archivo de la categoría “periodismo”

jueves, noviembre 14, 2013 categorizado bajo distribución, e-commerce, periodismo

“el lado oscuro de amazon”: reseña en el cultura/s, de la vanguardia

Todos dicen que Amazon es “el enemigo común”: agentes literarios, editores, distribuidores y libreros. Y también sus competidores en el negocio tanto del comercio electrónico como de la venta de contenidos digitales. Como señala David Streitfeld en el blog Bits de The New York Times, ‘quizás era inevitable que Amazon tuviera una relación difícil con los editores de libros. Los editores son analógicos, Amazon es digital. Los editores son Nueva York, Amazon es Seattle. Los grandes editores tradicionales no sabían mucho acerca de sus clientes y en realidad no les importaba. Amazon sabe mucho acerca de sus clientes y le saca el máximo provecho’.

 

Llevamos un tiempo oyendo hablar con cada vez más frecuencia e insistencia de la manera como Amazon está bien sea acabando con el negocio de la industria editorial o bien quedándose con él —si no totalmente, al menos en parte—. Pero en esta ocasión no quiero hablar de la industria editorial. El tema del que voy a ocuparme esta vez son las políticas laborales de Amazon y las condiciones en las que trabajan decenas de personas en sus almacenes logísticos. Justamente de esto se trata En los dominios de Amazon, el libro de Jean-Baptiste Malet publicado recientemente por Trama editorial en su colección Tipos móviles.

 

 

 

 

 

 

En el número de ayer del suplemento cultura/s de La Vanguardia apareció la reseña “El lado oscuro de Amazon”, en la que doy cuenta de mi lectura personal de En los dominios de Amazon. Los invito a leer esta reseña, que es además una invitación a reflexionar sobre las implicaciones que tiene hoy en día cada una de las decisiones que tomamos como consumidores —un tema al que ya me referí hace un par de meses en la entrada “experiencia de compra y elección racional: hacia un consumo reflexivo”—.

 

Así empieza la reseña:

 

‘Poco antes de las fiestas navideñas de 2012 el periodista Jean-Baptiste Malet se infiltró como temporero en el almacén logístico de Amazon de la ciudad francesa de Montélimar. Tras pasar un minucioso proceso de selección, en su primer día de trabajo Malet entra al almacén “decidido a romper el secreto que Amazon ha guardado tan minuciosamente alrededor de sus actividades logísticas”. En los dominios de Amazon recoge el testimonio de esta experiencia, así como una serie de reflexiones con respecto a las prácticas de la compañía y a los métodos que ésta utiliza para alcanzar sus objetivos. Malet pone en evidencia el dispositivo puesto en marcha cada vez que un consumidor compra en Amazon un libro, un DVD, un jersey o una batidora para que éste conozca esa secuencia de movimientos invisible desde su pantalla que hace posible que reciba su pedido al cabo de pocos días’.

 

Si el tema les interesa, en el blog de la revista Texturas pueden encontrar una recopilación de contenidos sobre En los dominios de Amazon que han sido publicados en distintos medios.

 

 

 

 

 

 

Gracias al equipo de Trama editorial por mandarme En los dominios de Amazon, a Sergio Vila-Sanjuán por encargarme la reseña para el cultura/s y a Ramon Homs por enviarme el PDF de la publicación —que puede descargarse apretando aquí.

miércoles, febrero 20, 2013 categorizado bajo periodismo, prescripción, verificación de datos

la verificación de datos y la credibilidad en la producción de contenidos

¿Qué tienen en común la acusación del escritor Suso de Toro contra el crítico Ignacio Echevarría en el artículo “Sobre los placeres del látigo”, el caso “Amy Martin” protagonizado por la escritora Irene Zoe Alameda y por su esposo Carlos Mulas —que hasta el estallido del escándalo dirigía la Fundación Ideas— y la reciente publicación en la primera página del diario El País de una una foto falsa en la que se veía al presidente venezolano Hugo Chávez entubado en una cama de hospital?

 

 

 

 

En los tres casos el dispositivo de verificación de datos —conocido en inglés como fact checkingparece haber fallado en algún momento. De hecho, en dos de ellos probablemente este dispositivo ni siquiera se puso en marcha.

 

Presuntamente de Toro no se tomó el trabajo de releer la crítica de su novela Trece campanadas que erróneamente le atribuyó a Echevarría en su artículo “Sobre los placeres del látigo” —publicado a mediados de diciembre pasado en Diario Kafka—; presuntamente en la Fundación Ideas se investigó muy poco o casi nada sobre la trayectoria de Amy Martin antes de contratar (según han afirmado algunos medios) por varias decenas de miles de euros sus servicios de escritura —asumiendo que es cierto todo lo que dice Zoe Alameda en el comunicado en el que reveló que ella era quien se escondía detrás de ese seudónimo, aunque quizás no lo sea—; y, presuntamente, la agencia Gtres Online fue engañada por la persona que le proporcionó la foto falsa de Chávez por la que se rumorea que El País pagó unos cuantos miles de euros.

 

Hay algo que falla en los tres casos. Se trata de errores que podrían haberse evitado con un poco más de rigor en el manejo de la información, particularmente en lo concerniente a la verificación de datos.

 

 

 

 

 

Nunca se habían producido tantos contenidos como ahora y debido al fácil acceso a éstos nunca antes habíamos tenido al alcance de la mano tantas herramientas al servicio de la verificación de datos, que es una tarea a la que hoy en día se le debería dar la mayor importancia. Actualmente una porción importante de la información que forma parte de la esfera pública es verificable con relativa facilidad mediante una búsqueda en Internet, lo cual permite zanjar rápidamente muchas discusiones que antes podían prolongarse durante horas. Basta con tener un par de pistas, con echar mano de una pequeña dosis de intuición y con utilizar unos términos de búsqueda que remitan con más o menos precisión al campo de la cuestión que se pretende resolver —si el primer intento falla, para dar con la respuesta que se busca suele ser necesario hacer como mucho dos o tres más dependiendo de la complejidad de la consulta—. Aunque también es cierto que hay ámbitos en los que el acceso a la información no está al alcance de cualquiera, lo cual dificulta la verificación sobre todo cuando no se cuenta con respaldos institucionales y/o corporativos o con conexiones de alto nivel que permitan bien sea entrar en contacto con los protagonistas y expertos del caso que se está investigando para recoger sus declaraciones o bien acceder a fuentes documentales confiables en relación con éste.

 

Si asumimos que la credibilidad es el capital más valioso que tienen quienes producen contenidos o generan opinión, el coste de una imprecisión en los datos como consecuencia de una omisión o de un descuido en la verificación puede llegar a ser altísimo. De Toro no tardó en reconocer su metedura de pata en el artículo “Agujeros negros, literatura y política” en el que calificó su artículo anterior de ‘desafortunado’, la Fundación Ideas anunció mediante un comunicado la destitución de Carlos Mulas —de quien Zoe Alameda afirmó que en 2009 estaba separada sentimental y físicamente— y El País no sólo retiró la falsa foto de Chávez y les pidió disculpas a sus lectores sino que además hizo un relato del que considera ‘uno de los mayores errores de su historia’. Supongo que a pesar de las rectificaciones públicas y de los mea culpa hechos a posteriori de Toro, la Fundación Ideas y El País tuvieron que asumir algún coste por su error: además de que sus detractores, opositores y/o enemigos seguramente encontraron una oportunidad perfecta para saltarles a la yugular, lo normal sería que su credibilidad se hubiera visto afectada negativamente como consecuencia no sólo de los hechos en sí mismos sino también de los cuestionamientos y de las acusaciones que éstos provocaron.

 

Con respecto a Zoe Alameda, si en lugar de una muestra de cinismo puro y duro su comunicado es una declaración honesta y sincera podríamos calificar su caso como un intento fallido de juego metaliterario. Tras explicar el origen de Amy Martin, Zoe Alameda dice en su comunicado:

 

‘Mi pretensión era mantener a Amy Martin activa a lo largo de toda mi vida, de mantener una doble. Para ella, por ejemplo, estaba escribiendo un libro de investigación política en Senegal. La idea era comparar, al cabo de las décadas, los rastros dejados por una autora real (yo) y una ficticia. Como he dicho, en gran parte sobre esta premisa se erige la novela Warla Alkman‘.

 

Presumiblemente para reafirmar su compromiso con su ingenioso juego metaliterario y su intención de llevarlo hasta las últimas consecuencias pero tal vez también para mostrar que es responsable no sólo como autora sino también como ciudadana, Zoe Alameda luego añade:

 

‘Asumo, en cualquier caso, cuantas consecuencias puedan venir sobre mí a causa de mi atrevimiento al haber creado, al modo en que se narra en mi próxima novela, una autora ficticia. Públicamente pido perdón por haber inventado y hecho trabajar a Amy Martin’.

 

 

 

 

Pero estoy desviándome del tema que me ocupa, así que si les interesa el comunicado de Zoe Alameda mejor léanlo ustedes mismos —los dos fragmentos que he citado son sólo muestras en las que me he apoyado para ilustrar mis planteamientos pero les aseguro que al leerlo se encontrarán montones de perlas como éstas e incluso mejores—.

 

El bombardeo continuo de contenidos al que estamos expuestos actualmente y la inmediatez de un medio como Twitter a menudo pueden llevarnos fácilmente a caer en el error de divulgar sin verificación previa información no confirmada o de darla por verdadera cuando en realidad es bien sea falsa o bien de dudosa veracidad. El pasado viernes 15 de febrero yo mismo me pregunté por la veracidad de la información que había tuiteado con respecto a los abusos cometidos por los guardias de seguridad de un almacén de Amazon en Alemania. Tras haber tuiteado sin pensarlo mucho el artículo “Amazon ‘used neo-Nazi guards to keep immigrant workforce under control’ in Germany” publicado en el periódico británico The Independent me planteé la posibilidad de que lo que se decía en él fuera parcial o totalmente falso. Casos de este tipo ponen en evidencia los riesgos que corremos no sólo como público sino también como difusores debido a lo poco que en ocasiones reflexionamos a la hora de divulgar la información que recibimos así como a la velocidad a la que ésta circula por las redes.

 

 

 

 

El lunes 18 de febrero The Bookseller disipó mis dudas con un artículo según el cual Amazon rompió su relación contractual con Hensel European Security Services (HESS), la firma encargada de la seguridad de algunos de sus almacenes en Alemania como consecuencia de las denuncias con respecto a los actos de intimidación y discriminación que sus guardias habían cometido contra algunos trabajadores españoles contratados temporalmente para la campaña navideña.

 

Aquellos productores de contenidos que aspiren a tener un cierto grado de credibilidad, autoridad y prestigio e incluso a convertirse en generadores de opinión deben demostrar que conocen aquellos temas de los que se ocupan y que tienen un criterio sólido, gestionar la información con cuidado y rigor y desarrollar la capacidad de asumir la responsabilidad de los errores que cometen en lugar de limitarse solamente a esperar el reconocimiento de sus aciertos. Siempre tenemos la posibilidad de gestionar la información a la ligera y de introducir en cada frase expresiones como presuntamente, se rumorea, quizás, supuestamente, se sospecha, probablemente, al parecer, presumiblemente o entre dimes y diretes para zafarnos de nuestra responsabilidad pero las chapuzas de este tipo al final nunca dejarán de pasarnos factura.

 

Una pregunta antes de terminar: ¿hay alguien que comparta conmigo la fascinación por el oficio de la verificación de datos?

un libro 100% americano: anotaciones sobre sam no es mi tío

En algún momento del verano de 2012 me enteré vía Twitter de la publicación de Sam no es mi tío por parte de la filial estadounidense de Alfaguara, cuya sede se encuentra en Miami. Sam no es mi tío me llamó la atención desde el principio debido a mi interés por la crónica periodística, a su planteamiento temático, a su enfoque y a la naturaleza y ubicación de la editorial que lo publicó. Por otro lado, tanto el título como la portada del libro me parecieron bastante sugestivos porque ponen en evidencia la relación de amor y odio que muchas de las personas del resto de países americanos tenemos con Estados Unidos.

 

 

 

 

Sam no es mi tío —cuyos editores son Diego Fonseca y Aileen El-Kadi— es un volumen compuesto por 24 crónicas de igual número de autores de distintos países americanos. En la selección de los autores parece no haber ningún interés por cumplir cuotas de género o de países de origen: se trata de 5 mujeres y 19 hombres nacidos en 9 de los 35 países del continente —Argentina (4), Bolivia (1), Brasil (3), Colombia (2), Chile (3), Estados Unidos (2), Guatemala (1), México (6) y Perú (2)—. Al parecer los editores no aplicaron medidas de discriminación positiva para obtener un buen resultado en el índice de paridad de género (IPG) o para evitar polémicas en torno a nacionalidades hegemónicas y subordinadas dentro del continente americano.

 

Revisando las biografías de los autores queda claro que en el caso de varios de ellos las variables “lugar de nacimiento” y “nacionalidad” pueden llegar a ser bastante irrelevantes debido a su condición de inmigrantes —está claro que algunos están siguiendo los pasos de sus padres y abuelos—. De hecho, en su crónica Hernán Iglesias Illa (Buenos Aires, 1974) hace un relato y una serie de observaciones sobre la ceremonia de juramento a la Constitución de Estados Unidos en la que obtuvo la nacionalidad estadounidense —’el texto dice en un momento que los aquí presentes “renunciamos y abjuramos” de nuestras nacionalidades anteriores y nosotros lo repetimos, sabiendo que no lo vamos a hacer’—.

 

Aunque supongo que estos 24 autores no hablan en representación de ningún colectivo —social, político, religioso, nacional, etc.— y la mayoría de las crónicas parte de historias personales, seguramente para muchos lectores de cualquier país americano será fácil identificarse con algunos de ellos —pienso sobre todo en quienes han tenido acceso a las universidades estadounidenses o han aspirado a hacerlo—, con las historias que cuentan o con los protagonistas de éstas.

 

Es interesante que un libro como Sam no es mi tío que recoge crónicas en las que autores provenientes de distintos lugares de América se enfrentan al fantasma de Estados Unidos salga de la filial estadounidense de un gran grupo editorial español que tiene una presencia fuerte en una buena parte de los países del continente. Como explica más adelante Diego FonsecaAlfaguara USA les suministra a las filiales de los distintos países latinoamericanos los ejemplares de Sam no es mi tío que éstas soliciten para satisfacer la demanda local de sus respectivos mercados —salvo en el caso de la argentina, que recientemente hizo una edición propia—.

 

Sospecho que Sam no es mi tío puede conectar fácilmente con un cierto tipo de lector latinoamericano debido no sólo a la tradición de cronistas y al auge de la crónica periodística que hay en la región, sino también a que en América Latina la relación con Estados Unidos en muchos sentidos ha sido, es y seguirá siendo un problema irresuelto. Aunque Sam no es mi tío aborda un tema que en principio poco o nada tiene que ver con su realidad, el lector español contemporáneo también podría interesarse por este libro debido tanto a la creciente popularidad de la crónica periodística en España como al fenómeno migratorio que desde hace un par de años viene provocando la crisis económica. Según la página Web de Alfaguara, en este momento Sam no es mi tío sólo está disponible en España en formato digital.

 

A continuación reproduzco las respuestas de Diego Fonseca a unas preguntas que le hice con respecto a Sam no es mi tío:

 

Martín Gómez: ¿En qué momento, por iniciativa de quién y con qué motivación surge el concepto del libro Sam no es mi tío?

 

Diego Fonseca: En 2008, la revista que me empleaba en Miami se presentó en quiebra. Me habían llevado desde México, donde vivía, con un plan ambicioso de posicionamiento en América Latina. Habló George W. Bush ante el Congreso, la crisis apretó, Wall Street perdió todos los ladrillos y la publicidad para América Latina se congeló. Lo que siguió fue una llamada de los directores de la revista para avisarme que no podían seguir. Fue a las diez de la mañana de un domingo, en mi primer día de luna de miel en el desierto de Arizona. Tenía que contar esa historia pero no di con medios que publicaran largo formato en español en Estados Unidos. El grueso de los cronistas y escritores latinos que vivíamos entonces allá, de hecho, colaborábamos con medios latinoamericanos. Por ende, había una inteligencia viva sin muchos canales en el país: se me ocurrió que ese canal podría ser un libro. Dos años después, en 2010, lo conversamos con Aileen y comenzamos a producirlo. La idea fue retratar la relación de los latinos e hispanos con Estados Unidos sin corsés: múltiples agendas, múltiples miradas. Que la crónica permitiese mostrar la relación entre la nación hegemónica y su antiguo patio trasero. Qué vemos ahora, cómo nos relacionamos ahora, cómo es vivir dentro de Estados Unidos, cómo un individuo afirma su presencia, negocia su conflicto con una cultura receptora.

 

M.G.: ¿Qué criterios se utilizaron para escoger a los cronistas incluidos en Sam no es mi tío y para definir los temas que éstos abordarían en sus crónicas?

 

D.F.: Variados. Queríamos salirnos de la agenda de la migración indocumentada per se, pero no escaparle. No nos interesaba retratar, por ejemplo, agendas más tradicionales, como la de Cuba-Estados Unidos, que ya tiene bastante literatura producida. Miramos al migrante y su relación con el país, con otros migrantes; su propio yo en negociación con la vida diaria. Cómo es hacerse ciudadano sin ser perseguido, cómo se desmitifica la idea de que hay malos de un lado y buenos sólo del otro. De qué manera exhibíamos la dureza de ser un migrante con poca capacidad para capear los abusos y la listura del que es capaz de valerse de los huecos del sistema. Si algo hay en el libro es la exhibición de Estados Unidos como un caleidoscopio. Lo es, en buena medida. Estados vecinos pueden asumir posiciones en extremo antagónica sobre diversos temas —aborto, parejas del mismo sexo, ayudas federales, educación primaria, inmigración y dale que va— pero todos, en el fondo, reconocen su pertenencia a una nación con unas ficciones orientadoras que la mayoría acepta y promueve.

 

M.G.¿El hecho de que Sam no es mi tío haya sido publicado por la filial estadounidense de Alfaguara tiene que ver con la temática y el enfoque del libro?

 

D.F.Alfaguara USA debiera responder esto, pero creo que sí. Igual, Argentina acaba de hacer una edición propia. El resto de América Latina, desde México al Caribe, de Centroamérica a Sudamérica, importó el libro desde Miami.

 

M.G.¿Cómo ha sido hasta el momento la acogida de Sam no es mi tío?

 

D.F.: Muy buena, hasta donde sé. Yo hice presentaciones y medios en diversos países —México, Colombia, Guatemala, Perú, Ecuador— y Aileen estuvo en el norte de Argentina y la recepción es buena. En Estados Unidos, lanzamos Sam no es mi tío en las dos ferias de libros en español, LeALA en los Angeles y la Miami Book Fair de la Florida. Va bien en Amazon, y las críticas son más que buenas. El libro llegó en un buen momento. Las elecciones mostraron, otra vez, la importancia demográfica y política de los latinos. La migración latina es central para diversas economías del sur y es eficiente en materia de costos para diversos sectores, como el agropecuario y varias prestaciones de servicios. Culturalmente hay una creciente significación de lo hispano —allí el vaso está un cuarto lleno. Hay una progresiva salida del anonimato de los latinos, aunque los medios en inglés todavía no terminan de entender el proceso ni han sabido acercarse a las formas culturales de consumo de los latinos con efectividad.

 

M.G.¿En qué países circula actualmente Sam no es mi tío y en cuáles de ellos ha funcionado mejor en términos de visibilidad, comentarios y reseñas en prensa, distribución, implantación en puntos de venta, ventas, etc.?

 

D.F.: Estados Unidos, México, Guatemala, República Dominicana y Puerto Rico; Colombia, Perú y Ecuador, Bolivia y Argentina. Estamos esperando novedades para Chile y Uruguay. La recepción de prensa ha sido significativa en Colombia, Ecuador y Perú, por ejemplo. En todos los países ha habido reseñas en los medios centrales. Las principales cadenas de librerías los exhiben en las principales ciudades de la región.

 

***

 

De Sam no es mi tío recomiendo muy especialmente las siguientes crónicas:

 

– “El sueño americano”, de Jon Lee Anderson

 

– “Y entonces Dios”, de Diego Fonseca

 

– “Dicho hacia el sur”, de Eduardo Halfon

 

“El país de nunca jamás”, de Camilo Jiménez

 

 

Antes de terminar, aprovecho para darles las gracias a Camilo por regalarme un ejemplar de Sam no es mi tío durante mi último viaje a Bogotá y a Diego por responder a mis preguntas.

2º diplomado en estudios editoriales del instituto caro y cuervo: experiencia con balance positivo

Durante las dos últimas semanas de septiembre estuve en Bogotá dando clases en el 2º Diplomado en Estudios Editoriales del Instituto Caro y Cuervo, una experiencia cuyo balance ha sido 100% positivo en todos los sentidos. Para empezar quisiera hacer algunas observaciones de carácter descriptivo con respecto a los estudiantes del diplomado:

 

– número de estudiantes: +/- 24 (repartidos prácticamente de manera equitativa entre hombres y mujeres)

– edades: entre 22 y 57 años

– campos de trabajo: editoriales (de diferentes áreas temáticas y tamaños), librerías, entidades públicas de gestión cultural, publicaciones periódicas (culturales y académicas) e instituciones educativas (colegios y universidades).

– oficios que ejercen: libreros, editores en distintos tipos de estructuras (editoriales y entidades públicas del sector cultural), correctores de estilo, profesores, periodistas, gestores culturales de entidades públicas y emprendedores.

– tipos de relaciones laborales que tienen con sus empleadores y/o clientes: freelance, funcionarios públicos, empleados, contratistas y emprendedores.

 

 

 

 

Al principio me llamó mucho la atención la enorme diversidad de edades, perfiles profesionales, actividades, intereses e inclinaciones que me encontré entre los estudiantes del diplomado. Al favorecer el intercambio de testimonios con respecto a las experiencias personales y profesionales de cada uno, esta diversidad fue una fuente inagotable de temas de conversación y de discusiones que en mi opinión contribuyeron a enriquecer el aprendizaje de todos durante las clases. Al fin y al cabo la confrontación de puntos de vista desde perspectivas y experiencias diferentes siempre suma y resulta estimulante porque permite cuestionar, complementar, revaluar y/o reforzar las intuiciones, ideas y convicciones que se tienen en un momento dado.

 

 

 

 

Y a lo largo de mis clases lo que más gratamente me llamó la atención fue la actitud entusiasta, inquieta, curiosa y comprometida de los estudiantes, que se ve reflejada en sus ganas de hacer cosas y en los proyectos que están concibiendo, impulsando, poniendo en marcha y/o desarrollando —lo cual en parte es un reflejo de la efervescencia que hay en este momento en la movida cultural de Bogotá—. Todos los estudiantes del diplomado son profesionales en activo y seguramente para muchos de ellos no siempre es fácil asistir cada tarde durante dos o tres horas a las clases después de terminar su jornada laboral, sobre todo si tenemos en cuenta el tamaño de Bogotá y  las dificultades que suponen para la movilidad algunos factores como las distancias que es necesario recorrer para ir de un lugar a otro y los tiempos de desplazamiento.

 

Espero que el diplomado les sirva a los estudiantes tanto para mejorar sus competencias profesionales como para aportarles cada vez más valor bien sea a las organizaciones para las que trabajan o bien a sus propios proyectos.

 

Gracias a Margarita Valencia y a Javier Fandiño por la invitación a participar en el diplomado así como al personal administrativo del Instituto Caro y Cuervo por sus gestiones para hacer posible el buen desarrollo de mi trabajo.

 

A propósito de la formación de editores en el ámbito hispanohablante, antes de terminar quisiera recomendar las siguientes entradas publicadas en Antinomias libro por  Manuel Gil —quien estuvo participando en la primera edición del diplomado—:

 

Formación editorial en Colombia

– Crónicas bogotanas 1, 2 y 3

jueves, junio 10, 2010 categorizado bajo 1, literatura nórdica, periodismo, traducción

¿hasta dónde podemos confiar en los medios generalistas tradicionales?

El pasado miércoles 26 de mayo, un par de días antes de empezar la Feria del Libro de Madrid que este año rinde homenaje a la literatura nórdica, leo en la sección Culturas del diario Público un reportaje titulado “El ‘boom’ nórdico no tiene traductores”. El reportaje, cuyo resumen afirma que ‘menos de 20 profesionales interpretan finés, islandés, danés, noruego y sueco a pesar de los cientos de títulos que se publican’, empieza así:

‘La literatura nórdica no tiene quien la traduzca en España. El boom de la novela negra desatada por autores como el sueco Stieg Larsson provocó que las editoriales buscasen autores por las esquinas más frías de Europa. Desde Islandia a Suecia, Finlandia y Dinamarca. Pero, ¿y quién traduce a todos esos escritores? La cruda realidad es que hay tan pocos profesionales que dominen el castellano y una lengua nórdica que acumulan exceso de trabajo y disparidad de criterios lingüísticos’.

El reportaje me parece interesante y de inmediato lo comparto por Facebook con R., la novia finlandesa de mi amigo J. que también estudió Letras. Justo después de poner el enlace del reportaje en el muro de R. me asomo al apartado de comentarios de los lectores —algo que no suelo hacer—, algunos de los cuales denuncian enérgicamente que el texto está lleno de imprecisiones. Cuando R. me escribe agradeciéndome por pensar en ella le digo que en cuanto leí el reportaje pensé que podría interesarle y le advierto que al parecer lastimosamente su contenido no es del todo confiable. A continuación reproduzco algunos de los comentarios de los lectores al reportaje:

1. ‘Lo siento, pero creo que su artículo peca de unas cuantas inexactitudes.

En lo referido al finés, editoriales como Anagrama recurren a la voz de Diulce Fernández Anguita,, la traductora de Arto Paasilinna entre otros.

Del noruego también traducen, por ejemplo, Francisco Úriz, Mariano González Campo o Carmen Montes.

Ninguno de los traductores citados traduce en tandem.

Si puedo permitirme indicarle algo a la autora del artículo, le diré que una buena fuente de información fidedigna es ACE Traductores, cuyo correo electrónico es lamorada@acett.org’. (MtGU)

2. ‘Tirón de orejas a la autora de la noticia. Sí existen traductores del sueco, noruego, danés, islandés y finés al gallego. Así que revise el texto porque los nombres que cita no son los únicos en España (por ejemplo, Elías Portela traduce del islandés al gallego) sino únicos en España al castellano… y al catalán seguro que también hay…. incluso al euskera’. (breoghan)

3. ‘Desde luego, ya os vale. Por una vez que habláis de traductores metéis la pata en casi todo. Os dejáis unos cuantos nombres en el tintero, dais voz a un tartamudo, decís que, respecto del finés, “la fonética es una de las diferencias más grandes”, y os quedáis tan anchos, como si acabarais de descubrir el origen del universo, cuando la fonética de una lengua pertenece a su sistema y es tal vez lo que menos dificultades añade en una traducción. Hay lenguas africanas con fonéticas parecidas a la española de las que, os aseguro, no entenderíais ni una sola palabra’. (Traductora)

4. ‘No estoy de acuerdo, y seré breve: sí hay traductores, pero no hay trabajo (mi CV, como traductora de finés a español/catalán ha llegado a muchas editoriales), y he tenido que montar mi propia editorial para traducir y editar literatura infantil finlandesa. Y la dificultad del finés no es la fonética (¡por favor! ¡pero si eso es lo más fácil!): es un idioma con 15 declinaciones!!! A ver si nos documentamos mejor’. (suomi)

5. ‘Soy traductora de danés y ayer contesté por teléfono a algunas de las preguntas que aparecen en este artículo. Al leerlo hoy, me he encontrado con la sorpresa de que lo que se ha publicado se parece poco o nada a lo que le expliqué a la periodista que lo firma, de manera que me gustaría aclarar varios puntos:

– “Antes aceptaba todo lo que me ofrecieran, pero ahora no puedo. Una traducción me lleva mucho tiempo, incluso un año, ya que muchas veces tienes que reeler lo que has traducido la noche anterior”, comenta Blanca Ortiz, manchega de 40 años que traduce a los autores daneses. Sólo tres personas, incluyéndola a ella, se dedican a esta tarea en España.

Sencillamente indiqué que antes del boom traducía más o menos una novela al año, no que se necesitara un año para traducir un libro. El hecho de tener que releer lo que has hecho el día anterior (y no la noche, nunca traduzco de noche) formaba parte de la respuesta a otra pregunta. No soy manchega, sino de Guadalajara. Y en ningún momento dije que solamente tres personas nos dedicáramos a traducir del danés. Afortunadamente, somos más. Nombré a cuatro traduciendo narrativa de manera continua y únicamente del danés y me refería a varios más que traducen de forma más esporádica, se han especializado en algún género concreto (poesía, por ejemplo), traducen de varias lenguas nórdicas o simplemente están empezando y por cualquiera de esos motivos trabajan algo menos.

– “Eso provoca que no sea una misma persona la que traduzca toda la serie y haya problemas, porque no nos ponemos de acuerdo en la misma terminología para, por ejemplo, los cargos de la policía”, apostilla Blanca Ortiz.

El problema no es que no nos pongamos de acuerdo; simplemente que hay que ponerse de acuerdo, lo que requiere tiempo.

– Blanca Ortiz, a quien no le entusiasma demasiado la novela negra, agradece que cada vez le ofrezcan más autores daneses de infantil.

Le expliqué a la periodista que al principio había hecho más traducciones de infantil, pero que ahora ya prácticamente no hacía nada en ese terreno.

– El último problema con el que se han encontrado los traductores daneses es con el cambio de los cargos en el cuerpo de policía. “Tenemos que llamar continuamente a Dinamarca para no equivocarnos”, afirma Blanca Ortiz.

En efecto, es un problema, pero jamás he llamado a Dinamarca para hacer nunguna consulta al respecto, no entiendo de dónde sale’. (Blanca Ortiz)

Y hay en total 33 comentarios de los lectores, muchos de los cuales van en esta misma dirección. Curiosamente, por ningún lado hay respuesta alguna ni de la autora del reportaje ni de Público como medio de comunicación a estos comentarios. Ni una nota de rectificación. Ni una corrección en la edición en línea, que es una de las ventajas que a diferencia del papel ofrece Internet. O, en caso de que los reclamos de los lectores sean injustificados, ni una defensa del contenido del reportaje. Nada. Cero patatero.

Aunque al principio me siento escandalizado e indignado, pronto me doy cuenta de que las cosas no podrían ser de otra manera. Al fin y al cabo ésa es la actitud propia del modelo de comunicación “emisor – receptor” y a ella a nos tienen acostumbrados los medios tradicionales.

Aunque entienda la lógica en la que se basa el modelo de comunicación unidireccional propio de los medios tradicionales, no puedo evitar preguntarme: ¿cuál es la fuente de tanta irresponsabilidad, de tanta arrogancia, de tanto irrespeto y de tanto desprecio hacia los lectores y hacia los protagonistas de su noticia?

La reflexión en torno a este caso me sugiere dos conclusiones tentativas y, si me apuran, hasta obvias:

1. la incapacidad de los medios generalistas tradicionales de profundizar acertada y responsablemente en la actualidad justifica pagar por el acceso a contenidos especializados de valor agregado en publicaciones en línea.

2. más que las finanzas o el modelo de negocio de los medios generalistas tradicionales, lo que está en crisis son los medios mismos que casi veinte años después del inicio de la emergencia de la Web siguen —con contadas excepciones— trasladando a Internet la lógica del mundo analógico.

A propósito de la manera como los medios nativos digitales les están quitando participación en el mercado a las ediciones en línea de los medios tradicionales, recomiendo echarle un ojo a la entrada “Quand les médias établis se réveilleront il sera trop tard” (“Cuando los medios establecidos se despierten será demasiado tarde”), de Francis Pisani en Transnets. Al respecto dice Pisani a partir del hecho de que The Huffington Post esté cerca de superar en tráfico y en ingresos a The New York Times:

‘Sabemos a través de la obra de Christensen que a menudo las tecnologías innovadoras inicialmente son inferiores a aquellas a las que perturban, que las desprecian porque son menos buenas.

Pero la gente las adopta porque además de ser más simples y más baratas  tienen una calidad “suficiente” (good enough) para satisfacer sus necesidades’.

Actitudes como la de Público frente a los lectores y a los protagonistas de su reportaje explican por lo menos en parte la crisis de los medios, de sus finanzas y de su modelo de negocio. Al tratarnos con arrogancia y desprecio y al hacer un manejo irrespetuoso e irresponsable de la información, algunos medios no sólo están haciendo pésimamente su trabajo sino que también nos están dando razones de sobra para no confiar en ellos.

Están mordiendo la mano que les da de comer.