Y ya no sigo dando cuenta de la discusión porque todo lo que durante tanto tiempo había tenido una lógica absolutamente coherente y sólida de repente me pareció totalmente caprichoso, ridículo y carente de sentido —aunque sólo por un rato—.

¿La forma como uno organiza su biblioteca dirá tanto de uno como el contenido de ésta?