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Martes, marzo 13, 2007 categorizado bajo concentración, distribución, edición, editores independientes

algunas notas sueltas sobre las editoriales independientes

Mientras preparaba la entrevista que le hice ayer a Valeria Bergalli, de editorial minúscula, me puse a leer dos artículos que encontré hace un tiempo sobre los retos a los que actualmente deben enfrentarse las editoriales independientes —sobre todo las más pequeñas—. Ambos artículos recogen la preocupación existente entre los editores independientes, que ya había sido expresada en ocasiones anteriores por algunos de ellos, en relación con la creciente concentración de la industria editorial —que no es más que es una manifestación de un fenómeno más global que está teniendo lugar en el campo de los medios de comunicación—.


En la medida en que están ocupándose de un nicho que en principio está por fuera de los intereses de los grandes grupos —cuya prioridad es tener sellos orientados al gran público—, aquellas editoriales como minúscula o Acantilado que buscan construir un catálogo que indaga en territorios que hasta el momento han sido poco explorados y que han logrado suscitar el interés del público por éstos pueden reducir en cierta manera tanto la amenaza que representa la concentración como el impacto de ésta.

Según cita Elisa Silió en el reportaje Nuevos en la estantería publicado el 6 de enero de 2007 en Babelia, Javier Cambronero, de la distribuidora UDL Libros, dice que hoy en día hay una “tendencia hacia la dualización del mercado, provocada por los que buscan fondos de edición de temática selecta” cuyo impulso son “la bonanza económica, las inquietudes culturales de las nuevas generaciones y la viabilidad de la edición como alternativa profesional para personas formadas, por ejemplo, con master de edición o en las escuelas de escritura”. Valeria Bergalli explica de una manera bastante certera su visión del proyecto de una editorial independiente cuando dice que “la idea no es hacerse con un éxito de ventas sino tener long seller. Hacer un catálogo de libros perdurables, que dejen rastro”.


No cabe duda de que la viabilidad de estos y otros proyectos editoriales tan interesantes —como Libros del Asteroide, Editorial Funambulista, Alpha Decay o Bartleby— depende no sólo de la creación de un catálogo consistente y de la sensibilización del público al que se quiere llegar, sino también del montaje de una buena estrategia de distribución —que según Beatriz de Moura, editoria de Tusquets, es “el problema número uno desde siempre”—.

Jueves, marzo 8, 2007 categorizado bajo concentración, edición, editores, escritores, franquismo, traducción

alianza editorial: una cruzada por la literatura occidental

Durante las casi cuatro décadas que duró la dictadura de Franco, España estuvo prácticamente marginada de muchos de los procesos y acontecimientos que tuvieron lugar en el ámbito cultural en el resto del mundo. Los únicos españoles que pudieron ser partícipes o testigos de la gestación y el desarrollo de esos fenómenos políticos, económicos, culturales y estéticos que sacudieron una buena parte del siglo XX fueron aquellos que partieron al exilio, que por vivir en zonas de frontera podían ir fácilmente a otros países como Francia para tomar un respiro o que estaban metidos en los circuitos en los que pasaban de mano en mano pequeñas muestras de lo que se estaba produciendo en otros lugares que, tras haber logrado eludir los controles policiales, de vez en cuando llegaban a través de las conexiones que algunos grupos de gente tenían en el extranjero.

Y es justamente en pleno ocaso del régimen franquista que aparece Alianza Editorial, una empresa que asumió el reto de traer a España todas aquellas obras del pensamiento contemporáneo a las que la dictadura no había querido abrirles las puertas. Quienes durante el franquismo no tuvieran acceso a los textos que circulaban restringida o clandestinamente —en francés, alemán e inglés o en las traducciones al español hechas en México y Argentina—, ni siquiera podían soñar con la posibilidad de conocer las obras de aquellos autores que del otro lado de la frontera estaban marcando el espíritu de la época —como Martin Heidegger, Virginia Woolf, James Joyce o Albert Camus—.

A lo largo de escasos cuarenta años, en su colección ‘El libro de bolsillo’ Atlianza Ediorial ha logrado conformar un catálogo que incluye una buena parte de la obra de algunos de los autores fundamentales de la literatura moderna de Occidente: Rafael Alberti, Pío Baroja, Adolfo Bioy Casares, Jorge Luis Borges, Bertolt Brecht, Albert Camus, Alejo Carpentier, Miguel de Cervantes, Raymond Chandler, Antón Chéjov, Joseph Conrad, Rubén Darío, William Faulkner, Gustave Flaubert, Johann Wolfang Goethe, Nikolái Gógol, William Golding, Hermann Hesse, James Joyce, Franz Kafka, Antonio Machado, Pablo Neruda, Juan Carlos Onetti, Edgar Allan Poe, Marcel Proust, Pedro Salinas, J.D. Salinger, Jean-Paul Sartre, William Shakespeare, John Steinbeck, Robert Louis Stevenson, Miguel de Unamuno, Oscar Wilde y Virginia Woolf.


Vale la pena anotar que en cierta manera la importancia de Alianza radica en el hecho de que para los lectores hispanoparlantes que por diversas razones no podían leer en versión original a los autores que escribían en lenguas distintas al español, durante muchos años las traducciones de la editorial madrileña constituyeron la única vía de acceso a la obra de éstos. Afortunadamente desde hace un tiempo otras editoriales han venido publicando nuevas ediciones y nuevas traducciones de ciertos autores como consecuencia de la liberación de los derechos de algunas obras importantes, ya sea porque entran a formar parte del dominio público o debido al vencimiento de los contratos para su explotación. En el caso de autores como Marcel Proust y Franz Kafka, la liberación de derechos ha permitido la aparición de nuevas traducciones de sus obras que al cuestionar el trabajo hecho por los traductores que hasta el momento se consideraban canónicos revalúan la forma misma de aproximarse al texto.

Aunque en su momento fue una empresa independiente, actualmente Alianza Editorial pertenece al grupo Anaya del cual forman parte otras editoriales importantes como Cátedra y Tecnos. En enero de 2004 Anaya fue comprado por Hachette Livre, la división de libros del grupo francés Lagardère —que se dedica a una amplia gama de actividades como la edición y distribución de libros y publicaciones periódicas, la difusión de contenidos audiovisuales y hasta la venta de armas—.

Miércoles, marzo 7, 2007 categorizado bajo best sellers, concentración, edición, editores, literatura, long sellers

los milagros editoriales y la supervivencia

Una de las mejores cosas que le pueden pasar a una editorial es que al menos uno de los autores o libros de su catálogo se convierta en un best seller o en un long seller. De hecho, no son pocas las editoriales que se han salvado de la quiebra o que viven gracias a las ventas de un par de autores o libros de estas características que, independientemente de su calidad literaria, les permiten financiar tanto sus apuestas como aquellos títulos de su catálogo que pese a ser fundamentales no les reportan mayores ventas.

Para no ir más lejos, varias editoriales españolas subvencionan al menos una parte importante de sus gastos de funcionamiento, de la compra de derechos, de las traducciones y de la producción de títulos nuevos gracias a la presencia en su catálogo de un par de éxitos en ventas. Por ejemplo, la escritora y ex editora Esther Tusquets cuenta en su libro Confesiones de una editora poco mentirosa cómo durante muchos años Lumen —la editorial familiar que por razones económicas se vio obligada a venderle hace unos años al gigante alemán Bertelsmann— logró sobrevivir gracias las ventas de Mafalda y de El nombre de la rosa, de Umberto Eco.

Así como la editorial Salamandra tiene en su catálogo dos best sellers poderosos como la saga de Harry Potter y El abanico de seda, Umbriel editores tiene El código Da Vinci y los demás éxitos de Dan Brown. De la misma manera, Tusquets tiene desde hace muchos años tanto a Milan Kundera como a Georges Simenon y hace relativamente poco fichó a Henning Mankell y a Haruki Murakami —que, sin lugar a dudas, son dos de las estrellas editoriales del momento—.

El mismo Jorge Herralde ha explicado en varias ocasiones cómo La conjura de los necios se convirtió en el mayor long seller de la editorial gracias a las dos o tres reediciones que anualmente hace Anagrama de la novela póstuma de John Kennedy Toole. Esta editorial también tiene a Paul Auster, que cada año genera tanta expectativa con su novela anual que cuando ésta sale ya tiene asegurada su entrada al listado de los libros más vendidos.


A menudo se oyen historias acerca de la manera como los grandes grupos suelen imponerse sobre las editoriales independientes en las subastas en las que se negocian los derechos de los autores consolidados o en vía de consolidación. Lo anterior explica por qué la posibilidad de ver convertirse en best seller o en long seller a autores o libros de su catálogo puede llegar a constituir la mejor esperanza de supervivencia para las editoriales independientes.

Viernes, marzo 2, 2007 categorizado bajo best sellers, concentración, grandes superficies, librerías

la globalización y las pequeñas librerías especializadas

En estos tiempos de globalización cualquier gran ciudad del mundo está plagada de tiendas de Zara o H&M, de locales de McDonald’s o Dunking Donuts y de oficinas del Citibank. Las mismas grandes empresas extendiéndose por todo el planeta, de manera que a donde quiera que lleguemos nos encontramos con un entorno cada vez más familiar —una consecuencia directa de la concentración de la propiedad, de la integración de los mercados, de la transnacionalización del mundo de los negocios y de la homogeneización del mercado del gran público—.

Y es que la homogeneización del mercado del gran público está vinculada con la quiebra —o por lo menos con la pérdida de viabilidad económica— de los pequeños mercados de barrio debido a la presencia cada vez más fuerte de las grandes superficies tipo Carrefour, con la desaparición de los cafés de la esquina como consecuencia de la expansión de Starbucks y con la extinción de las pequeñas librerías especializadas gracias a la rápida propagación de grandes tiendas de cadena como la Fnac, Barnes & Noble, Virgin y Tower. La librería tradicional es muy distinta de aquellas grandes tiendas cuyo espacio está diseñado a partir de un trazado que obliga al cliente a atravesar toda la sección de libros antes de llegar a los estantes donde está el tomo de contabilidad para Dummies o de aromaterapia que está buscando. Cuando se trata de consumo general, definitivamente lo más sencillo es ir a ese lugar donde bajo un mismo techo podemos encontrar un poco de todo y con cuya imagen estamos familiarizados a fuerza de verla por todas partes.

A cada cual lo suyo


De hecho, en el mediano y en el largo plazo la supervivencia de las pequeñas librerías especializadas solamente es posible en un mercado en el que haya una cantidad de lectores y de compradores de libros más o menos grande. Al fin y al cabo es allí donde hay una diversidad de nichos consolidados de lectores que, motivados por el deseo de alimentar su interés por un tema en particular, están dispuestos a invertir una parte de su presupuesto en libros relacionados con dicho tema y que representan la demanda para una oferta específica que a las grandes tiendas de cadena no les interesa hacer porque lo suyo son los productos que satisfacen las necesidades del gran público.

Aunque resulta muy cómodo poder comprar en una sola visita a una gran tienda los parlantes para el equipo de sonido, todos los libros de la saga de Harry Potter, la última temporada de CSI NY, el joystick para la consola de juegos de video o un router para montar en la casa una red inalámbrica, siempre será más agradable visitar una librería que tiene una oferta amplia de libros de un número limitado de temas y en la que uno tenga la seguridad de encontrar casi cualquier cosa que busque en relación con sus intereses específicos, donde haya distintas ediciones de un mismo título, en la que se pueda encontrar bibliografía secundaria sobre ciertos temas y cuyos vendedores dominen las áreas de especialidad del lugar en vez de limitarse a tener la cabeza llena de referencias de títulos y autores —como La Central de Barcelona, que aparece en la foto.

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