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miércoles, abril 1, 2009 categorizado bajo diseño, diseño editorial

entrevista al diseñador pablo arrieta [ 2 / 2 ] / “aceptemos que lo que estamos haciendo en digital es bien movible y cambiable”

En la continuación de esta entrevista cuya primera parte publiqué la semana pasada Pablo Arrieta habla acerca de temas como el reto que le plantea la adopción de las nuevas tecnologías al sector editorial, la penetración de los dispositivos móviles de lectura y de los contenidos digitales en Colombia, las oportunidades que hay detrás de éstos, el impacto que tiene su emergencia sobre la manera como consumimos la información, algunos rasgos que podría llegar a tener un libro en un futuro no muy lejano y las lecciones que puede sacar la industria editorial de la cinematográfica o de la discográfica. Por otro lado, propone una interesante reflexión con respecto a la necesidad tanto de replantear la idea de propiedad intelectual en el ámbito digital como de tomar una distancia crítica frente a las herramientas en las que éste se apoya.


Pablo considera que la justificación del negocio editorial debe cambiar, llama la atención sobre una nueva concepción del rol del diseñador según la cual en lugar de la obra completa como tal él sólo crea las piezas de ésta, destaca la manera como los distintos países de América Latina se desconocen unos a otros a pesar de los parecidos existentes entre ellos y señala el riesgo de estandarización que traen consigo las herramientas digitales.

M.G.: ¿Cuáles cree usted que son los retos que le plantea la adopción de las nuevas tecnologías al sector editorial?

P.A.: Creo que lo más importante es que la gente del sector se olvide de muchas cosas que creía saber. No hay que pensar tanto en lo que vamos a aprender sino en lo que vamos a olvidar. Yo pienso que estamos en un momento en el que se ha movido el suelo en distintos niveles y etapas.

Curiosamente al principio la gente decía ‘estas nuevas tecnologías van a matar el libro’ y yo no creo que vayan a matarlo pero sí que las cosas van a cambiar. Sobre todo va a cambiar la justificación del negocio editorial, que antes y durante muchos siglos se podía sostener de una forma muy similar. De la época de Gutenberg a la nuestra no hubo grandes cambios: aparece la televisión en los años cincuenta y llena un espacio intermedio porque allí yo no puedo poner literatura.

Y por primera vez estamos frente a aparatos que sí permiten suplantar el papel. Y algunas veces lo hacen de una forma mucho más ecológica y responsable. No todo lo que se imprime es bueno y pienso que la industria editorial ha intentado vendernos la idea de que sí es así. Y por muchos años las cosas se han sostenido de esa manera. Si miras en las grandes ferias te encuentras con que hay personas que venden millones de unidades de un único título y que de los demás sólo venderán uno o dos. De esta manera realmente se pierde mucho material y mucho esfuerzo.

Con los medios digitales la industria va a tener que replantearse por qué está produciendo ciertas cosas, qué va a producir y de qué manera va a hacerlo. Es por eso que antes decía ‘bueno, seguramente algunas cosas que en este momento se imprimen dentro de unos años no tendrán que imprimirse sino que más bien se hará un documental con ellas’.


Pero la casa que antes hacía el contenido audiovisual no era una editorial. Ahora ya te das cuenta de ese giro. En algunas editoriales están teniendo su brazo armado de producción de películas. Te pongo un ejemplo: ¿Harry Potter vendió tantos millones de libros gracias a la película o la gente vio las películas porque le gustó el libro? ¿Cómo funciona esto, cómo es esa relación hermanada entre estos dos universos? Y si te pones a pensar cómo podría ser un libro en los años que vienen, muy seguramente tendrá unas partes visuales pero ya no como un libro ilustrado con algunos dibujitos sino con video incorporado. Y eso va a solucionar muchos problemas que en este momento tiene la industria editorial.

Hay mucho material que mientras se trabaja en él tiene que ser reformateado, pasado al medio impreso y distribuido. Y este tipo de material pierde la frescura que podría tener inicialmente. En industrias paralelas como la de la música, el cine y la televisión están saliendo muchos ejemplos que le van a servir a la industria editorial para replantearse ese objetivo, sobre todo porque ahora todos los medios deberían cumplir las mismas leyes.

Es una cosa muy rara: antes tú tenías las leyes de los medios impresos, las de la radio o las de la televisión y ahora lo que hay son convergencias que te llevarán a que las decisiones que antes tomaba una editorial en un futuro quizás las tome una empresa de telefonía.

M.G.: ¿De qué manera repercute la emergencia de las nuevas tecnologías en la gestión de la propiedad intelectual?

P.A.: Creo que con estas nuevas tecnologías se van a replantear fuertemente el concepto de propiedad intelectual y la importancia del lugar y del espacio en el que estamos. Fíjate que esta charla está ocurriendo en Bogotá pero la mitad de la conversación que hemos tenido se ha dado en Internet: yo consumiendo aquí en Bogotá y tú produciendo desde Barcelona. Yo pienso que el enfoque que tú tienes en lo que escribes y la manera como miras las cosas son muy colombianos. Tu punto de vista no es muy español. Tu perspectiva es muy colombiana en España y ese valor y esa diferencia son interesantes. Lo que en cierto punto es irrelevante es desde dónde estoy consumiendo yo la información: puede ser en Bogotá o en los viajes y eso es algo que nos vuelve un poquito líquidos.



La industria editorial va a tener que replantearse y la del diseño también: el diseñador es un tipo que hasta ahora creía que dejaba las cosas terminadas y que de ahí en adelante nadie las cambiaba. Ahora el usuario va a poder intercambiar mucho y tú miras y los computadores, los sistemas operativos y los programas cada vez permiten una mayor personalización. Eso no sólo quiere decir que el diseñador va a tener que cambiar la posición tan estricta y dictatorial que había tenido frente a la obra, sino que también replantea la manera como se debe enseñar el diseño. Si dejo una cosa que hasta cierto punto es abierta para que las personas puedan moldear, ¿a la hora de evaluar cómo defino qué está bien o qué está mal? Las escuelas de diseño van a tener que fomentar el conocimiento de los públicos y la correcta comunicación pero se van a acabar las grandes verdades.

Es más o menos lo que pasa con MySpace: después de que tú le has metido todo el tiempo que quieras a aprender de diseño para saber cómo se pueden hacer las cosas bien, viene una persona y en dos noches monta algo que se vuelve un éxito y a la gente empieza a gustarle eso que uno dice ‘¡pero si es horrible!’. Sin embargo, resulta que a la gente eso le gusta y le parece interesante. Quizás si tú te crees tanto que conoces ciertas reglas después te va a quedar muy difícil innovar realmente. Por eso pienso que la propiedad intelectual entendida desde el punto de vista del diseño va a tener que transformarse en aceptar que así como lo que estamos haciendo en impreso es inamovible, lo que estamos haciendo en digital será bien movible y cambiable. Y eso a un diseñador le va a tener que mover bastante el ego porque muchas veces oyes a los arquitectos decir ‘mire, es que esto es mío pero me lo han venido cambiando’.

Me ha ayudado mucho haber estudiado Arquitectura porque un arquitecto termina su obra y después llegan los habitantes al edificio y se apropian de él adaptándolo a lo que realmente quieren. Pero el edificio sigue existiendo. En el mundo digital el diseñador va a tener que dar unas pautas y unos lineamientos pero son las personas mismas quienes van a ir enriqueciendo ese universo. Desde muy temprano trabajé en impresos y en pantalla. Llevo diez años diseñando y hoy no te puedo mostrar ningún proyecto digital porque ninguno existe en este momento, lo cual es una evidencia de que esa idea que tengo de la volatilidad y del carácter pasajero de las cosas proviene mucho más de lo digital que de lo impreso.

Yo he visto cómo la industria digital demandaba inicialmente tipos hiperexpertos y en este momento la industria editorial digital necesita a alguien que tenga algo que decir y pone el diseño en un segundo lugar cuando éste es justamente el factor que hace que un sitio Web sea más aceptado que otro. No desmerito la labor del diseñador pero sí entiendo que hay que dejar que el usuario meta la mano porque de lo contrario nos vamos a enfrascar en el mismo problema que tienen otros mercados que han intentado cerrarle el acceso a la gente. Un ejemplo muy interesante en relación con esto es el de Susan Kare, que era la diseñadora de interfaces de Apple y que fue quien creó todos los iconos que hoy conocemos. En este momento Susan Kare dice que el diseñador no debería intentar diseñar la obra completa sino las piezas de la obra: los botoncitos, las imágenes, etc. y dejar que las personas mezclen todos esos elementos. Ella diseña todos esos regalitos —hamburguesas, muñecos de peluche y cervezas— que vienen en Facebook. No intentó diseñar Facebook pero sí las cosas que la gente regala y tiene una empresa que ha hecho mucha plata solamente con eso. En ese momento tú miras y dices ‘yo ya no puedo diseñar la obra de arte total sino las piezas de esa obra y puedo hacer que las personas empiecen a interactuar y a hacer modificaciones que van a ser mucho más globales pero que son mucho menos definitivas’.

M.G.: ¿Cómo ve usted la adopción de las nuevas tecnologías en el sector editorial colombiano?

P.A.: Yo pienso que hay mucha curiosidad. Si se están cerrando puertas, es porque otras se están abriendo. Yo pienso que lo que debería hacer el sector editorial en Colombia es ser un poco más agresivo en la propuesta de soluciones. Ahora mismo nadie tiene esta actitud y muy posiblemente lo que veamos a futuro es que nunca nadie la tuvo porque todas las respuestas pueden funcionar de acuerdo con el proyecto. No hay una única respuesta efectiva para todo lo que vayas a hacer.

Muchas veces lo que el mercado editorial colombiano está haciendo es fijarse en lo que hacen otros por fuera para luego implementarlo aquí. Con la pequeña diferencia de que el mercado digital gringo no tiene nada que ver con el colombiano. Lo que quiero decir es que el apetito con el que el público colombiano consume contenidos digitales es completamente distinto del que puede tener el público en los Estados Unidos, donde los textos y los libros a los que estamos refiriéndonos son mucho más accesibles. Pienso que aquí hay que ver este tema con cuidado porque si hay posibilidades puede que no se den de la misma manera que en mercados como el europeo, el asiático o el norteamericano.

M.G.: ¿Cómo ve usted las posibilidades de penetración en Colombia de los contenidos digitales, de los dispositivos de lectura de e-books y de la impresión bajo demanda?

P.A.: Las condiciones para que ese tipo de mercado se desarrolle están dadas. En este momento en Colombia ya tienes la posibilidad de venderle estos productos y servicios a la gente porque los precios de los contenidos tradicionales son extremadamente altos. Traer cosas a Colombia es carísimo por motivos de importación, de transporte y de almacenamiento mientras que el mundo digital tiene la ventaja de reducir muchos de estos costos y de terminar metiéndole casi todo el valor fuerte a una pieza de hardware.

Si en Colombia dices que los lectores digitales reemplazan al libro, van a tardar en volverse populares. Si tú compras un libro al año un lector electrónico no te sirve para nada. En cambio si al año estás comprando una cantidad determinada de libros, revistas o periódicos y todo esto converge en un único aparato, ya el costo empieza a minimizarse y tú podrías maximizar el beneficio gracias a la portabilidad.

No pienso que lo uno reemplace a lo otro sino que dependiendo del tipo de persona que seas —si te estás moviendo o si tienes que cargar contigo una gran cantidad de información— vas a darles mucho más uso a este tipo de herramientas. Pero también depende de cómo te esté llegando esa unidad de contenidos: mientras que en Europa tienes un libro que te cuesta diez euros, tener el mismo libro aquí en Colombia puede costarte cincuenta euros. Y eso es totalmente absurdo. Es ahí donde la unidad podría hacer que algunas de las personas digan ‘oiga, si yo quiero tener estos contenidos más bien me meto en la máquina y me ahorro el tiempo que tengo que esperar para que el contenido llegue a Colombia’ porque esa inmediatez no la puedes tener con el objeto físico.

Creo que ahí es donde están las posibilidades para las editoriales tradicionales, que pueden adelantarse y empezar a trabajar con impresión bajo demanda en caso de no querer que la gente se meta en tecnologías digitales de lectura. Así la gente deja de pensar que si el libro acaba de salir en Europa le va a tocar esperar varios meses hasta que llegue a sus manos. Yo veo mucho potencial ahí.

Hay dos ejemplos que me sirven para ilustrar lo que estoy diciendo: la tecnología te cambia las cosas porque, ¿cuánta música consumía un colombiano promedio o cuántos discos tenía cuando debía comprarlos? Cuando yo estaba en la facultad mis amigos sobrevivían con cuatro o cinco discos durante todo el colegio y toda la carrera. Y ahora la gente tiene toneladas de música. Puede que no la esté pagando pero consume mucha más música, conoce más sobre ésta y los conciertos se están llenando. REM vino en 2008 no porque en Colombia ahora la gente sea más bonita que en los ochenta o en los noventa, sino porque ellos se dieron cuenta de que actualmente tienen que venir aquí para lograr obtener ingresos.

El otro lado es lo que está pasando justo ahora con los periódicos. Antes era raro ver gente leyendo periódicos en Bogotá. Ahora que empezaron a regalarlos, y no creo que sea simplemente por moda, creo que va a pasar lo mismo que en las grandes ciudades: que la gente se vuelve a informar a través de la prensa escrita y le ve un valor. Me ha parecido muy curioso que desde que en Bogotá salió el periódico ADN tú encuentras gente leyendo con cuidado no sólo en una peluquería, que es un sitio donde tradicionalmente se lee, sino también en la tienda de la esquina. Ves a tres o cuatro personas con un periódico de éstos. Yo pienso que el hecho de que estos periódicos se acerquen más a un nivel adquisitivo como el nuestro hará que se popularicen y que la gente los consuma más.

M.G.: ¿En qué consiste el trabajo que usted viene haciendo para Adobe y de qué manera éste ha influenciado lo que hace como diseñador?

P.A.: Cuando empecé a trabajar me vi bastante beneficiado por Internet. Yo trabajaba desde la casa de mis padres mientras que otras personas habían montado oficinas y estudios. Como ése no era mi ideal, para mí Internet fue muy útil en dos sentidos: por un lado, como medio de comunicación; y, por el otro, como forma de ponerme en contacto con el mundo tanto para consumir información como para darme a conocer. Lo de Macromedia fue muy interesante porque cuando empecé a trabajar para ellos se me abrió el mundo de una forma muy rara. Desde el principio, en 1998, ellos me montaron en un avión para que fuera a conferencias y cuando tú vas a los Estados Unidos te cambia la percepción de las cosas porque ya no es lo que te cuentan los medios sino lo que tú ves que está pasando realmente.

Y como me decía un amigo, ‘uno viaja una vez y se vuelve un junkie de los viajes porque realmente siempre quiere más’. Después los de Macromedia empezaron a llevarme por América Latina y yo pude darme cuenta de cómo son las cosas en la región y de cómo nos parecemos mucho pero nos desconocemos entre todos. Por estar mirando hacia Europa o Estados Unidos no vemos los parecidos que tenemos ni las oportunidades que podría tener la generación de un mercado interno. El trabajo con ellos me ha cambiado y tanto mis clases como lo que yo pueda decir en ellas tienen ahora el sentimiento de que es importante salir, viajar y dejar de pensar que nuestro mercado natural es Bogotá o el público de la ciudad en lugar del mundo en general. Pienso que este trabajo me ha hecho más consiente del valor de la perspectiva. Fíjate que cuando tú miras todas las cosas desde acá lo haces con un tiempo y una velocidad completamente distintos de los que tendrías si estuvieras sentado en la mitad de Manhattan.

La perspectiva que nosotros tenemos y la ubicación que tenga cada persona con respecto al mundo deben generar un estilo de diseño completamente distinto. Por eso te decía que ahora no creo tanto como antes que se pueda decir ‘este tipo es el mejor diseñador del mundo’. Ahora yo pienso ‘este tipo es muy bueno pero para un público en particular, para una época o para un país’ y eso significa que es un error creer que su trabajo debería llevarse a todas partes. Creo que esa valoración y ese respeto de la diferencia me los ha dado la experiencia de estar trabajando con estas empresas norteamericanas.

Por otro lado, conocer todo el tiempo las nuevas versiones de los programas me da la oportunidad de entender que las mejores herramientas siguen siendo el cerebro de cada persona, el lápiz y el papel. Así como le dedico tiempo a aprender Photoshop, también le dedico mucho tiempo a leer, a observar y a intentar aprender sobre otras cosas. Yo no estoy metido en esto por ser un técnico sino por humanismo y en este sentido mientras más conozco las herramientas más me doy cuenta de la necesidad de conocer sobre otras ramas del pensamiento. Algunas veces en mis clases y en la manera como me enfrento al diseño el trabajo consiste no en hacer sino en dejar de hacer, en combinar con otras posibilidades como la comunicación o la sociología y en enriquecer el trabajo sacándose de la cabeza la idea de que siempre tienes que recurrir al último truquito de Photoshop o a la herramienta que esté de moda.


Eso también ha cambiado y ver la respuesta tan parecida que puede generar una herramienta nueva en mercados tan distintos asusta un poquito. Es decir, que cuando tú les das Illustrator a guatemaltecos, a venezolanos o a argentinos y de repente todos empiezan a diseñar igual, te das cuenta de que estás frente a un ecualizador que termina olvidando las diferencias y eso no es tan bueno.

Transcripción: Natalia Gómez

miércoles, marzo 25, 2009 categorizado bajo diseño, diseño editorial

entrevista al diseñador pablo arrieta [ 1 / 2 ] / "no me gusta tanto lo más nuevo ni lo que más rompe sino las cosas que están bien hechas"


Gracias no sólo a su formación y a su experiencia sino también a su forma de ver las cosas, Pablo Arrieta tiene una concepción amplia del diseño y se mueve de manera transversal en el ejercicio de éste pensando siempre los soportes, las ideas y las soluciones en función del público al que se dirige el proyecto en el que está trabajando. En la primera parte de esta entrevista el diseñador colombiano habla de su formación, de las figuras que han influenciado su trabajo y de los proyectos que más lo han marcado.


En la segunda y última entrega Pablo se refiere al reto que le plantea la adopción de las nuevas tecnologías al sector editorial, a la penetración de los dispositivos móviles de lectura y de los contenidos digitales en Colombia, a las oportunidades que hay detrás de éstos, al impacto que tiene su emergencia sobre la manera como consumimos la información, a algunos rasgos que podría llegar a tener un libro en un futuro no muy lejano y a las lecciones que puede sacar la industria editorial de la cinematográfica o de la discográfica.


Martín Gómez: ¿Cómo definiría usted el diseño editorial y los objetivos de éste?

Pablo Arrieta: Específicamente hoy en día, y después de todos los cambios tecnológicos que ha habido, para mí el diseño editorial no tiene nada que ver solamente con pensar en papel. Pienso que se trata del diseño visual o de la comunicación gráfica que se le va a dar a algún contenido. De hecho puede ser imagen estática o imagen en movimiento y podría ser incluso sonido. Podría ser cualquier cosa. Estamos en un momento de cambio en el que el trabajo del diseñador está siendo modificado pero no disminuido. Todo lo contrario: está ampliándose a unos niveles casi renacentistas en donde tú ves que cuando te traen un libro o un texto no puedes estar pensando solamente en tipos de letras, tamaños, colores o papel, sino que tienes que saber un poco sobre el público al que le va a llegar o cuál es el soporte en el que lo va a recibir y de acuerdo con esto debes concebir una respuesta distinta.

Yo pensaría que hoy en día el diseño editorial se refiere al manejo integral de un contenido para que le llegue a su audiencia de la mejor manera posible.

M.G.: ¿Podría hacernos un recuento de su proceso de formación y del desarrollo de su trayectoria como diseñador?

P.A.: Yo soy arquitecto de formación. Estudié Arquitectura porque cuando le comenté a un tío mío que quería estudiar algo que tuviera que ver con Diseño Gráfico, quizás Publicidad o algo así, él me dijo ‘mira, estudia Arquitectura porque es el centro de todas las artes. Si uno sale de ahí para hacer pintura o diseño gráfico lo puede hacer muy bien’. Y su consejo fue bastante útil para mí porque me fijó un muy buen punto de partida. Yo empecé a trabajar en diseño de impresos y de museografía tan pronto como salí de la facultad. Me gradué en 1996 y en ese momento ya estaba trabajando en esto. Además, en 1996 se abrió la veta de Internet.

Yo he estado trabajando siempre en todos estos medios porque empecé diseñando paralelamente un impreso para el Ministerio de Cultura —que era la revista Gaceta—, un museo para el Banco de la República —la Casa de Moneda— y el sitio Web de la Universidad de los Andes. Y luego también el del Ministerio de Cultura.



Yo empecé a meterme en todo esto utilizando herramientas digitales y nunca he tenido escuela de diseño como tal ni he estado trabajando solamente de forma manual en cosas impresas o quien sabe qué. Siempre he estado trabajando con lo digital pero pensando que el soporte o el respaldo en el que va a terminar saliendo un proyecto cualquiera podría ser un medio tradicional impreso o un medio distinto, que es lo que estamos viendo ahora con lo digital.

M.G.: ¿Cuándo y por iniciativa de quién surge la idea de crear Monitor?

P.A.: Bueno, yo empecé diseñando más o menos como estos chicos japoneses que no quieren salir de la casa porque dicen que la sociedad no los necesita y que se la pasan todo el tiempo metidos dentro de su espacio. En los primeros años de trabajo, cuando hice la Casa de Moneda, yo me quedaba en mi casa y trabajaba todo el tiempo. Salía los viernes pero toda la semana estaba en mi casa. Y de alguna manera eso va desconectándolo a uno de la realidad pero al mismo tiempo le da la oportunidad de trabajar bastante. Yo hacía muchas cosas gracias al computador. En ese momento tenía un socio, una persona con la que estábamos trabajando, a quien le gustaba lo que yo hacía y me dijo ‘¿por qué no montamos unas clases y le enseñamos a la gente cómo hacer diseño digital?’ Y por ahí empezó todo en 1998. Yo empecé en 1996, en 1997 me relacioné un poco con Macromedia porque ellos sacaron una versión beta de Fireworks y Dreamweaver y en 1997 empecé a trabajar con estas herramientas.

En 1998 ya sale Monitor como tal, montamos la academia que operaba solamente los sábados, domingos y festivos y después ya terminó siendo un trabajo de todos los días. Lo que inicialmente era diseño todo el tiempo y unas clases a ratos se convirtió en clases todo el tiempo y diseño a ratos porque yo empecé a diseñar para el Ministerio de Cultura pero además tenía que dictar mis clases en Monitor y en la Universidad Javeriana, que es una de las cosas más bonitas que me han pasado. Allí estoy en el área de editorial y multimedia de la facultad de Comunicación. Y esa clase ha ido cambiando con la tecnología: hace ocho años cuando yo empecé dictaba Dreamweaver y Fireworks y le tenía que decir a la gente ‘mire, esto es algo que se llama Internet’. Evidentemente desde hace unos cinco o seis años el énfasis está en meterse a montar cosas como blogs o galerías en Flickr.


En síntesis, la idea es que los estudiantes salgan con la capacidad de entender que ellos pueden controlar los medios sin necesidad de entrar a usar herramientas muy complicadas. Es más, lo que va a ser importante aquí son las ganas y el tipo de cosas que ellos tengan que decir y que puedan decir. Muy rápidamente las clases absorbieron gran parte de mi tiempo. Gracias a la aparición de dos socios con los que podía trabajar permanentemente Monitor CD, que era capacitación digital, pudo extenderse luego a creación digital y ahora estamos trabajando en los dos frentes: damos clases pero también estamos creando contenido y diseñando cosas para clientes particulares.


M.G.: ¿Cuáles son las líneas de trabajo de Monitor y cómo se definieron éstas?

P.A.: Digamos que más que el tipo de proyecto que aceptamos, si son impresos o no, lo que nos gusta es hacer proyectos en los que el diseño sea importante y en los que aquello que nosotros estemos haciendo le llegue a un público sin mentiras. Usualmente preferimos no trabajar para clientes corporativos tradicionales como agencias de publicidad. Siempre preferimos trabajar para proyectos culturales y ése es un fuerte que tenemos. Cuando tú trabajas para personas que están moviendo cosas académicas, proyectos culturales o iniciativas artísticas estás involucrado con un cliente más cercano al objeto y al público al que se quiere llegar. En cambio cuando lo haces para una agencia el trabajo se vuelve muy angustiante y muchas veces no estamos de acuerdo con lo que se está diciendo. Es por eso que sencillamente no hacemos ese tipo de trabajo.

Hemos ido convirtiendo Monitor en un lugar al que la gente puede traer sus proyectos y tener una respuesta distinta y atractiva dentro de toda la gama de soportes existentes. Podemos hacer desde un impreso hasta una imagen en movimiento en caso de que sea necesario porque lo que verdaderamente nos importa es que la pieza realmente diga algo.

M.G.: ¿Cuáles son las figuras que han ejercido una influencia sobre su trabajo como diseñador?

P.A.: Yo tengo como varios ídolos que van apareciendo y asentándose porque con el tiempo ellos van trabajando y haciendo unas cosas cada vez más interesantes. El primero que me encantó fue Neville Brody, que es un diseñador tipográfico inglés. Él simplemente decía ‘bueno, así como mis amigos están haciendo música punk y están cambiando unas cosas yo quiero hacer algo similar en la gráfica’. En ese momento él empezó a trabajar con discos, hizo las carátulas de Cabaret Voltaire y diseño la revista inglesa The Face. Su trabajo tanto tipográfico como gráfico en general es muy interesante.

Otra figura que me encanta es David Carson, quien en un momento dice ‘el impreso está muerto y vamos a diseñar para la generación de MTV, que es la generación visual’. Él utiliza el computador como soporte o como acelerador de sus ideas pero no como el único medio, lo cual es bastante interesante. Luego de Carson hay un tipo que me fascina que se llama Stefan Sagmeister, un diseñador austriaco que vive en los Estados Unidos desde hace mucho tiempo y que además de ser supremamente creativo en los productos que desarrolla es muy variado en su estilo. Mientras que Carson y Brody generaron un estilo que es muy reconocible —Brody rescatando cosas de los constructivistas y Carson volviéndose caótico, sucio y roto—, Sagmeister ante todo es un juguetón que afronta cada proyecto con una cara diferente y con unas posibilidades distintas de solución.

Más hacia atrás, de los clásicos me encanta Saul Bass que aparte de diseñador gráfico era diseñador de títulos. Bass hacía títulos en movimiento para las películas de Hitchcock y, de hecho, fue el inventor de los títulos de cine. Cuando uno ve la película y dice ‘quiero ver los títulos’ puede hacerlo gracias a Saul Bass, que le propuso a Hitchcock que cambiaran un poquito la idea de que los títulos no eran una parte importante de la película sino que podían formar parte de ésta. De ahí que la escena famosa de Psicosis del cuchillo sea de Saul Bass. Fue él y no tanto Hitchcock quien hizo la edición. Bass es un tipo que es bien interesante porque hizo el salto entre la imagen estática y la imagen en movimiento.

En cuanto a la imagen en movimiento un tipo que me gusta mucho es Hillman Curtis. En fin, van apareciendo figuras y se van quedando porque normalmente quienes en algún momento trabajan muy bien siguen haciéndolo a lo largo del tiempo. Y eso ha pasado con estos diseñadores de los que te he hablado.

También me encanta Chip Kidd, que es una figura fundamental. A él llegué porque cuando compro los libros o cuando llego a una librería miro los créditos para saber quién diseña cada cosa. Cuando empecé a viajar, en librerías norteamericanas miraba los créditos y Chip Kidd aparecía por todas partes. De él me encanta la rapidez con la que puede transmitir un concepto con las carátulas. De su trabajo son las carátulas y no la parte interior lo que más me llama la atención. En ese maremágnum gráfico que puede ser una librería en Estados Unidos las carátulas de Chip Kidd siempre se reconocen. Además, él transmite muy bien al público la idea que tiene el escritor. Es magistral en eso.

M.G.: ¿Dónde cree usted que se están haciendo las propuestas más interesantes en el campo del diseño editorial?

P.A.: No sé, a mí no me gusta tanto lo más nuevo ni lo que más rompe sino las cosas que están bien hechas. Me he dado cuenta con el tiempo de que a mí me gustan las cosas bien producidas, que no necesariamente tienen que ser innovadoras. Hacer cosas bien producidas normalmente toma un tiempo. Me encanta el diseño editorial norteamericano de esta línea y también me gusta mucho lo que hacen los ingleses. La diferencia es notable e interesantísima. En los libros me fascina ese contraste entre la carátula norteamericana y la inglesa porque permite ver cómo se venden éstos en ambos mercados. Yo pienso que es de esos contrastes de donde salen las cosas realmente atractivas e interesantes.

No creo que haya ahora —y sobre todo con esta explosión de medios, de posibilidades y de acceso cada vez mayor— una escuela o un grupo de personas que esté haciendo las cosas mejor que los demás. Yo pienso que hay personas que en determinado día o periodo transmiten mejor ciertas cosas pero no te podría decir ‘si tú miras hacia Brasil ahí vas a encontrar no sé qué’. No, son personas dentro de cada ámbito. Yo creo en la long tail porque pienso que el buen diseño lo están haciendo cada vez más personas desperdigadas por distintos países. Antes era la escuela Suiza y todos los suizos mandaban la parada.

En este momento yo pienso que hay uno en Colombia, uno en Brasil, otro en cualquier otro lugar y de repente tú armas tu grupito y te das cuenta de que son tipos que hacen las cosas de acuerdo con lo que te gusta. Repito, lo que me gusta es lo que está bien producido, limpio y muy elegante. No tiene que ser tan rompedor.

M.G.: ¿Cuál es su percepción con respecto al estado actual del diseño editorial en Colombia?

P.A.: Comparado con el momento en el que yo empecé a hacer esto —en el cual debo confesar que yo trabajaba diciendo ‘no hay nadie que haga lo que yo quisiera hacer’, que es como casi siempre empiezan muchas personas a hacer música, pintura o diseño en mi caso— ha cambiado mucho en el sentido de que cada vez hay más personas que son capaces de hacer las cosas muy bien y de que hay una mejor industria. Pero si tú miras hacia arriba y te fijas en las personas que toman las decisiones y que controlan los medios masivos te das cuenta de que siguen teniendo visiones muy tradicionales tanto en lo clásico como en lo básico de las propuestas que se presentan. Y cuando van a hacer algo llamativo entonces normalmente se van por las ideas loquísimas sin que eso realmente signifique escoger las mejores.

A diferencia de lo que te acabo de decir con respecto al resto del mundo, acá en Colombia yo sí veo que hay algunas personas que pueden estar haciendo las cosas muy llamativamente. Me atrae bastante lo que se hace en Medellín. Tú miras y en la parte visual hay una empresa que se llama Cuarto Piso, que hace tanto gráfica digital como algunas cosas impresas. También hay editoriales pequeñas que hacen cosas muy buenas y que cuando las miras dices ‘wow, qué cosa tan chévere’ porque son libros de pequeño formato y muy cuidados. Pienso que en un mercado ésa es una salida muy elegante para cualquier crisis. Es decir, si uno hace algo que la gente diga ‘bueno, es que yo estoy pagando tanto por esto porque realmente es distinto de lo que me pueden ofrecer en otro medio’ me parece que es una apuesta muy buena. Y curiosamente las mejores cosas de ese estilo están viniendo de Medellín.

Yo pienso que tenemos más herramientas y más conocimientos pero eso no indica que haya una mayor democracia de diseño o de calidad de las cosas. Pienso que sigue habiendo una gran masa de cosas muy mediocres y que lo que destella brilla más. Hay personas de éstas que se van a trabajar afuera del país y están al nivel de cualquier buen diseñador del extranjero. Me parece que en el diseño en Colombia eso actualmente es muy interesante.

M.G.: ¿De los trabajos que usted ha hecho hasta el momento cuáles son los que más satisfacciones le han generado?

P.A.: Debido a la magnitud, al tamaño que tiene la obra y a lo que significó me encanta el museo Casa de Moneda. Es brutal que recién salido de la universidad te cojan y te digan ‘bueno, tu primer proyecto va a ser montar un museo de numismática, son diez salas y en ellas vas a tener que contarle a la gente cómo es la historia económica del país’. Fue un proyecto muy bonito en el que tuve la oportunidad de hacer muchas cosas: desde ilustraciones hasta el diseño de cada una de las vitrinas, pasando por la distribución de toda la información disponible. Ese proyecto me encanta.

El rediseño de la revista Gaceta, que en su formato anterior ya tenía bastante arraigo, también me encanta. Es curioso porque cuando hice este rediseño vi la revista vieja y dije ‘hay mucho que se puede cambiar. Muchos elementos podrían mejorarse’. Y ahí está esa irresponsabilidad que da la juventud y el hecho de no conocer lo que podría significar algo. Lo que me gusta de ese trabajo es que fue hecho todo individualmente: yo hacía las gráficas, el diseño tipográfico y el proyecto ya completo.



De los proyectos digitales, el de la página Web de la Universidad de los Andes por motivos obvios: meterle cinco años de mi vida a un proyecto, que éste significara tanto y que fuera el primer sitio Web que hice. Era un proyecto enorme que digamos que se ha llevado bastante de lo que tengo.

Finalmente, diría que mis clases son otro gran proyecto muy satisfactorio.


M.G.: ¿Cuáles son los clientes con los que más le ha dado gusto trabajar?



P.A.: Yo he tenido la buena fortuna de trabajar con clientes que son muy abiertos a las sugerencias y a los comentarios. Me encantó trabajar durante los primeros mandatos del Ministerio de Cultura. Creo que los tres primeros ministros fueron tipos muy abiertos y que dejaron hacer cosas. Pienso que un buen cliente se destaca porque cree en ti y porque te deja hacer. Creo que los clientes complicados son los que no te dejan proponer y que terminan coartando las posibilidades expresivas que podrías aportarle a lo que ellos están desarrollando.


Y un caso curioso ha sido la experiencia de trabajar para gente de California porque no hay diseño de por medio pero me parece que allí hay una cultura muy interesante. Empresas de tecnología como Macromedia y Adobe son muy abiertas y confían en ti. Y en nuestro país eso es muy raro. La gente no confía mucho, lo cual es bastante triste.


Transcripción: Natalia Gómez

lunes, julio 16, 2007 categorizado bajo diseño

entrevista a alix de roten, elzine aristide y vanessa knorst, de iosphera / "hacemos lo que nos gusta con espíritu de red"

Iosphera es un pequeño estudio de diseño y comunicaciones orientado a temas humanitarios, sociales y de respeto del planeta que desde Barcelona trabaja con una red tanto de clientes como de colaboradores que se encuentran sobre todo en América Latina y Europa. Alix de Roten, Elzine Aristide y Vanessa Knorst nos hablaron acerca del trabajo que han hecho hasta ahora, de lo que éste significa para ellas, de la importancia que tienen para Iosphera la dinámica de red y la diversidad, de nuevas líneas de acción que les gustaría incorporar a su trabajo, de los proyectos que tienen en curso y de sus expectativas a futuro.


Martín Gómez: ¿Cómo definirían ustedes Iosphera?


Alix de Roten: Somos un estudio que intenta trabajar en red con un grupo de gente según los proyectos que nos llegan con el propósito de tener las competencias necesarias para poder desarrollar dichos proyectos, que en general son de comunicación y muchas veces de sensibilización. Sobre todo porque se trata más bien de proyectos para ONG’s y fundaciones. Hasta ahora hemos trabajado sobre todo con la Cruz Roja catalana, con Greenpeace en Suiza y con la Fundación Josep Carreras que apoya la lucha contra la leucemia. Siempre hemos trabajado con organizaciones que tienen mensajes que nos interesa transmitir.


Elzine Aristide: Básicamente nos gusta lo que hacemos y para quién lo hacemos. Ese es nuestro punto de partida. No decimos ‘somos un estudio de diseño’ sino que todo lo que diseñamos va en la dirección de nuestros intereses y de lo que nos gusta hacer. Nos gusta este tipo de clientes. Y bueno, como decía Alix, tenemos un espíritu de red. Claro, somos un equipo pequeño pero en realidad tangencialmente cada proyecto involucra gente de muchas maneras y en muchos momentos. Entonces se trata de construir esa red para poder llevar a cabo la idea inicial que tuvimos.


A.d.R.: Buscamos las competencias según lo que hay que hacer. Por ejemplo, ahora tuvimos una campaña para la Cruz Roja que consistía en una exposición itinerante en la que había instalaciones interactivas, una página Web y un documental. Entonces alrededor de todo esto se va sumando gente con perfiles complementarios: un carpintero, un programador, un cámara y un ilustrador de Brasil que nos hizo unas ilustraciones súper bonitas. En la medida de lo posible nos gusta trabajar con gente de otros lugares. Los programadores con quienes trabajamos están en Colombia y Uruguay. El ilustrador está en Brasil. Hasta ahora ha sido sobre todo en América Latina porque allí tenemos más conexiones. Nos gusta vincular en la red a gente de otras regiones del mundo porque somos conscientes de lo que pueden aportar.


M.G.: ¿Cuándo y por iniciativa de quién surge la idea de crear Iosphera?


A.d.R.: Yo vengo de otro ámbito. Estudié Relaciones Internacionales en Suiza y después trabajé para el Comité Internacional de la Cruz Roja. Durante varios años fui delegada del Comité en Colombia y Guatemala. Después llegué a Barcelona a hacer un curso de vídeo y luego intenté hacer cosas en este campo a partir de los temas que más me llamaban la atención de mi trabajo en la Cruz Roja para unir ambas cosas: el trabajo humanitario que hacía antes y el de transmitir. Quizás después de tantos años de ver tantas cosas también me dieron ganas de mostrar. Y a partir de ahí nos pusimos a montar este proyecto con Jaime Luna, que es arquitecto y diseñador. Así pudimos complementar el vídeo por mi lado y el diseño tanto gráfico como de espacios por el suyo. Luego se fue añadiendo más gente al proyecto. Por eso nuestro primer cliente fue la Cruz Roja. Empezamos a hacerles propuestas para sus distintas campañas. El primer trabajo lo hicimos en 2004 y fue un vídeo para una campaña sobre minas antipersonales. Luego siguieron pidiéndonos cosas porque les gustó mucho el vídeo.


Y bueno, la gente que se ha unido al equipo tiene el mismo interés en temas humanitarios, de medio ambiente y sociales.


M.G.: ¿Cuáles son las motivaciones que condujeron a la creación de Iosphera?


A.d.R.: Yo creo que ese trabajo con el Comité Internacional de la Cruz Roja es muy humano. Se trata de estar un poco en el medio de los problemas, de estar en zonas de conflicto y de ver lo que le pasa allí a la población civil. Entonces estás en medio de cosas que seguramente nunca vas a poder contar a nadie o que si las cuentas nadie se dará cuenta de lo que hay detrás de esos otros tipos de realidades. Entonces te llenas de un montón de cosas que de alguna manera te gustaría transmitir y compartir hasta donde sea posible porque no todo puede transmitirse.


Yo no quería seguir trabajando todo el tiempo en lo que estaba porque era muy pesado emocionalmente y llega un momento en el que quizás es mejor hacer otra cosa en lugar de volverse un cínico cerrado al que ya no le afecta nada. Y me parecía interesante que esa otra cosa fuera mostrar esas otras realidades que me parece que vale la pena dar a conocer.


M.G.: ¿De dónde surge la idea de centrar el trabajo de Iosphera en temas humanitarios, sociales y de respeto del planeta?


A.d.R.: Desde un principio la idea fue ésta y por suerte hasta ahora hemos podido seguir con ella. Tampoco es muy fácil porque económicamente se trata de proyectos de muy pocos recursos, que no es lo mismo que trabajar para empresas del sector privado. La idea era seguir con ese tipo de proyectos y hasta el momento hemos conseguido trabajar en el campo que nos interesa. Para otras cosas hay otra gente. Tal vez nuestro punto fuerte es que hemos ido encontrando un tono, un conocimiento sobre ciertos temas y una manera de decir las cosas que a la gente le ha gustado y que no es fácil de encontrar en las agencias de comunicación o de publicidad porque seguramente éstas tratarán estos mismos temas con otra sensibilidad.


Por eso la idea es estar donde tenemos un poco más de valor añadido, que lo vamos acumulando al realizar estos proyectos y que nos permite ser más interesantes para ese tipo de organismos en el momento de buscar a alguien que les produzca materiales y campañas. Ojalá podamos mantenerlo siempre.


E.A.: A veces cuesta. Siempre tenemos el debate cuando aparece un cliente de otro tipo y tiene cara de tener dinero pero igual nos da pereza porque no es eso lo que queremos hacer. Entonces pues no lo hacemos porque estamos apostándole a que esto es lo que nos gusta y a hacerlo así. Apostamos a que en un momento dado habrá mejores presupuestos y más proyectos. Estamos dándole la oportunidad a hacer lo que nos gusta como nos gusta.


Vanessa Knorst: No queremos ganar mucho dinero con esto. Queremos movernos haciendo algo que nos gusta. No pensamos cosas como ‘el estudio va a crecer y todo será genial’. La idea es seguir siendo pequeños y hacer proyectos que sean pensados bajo nuestros criterios.


A.d.R.: Queremos encontrar una manera de funcionamiento que no suponga crecer mucho o tener más gastos. Por eso intentamos trabajar en red, como un equipo de gente que empieza el proyecto y con personas que luego se van sumando a éste. Cuesta pero mientras más pasa el tiempo funciona mejor. La primera vez que vas a trabajar con alguien no sabes si va a funcionar pero con el tiempo vas construyendo un equipo. Por ejemplo, en nuestro último proyecto quedamos súper contentos con el equipo de trabajo. Trabajamos con un chico que hizo unas piezas de madera muy bonitas y con este ilustrador de Brasil que cuando nos envió las ilustraciones había hecho exactamente lo que queríamos. Fue increíble. Le habíamos explicado todo en tres palabras y lo interpretó adecuadamente.


La red va creciendo y si estos chicos no están ocupados seguramente trabajaremos con ellos en otros proyectos. Ya podemos contar con más gente.


M.G.: ¿Cuáles son los escenarios tanto temáticos como geográficos en los que ha actuado Iosphera hasta el momento y en cuáles otros le gustaría intervenir?


A.d.R.: Temas culturales, por supuesto. Hemos hecho un proyecto con una orquesta de salsa llamada La Sucursal, que cuando empezaron les hicimos un CD-ROM con una presentación. Era todo un proyecto que queríamos desarrollar alrededor de ellos pero era sólo una iniciativa nuestra en la que no ganábamos nada. Nos interesan mucho los temas que vayan en la misma dirección de aportar algo al desarrollo tanto aquí como en otros países, de mejorar las condiciones de los seres humanos o de limitar daños ambientales. Cualquier cosa que vaya en esta misma línea. Creo mucho en pequeños proyectos como el que hicimos en Ecuador a partir de la experiencia de pequeños municipios, que transforman completamente la manera de vivir de la gente. Es alucinante. También nos interesan cosas que se hagan a nivel mundial. No sé, decisiones en el campo tecnológico o de carácter político que puedan repercutir sobre el medio ambiente.


Lo ideal sería establecer un enlace entre estas temáticas, la manera de transmitirlas y artistas. Nos gustaría establecer vínculos con el arte de manera que en lugar de que una campaña de una organización la diseñe cualquier agencia, el mensaje de ésta lo constituyan piezas producidas por artistas —que son personas que también tienen mucho que decir—. Eso sería genial. Darles a los artistas la oportunidad de transmitir esas ideas.


M.G.: ¿En qué medida el hecho de tener un equipo conformado por personas proveniente de horizontes y formaciones tan distintos ha enriquecido el trabajo de Iosphera?


E.A.: Creo que el hecho de viajar siempre hace que las perspectivas se amplíen. Y las maneras de decir, de oír y de comunicarse con los otros se van multiplicando. En esa medida uno va creciendo no solamente compartiendo con uno mismo sus vivencias, sino también gracias al encuentro con personajes de otros lados que caminan en su misma dirección pero que han visto las cosas de otras formas. Esto enriquece un montón. Por eso es simpático el planteamiento de la red y por eso llegamos a reflexiones del tipo: ‘bueno, aparte de nosotros cuatro, ¿cómo ve este proyecto un brasilero que no conoce el lugar puntual donde éste se desarrolla? ¿Cómo se imagina y cómo reinterpreta una cosa a partir de unas fotos?’. Lo reinterpreta a su manera pero hace un aporte inmenso. La idea es esa con cualquier proyecto que salga de manera que cualquier persona que se pegue, por dondequiera que lo haga, traiga un aporte y su visión para hacer crecer el proyecto porque esto nos genera más preguntas, más respuestas y más ganas de probar otras cosas.


A.d.R.: Sí, tener en cuenta diferentes puntos de vista. Y de todas maneras creo que las mezclas son las que hacen nacer cosas nuevas. Si todo lo que se hace en diseño en Barcelona fuera hecho por gente de Barcelona, pues… Ya vemos fácilmente las tendencias y las cosas que se repiten, que son todas iguales. Están las modas, que son globales. Están tanto aquí como en Bogota o en Säo Paulo. Pero hay mucho más.


V.K.: Nuestro objetivo es común así que tú sacas tus referentes y entre todos crecemos. La mezcla es muy constructiva. Yo vengo de un país totalmente mezclado y la mezcla ya casi que ni se siente.


M.G.: ¿Cómo es el proceso de concepción y producción de las piezas de las campañas y exposiciones?


E.A.: Cuando llega un nuevo proyecto primero nos preguntamos qué vamos a hacer, luego nos ponemos a botar ideas y después nos inventamos algo que al final, cuando miramos atrás, decimos: ‘¡esto es lo que queríamos hacer al principio!’. Claro, nunca terminamos haciendo lo que queríamos hacer al principio porque el presupuesto suele reducirse en el camino. Nosotros nos sentamos, hablamos, proponemos y empezamos a armar una idea.


A.d.R.: Algunos clientes nos pasan un briefing pero hay otros con los que ya hemos trabajado que nos tienen una confianza enorme. Claro que normalmente trabajamos los contenidos con ellos. En los últimos proyectos trabajamos mucho con el cliente para ciertas cosas como textos y contenidos. Algunas veces hacemos mucho más de lo que deberíamos hacer por lo que nos pagan.


V.K.: Algunas veces cuando el cliente nos pasa los contenidos resulta que estos no comunican mucho y que el lenguaje es muy técnico, por lo cual trabajamos mucho en buscar la manera de transmitir el mensaje.


A.d.R.: Algo que sólo hemos podido hacer una vez porque tuvimos un buen presupuesto es contar con un copy para que redacte. Muchas veces por cuestiones de presupuesto no podemos hacer todo como quisiéramos. Hasta ahora el proceso de creación ha sido el resultado de discusiones entre las tres y luego cada una va realizando una parte del trabajo. Pero siempre solucionando las cosas conjuntamente. A futuro intentaremos cambiar un poco para que el trabajo de cada cual sea un poco más específico con el propósito de tener siempre la posibilidad de recurrir a alguien que sea bueno para tal cosa en lugar de querer solucionarlo todo internamente porque lo que nosotros hacemos en una hora seguramente un especialista lo haría mejor en dos minutos. Creo que fortaleciendo la red podemos conseguir definir mejor el trabajo de cada uno. La consolidación de la red permitiría hacerlo sin convertirnos en una gran empresa.


M.G.: ¿Cómo se definen los soportes que se van a utilizar en una campaña o en una exposición?


E.A.: Lo primero es la idea. Siempre tenemos una idea de base y luego empezamos a desarrollar más puntualmente cada parte del proyecto. Entonces en ese momento definimos detalles sobre lo que vamos a hacer y pensamos cómo vamos a hacerlo para que todo quede resuelto.


A.d.R.: Muchas veces tenemos que desarrollarlo todo a la par porque el contenido de la idea que queremos transmitir va al lado de la forma, que seguramente cambiará a lo largo del proceso. Intentamos definir primero el mensaje que queremos transmitir y luego el cómo en grandes líneas. Es entonces cuando definimos si queremos material para leer, algo más audiovisual o piezas con interactividad. Hacia el final normalmente aparece gente que aporta el trabajo más técnico de la fase de producción.


M.G.: ¿Cuál sería el balance de la experiencia de Iosphera hasta ahora?


E.A.: Ha sido una experiencia más que positiva porque nos demuestra que sí se puede trabajar enfocándose en un punto específico, ¿no? Y ayuda a creer más en lo que uno estudió y en lo que uno hace cada día. También nos ha demostrado que se pueden sobrepasar los límites de lo que normalmente se pide y que es posible proponer cosas que vayan un poco más allá. También ha sido positiva en términos de la capacidad de trabajo en equipo, que es fundamental en estos proyectos que son largos y tienen picos de intensidad.


A.d.R.: La verdad es que nos ha ido bastante bien aunque a veces las condiciones no han sido tan fáciles.


E.A.: Para mí particularmente ha sido muy enriquecedor que se pueda hacer un proyecto en un tema interesante y meterle los elementos que más nos interesan a cada uno de los miembros del equipo, conservando siempre la coherencia. Esto nos permite jugar, aprender, ser inventivos y pasarla bien haciendo nuestro trabajo. En cada proyecto aprendo una cantidad de cosas que me cambian la manera de pensar la carrera que estudié porque estar acá no es lo mismo que estar las mismas horas en otro tipo de estudios o de proyectos en los que he estado antes. La satisfacción al final no queda en la cuenta bancaria pero es un trabajo que dan ganas de mostrar y de comentar con la gente. Para mí es muy satisfactorio pasarme las horas haciendo cosas que en realidad me gustan.


A.d.R.: El aprendizaje es súper importante. Por ejemplo, en la campaña sobre la recuperación de la medicina tradicional indígena en Ecuador aprendimos que hay muchas iniciativas de este tipo en América Latina, que las comunidades más apartadas no tienen la cobertura sanitaria suficiente debido tanto a las diferencias culturales como a la lejanía y que al mismo tiempo éstas van perdiendo parte del conocimiento ancestral sobre las plantas. La investigación sobre todos estos temas nos ha parecido súper interesante. También hay un aprendizaje empresarial, que ha sido el más difícil de todos pero que es necesario.


Por otro lado, cuando miramos hacia atrás tenemos esa sensación de que nos gusta todo lo que hemos hecho. Entonces es satisfactorio hacer una pausa y darte cuenta de esto aunque siempre haya muchas cosas que podrían ser mucho mejores.


V.K.: En cualquier tema es fundamental conseguir poner tu discurso al nivel del público en vez de obligarlo a hacer un sobreesfuerzo para que llegue a la información. Esto es bastante difícil cuando el contenido es muy técnico y va dirigido a un público general pero es necesario hacerlo porque la información que estás transmitiendo es muy importante.


M.G.: ¿Podrían contarnos algo con respecto a los proyectos que Iosphera está desarrollando en este momento?


E.A.: Estamos trabajando en un proyecto sobre los objetivos del Milenio de la ONU, que es una iniciativa a nivel educativo más que informativo. La idea es distribuir el material en los colegios a través de los profesores. Desde hace un tiempo circula muchísima información sobre los objetivos del Milenio y sobre cómo no se cumplen según va pasando el tiempo. Creemos que desde la perspectiva que pueden tener los profesores o los estudiantes de un colegio esto no es modificable ni en el corto ni el mediano plazo. Por eso quisimos hacer un planteamiento en el que pudiéramos acercar esos objetivos a las personas para que éstas no sigan creyendo que los cambios tienen que venir de un organismo internacional que está obligado a hacer una serie de cosas para solucionar los problemas de aquí al 2015 y que todo va mal porque no lo está haciendo. Nuestra propuesta consiste en pensar qué podemos hacer desde nuestra cotidianidad para ir modificando esto.


Estamos haciendo un CD-ROM en el que mostramos imágenes de cosas que pasan acá todos los días para suscitar una reflexión acerca de lo que significa lo que está sucediendo. La idea es poner a los niños a pensar en la razón de muchas de esas pequeñas cosas que encuentran en el recorrido de su casa al colegio.


A.d.R.: Sí, la idea es proponer una reflexión que permita aterrizar esos objetivos en valores que el profesor pueda transmitir a los niños para que estos puedan cambiar algo en su entorno inmediato.