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Martes, junio 12, 2007 categorizado bajo 1

fe de erratas por gazapo en ‘la conexión gringa de lumen’

Alguien acaba de hacerme caer en cuenta de la existencia de un gazapo en mi entrada de esta mañana, por lo cual escribo esta breve nota para corregirlo. En ‘la conexión gringa de lumen‘ digo que mi intención con esta entrada es “destacar el aporte que desde hace un tiempo viene haciendo esta editorial al dedicarles a narradores gringos como John Cheever, Flannery O’Connor y Katherine Anne Porter un volumen —que en el caso del primero de ellos son dos— que reúne los cuentos completos de cada uno de ellos”.


¡Pues claro que hay un gazapo tremendo en la entrada porque resulta que la editorial que publica a Cheever en España no es Lumen, sino Emecé!


Creo que me confundí debido a que el diseño de los libros de Cheever que está publicando Emecé tiene algunas semejanzas con el de algunos libros de Lumen. En cualquier caso, como diría una querida ex jefa, ‘se me fueron las luces’.

Jueves, mayo 17, 2007 categorizado bajo 1

biby cletus y el blogspam

Hace unos días recibí la notificación de que tenía un comentario nuevo en la entrada ‘de paseo por las librerías / mesa de novedades [ 4 ]. Cuando me fui al panel de administración de mi blog me encontré con que un tal Biby Cletus me había escrito lo siguiente:

Nice post, its a really cool blog that you have here, keep up the good work, will be back.

Warm Regards”


Mi primer impulso fue sentir un orgullo inmenso porque el comentario de Biby me sugería que alguien más allá de mi círculo de amigos estaba leyendo [ el ojo fisgón ]. Consulté el directorio de blogger, según el cual Biby Cletus me escribía desde la ciudad de Alappuzhaque queda en el estado indio de Kerala. Luego me metí a The Kerala Articles, el blog en el que Biby escribe “Open, Bold and Unbiased Articles on Movies, Sports, Entertainment, Music, Books, Reviews, Events, Film, celebrities, Politics, Travel and places, Pets and Animals and much much more…”.


Sin embargo, muy pronto vinieron las sospechas: primero: si Biby leyó mi texto en español, ¿por qué me deja un comentario en inglés?; y luego: ¿por qué su comentario es tan genérico?

Enseguida introduje en Google un pedazo del comentario de Biby y me encontré con que había cien páginas de resultados de websites que contenían este texto. Es bien sabido que desde hace varios años la India es uno de los polos de desarrollo en el campo de la informática y que una buena parte de los trabajadores más calificados del Silicon Valley provienen de allí, por lo cual no sería de extrañar que el astuto compatriota del tendero Apu —probablemente el nombre y la foto sean ficticios— se hubiera inventado un robot que hace un barrido en el código de las páginas Web para encontrar en él fragmentos que indican que ésta tiene un espacio de comentarios ni mucho menos que este robot incluyera la función de depositar su mensaje automáticamente una vez encuentre esas dos o tres líneas en el script.


Esta es la historia de mis veinte segundos de fama y de la desilusión que sucedió al descubrimiento de que había sido víctima de las artimañas de unos informáticos timadores, que a costillas de incautos como yo deben estar generando muchísimo tráfico en sus páginas y forrándose con el dinero que reciben a través de AdSense.

Domingo, abril 8, 2007 categorizado bajo dictadura, escritores, lecturas de fin de semana, literatura contemporánea

lecturas de fin de semana [ 3 ] / entrevista a imre kertész: "en la dictadura, la literatura te devuelve a tu propia existencia"

Reproduzco la entrevista a Imre Kertész, el escritor húngaro de origen judío que en 2002 recibió el premio Nobel de literatura, hecha por Cecilia Dreymüller y publicada el pasado 31 de marzo en Babelia.


Desde Berlín, donde reside y siente la libertad, el Nobel húngaro evoca la vida bajo una dictadura y reflexiona sobre lo que significa crear bajo su dominio. El escritor, sobreviviente del Holocausto, que publica un libro de ensayos y recupera una de sus primeras narraciones, repasa la historia de su país en el siglo XX y habla de lo que significa tomarse en serio la escritura.

Kertész recibe en el lujoso café —”es mi oficina”— del hotel Kempinski de Berlín, ciudad donde mantenía un piso de trabajo y a la que acaba de trasladarse. La suavidad de su voz concuerda con la finura de sus modales y la delicadeza de su expresión en un alemán culto y algo quebrado. Aunque atiende con amabilidad, se diría que se ha propuesto atajar definitivamente las servidumbres periodísticas, ya que acaba de publicar en Dossier K. Una investigación (que saldrá en otoño en Acantilado) una irreverente y muy sagaz “autoentrevista”, donde un Kertész socarrón interroga a un Kertész remiso sobre su obra y su vida. La vida de un hombre (Budapest, 1929) que a los 15 años fue internado en Auschwitz y después trasladado a Buchenwald. El autor húngaro publica en España el libro de ensayos La lengua exiliada y Un relato policiaco.

PREGUNTA. Un relato policiaco nace, en 1976, como una especie de relleno, para la publicación de otra novela.

RESPUESTA. Así es. El editor era un gran conocedor de la literatura universal. Tiene que haber un mínimo de diez octavillas, dijo. Para completar el volumen de mi novela El rastreador necesitaba otro texto de una determinada extensión. Yo, entonces, desde hacía mucho tiempo, rumiaba la idea de Un relato policiaco y, de repente, se presentó esta emergencia. Lo tuve que escribir con extrema celeridad, porque en el llamado socialismo un libro tardaba dos años en ser publicado, y si uno se quedaba fuera del plan, había que esperar cuatro años. De modo que me instalé con mi proyecto en una casa de escritores, y en dos semanas lo terminé; así aparecieron los dos textos juntos.

P. Lo que no se explica es cómo semejante historia pudo pasar la censura.

R. Mire, en Hungría, en aquella época -estamos hablando de 1977- teníamos lo que se llamaba el “comunismo gulash”, una versión blanda del comunismo anterior y, de hecho, la censura no era la misma. Cada redactor jefe o director de una editorial era responsable de su propia empresa. Una censura central, tal como la había en Polonia o en la antigua Checoslovaquia, no existía en Hungría. Se trataba de una historia seudo-suramericana. Todo era ficción; no había un Estado suramericano así. De modo que el editor lo podía leer como algo completamente inocuo, incluso dijo: ¡pero si es como aquí! (risas). Y así fue como se publicó. No llamó mucho la atención, como todos mis libros, y después desapareció.

P. En su ensayo de 1990, Budapest, Viena, Budapest, llama a la literatura “el único sentido de la vida”. ¿Opina hoy igual que entonces sobre la importancia de la literatura?

R. Mi actitud no ha cambiado, pero me he dado cuenta de que la literatura ahora no posee, ni por asomo, la importancia que tenía entonces en Hungría. Pero eso me da igual. Aunque la literatura resulte superflua, para mí es esencial. Esto es todo; no quiero y no puedo valorar de forma objetiva si vale lo que escribo. Simplemente escribo porque me apetece.

P. Me refería a que en una dictadura la literatura constituye un canal para el desarrollo de una actividad mental.

R. Ah, sí, desde luego. En la dictadura la literatura adquiere una relevancia existencial, al menos cuando uno se toma en serio la escritura. La literatura te devuelve a tu propia existencia, ya que ocuparse cada día con uno mismo sirve para aclararse la vida. Es triste, pero imprescindible.

P. En Ensayo de Hamburgo afirma ser un escritor que saca su inspiración exclusivamente de lo negativo. ¿Cómo logra inspirarse en la actualidad?

R. (Risas) Bueno, hoy escribo más desde lo positivo. Mi último libro, Dossier K., probablemente sea mucho más alegre que mis otras obras. Es algo que he disfrutado mucho. Pero en aquel entonces -hay que trasladarse mentalmente a los años setenta, ochenta- no había ninguna esperanza de que se produjera un cambio. No era previsible que esta superpotencia, ese mamut, ese elefante, se derrumbase algún día. Fue un milagro.

P. ¿Cree que “el intelectual superfluo” del que habla en su ensayo del mismo título ha desaparecido?

R. No, creo que sigue estando allí. En Hungría, por descontado. Y, desgraciadamente, desempeña un papel importante en la sociedad y en la política. Hungría está pasando por una crisis y en esta crisis se dan muchos problemas artificiales de rasgos superfluos que simplemente no pertenecen a la época actual: nacionalismo, antisemitismo, derecha e izquierda, no son conceptos que ayudan a un país a vivir. Pintan problemas de hace cien años, se lo aseguro, ya que el pasado histórico no asumido de Hungría empieza con la Primera Guerra Mundial. Al final de aquella guerra, Hungría pierde dos tercios de su territorio y el resentimiento que surge entonces sigue vigente hoy. Después, la época de entreguerras, el papel de Hungría en la Segunda Guerra Mundial, la alineación del comunismo después de 1956, nada de esto será asumido. Son cuestiones muy difíciles que representan una pesada carga para una sociedad; además, fueron hábilmente eludidos. No sé cómo ha sido en España; al principio, después de la dictadura de Franco, parecía más difícil, pero hoy no se percibe ninguna dificultad.

P. ¿En qué dirección se mueven las nuevas generaciones de intelectuales húngaros?

R. No lo sé muy bien, no tengo demasiado contacto con mi país para pronunciarme con certeza, pero hay mucha extrema derecha. Un joven, que me encontré casualmente en el avión, me contó que estudia en la Universidad de Budapest y le llamaba la atención, al conocer otras universidades en Occidente, que en todas los jóvenes son de izquierdas, mientras que en Budapest la mayoría tiende a la derecha. Y esto es fruto del resentimiento, la incapacidad de superar el pasado. Es como una enfermedad que brota una y otra vez, igual que en Yugoslavia y Polonia. Es una señal muy significativa de que Europa todavía está lejos de estar unida; existen, como mínimo, dos Europas.

P. En su obra reelabora siempre experiencias vividas. ¿Por qué se opone al término “ficción autobiográfica”?

R. Porque todo es ficción, el ser humano es una ficción. Si contemplo mi vida, veo que me hago escritor cuando nada indicaba que lo fuera. No contaba con nada, no conocía nada, no tenía un proyecto, y los que emprendía eran completamente irreales, imposible vivir de ellos o verlos publicados en una sociedad como la de la Hungría comunista. Pero me atenía a esta ficción que me había inventado y llevaba una doble vida: una vida secreta, grandiosa y una vida muy estrecha en la superficie. Me decía entonces que vivía como un escritor inglés: me levanto, reflexiono, escribo algo; lo único que no hago es jugar al golf y al tenis y no conduzco un coche. Me atenía firmemente a esta ficción y así me convertí en una ficción. Lo que me permite escribir de mí mismo como de un extraño, como en Dossier K.: es un diálogo, aparentemente es un diálogo entre yo y mí mismo, pero poco a poco aparece una tercera persona que observa discutiendo a estos dos, controlando que, como en una partida de pimpón, intercambiamos correctamente la pelota. Un juego curioso.

P. La ficción está estrechamente relacionada con un tema muy recurrente en su obra: el concepto de la realidad, la realidad construida interiormente y la realidad en un sistema totalitario.

R. Yo creo que siempre vivía en la irrealidad, siempre fui una invención, hasta que me empezaron a doler las muelas. El dolor de muelas me hizo comprender que existía (risas) e iba al dentista. Pero, aparte de esto, me tomo las cosas alejándome de la realidad; no siempre puedo diferenciar los distintos niveles y menos cuando escribo. Me sorprendo a mí mismo con algunas frases. Cuando estuve trabajando en Yo, el otro, una frase fue muy importante para mí: “La libertad no se puede experimentar en el mismo lugar donde uno ha sido esclavo”. Esto, simplemente, lo había escrito así, como una frase clara con un ritmo, y diez años más tarde se había convertido en una profecía. Fue mi verdad existencial: tenía que marcharme de allí.

P. ¿Es ésa la razón por la que vive ahora en Berlín?

R. Sí, así es. Durante cuarenta años yo no he tenido pasaporte. Ni siquiera podía viajar a un país vecino. Yo soy un hombre de la gran ciudad, me siento a gusto en un entorno extraño, me encanta estar rodeado de una lengua extranjera. Y vivía atado a mi tierra como un hombre de la Edad Media. Ésta es una de las razones por las que vivo aquí, aunque también me siento a gusto en Berlín. Es una ciudad interesante, liberal, abierta, donde vivo con más libertad y, sobre todo, no tan cargado de problemas que no me importan. No tengo que repetir como un loro mi fidelidad a Hungría o que soy escritor; ya no me tengo que ocupar de los problemas de mi país.

P. En su discurso del Premio Nobel señala que tal vez el lenguaje ya no sirva para “representar los procesos reales, los conceptos que en otros tiempos eran inequívocos”. ¿Qué puede ofrecer el lenguaje al escritor del siglo XXI?

R. Ésa es la cuestión en la que hay que ahondar. En todos mis libros el lenguaje es diferente. Eso se manifiesta de forma muy marcada en Sin destino. La cuestión era ¿se puede crear un “lenguaje atonal”? Empleo este término musical para caracterizar un lenguaje que no posee tónica, no tiene tonalidad de do mayor o de si bemol menor, lo cual significa que no existe un consenso entre los seres humanos, que no hay una cultura válida; en otras palabras, los términos han cambiado por completo. Crear un lenguaje atonal suponía para mí desentenderme del todo de los significados originales de las palabras; todas las palabras han adquirido un contenido nuevo en la situación en la que tiene lugar mi historia. Este “lenguaje atonal” implicaba en Sin destino que la novela no debe narrar, una técnica en la que siempre hay un presente, pero nunca una narración. La manera en que se vive el presente, mediante momentos discontinuos, muestra el desgarramiento, lo inconcebible, el falso orden del mundo. Es una técnica que hay que variar en cada libro.

P. Su “lenguaje atonal” recuerda mucho el lenguaje de Kafka.

R. Kafka se publicó muy tarde en Hungría. El primer libro de relatos de Kafka lo pude leer alrededor de 1964. Tenía un diario de Kafka que pude comprar en Budapest en alemán, pero mi alemán entonces no era lo suficientemente bueno para leerlo sin dificultades. En realidad, Kafka no ha tenido tanta influencia en mí, lo cual fue una suerte para mí. No sé si hubiera podido escribir mi obra bajo la influencia de una cabeza tan excepcional y, sobre todo, un talento literario tan extraordinario. Su forma de representar pequeñas cosas, cómo describe a un hombre, es fantástico. En cambio, un libro que sí quería urgentemente leer, cuando trabajaba en Sin destino, del que me enteré por los periódicos húngaros que hablaban del proceso de Eichmann en Israel, porque trataba del mismo tema que me ocupaba a mí, la banalidad del mal, fue Eichmann en Jerusalén, de Hannah Arendt. Tampoco lo conseguí.

P. ¿Quiénes fueron sus maestros literarios cuando decidió ser escritor?

R. Sobre todo, Thomas Mann y Camus, dos puntos estelares completamente distintos; ellos fueron mis pilares. A Thomas Mann, gracias a Dios, lo leí relativamente pronto; en 1954 se publicó un libro de relatos con La muerte en Venecia, etcétera, y me hizo un gran efecto. Esa monotonía literaria del estalinismo, esas novelas soviéticas con su mala literatura: encontrarme, de repente, con un texto existencial fue grandioso. Después de 1956 leí El extranjero, de Camus. Eso lo he descrito en Dossier K.: ambos escritores acabaron conmigo, pero cuando resucité me sentía feliz de haberlos conocido.

Lunes, marzo 26, 2007 categorizado bajo español

notas sobre el español a propósito del iv congreso internacional de la lengua española

Los preparativos y la realización del IV Congreso Internacional de la Lengua Española que está teniendo lugar en este momento en Cartagena (Colombia) han venido dando mucho de qué hablar desde hace un tiempo —sobre todo durante los últimos días—. Se dice que el español es un idioma cada vez más global y con un peso cada día mayor debido al ritmo de crecimiento del número de personas que lo tienen como lengua materna o que están adoptándolo como segunda lengua: según las últimas estadísticas, actualmente el español es la lengua materna de entre 444.861.546 y 455.570.238 personas.

Un caso que ilustra esta situación de manera interesante es el crecimiento de la comunidad hispana en los Estados Unidos, que allí constituye hoy en día la minoría más grande. Las estadísticas oficiales del gobierno norteamericano, que seguramente no tienen en cuenta a los millones de indocumentados que viven en su país, hablan de 35,3 millones de hispanos que representan el 13% de la población de Estados Unidos.

Este dato es importante desde un punto de vista no sólo demográfico y social, sino también político y económico: por un lado, entre los hispanos que viven en Estados Unidos cada vez son más los que tienen tanto derecho al voto como la oportunidad de acceder a cargos públicos —recordemos que en las elecciones presidenciales de 2000 el empate entre el hoy presidente Bush y Al Gore se rompió en la Florida y que desde hace mucho tiempo los hispanos en ese país empezaron a ocupar puestos de elección popular en las Alcaldías, las Cortes y las corporaciones públicas como el Congreso—; y, por el otro lado, el mercado hispano en ese país es cada vez mayor debido al crecimiento no sólo de la comunidad hispana sino también del poder adquisitivo de ésta. De hecho, en Estados Unidos cada vez son más las agencias de publicidad, las empresas de comunicaciones, las publicaciones periódicas y las editoriales que se orientan exclusivamente al mercado hispano.

El especial sobre la lengua española que publicó este fin de semana Babelia, el suplemento cultural del diario El País, reúne una serie de artículos bastante interesantes acerca del estado actual del español. Los autores de una parte importante de estos artículos son escritores, en su mayoría colombianos, que publican en Alfaguara —una editorial que, como El País, pertenece al grupo PRISA—. Entre ellos se encuentran los experimentados Piedad Bonnett, William Ospina y Laura Restrepo, cuyos textos están al lado de otros autores de la casa como Carlos Fuentes y Juan Luis Cebrián.

La escritora y profesora Piedad Bonnett escribió un artículo bastante curioso acerca del imaginario que se ha construido alrededor del español que se habla en Colombia. Bonnett descarta cualquier posible polémica ridícula sobre la superioridad de la manera como se habla en un lugar o en otro afirmando de manera contundente que “la verdad es que, como escribió alguna vez Manuel Alvar, ‘no hay un español mejor, sino un español de cada sitio para las exigencias de cada sitio’. Esa verdad puede llegar a ser perturbadora. Me he enterado de que algunas editoriales españolas no quieren traducciones americanas, aduciendo que sus lectores no las entienden. Los lectores hispanoamericanos, por su parte, maldicen cada vez que se les atraviesa un ‘gilipollas’ o un ‘a por agua’. Y es que nada puede detener el curso de la lengua viva. Ni aun los heroicos esfuerzos de las academias por propiciar un español culto, que lime las incontables diferencias”.

Lunes, marzo 26, 2007 categorizado bajo 1

los blogs de carácter personal

Hace unos días hablé acerca del valor y la utilidad los blogs temáticos pero no hice ninguna tipo de consideración en relación con aquellos blogs cuyos autores los crean con el propósito de expresar de una manera informal y poco sistemática las inquietudes, los sentimientos y las ideas que les suscita su experiencia. Este tipo de blog, que quizás es el que más contribuye al crecimiento de lo que se conoce como ‘la blogósfera’ y a la vez el más susceptible de ser abandonado, se caracteriza por tener un tono intimista, por no necesitar una unidad temática en la medida en que el contenido puede tener como único hilo conductor tanto las inquietudes del autor como la necesidad que éste siente de escribir sobre ellas y por no pretender alcanzar a un público amplio —de hecho, para algunas personas abrir un blog significa tener la posibilidad de tener un diario íntimo y, por lo tanto, no lo hacen con el propósito de ser leídos—.

Considero que por ser quienes tienen vínculos y afinidades más fuertes con el autor, por lo menos al principio las personas cercanas a éste son quienes tienden a interesarse por un blog de carácter personal. Al fin y al cabo es gracias a la existencia de afinidades y experiencias compartidas que construimos vínculos con los demás. Debido a lo anterior creo que los blogs de este tipo sólo pueden llegar a despertar el interés de un grupo más amplio de lectores en la medida en que otras personas sientan que la sensibilidad de su autor está en sintonía con la suya porque sus textos expresan de una manera certera inquietudes, sentimientos e ideas que su propia experiencia ya les había suscitado a ellas mismas.

Un blog de carácter personal es un espacio en el que el autor puede decir lo que se le antoje sin dar mayores explicaciones o justificaciones y sin esperar que nadie valide sus ideas. A partir de mi experiencia con un blog que abrí hace dos años podría decir que con este tipo de blogs se corre el riesgo no sólo de caer en una escritura autorreferenciada y hermética, sino también de que tanta introspección se convierta en autismo. En síntesis, la intención del autor no sólo define la naturaleza de un blog sino que también determina quiénes, cómo y aproximadamente cuántos serán sus lectores.

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