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Miércoles, julio 18, 2007 categorizado bajo best sellers, grupos multimedia, summertime

summertime [ 7 ] / para cerrar por ahora el tema de la homogeneización de la oferta, se trata de que como lectores tengamos de dónde y cómo escoger

Por lo menos temporalmente quisiera cerrar el tema de la homogeneización de la oferta editorial al que últimamente le he dedicado varias entradas — el martes 3, el viernes 6 y el jueves 12 de julio—. Para empezar, quisiera decir que estoy convencido de que es importante que cada quien lea lo que se le antoje según sus necesidades y expectativas y que en cierto sentido un buen libro es aquel que deja satisfecho a quien lo lee. Y digo “en cierto sentido” porque también estoy convencido de que hay tipos de literatura más elaborados que otros. Pero ese es otro asunto.


Creo que la homogeneización de la oferta mediante la publicación de obras que obedecen a fórmulas que han tenido cierto éxito comercial es una consecuencia directa de la concentración de la propiedad de la industria editorial. Siempre he sido un defensor de la idea liberal de que cada quien debe arreglárselas como bien pueda para decidir qué libros lee porque al fin y al cabo hay muchísima información disponible sobre lo que se publica —¿no se supone acaso que uno de los fundamentos del libre mercado es que todos tenemos acceso a la información para decidir qué consumimos?—. Sin embargo, desde hace un tiempo he empezado a cambiar de opinión porque con la creciente tendencia hacia la creación de grandes grupos multimedia cada vez es más difícil que lo que las editoriales independientes publican tenga visibilidad y que a largo plazo los autores que han alcanzado el éxito tras ser descubiertos por éstas se queden con ellas.


Al fin y al cabo, ¿cuáles autores tienen más probabilidad de que sus libros sean comentados y de que reciban buenas críticas en las páginas culturales de los periódicos y las revistas que pertenecen a los grandes grupos multimedia? ¿A cuáles autores se les asignan columnas de opinión en dichos periódicos y revistas? ¿Cuáles suelen ser los primeros autores entrevistados en las cadenas de radio y televisión de las que son dueños los grandes grupos multimedia? ¿Cuáles editoriales pueden pagar más dinero para que sus libros estén mejor ubicados en las grandes librerías —algunas de las cuales son propiedad de los grandes grupos multimedia—? ¿Cuáles son los autores que tienen más probabilidad de que una productora perteneciente a un gran grupo multimedia les proponga hacer una adaptación cinematográfica de una de sus novelas? Así las cosas, ¿a qué tipo de información sobre lo que se publica accede una persona del común que tiene ganas de leerse un libro durante sus ratos libres?


No estoy diciendo que los periódicos, las revistas y las cadenas de radio o televisión sean los órganos de propaganda de los sellos editoriales que pertenecen al mismo grupo suyo. Sin embargo, hay evidencias de que en los medios las obras publicadas por sellos “de la casa” reciben un mejor trato en términos de visibilidad y de favorabilidad que las que publican otras editoriales —incluso medios del prestigio de El País han estado en el ojo del huracán tras ser acusados de haber sido complacientes con los libros publicados por editoriales como Alfaguara, Taurus o Aguilar—.


En síntesis, creo que si se sigue consolidando la tendencia a que una parte importante de la oferta editorial provenga de un número tan limitado de grupos cada vez será más difícil que ésta sea diversa y plural. No se trata de que todo el mundo lea El Código Da Vinci y La sombra del viento, como sucede actualmente. Ni de que a partir de ahora sólo sea bien visto leer Antígona, Tristram Shandy, La montaña mágica, El proceso, La peste, El ruido y la furia, El libro de arena y Conversación en la catedral.


Se trata simplemente de que como lectores tengamos de dónde y cómo escoger.

Lunes, junio 18, 2007 categorizado bajo crítica, grupos multimedia

mi doble interés por lo literario y por lo extraliterario

Hace unos años, cuando empecé a leer, quería conocer hasta el más mínimo detalle de la biografía de los autores que me gustaban, tener en mis manos todo texto que hubieran escrito o que se hubiera escrito sobre ellos, leer su obra de cabo rabo y encontrar en su vida elementos que me ayudaran a entenderla. Luego, cuando empecé a estudiar Literatura, mis profesoras me enseñaron que sólo importaban el texto en sí y la crítica y que, por lo tanto, en los estudios literarios todo lo demás no hacía más que desviar la atención. Hacia la mitad de la universidad la crítica literaria empezó a parecerme insoportable y mi fetichismo por la figura del autor una necedad. A partir de entonces la idea de los autores y las obras de culto me resulta absolutamente fastidiosa —aunque hay obras de culto que me gustan muchísimo como El guardián entre el centeno y La conjura de los necios—.

Confieso que el culto al autor que se deriva de la importancia que tienen para Occidente las nociones de ‘individuo’ y de ‘genio’ es una de las cosas que más me molesta del ámbito literario. Me choca muchísimo ver a los escritores comportándose como divas y a los medios dándoles cuerda para subir a costillas de ellos unos cuantos puntos de audiencia un jueguito que les viene muy a cuento a aquellos medios pertenecientes a grupos multimedia que también tienen negocios en el sector editorial—. En mis lecturas me tienen sin cuidado la educación sentimental o las tragedias personales del autor del libro que estoy leyendo. De la misma manera, dejé de entusiasmarme cuando me encontraba con entrevistas a los autores que me gustan porque me cansé de no encontrar opiniones que me interesaran verdaderamente. Y en cierto sentido no podría interesarme menos lo que digan los críticos sobre el autor o sobre su obra. Y digo que sólo en cierto sentido porque lo que sí que me interesa, y mucho, es el funcionamiento del mercado editorial —que, en últimas, fue y sigue siendo mi principal motivación para hacer la apuesta que representa para mí [ el ojo fisgón ]—.


En este sentido la literatura me interesa desde una doble perspectiva: por un lado, el contenido del libro y punto —es decir, lo literario—; y, por el otro, todo lo que se mueve alrededor del libro como mercancía simbólica que es puesta en circulación y que terminamos haciendo nuestra en la medida en que deja una huella en nosotros —algo bastante extraliterario—. Esta segunda fuente de interés me suscita, entre muchas otras, las siguientes preguntas: ¿Qué nos motiva a leer un libro? ¿Qué esperamos de él? ¿Cuáles son las razones por las que escogemos un libro entre todos los demás? ¿Quiénes orientan nuestra decisión de leer una cosa u otra? ¿Qué papel juega la lectura en nuestras vidas? ¿En qué momentos leemos? ¿Qué importancia tiene para nosotros comprar libros? ¿Dónde preferimos comprarlos? ¿Qué hay detrás de una biblioteca personal? ¿Qué espacios ofrecen las bibliotecas públicas y universitarias? ¿En qué medida les sacamos el jugo a la oferta que éstas hacen? ¿Cómo se conforman las tendencias del mercado editorial? ¿Quiénes y de qué manera instauran las modas literarias? ¿Cuáles son los factores que contribuyen al éxito de un libro? ¿Qué implicaciones tiene la concentración de la propiedad en el mercado editorial? ¿Cuáles son las estrategias que deben adoptar las editoriales independientes para ser viables como empresas y sobrevivir?


Ahora creo que ese hastío del culto al autor me permitió empezar a leer de una manera más desprevenida y ser más ecuánime en mis opiniones. Tal vez esa nueva actitud influyó en mi decisión de hacer mi trabajo de grado sobre tendencias y hábitos de lectura de narrativa contemporánea en lugar de escoger una obra y desarrollar un análisis de texto alrededor suyo.


Este fin de semana encontré en las Prosas apátridas de Julio Ramón Ribeyro dos textos que considero que con un jab de derecha resuelven mejor de lo que yo podría hacerlo mi inquietud con respecto a las cuestiones del autor y de la crítica:


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“La crítica no se opone necesariamente a la creación y son conocidos los casos de creadores que fueron excelentes críticos y viceversa. Pero generalmente ambas actividades no se dan juntas, pues lo que las separa es una manera diferente de operar sobre la realidad. Ahora que he leído las actas de un coloquio sobre Flaubert he quedado asombrado por el saber, la inteligencia, la penetración, la sutileza y hasta la elegancia de los ponentes, pero al mismo tiempo me decía: ‘A estos hombres que han demostrado tan lúcidamente la obra de Flaubert nadie los leerá dentro de cinco o diez años. Un solo párrafo de Flaubert, qué digo yo, una sola de sus metáforas, tiene más cargas de duración que estos laboriosos trabajos’. ¿Por qué? Sólo puedo aventurar una explicación: los críticos trabajan con conceptos, mientras que los creadores con formas. Los conceptos pasan, las formas permanecen”.


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“Uno escribe dos o tres libros y luego se pasa la vida respondiendo a preguntas y dando explicaciones sobre estos libros. Lo que prueba que a la gente le interesa tanto o más las opiniones del autor sobre sus libros que sus propios libros. Y en gran parte a causa de ello no escribe nuevos libros o sólo libros sobre sus libros. Para contrarrestar este peligro, tener presente que una buena obra no tiene explicación, una mala obra no tiene excusa y una obra mediocre carece de todo interés. En consecuencia los comentarios sobran”.

Martes, junio 5, 2007 categorizado bajo concentración, edición, editores, grupos multimedia

aproximación al panorama actual de la industria editorial [ 4 ] / harpercollins publishers

HarperCollins Publishers es la rama editorial del grupo multimedia News Corporation, cuyas actividades se desarrollan en el ámbito anglosajón —en el cual la mayoría de los países se caracterizan por tener una población numerosa con un poder adquisitivo, unos índices de lectura y un gasto promedio en libros bastante altos—. La conformación de HarperCollins Publishers es el resultado de dos operaciones emprendidas por News Corporation: en primer lugar, la compra de la norteamericana Harper & Row que tuvo lugar en 1987; y en segundo lugar, la adquisición de la británica William Collins & Sons, que entonces cubría los Estados Unidos, Canadá, el Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda e India.


En el ámbito de la literatura HarperCollins Publishers es un grupo editorial enfocado hacia la ficción literaria y comercial cuyo catálogo cuenta con autores como Mark Twain, Emily Brontë, Charles Dickens, H. G. Wells, Agatha Christie y J. R. R. Tolkien. Por otro lado, sus distintos sellos editoriales cubren áreas como los libros de cocina, religiosos, de misterio, infantiles y espirituales.


Entre los sellos de HarperCollins Publishers se encuentran Amistad, Avon, Avon A, Avon Inspire, Avon Red, Caedmon, Collins, Collins Design, Ecco, Eos, Greenwillow Books, Harper Mass Market, Harper Paperbacks, Harper Perennial, Harper Perennial Modern Classics, HarperAudio, HarperCollins, HarperCollins Australia, HarperCollins Canada, HarperCollins India, HarperCollins U.K., HarperCollins Children’s Audio, HarperCollins Children’s Books, HarperCollins Children’s Books Group – U.S., HarperCollins General Books Group – U.S, HarperCollins e-Books, HarperEntertainment, HarperFestival, HarperLuxe, HarperOne, HarperTeen, HarperTrophy, Joanna Cotler Books, Julie Andrews Collection, Katherine Tegen Books, Laura Geringer Books, Morrow Cookbooks, Rayo, William Morrow y Zondervan.


A través de empresas como las distintas divisiones del consorcio FOX, BSkyB, Nacional Geographic, The Times y The New York Post, el grupo News Corporation desarrolla actividades en otros campos como edición de prensa tanto generalista como especializada, producción de material audiovisual y distribución de éste a través de cadenas en abierto y de plataformas de televisión de pago.

lecturas de fin de semana [ 17 ] / ’66 feria de madrid ¿la hora del relevo?’

Con ocasión de la 66 Feria del Libro de Madrid la edición de esta semana del suplemento El Cultural, del diario El Mundo, incluye un interesante reportaje de Nuria Azancot que recoge el punto de vista de distintos pequeños editores independientes con respecto al estado actual del mercado editorial español y a la manera como éste los afecta un tema que desde el principio ha ocupado un lugar privilegiado en la agenda de [ el ojo fisgón ]—. Quienes están al frente de distintas editoriales como Abada, Alpha Decay, Artemisa, Berenice, Irreverentes, La Factoría de Ideas, Menoscuarto, Nórdica, Periférica, Rey Lear, Sexto Piso y 451 hablan de su experiencia y analizan tanto las dificultades que han tenido hasta el momento, como sus planes y proyecciones a futuro.

66 Feria de Madrid ¿La hora del relevo?

Nuria Azancot

Los nuevos editores analizan los problemas del sector en vísperas de la gran fiesta del libro que comienza el viernes


A partir de mañana —25 de mayo de 2007— y hasta el 10 de junio, la 66 Feria del Libro volverá a apoderarse del corazón de Madrid, arrastrando al parque del Retiro a miles de escritores, libreros, editores, lectores y curiosos ojeadores (y hojeadores) de novedades. Una fiesta en la que, sin embargo, la mayoría de sus 344 casetas ofrece una oferta es casi clónica, con pocas alternativas a los best sellers impuestos por el mercado. El Cultural quiere ocuparse de hoy de esas alternativas, porque en ellas se refugia a menudo el talento, la ironía y la felicidad que proporciona la gran literatura. Esa por la que han apostado los editores convocados en estas páginas, casi todos con presupuestos mínimos pero grandes esperanzas y problemas serios de supervivencia.

La mayoría de los pequeños editores no tienen caseta propia en la Feria, aunque, como explica bienhumorado Javier Azpeitia, responsable de 451, “estaremos dando vueltas por ahí: todos los libreros y los editores en tan pequeño espacio… Es demasiado tentador”. Tampoco se hacen demasiadas ilusiones sobre posibles ventas: “No creo que haya muchas”, se lamenta Diego Moreno, de Nórdica; “Para nosotros la cifra de venta en la feria no es importante, lo que nos interesa sobre todo es repartir catálogos, material promocional y llegar a un público que de otra manera no llegaríamos”, explica Paris Álvarez, de La Factoría de Ideas; “No tenemos grandes expectativas de ventas. Nuestros autores tampoco”, apunta Santiago Tobón, de Sexto Piso; “Más que ventas importa que la gente nos conozca y se interese por lo que publicamos”, destaca Diana Zaforteza, de Alpha Decay. El más optimista es Fernando Guerrero, de Abada, ya que, “aunque hablar de ventas es siempre complicado, este año esperamos movernos en torno a los 800 ejemplares vendidos…”Y claro, con esas perspectivas, se conforman, como explica Jesús Egido, de Rey Lear, con “participar en la fiesta, que nos conozcan, que toquen nuestros libros, que los hojeen, que los huelan… Que pierdan el respeto hacia el libro como algo lejano o muy sesudo y aprendan a disfrutar con él. ¡Qué más pueden pedir nuestros autores! La feria debe ser compartida por todos”.

Se trata, en definitiva, de que sus libros estén en alguna caseta, ya que la Feria es una oportunidad de salvar el cerco de silencio que a veces les acosa.


Elogio y refutación del librero

Al cabo, como explica Carola Moreno, de Barataria, “allí los pequeños tenemos la posibilidad de enseñar nuestros libros y de tomar contacto con libreros y público. Es además un excelente escaparate para los autores que, como los editores, suelen hacer su trabajo muy aislados, muy alejados de los lectores. De todas formas, la feria de Madrid es la fiesta de los libreros, el gremio más maltratado en los últimos años. Su paulatina desaparición por asfixia ante el avance de los macrogrupos es el verdadero drama del libro. Un buen librero conocedor de su oficio no tiene repuesto posible. Merecen todo nuestro reconocimiento y toda la ayuda que se les pueda prestar”.

Ellos también reclaman ayuda, aunque cada caso es muy distinto, empezando por el dinero que manejan. Así, el presupuesto de Rey Lear para este año rondará los 50.000 euros; el de Periférica, los 100.000; Ediciones Irreverentes, los 110.000, para 29 títulos editados en 2006, y tiradas de 500 a 2.500 ejemplares; Menoscuarto cuenta con 125.000 euros de presupuesto, para 15-20 títulos anuales y tiradas de 2000 a 3000 ejemplares, “llegando excepcionalmente a 5.000”; Diana Zaforteza, de Alpha Decay, publica 9-10 títulos al año, con tiradas que oscilan entre 2000 y 2.500 ejemplares y un presupuesto “muy limitado”. Tampoco lo precisan Marian Montesdeoca, de Artemisa, ni Santiago Tobón, de Sexto Piso, ni ….

En cambio, Javier Fernández, de Berenice, señala como “objetivos de ventas para 2007 los 300.000 euros”, con un ritmo de publicaciones de tres títulos al mes y 2000 ejemplares de tirada; Fernando Guerrero, de Abada, cuenta para este ejercicio con 440. 000 euros, “con el que pretendemos continuar nuestra media de libros por año, 30”, pero con tiradas medias de 1.200 ejemplares para los títulos de autores españoles y 2.200 para las traducciones. La excepción, claro, es La Factoría de Ideas, no en vano su editor, Paris Álvarez Ruiz, menciona “una cifra de negocio de 2.000.000 de euros que equivalen a unas ventas de unos cuatro millones de euros a precio de portada”.

Un año dramático


Pero es eso, la excepción. Quizá por ello, Carola Moreno prefiere no “enterarme demasiado de los aspectos económicos del ‘negocio’. Si lo hiciera probablemente Barataria no existiría desde hace tiempo. En todo caso, una editorial pequeña es un negocio casi siempre ruinoso. Las alegrías económicas son mínimas”. Y es que para estos editores todo es pequeño, menos las esperanzas. Y los problemas. Aunque en eso tampoco se ponen de acuerdo, ni siquiera en si existe o no la crisis del sector o cómo les afecta. En este sentido, la más clara (la más sincera) vuelve a ser Carola Moreno, quien proclama que “en privado o en público el año está siendo dramático. Acabo de estar en la Feria del libro de Sevilla. Casi todas las casetas lucían en un ochenta por ciento repetitivas cubiertas de pseudo novelas históricas. El espacio para el libro-libro es mínimo, puramente residual. Habrá otras explicaciones, pero ésa salta a la vista”.

“Se lee poco, pero más que antes”


Javier Azpeitia (
451) denuncia que “la desorientación de los lectores no se debe al exceso de libros sino a la falta de definición de las líneas editoriales, que en muchos casos las grandes editoriales fomentan para revolver las aguas”. Jesús Egido (editor y único empleado de Rey Lear) apunta que “el gran enemigo de la cultura en España es la debilidad de nuestro sistema educativo, del que el lector tiene poca culpa”. Tampoco se plantea vencer a los grandes grupos, pues “somos muy pequeños para plantearnos este tipo de carreras de velocidad, nos va más el maratón. No obstante, publicamos Alves & C. de Eça de Queiroz meses antes de que Alba Editorial editase Alves y Compañía. Y nuestra traducción, de Juan Lázaro, es magnífica.”

Por su parte Julián Rodríguez Marcos (Periférica) reivindica el papel del editor “no sólo como intermediario entre el autor y el lector, sino también como una mezcla de hermeneuta y agente o activista cultural”. Y ofrece su personal diagnóstico: “Estamos en un momento confuso, pero también excitante. Excitante porque está en transformación. No somos agoreros: creemos en el futuro. Cada vez, eso sí, ha de ser más plural, necesita ser más plural. Se lee poco, por supuesto. Siempre se lee poco. Pero se lee más que antes. Y el número de bibliotecas ha crecido en toda España. Y tenemos confianza en ese papel futuro de las bibliotecas respecto a las pequeñas editoriales. Su ayuda sería muy útil para proyectos como el nuestro”. Y denuncia otro problema: “algunos de los autores latinoamericanos que hemos publicado han recibido, tras ser publicados por Periférica y encontrar eco en la crítica española, ofertas de grandes grupos editoriales, algunos de capital español, en sus países de origen, y también de algunas agencias literarias españolas que no han actuado con elegancia al dirigirse a nuestros autores de espaldas a nosotros…”.

Autores vetados por las grandes


Diego Moreno (
Nórdica) descubre que el balance del primer año de la editorial “ha sido muy positivo. Hemos empezado desde cero, pero se va consolidando”, aunque reconoce que “a veces los proyectos fallan porque no le damos la importancia que tienen la comunicación y la distribución”. Más: “El problema no son tanto los otros editores de mi tamaño como la inundación de los best sellers de los grandes grupos que dejan muy poco espacio a los demás. Además, estamos en un país en el que no se da la importancia que el libro tiene, y no hay apenas ayudas para proyectos culturales”.

En busca del lector fiel


También Javier Fernández, de Berenice, considera sus mayores problemas “la visibilidad y la rotación vertiginosa en el punto de venta. Mi experiencia me dice que para que sobrevivan los libros de fondo, como son mayormente los nuestros, hay que complementar la oferta con otros títulos de mayor pegada que fidelicen a libreros y lectores. El editor debe trabajar con dignidad y honestidad, y buscar soluciones mirando hacia delante. Me viene también a la cabeza el caso de J. G. Ballard. Hace unos años pedí los derechos de un libro que había sido olvidado por Minotauro, Running Wild, y en un primer lugar se nos concedieron los derechos, pero después se usó nuestra oferta para presionar a Minotauro y el libro vio la luz allí. Tras esta experiencia me dirigí al editor de Minotauro, y le expuse mi interés personal en Ballard, puesto que aún quedaba un libro inédito suyo y no quería que se repitiese la experiencia. Hemos recibido un trato exquisito por parte de Minotauro y su ayuda para obtener los derechos. Y War Fever, de J. G. Ballard, verá la luz en Berenice en el otoño próximo”.

Otro editor que ha sufrido en sus carnes editoras estas prácticas ha sido Paris Álvarez Ruiz (La Factoría de Ideas), que recuerda cómo “sí nos hemos adelantado y hemos publicado libros que publican en grandes grupos editoriales, pero es muy difícil; no podemos hacer las ofertas que hacen ellos. Sí que hemos tenido autores a los que les han vetado publicar con nosotros a cambio de publicar con ellos, un ejemplo es la editorial Planeta. También algunos de estos grupos han comprado algún título por el que estábamos interesados sin intención de publicarlo, de esta manera impiden que sean publicados por nuestra editorial u otras y evitan competencia. Son prácticas habituales que desde el punto de vista empresarial son comprensibles pero desde el cultural no, porque ese título nunca llegará al mercado”.

Mentiras imposibles de creer


Pero, en general y a pesar de todos los problemas, estos editores rezuman optimismo, incluso cuando, como Miguel Ángel de Rus (Ediciones Irreverentes) afirma que “los editores y los políticos dicen siempre en público que todo va genial, pero es falso. Las estadísticas de lectura son mentiras imposibles de creer, pero Ediciones Irreverentes está en crecimiento. Hasta nos hemos dado el lujo de publicar un periódico literario mensual, Irreverentes, que tira 6.000 ejemplares”. En la misma línea, Fernando Guerrero, de
Abada, destaca que “para nosotros este año está siendo positivo. No diré que todo esto esté siendo fácil, pero no puedo hablar de un año dramático, ni mucho menos”. También Santiago Tobón, de Sexto Piso, lo confirma: “en medio de un panorama tan pesimista, creemos que somos afortunados”. Muy divertida, Marian Montesdeoca, de Artemisa, asegura que “¡el año está siendo todo un éxito! Nuestros libros cada vez gustan más. Sin embargo, las ventas no reflejan la buena acogida de nuestro catálogo. ¿Será que es cierto que hay crisis?”. Y es que, señala Azpeitia, “los editores somos un poco llorones, hay que tener paciencia con nosotros”. Menos entusiasta, José Ángel Zapatero, de Menoscuarto, considera que la actual crisis del sector “afecta más a las grandes editoriales. Nosotros lo notamos menos porque no nos dirigimos al gran público, sino a un público lector bastante más reducido pero más fiel. Creo que el gran problema es la excesiva producción de títulos que saturan las librerías y despistan a los lectores”. Según Diana Zaforteza, “el panorama no es muy alentador pero yo creo que los vientos son más favorables de lo que parece, eso sí uno ha de tener claro que es una profesión vocacional. Mi experiencia es claramente positiva, tanto que quiero embarcarme en otro proyecto”. O, como celebra Jesús Egido, “Debe ser por el atrevimiento de la ignorancia, pero en Rey Lear estamos encantados de haber nacido. Los lectores nos han acogido mucho mejor de lo que esperábamos. No hay que engañarse, el mundo del libro en España es el que es y quien quiera obviar esa realidad puede encontrarse con grandes frustraciones”.

Viernes, mayo 4, 2007 categorizado bajo concentración, grupos multimedia

aproximación al panorama actual de la industria editorial [ 3 ] / otras actividades del grupo multimedia alemán bertelsmann

Ayer me referí a la edición y comercialización de libros en todas las áreas —ficción literaria, actualidad, cocina, viajes, minorías étnicas, religión y literatura comercial— por parte del The Random House Publishing Group. Sin embargo, no hablé de las actividades que desarrolla en otros sectores el grupo multimedia alemán Bertelsmann.

Dos de las más importantes actividades de Bertelsmann, en las cuales al igual que en la edición sus empresas juegan un papel importante, están muy ligadas entre sí: por un lado, la radiodifusión y el audiovisual; y, por el otro, la industria discográfica.

En el campo de la radiodifusión y el audiovisual, Bertelsmann cuenta con el RTL Group —basado en Luxemburgo— que está constituido por una red de 29 estaciones de radio y 38 cadenas de televisión en toda Europa.

BMG, a su vez, es la división de Bertelsmann en la industria discográfica. Su actividad en este campo se centra en la edición y comercialización de material fonográfico en los soportes convencionales a través de Sony BMG Music Entertainment, que pertenece en un 50 % a Sony Corporation of America y que tiene sellos como Arista, Arista Nashville, BMG Latin, Bluebird, Burgundi, Columbia, Columbia Nashville, Epic, Masterwoorks, RCA, Sony BMG Latin, Sony Gonder y Zomba.

Mediante esta descripción sólo busco dar algunas pistas para aproximarse al estado actual de Bertelsmann y suscitar el interés por rastrear tanto la historia de sus distintas empresas como la evolución de los vínculos que históricamente han existido entre éstas, de manera que si alguien está interesado en hacerlo tenga un punto de partida. Estoy seguro de que justamente por su carácter descriptivo esta breve presentación puede no sólo despertar algunas inquietudes, sino también ofrecer una instantánea que puede ayudarnos a atar cabos en una época en la que el panorama de las industrias mediáticas evoluciona muy rápidamente y en la que la existencia de los grandes grupos se fundamenta en la tendencia a la diversificación de actividades.

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