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lunes, junio 29, 2009 categorizado bajo notas sueltas, obiei

notas sueltas [ 9 ] / dificultades para leer, la colección alpha mini y el obiei

Hace poco Raúl citó en una entrada de Viajero a Ítaca algo que había escrito un año atrás y que empezaba así:

‘Es deprimente no poder leer. Me ocurre de cuando en cuando, alguna vez ya lo he contado aquí. Empiezo un libro y lo tiro a las pocas páginas. Normalmente son libros en los que había puesto grandes expectativas’.


Según explica Raúl más adelante, no puede leer porque entre los libros que recomiendan los suplementos culturales ‘la mayoría fallan. No cumplen lo que prometen. Crean falsas expectativas. Me hacen perder el tiempo y el dinero. Cuando cierro con más ira que tristeza (antes sí me entristecía, ahora me pongo furioso) una novela, me entran ganas de abandonar la lectura y pasarme al audiovisual (HBO es grande, muy grande). Realmente, no pueden existir tantos buenos libros como las editoriales y los suplementos literarios quieren hacernos creer. Es imposible. Hay mucha morralla. Y no me refiero a los bestsellers de una temporada: hablo del apartado “literatura”’.


Luego añade:


‘Ya he perdido mucho tiempo. Si me levanto dos horas y media antes de entrar a trabajar para poder leer un rato, no es para aguantar basurillas con pretensiones literarias.


Estoy muy enfadado. Quiero leer. Necesito leer.


He revisado mi biblioteca. Nada me atrae. Quizá relea alguna buena novela. A veces ayuda’.


A mí me pasa algo parecido aunque por razones distintas.


Últimamente leo poquísimo. O mejor dicho: leo mucho por trabajo pero el tiempo que dedico en mis ratos libres a mis lecturas de entretenimiento puro cada vez es menor y tiende a cero. Después de estar ocho o diez horas entre libros, archivos, blogs, teclados y pantallas me cuesta mucho trabajo ponerme a leer. De los diez o doce libros que he empezado a leer este año para entretenerme en mi tiempo libre, sólo he terminado uno y hacerlo me tomó casi tres meses.


Desde hace un tiempo tiendo a descartar la lectura de novelas porque soy consciente de que es bastante probable que las deje empezadas. Es por esto que últimamente me inclino a leer libros de textos breves, de esos en los que en dos o tres páginas el autor plantea una idea, esboza un desarrollo y al final llega a alguna conclusión parcial o deja un par de preguntas abiertas.


Como Raúl, ‘estoy muy enfadado. Quiero leer. Necesito leer’.


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La semana pasada recibí los dos primeros títulos de la colección Alpha Mini, de la editorial Alpha Decay: La mascarada de la muerte roja, de Edgar Allan Poe, y El cuento, de Joseph Conrad. Próximamente saldrán los siguientes títulos: Santa Cecilia o el poder de la música, de Heinrich von Kleist; Alicia en Westminster, de Saki; y El Ballet de las Naciones, de Vernon Lee.


La editorial define esta nueva colección como ‘cápsulas literarias portátiles de lectura instantánea’. Los títulos están muy bien seleccionados y las ediciones están hechas con mucho cuidado.

Alpha Decay es una editorial que no solía interesarme mucho y que ha empezado a llamarme la atención a raíz de la aparición de las colecciones Héroes Modernos y Alpha Mini.

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El Observatorio Iberoamericano de la Edición Independiente (OBIEI) sigue cogiendo forma. Poco a poco empezamos a familiarizarnos con el estado actual de la edición independiente en Iberoamérica y estamos preparando las charlas que daremos durante la Feria Internacional del Libro de Bogotá.


Gracias a quienes nos han ofrecido su apoyo, a quienes han manifestado su entusiasmo frente al proyecto y a quienes han contribuido a difundir la información con respecto a éste.


Estén pendientes porque seguiremos no sólo informando sobre los planes y las actividades del OBIEI, sino también comentando las inquietudes a las que vayamos enfrentándonos durante el desarrollo del proyecto y los resultados de nuestro trabajo.

notas sueltas [ 8 ] / procrastinar, visibilidad e impacto globales de proyectos locales y la pérdida de influencia de la cultura francesa

Entrevisté a la editora Pilar Gutiérrez Llano, de Tragaluz editores, el martes 7 de octubre de 2008 en Medellín pero sólo hasta la semana pasada publiqué la entrevista a pesar de que Margarita me había entregado la transcripción el 21 de noviembre.

Desde diciembre de 2008 una de las primeras cosas que pensaba todos los días al despertarme era que tenía que editar las entrevistas que había hecho durante mi viaje a Colombia —a Gustavo García, a Pablo Arrieta, a Pilar, a Luis Rocca y a Diego Amaral—. Sin embargo, no encontraba el momento para hacerlo. Durante meses cada lunes en la mañana me prometí con entusiasmo que esa semana empezaría a editar alguna de las entrevistas y que una vez comenzara con una todo lo demás vendría con absoluta naturalidad. Pero el miércoles ya era evidente que no lo haría. No sé cómo ni en qué momento me convertí en un experto en postergar asuntos pendientes —todo un procrastinator profesional—.

Mi conflicto con la edición de estas entrevistas tiene un origen doble: en primer lugar, me parecía impresentable responder de esta manera a la generosidad con la que Gustavo, Pablo, Pilar, Luis y Diego me dedicaron su tiempo y compartieron conmigo un testimonio acerca de su experiencia profesional así como el conocimiento que han adquirido a través de ésta; y, en segundo lugar, todas estas entrevistas son valiosísimas y dejarlas guardadas en un cajón sería un verdadero desperdicio.

También me preocupaba que su contenido caducara pero editándolas me he dado cuenta de que salvo las alusiones a temas estrictamente coyunturales, todo lo que se dice en ellas sigue teniendo vigencia y seguirá teniéndola durante mucho tiempo.

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El caso de Tragaluz editores me parece interesantísimo porque es una editorial cuyo trabajo es cuidadoso, de buena calidad y lindísimo. Sin embargo, muchas veces me cuesta transmitirle a alguien que no sea colombiano el entusiasmo que me producen los libros de Tragaluz porque el catálogo de esta editorial es 100 % local. Hasta el momento Tragaluz sólo ha publicado autores colombianos, la mayoría de los cuales son de Antioquia —el departamento cuya capital es Medellín—.

Lo que me tranquiliza cuando pienso en todas estas cosas es que además de que los libros de Tragaluz llaman la atención con sólo verlos, Pilar y Juan Carlos han escogido muy bien a los autores que han publicado. Por otro lado, supongo que nombres como Darío Jaramillo, Giovanni Quesseps, Meira Delmar, Juan Gustavo Cobo Borda, Eduardo Escobar o Jaime Jaramillo no deben ser del todo ajenos para algunos lectores no colombianos de ese género minoritario que es la poesía.

Finalmente, me entusiasma que a través de Internet un proyecto local como el de Tragaluz pueda tener una visibilidad y un impacto globales.

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A propósito de la presencia de Francia como invitado de honor a la Feria del Libro de Madrid, el pasado 13 de junio apareció en la sección de cultura de El País el artículo “Un prestigio sin lectores”. En este artículo Javier Rodríguez Marcos se refiere a un tema que me interesa muchísimo y sobre el cual quise escribir alguna cosa hasta que me di cuenta de que me hacían falta muchos elementos para decir algo sensato y sólido al respecto: la pérdida de la influencia de la cultura francesa en el resto del mundo.

Rodríguez Marcos afirma que ‘si Nueva York arrebató a París la capitalidad del arte moderno, el inglés ha terminado haciendo en la literatura lo propio con el francés’ y a continuación cita las siguientes palabras de un profesor de la Universidad de Barcelona llamado Francisco Lafarga:

‘Además de la lengua, el interés por una literatura extranjera está también en función del valor que lectores y escritores le atribuyen como foco de influencia. Es lo que pasó entre los siglos XIX y XX con la novela realista y la poesía moderna. Hace años que en España no se ve a la narrativa francesa viva como un foco’.


Luego Rodríguez Marcos anota que ‘Lafarga ve en los clásicos, las ciencias humanas y el cómic una “compensación a la pérdida de esa influencia” pues, dice, el nouveau roman fue “el último foco”. Muertos los pesos pesados, lo que quedan son “individualidades” con mayor o menor éxito y calidad: Yasmina Reza, Pascal Quignard, Houellebecq…’.

Durante la Feria del Libro de Madrid no sentí por ningún lado la presencia de Francia como invitado de honor y tampoco encontré nada que me ayudara a recuperar ‘el interés por la literatura francesa contemporánea que, salvo por la novela policíaca y el cómic, últimamente me parece tan aburrida’. Tant pis !

martes, junio 2, 2009 categorizado bajo crítica, industria editorial española, notas sueltas, periodismo literario

notas sueltas [ 7 ] / libro sobre periodismo literario, los cambios en la industria editorial y los problemas de la crítica amiguista



A través de un comunicado de prensa de la filial colombiana de Santillana me enteré hace unas semanas de que Aguilar acaba de sacar en Colombia una reedición de Los periodistas literarios o el arte del reportaje personal, una antología con selección y prólogo de Norman Sims que El Áncora editores había publicado hacia 2000 y que desde hacía un tiempo estaba descatalogada. La selección de textos es bastante buena y permite aproximarse al periodismo literario a través de algunas de las figuras más representativas de este movimiento.





Después de haber publicado recientemente dos libros de Gay Talese, Aguilar se anota otro hit con esta nueva edición de Los periodistas literarios o el arte del reportaje personal en lo que parece ser un intento por dar cuenta de la manera como distintos autores estadounidenses han explorado la relación entre el periodismo y la literatura.


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Aprovechando que coincidiremos en Madrid durante la Feria del Libro, con Pablo Odell les hemos propuesto a Manuel Gil y a Francisco Javier Jiménez sostener una conversación a propósito de los cambios que está sufriendo actualmente el sector editorial español. Concertada esta cita, ayer decidí releer El nuevo paradigma del sector del libro para hacer un repaso de los planteamientos que ManuelFrancisco Javier hacen en este libro escrito a cuatro manos y que aporta diversos elementos para comprender la evolución del sector editorial español, su estado actual y las tendencias y los fenómenos que están teniendo lugar en él.


La riqueza de El nuevo paradigma del sector del libro a la hora de dar cuenta del pasado reciente y del presente de la edición en España se deriva tanto de la experiencia transversal de ManuelFrancisco Javier en distintas instancias de la cadena de producción editorial, como del manejo por parte de éstos de una perspectiva sociológica amplia que se nutre de los planteamientos de investigadores como Zygmunt Bauman, Gilles Lipovetsky, André Schiffrin, Gilles Colleu y Joaquín Rodríguez.


Para quienes aún no han leído El nuevo paradigma del sector del libro, reproduzco a manera de abrebocas el siguiente fragmento de su introducción:


‘El objeto de este estudio no es el libro, su definición o el diagnóstico de sus constantes vitales, sino el mercado del libro español. La doble condición que ostenta el libro, en tanto que valor cultural y objeto de consumo, por un lado enriquece y por otro dificulta su tratamiento y análisis. Los autores de este estudio, no obstante, somos de la creencia del valor insustituible del libro-cultura, pero no renunciamos a abordar el análisis de ciertas perspectivas del mercado editorial contando con esa otra dimensión insoslayable del libro-producto o libro-mercancía’.


A quienes estén interesados en profundizar en el tema, además de leer este estudio les recomiendo seguir el blog Paradigma libro.


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Y para terminar, una historia sobre comentarios amiguistas que tiene varios episodios y que desde hace varios días me da vueltas en la cabeza:


1. Adriana Cantor escribe un libro de relatos llamado La dosis mortal y lo autopublica en Colombia.


2. una reconocida revista cultural llamada Número publica una elogiosa reseña de La dosis mortal.


3. una revista sobre temas culturales que se llama Arcadia también publica un comentario elogioso de La dosis mortal que ha escrito su directora.


4. Camilo Jiménez publica en el ojo en la paja una reseña en la que es bastante crítico con el libro y con la manera como procedió la autora al publicarlo.


5. en los comentarios de la entrada se arma una discusión interesante sobre toda esta historia, que se calienta cuando el autor del comentario publicado en Número reconoce que el libro de Adriana Cantor no es ninguna maravilla y que lo que él escribió no es ‘un ejercicio crítico sobre una obra literaria en rigor. Tampoco es propaganda. Es un comentario cándido de alguien que conoce a la autora y que saluda de modo afectuoso su esfuerzo creativo’.




De la reseña de Camilo y de la discusión que ésta desencadenó saco varias conclusiones sobre las que quisiera llamar la atención:


1. el “error” de Adriana Cantor no consiste en autopublicar La dosis mortal, sino en no haber sometido su trabajo al escrutinio de un editor profesional que la orientara en el tratamiento de ciertos aspectos tanto argumentales como técnicos de sus relatos y en la selección de los textos que componen el libro.


2. no siempre los editores asumen el rol que menciona Camilo de sugerirles a los autores formas de resolver los problemas argumentales y técnicos de los manuscritos que someten a su consideración. Los editores muchas veces rechazan o aceptan los manuscritos que reciben una vez los han leído pero no les ofrecen a los autores un feedback con respecto a su trabajo.


3. la publicación de un comentario elogioso sobre un libro en un medio de comunicación le quita credibilidad tanto a quien lo escribe como al medio en el que aparece cuando el único criterio tenido en cuenta para publicar el comentario es el afecto que se le tiene al autor del libro y no se toma en consideración la calidad literaria de éste.


Con esta entrada vuelvo sobre la pregunta que me hice hace unos meses después de leer un texto de Margarita Valencia: ¿en nuestro medio cuáles son el lugar y el status de la crítica?


lunes, mayo 25, 2009 categorizado bajo contenidos digitales, notas sueltas

notas sueltas [ 6 ] / entrevista de josé antonio millán a guillermo schavelzon y un comentario sobre los inmigrantes y los nativos digitales

Como durante las últimas semanas los contenidos digitales han dado mucho de qué hablar debido a la cantidad de actividades y noticias que ha habido recientemente alrededor de ellos, estaba pensando que es bastante probable que algunas personas tengan la impresión de que de repente [ el ojo fisgón ] se ha convertido en un blog sobre edición y nuevas tecnologías. Y no es así. Lo que pasa es que debido a mi interés por las tendencias del mercado editorial me parece fundamental ponerle atención no sólo a la manera como en nuestro medio se está ampliando la conciencia en relación con la importancia de los contenidos digitales, sino también a los cambios de actitud de ciertas franjas del sector editorial español con respecto a éstos.


Pasados el eForo Publidisa 2009 y las jornadas Los futuros del libro que organizó la Feria del Libro de Sevilla, me queda poco por decir sobre lo que se habló allí. A lo que he dicho durante las últimas semanas sobre contenidos digitales quisiera añadir un par de anotaciones.


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El pasado 7 de mayo José Antonio Millán publicó una entrevista, interesante, sintética y contundente que le hizo al agente literario Guillermo Schavelzon. Quizás el aspecto de la entrevista que más me llama la atención es que José Antonio ponga sobre la mesa el tema de la gestión de derechos para soportes digitales, que desde hace un tiempo algunos han empezado a incluir en las negociaciones de los derechos y que en España empezó a dar de qué hablar seriamente a raíz de la presentación de la iniciativa a través de la cual la agencia literaria Carmen Balcells ha empezado a comercializar en formato digital las obras de algunos de los grandes autores que representa.


Schavelzon aborda el tema con bastante cautela y no parece estar dispuesto a apresurarse a entrar al negocio de los e-books hasta que no se hayan definido los estándares técnicos ni las reglas que regirán su funcionamiento:


‘Para mí el negocio de los libros electrónicos solo será posible cuando se haya definido quién dominará el hardware para leerlos, los dispositivos. Esa es una lucha entre gigantes (Apple, Google, Amazon, Sony…). El que imponga su dispositivo –ellos dicen que faltan dos o tres años– será nuestro principal comprador de derechos, mientras toda editorial digital doméstica, aunque tecnológicamente es posible, solo sirve para generar un intermediario más’.


En su página Web José Antonio ya había publicado un texto de 1999 en el que Schavelzon explica en qué consiste la función de un agente literario. Más adelante José Antonio complementó el texto en cuestión enlazando la entrevista que yo le hice al agente argentino hace ya dos años largos.


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En la conversación que sostuvieron Javier Celaya y Pablo Arrieta en Madrid después del eForo Publidisa 2009, éste hizo un comentario sobre los inmigrantes y los nativos digitales alrededor del cual se generó una conversación interesante en los comentarios a la entrada en la que presenté el vídeo que hicimos con los chicos de Tökland. Dice Pablo:


‘Siento que en los países del norte, Estados Unidos esencialmente, la actitud es mucho más proactiva. También tiene que ver con que es un país de inmigrantes. Ese término que se ha acuñado de “inmigrantes digitales” y “nativos digitales” es curioso porque los nativos normalmente no son personas que tengan grandes necesidades. Simplemente están ahí y ya. Y los inmigrantes son los tipos que necesitan creársela. Yo siento que los italianos o los colombianos que llegaron a poblar son mucho más recursivos que los hijos de segunda generación. Entonces el término es curioso porque uno pensaría que son los inmigrantes los que van a proponer más cosas y los que van a hacer más’.


Si es cierto que actualmente ciertos segmentos del sector editorial español están teniendo un cambio de actitud con respecto a los contenidos digitales, seguramente dentro de un tiempo empezará a haber oleadas migratorias hacia el mundo digital y será interesante estar ahí para ver sus consecuencias. Quizás aún más interesante será ver qué pasa cuando tras acabar sus estudios universitarios los primeros nativos digitales salgan a buscar trabajo y empiecen a desembarcar en el sector editorial.

miércoles, mayo 6, 2009 categorizado bajo notas sueltas

notas sueltas [ 5 ] / una rareza de fitzgerald, gomorra por martín franco y hermanocerdo 23

Desde que Seix Barral hizo a principios de 2007 una edición ampliada de Prosas apátridas he comprado ese libro varias veces porque siempre termino regalándoselo a algún amigo. Hace un mes largo no tenía nada que hacer un sábado en la tarde, así que decidí ir a comprar otro ejemplar de Prosas apátridas porque desde hacía tiempo tenía miedo de que la edición se agotara y yo no quería dejar de tener ese libro en mi biblioteca personal —estuvo descatalogado durante muchos años y desde que descubrí a Ribeyro en 2004 lo busqué hasta el cansancio—.

Fui a La Central del Raval a comprarlo y aproveché que estaba allí para echarle un ojo a las estanterías. Cuando estaba en la parte de narrativa anglosajona traducida, en una caja abierta que había debajo de una estantería me encontré con un ejemplar de un libro de Scott Fitzgerald que no conocía y que me pareció curiosísimo: El crucero de la Chatarra Rodante, editado en 1990 por Anagrama y traducido por Enrique Murillo.


El crucero de la Chatarra Rodante es el relato de un viaje que el escritor estadounidense y su esposa Zelda hicieron por la costa este de los Estados Unidos durante el verano de 1920 y viene acompañado de unas imágenes lindísimas. Según dice el autor de la introducción, Fitzgerald había escrito el texto para The Saturday Evening Post que lo rechazó y se lo vendió a la revista Motor.




Es una coincidencia que en medio del resurgir del interés por Fitzgerald a raíz de la salida de la adaptación cinematográfica de El curioso caso de Benjamin Button —al cual me referí hace un tiempo en la primera entrega de estas notas sueltas— yo me encuentre un libro publicado en 1990 que estoy seguro de no haber visto nunca antes porque en una época estuve a la caza de libros de Fitzgerald.

El libro me pareció demasiado barato para pertenecer la colección Panorama de narrativas —aunque es del tamaño de un compacto de los grandes—: 7.22 euros. Pero lo que más me llamó la atención del precio del libro es que debajo de la etiqueta en la que éste estaba indicado —que fue puesta el 1 de abril de 2009— había otra mas pequeña de la Distribuidora popular con un precio en pesetas. Cuando esta etiqueta fue puesta —necesariamente antes de 2002— el libro de Fitzgerald costaba 9.207 pesetas.


¿Dónde habrá estado este libro todo este tiempo? ¿Por qué estaba fuera de circulación? ¿Cuántos ejemplares quedan de la edición y dónde están éstos? ¿Se prevé reeditarlo?

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En semana santa conocí al periodista colombiano Martín Franco, que actualmente vive en Madrid y en ese momento estaba de paso por Barcelona. Mientras hablábamos Martín me contó que estaba leyendo Gomorra para hacer un artículo para una revista pero que le daba mucha pereza seguir leyéndolo. Según me dijo, le molestaba que en todas partes se hablara tanto de Roberto Saviano y tan poco del libro como tal.



Por curiosidad compré Gomorra en Guadalajara y empecé a leerlo en diciembre pero lo dejé hacia la página 80 porque no me enganchó. En febrero o marzo volví a cogerlo para leerlo en el metro o antes de irme a dormir pero siguió sin engancharme y hablando con Martín no sólo me di cuenta de que llevaba alrededor de diez días sin abrirlo, sino que también decidí que no iba a leer las 45 páginas que me hacían falta para terminarlo. Sinceramente creo que lo mejor que tiene Gomorra es la imagen de Andy Warhol que ilustra la portada —al menos en la edición de Debate que yo tengo, por lo cual al final todo el mérito es para el artista estadounidense—.

Durante nuestra charla Martín y yo concluimos que a pesar de que la historia puede ser interesante y de que todo parece estar muy bien documentado, el libro carece de un hilo argumental bien articulado, el relato está bastante mal escrito —un problema de estilo que le da a Saviano el beneficio de la duda porque se les puede atribuir a los traductores— y la lectura es aburridísima.

En fin, el pasado 22 de abril Martín publicó en su blog una entrada titulada “El último grito de la moda” en la que declara lo siguiente:

‘No pude terminar Gomorra. Lo intenté varias veces, postergué su lectura, lo empaqué día tras día en el morral con la esperanza de leerlo. Pero siempre que lo veía volteaba la cara. Tampoco logré encontrar una crítica al libro porque, según parece, ventilar ante el mundo a esta mafia le ha dado el ansiado tótem de la inmunidad. Tal vez por eso nadie dice que es un libro denso, fragmentario, que carece de un hilo conductor e introduce personajes que aparecen y se esfuman con una facilidad asombrosa; o que en repetidas ocasiones el narrador se pierde en una enumeración de datos que bien podrían ser una especie de copy-paste de los archivos que durante meses le facilitó la policía para su investigación. Gomorra es aburrido y está mal contado; esa especie de reportaje-novela narrada en primera persona que vuelve otra vez sobre el mundo de la mafia no me agarró nada. Será en otra ocasión, Saviano’.


Completamente de acuerdo, Martín. Nunca mejor dicho.

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Hace un par de semanas salió el número 23 de HermanoCerdo, que entre otras cosas contiene reseñas de dos novelas que fueron premiadas recientemente en los premios de Anagrama y Planeta, crónicas sobre La Habana y Tokio, un cuento de Leonard Michaels y mucho más.

Les recomiendo echarse una pasada por la página de HermanoCerdo.