archivo de la categoría “exportaciones de libros”

la circulación de la obra de los autores hispanohablantes: los derechos y los libros

Cada cierto tiempo vuelvo sobre un tema que no deja de parecerme preocupante: la dificultad para encontrar en un país del ámbito hispanohablante libros escritos por autores provenientes de otros países donde también se habla español. Por ejemplo, en las librerías uruguayas, guatemaltecas, peruanas, hondureñas o colombianas no es fácil encontrar libros de autores nicaragüenses, chilenos, salvadoreños, venezolanos o mexicanos al menos que se trate de ciertas figuras que garanticen un volumen de ventas enorme o al menos considerable.

 

Esta dificultad es evidente salvo en el caso de unas cuantas figuras pertenecientes al circuito del best seller y de algunas firmas que aunque venden mucho menos gozan de un cierto prestigio a nivel internacional. Si nos ocupamos solamente de autores literarios vivos, en el grupo de los autores cuyos libros se venden masivamente entrarían figuras como Isabel Allende, Javier Cercas, Ildefonso Falcones, Gabriel García Márquez, Javier Marías, Juan Marsé, Eduardo Mendoza, Juan José Millás, Antonio Muñoz Molina, Arturo Pérez-Reverte, Carlos Ruiz Zafón, Javier Sierra y Mario Vargas Llosa; y el grupo de los autores prestigiosos cuyos libros tienen ventas considerables sin llegar a ser best sellers incluiría firmas como a Martín Caparrós, Rodrigo Fresán, Yuri Herrera, Alberto Manguel, Guadalupe Nettel, Andrés Neuman, Edmundo Paz Soldán, Ricardo Piglia, Álvaro Pombo, Elena Poniatowska, Santiago Roncagliolo, Marcela Serrano, Juan Gabriel Vásquez, Enrique Vila-Matas, Juan Villoro o Jorge Volpi.

 

 

 

 

 

Cuando los libros de estos tipos de autores traspasan las fronteras de sus países de origen y llegan a otros territorios del ámbito hispanohablante normalmente lo hacen a través de las filiales locales de los grandes grupos —no sólo PlanetaPenguin Random House y Prisa ediciones*, sino también Ediciones B y el Fondo de Cultura Económica— y de algunas editoriales medianas españolas como Anagrama, RBARoca y Siruela. Y algunas veces los libros de los autores en cuestión también llegan a diferentes países del mundo hispanohablante mediante editoriales más pequeñas como AlmadíaAlpha DecayDuomoEterna CadenciaLa Bestia EquiláteraPáginas de espumaPeriféricaPre-textos o Sexto piso.

 

Hace unas semanas comenté el caso de algunas editoriales argentinas cuyos libros se están distribuyendo en España, lo cual me suscita dos preguntas: ¿hay otros países hispanohablantes a los que hoy en día estén llegando de una manera más o menos continua los libros de estas editoriales argentinas? ¿Cuáles editoriales de países hispanohablantes están exportando actualmente sus libros a otros territorio de nuestro mismo ámbito lingüístico?

 

El problema de circulación que supone la dificultad para encontrar en un país hispanohablante las obras escritas por el grueso de los autores de otros países donde se habla español es típico de un mundo analógico en el que las librerías físicas venden libros en papel. Esta situación podría estar empezando a cambiar con la emergencia de lo digital debido a que a la dinámica tradicional hay que sumarle la venta tanto de libros en papel como de e-books a través de plataformas de comercio electrónico —con respecto a este tema recomiendo leer la entrada “El escenario digital Iberoamericano”, publicada recientemente por Manuel Gil en Antinomias libro—. Si la escasez es lo que define el mundo de las mercancías y las tiendas físicas, en el universo de lo digital lo que prima es la abundancia.

 

La manera como está configurado el mercado editorial hispanohablante así como su fragmentación y su vastedad desde el punto de vista geográfico son algunos de los factores que dificultan la circulación del libro en español. En el caso hipotético de que las condiciones jurídicas y económicas que dificultan la circulación del libro se superaran, habría que preguntarse hasta qué punto la producción editorial de un país es susceptible de despertar el interés de los lectores de otros países. Buscar posibles respuestas a esta pregunta ayudaría a comprender la relación entre la oferta y la demanda en el mercado de cada país así como en todo el ámbito hispanohablante.

 

 

 

 

 

 

Hasta ahora casi siempre he abordado esta dificultad en clave de editoriales y libros. Es decir, que la mayoría de las veces que he reflexionado sobre este problema me he centrado en la exportación de libros por parte de las editoriales. He estado pensando fundamentalmente en el caso de editoriales que exportan o que están interesadas en exportar los libros que publican para que éstos lleguen a países distintos del suyo.

 

¿Y si al abordar este problema me enfoco en las agencias literarias y en los derechos en lugar de centrarme en las editoriales y en los libros? Al fin y al cabo como actor de la cadena de valor las agencias literarias son intermediarios fundamentales que tienen a su cargo la función de facilitar la llegada del trabajo de sus representados a tantos mercados como sea posible —aunque hay que decir que en el ámbito hispanohablante muchos autores siguen sin recurrir a ellas—. En este caso el negocio de la internacionalización de la obra de los autores está directamente en manos de las agencias literarias que los representan, que les venden los derechos a las editoriales para que comercialicen los libros que publican en los territorios geográficos cubiertos por los contratos. Es decir, que el negocio de las editoriales se circunscribe a los límites de territorios específicos —normalmente sus países de origen y algunos otros donde operan o distribuyen su producción—.

 

 

 

 

 

 

Estamos frente a dos negocios distintos pero complementarios entre sí: por un lado, la exportación de libros por parte de las editoriales; y, por el otro, la venta de derechos por parte de las agencias literarias. En ambos negocios se está buscando conseguir que las obras de los autores de un país determinado lleguen a países diferentes del suyo y alcancen a un mayor número de lectores, lo cual beneficia tanto a las agencias literarias como a sus representados —aunque no siempre a las editoriales—. No sobra decir que al final los lectores terminan siendo los grandes beneficiados del acceso a una oferta amplia y diversa de obras de autores provenientes de diferentes países.

 

Al partir los derechos geográficamente se reparte su explotación entre varias editoriales que operan en territorios diferentes, de manera que el ámbito de actuación de éstas se limita acotando la cobertura de los contratos. La partición geográfica de los derechos no sólo fortalece el negocio de las agencias literarias que son intermediarios necesarios en cualquier iniciativa de comercialización de las obras de los autores que representan, sino que además podría tener el efecto colateral de contribuir a contener las intenciones expansionistas de algunas editoriales. Me pregunto qué es más conveniente para los autores: que sus derechos estén en manos de un sólo editor cuya distribución tenga una cobertura geográfica amplia o que se repartan por países entre varios editores distintos. Supongo que las opiniones frente a este tema están bastante divididas.

 

Debido a los costes y a los plazos que suponen el transporte y el almacenamiento de mercancías físicas, a algunas dificultades de carácter jurídico y a las fluctuaciones de las tasas de cambio de divisas, creo que en muchos casos la exportación de libros puede llegar a ser una operación terriblemente ineficiente que termina convirtiéndose en un lastre. En el caso de los grandes grupos está claro que su estructura, su dimensión y los recursos que tienen a su disposición les permiten gestionar las exportaciones con un riesgo controlado y una mayor eficiencia. Yo me inclino más hacia el modelo de partición geográfica de los derechos y hacia la puesta en marcha de iniciativas de coedición entre distintos editores de países diferentes.

 

Hay que tener en cuenta que la emergencia de lo digital les facilita a los lectores de todo el mundo el acceso a los libros en español sin importar dónde se encuentren o cuál sea su lengua materna, lo cual puede suponer una oportunidad particularmente interesante tanto en los países donde hay minorías hispanohablantes como en aquellos en los que existe un interés creciente por nuestra lengua. Por tratarse de un mercado más bien disperso, está claro que en este escenario el comercio electrónico y los e-books juegan un papel clave —ver los datos con respecto al número de hablantes de español por país—.

 

 

 

 

 

 

 

Lo digital también les permite a los autores tener un escaparate propio para exhibir su producción: ideas sueltas, reflexiones, colaboraciones en medios, works in progress y obras terminadas —permitiendo el acceso bien sea a fragmentos de éstas o bien a su totalidad—. Al tener un escaparate propio vía páginas Web personales, blogs y perfiles en redes sociales los autores pueden construir audiencias y generar una relación fluida y dinámica con los miembros de éstas. Lo que no está claro es que la capacidad que hoy en día tienen los autores de exhibirse, de construir una marca, de posicionarse y de dar a conocer su trabajo se traduzca en ventas.

 

De las personas que le dedican pequeños fragmentos de su atención a leer gratuitamente cada cosa que publica un autor en la Web o que dicen ser sus fans, ¿cuántas compran sus libros o por lo menos están dispuestas a comprarlos? Si planteo esta pregunta es porque considero que con frecuencia se sobredimensionan algunas de las implicaciones que le atribuimos al hecho de vivir en un mundo global e hiperconectado en el que nos relacionamos de manera espontánea y con muy pocos de intermediarios de por medio.

 

Habría que examinar en detalle qué pasa con los autores que al decidir autopublicarse acceden al mercado sin pasar por las agencias literarias ni por las editoriales. Al parecer los autores que se dedican a escribir literatura de género o ciertos tipos específicos de no ficción —básicamente sobre actualidad, management, autoayuda o temas prácticos— no sólo son más proclives a entrar en estas dinámica que que quienes escriben ficción literaria, sino que además tienen mejor suerte que éstos en términos de ventas. Muchos autores que se autopublican tienen el objetivo de entrar al circuito de la edición tradicional, por lo que la probabilidad de éxito y el alcance de su carrera pueden depender en gran parte de la mediación de una agencia literaria en su relación con las editoriales.

 

* nota: el pasado 19 de marzo Penguin Random House anunció la compra de la división de ediciones generales de Santillana. Ver los detalles de la operación en las notas de prensa emitidas por Penguin Random House y Santillana.

editoriales argentinas en librerías españolas: el caso de la central

De los países hispanoamericanos quizás Argentina sea el que tiene el ecosistema editorial más rico e interesante. Además de un buen número de editoriales, Argentina tiene un robusto tejido de librerías y uno de los índices de lectura más elevados de la región. Me pregunto de qué manera las turbulencias políticas y económicas que cada cierto tiempo vive Argentina repercuten sobre el desarrollo de su ecosistema editorial. ¿En momentos de inestabilidad se publican, se venden y se leen menos libros en Argentina? ¿Las medidas de proteccionismo económico del gobierno argentino que vistas desde afuera son perjudiciales para las editoriales extranjeras realmente favorecen a la industria nacional?

 

En una visita reciente a la librería La Central de la calle Mallorca de Barcelona me encontré con una selecta oferta de títulos publicados por diversas editoriales independientes argentinas. Al poco tiempo volví a La Central con el propósito de identificar las editoriales argentinas que estaban presentes en sus estanterías y mesas de novedades. Durante esta segunda visita encontré algunos títulos de las siguientes editoriales independientes argentinas —es probable que se me hayan escapado unas cuantas—:

 

 

– Adriana Hidalgo

– Colihue

– Corregidor

– El cuenco de plata

– Eterna Cadencia

– Interzona

– Katz

– La Bestia Equilátera

– La Compañía

– Libros del zorzal

– Losada

– Mansalva

– Mardulce

– Paradiso

 

 

 

 

 

 

Según me explicó Marta Ramoneda de La Central, estas editoriales suelen llegar a la librería por tres caminos diferentes: en primer lugar, a través de distribuidoras españolas que sirven en España los títulos de algunas de ellas; en segundo lugar, mediante distribuidoras argentinas que exportan los títulos de algunas otras; y, por último, vía trato directo con las editoriales —con cuyos responsables se ha entrado en contacto de distintas maneras: gracias a la intermediación de conocidos en común, tras conocer el catálogo durante una visita de presentación o gracias a un encuentro imprevisto que conduce al establecimiento de una relación comercial—.

 

Considero que la inclusión de títulos de unas cuantas editoriales argentinas en el fondo de algunas librerías españolas —aunque solamente unas pocas estén interesadas en hacerlo y/o se lo puedan permitir— es un buen signo que supone un enriquecimiento de la oferta del mercado. La oferta en las librerías de títulos publicados por editoriales de otros países tanto hispanohablantes como pertenecientes a otros ámbitos lingüísticos enriquece nuestro entorno y amplía nuestros horizontes. Me encantaría que en las librerías españolas además hubiera más libros publicados por editoriales de otros países hispanoamericanos cuya industria editorial es menos potente que la argentina —es posible encontrar alguna cosa aquí y allí pero en general la oferta es bastante escasa y supongo que la demanda también lo es—. Sin embargo, soy consciente de que hay un gran número de obstáculos y limitaciones que hacen que importar y vender en España los títulos de este tipo de editoriales sea un esfuerzo bastante difícil de asumir y poco rentable.

 

Para dar cuenta de una manera muy global de la situación de la edición en Argentina y ponerla en contexto, a continuación reproduzco algunos gráficos que contienen cifras con respecto a la industria editorial iberoamericana así como a los hábitos de lectura y compra de libros de los habitantes de la región desde una perspectiva comparada por países:

 

 

 

 

 

 

 

***

 

 

 

 

 

 

***

 

 

 

 

 

 

***

 

 

 

 

 

 

 

***

 

 

 

 

 

 

***

 

 

 

 

 

 

 

***

 

 

Los cinco primeros gráficos fueron extraídos del estudio “El espacio iberoamericano del libro 2012”, que fue realizado por Lenin Monak y publicado por el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC); la última tabla se extrajo del informe “Mercado editorial de Argentina y Ciudad de Buenos Aires” correspondiente a 2013, que fue realizado por el Observatorio de Industrias Creativas (OIC) del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

 

Recomiendo leer ambos documentos así como echarle un ojo al blogroll del blog de Eterna Cadencia.

 

Gracias, en primer lugar, a Julieta Lionetti no sólo por aclararme algunas dudas con respecto al panorama actual tanto de la industria y del mercado editorial como de la lectura en Argentina, sino también por llamarme la atención sobre ciertos aspectos que yo no había tenido en cuenta; y, en segundo lugar, a Marta Ramoneda por su amable y detallada explicación con respecto a la manera como vienen llegando las editoriales argentinas a La Central.

“el sector editorial español se afianza en el exterior” (y compensa la caída de la facturación en el mercado interno)

El pasado jueves 15 de noviembre apareció en la página Web del ICEX la noticia “El sector editorial español se afianza en el exterior”. La noticia destaca que ‘a cierre de 2011, las exportaciones del libro ascendieron a 482,44 millones de euros, un 5,38% más que en 2010, con un saldo comercial positivo de 262,32 millones de euros’.

 

 

 

 

Si en 2011 las exportaciones de libros alcanzaron los 482,444 millones de euros y se registraron importaciones solamente por 220.127 millones de euros, la balanza comercial de la industria editorial española tiene un saldo favorable de 262,317 millones de euros —ojo, como bien anota la noticia en estas cifras no se tiene en cuenta la facturación de las filiales existentes en el extranjero—. La noticia es buena sobre todo porque da cuenta de una tendencia progresiva hacia la recuperación de las exportaciones tras la fuerte caída registrada en 2009 —que, además, le hace contrapeso a la evolución negativa de las ventas en el mercado interno—.

 

 

 

 

Tanto el posicionamiento no sólo de los grandes grupos sino también de algunas editoriales medianas y pequeñas en Latinoamérica como la evolución del comportamiento de las ventas en esa región dan cuenta de la importancia estratégica que tiene en este momento el mercado latinoamericano para la industria editorial española. Los grandes grupos tienen tres importantes ventajas: en primer lugar, que producen la mayor parte de los libros que se publican y se comercializan en muchos países latinoamericanos —claro, no siempre se trata de títulos producidos en el país o escritos por autores nacionales—; en segundo lugar, que su estructura operativa y su capacidad logística les permiten cubrir un alto porcentaje de los puntos de venta a la hora de implantar sus títulos; y, por último, que gracias a su volumen tanto de producción como de negocio tienen una posición fuerte para negociar márgenes y otras condiciones con los puntos de venta.

 

El latinoamericano es un buen mercado para la edición española pero también es cierto que en éste la competencia con los actores locales es cada vez mayor debido en gran parte a que en distintos países de la región —Argentina, Colombia, Chile, México, Perú, etc.— vienen emergiendo y/o consolidándose editoriales con propuestas interesantes que tienen una gran proyección y muy buenas perspectivas a futuro. El problema para estas editoriales locales es que a menudo tienen un poder de negociación de cara tanto a los distribuidores como a los libreros y una capacidad de implantación mucho menores que los grandes grupos, lo cual supone una desventaja competitiva significativa frente a éstos que se deriva directamente de la disponibilidad de todo tipo de recursos.

 

Es cierto que las exportaciones hacia América pueden ayudarle a la industria española a atenuar el impacto de la caída de las ventas en el mercado interno pero también lo es que en los distintos países latinoamericanos cada vez hay más actores locales posicionados, por lo cual los editores extranjeros que quieran abrirse un lugar allí —sobre todo los pequeños— deberán no sólo destacar de una manera muy enfática el valor que aporta su propuesta editorial sino también manejar unos precios razonables de acuerdo con el poder adquisitivo de la población de las distintas zonas de la región a las que pretendan llegar. Sería interesante conocer el balance de la experiencia de pequeñas editoriales españolas como Alpha Decay, Blackie BooksFórcola, Impedimenta, Libros del asteroide, Melusina, minúsculaNórdica, Páginas de EspumaPeriféricaSins entidoTrama editorial o Veintisiete letras, que desde hace un tiempo han empezado a tener una presencia en algunos países de América.

 

Aunque en términos absolutos el sector del libro exporta hacia América mucho menos que hacia los países europeos*, en esta entrada prefiero hablar sólo de la importancia del mercado latinoamericano porque lo conozco mejor y por el valor estratégico que para la industria editorial española tienen como target los millones de lectores hispanohablantes potenciales que hay del otro lado del Atlántico. Me pregunto si en el largo plazo los recortes que se le están aplicando al presupuesto del Instituto Cervantes —una de cuyas consecuencias directas es el cierre de varios centros— repercutirán de manera negativa sobre las exportaciones hacia países no hispanohablantes, en muchos de los cuales se supone que hay un interés creciente por el español.

 

 

 

 

El entusiasmo que suscitan los resultados de las exportaciones reportados en esta noticia contrasta radicalmente con el comportamiento de las ventas en el mercado interno —ver el borrador del informe Comercio Interior del Libro en España 2011 y el avance del informe Comercio Exterior del Libro 2011—. Aunque el titular de la noticia deja claro que ésta se refiere únicamente al comportamiento de las exportaciones del sector editorial español, como lector me queda haciendo falta una breve alusión a la evolución y al estado actual de las ventas en el mercado interno para poder hacerme a una idea más global y fiel con respecto a la situación del sector a día de hoy. Debido a su triunfalismo esta noticia que sólo cuenta una parte de la historia me suena a propaganda y a verdad a medias.

 

 

 

 

Una última cosa: si como dice la noticia el sector editorial es ‘la principal industria cultural’ de España, no estaría del todo mal que su estatus y su rol estratégico se vieran reflejados tanto en las políticas públicas como en la valoración que las distintas instancias de la sociedad hacen de su trabajo y del valor que éste aporta.

 

A propósito de este tema recomiendo echarle un ojo a la entrada “el mercado latinoamericano y la industria editorial española”, que publiqué el año pasado por esta misma época.

 

* nota: la diferencia significativa entre los mercados europeo y americano en términos de comercio exterior en realidad la marcan las exportaciones del sector gráfico, que hacia Europa son 38 veces más grandes que hacia América. En 2011 las exportaciones del sector editorial hacia América alcanzaron los 163,794 millones de euros y hacia Europa los 145,096 millones de euros; en 2011 las exportaciones del sector gráfico hacia América alcanzaron los 4,179 millones de euros y hacia Europa los 159,803 millones de euros.

el mercado latinoamericano y la industria editorial española

En un momento en el que el deterioro progresivo de la economía de España parece estar lejos de llegar a su fin, el mercado latinoamericano —e incluso el hispanohablante de Estados Unidos— puede ser una carta de salvación para la industria editorial española. El negro panorama de la economía española a futuro contrasta radicalmente con las alentadoras perspectivas de crecimiento económico de algunos países latinoamericanos.

 

La degradación de la economía española ha tenido un impacto visible en las ventas de libros, que desde 2008 vienen disminuyendo sensiblemente. Mientras que en 2008 las ventas de libros en el mercado interior alcanzaron los 3.185,50 millones de euros, en 2010 descendieron hasta los 2.890,80 millones de euros (ver el informe de Comercio Interior del Libro 2010).

 

 

 

De hecho, el informe de Comercio Exterior del Libro 2010 demuestra que Latinoamérica ocupa un lugar bastante importante en las exportaciones de la industria editorial española y que desde el inicio de la crisis económica en España las exportaciones a los países de esa región en términos generales han registrado un comportamiento más bien estable —han fluctuado aunque no de una manera tan drástica—. El siguiente gráfico extraído del informe de Comercio Exterior del Libro 2010 muestra la evolución de las exportaciones de la industria editorial española hacia los principales mercados del continente americano entre 1997 y 2010 —ojo a Brasil y a Estados Unidos, donde la creciente importancia de la lengua española se ve reflejada en un volumen de ventas que a pesar de las fluctuaciones de los últimos años no es nada despreciable—:

 

 

 

Y en la siguiente tabla del mismo informe de Comercio Exterior del Libro 2010 puede verse la evolución entre 1999 y 2010 de las exportaciones de la industria editorial española hacia los países que le resultan más importantes comercialmente —todos ellos tanto de Europa como de América—:

 

 

 

Si las ventas de los libros españoles en España continúan con su tendencia a la baja y en Latinoamérica siguen manteniéndose estables, la industria editorial española podría atenuar al menos parcialmente el impacto de la crisis económica fortaleciendo su presencia en el mercado latinoamericano. Y cuando hablo de la industria editorial española me refiero no sólo a los grandes grupos, sino también a las editoriales pequeñas y medianas.

 

Considero necesario aclarar que cuando digo que para la industria editorial española el fortalecimiento de su presencia en el mercado latinoamericano puede ser una carta de salvación no estoy sugiriendo que deba poner en marcha una ofensiva de colonialismo cultural y económico, ni asumir la actitud del conquistador que pretende arrasar con todo e imponer su ley, ni saturar el mercado hasta reventarlo ni mucho menos inundarlo con toneladas de libros que no ha podido vender en España para sacarles algún rendimiento saldándolos y no tener que seguir asumiendo los costes que implica gestionar una mercancía cuyo valor para el mercado interno es casi nulo.

 

 

 

Me refiero más bien a que la industria editorial española replantee su relación con Latinoamérica contribuyendo tanto a la dinamización y al crecimiento del mercado como a la ampliación, al enriquecimiento y a la diversificación de la oferta de títulos existente en éste. Imaginemos que además de los libros de Random House MondadoriSantillanaPlaneta, Anaya y el Grupo Zeta pudiéramos encontrar en cualquier librería de cualquier ciudad latinoamericana una buena selección de títulos del catálogo de algunas de las mejores pequeñas y medianas editoriales literarias y de pensamiento de España —no sólo las que debido a su trayectoria, tamaño y prestigio ya pueden tener una cierta presencia como Acantilado, Anagrama, Pre-Textos, RBA, Roca, Salamandra, Siruela o Tusquets, sino también las más jóvenes y pequeñas como AlfabiaAlpha Decay, Ático de los libros, Blackie Books, DemipageErrata Naturae, Fórcola, GadirGallo Nero, Impedimenta, Libros del silencio, Melusina, minúscula, Nevsky ProspectsPáginas de espuma, Periférica, Sajalín, Veintisiete letras y un largo etcétera—; imaginemos también que en la librería a la que fuéramos pudiéramos encargar los libros que no estuvieran disponibles allí en ese momento para recibirlos al cabo de un par de días de espera; y, para terminar, imaginemos que pudiéramos comprar estos libros a un precio razonable que se ajustara al poder adquisitivo de la población del país latinoamericano donde nos encontráramos.

 

Es verdad que quizás en ciudades como Buenos Aires, México D.F., Santiago, Bogotá o Lima sea posible acceder a una oferta más o menos amplia de libros importados de España —publicados mayoritariamente por los grandes grupos pero también por editoriales medianas y pequeñas, aunque en menor medida—. Pero también es cierto que a medida que nos acercamos a las periferias de las grandes urbes, a las ciudades secundarias o a los países más pequeños esto tiende a ser cada vez menos cierto. Y luego hay que ver cuánto cuestan los libros importados en los países latinoamericanos.

 

La situación económica de España, las perspectivas de crecimiento a futuro de la economía de ciertos países de Latinoamérica y el espacio que hay para ampliar la diversidad de la oferta en el mercado latinoamericano explican por qué ahora más que nunca éste tiene un carácter estratégico para la industria editorial española.

 

Dicho lo anterior vale la pena plantearse varias preguntas en la dirección opuesta porque hablar de intercambio comercial y cultural implica la circulación de flujos en ambos sentidos: ¿qué interés despierta la producción editorial latinoamericana en el mercado español? ¿A la cadena de valor de la industria editorial española también le interesa comprarle libros a Latinoamérica o sólo vendérselos? ¿En qué sentido y de qué manera le interesa Latinoamérica a la industria editorial española?

 

Aquí se trata no sólo de que la industria editorial española busque la manera de vender libros en los países latinoamericanos, sino también de que se comprometa con la formación de lectores y con la construcción de públicos allí —curiosamente, justo mientras estoy a punto de terminar de escribir esta entrada leo una entrevista a Juan Casamayor publicada el viernes 18 de noviembre en El País en la que el editor de Páginas de espuma dice que “América será ahora la salvación del editor español”—.

 

 

 

Y luego también hay que pensar en algunos problemas operativos que puede suponer para la industria editorial española intentar fortalecer su presencia en Latinoamérica: en primer lugar, la gestión de los derechos de los títulos para comercializarlos en territorio latinoamericano; en segundo lugar, la adaptación a las condiciones del mercado local del precio del libro editado en España —que además de unos costes de producción más elevados, debe tener asociados unos gastos adicionales por concepto de transporte y aranceles—; y, en tercer lugar, la fragmentación del territorio, los obstáculos para mover mercancías de un lugar a otro y la debilidad del sistema de distribución que limita su capacidad de asegurar que los libros lleguen a una parte importante de los puntos de venta.

 

Tras señalar estas dificultades también vale la pena considerar algunas posibles medidas para sortearlas: en primer lugar, la venta de e-books a través de las distintas plataformas de comercialización que existan y que vayan surgiendo —contribuyendo de paso a darle un impulso a este mercado y a estimular su crecimiento—; en segundo lugar, el recurso para el libro impreso a la impresión bajo demanda en los mercados locales con el propósito de ajustar el precio evitando los costes asociados al transporte, a los aranceles y al almacenamiento; y, en tercer lugar, la búsqueda de aliados locales tanto para poner en marcha proyectos de coedición como para asegurar una buena distribución en los distintos países.

 

Además de las dificultades estructurales mencionadas anteriormente, vale la pena tener en cuenta otras de carácter coyuntural como los obstáculos para la importación de libros que existen actualmente en Venezuela y las medidas proteccionistas que el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner adoptó recientemente en Argentina en defensa de la industria gráfica nacional —un caso que no afecta sólo a los editores españoles y que va mucho más allá de la detención de cerca de un millón de ejemplares de libros en las aduanas de ese país—. Con respecto a lo que está sucediendo en Argentina recomiendo leer la entrada Esperpento en la aduana: ¿crónica de un secuestro editorial? del blog verba volant, scripta manent, en la que Bernat Ruiz Domènech documenta el caso, señala lo que está en juego tanto para la industria gráfica argentina como para los editores españoles y analiza la situación desde una perspectiva bastante crítica.

 

 

Creo que la proximidad de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) es una buena ocasión para poner sobre la mesa temas como éste e invitar a la reflexión alrededor suyo.

la ampliación del ámbito de circulación de la producción editorial nacional según moisés melo, de la cámara colombiana del libro

Durante la expedición del Observatorio Iberoamericano de la Edición Independiente (OBIEI) en agosto pasado a la 22ª Feria Internacional del Libro de Bogotá tuvimos la oportunidad de entrevistar a Moisés Melo, quien es el presidente de la Cámara Colombiana del Libro. En la entrevista Melo nos dio una de las claves para explicar no sólo por qué el intercambio de libros entre los distintos países latinoamericanos es tan complicado, sino también las dificultades existentes a la hora de difundir la obra de los autores hispanoamericanos en otros países hispanohablantes distintos del suyo. Dice Melo:

 

‘Las editoriales miran hacia afuera y sueñan con vender en el extranjero pero eso no se traduce en cosas prácticas. ¿Cuál es la primera barrera? Pensemos en un libro de un autor colombiano. El libro sale con un tiraje pequeño aquí y si se manda al exterior el monto de los fletes para los países de América Latina puede ser en promedio entre el 10 % y el 11 % de su costo. O sea que su exportación incrementa muy sustancialmente los costos. Lo que hace el importador con una pequeña cantidad de libros que tiene y que no sabe si va a vender es incrementar el precio, con lo cual el libro llega al mercado chileno, argentino o mexicano un 20 % o 30 % más caro que los libros chilenos, argentinos o mexicanos. De entrada ese libro está en desventaja porque además al autor chileno, argentino o mexicano lo conocen allí mientras que al colombiano no. Y llevarlo cuesta un dineral. ¿Qué oportunidad tiene ese libro en el exterior? Lo único para poder venderlo es que el autor se gane el premio Nobel’.

 

MOISÉS_MELO

 

Refiriéndose en particular a las editoriales independientes, a continuación Melo plantea una posible solución para incentivar la circulación en otros países de la producción editorial nacional —lo cual podría contribuir a la creación de un espacio para la libre circulación del libro hispanoamericano—:

 

‘Una cosa importante sobre todo para las editoriales pequeñas y medianas es encontrar fórmulas de negociación de derechos subsidiarios, que es una manera mucho más eficiente de hacer circular los libros que poniéndolos a circular físicamente. Los costos del transporte de los libros colombianos para el mercado argentino o mexicano son my altos. En cambio si se logra negociar una edición mexicana o argentina los libros pueden tener un precio competitivo y un mejor desempeño en ese mercado de manera que en definitiva producen mejores ganancias tanto para el mexicano como para el colombiano aunque un poco menos para los transportadores —pero como no estamos en el negocio del transporte ese aspecto no nos interesa mucho—’.

 

Melo también se refiere al rol que puede jugar la impresión bajo demanda a la hora de resolver estas dificultades para propiciar el intercambio de autores y títulos entre los distintos países. Según Melo, ‘lo que habría que buscar es un editor que tuviera en su colección un fondo donde cupiera o encajara el libro y que hiciera un tiraje pequeño de 200 o 300 libros, que son muchos más de los que se podrían exportar razonablemente aunque con la diferencia de que en este caso el costo sería similar al del envío de 40 o 50 ejemplares. Y puede ponerlos en el mercado al precio de los libros locales, por lo cual tiene mejores posibilidades de competir porque el libro viene con el sello de una editorial que ya está implantada en el mercado y con la presentación apropiada para éste’.

 

IBEROAMÉRICA_PEQUEÑO

 

A quienes les interese el tema, les recomiendo ver las siguientes entradas:

 

“venir a españa para poder ir al país de al lado: ¿la paradoja de los escritores hispanoamericanos?”

 – “¿qué deben hacer los escritores hispanoamericanos para cruzar la frontera?”

“una cuestión de derechos”

“¿por qué los escritores que escriben en español se leen poco en países hispanohablantes distintos del suyo?: ideas de maría moreno y javier moreno”

“sobre el comercio de libros entre españa y américa latina”