archivo de la categoría “tendencias”

Jueves, enero 10, 2008 categorizado bajo concentración, edición, editores, editores independientes, grupos multimedia

las reflexiones de andré schiffrin en la edición sin editores [ 2 ] / la burbuja especulativa

El siguiente extracto de L’édition sans éditeurs, de André Schiffrin, ilustra cómo la gran industria editorial termina reproduciendo las prácticas de especulación propias de sectores como el inmobiliario o el financiero: gerentes de empresas editoriales que esperando producir beneficios enormes les pagan a autores famosos o a figuras de alto perfil público exorbitantes sumas de dinero a manera de adelanto por obras que rara vez tienen el rendimiento necesario para recuperar lo que se ha invertido en ellas.


‘Newhouse insistió personalmente para que Random pagara un enorme avance sobre derechos de autor a Donald Trump, grotesco especulador inmobiliario neoyorquino y protagonista de innumerables artículos de los tabloides (…) Hizo pagar avances igualmente considerables a otros personajes que no tenían gran cosa que decir pero de quienes pensaba que el solo nombre atraería la curiosidad del público. Hizo pagar a Nancy Reagan tres millones de dólares por sus memorias, suma que nunca fue cubierta por las ventas: las malas lenguas se preguntaban si se trataba de un avance sobre derechos de autor o de una propina por servicios prestados.

Murdoch empujaba a sus editores en HarperCollins a pagar avances del mismo orden, a menudo a beneficiarios sacados de la misma opinión política. Jeffrey Archer, autor de novelas policíacas y uno de los líderes del partido conservador inglés, obtuvo 35 millones de dólares por tres libros cuyo fracaso tuvo tanta resonancia que las finanzas de HarperCollins se vieron seriamente sacudidas. Con los años Newhouse iba a institucionalizar en el interior mismo de Random House un sistema que incentivaba y agravaba estas locuras: les permitía a los dirigentes de las diferentes ramas del grupo sobrepujar los unos contra los otros en lugar de concertar como antes.

(…) Newhouse quería más beneficios cada año y aunque Random House los daba, no conseguía alcanzar los niveles de rentabilidad exigidos (…) En este contexto los enormes avances pagados a cambio de triunfos hipotéticos sólo eran tentativas cada vez más desesperadas para ganar esta batalla financiera. Aquí también es impresionante el paralelo con el imperio Murdoch, donde existía la misma práctica de avances irreflexivos. La locura de un imperio alimentaba la del otro. Como ambos estaban en competencia a golpe de millones, los agentes literarios podían hacer aumentar el precio sin fin. Algún día uno de los dos se quedaría en el camino pero entre tanto decenas de millones de dólares eran dilapidados en esas apuestas dudosas’.


L’édition sans éditeurs, de André Schiffrin. pp. 49 – 50

La fabrique éditions

París, 1999

Está claro que las sumas que llegan pagarse en las subastas por los derechos de ciertas obras provocan una burbuja especulativa en la que la pérdida del sentido de las proporciones puede terminar no sólo poniendo en aprietos económicos a las editoriales que no estén en capacidad de seguir asumiendo las pujas o los números negativos, sino también produciendo una crisis en el sector.


En relación con este mismo tema, ver las entradas “valiosas perlas sobre la especulación en el mercado editorial” y “el star system de autor


Nota: las negrillas son mías

Miércoles, enero 9, 2008 categorizado bajo concentración, edición, editores, editores independientes, grupos multimedia

las reflexiones de andré schiffrin en la edición sin editores sobre el fuerte sacudón en la industria editorial [ 1 ]

¿Qué pasa cuando las editoriales independientes son compradas por grandes grupos y el rendimiento económico se convierte en el único criterio utilizado para evaluar su trabajo, cuando la toma de decisiones con respecto a lo que se publica queda en manos de los directores financieros y de marketing o cuando los editores son sustituidos por gerentes, de manera que la distinción entre vender libros y neumáticos para automóviles se desdibuja?

Éste es el tema central de La edición sin editores, el libro publicado en 1999 por el editor estadounidense de origen francés André Schiffrin —quien asumió la dirección la editorial independiente The New Press tras verse obligado a abandonar Pantheon Books en los tiempos en los que Random House era propiedad de SI Newhouse, cuyos directivos venían ejerciendo una presión para darle un enfoque radicalmente comercial al sello que durante la Segunda Guerra Mundial había sido creado en Nueva York por inmigrantes de distintos países del viejo continente con el propósito de difundir el pensamiento europeo contemporáneo en Estados Unidos—.

Durante los próximos días me dedicaré a comentar algunas de las consideraciones que hace Schiffrin a propósito de las inquietudes que le suscitó su experiencia como miembro del equipo editorial de Pantheon Books.

Martes, enero 8, 2008 categorizado bajo concentración, edición, editores, grupos multimedia, industria editorial

la concentración de la propiedad de la industria editorial y la subordinación de la política de contenidos a los intereses comerciales

En su edición del 27 de diciembre de 2007 al 9 de enero de 2008 la revista Cambio hizo un especial en el que les pidió a diez escritores colombianos contemporáneos —en su mayoría jóvenes— que escribieran un texto acerca de su personaje favorito. Llama la atención que con excepción de Daniel Samper Pizano en todos los casos se trata de autores publicados por sellos editoriales pertenecientes al Grupo Planeta, que hace unos meses compró el 55 % de la Casa Editorial El Tiempo —el grupo multimedia al que pertenece la revista Cambio desde hace dos años*—. A pesar de que es un autor del Grupo Santillana, el hecho de que Samper sea accionista de la Casa Editorial El Tiempo podría explicar su inclusión excepcional en la lista de autores convocados por Cambio.


Aunque está claro que una de las tareas que debe hacer una editorial para sacar adelante su negocio consiste en promocionar a los autores que publica y que la gestión de la promoción es una decisión que está en manos de cada empresa, no tiene presentación que un medio que sólo les dé visibilidad a aquellos autores publicados por los sellos que pertenecen a su mismo grupo multimedia. El mayor capital de un medio de comunicación es su credibilidad, que es seriamente cuestionada y puesta en juego cuando éste subordina su la política de contenidos a sus intereses comerciales. Aunque no deja de tener cierta audacia, me parece que en este caso la política editorial de Cambio carece por completo de seriedad.


Conozco bien el trabajo de la mayoría de estos autores y a juzgar por la calidad literaria de sus obras considero que incluso en el plano local es muy poco probable que cualquiera de ellas deje una huella importante en la historia de la literatura —claro, siempre existe la probabilidad de que en el futuro escriban alguna cosa que sí lo haga—. Debo aclarar que no he leído ni a Carolina Sanín ni a Juan Esteban Constaín pero que un par de personas cuyo criterio me parece bastante confiable me han hablado muy bien del trabajo de este último.

____________________________

* La historia de la relación entre Cambio, la Casa Editorial El Tiempo y el Grupo Planeta es muy sencilla: una revista muy sensacionalista llamada Cambio cuyo principal accionista era el escritor Gabriel García Márquez que empezó siendo una filial colombiana de la publicación española Cambio16 y que en sus inicios alcanzó a tener cierto prestigio fue comprada a finales de 2005 por la Casa Editorial El Tiempo —el grupo multimedia en el que después de un proceso de expansión y diversificación de actividades terminó convirtiéndose el periódico El Tiempo, que desde hace varios años es el único diario nacional—, de la cual a su vez el Grupo Planeta compró el 55 % en agosto pasado.

Viernes, enero 4, 2008 categorizado bajo best sellers, librerías

los más vendidos en la librería laie del centre de cultura contemporània de barcelona (cccb)


No se trata ni de opiniones expresadas por supuestos lectores especializados ni de selecciones propuestas por prescriptores de opinión, sino de los listados más vendidos durante 2007 en una pequeña librería que me fascina: la Laie del Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB).

Diseño:


John Maeda: Las leyes de la simplicidad

BTOY: DY:002

Pedro Azara (comissari): Hogar

SAN: DY:001

Adrian Shaughnessy: Cómo ser diseñador gráfico sin perder el alma

Charles Carney i Scott Grass: The Acme Catalog

Autors diversos: Encantadodeconocerle

Enric Jardí: Veintidós consejos sobre tipografía

Gemma Solana i Antonio Boneu: Uncredited

Autors diversos: Logology


Ciencias sociales:


Gilles Lipovetsky: La era del vacío

Noam Chomsky: La (des)educación

Manuel Delgado: Sociedades movedizas

Naomi Klein: No logo

Gilles Lipovetsky: Los tiempos hipermodernos

Massimo Gaggi: El fin de la clase media

Juan Carlos Kremer: Contracultura para principiantes

Zygmunt Bauman: Miedo líquido

Paul Lafarge: El derecho a la pereza (Exhaurit)

Manuel Delgado: La ciudad mentirosa


El CCCB es sin duda alguna uno de los espacios de referencia para las grandes manifestaciones culturales que tienen lugar en Barcelona en los ámbitos artístico y de las ciencias sociales. Como a menudo el blog en cuestión destaca títulos relacionados con la programación que tiene lugar en el CCCB, me parecería interesante saber si los eventos realizados allí jalonan la venta de los libros de quienes participan en ellos o de obras que se ocupan de temas afines a la programación.


En el caso de los libros de ciencias sociales me llama la atención el relieve de algunas figuras que por la resonancia que tienen en el ámbito cultural barcelonés resultan bastante emblemáticas como Gilles Lipovetsky, Manuel Delgado, Zygmunt Bauman y Naomi Klein.

Miércoles, diciembre 19, 2007 categorizado bajo edición, impresión, industria editorial, print on demand, sobreproducción

entrevista de francis pisani al presidente de lulu.com / "queremos ser un mercado para el contenido digital"

La impresión bajo demanda es un tema que me interesa muchísimo pero al que no había tenido la oportunidad de acercarme hasta hace dos días, que encontré la entrevista que le ha hecho Francis Pisani a Bob Young —el presidente de Lulu.com—. Ésta es una empresa con un modelo de negocio interesantísimo que si tiene éxito puede repercutir con mucha fuerza en la sobreproducción que hay actualmente en el mercado editorial, en la viabilidad del negocio de la edición de contenidos impresos —gracias a la disminución del riesgo que actualmente hay implícito en él— y en el medio ambiente.

Reproduzco la entrevista de Pisani, que está repartida en dos entradas de Transnets: “Lulu.com, marché pour contenus numériques” y “Lulu.com et le futur du livre”.

Francis Pisani: ¿Cuál es la proporción de libros electrónicos?

Bob Young: Los libros electrónicos son el futuro de nuestro negocio. Hace tres años representaban el 2 % de nuestras ventas y hoy representan el 10 %. Si la proporción es la misma dentro de cinco años, habremos fracasado.

F.P.: ¿Cómo puede funcionar una empresa tal?

B.Y.: Todo es digital. No tenemos ningún problema de stock físico y solamente imprimimos cuando el pedido de un libro se hace. No tenemos máquinas y a menudo utilizamos las que Xerox fabrica para la impresión bajo demanda (Print on Demand ou PoD). Calculamos el precio de la fabricación y luego el autor fija el margen que quiere. Él se lleva el 80 % de la diferencia y nosotros el 20 %. Algunos autores empiezan a ganarse la vida gracias a Lulu. Eran doce el año pasado y este año serán sesenta. Toda la dificultad consiste en dar a conocer el texto.

F.P.: ¿Cómo puede resolverse este problema?

B.Y.: Hemos trabajado muy activamente con Google. Lo que ellos hacen es excelente para los autores. Permiten encontrarlos. Es cierto particularmente para aquellos que abordan temas que las editoriales ignoran. Hoy sólo los que son muy grandes tienen miedo de que utilicemos Internet. Los demás están listos a todo porque es posible encontrarlos.

F.P.: ¿Por qué usted se rehúsa a definir Lulu como una editorial?

B.Y.: Porque quiero ser un mercado para el contenido digital. No hay mucho de eBay ni de Amazon. Es terriblemente difícil. Pero el ordenador no distingue entre los 1 y los 0 se trate de libros, de vídeos o de podcasts. No estamos lejos de ver todos estos contenidos convergiendo en nuevas formas y será entonces cuando tengamos nuestro “momento iPod”.

F.P.: ¿Las editoriales no tienen razón en verlo como un rival?

B.Y.: No creo que Lulu les haga daño a las buenas editoriales. eBay no ha alcanzado ni a Christie’s ni a Sotheby’s. El Massachussetts Institute of Technology (MIT) seguirá atrayendo los materiales de buena calidad. Es un mercado que no atenderemos jamás pero es un mercado muy pequeño. El 99,9 % de lo que no tiene ningún interés para el MIT o para los demás sí que tiene valor para una audiencia.

F.P.: ¿Cuál es el modelo económico del libro de mañana?

B.Y.: Esa es una gran pregunta: ¿seguirá el libro el camino de los programa de televisión ofrecidos gratuitamente y financiados por la publicidad? Es posible para los más populares como Harry Potter. Los menos conocidos seguirán vendiéndose al detal, tal vez con algunos modelos de afiliación.

F.P.: ¿El fenómeno de “la larga cola” se aplica a Lulu.com?

B.Y.: Claro, en la medida en que el 80 % de los ingresos provienen del 20 % de los títulos. Sin embargo, aplicarlo de manera uniforme puede llevarnos a ser víctimas de un espejismo. No se pueden abandonar el 80 % de los títulos que proveen el 20 % de los ingresos porque no se sabe por anticipado sobre quién caerá eso. Es el mercado el que decide y yo dejo que lo haga.

Pero hay que ir más lejos. No hay un mercado de libros. Es necesario segmentarlo y mientras los segmentos sean concebidos de manera más específica, serán más eficaces. Lulu no es un mercado único, es un conglomerado de micromercados. Y sobre cada uno de ellos se constata que la regla del 80/20 aplica. eBay también es una colección de pequeños mercados que debe atender.

F.P.: ¿Cómo ve usted el futuro del libro?

B.Y.: Es enorme. Funcionamos sobre la base de relatos, de historias. Un buen libro nos educa y nos hace penetrar en un tema. Poco importa si se trata de tecnología, de poesía o de temas más conceptuales. Lo que cuenta es el futuro del relato bien concebido. La dificultad se debe a que los instrumentos de los que disponemos hoy no llevan bien el contenido a Internet. Estamos frente a un medio nuevo y faltan veinte años para descubrir sus reglas porque, como lo decía McLuhan, el medio es el mensaje.

Si el futuro del relato es multimedia, no podrá depender de individuos solitarios. Es muy complejo. Pero eso no remplazará al libro. El autor solitario hace cosas destacables. No está obligado a hacer concesiones. Las obras de Shakespeare o Dickens salieron de sus cabezas sin que ellos tuvieran que establecer compromisos. Son el fruto de la inspiración como para da Vinci, Picasso ou Mozart. Ningún equipo será capaz de producirlas. Esta falta de compromiso que permite que la creatividad florezca no desaparecerá jamás.

Page 18 of 33« First...10...1617181920...30...Last »