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Sbado
Marzo , 2010

[ el ojo fisgón ]

análisis de las tendencias del mercado editorial

Archivo para la categoría ‘oficios’

escritos detestables, según hans magnus enzensberger

Publicado por martín gómez el Noviembre - 13 - 2009 1 Comentario

En el blog de la redacción de la revista Letras libres —que desde hace un tiempo me parece aburridísimo— encuentro un divertido inventario de los escritos que Hans Magnus Enzensberger considera detestables y que me hace pensar en eso que se dice de que nunca antes se había escrito tanto como en estos tiempos de Web 2.0 en los que cualquier hijo de vecino puede publicar lo que se le antoje con sólo abrir un blog.

 

HANS_MAGNUS_ENZENSBERGER

 

(Imagen tomada de la entrada “Monólogo íntimo de un libro electrónico”, del blog Los futuros del libro).

 

Según Salomón Derreza, ’sin tener que ver realmente con ello –aunque quizás sí–, su último ensayo constituye una diatriba contra la proliferación inclemente de publicaciones, “productos de celulosa” que, según él, “debilitan el alma y hacen surgir sentimientos de odio”. He aquí algunos de ejemplos de lo que él denomina “insolencias impresas”:

 

Envíos postales colectivos, agendas, extractos de cuenta, duplicados de contratos, tesis de licenciatura, certificados de incapacidad médica, liquidaciones de impuestos, órdenes de transferencia permanentes, recordatorios de pago, suplementos dominicales, carnets de conducir, presupuestos, prospectos, lineamientos para el trabajo de las comisiones, copias certificadas, comprobantes de viáticos, declaraciones de impuestos, peritajes, comunicados de asociaciones, ofertas de servicio, circulares, órdenes de pago, informes comerciales, demandas de pago por daños y perjuicios, certificados de fecundidad, cartas al director, declaraciones aduanales, solicitudes de visado, resultados de análisis clínicos, reglamentos interiores de la casa, instrucciones de uso, envíos por correo certificado, directivas de fomento, encuestas de mercado, facturaciones de gastos de viaje, cartas de porte, invitaciones a asambleas generales, exigencias de pago del enganche, fotocopias, avisos de jubilación, tests de personalidad, declaraciones de renuncia, cuestionarios, catálogos de casas de subasta, horóscopos, certificados de herederos, juicios de desahucio, análisis de coyuntura, advertencias de tempestad, boletines de noticias, resultados de radiografías, confirmaciones de reserva, encíclicas, solicitudes de donativos, poderes, sermones funerales, permisos de portar armas, discursos, convenios, resoluciones cautelares, tareas escolares, billetes de lotería, actas médicas, horarios de trenes, permisos de circulación, listas de espera, solicitudes de empleo, confirmaciones de pedido, actas de la Stasi, membresías, ofertas de empleo, peticiones, periódicos hechos por bachilleres, reglas de procedimiento, cartas de no antecedentes penales, notas de compra, borradores de programas, resoluciones de la Comisión Local de Construcción, perfiles de personalidad, memorándums, comunicados de asociaciones, marcadores de lectura, certificados de garantía, tarjetas de felicitación, cartas abiertas, listas de firmas, calendarios de eventos, cadenas de cartas, postales, disposiciones del paciente, sondeos de opinión, talones de entrega, convocatorias, esquelas, tarjetas de presentación, boletines, declaraciones de aceptación, anónimos, comprobantes de nacionalidad, manifiestos, certificados de divorcio, informes anuales, listas de compras, programas de partidos, periódicos gratuitos, bolsas de contacto, organigramas, multas, presentaciones de PowerPoint, álbums de autógrafos, pólizas de seguro de incapacidad laboral, certificados de bautismo, resoluciones de asambleas generales, tarjetas de pésame, sugerencias de inversión, etc’.

 

Al listado propuesto por Enzensberger yo añadiría los mensajes proponiendo intercambios de links en blogs, lo currículos, las cartas de motivación, los manuales de management y otras materias esotéricas, los prospectos de medicamentos, los contratos, las presentaciones grandilocuentes de cursos universitarios y las actas de las reuniones de las juntas de vecinos.

 

¿Se les ocurre algún otro ítem?

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Categorías: 1, web 2.0, writing
Etiquetas: 
 

penguin uk ataca de nuevo

Publicado por martín gómez el Noviembre - 6 - 2009 Comenta

En esta temporada los genios de Penguin UK vuelven a sorprendernos con sus diseños. En esta entrada de su blog pueden ver algunos de sus diseños de otoño de 2009.

 

 

PENGUIN_AUTUMN_09_GREAT_IDEAS

 

Colección Great Ideas, serie 4

 

***

 

PENGUIN_AUTUMN_09_GREAT_STARS

 

Colección Great Stars

 

***


 

THE_SARTORIALIST

 

Edición para coleccionistas de The Sartorialist, de Scott Schuman

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Categorías: 1, book design
 

marketing para escritores: una herramienta para los autores al servicio de la promoción de sus libros

Publicado por martín gómez el Septiembre - 23 - 2009 4 Comentarios

Aunque terminar de escribir un libro debe exigirle un esfuerzo importante a su autor, su trabajo está lejos de terminar aquí porque éste es sólo un punto intermedio en la trayectoria que aquello que ha escrito debe seguir hasta llegar a los lectores: antes hay que buscar un editor, negociar con éste las condiciones del contrato y someter el manuscrito a todo el proceso de producción editorial.

 

Si un escritor cree que al recoger de la bandeja de su impresora casera el manuscrito al que le acaba de poner el punto final se terminan sus problemas, está muy equivocado. Seguramente los escritores que ya han publicado al menos un libro lo saben o por lo menos lo intuyen. Y es bastante probable y absolutamente comprensible que aquellos que hasta ahora no han publicado nada, por el contrario, lo ignoren por completo.

 

 

MARKETING_PARA_ESCRITORES

 

 

Hace unas semanas salió Marketing para escritores, un libro en el que mi amiga Neus Arqués les presenta a quienes aspiran a publicar lo que escriben los distintos eslabones de la cadena de producción editorial por los que suele pasar un manuscrito antes de ser publicado, les da algunas pistas para aproximarse tanto a un agente literario como a un editor y les explica una serie de acciones que deberían emprender para promocionar su libro y darle visibilidad. Aunque es probable que quienes ya hayan publicado algún libro no necesiten que les digan en qué consiste el sistema de devoluciones o cómo conectarse con un agente, muy probablemente en lo relacionado con la promoción estén tan crudos como los autores noveles.

 

¿Y por qué un autor va a encargarse ahora de gestionar la promoción de sus libros? Justamente porque con los entornos digitales de generación 2.0 dispone de las herramientas necesarias para hacerlo por sí mismo sin poner esta gestión totalmente en manos del departamento de prensa, comunicación y marketing de su editorial, que muchas veces no la emprende con la diligencia que él esperaría ni con el mismo empeño que él pondría. No es raro oír a los autores quejarse de que sus editores no hacen el esfuerzo suficiente por promocionar sus libros.

 

La experiencia de Neus con su novela Un hombre de pago, alrededor de la cual ella misma generó y dinamizó una conversación que sigue viva cuatro años después de su publicación, da cuenta de todo lo que puede hacer un autor para dar a conocer su libro y conseguir que éste encuentre a sus lectores. Dice Neus en la presentación de Marketing para escritores que ’he escrito el libro que me hubiera gustado leer cuando empecé. Me hubiera ahorrado unos cuantos batacazos’.

 

Este libro puede ser particularmente útil para quienes quieren publicar su trabajo y no estén familiarizados con algunas de las extrañas peculiaridades del sector editorial. Cuando presentamos el Observatorio Iberoamericano de la Edición Independiente (OBIEI) en la Red Nacional de Talleres de Escritura Creativa (RENATA) durante la 22ª Feria Internacional del Libro de Bogotá los talleristas nos expresaron su total desconocimiento del funcionamiento del mundo editorial y sus profesores nos hablaron acerca de las dificultades que habían tenido ya sea para publicar sus libros o ya para que sus editores los promocionaran.

 

A quienes les interese el tema les recomiendo no sólo leer Marketing para escritores, sino también rastrear la experiencia de Neus con sus novelas Un hombre de pago y Una mujer como tú.

 

También recomiendo echarle un ojo a la entrada en la que presento la manera como Javier Moreno promocionó su libro Lo definitivo y lo temporal (inventario de objetos perdidos).

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el paradigma del cucharón

Publicado por martín gómez el Septiembre - 16 - 2009 2 Comentarios

El sábado estuve charlando con Juan Pablo y con su amigo E., que se conocieron hace unos años mientras hacían un Master en Dirección de Empresas de Comunicación en el IDEC de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona. Durante la conversación estuvimos discutiendo acerca del beneficio que hoy en día le reporta a un profesional apuntarse a un Master, de la calidad de este tipo de cursos,  del momento de la vida en el que éstos pueden resultar más provechosos y del retorno de la inversión realizada.

 

En algún momento Juan y E. evocaron a un profesor suyo que decía que actualmente los periódicos se financian mediante lo que él llamaba “el paradigma del cucharón”, que consiste en la obtención de ingresos a partir de promociones en las que se ponen en venta todo tipo de bienes de consumo: colecciones de libros, CDs, DVDs, mecheros o carritos en miniatura por entregas, electrodomésticos, sábanas y, por supuesto, cucharones.

 

 

PROMOCIONES

 

Como E. trabaja en el área de producción de uno de los diarios más importantes de Barcelona, le pregunté si a partir de su experiencia él consideraba que el planteamiento de su profesor era acertado y sin dudarlo un segundo me dijo que sí. E. está convencido de que actualmente los diarios viven de la batería de cocina, de la colección de música clásica, de la cafetera, de la enciclopedia del cuerpo humano, del kit de cuchillos de acero inoxidable o de la biblioteca de las mejores obras de la literatura universal.

 

¿Querrá esto decir que el elemento al que inicialmente se recurrió como gancho para incrementar las ventas del periódico ha empezado a regir la intención de compra de su público y que para éste los contenidos han pasado a ser un aspecto secundario? 

 

Ante la disminución de la inversión en pauta publicitaria y el descenso significativo de las ventas, para la prensa escrita la búsqueda de otras fuentes de ingresos es fundamental. El cierre de importantes medios impresos, la reducción no sólo de las páginas de opinión sino también de las informativas, la disminución del volumen de contenidos propios y de la calidad de éstos, la desaparición de un número creciente de suplementos culturales y los recortes de personal ponen en evidencia que los periódicos no están pasando por su mejor momento.

 

Lo que vale la pena preguntarse es hasta qué punto la adopción de modelos de negocio y de estrategias comerciales nuevos por parte de los medios impresos implica una transformación profunda de su razón de ser, del foco de su actividad o de sus objetivos como empresa periodística.

 

PERIODICOS

 

Varias cosas están claras: en primer lugar, que el auge de Internet y de las plataformas Web de generación 2.0 tiene una relación directa y estrecha con la crisis de las empresas periodísticas aunque no es el único factor que la desencadena y la explica; en segundo lugar, tal y como admitió hace poco durante una conversación informal un directivo del periódico El Tiempo, que muchos medios todavía no saben qué camino tomar para hacerle frente a los cambios que vienen teniendo lugar desde hace varios años; y, por último, que para que los periódicos se adapten a este entorno que aún está en proceso de configuración es necesario que se tomen el trabajo tanto de entender los cambios que se están produciendo como de explorar, diseñar, implementar y poner a prueba estrategias que respondan a las nuevas realidades que éstos está generando.

 

En un entorno tan conservador y reacio al riesgo como el nuestro es altamente probable que en lugar de apostar ellos mismos por la búsqueda de nuevas líneas de acción, muchos medios se queden esperando a que otros definan una vía a seguir para luego adoptarla ellos también.

 

¿Hasta qué punto pueden trasladarse al ámbito de los medios de comunicación los planteamientos que hacen Francisco Javier Jiménez y Manuel Gil en El nuevo paradigma del sector del libro y en su página Web? Vale la pena echarle un ojo a lo que dicen quienes están haciendo en el ámbito de los estudios sobre medios reflexiones similares a las que Francisco Javier y Manuel están planteando en el sector del libro.

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notas sueltas [ 7 ] / libro sobre periodismo literario, los cambios en la industria editorial y los problemas de la crítica amiguista

Publicado por admin el Junio - 2 - 2009 2 Comentarios


A través de un comunicado de prensa de la filial colombiana de Santillana me enteré hace unas semanas de que Aguilar acaba de sacar en Colombia una reedición de Los periodistas literarios o el arte del reportaje personal, una antología con selección y prólogo de Norman Sims que El Áncora editores había publicado hacia 2000 y que desde hacía un tiempo estaba descatalogada. La selección de textos es bastante buena y permite aproximarse al periodismo literario a través de algunas de las figuras más representativas de este movimiento.





Después de haber publicado recientemente dos libros de Gay Talese, Aguilar se anota otro hit con esta nueva edición de Los periodistas literarios o el arte del reportaje personal en lo que parece ser un intento por dar cuenta de la manera como distintos autores estadounidenses han explorado la relación entre el periodismo y la literatura.


***


Aprovechando que coincidiremos en Madrid durante la Feria del Libro, con Pablo Odell les hemos propuesto a Manuel Gil y a Francisco Javier Jiménez sostener una conversación a propósito de los cambios que está sufriendo actualmente el sector editorial español. Concertada esta cita, ayer decidí releer El nuevo paradigma del sector del libro para hacer un repaso de los planteamientos que ManuelFrancisco Javier hacen en este libro escrito a cuatro manos y que aporta diversos elementos para comprender la evolución del sector editorial español, su estado actual y las tendencias y los fenómenos que están teniendo lugar en él.


La riqueza de El nuevo paradigma del sector del libro a la hora de dar cuenta del pasado reciente y del presente de la edición en España se deriva tanto de la experiencia transversal de ManuelFrancisco Javier en distintas instancias de la cadena de producción editorial, como del manejo por parte de éstos de una perspectiva sociológica amplia que se nutre de los planteamientos de investigadores como Zygmunt Bauman, Gilles Lipovetsky, André Schiffrin, Gilles Colleu y Joaquín Rodríguez.


Para quienes aún no han leído El nuevo paradigma del sector del libro, reproduzco a manera de abrebocas el siguiente fragmento de su introducción:


‘El objeto de este estudio no es el libro, su definición o el diagnóstico de sus constantes vitales, sino el mercado del libro español. La doble condición que ostenta el libro, en tanto que valor cultural y objeto de consumo, por un lado enriquece y por otro dificulta su tratamiento y análisis. Los autores de este estudio, no obstante, somos de la creencia del valor insustituible del libro-cultura, pero no renunciamos a abordar el análisis de ciertas perspectivas del mercado editorial contando con esa otra dimensión insoslayable del libro-producto o libro-mercancía’.


A quienes estén interesados en profundizar en el tema, además de leer este estudio les recomiendo seguir el blog Paradigma libro.


***


Y para terminar, una historia sobre comentarios amiguistas que tiene varios episodios y que desde hace varios días me da vueltas en la cabeza:


1. Adriana Cantor escribe un libro de relatos llamado La dosis mortal y lo autopublica en Colombia.


2. una reconocida revista cultural llamada Número publica una elogiosa reseña de La dosis mortal.


3. una revista sobre temas culturales que se llama Arcadia también publica un comentario elogioso de La dosis mortal que ha escrito su directora.


4. Camilo Jiménez publica en el ojo en la paja una reseña en la que es bastante crítico con el libro y con la manera como procedió la autora al publicarlo.


5. en los comentarios de la entrada se arma una discusión interesante sobre toda esta historia, que se calienta cuando el autor del comentario publicado en Número reconoce que el libro de Adriana Cantor no es ninguna maravilla y que lo que él escribió no es ‘un ejercicio crítico sobre una obra literaria en rigor. Tampoco es propaganda. Es un comentario cándido de alguien que conoce a la autora y que saluda de modo afectuoso su esfuerzo creativo’.




De la reseña de Camilo y de la discusión que ésta desencadenó saco varias conclusiones sobre las que quisiera llamar la atención:


1. el “error” de Adriana Cantor no consiste en autopublicar La dosis mortal, sino en no haber sometido su trabajo al escrutinio de un editor profesional que la orientara en el tratamiento de ciertos aspectos tanto argumentales como técnicos de sus relatos y en la selección de los textos que componen el libro.


2. no siempre los editores asumen el rol que menciona Camilo de sugerirles a los autores formas de resolver los problemas argumentales y técnicos de los manuscritos que someten a su consideración. Los editores muchas veces rechazan o aceptan los manuscritos que reciben una vez los han leído pero no les ofrecen a los autores un feedback con respecto a su trabajo.


3. la publicación de un comentario elogioso sobre un libro en un medio de comunicación le quita credibilidad tanto a quien lo escribe como al medio en el que aparece cuando el único criterio tenido en cuenta para publicar el comentario es el afecto que se le tiene al autor del libro y no se toma en consideración la calidad literaria de éste.


Con esta entrada vuelvo sobre la pregunta que me hice hace unos meses después de leer un texto de Margarita Valencia: ¿en nuestro medio cuáles son el lugar y el status de la crítica?


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entrevista al diseñador pablo arrieta [ 2 / 2 ] / “aceptemos que lo que estamos haciendo en digital es bien movible y cambiable”

Publicado por admin el Abril - 1 - 2009 2 Comentarios

En la continuación de esta entrevista cuya primera parte publiqué la semana pasada Pablo Arrieta habla acerca de temas como el reto que le plantea la adopción de las nuevas tecnologías al sector editorial, la penetración de los dispositivos móviles de lectura y de los contenidos digitales en Colombia, las oportunidades que hay detrás de éstos, el impacto que tiene su emergencia sobre la manera como consumimos la información, algunos rasgos que podría llegar a tener un libro en un futuro no muy lejano y las lecciones que puede sacar la industria editorial de la cinematográfica o de la discográfica. Por otro lado, propone una interesante reflexión con respecto a la necesidad tanto de replantear la idea de propiedad intelectual en el ámbito digital como de tomar una distancia crítica frente a las herramientas en las que éste se apoya.


Pablo considera que la justificación del negocio editorial debe cambiar, llama la atención sobre una nueva concepción del rol del diseñador según la cual en lugar de la obra completa como tal él sólo crea las piezas de ésta, destaca la manera como los distintos países de América Latina se desconocen unos a otros a pesar de los parecidos existentes entre ellos y señala el riesgo de estandarización que traen consigo las herramientas digitales.

M.G.: ¿Cuáles cree usted que son los retos que le plantea la adopción de las nuevas tecnologías al sector editorial?

P.A.: Creo que lo más importante es que la gente del sector se olvide de muchas cosas que creía saber. No hay que pensar tanto en lo que vamos a aprender sino en lo que vamos a olvidar. Yo pienso que estamos en un momento en el que se ha movido el suelo en distintos niveles y etapas.

Curiosamente al principio la gente decía ‘estas nuevas tecnologías van a matar el libro’ y yo no creo que vayan a matarlo pero sí que las cosas van a cambiar. Sobre todo va a cambiar la justificación del negocio editorial, que antes y durante muchos siglos se podía sostener de una forma muy similar. De la época de Gutenberg a la nuestra no hubo grandes cambios: aparece la televisión en los años cincuenta y llena un espacio intermedio porque allí yo no puedo poner literatura.

Y por primera vez estamos frente a aparatos que sí permiten suplantar el papel. Y algunas veces lo hacen de una forma mucho más ecológica y responsable. No todo lo que se imprime es bueno y pienso que la industria editorial ha intentado vendernos la idea de que sí es así. Y por muchos años las cosas se han sostenido de esa manera. Si miras en las grandes ferias te encuentras con que hay personas que venden millones de unidades de un único título y que de los demás sólo venderán uno o dos. De esta manera realmente se pierde mucho material y mucho esfuerzo.

Con los medios digitales la industria va a tener que replantearse por qué está produciendo ciertas cosas, qué va a producir y de qué manera va a hacerlo. Es por eso que antes decía ‘bueno, seguramente algunas cosas que en este momento se imprimen dentro de unos años no tendrán que imprimirse sino que más bien se hará un documental con ellas’.


Pero la casa que antes hacía el contenido audiovisual no era una editorial. Ahora ya te das cuenta de ese giro. En algunas editoriales están teniendo su brazo armado de producción de películas. Te pongo un ejemplo: ¿Harry Potter vendió tantos millones de libros gracias a la película o la gente vio las películas porque le gustó el libro? ¿Cómo funciona esto, cómo es esa relación hermanada entre estos dos universos? Y si te pones a pensar cómo podría ser un libro en los años que vienen, muy seguramente tendrá unas partes visuales pero ya no como un libro ilustrado con algunos dibujitos sino con video incorporado. Y eso va a solucionar muchos problemas que en este momento tiene la industria editorial.

Hay mucho material que mientras se trabaja en él tiene que ser reformateado, pasado al medio impreso y distribuido. Y este tipo de material pierde la frescura que podría tener inicialmente. En industrias paralelas como la de la música, el cine y la televisión están saliendo muchos ejemplos que le van a servir a la industria editorial para replantearse ese objetivo, sobre todo porque ahora todos los medios deberían cumplir las mismas leyes.

Es una cosa muy rara: antes tú tenías las leyes de los medios impresos, las de la radio o las de la televisión y ahora lo que hay son convergencias que te llevarán a que las decisiones que antes tomaba una editorial en un futuro quizás las tome una empresa de telefonía.

M.G.: ¿De qué manera repercute la emergencia de las nuevas tecnologías en la gestión de la propiedad intelectual?

P.A.: Creo que con estas nuevas tecnologías se van a replantear fuertemente el concepto de propiedad intelectual y la importancia del lugar y del espacio en el que estamos. Fíjate que esta charla está ocurriendo en Bogotá pero la mitad de la conversación que hemos tenido se ha dado en Internet: yo consumiendo aquí en Bogotá y tú produciendo desde Barcelona. Yo pienso que el enfoque que tú tienes en lo que escribes y la manera como miras las cosas son muy colombianos. Tu punto de vista no es muy español. Tu perspectiva es muy colombiana en España y ese valor y esa diferencia son interesantes. Lo que en cierto punto es irrelevante es desde dónde estoy consumiendo yo la información: puede ser en Bogotá o en los viajes y eso es algo que nos vuelve un poquito líquidos.



La industria editorial va a tener que replantearse y la del diseño también: el diseñador es un tipo que hasta ahora creía que dejaba las cosas terminadas y que de ahí en adelante nadie las cambiaba. Ahora el usuario va a poder intercambiar mucho y tú miras y los computadores, los sistemas operativos y los programas cada vez permiten una mayor personalización. Eso no sólo quiere decir que el diseñador va a tener que cambiar la posición tan estricta y dictatorial que había tenido frente a la obra, sino que también replantea la manera como se debe enseñar el diseño. Si dejo una cosa que hasta cierto punto es abierta para que las personas puedan moldear, ¿a la hora de evaluar cómo defino qué está bien o qué está mal? Las escuelas de diseño van a tener que fomentar el conocimiento de los públicos y la correcta comunicación pero se van a acabar las grandes verdades.

Es más o menos lo que pasa con MySpace: después de que tú le has metido todo el tiempo que quieras a aprender de diseño para saber cómo se pueden hacer las cosas bien, viene una persona y en dos noches monta algo que se vuelve un éxito y a la gente empieza a gustarle eso que uno dice ‘¡pero si es horrible!’. Sin embargo, resulta que a la gente eso le gusta y le parece interesante. Quizás si tú te crees tanto que conoces ciertas reglas después te va a quedar muy difícil innovar realmente. Por eso pienso que la propiedad intelectual entendida desde el punto de vista del diseño va a tener que transformarse en aceptar que así como lo que estamos haciendo en impreso es inamovible, lo que estamos haciendo en digital será bien movible y cambiable. Y eso a un diseñador le va a tener que mover bastante el ego porque muchas veces oyes a los arquitectos decir ‘mire, es que esto es mío pero me lo han venido cambiando’.

Me ha ayudado mucho haber estudiado Arquitectura porque un arquitecto termina su obra y después llegan los habitantes al edificio y se apropian de él adaptándolo a lo que realmente quieren. Pero el edificio sigue existiendo. En el mundo digital el diseñador va a tener que dar unas pautas y unos lineamientos pero son las personas mismas quienes van a ir enriqueciendo ese universo. Desde muy temprano trabajé en impresos y en pantalla. Llevo diez años diseñando y hoy no te puedo mostrar ningún proyecto digital porque ninguno existe en este momento, lo cual es una evidencia de que esa idea que tengo de la volatilidad y del carácter pasajero de las cosas proviene mucho más de lo digital que de lo impreso.

Yo he visto cómo la industria digital demandaba inicialmente tipos hiperexpertos y en este momento la industria editorial digital necesita a alguien que tenga algo que decir y pone el diseño en un segundo lugar cuando éste es justamente el factor que hace que un sitio Web sea más aceptado que otro. No desmerito la labor del diseñador pero sí entiendo que hay que dejar que el usuario meta la mano porque de lo contrario nos vamos a enfrascar en el mismo problema que tienen otros mercados que han intentado cerrarle el acceso a la gente. Un ejemplo muy interesante en relación con esto es el de Susan Kare, que era la diseñadora de interfaces de Apple y que fue quien creó todos los iconos que hoy conocemos. En este momento Susan Kare dice que el diseñador no debería intentar diseñar la obra completa sino las piezas de la obra: los botoncitos, las imágenes, etc. y dejar que las personas mezclen todos esos elementos. Ella diseña todos esos regalitos —hamburguesas, muñecos de peluche y cervezas— que vienen en Facebook. No intentó diseñar Facebook pero sí las cosas que la gente regala y tiene una empresa que ha hecho mucha plata solamente con eso. En ese momento tú miras y dices ‘yo ya no puedo diseñar la obra de arte total sino las piezas de esa obra y puedo hacer que las personas empiecen a interactuar y a hacer modificaciones que van a ser mucho más globales pero que son mucho menos definitivas’.

M.G.: ¿Cómo ve usted la adopción de las nuevas tecnologías en el sector editorial colombiano?

P.A.: Yo pienso que hay mucha curiosidad. Si se están cerrando puertas, es porque otras se están abriendo. Yo pienso que lo que debería hacer el sector editorial en Colombia es ser un poco más agresivo en la propuesta de soluciones. Ahora mismo nadie tiene esta actitud y muy posiblemente lo que veamos a futuro es que nunca nadie la tuvo porque todas las respuestas pueden funcionar de acuerdo con el proyecto. No hay una única respuesta efectiva para todo lo que vayas a hacer.

Muchas veces lo que el mercado editorial colombiano está haciendo es fijarse en lo que hacen otros por fuera para luego implementarlo aquí. Con la pequeña diferencia de que el mercado digital gringo no tiene nada que ver con el colombiano. Lo que quiero decir es que el apetito con el que el público colombiano consume contenidos digitales es completamente distinto del que puede tener el público en los Estados Unidos, donde los textos y los libros a los que estamos refiriéndonos son mucho más accesibles. Pienso que aquí hay que ver este tema con cuidado porque si hay posibilidades puede que no se den de la misma manera que en mercados como el europeo, el asiático o el norteamericano.

M.G.: ¿Cómo ve usted las posibilidades de penetración en Colombia de los contenidos digitales, de los dispositivos de lectura de e-books y de la impresión bajo demanda?

P.A.: Las condiciones para que ese tipo de mercado se desarrolle están dadas. En este momento en Colombia ya tienes la posibilidad de venderle estos productos y servicios a la gente porque los precios de los contenidos tradicionales son extremadamente altos. Traer cosas a Colombia es carísimo por motivos de importación, de transporte y de almacenamiento mientras que el mundo digital tiene la ventaja de reducir muchos de estos costos y de terminar metiéndole casi todo el valor fuerte a una pieza de hardware.

Si en Colombia dices que los lectores digitales reemplazan al libro, van a tardar en volverse populares. Si tú compras un libro al año un lector electrónico no te sirve para nada. En cambio si al año estás comprando una cantidad determinada de libros, revistas o periódicos y todo esto converge en un único aparato, ya el costo empieza a minimizarse y tú podrías maximizar el beneficio gracias a la portabilidad.

No pienso que lo uno reemplace a lo otro sino que dependiendo del tipo de persona que seas —si te estás moviendo o si tienes que cargar contigo una gran cantidad de información— vas a darles mucho más uso a este tipo de herramientas. Pero también depende de cómo te esté llegando esa unidad de contenidos: mientras que en Europa tienes un libro que te cuesta diez euros, tener el mismo libro aquí en Colombia puede costarte cincuenta euros. Y eso es totalmente absurdo. Es ahí donde la unidad podría hacer que algunas de las personas digan ‘oiga, si yo quiero tener estos contenidos más bien me meto en la máquina y me ahorro el tiempo que tengo que esperar para que el contenido llegue a Colombia’ porque esa inmediatez no la puedes tener con el objeto físico.

Creo que ahí es donde están las posibilidades para las editoriales tradicionales, que pueden adelantarse y empezar a trabajar con impresión bajo demanda en caso de no querer que la gente se meta en tecnologías digitales de lectura. Así la gente deja de pensar que si el libro acaba de salir en Europa le va a tocar esperar varios meses hasta que llegue a sus manos. Yo veo mucho potencial ahí.

Hay dos ejemplos que me sirven para ilustrar lo que estoy diciendo: la tecnología te cambia las cosas porque, ¿cuánta música consumía un colombiano promedio o cuántos discos tenía cuando debía comprarlos? Cuando yo estaba en la facultad mis amigos sobrevivían con cuatro o cinco discos durante todo el colegio y toda la carrera. Y ahora la gente tiene toneladas de música. Puede que no la esté pagando pero consume mucha más música, conoce más sobre ésta y los conciertos se están llenando. REM vino en 2008 no porque en Colombia ahora la gente sea más bonita que en los ochenta o en los noventa, sino porque ellos se dieron cuenta de que actualmente tienen que venir aquí para lograr obtener ingresos.

El otro lado es lo que está pasando justo ahora con los periódicos. Antes era raro ver gente leyendo periódicos en Bogotá. Ahora que empezaron a regalarlos, y no creo que sea simplemente por moda, creo que va a pasar lo mismo que en las grandes ciudades: que la gente se vuelve a informar a través de la prensa escrita y le ve un valor. Me ha parecido muy curioso que desde que en Bogotá salió el periódico ADN tú encuentras gente leyendo con cuidado no sólo en una peluquería, que es un sitio donde tradicionalmente se lee, sino también en la tienda de la esquina. Ves a tres o cuatro personas con un periódico de éstos. Yo pienso que el hecho de que estos periódicos se acerquen más a un nivel adquisitivo como el nuestro hará que se popularicen y que la gente los consuma más.

M.G.: ¿En qué consiste el trabajo que usted viene haciendo para Adobe y de qué manera éste ha influenciado lo que hace como diseñador?

P.A.: Cuando empecé a trabajar me vi bastante beneficiado por Internet. Yo trabajaba desde la casa de mis padres mientras que otras personas habían montado oficinas y estudios. Como ése no era mi ideal, para mí Internet fue muy útil en dos sentidos: por un lado, como medio de comunicación; y, por el otro, como forma de ponerme en contacto con el mundo tanto para consumir información como para darme a conocer. Lo de Macromedia fue muy interesante porque cuando empecé a trabajar para ellos se me abrió el mundo de una forma muy rara. Desde el principio, en 1998, ellos me montaron en un avión para que fuera a conferencias y cuando tú vas a los Estados Unidos te cambia la percepción de las cosas porque ya no es lo que te cuentan los medios sino lo que tú ves que está pasando realmente.

Y como me decía un amigo, ‘uno viaja una vez y se vuelve un junkie de los viajes porque realmente siempre quiere más’. Después los de Macromedia empezaron a llevarme por América Latina y yo pude darme cuenta de cómo son las cosas en la región y de cómo nos parecemos mucho pero nos desconocemos entre todos. Por estar mirando hacia Europa o Estados Unidos no vemos los parecidos que tenemos ni las oportunidades que podría tener la generación de un mercado interno. El trabajo con ellos me ha cambiado y tanto mis clases como lo que yo pueda decir en ellas tienen ahora el sentimiento de que es importante salir, viajar y dejar de pensar que nuestro mercado natural es Bogotá o el público de la ciudad en lugar del mundo en general. Pienso que este trabajo me ha hecho más consiente del valor de la perspectiva. Fíjate que cuando tú miras todas las cosas desde acá lo haces con un tiempo y una velocidad completamente distintos de los que tendrías si estuvieras sentado en la mitad de Manhattan.

La perspectiva que nosotros tenemos y la ubicación que tenga cada persona con respecto al mundo deben generar un estilo de diseño completamente distinto. Por eso te decía que ahora no creo tanto como antes que se pueda decir ‘este tipo es el mejor diseñador del mundo’. Ahora yo pienso ‘este tipo es muy bueno pero para un público en particular, para una época o para un país’ y eso significa que es un error creer que su trabajo debería llevarse a todas partes. Creo que esa valoración y ese respeto de la diferencia me los ha dado la experiencia de estar trabajando con estas empresas norteamericanas.

Por otro lado, conocer todo el tiempo las nuevas versiones de los programas me da la oportunidad de entender que las mejores herramientas siguen siendo el cerebro de cada persona, el lápiz y el papel. Así como le dedico tiempo a aprender Photoshop, también le dedico mucho tiempo a leer, a observar y a intentar aprender sobre otras cosas. Yo no estoy metido en esto por ser un técnico sino por humanismo y en este sentido mientras más conozco las herramientas más me doy cuenta de la necesidad de conocer sobre otras ramas del pensamiento. Algunas veces en mis clases y en la manera como me enfrento al diseño el trabajo consiste no en hacer sino en dejar de hacer, en combinar con otras posibilidades como la comunicación o la sociología y en enriquecer el trabajo sacándose de la cabeza la idea de que siempre tienes que recurrir al último truquito de Photoshop o a la herramienta que esté de moda.


Eso también ha cambiado y ver la respuesta tan parecida que puede generar una herramienta nueva en mercados tan distintos asusta un poquito. Es decir, que cuando tú les das Illustrator a guatemaltecos, a venezolanos o a argentinos y de repente todos empiezan a diseñar igual, te das cuenta de que estás frente a un ecualizador que termina olvidando las diferencias y eso no es tan bueno.

Transcripción: Natalia Gómez

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una visión pintoresca de la situación actual del sector editorial español en le monde

Publicado por admin el Marzo - 31 - 2009 4 Comentarios

Todo parece indicar que ni siquiera la sección de libros de un periódico serio como Le Monde es ajena a la frivolidad de la prensa escrita generalista. El pasado jueves 26 de marzo el diario parisino publicó un artículo sobre la salud del sector editorial español titulado “C’est la crise : les restaurants ferment, les librairies ouvrent” “Ésta es la crisis: los restaurantes cierran, las librerías abren”—.


El artículo escrito por el periodista Jean-Jacques Bozonnet parte del supuesto de que la salud del sector editorial español es magnífica porque mientras que un emblemático restaurante madrileño cuyo dueño era un intelectual —y que contaba con clientes habituales como los escritores Dario Fo, Gabriel García Márquez, Orhan Pamuk y Mario Vargas Llosa— cerró las puertas, el grupo Bertelsmann abrió en Barcelona una librería de 1500 metros cuadrados.


No creo que Bertrand sea precisamente un elemento representativo del gremio librero español y, por lo tanto, tomar la apertura de una tienda de esta cadena como un indicio de que la crisis no está afectando al sector del libro es tan falaz como afirmar que México es un país del primer mundo porque Carlos Slim es el tercer hombre más rico del planeta.


A mí no me interesa contribuir a reproducir el pánico que están creando los medios de comunicación alrededor de la situación económica ni alimentar injustificadamente el discurso de la crisis. No me atrevería a decir que el sector editorial español está en crisis pero tampoco que no lo está porque no he podido hacerme una idea del todo clara al respecto debido, en parte, a que no tengo suficiente información para afirmar una u otra cosa. Lo que sí puedo decir es que me alegraría que la crisis no lo afectara o que por lo menos no lo golpeara tan fuerte.


Con o sin crisis, artículos como éste no hacen más que despistar porque deducen falsas conclusiones a partir de datos y hechos reales puestos fuera de contexto. Para Jean-Jacques Bozonnet todo es color de rosa porque a partir de los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) sobre producción editorial de libros en 2008 en España se refiere al aumento de los títulos publicados y de los ejemplares editados o al crecimiento del número de afiliados a las bibliotecas y del número de préstamos solicitados en ellas. Sin embargo, en ningún momento toca temas fundamentales para conocer la salud real del sector como el volumen de las devoluciones, la sobreoferta, la rotación de los libros en mesas de novedades, las cifras de negocios de los distintos actores de la cadena de producción editorial o los beneficios y las pérdidas de éstos.

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notas sueltas [ 3 ] / la crisis de la prensa escrita y reseña de un beso de dick en el ojo en la paja

Publicado por admin el Marzo - 26 - 2009 6 Comentarios

Hace unos días durante una cena Cinthya nos contaba con tristeza que recientemente la redacción de Público, el diario en el que Matiana y ella trabajaban hace unos años en Guadalajara, había quedado reducida a ocho personas. Muy lejos parecen estar aquellos tiempos en los que el equipo de la sección de Cultura al que ellas pertenecían contaba con siete personas y en los que la redacción del periódico tenía una plantilla de alrededor de cien periodistas.

‘No hay día más triste que el del cierre de un periódico’, se lamentaba Cinthya. ‘A mí ya me tocó una vez y ese día juré que nunca más volvería a trabajar en uno. Y miren, de ahí salí directo para Público’.


Como yo no compartía la nostalgia de Cinthya, mi intervención en la conversación se redujo a comentar esta foto que había visto justo el día anterior en Boing Boing.


Las noticias que nos llegan del mundo de la prensa escrita no son nada alentadoras: desaparición de diarios centenarios, disminución del número de páginas, congelamiento de los salarios, precarización de las condiciones laborales, despidos, eliminación de suplementos culturales de la edición impresa, etc. Después de que The New York Times tuvo que vender su sede cualquier cosa puede pasar.


Los periódicos perdieron hace un tiempo el monopolio de lo que André Schiffrin llama “el control de la palabra” y parecen haber sido los últimos en enterarse.


Me gusta lo que Alejando Peláez dice en su blog sobre el estado actual de la prensa escrita.


***


El pasado martes 17 de marzo Camilo Jiménez publicó en el ojo en la paja una reseña buenísima de una de las novela más lindas que yo he leído: Un beso de Dick, de Fernando Molano.

Al final de su reseña Camilo anota que Un beso de Dick ganó la segunda edición del premio de novela de la Cámara de Comercio de Medellín. En 2000, cuando Molano ya había muerto, la novela fue reeditada en Bogotá por Proyecto editorial —llamada luego Editorial Babilonia—. Todo parece indicar que buscando con cuidado todavía se puede encontrar por ahí algún ejemplar de Un beso de Dick.


Yo le doy las gracias a Camilo porque con su reseña saca del olvido esta novela en la que un muchachito de 16 años llamado Felipe narra el inicio y el desarrollo de su romance con su amigo Leonardo.

En el último párrafo de su reseña dice Camilo:

‘Se pregunta uno: y si [la novela] estuviera enfocada con la misma intensidad en un cataclismo de amor semejante, pero heterosexual, ¿nos mantendría tan pegados a sus páginas? ¿Nos conmovería igual? ¿Habrá que hablar, entonces y contra la voluntad, de una “literatura homosexual” u “homoerótica”?’

Este comentario desató en “el club de conversación” de el ojo en la paja una discusión en la que algunos lectores habituales sentaron sus posiciones, en ocasiones polémicas pero siempre respetuosas, con respecto a este tema y al valor literario de Opio en las nubes —que, al igual que Un beso de Dick, es una novela de culto para ciertos lectores colombianos—.

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entrevista al diseñador pablo arrieta [ 1 / 2 ] / "no me gusta tanto lo más nuevo ni lo que más rompe sino las cosas que están bien hechas"

Publicado por admin el Marzo - 25 - 2009 Comenta


Gracias no sólo a su formación y a su experiencia sino también a su forma de ver las cosas, Pablo Arrieta tiene una concepción amplia del diseño y se mueve de manera transversal en el ejercicio de éste pensando siempre los soportes, las ideas y las soluciones en función del público al que se dirige el proyecto en el que está trabajando. En la primera parte de esta entrevista el diseñador colombiano habla de su formación, de las figuras que han influenciado su trabajo y de los proyectos que más lo han marcado.


En la segunda y última entrega Pablo se refiere al reto que le plantea la adopción de las nuevas tecnologías al sector editorial, a la penetración de los dispositivos móviles de lectura y de los contenidos digitales en Colombia, a las oportunidades que hay detrás de éstos, al impacto que tiene su emergencia sobre la manera como consumimos la información, a algunos rasgos que podría llegar a tener un libro en un futuro no muy lejano y a las lecciones que puede sacar la industria editorial de la cinematográfica o de la discográfica.


Martín Gómez: ¿Cómo definiría usted el diseño editorial y los objetivos de éste?

Pablo Arrieta: Específicamente hoy en día, y después de todos los cambios tecnológicos que ha habido, para mí el diseño editorial no tiene nada que ver solamente con pensar en papel. Pienso que se trata del diseño visual o de la comunicación gráfica que se le va a dar a algún contenido. De hecho puede ser imagen estática o imagen en movimiento y podría ser incluso sonido. Podría ser cualquier cosa. Estamos en un momento de cambio en el que el trabajo del diseñador está siendo modificado pero no disminuido. Todo lo contrario: está ampliándose a unos niveles casi renacentistas en donde tú ves que cuando te traen un libro o un texto no puedes estar pensando solamente en tipos de letras, tamaños, colores o papel, sino que tienes que saber un poco sobre el público al que le va a llegar o cuál es el soporte en el que lo va a recibir y de acuerdo con esto debes concebir una respuesta distinta.

Yo pensaría que hoy en día el diseño editorial se refiere al manejo integral de un contenido para que le llegue a su audiencia de la mejor manera posible.

M.G.: ¿Podría hacernos un recuento de su proceso de formación y del desarrollo de su trayectoria como diseñador?

P.A.: Yo soy arquitecto de formación. Estudié Arquitectura porque cuando le comenté a un tío mío que quería estudiar algo que tuviera que ver con Diseño Gráfico, quizás Publicidad o algo así, él me dijo ‘mira, estudia Arquitectura porque es el centro de todas las artes. Si uno sale de ahí para hacer pintura o diseño gráfico lo puede hacer muy bien’. Y su consejo fue bastante útil para mí porque me fijó un muy buen punto de partida. Yo empecé a trabajar en diseño de impresos y de museografía tan pronto como salí de la facultad. Me gradué en 1996 y en ese momento ya estaba trabajando en esto. Además, en 1996 se abrió la veta de Internet.

Yo he estado trabajando siempre en todos estos medios porque empecé diseñando paralelamente un impreso para el Ministerio de Cultura —que era la revista Gaceta—, un museo para el Banco de la República —la Casa de Moneda— y el sitio Web de la Universidad de los Andes. Y luego también el del Ministerio de Cultura.



Yo empecé a meterme en todo esto utilizando herramientas digitales y nunca he tenido escuela de diseño como tal ni he estado trabajando solamente de forma manual en cosas impresas o quien sabe qué. Siempre he estado trabajando con lo digital pero pensando que el soporte o el respaldo en el que va a terminar saliendo un proyecto cualquiera podría ser un medio tradicional impreso o un medio distinto, que es lo que estamos viendo ahora con lo digital.

M.G.: ¿Cuándo y por iniciativa de quién surge la idea de crear Monitor?

P.A.: Bueno, yo empecé diseñando más o menos como estos chicos japoneses que no quieren salir de la casa porque dicen que la sociedad no los necesita y que se la pasan todo el tiempo metidos dentro de su espacio. En los primeros años de trabajo, cuando hice la Casa de Moneda, yo me quedaba en mi casa y trabajaba todo el tiempo. Salía los viernes pero toda la semana estaba en mi casa. Y de alguna manera eso va desconectándolo a uno de la realidad pero al mismo tiempo le da la oportunidad de trabajar bastante. Yo hacía muchas cosas gracias al computador. En ese momento tenía un socio, una persona con la que estábamos trabajando, a quien le gustaba lo que yo hacía y me dijo ‘¿por qué no montamos unas clases y le enseñamos a la gente cómo hacer diseño digital?’ Y por ahí empezó todo en 1998. Yo empecé en 1996, en 1997 me relacioné un poco con Macromedia porque ellos sacaron una versión beta de Fireworks y Dreamweaver y en 1997 empecé a trabajar con estas herramientas.

En 1998 ya sale Monitor como tal, montamos la academia que operaba solamente los sábados, domingos y festivos y después ya terminó siendo un trabajo de todos los días. Lo que inicialmente era diseño todo el tiempo y unas clases a ratos se convirtió en clases todo el tiempo y diseño a ratos porque yo empecé a diseñar para el Ministerio de Cultura pero además tenía que dictar mis clases en Monitor y en la Universidad Javeriana, que es una de las cosas más bonitas que me han pasado. Allí estoy en el área de editorial y multimedia de la facultad de Comunicación. Y esa clase ha ido cambiando con la tecnología: hace ocho años cuando yo empecé dictaba Dreamweaver y Fireworks y le tenía que decir a la gente ‘mire, esto es algo que se llama Internet’. Evidentemente desde hace unos cinco o seis años el énfasis está en meterse a montar cosas como blogs o galerías en Flickr.


En síntesis, la idea es que los estudiantes salgan con la capacidad de entender que ellos pueden controlar los medios sin necesidad de entrar a usar herramientas muy complicadas. Es más, lo que va a ser importante aquí son las ganas y el tipo de cosas que ellos tengan que decir y que puedan decir. Muy rápidamente las clases absorbieron gran parte de mi tiempo. Gracias a la aparición de dos socios con los que podía trabajar permanentemente Monitor CD, que era capacitación digital, pudo extenderse luego a creación digital y ahora estamos trabajando en los dos frentes: damos clases pero también estamos creando contenido y diseñando cosas para clientes particulares.


M.G.: ¿Cuáles son las líneas de trabajo de Monitor y cómo se definieron éstas?

P.A.: Digamos que más que el tipo de proyecto que aceptamos, si son impresos o no, lo que nos gusta es hacer proyectos en los que el diseño sea importante y en los que aquello que nosotros estemos haciendo le llegue a un público sin mentiras. Usualmente preferimos no trabajar para clientes corporativos tradicionales como agencias de publicidad. Siempre preferimos trabajar para proyectos culturales y ése es un fuerte que tenemos. Cuando tú trabajas para personas que están moviendo cosas académicas, proyectos culturales o iniciativas artísticas estás involucrado con un cliente más cercano al objeto y al público al que se quiere llegar. En cambio cuando lo haces para una agencia el trabajo se vuelve muy angustiante y muchas veces no estamos de acuerdo con lo que se está diciendo. Es por eso que sencillamente no hacemos ese tipo de trabajo.

Hemos ido convirtiendo Monitor en un lugar al que la gente puede traer sus proyectos y tener una respuesta distinta y atractiva dentro de toda la gama de soportes existentes. Podemos hacer desde un impreso hasta una imagen en movimiento en caso de que sea necesario porque lo que verdaderamente nos importa es que la pieza realmente diga algo.

M.G.: ¿Cuáles son las figuras que han ejercido una influencia sobre su trabajo como diseñador?

P.A.: Yo tengo como varios ídolos que van apareciendo y asentándose porque con el tiempo ellos van trabajando y haciendo unas cosas cada vez más interesantes. El primero que me encantó fue Neville Brody, que es un diseñador tipográfico inglés. Él simplemente decía ‘bueno, así como mis amigos están haciendo música punk y están cambiando unas cosas yo quiero hacer algo similar en la gráfica’. En ese momento él empezó a trabajar con discos, hizo las carátulas de Cabaret Voltaire y diseño la revista inglesa The Face. Su trabajo tanto tipográfico como gráfico en general es muy interesante.

Otra figura que me encanta es David Carson, quien en un momento dice ‘el impreso está muerto y vamos a diseñar para la generación de MTV, que es la generación visual’. Él utiliza el computador como soporte o como acelerador de sus ideas pero no como el único medio, lo cual es bastante interesante. Luego de Carson hay un tipo que me fascina que se llama Stefan Sagmeister, un diseñador austriaco que vive en los Estados Unidos desde hace mucho tiempo y que además de ser supremamente creativo en los productos que desarrolla es muy variado en su estilo. Mientras que Carson y Brody generaron un estilo que es muy reconocible —Brody rescatando cosas de los constructivistas y Carson volviéndose caótico, sucio y roto—, Sagmeister ante todo es un juguetón que afronta cada proyecto con una cara diferente y con unas posibilidades distintas de solución.

Más hacia atrás, de los clásicos me encanta Saul Bass que aparte de diseñador gráfico era diseñador de títulos. Bass hacía títulos en movimiento para las películas de Hitchcock y, de hecho, fue el inventor de los títulos de cine. Cuando uno ve la película y dice ‘quiero ver los títulos’ puede hacerlo gracias a Saul Bass, que le propuso a Hitchcock que cambiaran un poquito la idea de que los títulos no eran una parte importante de la película sino que podían formar parte de ésta. De ahí que la escena famosa de Psicosis del cuchillo sea de Saul Bass. Fue él y no tanto Hitchcock quien hizo la edición. Bass es un tipo que es bien interesante porque hizo el salto entre la imagen estática y la imagen en movimiento.

En cuanto a la imagen en movimiento un tipo que me gusta mucho es Hillman Curtis. En fin, van apareciendo figuras y se van quedando porque normalmente quienes en algún momento trabajan muy bien siguen haciéndolo a lo largo del tiempo. Y eso ha pasado con estos diseñadores de los que te he hablado.

También me encanta Chip Kidd, que es una figura fundamental. A él llegué porque cuando compro los libros o cuando llego a una librería miro los créditos para saber quién diseña cada cosa. Cuando empecé a viajar, en librerías norteamericanas miraba los créditos y Chip Kidd aparecía por todas partes. De él me encanta la rapidez con la que puede transmitir un concepto con las carátulas. De su trabajo son las carátulas y no la parte interior lo que más me llama la atención. En ese maremágnum gráfico que puede ser una librería en Estados Unidos las carátulas de Chip Kidd siempre se reconocen. Además, él transmite muy bien al público la idea que tiene el escritor. Es magistral en eso.

M.G.: ¿Dónde cree usted que se están haciendo las propuestas más interesantes en el campo del diseño editorial?

P.A.: No sé, a mí no me gusta tanto lo más nuevo ni lo que más rompe sino las cosas que están bien hechas. Me he dado cuenta con el tiempo de que a mí me gustan las cosas bien producidas, que no necesariamente tienen que ser innovadoras. Hacer cosas bien producidas normalmente toma un tiempo. Me encanta el diseño editorial norteamericano de esta línea y también me gusta mucho lo que hacen los ingleses. La diferencia es notable e interesantísima. En los libros me fascina ese contraste entre la carátula norteamericana y la inglesa porque permite ver cómo se venden éstos en ambos mercados. Yo pienso que es de esos contrastes de donde salen las cosas realmente atractivas e interesantes.

No creo que haya ahora —y sobre todo con esta explosión de medios, de posibilidades y de acceso cada vez mayor— una escuela o un grupo de personas que esté haciendo las cosas mejor que los demás. Yo pienso que hay personas que en determinado día o periodo transmiten mejor ciertas cosas pero no te podría decir ‘si tú miras hacia Brasil ahí vas a encontrar no sé qué’. No, son personas dentro de cada ámbito. Yo creo en la long tail porque pienso que el buen diseño lo están haciendo cada vez más personas desperdigadas por distintos países. Antes era la escuela Suiza y todos los suizos mandaban la parada.

En este momento yo pienso que hay uno en Colombia, uno en Brasil, otro en cualquier otro lugar y de repente tú armas tu grupito y te das cuenta de que son tipos que hacen las cosas de acuerdo con lo que te gusta. Repito, lo que me gusta es lo que está bien producido, limpio y muy elegante. No tiene que ser tan rompedor.

M.G.: ¿Cuál es su percepción con respecto al estado actual del diseño editorial en Colombia?

P.A.: Comparado con el momento en el que yo empecé a hacer esto —en el cual debo confesar que yo trabajaba diciendo ‘no hay nadie que haga lo que yo quisiera hacer’, que es como casi siempre empiezan muchas personas a hacer música, pintura o diseño en mi caso— ha cambiado mucho en el sentido de que cada vez hay más personas que son capaces de hacer las cosas muy bien y de que hay una mejor industria. Pero si tú miras hacia arriba y te fijas en las personas que toman las decisiones y que controlan los medios masivos te das cuenta de que siguen teniendo visiones muy tradicionales tanto en lo clásico como en lo básico de las propuestas que se presentan. Y cuando van a hacer algo llamativo entonces normalmente se van por las ideas loquísimas sin que eso realmente signifique escoger las mejores.

A diferencia de lo que te acabo de decir con respecto al resto del mundo, acá en Colombia yo sí veo que hay algunas personas que pueden estar haciendo las cosas muy llamativamente. Me atrae bastante lo que se hace en Medellín. Tú miras y en la parte visual hay una empresa que se llama Cuarto Piso, que hace tanto gráfica digital como algunas cosas impresas. También hay editoriales pequeñas que hacen cosas muy buenas y que cuando las miras dices ‘wow, qué cosa tan chévere’ porque son libros de pequeño formato y muy cuidados. Pienso que en un mercado ésa es una salida muy elegante para cualquier crisis. Es decir, si uno hace algo que la gente diga ‘bueno, es que yo estoy pagando tanto por esto porque realmente es distinto de lo que me pueden ofrecer en otro medio’ me parece que es una apuesta muy buena. Y curiosamente las mejores cosas de ese estilo están viniendo de Medellín.

Yo pienso que tenemos más herramientas y más conocimientos pero eso no indica que haya una mayor democracia de diseño o de calidad de las cosas. Pienso que sigue habiendo una gran masa de cosas muy mediocres y que lo que destella brilla más. Hay personas de éstas que se van a trabajar afuera del país y están al nivel de cualquier buen diseñador del extranjero. Me parece que en el diseño en Colombia eso actualmente es muy interesante.

M.G.: ¿De los trabajos que usted ha hecho hasta el momento cuáles son los que más satisfacciones le han generado?

P.A.: Debido a la magnitud, al tamaño que tiene la obra y a lo que significó me encanta el museo Casa de Moneda. Es brutal que recién salido de la universidad te cojan y te digan ‘bueno, tu primer proyecto va a ser montar un museo de numismática, son diez salas y en ellas vas a tener que contarle a la gente cómo es la historia económica del país’. Fue un proyecto muy bonito en el que tuve la oportunidad de hacer muchas cosas: desde ilustraciones hasta el diseño de cada una de las vitrinas, pasando por la distribución de toda la información disponible. Ese proyecto me encanta.

El rediseño de la revista Gaceta, que en su formato anterior ya tenía bastante arraigo, también me encanta. Es curioso porque cuando hice este rediseño vi la revista vieja y dije ‘hay mucho que se puede cambiar. Muchos elementos podrían mejorarse’. Y ahí está esa irresponsabilidad que da la juventud y el hecho de no conocer lo que podría significar algo. Lo que me gusta de ese trabajo es que fue hecho todo individualmente: yo hacía las gráficas, el diseño tipográfico y el proyecto ya completo.



De los proyectos digitales, el de la página Web de la Universidad de los Andes por motivos obvios: meterle cinco años de mi vida a un proyecto, que éste significara tanto y que fuera el primer sitio Web que hice. Era un proyecto enorme que digamos que se ha llevado bastante de lo que tengo.

Finalmente, diría que mis clases son otro gran proyecto muy satisfactorio.


M.G.: ¿Cuáles son los clientes con los que más le ha dado gusto trabajar?



P.A.: Yo he tenido la buena fortuna de trabajar con clientes que son muy abiertos a las sugerencias y a los comentarios. Me encantó trabajar durante los primeros mandatos del Ministerio de Cultura. Creo que los tres primeros ministros fueron tipos muy abiertos y que dejaron hacer cosas. Pienso que un buen cliente se destaca porque cree en ti y porque te deja hacer. Creo que los clientes complicados son los que no te dejan proponer y que terminan coartando las posibilidades expresivas que podrías aportarle a lo que ellos están desarrollando.


Y un caso curioso ha sido la experiencia de trabajar para gente de California porque no hay diseño de por medio pero me parece que allí hay una cultura muy interesante. Empresas de tecnología como Macromedia y Adobe son muy abiertas y confían en ti. Y en nuestro país eso es muy raro. La gente no confía mucho, lo cual es bastante triste.


Transcripción: Natalia Gómez

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dos visiones divergentes de la salud del sector editorial en los diarios: el país y público

Publicado por admin el Marzo - 23 - 2009 14 Comentarios

A propósito de la publicación de los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) sobre producción editorial de libros en 2008 en España, la semana pasada aparecieron en los diarios El País y Público un par de artículos sobre la salud del sector editorial español en tiempos de crisis. Según las cifras del INE, el año pasado se editaron en España 75.933 títulos que representan un aumento del 19,8 % con respecto a 2007. Este incremento del número de títulos editados viene acompañado por una disminución del tamaño de las tiradas y por un aumento de las devoluciones.

De momento quisiera llamar la atención sobre dos discrepancias interesantes que se plantean en estos dos artículos:

1. aunque ambos artículos parten de los mismos datos y analizan los mismos ítems —número de títulos editados, tamaño de las tiradas y volumen de ventas y devoluciones—, sus títulos ponen en evidencia que la valoración que cada diario hace de la situación es muy distinta: mientras que El País anuncia triunfante que “El libro resiste en la tormenta”, Público lanza una alerta que enciende las alarmas cuando afirma que “La burbuja editorial ya no aguanta más”.

Vista la diferencia, vale la pena plantear un par de preguntas: ¿el optimismo de El País tendrá que ver con el hecho de que Prisa, el grupo al cual pertenece, también esté metido en el negocio editorial a través del Grupo Santillana? ¿Busca El País transmitir el mensaje de que en el sector editorial todo va bien para generar en sus lectores confianza hacia sus marcas?

2. el desacuerdo entre un ejecutivo de la división editorial de un gran grupo y un editor independiente con respecto al origen de la sobreabundancia de títulos —a la que Público se refiere como “hiperinflación del libro”—: mientras que Juan González, director general de contenidos de Ediciones Santillana, declara que lo ha ‘sorprendido un tanto ese enorme aumento de títulos que no sólo cabe achacar a la proliferación de editoriales pequeñas y de publicaciones institucionales’, a Javier Santillán, de Gadir, le ‘parece una barbaridad el exceso de títulos en el mercado español, algo que ya es endémico. Los grandes grupos editoriales publican muchos títulos. Con algunos libros aciertan y ganan mucho dinero, pero con muchos otros textos fracasan y llevan los ejemplares a la guillotina. Antes de destruir libros, yo prefiero hacerme el haraquiri. De lo contrario, no me dedicaría a esta profesión’.

Una vez puesto en evidencia el desacuerdo entre un representante de Ediciones Santillana y el editor de Gadir, la pregunta queda puesta sobre la mesa: si aceptamos que hay sobreproducción, ¿quiénes contribuyen más a ella: los grandes grupos o editoriales pequeñas o medianas que según su tamaño no están en capacidad de publicar más que cinco, doce o veinte títulos al año?

Curioso, ¿no?

Una última cosa: sería interesante tomar esta información estadística como punto de partida para hacer un análisis cualitativo que permita hacer un balance de la diversidad de la oferta. Ante la imposibilidad de abarcar todos los segmentos, debido a mis gustos personales yo me centraría en la edición literaria.

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