archivo de la categoría “tendencias”

Lunes, Abril 26, 2010 categorizado bajo 1, prescripción, sant jordi, sant jordi 2010

sí, necesitamos prescriptores

Quienes teman que la emergencia de lo digital traiga como consecuencia la desaparición de editores, libreros y otros mediadores y prescriptores pueden estar tranquilos porque por lo menos de momento esto no va a suceder.

Los lectores seguimos necesitando que alguien nos oriente a la hora de elegir nuestras lecturas entre las decenas de miles de títulos que se editan anualmente. ¿Cómo no va a ser así si a los 72.982 títulos editados en 2008 por la industria editorial española —ver el “Informe sobre el sector editorial español” que sacó la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE) en enero de 2010— les sumamos los publicados por las plataformas de autoedición?

El comportamiento del tráfico de [ el ojo fisgón ] durante la semana del lunes 19 al viernes 23 de abril —en la cual publiqué el especial de recomendaciones para Sant Jordi / Día del libro—  lo pone en evidencia no sólo porque en ese período el número de visitas a esta página fue seis veces mayor que el habitual, sino también por las palabras clave que utilizaron quienes llegaron a ella a través de motores de búsqueda.

Viernes 16 de abril, 16.23

***

Lunes 19 de abril, 19.38

***

Martes 20 de abril, 12.03

***

Miércoles 21 de abril, 15.48

***

Jueves 22 de abril, 20.24

***

Viernes 23 de abril, 13.55

***

¿Por qué toda esta gente necesitaba una orientación pare seleccionar el libro que regalaría el pasado viernes 23 de abril?

Supongo que porque o bien no tenía claro qué regalar o bien no lo sabía en absoluto. Y está claro que si los editores, los libreros y otros mediadores que juegan un rol prescriptor no estuvieran ahí para orientarlos seguramente se quedarían con la duda y que la probabilidad de que desacertaran en su decisión sería mayor.

Ahora más que nunca quien quiera escribir y/o editar un libro debería pensárselo dos veces antes de hacerlo no sólo para evitar desorientar más al lector o por contribuir a la sostenibilidad ambiental, sino también porque la pelea por el espacio físico y la visibilidad es cada vez más dura.

Así como a la hora de seleccionar nuestras lecturas los lectores nos preguntamos por los libros que han sido hechos pensando en nosotros, es importante que los autores y editores también se pregunten para cuáles lectores están haciendo los libros que escriben y publican.

Compartir:
  • Facebook
  • Twitter
  • del.icio.us
  • Meneame
  • Tumblr
  • Print
  • PDF
  • email
  • RSS
Jueves, Marzo 25, 2010 categorizado bajo 1, best sellers, literatura clásica

reescrituras y libros prefabricados

El artículo “Clásicos en la batidora” publicado en la edición del pasado 20 de marzo de Babelia aborda el tema de la creación de libros prefabricados a partir del polémico y sonado caso de Orgullo y prejuicio y zombis. Con respecto al origen de este libro dice el artículo:

Orgullo y prejuicio y zombis nació en una hoja de libreta. El editor de Quirk Books Jason Rekulak colocó en una columna grandes clásicos y en otra, subgéneros, como robots, piratas, indios… “Al unir Orgullo y prejuicio con zombis resultó un titular tan atractivo que decidí que había que buscar a alguien que escribiese una novela para él”, recuerda Rekulak’.

Como con Orgullo y prejuicio y zombis el experimento de mezclar clásicos con subgéneros funcionó desde un punto de vista comercial, el siguiente paso parece haber consistido en explotar la fórmula hasta la saciedad: el artículo cita casos posteriores como Abraham Lincoln: vampire hunter, Sense and Sensibility and Sea Monster, The Undead World of Oz o Adventures of Huckleberry Finn and zombie Jim.

Debido tanto a su origen como a su arraigo en la tradición literaria, hay historias que ya forman parte de eso que podríamos llamar “un patrimonio cultural compartido”. Es por eso que en la Antigua Grecia ya era habitual la práctica a la que hoy seguimos recurriendo de reescribir ciertas historias a partir de un ejercicio de recreación que consiste en abordarlas desde perspectivas diferentes. Creo que el valor de una reescritura depende en gran parte de que el tratamiento del tema del que se ocupa aporte nuevos elementos que contribuyan a enriquecerlo.

Lo que resulta chocante en la iniciativa de Rekulak es la motivación que hay en el origen mismo del proyecto y la puesta en funcionamiento al servicio de éste de un aparato corporativo que al subordinar lo literario a lo comercial termina frivolizando las obras y de paso toda una tradición literaria. Según el artículo, una vez Rekulak cruzó Orgullo y prejuicio con zombis ’el encargo recayó en Grahame-Smith que, como él mismo reconoce, no había sido capaz de terminar la novela de Austen en el instituto. No le quedó más remedio que leerla antes de versionarla (…) Grahame-Smith fue fichado por Grand Central, perteneciente a Hachette, que le ofreció un adelanto de medio millón de dólares (más de 350.000 euros) por su siguiente novela, Abraham Lincoln: vampire hunter, según el diario británico The Guardian‘.

Ya veremos si las reescrituras con zombies y vampiros perduran en el tiempo como lo han hecho obras cuyos autores han asumido en su momento el reto de recrear historias escritas anteriormente o si, por el contrario, entrarán a engrosar la larga lista de productos efímeros o desechables de nuestra época.

Compartir:
  • Facebook
  • Twitter
  • del.icio.us
  • Meneame
  • Tumblr
  • Print
  • PDF
  • email
  • RSS
Viernes, Marzo 12, 2010 categorizado bajo 1, editores, editores independientes, sobreproducción, tendencias

el encuentro de un catálogo con sus públicos, según el editor alejandro katz

Hace unas semanas comentaba algunos de los temas que tocó Alejandro Katz durante la conversación que sostuvimos con él en el stand de la Asociación de Revistas Culturales de España (ARCE) durante la 23ª Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) y hoy quisiera llamar la atención sobre una reflexión que plantea el editor argentino con respecto tanto al trabajo de construcción de públicos por parte de los editores como a las condiciones que son necesarias para que el encuentro entre unos y otros tenga lugar.

Dice Katz:

‘Cuando un programa editorial es coherente, tiene calidad y se mantiene estable a lo largo del tiempo, el público se encuentra (…) Uno no puede inventar un público para lo que no lo tiene ni evitar el público que llegará a un catálogo porque necesita de él’.

HOME_KATZ_EDITORES

El planteamiento de Katz me hace pensar en un comentario de los paradigmáticos, que en una entrada de hace unos días titulada “La riqueza de un debate en Facebook: contestación A David Soler” anotaban lo siguiente:

‘La pregunta clave, por tanto, que todo editor debería hacerse antes de empezar a diseñar su plan editorial es: ¿para quién edito? Esta ha sido la habitual «falta de visión estratégica» en el mundo analógico durante décadas (la sobreproducción editorial es uno de los daños colaterales de esa ceguera), y parece que también se reproduce en el mundo digital’.

Traigo a colación la reflexión que plantean Katz y los paradigmáticos para volver sobre temas a los que ya me he referido anteriormente como la sobreproducción, la homogeneización de la oferta y la pertinencia de lo que se publica pero también para destacar el rol que pueden jugar los editores como dinamizadores de la vida cultural de su entorno así como lo importante que es su participación en las conversaciones que se desarrollan alrededor suyo.

Les dejo el vídeo de la charla con Katz y les sugiero ponerle atención a los planteamientos que hace éste con respecto a los siguientes temas:

- la relación de interdependencia que existe entre editores y libreros

- su apreciación con respecto a la arbitrariedad del término “edición independiente”

- su postura crítica frente a la idea de la edición como un proyecto cultural

Compartir:
  • Facebook
  • Twitter
  • del.icio.us
  • Meneame
  • Tumblr
  • Print
  • PDF
  • email
  • RSS
Lunes, Marzo 1, 2010 categorizado bajo 1, best sellers, generadores de opinión, tendencias, ventas de libros

trabajo de campo en el sector editorial

Hace unos meses mientras preparaba un curso sobre tendencias literarias y del mercado editorial que di en enero pasado en el Postgrado en Coolhunting, Diseño y Tendencias Globales de la Escuela Elisava estuve haciendo el ejercicio de reflexionar con respecto a la naturaleza de mi trabajo y a algunos de los aspectos de éste con el propósito de presentárselo a manera de introducción a los estudiantes del curso.

Uno de los resultados de esta reflexión es que me di cuenta de que durante los últimos meses había descuidado en la práctica de mi trabajo uno de los que considero sus fundamentos principales: para no perder en ningún momento la conexión con eso que podríamos llamar “la vida social de los libros”, identificar las tendencias del mercado y comprender su evolución es fundamental no sólo estar en contacto permanente con la gente del sector en el contexto tanto de actividades profesionales como de conversaciones informales, sino también salir a la calle con el propósito de observar las vitrinas, las mesas de novedades y las estanterías de las librerías, de fijarse en lo que lee la gente o de participar activamente en las conversaciones que son susceptibles de entablarse en un café, durante una cena o en la fila del banco.

LECTORAS_EN_EL_METRO

Este trabajo de campo es clave para complementar lo que hacemos durante las largas horas que pasamos sentados en el escritorio frente al ordenador. La lectura de textos literarios, profesionales y técnicos, la búsqueda de nuevos manuscritos, la puesta en marcha de proyectos editoriales y el seguimiento de éstos, la concepción de nuevos proyectos o el monitoreo de fuentes especializadas de información de actualidad constituyen la actividad central de muchos de quienes trabajamos en el sector del libro. Y estoy convencido de que levantarnos del escritorio y alejarnos de nuestro espacio de trabajo durante un rato para tomar un poco de aire y salir al encuentro de lo que está sucediendo en la calle es un estímulo que nos ayudará a contrastar lo que tenemos en la cabeza con lo que pasa allí afuera, a llenarnos de ideas nuevas a las que quizás nunca llegaríamos por nosotros mismos  y a tomar decisiones teniendo en cuenta criterios que vayan más allá de nuestros puntos de vista, creencias, actitudes y prejuicios de siempre.

Se trata de incorporar a la rutina de trabajo una serie de acciones que normalmente llevamos a cabo de manera intuitiva y en ocasiones automática, haciéndolas más o menos sistemática y conscientemente: salir, caminar, observar, tomar nota, reflexionar, confrontar, replantear, decidir, ejecutar y evaluar.

Vale la pena volver sobre uno de los “consejos de buena fe” de Andrea Palet que comenté la semana pasada:

‘La única herramienta indispensable del editor es su cabeza, pero debe estar bien amueblada, y eso no se consigue únicamente con literatura sino con una curiosidad interminable’.

Compartir:
  • Facebook
  • Twitter
  • del.icio.us
  • Meneame
  • Tumblr
  • Print
  • PDF
  • email
  • RSS

la importancia de calibrar la producción editorial…

… a partir de las exigencias del lector.

Cuando Severino Cesari le pregunta a Giulio Einaudi si ‘es un lugar común del periodismo cultural que los grandes publican a ciegas, inundan el mercado con tiradas absurdas con el efecto de desalojar de él a los libros de calidad’, el editor italiano contesta lo siguiente:

 

‘No publican a ciegas. Pero mientras que la edición “sí” , la edición cultural, trata de englobar cada título en un programa innovador, que sea una revelación mental, grande o pequeña, la apertura de un nuevo mundo por minúsculo que sea, la gran edición de consumo, que tiene también obras muy meritorias e islotes de gran calidad, publica sin embargo cualquier cosa que tenga una posibilidad de venta. No aspira, pues, a poner en primer lugar lo nuevo, sino lo ya conocido, aunque esté bien contado.

 

La diferencia sustancial es que las tiradas, en la experiencia de Einaudi, se calibran sobre las exigencias del lector. En cambio las tiradas de la “edición no” —y no hablo sólo y necesariamente de los grandes grupos editoriales, cada uno de nosotros puede convertirse en un “editor no”, no es nada definitivo, es una línea sutil que separa las opciones que se toman— se calibran sobre las exigencias del editor. Esa es la cuestión. Nosotros hemos tratado siempre de calibrar la producción según la idea que nos hacíamos de las exigencias del lector, un lector auténtico y fiel al que conocíamos muy bien gracias a una relación continua. La decisión en torno a la tirada se caía por su propio peso’.

 

 

ROTATIVA_3

 

La respuesta de Einaudi me suscita varias preguntas: ¿cómo se define y se identifica a ese lector cuyas exigencias se cree conocer? ¿De dónde viene el conocimiento de “las exigencias del lector”? ¿Cuáles son las estrategias puestas en marcha para adquirir ese conocimiento?

 

Como posibles respuestas a estas preguntas pienso en la identificación de nichos con los cuales se está en sintonía debido a la existencia de intereses en común, en el trabajo de construcción de públicos, en el establecimiento de un contacto estrecho y permanente con las librerías y en la observación directa de la demanda. Supongo que la adopción de medidas en éstas y otras direcciones serán muy útiles para que los editores optimicen la inversión de sus recursos, pisen más sobre seguro, disminuyan los riesgos propios de su actividad e incluso editen menos y mejor —como lo plantea Pierre Assouline en su entrada “Publier moins pour publier mieux” (”Publicar menos para publicar mejor”), de julio pasado en La république des livres— para no contribuir ni a la sobreproducción ni a la saturación del mercado que contaminan la cadena de valor e introducen tanto ruido.

 

La pregunta de Cesari viene antecedida por un par de observaciones interesantes del editor con respecto a la manera como operaba en Einaudi el departamento Comercial —dirigido por Roberto Cerati— y a su rol en la toma de decisiones. Dice Einaudi:

 

‘Suya [de Cerati] es la teoría de las colecciones, que hay que controlar pacientemente en los anaqueles de las librerías, título a título, con implacable envío de reposiciones de los títulos válidos que en el momento del control faltan en la librería. Este técnica ha hecho que el libro más representado en los anaqueles de cualquier librería sea el libro Einaudi (…) Mientras que la teoría de Cerati es prudente, pone con discreción en el mostrador el número de ejemplares que la tradición y la experiencia indican como correctos para el mercado, y se las arregla para que el librero conserve ese libro en la estantería dedicada desde siempre a Einaudi (…)’.

 

‘(…) En la Einaudi, Comercial debía ocuparse ciegamente de la difusión de los libros, sin interferir en las opciones editoriales aunque señalando las tendencias y demandas del mercado. El señor Cerati estaba presente en todas las reuniones importantes, y ante todo en las del Consejo, las reuniones de los miércoles, participando así desde el principio en la elaboración de los procesos de toma de decisiones’.

 

Las palabras de Einaudi en este último párrafo me hacen pensar en la manera como se articula dentro de una editorial la relación entre los departamentos de edición, de comunicación y prensa, de marketing o comercial —allí donde éstos existen, claro—, en el papel que juega cada uno en los procesos de toma de decisiones o en las tensiones existentes entre ellos.

Compartir:
  • Facebook
  • Twitter
  • del.icio.us
  • Meneame
  • Tumblr
  • Print
  • PDF
  • email
  • RSS
Viernes, Enero 29, 2010 categorizado bajo contenidos digitales, entorno digital, marketing, prescripción, redes sociales, web 2.0

¡vivan los mediadores y prescriptores!

La semana pasada el escritor Luisgé Martín publicó en las páginas de opinión del diario El País una columna titulada “¡Mueran los ‘heditores’!” en la que además de lanzar una voz de alerta contra algunas de las posibles consecuencias de las transformaciones que desde hace un tiempo viene sufriendo el sector del libro debido a la emergencia de los entornos, los formatos y los contenidos digitales, hace una defensa apasionada, elitista, ingenua y necia del modelo de edición tradicional. Al partir de lugares comunes con respecto al sector editorial que en ocasiones poco o nada tienen que ver con la realidad de éste y al mezclar temas que a pesar de estar relacionados entre sí pertenecen a distintos territorios entre los cuales los límites están claramente definidos, en su artículo Martín pone en evidencia que su conocimiento sobre el tema del que se ocupa en él es muy poco exhaustivo y contribuye tanto a aumentar la confusión con respecto a éste como a introducir ruido en la discusión que está teniendo lugar alrededor suyo.

MUERAN_LOS_HEDITORES

Más que hacia la desaparición del editor que teme Martín, las transformaciones que está viviendo el sector del libro apuntan hacia un replanteamiento de al menos una parte de su rol dentro de la cadena de valor. Ante la avalancha de contenidos a la que estamos expuestos continuamente, ahora más que nunca los lectores necesitamos prescriptores y, por lo tanto, el rol del editor y del librero es fundamental a la hora de orientarnos en la selección de nuestras lecturas. Esto quiere decir que, contrario a lo que cree Martín, no hay razón para temer la desaparición de la figura del editor, que cumple la doble función de gestor de contenidos y de mediador para que los textos se encuentren con sus lectores.

Debido a lo anterior carecen de fundamento las razones que tiene Martín para temer que como ahora cualquiera que escriba puede publicar sus textos en Internet, José Saramago y su ‘prima Paqui (que es casi analfabeta pero se divierte contando historias) estén en pie de igualdad’. Saramago y la carismática prima —que ‘es formidable en las relaciones públicas y en la promoción personal’— no están en igualdad de condiciones por el simple hecho de poder colgar lo que escriben en la Web porque una cosa es publicar un texto y otra muy distinta es que éste se lea. Para que un texto sea leído es fundamental no sólo que tenga un mínimo de visibilidad y que sea accesible, sino también que quienes lo han leído hablen de él y recomienden a otros su lectura.

Y esto es cierto tanto en el circuito de Internet como en el de la edición tradicional —que poco a poco han empezado a comercializar sus títulos tanto en soporte papel como en formato digital a través de plataformas de venta en línea—, lo cual demuestra que para que leamos un texto es crítico ese rol prescriptor que juegan no sólo los editores y los libreros, sino también los generadores de opinión de los medios de comunicación, las personas cercanas a nosotros e incluso los miembros de nuestras redes de contactos con quienes intercambiamos cada vez más información y opiniones en los entornos de generación Web 2.0. En síntesis, aceptamos con gusto las recomendaciones de aquellas personas en cuyo criterio confiamos y cuyo prestigio y autoridad reconocemos.

A raíz de la publicación en Facebook de un enlace al artículo de Martín por parte de Roger Michelena se generó una discusión amigable, rica e interesante de la cual quisiera rescatar un par de ideas planteadas por quienes participaron en ella.

DISCUSIÓN_MUERAN_LOS_HEDITORES_PEQUEÑA

Dice el editor y blogger paradigmático Francisco Javier Jiménez:

‘El maniqueísmo es una herramienta de análisis poco afortunada para arrojar luz en el laberinto digital. Gran parte de los usuarios de contenidos digitales, que a su vez son también lectores en papel, no se identifican ni con la Paqui ni con Saramago. Y como editor, me molesta ese discurso apocaliptico tan snob y petulante. Se mezclan temas sin tener ninguna idea: una cosa es el cambio de paradigma, que será paulatino, de los entornos analógicos a los digitales (transición digital que no es tecnológica, sino gnoseológica), y otra cosa es la disputa por la propiedad. Se han empeñado en dividir a los autores de los editores, cuando históricamente han sido cómplices en esto de la cultura y el libro. La Red necesitará editores, igual que seguirá necesitando libreros. La demagogia y la falta de visión, mezclados con el género apocalíptico, producen panfletos infumables como éste. Y dejen de mezclar, por favor, cultura con política, que Aristóteles no las mezclaba (eso lo hacía Platón)’.

Luego comenta el editor y blogger Leroy Gutiérrez:

‘Respecto a la figura del editor, no creo que llegue a desaparecer. Quizás lo que ocurra es que los editores nos debamos preparar más y mejor para poder manejar las nuevas tecnologías.

Para conocer el punto de vista de distintos agentes del mundo del libro sobre este tema, recomiendo la lectura de la memoria del Congreso Internacional del Mundo del Libro, publicado por el FCE a finales del año pasado. Especialmente recomiendo leer la transcripción de las intervenciones de Claudio Lomnitz, Eduardo Rabasa, Roger Chartier, Robert Darnton y Roger Bartra’.

Al comentario de Leroy sobre su experiencia de lectura en un iPod Touch —‘lo mejor que puedo decir es que es fascinante disponer de un dispositivo que brinde acceso a un contenido muy, pero muy amplio. Y no me refiero únicamente a libros, como la edición de Alicia en el país de las maravillas que vino cargada en el Ipod, sino contenidos como cómics, como Hellboy o Buenos Aires eterna (sí, en español), video juegos, como Resident Evil, podcasts… y para usted de contar’—, responde Francisco Javier:

‘Todo va en la línea de la convergencia de multiformatos en un sólo aparato multifuncional. Los editores estaremos ahí en la misma línea: facilitando contenidos. Pero no mistifiquemos tampoco la profesión, como parece destilarse del artículo de marras: hay mucho editor de medio pelo, que no se despeina por editar basura; por otra parte, hay mucho autor que está volcando textos de mucha calidad sin pasar por un editor. En todo esto de lo digital e Internet, no estamos hablando, por tanto, de blancos y negros: entre Saramago y Paquita hay un abanico enorme, lleno de escalas de grises. No se puede pontificar, como si los editores fuésemos sacerdotes de una extraña y fundamentalista secta de iniciados. Internet y la Web 2.0 ha servido, entre otras cosas, para que los editores dejemos de mirarnos el ombligo. Por favor, acabemos con esa visión tan aristocrática y elitista de lo que es un editor, porque de esos ha habido 5 contados con los dedos’.

Es cierto que hay ‘muchos editores preocupados sólo por llegar a final de año’ y ‘por mantener puestos de trabajo’, pero esta condición no es exclusiva de ellos de la misma manera que no todo lo que sale de las manos de los editores es de buena calidad y que no todo lo bueno que se publica hoy en día está pasando por las editoriales —en ocasiones viene de otros circuitos que coexisten, interactúan y se cruzan con el de la edición tradicional—. Hay que tener en cuenta que por fuera del circuito de la edición tradicional actualmente se están publicando textos de muy buena factura y que aunque el prestigio de las editoriales que según Martín son afines a sus intereses literarios está más que comprobado, en sus catálogos hay no pocos títulos cuya calidad no es la mejor.

***

Debido a algunas experiencias que conozco de cerca, tengo una percepción positiva con respecto al hecho de que los autores asuman al menos en parte la gestión de la promoción de sus libros porque con los entornos digitales de generación Web 2.0 disponen de las herramientas necesarias para hacerlo por sí mismos sin poner totalmente esta importante tarea en manos del departamento de prensa, comunicación y marketing de su editorial, que muchas veces no la emprende con la diligencia que ellos esperarían ni con el mismo empeño que ellos pondrían. Además, gracias a las plataformas y herramientas Web 2.0 en particular y a Internet en general, el autor puede establecer un contacto directo con sus lectores y entablar con éstos una conversación en tiempo real a partir del feedback que ellos le ofrecen.

Como no es raro oír a los autores quejarse de que las editoriales no hacen tanto como deberían para promocionar sus libros, un replanteamiento de su relación con los editores para asumir de manera compartida la gestión de la promoción podría optimizar la inversión de esfuerzos y recursos de modo que cada uno se ocupe de lo que mejor sabe hacer y haga lo que más le conviene según sus intereses.

Aunque coincido con Martín en que algunos autores ‘suelen ser seres inadaptados, neuróticos y con una cierta incapacidad para las cosas terrenales’, conozco a otros que no tienen problemas para relacionarse con los demás, que poseen un gran sentido práctico y que no responden al estereotipo romántico del escritor de buhardilla que para comprar un paquete de cigarrillos debe empeñar sus libros, que tiene las suelas de los zapatos rotas, que padece enfermedades gástricas y que gracias al opio disfruta de encuentros imaginarios con su musa. Desde hace mucho tiempo los autores no sólo se autopromocionan cada uno a su manera, sino que también hacen giras promocionales durante las cuales conceden entrevistas, realizan lecturas en público y firman ejemplares de sus libros en librerías y centros comerciales. Y ni la introducción de la publicidad en los libros ni el desarrollo de estrategias de marketing para promocionarlos surgieron con la llegada de lo que Martín llama el nuevo mundo e-editorial. Lo que pasa es que las tecnologías digitales hacen posibles nuevas maneras de explotar estas prácticas promocionales ya existentes. Y claro, está en manos de cada autor decidir si recurre a ellas o no.

Está claro que en estos tiempos de cambio distintos actores de la cadena de valor del libro deben reinventarse su rol ofreciendo a través de sus productos y servicios nuevos aportes que les permitan no sólo adaptarse a las nuevas condiciones, sino también fortalecerse como prescriptores y seguir siendo necesarios como mediadores. Es por eso que, a diferencia de Martín, creo que ‘la dignidad del libro y de la cultura que transmite’ no está en peligro y que en realidad estamos frente a la necesidad de replantear los fundamentos y la dinámica de funcionamiento de un sistema de edición cada vez más desfasado con respecto al rumbo que está tomando actualmente el sector del libro debido a las transformaciones que viene sufriendo.

Compartir:
  • Facebook
  • Twitter
  • del.icio.us
  • Meneame
  • Tumblr
  • Print
  • PDF
  • email
  • RSS
Jueves, Enero 21, 2010 categorizado bajo best sellers, destacados, long sellers, marketing, publicidad

la alquimia del best seller explicada por david viñas piquer

Hace unos días empecé a leer El enigma best seller, un libro en el que David Viñas Piquer aborda el best seller como fenómeno cultural y comercial a partir de una serie de lúcidas y agudas reflexiones.

 

 

EL_ENIGMA_BEST_SELLER

 

 

Tras definir este tipo de libros como aquel que ‘ha logrado entrar en la lista de los más vendidos y se mantendrá allí por un tiempo relativamente breve, siempre conmutable en semanas o meses, y durante el cual se logra un impresionante resultado de ventas’, Viñas Piquer explica en los siguientes términos las posibles formas como un título puede llegar a convertirse en un best seller:

 

‘Ya hemos visto que es posible ingresar básicamente por dos caminos distintos en la lista de los libros más vendidos: porque deliberadamente se busca ese ingreso y se consigue acertar o porque, sin proponérselo como principal objetivo, se ha logrado que muchísima más gente de la que cabría esperar compre una obra determinada. En el primer caso, las estrategias comerciales se activan desde el principio, mientras que en el segundo suelen ponerse en funcionamiento cuando, asimilada la sorpresa, se le intenta sacar el máximo partido a esa imprevista disposición favorable que la obra ha encontrado entre el público lector. La estrategia comercial puede estar antes o después, pero no puede faltar nunca cuando se habla de un best seller‘.

 

Del planteamiento de Viñas Piquer me llama la atención su consideración con respecto al carácter imprescindible que tiene la estrategia comercial aún en aquellos casos en los que un libro se convierte en best seller de manera inesperada, en los que juega un papel central a la hora de potenciar un fenómeno que ha tenido lugar de manera imprevista con el propósito de sacarle el mayor provecho posible y de esta manera llevarlo hasta sus últimas consecuencias. Para ilustrar el fenómeno del éxito inesperado de un libro el autor alude al caso de Vida y destino, ‘la novela que Vasili Grossman escribió ficcionalizando sus vivencias durante la Segunda Guerra Mundial y que ha sido considerada por varios críticos como un clásico a la altura de Guerra y paz, [que] sorprendió con unas ventas inimaginables en España cuando Galaxia Guttenberg decidió publicarla en el otoño de 2007. Se había previsto un número razonable de ejemplares para satisfacer a los intelectuales que pudieran estar interesados en su lectura, pero a la hora de la verdad (o sea: a la hora de las ventas) esa cifra tuvo que multiplicarse y multiplicarse dando paso a un fenómeno que para mucha gente resultaba incomprensible’.

 

 

BEST_SELLERS_7

 

A continuación Viñas Piquer se refiere a la mezcla de capacidad de seducción de la obra y de estrategia de promoción como condición necesaria para la emergencia de un best seller:

 

‘Sin el poder seductor de una obra literaria la mercadotecnia, por muy sofisticada que sea, no tiene nada que hacer. Pero probablemente también lo contrario sea cierto: sin sutiles estrategias comerciales no hay best seller posible, por muy seductora que sea una obra (…) Lo que no parece problemático entonces es reconocer que, ya sea a priori o a posteriori, las técnicas comerciales existen siempre cuando se habla de un best seller. Así que está claro: o se es mediático o no se es best seller. Dicho de otra forma: no hay superventas posible si no entra en juego una maquinaria mediática de alto rendimiento’.

 

Me parece que el aporte que hay en esta última idea de Viñas Piquer es que a la hora de valorar el éxito comercial de una obra tiene en cuenta aspectos relacionados tanto con el valor intrínseco de ésta como con el dispositivo publicitario puesto en marcha para promocionarla y de esta manera impulsar sus ventas, contribuyendo así a desmontar el lugar común según el cual un libro se convierte en best seller sólo en virtud bien sea de una estrategia de marketing y prensa acertada o bien de sus propios atributos.

 

Y para evitar seguir perpetuando la idea de que la calidad de todo best seller es ‘más que dudosa’ y de que sólo ha sido escrito para entretener al vulgo, Viñas Piquer aclara que ‘no es un problema de calidad lo que está en juego con esta distinción, sino de finalidad, pues la existencia de un objetivo comercial más o menos declarado no tiene por qué implicar un resultado estético negativo. No hay en principio nada que impida una perfecta comunión entre las estrategias comerciales y la calidad literaria’.

Compartir:
  • Facebook
  • Twitter
  • del.icio.us
  • Meneame
  • Tumblr
  • Print
  • PDF
  • email
  • RSS

otra perla de giulio einaudi: “el falso best seller

A raíz de un comentario de Severino Cesari sobre el impacto que la concentración de la propiedad de la industria editorial puede tener sobre la calidad de lo que se publica más que sobre el oficio editorial, en Conversaciones con Giulio Einaudi el editor italiano hace una aguda observación con respecto a los efectos que produce el fenómeno del best seller sobre el mercado. Einaudi le dice a Cesari:

 

‘Piensa que los grandes empresarios tienden a correr en pos de los best seller, principal espejismo del desierto de la edición “no”, e ignoran o aceptan el libro de alta cultura según los vaivenes del presupuesto, y del patrocinador. Pero a menudo en el presupuesto se producen desastres creados por lo que yo llamo “falso best seller”, o sea el libro sin la menor calidad que querría que fuese un best seller, pero que en realidad vende la mayoría de las veces sólo una parte, o nada, de una tirada exagerada. Para un auténtico best seller, ¿cuántos hay “falsos” que fueron a parar a la guillotina? Con todas sus costosas campañas publicitarias. Eso sí, el “falso best seller” habrá obtenido un resultado: habrá desalojado de los mostradores de las librerías, como hace la falsa moneda con la buena, a los libros de la edición “sí”’.

 

 

BEST_SELLERS_6

 

 

La observación de Einaudi me hace pensar en la reconocida práctica de un cierto tipo de editoriales que consiste en publicar novedades a un ritmo que no va acorde ni con la demanda ni con la capacidad del mercado de asimilarlas con el propósito tanto de reducir costes de producción mediante el manejo de grandes volúmenes como de responder a las exigencias de los distribuidores. En ocasiones detrás de este desproporcionado ritmo de publicación está el afán de algunos editores de dar un pelotazo que al generar grandes ventas contrarreste las pérdidas producidas por aquella creciente cantidad de títulos cuyos resultados comerciales ni siquiera permiten cubrir los costes de producción. Para ahondar en este tema vale la pena evocar el planteamiento de Pierre Assouline en su entrada “Publier moins pour publier mieux” (”Publicar menos para publicar mejor”), de julio pasado en La république des livres.

 

Del comentario de Einaudi me llama particularmente la atención la parte que se refiere a la dificultad que tienen ciertos libros de acceder a las estanterías de las librerías debido a la avalancha de falsos best sellers que inundan el mercado —una anotación que está íntimamente relacionada con el nocivo efecto de la sobreproducción sobre la visibilidad de la oferta editorial tanto en los medios de comunicación como en los puntos de venta, que ya he comentado en ocasiones anteriores—.

 

Con respecto al best seller recomiendo echarles un ojo a las consideraciones de Sergio Vila-Sanjuán alrededor del best seller de calidad” y de la teoría del best seller.

 

Volveré sobre este tema cuando comente las reflexiones que me vaya suscitando la lectura de El enigma best seller, de David Viñas Piquer, que los paradigmáticos comentaron detalladamente hace unas semanas.

Compartir:
  • Facebook
  • Twitter
  • del.icio.us
  • Meneame
  • Tumblr
  • Print
  • PDF
  • email
  • RSS
Martes, Diciembre 15, 2009 categorizado bajo concentración, edición, industria editorial, tendencias

la pelea por los nichos

Una de las razones por las que siempre me han interesado las editoriales independientes es que en un mercado cada vez más homogéneo muchas de éstas suelen abrirse un lugar mediante una estrategia que consiste en diferenciarse construyendo un catálogo con un registro propio que busca sintonizar con las necesidades de pequeños nichos de lectores que tienen intereses específicos. Y el hecho de que las editoriales independientes sean un espacio propicio para la apuesta por nuevos valores fue una de las razones que en su momento motivó la creación del Observatorio Iberoamericano de la Edición Independiente (OBIEI).

 

Cuando abordan el tema de la larga cola en su libro Comment le web change le monde, Francis Pisani y Dominique Piotet señalan una paradoja de esa economía de la abundancia y de la diversidad que resulta bastante llamativa:

 

‘Una de las consecuencias económicas paradójicas radica en el hecho de que las grandes empresas son las que mejor están preparadas para sacar partido de la extensión del mercado a los nichos. Un punto subrayado por Anderson y que confirma Hal Varian, profesor de economía de la Universidad de California-Berkeley, autor del libro Information Rules y actualmente jefe económico de Google. En una entrevista que tuvimos con él declara que “el más grande es el mejor posicionado cuando se busca la diversidad”. Los pequeños pueden sacar su parte pero, según Varian, “deben especializarse en géneros: películas de terror de los años 1950 o música irlandesa, por ejemplo. Gracias a la publicidad basada en los motores de búsqueda los consumidores serán capaces de encontrarlos”‘.

 

THE_LONG_TAIL

 

No deja de ser interesante constatar que al apuntarle a todo los grandes grupos editoriales consiguen estar presentes en una amplia gama de segmentos del mercado e incluso posicionarse bien en algunos nichos específicos mediante la publicación de obras y autores que los públicos de éstos consideran fundamentales. En un momento en el que los grandes grupos tienden a optar por la disolución de la identidad de sus sellos y colecciones, la publicación de obras y autores de gran impacto con el propósito de dar un pelotazo parece pesar más que la definición y el desarrollo de una línea editorial clara. La pregunta es: ¿de qué sirve cubrir el máximo número de segmentos posible si en casi ninguno de ellos se hace un trabajo sistemático que permita cautivar públicos y ser la marca líder —o por lo menos estar cerca de serlo—?

 

 

VITRINA_4

 

Quizás es en la construcción de públicos y en la fidelización de éstos donde la transversalidad excesiva puede terminar jugando en contra de los grandes que se dedican a echar tiros al aire a ver qué cae y, por el contrario, favoreciendo a aquellos editores que construyen catálogos con líneas claramente definidas a través de los cuales satisfacen las necesidades de un cierto tipo de lector con el que intentan conectar ofreciéndole lo que está buscando.

Compartir:
  • Facebook
  • Twitter
  • del.icio.us
  • Meneame
  • Tumblr
  • Print
  • PDF
  • email
  • RSS
Jueves, Octubre 29, 2009 categorizado bajo 1, best sellers, concentración, librerías, publishing perspectives, tendencias

pocos títulos con muchas ventas

Hoy salió a la venta con una tirada de 1.500.000 ejemplares la traducción al castellano de El símbolo perdido, la última novela de Dan Brown. Seguramente sus ventas serán enormes desde el principio, el libro ascenderá muy rápido en las listas de los más vendidos y en un par de semanas ocupará el primer lugar en ellas. Ayer un artículo del diario Público titulado “La crisis del best-seller afirmaba que ’según la cadena La casa del libro, desde hace un mes ocupa el número uno en ventas anticipadas’ —de hecho, en julio la cajera de la verdulería a la que voy me dijo que ya lo había encargado—.

 

CASA_DEL_LIBRO_EL_SÍMBOLO_PERDIDO

 

Es bastante probable que al ser uno de los títulos que más ingresos les genere a las librerías durante los próximos meses, El símbolo perdido se convierta en una de las cartas de salvación gracias a las cuales muchas de ellas tendrán unos mejores balances anuales. Justamente éste es el tema del reportaje “El año del libro-flotador”, escrito por Carlos Geli y publicado el pasado dos de julio en El País. Según Geli, ‘las ventas de los ‘megasellers’ maquillan la crisis en el sector editorial’.

 

EL_TIEMPO_EL_SÍMBOLO_PERDIDO

 

Aquí van dos citas del reportaje de Geli que ilustran muy bien el efecto de la concentración de las ventas en unos pocos títulos:

 

‘”Sin esos libros, los libreros este año tendríamos que hibernar”. Ni la librera ni los títulos a los que se refiere son cualquiera. La primera, Núria Pons, es la responsable de la macrotienda Bertrand, segunda librería más grande de Barcelona. Los autores que salvan al gremio en año de crisis son: Larsson con su trilogía, Stephenie Meyer, Ildefonso Falcones, Javier Cercas, Ken Follett y John le Carré, que han publicado libro en el curso 2008-2009, ahora acabado. Y seguirán salvando el año otros que vendrán en breve: Isabel Allende, Anthony Beevor, Eduardo Mendoza, Henning Mankell y Dan Brown, por citar algunos’.

 

‘”No me gusta hablar de libros-flotador, pero ellos solos generan entre un 15 y un 20% de los ingresos en un año cuyo primer trimestre cerramos con un 10% por debajo del 2008″, calcula Fernando Valverde, presidente de la Confederación Española de Gremios de Asociaciones de Libreros (CEGAL). Y constata: “Este 2009 está siendo generoso en libros as픑.

 

Hace un par de días Publishing Perspectives también se refería a este tema en el artículo “Grijalbo’s Liarás Seeks a ‘Coup de Coeur’”. Dice el artículo:

 

‘Naturalmente Liarás está contentísima con el éxito de Falcones, aunque no está feliz con respecto a la tendencia general demostrada por sus libros y otros mega bestsellers. “Por un tiempo ha habido una notoria concentración de ventas en un puñado de títulos. Las ventas más grandes están concentradas en cinco libros, que tienen una enorme ventaja sobre los siguientes libros en la lista. Por supuesto que es ideal ser el editor de uno de esos cinco primeros libros pero estamos desanimados viendo cómo autores y títulos de nuestro fondo sufren como consecuencia de esta tendencia a vender menos copias de las que deberían”. La diferencia en las ventas se ha vuelto aún más extrema contra el telón de fondo de la crisis económica general que ha golpeado más duro, y que se espera que dure más, en España que en otros países europeos’.

 

A_LIBREIRA_EL_SÍMBOLO_PERDIDO

(Imagen tomada de Brétemas)

 

¿Es posible que este fenómeno de concentración de las ventas en unos pocos títulos también pueda representar una oportunidad para aquellas editoriales de nicho que se ocupan de satisfacer las necesidades de lectores que o bien se han hartado de la creciente homogeneización de la oferta de títulos que tienen a su disposición o bien nunca han estado interesados en leer libros que obedezcan a fórmulas que por su eficacia han terminado por imponerse entre el gran público?

Compartir:
  • Facebook
  • Twitter
  • del.icio.us
  • Meneame
  • Tumblr
  • Print
  • PDF
  • email
  • RSS
Page 1 of 141234510...Last »