archivo de la categoría “oficios”

la edición aislada: sobre el viaje literario a la habana de juan pablo villalobos

En noviembre de 2012 cuando Juan Pablo Villalobos vino a Barcelona para presentar su novela Si viviéramos en un lugar normal me habló de un viaje que había hecho recientemente a La Habana con el propósito de escribir un reportaje para la revista Gatopardo. A mediados de diciembre de 2012 Juan Pablo me escribió contándome que en el número 137 de Gatopardo acababa de aparecer su reportaje “La isla en texto. Un viaje literario a La Habana”.

 

 

 

 

 

El sumario del reportaje es bastante sugestivo porque se refiere a la cuestión de la propiedad de las editoriales cubanas, a la lógica bajo la cual se publica en Cuba y a las repercusiones que ésta tiene sobre la carrera de los autores. Dice el sumario:

 

‘En Cuba, las editoriales pertenecen al Estado y publican con una lógica incluyente, no de mercado, lo que para muchos autores significa un debut y una despedida. ¿Bajo qué condiciones y con qué expectativas trabajan los escritores contemporáneos de la isla caribeña?’

 

Tras dar cuenta del interrogatorio de rutina que un policía le hizo en el aeropuerto de La Habana ’después de realizar el trámite de inmigración y antes de recoger las maletas’, Juan Pablo hace una observación que según podrá comprobar el lector en diversas ocasiones resultará fundamental para la lectura de su reportaje:

 

‘En Cuba cuando hablas de literatura en realidad no sólo estás hablando de literatura, también estás hablando de «literatura»’.

 

Debido a su sistema político unipartidista y a su modelo económico estatalista Cuba constituye una excepción en el mundo occidental, en el que a pesar de las diferencias de grado entre los distintos países tiende a prevalecer la apertura tanto política como económica. En Occidente lo que no sea democracia y capitalismo es visto como premoderno e incluso bárbaro. Aunque hasta hace relativamente poco tiempo muchos países del ámbito hispanohablante —y unos cuantos europeos aparte de España— eran gobernados por figuras dictatoriales y/o juntas militares que en ocasiones se mantuvieron en el poder o se sucedieron unas a otras durante años e incluso décadas, desde el momento actual todo eso nos parece lejano —o nos lo puede parecer quizás por la enorme cantidad de cosas importantes que han pasado en la historia reciente de la humanidad—. Y es por eso que hoy en día tengo la sensación de que hay razones que van mucho más allá de lo estrictamente geográfico para afirmar que Cuba es una isla en medio del mundo occidental.

 

 

 

 

Juan Pablo cuenta hacia la mitad de su reportaje cómo en medio de una conversación con los escritores Jorge Enrique Lage, Ahmel Echevarría y Orlando Luis Pardo Lazo llegaron al tema de la censura:

 

‘Quién sabe por qué caminos, después de un rato de presentaciones y resúmenes curriculares, acabamos hablando de censura, de lo que se puede y no se puede escribir, o para ser precisos: de lo que te van o no te van a publicar las editoriales cubanas.

—Hoy los editores son más cínicos —dice Orlando—. Los editores ya son posrevolucionarios, postsocialistas.

Me dicen que las cosas ya no son blanco y negro, que hay un cierto margen dentro del cual los editores se mueven (a veces confiando en que nadie va a leer con atención un determinado libro), aunque sigue siendo verdad que hay algunos textos que de ninguna manera van a publicarse en Cuba.

En todas las editoriales trabaja un funcionario del Ministerio del Interior, responsable de echarle un ojo a las publicaciones. Es un individuo al que algunos pueden ver como a un espía, como a un policía, aunque la mayor parte del tiempo sea un tipo amable e intrascendente que de vez en cuando se acerca a los escritores para decirles cosas como: hola, soy el funcionario del Ministerio del Interior, cualquier cosa que se te ofrezca aquí estoy para ayudarte. Eso, mientras todo se mantenga en los cauces de la «normalidad».

—Todo empieza cuando un funcionario se inquieta —afirma Orlando.

—De pronto aparece una lectura llegada de los años setenta —completa Lage, quien ha vuelto de la calle.

—Como el viejo que ayer no les dejó tomar las fotos en la calle —hace el paralelismo Orlando.

—Alguien dice que es «una novela que le hace daño a la Revolución» —sentencia Ahmel (las comillas son suyas).

—La línea está muy clara —remata Orlando—, se escribe con F (bajando la voz) —y al mismo tiempo con el dedo índice de la mano derecha traza en el aire la «F» de «Fidel»’.

 

 

 

(Detalle de una foto de José Luis Cuevas)

 

Más adelante Juan Pablo aborda el funcionamiento del sistema editorial y literario cubano, que como se verá en el siguiente fragmento del reportaje tiene sus propias particularidades debido básicamente a que al parecer las decisiones del Estado como editor no se rigen por la lógica del mercado:

 

‘Dado que Rafael y Leopoldo están al frente de dos publicaciones literarias, llegué a esta reunión con la expectativa de entender —o al menos intentarlo— el sistema editorial y literario cubano. Me imaginaba una conversación sobre lo que la teoría denomina sociología de la literatura. Y no habría de salir defraudado, para empezar porque ambos afirman que si existe hoy en día un debate literario en la isla, este debate es «sobre lo que está alrededor del libro». Y lo que está alrededor del libro es, cuando menos, diferente.

En Cuba las editoriales pertenecen al Estado, a un Estado, para ser precisos, que no practica la lógica del mercado. Esto quiere decir que las editoriales eligen los títulos que publicarán con un criterio inclusivo, o sea, bajo el buen propósito de que sean publicados la mayor cantidad de autores posible. Así, por ejemplo, la editorial Unión, que pertenece a la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), tiene como misión publicar a todos sus escritores asociados. El concepto de catálogo no existe. El que un autor sea publicado por una editorial no quiere decir que esa editorial seguirá editando sus libros. Peor aún: sus oportunidades de publicar en esa editorial se reducen, porque ya le han editado un libro y hay que publicar a otros. Visto lo cual vale la pena preguntarse, como lo hace Ricardo Viñalet: «¿Hasta dónde se corresponden los intereses en lectura con los libros editados?».

Tampoco hay lógica de mercado en los tirajes. Las editoriales imprimen la misma cantidad de ejemplares de un libro de un autor reconocido que de un escritor debutante. Y normalmente, aunque se agote la edición, nunca se reimprime o se hace años más tarde. La misión de las editoriales no es vender libros o hacer negocio, sino publicar libros, y punto. Ese punto, de acuerdo con el testimonio de varios de los escritores que entrevisté, es una especie de punto final, ya que tienen la sensación de que «el libro se publica y no pasa nada más». Leopoldo Luis lo sintetizó de la siguiente manera en su artículo “Literatura cubana: un canon vivo”, publicado en El Caimán Barbudo en la edición de septiembre-octubre de 2011: «Un abrumador porcentaje de los autores cubanos que se editan, asisten a la presentación de su obra durante la Feria Internacional del Libro de La Habana y asumen luego su tránsito al olvido como un hecho natural e inevitable».

A pesar de la ideología del Estado cubano, en algunas ocasiones el mercado irrumpe y deja ver las contradicciones del sistema. Ocurrió en 2011, por citar un caso, cuando la editorial Unión obtuvo la autorización de la editorial española Tusquets para publicar en Cuba El hombre que amaba a los perros de Leonardo Padura. La novela se lanzó en la Feria del Libro de La Habana y fue agotada instantáneamente por un tumulto de lectores. Se cuenta que había colas para reservar un ejemplar, colas en las que te daban un papelito para comprarlo cuando estuviera a la venta. Se cuenta que hubo falsificación de papelitos, o que había más papelitos que ejemplares, que hubo empujones e insultos… para comprar un libro.

El otro elemento fundamental para intentar entender el sistema son los premios, que, como en cualquier lugar del mundo, cumplen una doble función importantísima para los escritores: garantizan la publicación de la obra premiada y pagan un dinero con el que el autor podrá sobrevivir por un tiempo, dedicado a la escritura. Eso pasa en todo el mundo, y también en Cuba, pero en Cuba es diferente. Eso me repiten Rafael y Leopoldo una y otra vez: «A Cuba siempre hay que verlo diferente, incluso cuando haya coincidencias».

La influencia de los premios en la isla es tal que explica —según la hipótesis de Leopoldo— el auge del cuento y la novela corta y el languidecimiento de la novela. ¿Por qué? Porque abundan los premios de cuento y la mayoría de los concursos tienen un tope de ochenta cuartillas. En una paradoja verdaderamente absurda, la economía de sobrevivencia —escribir para publicar, escribir para ganar dinero— acaba decidiendo el curso de la literatura de la isla’.

 

***

 

A quienes les interese conocer estas y otras particularidades del sistema editorial cubano —que en diversos aspectos no se parece mucho al del resto de un mundo occidental que a pesar de sus múltiples imperfecciones se dice libre política y económicamente— así como familiarizarse con algunas de las figuras que forman parte del panorama de la literatura contemporánea de Cuba les recomiendo leer “La isla en texto. Un viaje literario a La Habana”, un reportaje que es bastante interesante y ameno.

Miércoles, febrero 20, 2013 categorizado bajo periodismo, prescripción, verificación de datos

la verificación de datos y la credibilidad en la producción de contenidos

¿Qué tienen en común la acusación del escritor Suso de Toro contra el crítico Ignacio Echevarría en el artículo “Sobre los placeres del látigo”, el caso “Amy Martin” protagonizado por la escritora Irene Zoe Alameda y por su esposo Carlos Mulas —que hasta el estallido del escándalo dirigía la Fundación Ideas— y la reciente publicación en la primera página del diario El País de una una foto falsa en la que se veía al presidente venezolano Hugo Chávez entubado en una cama de hospital?

 

 

 

 

En los tres casos el dispositivo de verificación de datos —conocido en inglés como fact checkingparece haber fallado en algún momento. De hecho, en dos de ellos probablemente este dispositivo ni siquiera se puso en marcha.

 

Presuntamente de Toro no se tomó el trabajo de releer la crítica de su novela Trece campanadas que erróneamente le atribuyó a Echevarría en su artículo “Sobre los placeres del látigo” —publicado a mediados de diciembre pasado en Diario Kafka—; presuntamente en la Fundación Ideas se investigó muy poco o casi nada sobre la trayectoria de Amy Martin antes de contratar (según han afirmado algunos medios) por varias decenas de miles de euros sus servicios de escritura —asumiendo que es cierto todo lo que dice Zoe Alameda en el comunicado en el que reveló que ella era quien se escondía detrás de ese seudónimo, aunque quizás no lo sea—; y, presuntamente, la agencia Gtres Online fue engañada por la persona que le proporcionó la foto falsa de Chávez por la que se rumorea que El País pagó unos cuantos miles de euros.

 

Hay algo que falla en los tres casos. Se trata de errores que podrían haberse evitado con un poco más de rigor en el manejo de la información, particularmente en lo concerniente a la verificación de datos.

 

 

 

 

 

Nunca se habían producido tantos contenidos como ahora y debido al fácil acceso a éstos nunca antes habíamos tenido al alcance de la mano tantas herramientas al servicio de la verificación de datos, que es una tarea a la que hoy en día se le debería dar la mayor importancia. Actualmente una porción importante de la información que forma parte de la esfera pública es verificable con relativa facilidad mediante una búsqueda en Internet, lo cual permite zanjar rápidamente muchas discusiones que antes podían prolongarse durante horas. Basta con tener un par de pistas, con echar mano de una pequeña dosis de intuición y con utilizar unos términos de búsqueda que remitan con más o menos precisión al campo de la cuestión que se pretende resolver —si el primer intento falla, para dar con la respuesta que se busca suele ser necesario hacer como mucho dos o tres más dependiendo de la complejidad de la consulta—. Aunque también es cierto que hay ámbitos en los que el acceso a la información no está al alcance de cualquiera, lo cual dificulta la verificación sobre todo cuando no se cuenta con respaldos institucionales y/o corporativos o con conexiones de alto nivel que permitan bien sea entrar en contacto con los protagonistas y expertos del caso que se está investigando para recoger sus declaraciones o bien acceder a fuentes documentales confiables en relación con éste.

 

Si asumimos que la credibilidad es el capital más valioso que tienen quienes producen contenidos o generan opinión, el coste de una imprecisión en los datos como consecuencia de una omisión o de un descuido en la verificación puede llegar a ser altísimo. De Toro no tardó en reconocer su metedura de pata en el artículo “Agujeros negros, literatura y política” en el que calificó su artículo anterior de ‘desafortunado’, la Fundación Ideas anunció mediante un comunicado la destitución de Carlos Mulas —de quien Zoe Alameda afirmó que en 2009 estaba separada sentimental y físicamente— y El País no sólo retiró la falsa foto de Chávez y les pidió disculpas a sus lectores sino que además hizo un relato del que considera ’uno de los mayores errores de su historia’. Supongo que a pesar de las rectificaciones públicas y de los mea culpa hechos a posteriori de Toro, la Fundación Ideas y El País tuvieron que asumir algún coste por su error: además de que sus detractores, opositores y/o enemigos seguramente encontraron una oportunidad perfecta para saltarles a la yugular, lo normal sería que su credibilidad se hubiera visto afectada negativamente como consecuencia no sólo de los hechos en sí mismos sino también de los cuestionamientos y de las acusaciones que éstos provocaron.

 

Con respecto a Zoe Alameda, si en lugar de una muestra de cinismo puro y duro su comunicado es una declaración honesta y sincera podríamos calificar su caso como un intento fallido de juego metaliterario. Tras explicar el origen de Amy Martin, Zoe Alameda dice en su comunicado:

 

‘Mi pretensión era mantener a Amy Martin activa a lo largo de toda mi vida, de mantener una doble. Para ella, por ejemplo, estaba escribiendo un libro de investigación política en Senegal. La idea era comparar, al cabo de las décadas, los rastros dejados por una autora real (yo) y una ficticia. Como he dicho, en gran parte sobre esta premisa se erige la novela Warla Alkman‘.

 

Presumiblemente para reafirmar su compromiso con su ingenioso juego metaliterario y su intención de llevarlo hasta las últimas consecuencias pero tal vez también para mostrar que es responsable no sólo como autora sino también como ciudadana, Zoe Alameda luego añade:

 

‘Asumo, en cualquier caso, cuantas consecuencias puedan venir sobre mí a causa de mi atrevimiento al haber creado, al modo en que se narra en mi próxima novela, una autora ficticia. Públicamente pido perdón por haber inventado y hecho trabajar a Amy Martin’.

 

 

 

 

Pero estoy desviándome del tema que me ocupa, así que si les interesa el comunicado de Zoe Alameda mejor léanlo ustedes mismos —los dos fragmentos que he citado son sólo muestras en las que me he apoyado para ilustrar mis planteamientos pero les aseguro que al leerlo se encontrarán montones de perlas como éstas e incluso mejores—.

 

El bombardeo continuo de contenidos al que estamos expuestos actualmente y la inmediatez de un medio como Twitter a menudo pueden llevarnos fácilmente a caer en el error de divulgar sin verificación previa información no confirmada o de darla por verdadera cuando en realidad es bien sea falsa o bien de dudosa veracidad. El pasado viernes 15 de febrero yo mismo me pregunté por la veracidad de la información que había tuiteado con respecto a los abusos cometidos por los guardias de seguridad de un almacén de Amazon en Alemania. Tras haber tuiteado sin pensarlo mucho el artículo “Amazon ‘used neo-Nazi guards to keep immigrant workforce under control’ in Germany” publicado en el periódico británico The Independent me planteé la posibilidad de que lo que se decía en él fuera parcial o totalmente falso. Casos de este tipo ponen en evidencia los riesgos que corremos no sólo como público sino también como difusores debido a lo poco que en ocasiones reflexionamos a la hora de divulgar la información que recibimos así como a la velocidad a la que ésta circula por las redes.

 

 

 

 

El lunes 18 de febrero The Bookseller disipó mis dudas con un artículo según el cual Amazon rompió su relación contractual con Hensel European Security Services (HESS), la firma encargada de la seguridad de algunos de sus almacenes en Alemania como consecuencia de las denuncias con respecto a los actos de intimidación y discriminación que sus guardias habían cometido contra algunos trabajadores españoles contratados temporalmente para la campaña navideña.

 

Aquellos productores de contenidos que aspiren a tener un cierto grado de credibilidad, autoridad y prestigio e incluso a convertirse en generadores de opinión deben demostrar que conocen aquellos temas de los que se ocupan y que tienen un criterio sólido, gestionar la información con cuidado y rigor y desarrollar la capacidad de asumir la responsabilidad de los errores que cometen en lugar de limitarse solamente a esperar el reconocimiento de sus aciertos. Siempre tenemos la posibilidad de gestionar la información a la ligera y de introducir en cada frase expresiones como presuntamente, se rumorea, quizás, supuestamente, se sospecha, probablemente, al parecer, presumiblemente o entre dimes y diretes para zafarnos de nuestra responsabilidad pero las chapuzas de este tipo al final nunca dejarán de pasarnos factura.

 

Una pregunta antes de terminar: ¿hay alguien que comparta conmigo la fascinación por el oficio de la verificación de datos?

un libro 100% americano: anotaciones sobre sam no es mi tío

En algún momento del verano de 2012 me enteré vía Twitter de la publicación de Sam no es mi tío por parte de la filial estadounidense de Alfaguara, cuya sede se encuentra en Miami. Sam no es mi tío me llamó la atención desde el principio debido a mi interés por la crónica periodística, a su planteamiento temático, a su enfoque y a la naturaleza y ubicación de la editorial que lo publicó. Por otro lado, tanto el título como la portada del libro me parecieron bastante sugestivos porque ponen en evidencia la relación de amor y odio que muchas de las personas del resto de países americanos tenemos con Estados Unidos.

 

 

 

 

Sam no es mi tío —cuyos editores son Diego Fonseca y Aileen El-Kadi— es un volumen compuesto por 24 crónicas de igual número de autores de distintos países americanos. En la selección de los autores parece no haber ningún interés por cumplir cuotas de género o de países de origen: se trata de 5 mujeres y 19 hombres nacidos en 9 de los 35 países del continente —Argentina (4), Bolivia (1), Brasil (3), Colombia (2), Chile (3), Estados Unidos (2), Guatemala (1), México (6) y Perú (2)—. Al parecer los editores no aplicaron medidas de discriminación positiva para obtener un buen resultado en el índice de paridad de género (IPG) o para evitar polémicas en torno a nacionalidades hegemónicas y subordinadas dentro del continente americano.

 

Revisando las biografías de los autores queda claro que en el caso de varios de ellos las variables “lugar de nacimiento” y “nacionalidad” pueden llegar a ser bastante irrelevantes debido a su condición de inmigrantes —está claro que algunos están siguiendo los pasos de sus padres y abuelos—. De hecho, en su crónica Hernán Iglesias Illa (Buenos Aires, 1974) hace un relato y una serie de observaciones sobre la ceremonia de juramento a la Constitución de Estados Unidos en la que obtuvo la nacionalidad estadounidense —’el texto dice en un momento que los aquí presentes “renunciamos y abjuramos” de nuestras nacionalidades anteriores y nosotros lo repetimos, sabiendo que no lo vamos a hacer’—.

 

Aunque supongo que estos 24 autores no hablan en representación de ningún colectivo —social, político, religioso, nacional, etc.— y la mayoría de las crónicas parte de historias personales, seguramente para muchos lectores de cualquier país americano será fácil identificarse con algunos de ellos —pienso sobre todo en quienes han tenido acceso a las universidades estadounidenses o han aspirado a hacerlo—, con las historias que cuentan o con los protagonistas de éstas.

 

Es interesante que un libro como Sam no es mi tío que recoge crónicas en las que autores provenientes de distintos lugares de América se enfrentan al fantasma de Estados Unidos salga de la filial estadounidense de un gran grupo editorial español que tiene una presencia fuerte en una buena parte de los países del continente. Como explica más adelante Diego FonsecaAlfaguara USA les suministra a las filiales de los distintos países latinoamericanos los ejemplares de Sam no es mi tío que éstas soliciten para satisfacer la demanda local de sus respectivos mercados —salvo en el caso de la argentina, que recientemente hizo una edición propia—.

 

Sospecho que Sam no es mi tío puede conectar fácilmente con un cierto tipo de lector latinoamericano debido no sólo a la tradición de cronistas y al auge de la crónica periodística que hay en la región, sino también a que en América Latina la relación con Estados Unidos en muchos sentidos ha sido, es y seguirá siendo un problema irresuelto. Aunque Sam no es mi tío aborda un tema que en principio poco o nada tiene que ver con su realidad, el lector español contemporáneo también podría interesarse por este libro debido tanto a la creciente popularidad de la crónica periodística en España como al fenómeno migratorio que desde hace un par de años viene provocando la crisis económica. Según la página Web de Alfaguara, en este momento Sam no es mi tío sólo está disponible en España en formato digital.

 

A continuación reproduzco las respuestas de Diego Fonseca a unas preguntas que le hice con respecto a Sam no es mi tío:

 

Martín Gómez: ¿En qué momento, por iniciativa de quién y con qué motivación surge el concepto del libro Sam no es mi tío?

 

Diego Fonseca: En 2008, la revista que me empleaba en Miami se presentó en quiebra. Me habían llevado desde México, donde vivía, con un plan ambicioso de posicionamiento en América Latina. Habló George W. Bush ante el Congreso, la crisis apretó, Wall Street perdió todos los ladrillos y la publicidad para América Latina se congeló. Lo que siguió fue una llamada de los directores de la revista para avisarme que no podían seguir. Fue a las diez de la mañana de un domingo, en mi primer día de luna de miel en el desierto de Arizona. Tenía que contar esa historia pero no di con medios que publicaran largo formato en español en Estados Unidos. El grueso de los cronistas y escritores latinos que vivíamos entonces allá, de hecho, colaborábamos con medios latinoamericanos. Por ende, había una inteligencia viva sin muchos canales en el país: se me ocurrió que ese canal podría ser un libro. Dos años después, en 2010, lo conversamos con Aileen y comenzamos a producirlo. La idea fue retratar la relación de los latinos e hispanos con Estados Unidos sin corsés: múltiples agendas, múltiples miradas. Que la crónica permitiese mostrar la relación entre la nación hegemónica y su antiguo patio trasero. Qué vemos ahora, cómo nos relacionamos ahora, cómo es vivir dentro de Estados Unidos, cómo un individuo afirma su presencia, negocia su conflicto con una cultura receptora.

 

M.G.: ¿Qué criterios se utilizaron para escoger a los cronistas incluidos en Sam no es mi tío y para definir los temas que éstos abordarían en sus crónicas?

 

D.F.: Variados. Queríamos salirnos de la agenda de la migración indocumentada per se, pero no escaparle. No nos interesaba retratar, por ejemplo, agendas más tradicionales, como la de Cuba-Estados Unidos, que ya tiene bastante literatura producida. Miramos al migrante y su relación con el país, con otros migrantes; su propio yo en negociación con la vida diaria. Cómo es hacerse ciudadano sin ser perseguido, cómo se desmitifica la idea de que hay malos de un lado y buenos sólo del otro. De qué manera exhibíamos la dureza de ser un migrante con poca capacidad para capear los abusos y la listura del que es capaz de valerse de los huecos del sistema. Si algo hay en el libro es la exhibición de Estados Unidos como un caleidoscopio. Lo es, en buena medida. Estados vecinos pueden asumir posiciones en extremo antagónica sobre diversos temas —aborto, parejas del mismo sexo, ayudas federales, educación primaria, inmigración y dale que va— pero todos, en el fondo, reconocen su pertenencia a una nación con unas ficciones orientadoras que la mayoría acepta y promueve.

 

M.G.¿El hecho de que Sam no es mi tío haya sido publicado por la filial estadounidense de Alfaguara tiene que ver con la temática y el enfoque del libro?

 

D.F.Alfaguara USA debiera responder esto, pero creo que sí. Igual, Argentina acaba de hacer una edición propia. El resto de América Latina, desde México al Caribe, de Centroamérica a Sudamérica, importó el libro desde Miami.

 

M.G.¿Cómo ha sido hasta el momento la acogida de Sam no es mi tío?

 

D.F.: Muy buena, hasta donde sé. Yo hice presentaciones y medios en diversos países —México, Colombia, Guatemala, Perú, Ecuador— y Aileen estuvo en el norte de Argentina y la recepción es buena. En Estados Unidos, lanzamos Sam no es mi tío en las dos ferias de libros en español, LeALA en los Angeles y la Miami Book Fair de la Florida. Va bien en Amazon, y las críticas son más que buenas. El libro llegó en un buen momento. Las elecciones mostraron, otra vez, la importancia demográfica y política de los latinos. La migración latina es central para diversas economías del sur y es eficiente en materia de costos para diversos sectores, como el agropecuario y varias prestaciones de servicios. Culturalmente hay una creciente significación de lo hispano —allí el vaso está un cuarto lleno. Hay una progresiva salida del anonimato de los latinos, aunque los medios en inglés todavía no terminan de entender el proceso ni han sabido acercarse a las formas culturales de consumo de los latinos con efectividad.

 

M.G.¿En qué países circula actualmente Sam no es mi tío y en cuáles de ellos ha funcionado mejor en términos de visibilidad, comentarios y reseñas en prensa, distribución, implantación en puntos de venta, ventas, etc.?

 

D.F.: Estados Unidos, México, Guatemala, República Dominicana y Puerto Rico; Colombia, Perú y Ecuador, Bolivia y Argentina. Estamos esperando novedades para Chile y Uruguay. La recepción de prensa ha sido significativa en Colombia, Ecuador y Perú, por ejemplo. En todos los países ha habido reseñas en los medios centrales. Las principales cadenas de librerías los exhiben en las principales ciudades de la región.

 

***

 

De Sam no es mi tío recomiendo muy especialmente las siguientes crónicas:

 

- “El sueño americano”, de Jon Lee Anderson

 

“Y entonces Dios”, de Diego Fonseca

 

- “Dicho hacia el sur”, de Eduardo Halfon

 

- “El país de nunca jamás”, de Camilo Jiménez

 

 

Antes de terminar, aprovecho para darles las gracias a Camilo por regalarme un ejemplar de Sam no es mi tío durante mi último viaje a Bogotá y a Diego por responder a mis preguntas.

Miércoles, noviembre 7, 2012 categorizado bajo destacados, oficios

enséñame lo que haces y así podré saber quién eres

El currículo es una de esas herramientas que debería caer en desuso en la industria de los contenidos —de hecho, salvo bajo ciertas circunstancias especiales en este momento me parece bastante inútil—. Por lo menos en los oficios relacionados con la gestión de contenidos, deberían contar más los resultados concretos del trabajo de las personas sobre todo porque mostrar lo que se ha hecho es la manera más honesta y eficaz de darse a conocer.

 

Es verdad que el currículo es el espacio apropiado para dar cuenta de la trayectoria que se ha seguido profesionalmente mediante un inventario de los estudios realizados, de la experiencia laboral que se tiene y de los conocimientos, las competencias y las destrezas que se han desarrollado gracias a ambos. Con respecto a los estudios y a la experiencia laboral tengo poco que decir porque se trata de hechos más o menos fácilmente comprobables. Sin embargo, la cosa es muy distinta cuando entramos en el terreno de los conocimientos, las competencias y las destrezas.

 

 

 

 

Me explico: es justamente en el terreno de los conocimientos, las competencias y las destrezas donde un currículo puede adquirir tintes de ficción bien sea porque algunos elementos se inflan o bien porque se ennoblecen con eufemismos —cuando no se trata directamente de invenciones de la imaginación—. Es por esto que a menudo los currículos están llenos de promesas no cumplidas y que a menudo dan mejor cuenta de lo que se pretende ser o de la imagen que se busca proyectar que de lo que realmente se es. Y es que cuando los currículos están llenos de bluffs puede empezar a haber sorpresas y problemas.

 

Debido a lo anterior creo que el mayor acierto del planteamiento de Ediciona consistió en ofrecerles a los usuarios la posibilidad de exhibir muestras de su trabajo, que es un aspecto del portal al que Arantxa Mellado siempre le dio un papel central.

 

(Eslogan de la agencia de publicidad BBDO)

 

 

Quizás para quienes trabajamos en el ámbito de la gestión de contenidos un portafolio que reúna las muestras más significativas de nuestro trabajo sea más importante que el currículo. Es en el portafolio y no en el currículo donde podemos dar cuenta de nuestras aptitudes, capacidades y limitaciones. En el caso de quienes hacen oficios relacionados con lo gráfico el book es esencial como lo es el reel para los que trabajan en el sector audiovisual. Sin embargo, tengo la impresión de que en el campo del trabajo de texto el uso del portafolio o de una herramienta similar es más bien poco frecuente —en caso de que esté parcial o totalmente equivocado, por favor corríjanme—. En fin, creo que en todos los oficios asociados a la gestión de contenidos se le debería dar menos importancia al currículo y más peso al portafolio. Y en el caso de la industria editorial esto debería aplicar no sólo para diseñadores, maquetadores, ilustradores o fotógrafos, sino también para lectores, redactores, correctores, traductores, editores, encargados de comunicación y prensa, etc.

 

La presencia en redes sociales especializadas y profesionales es otro aspecto importante a tener en cuenta para los profesionales de la industria de los contenidos —ojo, creo que es conveniente aunque no indispensable—. Si lo nuestro es gestionar contenidos, qué mejor manera de darse a conocer y de posicionarse que generando y/o diseminando contenidos. Con respecto a este tema recomiendo seguir de cerca el trabajo de Neus Arqués y leer la entrada “Si no te ven, no te compran”, publicada en su blog el pasado lunes 29 de octubre. Dice Neus en esta entrada:

 

‘La visibilidad es un activo profesional estratégico. En el actual contexto socioeconómico, el principal acerbo de los profesionales es, precisamente, ser visibles. Hoy el recurso escaso no es el tiempo ni es el petróleo. Es la capacidad de atención. Si no nos ven, no nos dedican atención. No podemos ofertar, ni contratar, ni promocionar. Como digo siempre: Sin visibilidad no hay venta (…).

 

Por suerte, la tecnología ha democratizado la visibilidad. Internet nos permite dar a conocer nuestra propuesta de valor a aquellos a quienes la dirigimos. Podemos optimizar nuestra visibilidad construyendo una buena marca personal y gestionando nuestra reputación, de forma que seamos visibles en el seno de la organización en la que queremos promocionar o a los ojos de los clientes con quienes queremos trabajar. Hoy todos podemos ser visibles a los ojos de nuestro mercado objetivo.

 

El proceso pasa, a mi entender, por construir una marca personal sólida, asociándola a una estrategia de visibilidad correcta. No queremos ser visibles al tun-tún, sino ser relevantes. Para ello, trazamos un plan que explicite cuál es nuestra misión y qué objetivos nos proponemos. Que nos permita conocer cuál es nuestra reputación de partida y crear un plan de posicionamiento que muestre nuestra propuesta profesional a quienes queremos que la contraten o compren’.

 

Tanto a quienes estén empezando su carrera y quieran entrar a trabajar en la industria de los contenidos como a los profesionales de ésta que quieran o necesiten reconvertirse para encontrar un nuevo lugar en el mercado laboral y seguir siendo competitivos, les recomiendo que apuesten más tanto por mostrar su trabajo como por generar o compartir contenidos relacionados con su campo de acción en entornos sociales que por intentar llamar la atención de sus potenciales empleadores o clientes mediante un currículo.

2º diplomado en estudios editoriales del instituto caro y cuervo: experiencia con balance positivo

Durante las dos últimas semanas de septiembre estuve en Bogotá dando clases en el 2º Diplomado en Estudios Editoriales del Instituto Caro y Cuervo, una experiencia cuyo balance ha sido 100% positivo en todos los sentidos. Para empezar quisiera hacer algunas observaciones de carácter descriptivo con respecto a los estudiantes del diplomado:

 

- número de estudiantes: +/- 24 (repartidos prácticamente de manera equitativa entre hombres y mujeres)

- edades: entre 22 y 57 años

- campos de trabajo: editoriales (de diferentes áreas temáticas y tamaños), librerías, entidades públicas de gestión cultural, publicaciones periódicas (culturales y académicas) e instituciones educativas (colegios y universidades).

- oficios que ejercen: libreros, editores en distintos tipos de estructuras (editoriales y entidades públicas del sector cultural), correctores de estilo, profesores, periodistas, gestores culturales de entidades públicas y emprendedores.

- tipos de relaciones laborales que tienen con sus empleadores y/o clientes: freelance, funcionarios públicos, empleados, contratistas y emprendedores.

 

 

 

 

Al principio me llamó mucho la atención la enorme diversidad de edades, perfiles profesionales, actividades, intereses e inclinaciones que me encontré entre los estudiantes del diplomado. Al favorecer el intercambio de testimonios con respecto a las experiencias personales y profesionales de cada uno, esta diversidad fue una fuente inagotable de temas de conversación y de discusiones que en mi opinión contribuyeron a enriquecer el aprendizaje de todos durante las clases. Al fin y al cabo la confrontación de puntos de vista desde perspectivas y experiencias diferentes siempre suma y resulta estimulante porque permite cuestionar, complementar, revaluar y/o reforzar las intuiciones, ideas y convicciones que se tienen en un momento dado.

 

 

 

 

Y a lo largo de mis clases lo que más gratamente me llamó la atención fue la actitud entusiasta, inquieta, curiosa y comprometida de los estudiantes, que se ve reflejada en sus ganas de hacer cosas y en los proyectos que están concibiendo, impulsando, poniendo en marcha y/o desarrollando —lo cual en parte es un reflejo de la efervescencia que hay en este momento en la movida cultural de Bogotá—. Todos los estudiantes del diplomado son profesionales en activo y seguramente para muchos de ellos no siempre es fácil asistir cada tarde durante dos o tres horas a las clases después de terminar su jornada laboral, sobre todo si tenemos en cuenta el tamaño de Bogotá y  las dificultades que suponen para la movilidad algunos factores como las distancias que es necesario recorrer para ir de un lugar a otro y los tiempos de desplazamiento.

 

Espero que el diplomado les sirva a los estudiantes tanto para mejorar sus competencias profesionales como para aportarles cada vez más valor bien sea a las organizaciones para las que trabajan o bien a sus propios proyectos.

 

Gracias a Margarita Valencia y a Javier Fandiño por la invitación a participar en el diplomado así como al personal administrativo del Instituto Caro y Cuervo por sus gestiones para hacer posible el buen desarrollo de mi trabajo.

 

A propósito de la formación de editores en el ámbito hispanohablante, antes de terminar quisiera recomendar las siguientes entradas publicadas en Antinomias libro por  Manuel Gil —quien estuvo participando en la primera edición del diplomado—:

 

- Formación editorial en Colombia

- Crónicas bogotanas 1, 2 y 3

Page 1 of 1712345...10...Last »