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notas sueltas [ 4 ] / lecciones de los desarrolladores de software para los editores, parecidos en portadas y el "idealismo mágico" de ángela becerra

Tim O’Reilly es una de esas personas que parece haber entendido de qué va ese rollo de la edición de contenidos en formato digital. De hecho, parece que O’Reilly Media ha encontrado un modelo de negocios que le ha permitido adaptarse exitosamente a los cambios que están teniendo lugar debido a la emergencia de los contenidos digitales y de los dispositivos electrónicos de lectura. Quizás el tema y la naturaleza de los contenidos que edita expliquen la capacidad de adaptación de O’Reilly Media frente al cambio tecnológico: ésta es la editorial de referencia de manuales de lenguajes de programación y software, textos de tipo modular cuyas partes pueden comercializarse perfectamente por separado —a diferencia, por ejemplo, de una novela—.


Hace poco O’Reilly publicó en su blog una entrada titulada “What Publishers Need to Learn from Software Developers”“Lo que los editores necesitan aprender de los desarrolladores de Software”— sobre la discusión que tuvo lugar durante el proceso de producción de The Twitter Book. En ella O’Reilly cita a Andrew Savikas, que dice:

‘The more I think about it the more obvious it’s becoming to me that the next generation of authoring/production tools will have much more in common with today’s software development tools than with today’s word processors.

Software developers spend enormous amounts of time creatively writing with text, editing, revising, refining multiple interconnected textual works —and often doing so in a highly distributed way with many collaborators. Few writers or editors spend as much time as developers with text, and it only makes sense to apply the lessons developers have learned about managing collaborative writing and editing projects at scale’.

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En los blogs sobre publicidad es frecuente encontrar entradas que señalan parecidos sospechosos entre piezas nuevas y otras que han sido producidas en el pasado en el marco de campañas de productos distintos. Aquí van dos ejemplos de esto mismo en el ámbito de las portadas de libros: el primero de ellos salió hace casi un año en el blog de la librería Negra y Criminal y el segundo no hace mucho en The Book Design Review.

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A propósito de la escritora colombiana Ángela Becerra, una autora de Planeta que acaba de ganar el III Premio Iberoamericano Planeta Casa América de Narrativa con la novela Ella que lo tuvo todo, se dice que es ‘la precursora del “idealismo mágico”’.


Si alguien sabe en qué consiste esta nueva corriente narrativa, le agradecería que me lo explicara.


Jueves, marzo 26, 2009 categorizado bajo notas sueltas, periodismo

notas sueltas [ 3 ] / la crisis de la prensa escrita y reseña de un beso de dick en el ojo en la paja

Hace unos días durante una cena Cinthya nos contaba con tristeza que recientemente la redacción de Público, el diario en el que Matiana y ella trabajaban hace unos años en Guadalajara, había quedado reducida a ocho personas. Muy lejos parecen estar aquellos tiempos en los que el equipo de la sección de Cultura al que ellas pertenecían contaba con siete personas y en los que la redacción del periódico tenía una plantilla de alrededor de cien periodistas.

‘No hay día más triste que el del cierre de un periódico’, se lamentaba Cinthya. ‘A mí ya me tocó una vez y ese día juré que nunca más volvería a trabajar en uno. Y miren, de ahí salí directo para Público’.


Como yo no compartía la nostalgia de Cinthya, mi intervención en la conversación se redujo a comentar esta foto que había visto justo el día anterior en Boing Boing.


Las noticias que nos llegan del mundo de la prensa escrita no son nada alentadoras: desaparición de diarios centenarios, disminución del número de páginas, congelamiento de los salarios, precarización de las condiciones laborales, despidos, eliminación de suplementos culturales de la edición impresa, etc. Después de que The New York Times tuvo que vender su sede cualquier cosa puede pasar.


Los periódicos perdieron hace un tiempo el monopolio de lo que André Schiffrin llama “el control de la palabra” y parecen haber sido los últimos en enterarse.


Me gusta lo que Alejando Peláez dice en su blog sobre el estado actual de la prensa escrita.


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El pasado martes 17 de marzo Camilo Jiménez publicó en el ojo en la paja una reseña buenísima de una de las novela más lindas que yo he leído: Un beso de Dick, de Fernando Molano.

Al final de su reseña Camilo anota que Un beso de Dick ganó la segunda edición del premio de novela de la Cámara de Comercio de Medellín. En 2000, cuando Molano ya había muerto, la novela fue reeditada en Bogotá por Proyecto editorial —llamada luego Editorial Babilonia—. Todo parece indicar que buscando con cuidado todavía se puede encontrar por ahí algún ejemplar de Un beso de Dick.


Yo le doy las gracias a Camilo porque con su reseña saca del olvido esta novela en la que un muchachito de 16 años llamado Felipe narra el inicio y el desarrollo de su romance con su amigo Leonardo.

En el último párrafo de su reseña dice Camilo:

‘Se pregunta uno: y si [la novela] estuviera enfocada con la misma intensidad en un cataclismo de amor semejante, pero heterosexual, ¿nos mantendría tan pegados a sus páginas? ¿Nos conmovería igual? ¿Habrá que hablar, entonces y contra la voluntad, de una “literatura homosexual” u “homoerótica”?’

Este comentario desató en “el club de conversación” de el ojo en la paja una discusión en la que algunos lectores habituales sentaron sus posiciones, en ocasiones polémicas pero siempre respetuosas, con respecto a este tema y al valor literario de Opio en las nubes —que, al igual que Un beso de Dick, es una novela de culto para ciertos lectores colombianos—.

Miércoles, marzo 18, 2009 categorizado bajo notas sueltas

notas sueltas [ 2 ] / la zona, de serguei dovlàtov, entrevista al scout aurelio major y el rival de prometeo en impedimenta

El miércoles pasado la editorial catalana LaBreu lanzó en el Horiginal el primer título de La Intrusa, su colección de narrativa. Se trata La zona, de Serguei Dovlàtov.

En el lanzamiento Esther Andorrà hizo una breve presentación de La Intrusa, Miquel Adam presentó La zona y leyó una carta que el equipo de LaBreu le escribió a Dovlàtov, Marc Romera leyó la primera carta del libro y Miquel Cabal habló sobre su experiencia como traductor del texto y leyó en catalán algunos pasajes que luego Yuri Mykhaylychenko leyó en ruso. Para terminar, éste interpretó algunas canciones que calentaron los ánimos antes de la barra libre de vodka que hizo salir borracho a más de uno.


La primera persona que me habló de Dovlàtov fue precisamente Miquel Adam, quien exactamente hace un año me prestó un libro de relatos llamado El compromiso y no me dejó tranquilo hasta que finalmente lo leí. En ese momento Miquel ya tenía la idea de publicar a Dovlàtov y estaba a punto de empezar sus negociaciones con el agente literario Andrew Wyllie —sí, señores, “El Chacal”—, que al parecer fueron una auténtica pesadilla.

La zona ya ha empezado a dar de qué hablar y yo espero poder leerla muy pronto.

A continuación reproduzco un fragmento de la carta que el equipo de LaBreu le escribió a Dovlàtov:

‘L’any 2005, un dels teus editors treballava a Laertes, una editorial rebel i independent que acabava de publicar un llibre molt bo, L’Analfabeta, d’una hongaresa que es diu Agota Kristof. Aleshores el teu editor era un paio molt jove i inexpert i no se’n sortia a l’hora de promocionar llibres. Solia rebre silencis desesperants, i aleshores el paio es fumava un cigarret nostàlgic i impacient.


Al mateix temps, però en un altre lloc, una jove periodista es va comprar el llibret de la Kristof per voluntat pròpia (ja saps que els periodistes esteu acostumats a demanar els llibres de gratis a les editorials). Aleshores, un dia, un dels teus editors va rebre un correu d’aquesta noia notificant que havia aparegut una ressenya seva a l’Avui sobre L’Analfabeta. Va resultar ser una ressenya collonuda. La periodista es deia Aida Segura, i l’editor i ella es van fer amics i van començar a intercanviar-se mails que parlaven sobre les servituds de les seves respectives professions mileuristes i desafortunades. També parlaven sobre literatura. I l’Aida, una tia molt elegant i misteriosa, un dia va començar a fer-se molt pesada pronunciant el teu nom i recomanant a un dels teus editors que fes el favor de llegir algun dels teus llibres. «Tio, t’has de llegir al Dovlàtov, eh? Ho faràs, oi?».


Quatre anys més tard, aquest mateix editor, sabent que l’Aida et porta al cor i que escriu meravellosament bé, i en homenatge a la seva amistat tan estranya, li va proposar que escrivís el text de la contracoberta. Espero que t’agradi’.

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Recomiendo echarle un ojo a la entrevista que le hizo el editor colombiano Juan Pablo Mojica al scout Aurelio Major y que el camarada Leroy Gutiérrez publicó en dos entregas —la primera y la segunda— en su blog Sobre Edición. Las preguntas están muy bien escogidas y formuladas. Dan mucha cancha para que Major haga un despliegue de los conocimientos que su experiencia le ha permitido desarrollar.

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Esta semana recibí El rival de Prometeo (Vidas de Autómatas Ilustres), que es el primer título de la colección El Panteón Portátil de Impedimenta. La sección de los textos fue hecha por Marta Peirano —autora del blog La petite Claudine—, quien los editó junto con Sonia Bueno Gómez-Tejedor.

Tanto por el cuidado con el que está editado como por la selección de los textos, El rival de Prometeo (Vidas de Autómatas Ilustres es una verdadera curiosidad.

Viernes, marzo 6, 2009 categorizado bajo librerías, notas sueltas

notas sueltas [ 1 ] / librerías, mesas de novedades, compras, crisis, balcanes y recomendaciones de lecturas

Ayer tenía una reunión de trabajo a las 18.00 y luego una cita a las 20.00 en la zona de Gràcia. Mi reunión sólo duró quince minutos, estaba haciendo frío porque había mucho viento y necesitaba moverme para mantenerme despierto porque tenía encima todo el cansancio de la semana, así que para matar el tiempo decidí ir a ver libros al Abacus de Balmes. En el fondo tenía ganas de antojarme de alguna cosa y quería terminar la semana comprándome algún libro.

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Dos observaciones con respecto al impacto de situaciones coyunturales sobre la oferta de las mesas de novedades en la zona de literatura en castellano: en primer lugar, que entre reediciones de libros que habían salido hace años y primeras ediciones de títulos que no se habían publicado antes en España había una decena de obras de Le Clézio —Nobel de literatura de 2008— editadas por La otra orilla, Tusquets, Adriana Hidalgo, Seix Barral y Cátedra. La narrativa francesa contemporánea me produce tanto tedio, que la verdad es que ni por un momento me planteé parar a echarles un ojo.

Y, en segundo lugar, la aparición de un montón de libros de Scott Fitzgerald que podría marcar un mini boom de este gran escritor estadounidense a raíz de la reciente llegada a las salas de cine de la película El curioso caso de Benjamin Button —basada en su cuento del mismo nombre—. A quienes por el boom de la película salgan a comprar los libros de cuentos de Fitzgerald es necesario advertirles que es probable que se lleven una que otra decepción inesperada porque se encontrarán con más de un relato flojo que fue escrito con fines alimentarios durante los años en los que las penurias económicas del escritor y sus excesos con el alcohol llegaron a su punto máximo.

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Como soy caprichoso, eso de que tenía ganas de antojarme de alguna cosa y de terminar la semana comprándome algún libro iba en serio. Me fui a la sección de narrativa anglosajona traducida, busqué si tenían algo de A. M. Homes y encontré un libro de cuentos con muy buena pinta que se llama Cosas que debes saber.


Por asociación se me vino a la cabeza el nombre de otra escritora estadounidense de la que me habló Javier hace unos meses y cuyos textos él ha comentado recientemente en su blog y en HermanoCerdo: Lorrie Moore. En la estantería encontré dos libros suyos editados por Salamandra: Pájaros de América y El hospital de ranas. No sé por qué el primero me llamó más la atención que el segundo pero leí la contraportada y empecé a sospechar que las historias de Pájaros de América me gustarían. Hojeé el libro deteniéndome en cualquier página y encontré varias frases que confirmaron mis sospechas.

Decidí llevarme Cosas que debes saber y Pájaros de América pero cuando empecé a caminar hacia la caja me acordé de que estamos en crisis y de mi promesa de no seguir comprando libros que no sé cuándo voy a leer. Un segundo de sensatez fue suficiente para poner en evidencia lo absurdo que era el impulso de comprar dos libros que seguramente no leería próximamente. Estaba claro que lo más sensato, y sobre todo en estos tiempos de incertidumbre, era no comprar nada. Y esa fue la decisión que tomé pero que no pude sostener porque ya tenía la ilusión de salir de allí con algún libro nuevo.

Como soy caprichoso pero también me gusta tener algo asegurado, decidí ir a la fija y llevarme Cosas que debes saber porque después de haber leído Este libro te salvará la vida para mí A. M. Homes es un valor seguro.

Un par de anotaciones al margen:


1. en general los libros de Salamandra me parecen feísimos.

2. las fotos de A. M. Homes que pone Anagrama en las solapas de sus libros son de lo más ochentero que he visto últimamente. Me encantan.

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Una vez hecha mi compra volví a subir a Gràcia para encontrarme con Isabel Núñez en el café Salambó. Yo le había propuesto que nos pusiéramos una cita para que me diera un ejemplar de Si un árbol cae. Conversaciones en torno a la guerra de los Balcanes porque a pesar de que ella le pidió dos veces a la gente de Alba editorial que me lo enviara, nunca recibí el libro. Durante un poco más de media hora Isabel me habló acerca del origen de la idea de hacer el libro, de la forma como todo se fue confabulando para que lo hiciera, de la manera como se las arregló para viajar en varias ocasiones a los Balcanes a pesar de lo costoso que resultaba, de cómo se movía allí durante sus viajes, del escaso interés que hace unos años suscitaba su proyecto en las instancias de financiación de proyectos de investigación, de su contribución a dar a conocer entre algunos editores españoles a los escritores que entrevistó, de los comentarios que le había hecho Juan Goytisolo sobre Si un árbol cae y de los recelos que ha provocado su libro entre quienes consideran que sólo ellos pueden hablar de los Balcanes.


Mientras oía hablar a Isabel sobre lugares que yo nunca había oído mencionar como si se tratara del barrio vecino o de escritores con nombres impronunciables como si fueran amigos suyos de toda la vida tuve más que claro cuál es el próximo libro que voy a leer.

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Durante mi reunión de trabajo me llamó Ana para proponerme cambiar los planes que teníamos para la noche. Dos minutos después de colgar volvió a llamarme. ‘Oye’, me dijo, ‘ahora que te llamé se me olvidó decirte una cosa: el libro que me diste esta mañana ya me hizo llorar’. Se refería a El olvido que seremos, de Héctor Abad Faciolince.


Le pregunté si le estaba gustando, me dijo que sí y yo le dije que se lo había dado porque estaba seguro de que le iba a encantar. Le dije también que yo había sido muy feliz cuando leí ese libro.

Me parece bonito cuando se le recomienda un libro a alguien y le gusta porque así de repente se crea un vínculo bastante especial con esa persona.

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