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la circulación de la obra de los autores hispanohablantes: los derechos y los libros

Cada cierto tiempo vuelvo sobre un tema que no deja de parecerme preocupante: la dificultad para encontrar en un país del ámbito hispanohablante libros escritos por autores provenientes de otros países donde también se habla español. Por ejemplo, en las librerías uruguayas, guatemaltecas, peruanas, hondureñas o colombianas no es fácil encontrar libros de autores nicaragüenses, chilenos, salvadoreños, venezolanos o mexicanos al menos que se trate de ciertas figuras que garanticen un volumen de ventas enorme o al menos considerable.

 

Esta dificultad es evidente salvo en el caso de unas cuantas figuras pertenecientes al circuito del best seller y de algunas firmas que aunque venden mucho menos gozan de un cierto prestigio a nivel internacional. Si nos ocupamos solamente de autores literarios vivos, en el grupo de los autores cuyos libros se venden masivamente entrarían figuras como Isabel Allende, Javier Cercas, Ildefonso Falcones, Gabriel García Márquez, Javier Marías, Juan Marsé, Eduardo Mendoza, Juan José Millás, Antonio Muñoz Molina, Arturo Pérez-Reverte, Carlos Ruiz Zafón, Javier Sierra y Mario Vargas Llosa; y el grupo de los autores prestigiosos cuyos libros tienen ventas considerables sin llegar a ser best sellers incluiría firmas como a Martín Caparrós, Rodrigo Fresán, Yuri Herrera, Alberto Manguel, Guadalupe Nettel, Andrés Neuman, Edmundo Paz Soldán, Ricardo Piglia, Álvaro Pombo, Elena Poniatowska, Santiago Roncagliolo, Marcela Serrano, Juan Gabriel Vásquez, Enrique Vila-Matas, Juan Villoro o Jorge Volpi.

 

 

 

 

 

Cuando los libros de estos tipos de autores traspasan las fronteras de sus países de origen y llegan a otros territorios del ámbito hispanohablante normalmente lo hacen a través de las filiales locales de los grandes grupos —no sólo PlanetaPenguin Random House y Prisa ediciones*, sino también Ediciones B y el Fondo de Cultura Económica— y de algunas editoriales medianas españolas como Anagrama, RBARoca y Siruela. Y algunas veces los libros de los autores en cuestión también llegan a diferentes países del mundo hispanohablante mediante editoriales más pequeñas como AlmadíaAlpha DecayDuomoEterna CadenciaLa Bestia EquiláteraPáginas de espumaPeriféricaPre-textos o Sexto piso.

 

Hace unas semanas comenté el caso de algunas editoriales argentinas cuyos libros se están distribuyendo en España, lo cual me suscita dos preguntas: ¿hay otros países hispanohablantes a los que hoy en día estén llegando de una manera más o menos continua los libros de estas editoriales argentinas? ¿Cuáles editoriales de países hispanohablantes están exportando actualmente sus libros a otros territorio de nuestro mismo ámbito lingüístico?

 

El problema de circulación que supone la dificultad para encontrar en un país hispanohablante las obras escritas por el grueso de los autores de otros países donde se habla español es típico de un mundo analógico en el que las librerías físicas venden libros en papel. Esta situación podría estar empezando a cambiar con la emergencia de lo digital debido a que a la dinámica tradicional hay que sumarle la venta tanto de libros en papel como de e-books a través de plataformas de comercio electrónico —con respecto a este tema recomiendo leer la entrada “El escenario digital Iberoamericano”, publicada recientemente por Manuel Gil en Antinomias libro—. Si la escasez es lo que define el mundo de las mercancías y las tiendas físicas, en el universo de lo digital lo que prima es la abundancia.

 

La manera como está configurado el mercado editorial hispanohablante así como su fragmentación y su vastedad desde el punto de vista geográfico son algunos de los factores que dificultan la circulación del libro en español. En el caso hipotético de que las condiciones jurídicas y económicas que dificultan la circulación del libro se superaran, habría que preguntarse hasta qué punto la producción editorial de un país es susceptible de despertar el interés de los lectores de otros países. Buscar posibles respuestas a esta pregunta ayudaría a comprender la relación entre la oferta y la demanda en el mercado de cada país así como en todo el ámbito hispanohablante.

 

 

 

 

 

 

Hasta ahora casi siempre he abordado esta dificultad en clave de editoriales y libros. Es decir, que la mayoría de las veces que he reflexionado sobre este problema me he centrado en la exportación de libros por parte de las editoriales. He estado pensando fundamentalmente en el caso de editoriales que exportan o que están interesadas en exportar los libros que publican para que éstos lleguen a países distintos del suyo.

 

¿Y si al abordar este problema me enfoco en las agencias literarias y en los derechos en lugar de centrarme en las editoriales y en los libros? Al fin y al cabo como actor de la cadena de valor las agencias literarias son intermediarios fundamentales que tienen a su cargo la función de facilitar la llegada del trabajo de sus representados a tantos mercados como sea posible —aunque hay que decir que en el ámbito hispanohablante muchos autores siguen sin recurrir a ellas—. En este caso el negocio de la internacionalización de la obra de los autores está directamente en manos de las agencias literarias que los representan, que les venden los derechos a las editoriales para que comercialicen los libros que publican en los territorios geográficos cubiertos por los contratos. Es decir, que el negocio de las editoriales se circunscribe a los límites de territorios específicos —normalmente sus países de origen y algunos otros donde operan o distribuyen su producción—.

 

 

 

 

 

 

Estamos frente a dos negocios distintos pero complementarios entre sí: por un lado, la exportación de libros por parte de las editoriales; y, por el otro, la venta de derechos por parte de las agencias literarias. En ambos negocios se está buscando conseguir que las obras de los autores de un país determinado lleguen a países diferentes del suyo y alcancen a un mayor número de lectores, lo cual beneficia tanto a las agencias literarias como a sus representados —aunque no siempre a las editoriales—. No sobra decir que al final los lectores terminan siendo los grandes beneficiados del acceso a una oferta amplia y diversa de obras de autores provenientes de diferentes países.

 

Al partir los derechos geográficamente se reparte su explotación entre varias editoriales que operan en territorios diferentes, de manera que el ámbito de actuación de éstas se limita acotando la cobertura de los contratos. La partición geográfica de los derechos no sólo fortalece el negocio de las agencias literarias que son intermediarios necesarios en cualquier iniciativa de comercialización de las obras de los autores que representan, sino que además podría tener el efecto colateral de contribuir a contener las intenciones expansionistas de algunas editoriales. Me pregunto qué es más conveniente para los autores: que sus derechos estén en manos de un sólo editor cuya distribución tenga una cobertura geográfica amplia o que se repartan por países entre varios editores distintos. Supongo que las opiniones frente a este tema están bastante divididas.

 

Debido a los costes y a los plazos que suponen el transporte y el almacenamiento de mercancías físicas, a algunas dificultades de carácter jurídico y a las fluctuaciones de las tasas de cambio de divisas, creo que en muchos casos la exportación de libros puede llegar a ser una operación terriblemente ineficiente que termina convirtiéndose en un lastre. En el caso de los grandes grupos está claro que su estructura, su dimensión y los recursos que tienen a su disposición les permiten gestionar las exportaciones con un riesgo controlado y una mayor eficiencia. Yo me inclino más hacia el modelo de partición geográfica de los derechos y hacia la puesta en marcha de iniciativas de coedición entre distintos editores de países diferentes.

 

Hay que tener en cuenta que la emergencia de lo digital les facilita a los lectores de todo el mundo el acceso a los libros en español sin importar dónde se encuentren o cuál sea su lengua materna, lo cual puede suponer una oportunidad particularmente interesante tanto en los países donde hay minorías hispanohablantes como en aquellos en los que existe un interés creciente por nuestra lengua. Por tratarse de un mercado más bien disperso, está claro que en este escenario el comercio electrónico y los e-books juegan un papel clave —ver los datos con respecto al número de hablantes de español por país—.

 

 

 

 

 

 

 

Lo digital también les permite a los autores tener un escaparate propio para exhibir su producción: ideas sueltas, reflexiones, colaboraciones en medios, works in progress y obras terminadas —permitiendo el acceso bien sea a fragmentos de éstas o bien a su totalidad—. Al tener un escaparate propio vía páginas Web personales, blogs y perfiles en redes sociales los autores pueden construir audiencias y generar una relación fluida y dinámica con los miembros de éstas. Lo que no está claro es que la capacidad que hoy en día tienen los autores de exhibirse, de construir una marca, de posicionarse y de dar a conocer su trabajo se traduzca en ventas.

 

De las personas que le dedican pequeños fragmentos de su atención a leer gratuitamente cada cosa que publica un autor en la Web o que dicen ser sus fans, ¿cuántas compran sus libros o por lo menos están dispuestas a comprarlos? Si planteo esta pregunta es porque considero que con frecuencia se sobredimensionan algunas de las implicaciones que le atribuimos al hecho de vivir en un mundo global e hiperconectado en el que nos relacionamos de manera espontánea y con muy pocos de intermediarios de por medio.

 

Habría que examinar en detalle qué pasa con los autores que al decidir autopublicarse acceden al mercado sin pasar por las agencias literarias ni por las editoriales. Al parecer los autores que se dedican a escribir literatura de género o ciertos tipos específicos de no ficción —básicamente sobre actualidad, management, autoayuda o temas prácticos— no sólo son más proclives a entrar en estas dinámica que que quienes escriben ficción literaria, sino que además tienen mejor suerte que éstos en términos de ventas. Muchos autores que se autopublican tienen el objetivo de entrar al circuito de la edición tradicional, por lo que la probabilidad de éxito y el alcance de su carrera pueden depender en gran parte de la mediación de una agencia literaria en su relación con las editoriales.

 

* nota: el pasado 19 de marzo Penguin Random House anunció la compra de la división de ediciones generales de Santillana. Ver los detalles de la operación en las notas de prensa emitidas por Penguin Random House y Santillana.

jueves, noviembre 14, 2013 categorizado bajo distribución, e-commerce, periodismo

“el lado oscuro de amazon”: reseña en el cultura/s, de la vanguardia

Todos dicen que Amazon es “el enemigo común”: agentes literarios, editores, distribuidores y libreros. Y también sus competidores en el negocio tanto del comercio electrónico como de la venta de contenidos digitales. Como señala David Streitfeld en el blog Bits de The New York Times, ‘quizás era inevitable que Amazon tuviera una relación difícil con los editores de libros. Los editores son analógicos, Amazon es digital. Los editores son Nueva York, Amazon es Seattle. Los grandes editores tradicionales no sabían mucho acerca de sus clientes y en realidad no les importaba. Amazon sabe mucho acerca de sus clientes y le saca el máximo provecho’.

 

Llevamos un tiempo oyendo hablar con cada vez más frecuencia e insistencia de la manera como Amazon está bien sea acabando con el negocio de la industria editorial o bien quedándose con él —si no totalmente, al menos en parte—. Pero en esta ocasión no quiero hablar de la industria editorial. El tema del que voy a ocuparme esta vez son las políticas laborales de Amazon y las condiciones en las que trabajan decenas de personas en sus almacenes logísticos. Justamente de esto se trata En los dominios de Amazon, el libro de Jean-Baptiste Malet publicado recientemente por Trama editorial en su colección Tipos móviles.

 

 

 

 

 

 

En el número de ayer del suplemento cultura/s de La Vanguardia apareció la reseña “El lado oscuro de Amazon”, en la que doy cuenta de mi lectura personal de En los dominios de Amazon. Los invito a leer esta reseña, que es además una invitación a reflexionar sobre las implicaciones que tiene hoy en día cada una de las decisiones que tomamos como consumidores —un tema al que ya me referí hace un par de meses en la entrada “experiencia de compra y elección racional: hacia un consumo reflexivo”—.

 

Así empieza la reseña:

 

‘Poco antes de las fiestas navideñas de 2012 el periodista Jean-Baptiste Malet se infiltró como temporero en el almacén logístico de Amazon de la ciudad francesa de Montélimar. Tras pasar un minucioso proceso de selección, en su primer día de trabajo Malet entra al almacén “decidido a romper el secreto que Amazon ha guardado tan minuciosamente alrededor de sus actividades logísticas”. En los dominios de Amazon recoge el testimonio de esta experiencia, así como una serie de reflexiones con respecto a las prácticas de la compañía y a los métodos que ésta utiliza para alcanzar sus objetivos. Malet pone en evidencia el dispositivo puesto en marcha cada vez que un consumidor compra en Amazon un libro, un DVD, un jersey o una batidora para que éste conozca esa secuencia de movimientos invisible desde su pantalla que hace posible que reciba su pedido al cabo de pocos días’.

 

Si el tema les interesa, en el blog de la revista Texturas pueden encontrar una recopilación de contenidos sobre En los dominios de Amazon que han sido publicados en distintos medios.

 

 

 

 

 

 

Gracias al equipo de Trama editorial por mandarme En los dominios de Amazon, a Sergio Vila-Sanjuán por encargarme la reseña para el cultura/s y a Ramon Homs por enviarme el PDF de la publicación —que puede descargarse apretando aquí.

viernes, abril 4, 2008 categorizado bajo distribución, edición, editores, editores independientes, industria editorial

sp distribuciones y sp revista de libros: saltando fronteras

Hace unas semanas el editor venezolano Leroy Gutiérrez anunció en su blog Sobre edición la aparición en México de SP Distribuciones y SP Revista de Libros. Si yo fuera un lector mexicano, estaría muy contento por poder acceder en tan buenas condiciones a algunos de los mejores fondos editoriales que se están construyendo en este momento en la edición literaria en España. ¿Será que SP Distribuciones contempla la idea de llevar sus libros a otros países latinoamericanos?

Ayer tuve la alegría de recibir un ejemplar del número 0 de SP Revista de Libros que me envió desde Madrid el editor colombiano Santiago Tobón, de Sexto Piso. Dice la presentación de la revista:

‘SP Distribuciones y SP Revista de Libros nacen de manera conjunta como parte de un proyecto y un esfuerzo por acercar a los lectores mexicanos textos esenciales y de gran calidad que por diversas razones hasta el momento no han tenido gran presencia en nuestro país. La intención es que los libros de las siete editoriales que componen el proyecto en su inicio Gadir, Impedimenta, Libros del Zorzal, Nórdica, Periférica, Sexto Piso y Tumbona— puedan tener la mayor visibilidad y circulen entre lectores ávidos de conocer propuestas literarias muy diversas que encuentran su punto de confluencia en el propósito de no ofrecerles más que textos de gran nivel, tanto desde el punto de vista del contenido como del de poner el mayor empeño posible en cuidar al libro como objeto.


SP Distribuciones surge con dos ideas fundamentales que funcionan como ejes rectores de su accionar:


– Conformar un catálogo de editoriales afines cuyas propuestas se fundamentan en el gusto por los buenos libros y por la literatura de calidad ()


– Que el precio de venta de los libros sea el mismo del país de origen, de manera que los lectores mexicanos no tengan que pagar más de lo que desembolsaría por adquirir ese título un lector del país en el que se publicó inicialmente. Creemos que ya hay suficientes fronteras —muy a menudo burocráticas, ideológicas o incluso chovinistas— que obstaculizan un flujo continuo de la buena literatura entre distintos países como para que el precio de los libros se convierta en uno más’.


El número 0 de SP Revista de Libros incluye una reflexión de Antonio Ramírez de la librería La Central, una entrevista con Mario Bellatin y textos de Jonathan Lethem, Fogwill, Dino Buzzati, Ofelia Grande de Andrés, Élmer Mendoza, Stendhal, Strindberg, Bataille, Emiliano Monge, Alessandro Baricco y Margo Glantz.

Santiago también me envió un ejemplar del libro La Librería de los Escritores —coeditado por Edicions de La Central y Sexto Piso—, que empecé a leer anoche mismo y que desde ya recomiendo.

la posición dominante de amazon y su próxima jugada: atacar con la impresión bajo demanda

Amazon está en el ojo del huracán debido a lo que se ha sabido hace unos días con respecto a su próxima jugada en el campo de la impresión bajo demanda: vender sólo aquellos libros que sean impresos en BookSurge, la empresa de print on demand —POD— que le pertenece desde hace unos meses.

Con esta medida Amazon estaría aprovechando su posición dominante en el mercado de la distribución en línea para consolidar un monopolio mediante la imposición de unas reglas que al poner a los editores contra la pared, le permitirían extender su control al mercado de la impresión bajo demanda.


El asunto es delicado y me hace pensar en una entrada de Eduardo Arcos que leí la semana pasada en el blog ALT1040, cuyo título es “Algún día odiaremos a Apple y Google”. Con respecto a dos de las empresas del sector tecnológico que cuentan con una mejor reputación entre los usuarios, Arcos dice lo siguiente:

Microsoft es la empresa favorita para odiar estos días, en los 70’s no existían y esa posición la tenía IBM. Hoy me encuentro con un interesantísimo artículo escrito por Don Reisinger, donde hace un repaso a la historia y llega a la obvia conclusión: algún día odiaremos a Apple y a Google.


Ya sea por las cuestionables prácticas que estas dos empresas últimamente tienen, aún cuando digan que “son buenos”. Al final las empresas son empresas y aunque nuestros deseos consumistas nos impulsen a convertirnos en fanboys llegará el momento en que muchos nos preguntemos qué pensábamos cuando defendíamos con pasión a Google’.


El tema es interesante y seguramente va a dar mucho de qué hablar durante los próximos días, así que a quienes estén interesados en profundizar en él les recomiendo leer las entradas que desde distintas perspectivas han escrito recientemente en sus blogs tres expertos españoles en todo lo relacionado con la actividad editorial en un sentido amplio, la evolución de la economía de Internet y la manera como ésta afecta al sector de la edición:

– Enrique Dans: “Amazon, BookSurge y la tentación del monopolio”


– José Antonio Millán: “Amazon aprieta en su POD”


– Joaquín Rodríguez: “Monopolio amazónico”


Vale la pena estar pendiente de lo que digan en su momento estos tres analistas sobre la evolución de esta situación. Por ahora aprovecho la ocasión para citar algunos extractos de sus reflexiones.

Dice Enrique Dans:

‘Ante la importancia de los movimientos en el sector, Amazon parece haber sentido la necesidad de utilizar su posición liderazgo online para apalancar su negocio de POD, basado en su adquisición de BookSurge, y ha decidido, según informan algunos escritores, amenazar a quienes utilizaban otros servicios de POD con la eliminación del botón “Buy” de sus libros en Amazon si no aceptan utilizar los servicios de BookSurge (Slashdot, VBW Publishing, WritersWeekly). Esto significaría un grave perjuicio para la distribución de sus libros, dado que únicamente podrían estar disponibles para su venta en Amazon a través de canales indirectos (resellers), y les haría no cualificar, en la mayor parte de los casos, para ofertas de gran éxito de Amazon como el envío gratuito. El movimiento, obviamente, no está exento de polémica: no sólo exige a las editoriales trabajar con varios formatos diferentes y reemplazar los ficheros de los libros que están ya a la venta en Amazon, sino que choca además con la polémica sobre la inferior calidad de las ediciones producidas por BookSurge’.


Dice José Antonio Millán:


‘Muchas pequeñas editoriales en Estados Unidos usan Amazon para vender sus libros, que se imprimen sobre pedido. Sus títulos los publicitan en su propio sitio web, con un botón que indica “Comprar en Amazon”: Amazon obtiene de esta venta su correspondiente comisión, y todos contentos.


La actual medida, que intenta reforzar su BookSurge, puede que resulte lógica para Amazon, pero está creando irritación sin límites entre los editores y autores que vendían sus libros impresos por otras compañías (como Lulu.com) en la librería online’.


Dice Joaquín Rodríguez:

‘Amazon pretende afianzar su posición de fuerza en el mercado digital no solamente mediante el Kindle, que reproduce el modelo de negocio de ITunes al distribuir a través de un solo soporte propietario todos los contenidos que su almacén virtual contiene, sino, también, mediante la prescripción a todos los editores del uso obligatorio de BookSurge, una imprenta digital o bajo demanda que producirá todos los libros de los editores que quieran acogerse a los beneficios que la comercialización a través de Amazon pueda ofrecer

Ni los editores ni los escritores norteamericanos parecen excesivamente contentos con un mandato que pretende que todos los contenidos que se adquieran en formato analógico y que requieran, por tanto, de impresión, sean producidos, en exclusividad, por una empresa propiedad de Amazon, evitando de esa manera cualquier clase de competencia (como la que podía ejercer hasta ahora, por ejemplo, Lightning Source) y robusteciendo un modelo de negocio monopolístico y clausurado sobre sí mismo, al convertirse, de hecho, en el único distribuidor de los contenidos que vende, digitalmente, sea en un soporte estrictamente digital, como el Kindle, sea mediante la impresión digital en papel’.

edición 2.0. los futuros del libro [ 3 ] / ¿por qué tendremos libro en papel durante un buen tiempo más?

¿Por qué hasta el momento todos los modelos de libro electrónico que se han lanzado al mercado han fracasado?

Joaquín Rodríguez ofrece una respuesta interesante en la entrada de su blog titulada “Breve historia del libro electrónico (I):

‘Entre los años 1999 y 2006 hemos vivido, seguramente, la fulgurante y brevísima historia de la primera fase del libro electrónico. Multitud de dispositivos nacieron, se lanzaron, se intentaron vender, fracasaron y desaparecieron, todo en el cortísimo plazo de cinco o seis años. Las leyes elementales de la promoción dicen que cualquiera sea la cosa que se lance e intente vender, debe hacerse pasar por insustituible e imprescindible y, si cabe, debe suplantar su identidad para hacerse pasar por lo que no es (cuánto sabemos de esto los lectores que nos enfrentamos a los centenares de novedades comerciales lanzadas por las editoriales que se quieren hacer pasar por suceso editorial de primer orden). Es cierto que en la brevísima historia del libro electrónico hubo demasiado de promoción y poco de reflexión sobre las necesidades estructurales verdaderas de los posibles receptores, que la inercia de la tecnología y sus descubrimientos ignoró esa regla básica que dice que no ha habido invento en la historia que se haya asumido plenamente sin que haya habido necesidad de hacerlo (las oficinas de patentes son testigos mudos de la multitud de inventos innecesarios que concibe el hombre), que las guerras de las incompatibilidades y las tecnologías propietarias llevaron a un callejón sin salida a la mayoría de los dispositivos, que además, sólo servían para un propósito —de ahí la horrible denominación de dispositivos dedicados—, el de leer textos en el formato propietario del mismo fabricante que había construido el dispositivo, que la oferta de títulos que podían descargarse de la red —en sitios, la mayor parte de las veces, propiedad de los mismos fabricantes— era escasa y poco atractiva.’.

Edición 2.0. Los futuros del libro, pp. 138 – 139

Melusina

Barcelona, 2007

En síntesis, seguimos a la espera de un libro electrónico que se ajuste a las necesidades del usuario en términos de portabilidad, comodidad para la lectura, accesibilidad a contenidos, usabilidad, interoperabilidad y precio. Kindle parece significar un avance en algunos de estos aspectos y el tiempo dirá en qué medida soluciona cada uno de estos problemas.

En una entrevista a Lawrence Lessig que Rodríguez reproduce, el creador de la licencia Creative Commons se refiere a la convivencia entre antiguos y nuevos soportes, que explicaría por qué si en algún momento el libro electrónico consigue convertirse en un dispositivo de uso popular por lo menos durante un tiempo no sustituirá al libro en papel. Dice Lessig que ‘las nuevas tecnologías no siempre sustituyen a las antiguas. La radio, es un ejemplo, sobrevivió a la introducción de la televisión’.