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el best translated book award (btba) 2012 y las dificultades para traducir en estados unidos

Hace dos días se dio a conocer la longlist del Best Translated Book Award (BTBA) 2012, que organiza el proyecto Three Percent —al cual me referí hace exactamente un año—. En la lista hay libros escritos inicialmente en diversas lenguas: alemán, español, francés, hebreo, húngaro, italiano, noruego, polaco, portugués, serbio y sueco. Llama la atención la gran cantidad de obras traducidas del francés (8) y en menor medida del español (4) y del alemán (3) que hay en la lista.

 

 

 

 

En la conversación que sostuvimos en la pasada Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) el editor estadounidense André Schiffrin señaló algunas de las dificultades a las que editoriales como The New Press tienen que enfrentarse para publicar traducciones en Estados Unidos. Entre las dificultades señaladas por Schiffrin se encuentran las siguientes:

 

– el creciente aislamiento cultural de Estados Unidos, que se ve en la falta de interés que existe allí con respecto a lo que sucede más allá de sus fronteras.

 

– la poca cantidad de traductores que hay incluso en el caso de lenguas tan populares como el francés y la falta de fondos para pagar traducciones —un panorama que en su opinión contrasta radicalmente con el europeo—.

 

– los plazos que se manejan en la realización de las traducciones debido al volumen de trabajo que tienen los pocos traductores que hay —que al verse desbordados a menudo no están disponibles para atender los encargos que les hacen los editores—.

 

– el hecho de que muchos de los traductores al inglés se encuentren sobre todo en el Reino Unido.

 

– la supresión por parte de las universidades del aprendizaje de una lengua extranjera como requisito para sus estudiantes, que repercute tanto en el interés de los lectores por otras tradiciones culturales como en las competencias lingüísticas de éstos.

 

Durante nuestra conversación Schiffrin llamó la atención sobre el trabajo de Dalkey Archive Press, que según él es la principal editorial independiente de ficción extranjera en Estados Unidos.

 

 

 

 

Me imagino que el trabajo de Open Letter BooksDalkey Archive Press, Europa Editions y otras editoriales que se centran en la publicación de libros traducidos está contribuyendo a que entre los habitantes de ese país de inmigrantes que es Estados Unidos crezca el interés por lo que se escribe en otros lugares del mundo y en otras lenguas. O al menos espero que así sea.

 

Sam Jordison publicó ayer en el Books blog de The Guardian la entrada “Are we finally getting the hang of foreign fiction?”, en la que pone sobre la mesa una reflexión con respecto al grado de apertura tanto del mercado editorial como de los lectores británicos frente a los libros traducidos de otras lenguas.

 

 

 

 

Una última cosa antes de terminar: en la entrada “three percent y su base de datos de traducciones en estados unidos” hice referencia al artículo “The Translation Gap: Why More Foreign Writers Aren’t Published in America”, de Emily Williams. En el número 16 de la revista Texturas apareció la traducción al español de este artículo que inicialmente fue publicado en Publishing Perspectives, así que quienes quieran leerlo ya saben dónde encontrarlo.

jueves, febrero 24, 2011 categorizado bajo destacados, industria editorial estadounidense, three percent, traducción

three percent y su base de datos de traducciones en estados unidos

Ya suena a lugar común decir que en Estados Unidos se suelen publicar anualmente poquísimos títulos traducidos de otras lenguas. En síntesis, la premisa repetida una y otra vez de todas las maneras posibles es la siguiente: hay una relación enormemente asimétrica entre la cantidad de títulos escritos en otras lenguas que se traducen y publican en Estados Unidos y el volumen de títulos escritos en inglés por autores estadounidenses que son traducidos y publicados en otros países —para ahondar en este tema recomiendo echarle un ojo al artículo de Emily Williams titulado “The Translation Gap: Why More Foreign Writers Aren’t Published in America”, que Publishing Perspectives publicó hace un año y al que hice referencia en la entrada “antonia kerrigan y la gestión de los derechos de traducción”—.

 

André Schiffrin ilustra esta situación y establece un contraste en L’argent et les motsEl dinero y las palabras— cuando comenta que en Francia el Centre National du Livre (CNL) contribuyó con 1.615.000 euros a la traducción al francés de 330 títulos mientras que ese mismo año en Estados Unidos el National Endowement for the Arts solamente destinó 200.000 dólares para traducir 13 libros al inglés.

 

Hasta aquí no hay nada nuevo.

 

 

 

 

Hace poco conocí Three Percent, un proyecto sobre literatura internacional desarrollado por el programa de estudios de traducción literaria y la editorial de la University of Rochester. El nombre del proyecto se deriva de la ‘estadística citada frecuentemente (establecida inicialmente por Bowker), según la cual sólo el 3% de los libros publicados en Estados Unidos son traducciones’.

 

Entre las iniciativas relacionadas con Three Percent se encuentran su blog, la editorial universitaria Open Letter Books —que publica literatura traducida—, el Best Translated Book Award, el programa de Literary Translation Studies y una base de datos de traducciones que lleva un registro de los libros traducidos en Estados Unidos desde 2008. Three Percent presenta su base de datos de traducciones en los siguientes términos:

 

‘Sospechábamos que el 3% [la parte que representan los libros traducidos en el total de títulos que se publican en Estados Unidos] era una cantidad un poco elevada pero no teníamos cómo confirmar nuestras sospechas —no había un registro del número de traducciones publicadas año tras año—.

 

Por eso decidimos hacer un seguimiento nosotros mismos. Mediante la recolección de tantos catálogos como pudimos y preguntándoles directamente a los editores, hemos logrado construir un registro bastante preciso de los libros publicados en traducción desde el 1 de enero de 2008. Por el bien de nuestra salud mental limitamos nuestra recolección de datos a traducciones originales de ficción y poesía publicadas o distribuidas en Estados Unidos. Por “originales” nos referimos a títulos que nunca antes se habían publicado en inglés (al menos en Estados Unidos). Por lo tanto, ni las nuevas traducciones de títulos clásicos ni las reimpresiones de libros publicados anteriormente están incluidas en nuestra base de datos. Nuestra atención se centra en identificar cuántos nuevos libros y cuántas nuevas voces se están poniendo a la disposición de los lectores angloparlantes’.

 

¿No resulta bastante diciente el hecho de que para un departamento de Literary Translation Studies de una universidad —que como suele suceder en el área de las Humanidades y las Ciencias Sociales no debe ser ni el más grande ni el que cuenta con más recursos— sea posible construir una base de datos en la que se lleva un registro de los libros que se traducen en un mercado tan grande como el estadounidense?

 

 

 

La información que contiene la base de datos de traducciones con respecto a los libros traducidos que están registrados en ella es la siguiente:

 

– ISBN

– Título en inglés

– Nombre y apellido del autor del libro

– Nombre y apellido del traductor del libro

– Editorial

– Género

– Precio

– Mes y año de publicación

– Lengua de origen

– País de origen

 

En la página Web de Three Percent pueden descargarse las versiones de 2008, de 2009, de 2010 y de 2011 (en construcción) de la base de datos de traducciones. Sería bueno que un día no muy lejano tuviéramos la posibilidad de consultar la base de datos de traducciones a través de una aplicación online en lugar de tener que descargar los archivos necesariamennte.

 

Este conjunto de iniciativas desarrolladas por el programa de Literary Translation Studies y la editorial Open Letter Books de la University of Rochester pone en evidencia la diversidad de intereses que hay en las universidades estadounidenses y la gran cantidad de recursos de todo tipo que éstas destinan a la construcción de fondos documentales, de colecciones de patrimonio cultural y de bases de datos sobre la más amplia variedad de temas. Por ejemplo, en varias ocasiones he oído decir que una buena parte de los programas y de las bibliotecas más importantes de literatura latinoamericana de todo el mundo se encuentran en universidades de Estados Unidos —lo cual es todo menos extraño—.

 

 

Esta base de datos de traducciones debería ser una fuente de información fundamental para quienes están interesados en el mercado editorial estadounidense, en la presencia que tienen en éste los libros traducidos y en la traducción en general. Aunque es cierto que los datos puros y duros no permiten hacer más que un trabajo meramente descriptivo, también es verdad que puestos en contexto y cruzados con información cualitativa éstos pueden ser el punto de partida para la realización de análisis mucho más complejos, detallados, ricos y jugosos.

 

La utilidad de esta base de datos de traducciones demuestra la importancia estratégica que tiene el hecho de contar con un buen volumen de información amplia y sólida sobre distintos aspectos relacionados con los mercados —un tema que abordé hace unas semanas cuando hablaba acerca de la transparencia y la opacidad y al cual también se refirió Manuel Gil en la entrada “Las cifras de la edición 2010: de la epopeya a la elegía (o sobrealimentado de datos e infranutrido de información)” del blog Antinomias libro—.

 

***

 

A manera de bonus track les dejo el vídeo de la presentación “Why Sell eBooks in Spanish in the U.S. and How to Make it Happen in 8 Months” —”Por qué vender e-books en español en Estados Unidos y cómo lograrlo en ocho meses”— hecha por Patricia Arancibia, de Barnes & Noble.com, en la conferencia Tools of Change for Publishing (TOC) 2011 que tuvo lugar en Nueva York entre el 14 y el 16 de febrero pasados.

 

 

jueves, diciembre 2, 2010 categorizado bajo agentes literarios, destacados, oficios, traducción

antonia kerrigan y la gestión de los derechos de traducción

La agente literaria Antonia Kerrigan fue la invitada a la sesión del pasado 8 de noviembre del ciclo Edicció. Diálogos con traductores, agentes literarios y scouts literarios, que viene realizando la librería Laie en el café de su sucursal de la calle Pau Claris de Barcelona.

Después de definir una agencia literaria como una gestoría y de referirse tanto a los aspectos de su oficio que le gustan como a los que la aburren, Kerrigan le dedicó una buena parte de su intervención a un tema crítico para la industria editorial en su conjunto: la gestión de los derechos de traducción.

Entre las observaciones que hizo Kerrigan con respecto a la gestión de los derechos de traducción, destaco las que más me llamaron la atención:

– Carlos Ruiz Zafón ha hecho mucho por la traducción de los libros españoles.

El éxito de los libros de Ruiz Zafón en el mercado estadounidense le abrió las puertas de éste a la literatura proveniente de España y de otros países hispanohablantes.

Vale la pena recordar la observación de Sergio Vila-Sanjuán en una entrevista que le hice en 2008 con respecto al significado que tiene el fenómeno Ruiz Zafón para la internacionalización de la narrativa española:

‘Lo que podríamos llamar best sellers globales —es decir, libros que aparecen simultáneamente en distintos mercados, que están en las librerías de aeropuerto y que forman parte del mainstream— empieza en la década del 2000 con Carlos Ruiz Zafón, quien con La sombra del viento entra con fuerza en el mercado anglófono y marca la globalización de la narrativa española.

Durante la década del noventa otros autores españoles ya habían entrado en el circuito europeo. Por ejemplo, Pérez-Reverte ya había tenido un gran éxito en Francia y Marías a su vez se había convertido en un fenómeno en Alemania. Sin embargo, salvo Pérez-Reverte ningún autor español había podido entrar al mercado anglosajón. Ruiz Zafón consigue ser un best seller en Inglaterra y en los Estados Unidos —lo cual es una cosa rara—, a raíz de lo cual entran a esos mercados escritores de una onda más comercial que literaria como Javier Sierra o Julia Navarro. En fin, por primera vez España entra en el mercado del best seller global’.

– Si dentro del proceso de selección de manuscritos antes los editores estadounidenses y británicos no contaban con lectores en español, desde hace unos pocos años es cada vez más frecuente que los tengan en sus plantillas.

Al mercado anglosajón a menudo se le reprocha el hecho de que anualmente traduzca tan pocos libros escritos en otras lenguas, lo cual marca una asimetría enorme en su relación con otros mercados en los que los títulos traducidos del inglés tienen una presencia más que significativa.

Emily Williams aborda este tema desde una perspectiva bastante interesante en su artículo “The Translation Gap: Why More Foreign Writers Aren’t Published in America”, publicado el pasado 11 de enero en Publishing Perspectives.

– La venta de los derechos en los Estados Unidos suele producir un efecto dominó.

Si la compra de los derechos de un libro extranjero por parte de una editorial estadounidense puede incentivar a editoriales de otros países a seguir sus pasos, los buenos resultados en ventas de un título en los Estados Unidos se convierten en un argumento de venta para introducirlo en otros mercados —aunque es necesario que aclarar que el éxito no puede transferirse automáticamente de un mercado a otro porque cada uno tiene sus particularidades—.

Y para terminar, un par de observaciones sueltas sobre los mercados alemán y francés:

– La literatura latinoamericana despierta un interés particularmente llamativo y creciente en Alemania.

– Los franceses tardan mucho traduciendo.

Algunas de los planteamientos que hizo Antonia Kerrigan en su charla me hacen pensar que más allá de su contribución a la promoción de las culturas nacionales en el extranjero, la gestión de los derechos de traducción es un eje importante para la industria editorial de un país debido a lo que por concepto de ventas y regalías pueden facturar los agentes literarios, los editores y los escritores, a la ampliación del ámbito de circulación de sus obras y autores y al posicionamiento de éstos más allá de sus fronteras.

jueves, junio 10, 2010 categorizado bajo 1, literatura nórdica, periodismo, traducción

¿hasta dónde podemos confiar en los medios generalistas tradicionales?

El pasado miércoles 26 de mayo, un par de días antes de empezar la Feria del Libro de Madrid que este año rinde homenaje a la literatura nórdica, leo en la sección Culturas del diario Público un reportaje titulado “El ‘boom’ nórdico no tiene traductores”. El reportaje, cuyo resumen afirma que ‘menos de 20 profesionales interpretan finés, islandés, danés, noruego y sueco a pesar de los cientos de títulos que se publican’, empieza así:

‘La literatura nórdica no tiene quien la traduzca en España. El boom de la novela negra desatada por autores como el sueco Stieg Larsson provocó que las editoriales buscasen autores por las esquinas más frías de Europa. Desde Islandia a Suecia, Finlandia y Dinamarca. Pero, ¿y quién traduce a todos esos escritores? La cruda realidad es que hay tan pocos profesionales que dominen el castellano y una lengua nórdica que acumulan exceso de trabajo y disparidad de criterios lingüísticos’.

El reportaje me parece interesante y de inmediato lo comparto por Facebook con R., la novia finlandesa de mi amigo J. que también estudió Letras. Justo después de poner el enlace del reportaje en el muro de R. me asomo al apartado de comentarios de los lectores —algo que no suelo hacer—, algunos de los cuales denuncian enérgicamente que el texto está lleno de imprecisiones. Cuando R. me escribe agradeciéndome por pensar en ella le digo que en cuanto leí el reportaje pensé que podría interesarle y le advierto que al parecer lastimosamente su contenido no es del todo confiable. A continuación reproduzco algunos de los comentarios de los lectores al reportaje:

1. ‘Lo siento, pero creo que su artículo peca de unas cuantas inexactitudes.

En lo referido al finés, editoriales como Anagrama recurren a la voz de Diulce Fernández Anguita,, la traductora de Arto Paasilinna entre otros.

Del noruego también traducen, por ejemplo, Francisco Úriz, Mariano González Campo o Carmen Montes.

Ninguno de los traductores citados traduce en tandem.

Si puedo permitirme indicarle algo a la autora del artículo, le diré que una buena fuente de información fidedigna es ACE Traductores, cuyo correo electrónico es lamorada@acett.org’. (MtGU)

2. ‘Tirón de orejas a la autora de la noticia. Sí existen traductores del sueco, noruego, danés, islandés y finés al gallego. Así que revise el texto porque los nombres que cita no son los únicos en España (por ejemplo, Elías Portela traduce del islandés al gallego) sino únicos en España al castellano… y al catalán seguro que también hay…. incluso al euskera’. (breoghan)

3. ‘Desde luego, ya os vale. Por una vez que habláis de traductores metéis la pata en casi todo. Os dejáis unos cuantos nombres en el tintero, dais voz a un tartamudo, decís que, respecto del finés, “la fonética es una de las diferencias más grandes”, y os quedáis tan anchos, como si acabarais de descubrir el origen del universo, cuando la fonética de una lengua pertenece a su sistema y es tal vez lo que menos dificultades añade en una traducción. Hay lenguas africanas con fonéticas parecidas a la española de las que, os aseguro, no entenderíais ni una sola palabra’. (Traductora)

4. ‘No estoy de acuerdo, y seré breve: sí hay traductores, pero no hay trabajo (mi CV, como traductora de finés a español/catalán ha llegado a muchas editoriales), y he tenido que montar mi propia editorial para traducir y editar literatura infantil finlandesa. Y la dificultad del finés no es la fonética (¡por favor! ¡pero si eso es lo más fácil!): es un idioma con 15 declinaciones!!! A ver si nos documentamos mejor’. (suomi)

5. ‘Soy traductora de danés y ayer contesté por teléfono a algunas de las preguntas que aparecen en este artículo. Al leerlo hoy, me he encontrado con la sorpresa de que lo que se ha publicado se parece poco o nada a lo que le expliqué a la periodista que lo firma, de manera que me gustaría aclarar varios puntos:

– “Antes aceptaba todo lo que me ofrecieran, pero ahora no puedo. Una traducción me lleva mucho tiempo, incluso un año, ya que muchas veces tienes que reeler lo que has traducido la noche anterior”, comenta Blanca Ortiz, manchega de 40 años que traduce a los autores daneses. Sólo tres personas, incluyéndola a ella, se dedican a esta tarea en España.

Sencillamente indiqué que antes del boom traducía más o menos una novela al año, no que se necesitara un año para traducir un libro. El hecho de tener que releer lo que has hecho el día anterior (y no la noche, nunca traduzco de noche) formaba parte de la respuesta a otra pregunta. No soy manchega, sino de Guadalajara. Y en ningún momento dije que solamente tres personas nos dedicáramos a traducir del danés. Afortunadamente, somos más. Nombré a cuatro traduciendo narrativa de manera continua y únicamente del danés y me refería a varios más que traducen de forma más esporádica, se han especializado en algún género concreto (poesía, por ejemplo), traducen de varias lenguas nórdicas o simplemente están empezando y por cualquiera de esos motivos trabajan algo menos.

– “Eso provoca que no sea una misma persona la que traduzca toda la serie y haya problemas, porque no nos ponemos de acuerdo en la misma terminología para, por ejemplo, los cargos de la policía”, apostilla Blanca Ortiz.

El problema no es que no nos pongamos de acuerdo; simplemente que hay que ponerse de acuerdo, lo que requiere tiempo.

– Blanca Ortiz, a quien no le entusiasma demasiado la novela negra, agradece que cada vez le ofrezcan más autores daneses de infantil.

Le expliqué a la periodista que al principio había hecho más traducciones de infantil, pero que ahora ya prácticamente no hacía nada en ese terreno.

– El último problema con el que se han encontrado los traductores daneses es con el cambio de los cargos en el cuerpo de policía. “Tenemos que llamar continuamente a Dinamarca para no equivocarnos”, afirma Blanca Ortiz.

En efecto, es un problema, pero jamás he llamado a Dinamarca para hacer nunguna consulta al respecto, no entiendo de dónde sale’. (Blanca Ortiz)

Y hay en total 33 comentarios de los lectores, muchos de los cuales van en esta misma dirección. Curiosamente, por ningún lado hay respuesta alguna ni de la autora del reportaje ni de Público como medio de comunicación a estos comentarios. Ni una nota de rectificación. Ni una corrección en la edición en línea, que es una de las ventajas que a diferencia del papel ofrece Internet. O, en caso de que los reclamos de los lectores sean injustificados, ni una defensa del contenido del reportaje. Nada. Cero patatero.

Aunque al principio me siento escandalizado e indignado, pronto me doy cuenta de que las cosas no podrían ser de otra manera. Al fin y al cabo ésa es la actitud propia del modelo de comunicación “emisor – receptor” y a ella a nos tienen acostumbrados los medios tradicionales.

Aunque entienda la lógica en la que se basa el modelo de comunicación unidireccional propio de los medios tradicionales, no puedo evitar preguntarme: ¿cuál es la fuente de tanta irresponsabilidad, de tanta arrogancia, de tanto irrespeto y de tanto desprecio hacia los lectores y hacia los protagonistas de su noticia?

La reflexión en torno a este caso me sugiere dos conclusiones tentativas y, si me apuran, hasta obvias:

1. la incapacidad de los medios generalistas tradicionales de profundizar acertada y responsablemente en la actualidad justifica pagar por el acceso a contenidos especializados de valor agregado en publicaciones en línea.

2. más que las finanzas o el modelo de negocio de los medios generalistas tradicionales, lo que está en crisis son los medios mismos que casi veinte años después del inicio de la emergencia de la Web siguen —con contadas excepciones— trasladando a Internet la lógica del mundo analógico.

A propósito de la manera como los medios nativos digitales les están quitando participación en el mercado a las ediciones en línea de los medios tradicionales, recomiendo echarle un ojo a la entrada “Quand les médias établis se réveilleront il sera trop tard” (“Cuando los medios establecidos se despierten será demasiado tarde”), de Francis Pisani en Transnets. Al respecto dice Pisani a partir del hecho de que The Huffington Post esté cerca de superar en tráfico y en ingresos a The New York Times:

‘Sabemos a través de la obra de Christensen que a menudo las tecnologías innovadoras inicialmente son inferiores a aquellas a las que perturban, que las desprecian porque son menos buenas.

Pero la gente las adopta porque además de ser más simples y más baratas  tienen una calidad “suficiente” (good enough) para satisfacer sus necesidades’.

Actitudes como la de Público frente a los lectores y a los protagonistas de su reportaje explican por lo menos en parte la crisis de los medios, de sus finanzas y de su modelo de negocio. Al tratarnos con arrogancia y desprecio y al hacer un manejo irrespetuoso e irresponsable de la información, algunos medios no sólo están haciendo pésimamente su trabajo sino que también nos están dando razones de sobra para no confiar en ellos.

Están mordiendo la mano que les da de comer.

miércoles, febrero 27, 2008 categorizado bajo edición, editores, editores independientes, industria editorial, traducción

¡y el traductor es …!

A muchos el detalle puede parecerles irrelevante pero para mí es de lo más significativo: la aparición del nombre del traductor en la cubierta de un libro.

Esta práctica es bastante frecuente en los sellos que se dedican a editar obras críticas y en las editoriales universitarias porque en el ámbito académico la acogida de un trabajo depende en gran parte del reconocimiento del traductor y del investigador encargado de la edición, cuyo prestigio es una fuente de legitimidad.


En la edición meramente literaria, en cambio, el papel del traductor —como el de muchos otros—no suele gozar de mayor reconocimiento y visibilidad a pesar de la importancia que tiene. Es justamente por eso que me gusta y me entusiasma tanto ver el nombre del traductor en las portadas de Acantilado y de la colección PoliRitmos de Global Rhythm Press.


Los comentarios de algunos amigos traductores me hacen pensar que para ellos y para muchos colegas suyos este gesto es una forma de hacerle justicia a su trabajo.

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En las imágenes:


No matarían ni una mosca, de Slavenka Drakulić (traducción de Isabel Núñez). Global Rhythm Press.

Orwell periodista, de George Orwell (traducción de Miguel Aguilar). Global Rhythm Press.

Dossier K., de Imre Kertész (traducción de Adan Kovacsics). Acantilado.

A lo largo del camino, de Julien Gracq (traducción de Cecilia Yepes). Acantilado.