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los caminos hacia la publicación

Con frecuencia me pasa que algún amigo, familiar o conocido que sabe que trabajo en edición de libros me dice que le gustaría publicar algo que ha escrito o que tiene un amigo, un familiar o un conocido que se encuentra en esta situación. Generalmente se trata de novelas, de colecciones de relatos, de poemarios, de memorias, de autobiografías, de historias familiares o de textos inclasificables. Mucha gente no sólo está convencida de que tiene cosas que decir, sino que además necesita decirlas. Y quienes no cuentan con esta mezcla de convicción y necesidad seguramente tienen en su entorno cercano al menos a un par de personas que han pasado decenas de horas de su vida escribiendo. No importa si escriben a mano o si lo hacen en una máquina de escribir o en un ordenador. En los cajones de los muebles de las casas, en los discos duros de los ordenadores y en la nube se almacenan millones de manuscritos inéditos que esperan ver la luz algún día —o mejor dicho: que a sus autores les gustaría publicar—.

 

En esta entrada me ocuparé de situaciones a las que con frecuencia tienen que enfrentarse los autores primerizos, desconocidos o poco conocidos, de manera que quizás muy poco o casi nada de lo que diga a continuación sea aplicable a figuras reconocidas o consagradas. Aunque es probable que en los inicios de su carrera Ken Follet, Javier Marías, Paulo Coelho, Milan Kundera, Javier Sierra y otros autores cuyos libros hoy en día venden decenas de miles de ejemplares —y cuya última novedad actualmente se encuentra en la lista de los más vendidos en España— hayan tenido que enfrentarse a algunas de las circunstancias que describiré a continuación.

 

 

 

RAYMOND_CARVER_ESCRIBIENDO

 

 

 

Cuando un autor primerizo, desconocido o poco conocido que quiere publicar algo me aborda para hacerme una consulta normalmente le pregunto si sabe cómo funciona el proceso de publicación y comercialización de un libro, en caso de que su respuesta sea negativa se lo explico brevemente y finalmente le pido que me describa a grandes rasgos su manuscrito para saber de qué tipo de texto estamos hablando. En ocasiones los autores simplemente han escrito algo y quieren averiguar qué tienen que hacer para publicarlo. Otras veces los autores ya han enviado sus manuscritos tanto a editoriales como a concursos, obteniendo una amplia gama de posibles resultados: premios, menciones y otros reconocimientos, elogios y muestras de interés, declaraciones de intenciones de publicarlos, mensajes de rechazo —personalizados o genéricos— y silencio administrativo. Cuando los dos últimos casos se han repetido sistemáticamente, la mayor parte de las veces tengo la impresión de que los autores sienten que ya han agotado todas las opciones posibles y que creen que contar con la orientación de alguien que está metido en el mundo editorial podría suponer el renacer de la esperanza de publicar su manuscrito.

 

Ante este panorama es comprensible que las actitudes de estos autores vayan desde el entusiasmo, la confianza en sí mismos y en su trabajo, la expectación o la arrogancia hasta la frustración, la baja autoestima, la desesperanza y las ganas de tirar la toalla. A menudo estos autores quieren recibir un feedback o una valoración con respecto a su manuscrito aunque tampoco falta el que afirma que éste es la última maravilla, que quienes lo han leído hasta ahora pueden dar fe de ello y que no entiende por qué los editores no le hacen caso.

 

Los autores que aspiren a publicar su primer libro deberían saber que no existe un único camino hacia la publicación y que cada vez tienen más alternativas a su disposición para darle salida a su trabajo. Los principales caminos que hoy en día puede tomar un autor para publicar son los siguientes:

 

la edición tradicional: una editorial compra los derechos para publicar y comercializar las obras de los autores y les paga a éstos unas regalías sobre las ventas.

la edición a cuenta del autor: una editorial perteneciente al circuito del vanity publishing les cobra a los autores por publicar sus obras bajo su sello así como por la prestación de servicios editoriales. Algunas editoriales que se dedican al negocio de la edición a cuenta del autor prefieren llamarla “coedición”.

la autopublicación en plataformas en línea: los autores pueden transformar sus manuscritos en e-books para publicarlos y venderlos u ofrecerlos para descarga gratuita en las plataformas de autopublicación en línea —que cobran un porcentaje sobre las ventas—. Algunas de estas plataformas también les permiten a los autores ofrecer sus libros en papel a través de un sistema de impresión bajo demanda.

– la publicación vía micromecenazgo —o crowdfunding: los autores montan campañas para recoger pequeñas aportaciones económicas del mayor número posible de donantes con el propósito de financiar la publicación de su manuscrito. Estas campañas normalmente se desarrollan en plataformas de crowdfunding que funcionan en línea.

 

 

 

MANUSCRITO_2

 

 

 

Como el mercado está dividido en una gran variedad de circuitos, segmentos y nichos, es importante que cada manuscrito encuentre su lugar en él de acuerdo con aspectos como el género y el subgénero a los que pertenece, su temática, el perfil del autor e incluso el estilo de su escritura. Debido a lo anterior es importante que los autores se familiaricen con el entorno editorial y que identifiquen los espacios donde su manuscrito podría tener posibilidades de ser publicado de manera que una vez hayan hecho estas dos tareas examinen minuciosa y detenidamente las distintas alternativas existentes para su publicación, valoren los pros y los contras de cada una de ellas, tomen una decisión con respecto al camino a seguir para alcanzar su objetivo y se pongan manos a la obra.

 

La planificación y la puesta en marcha de estas gestiones es justamente uno de los servicios que les prestan las agencias literarias a los autores. Optar por gestionar personalmente todas estas acciones o verse obligado a hacerlo puede suponer grandes dificultades para los autores que no tienen un agente literario. Y si nos ponemos a hablar de todo lo relacionado con la negociación de las cláusulas de los contratos, con la venta de derechos subsidiarios y con las liquidaciones, es evidente que para los autores que por la razón que sea no son representados por un agente literario las dificultades prácticas son todavía mayores.

 

Hay otro detalle importante que los autores poco o nada experimentados en el campo de la publicación deberían saber: cuando se termina y se publica un libro todavía queda mucho por hacer. Es decir, que para los autores acabar y publicar un libro marca la exitosa superación de las dos primeras fases de una carrera de largo aliento en la que hay una serie de acciones de distribución, comercialización, comunicación, promoción, marketing, relaciones públicas y seguimiento cuya puesta en marcha es fundamental para llegar a la meta en una buena posición. En fin, la escritura y la publicación de un libro son el principio y no el final de un proceso.

 

A quienes les interese este tema les recomiendo los siguientes libros que tocan muchos de los aspectos a los que he hecho referencia en esta entrada:

 

– Marketing para escritores, de Neus Arqués

Éxito, de Íñigo García Ureta

¡Quiero publicar mi libro!, de Juan Triviño Guirado

 

 

 

RECURSOS_PARA_ESCRITORES

 

 

 

Próximamente publicaré algunas entradas en las que analizaré las posibilidades y las limitaciones de los diferentes caminos que los autores pueden tomar para publicar sus manuscritos.

la crisis, el libro y la industria editorial

En 2011 Manuel Gil y Joaquín Rodríguez hicieron los siguientes planteamientos en la introducción de El paradigma digital y sostenible del libro:

 

‘Quizá las únicas aseveraciones de las que estamos absolutamente seguros son, en primer lugar, la de considerar que no hay una sola empresa del sector del libro que tenga claro cómo va a sobrevivir a Internet; en segundo lugar, que Internet se llevará por delante dos terceras partes de las editoriales que hoy conocemos, básicamente por la imposibilidad generacional de comprender el nuevo “metamedio” y por la dificultad intrínseca de ganar dinero con la generación de contenidos. Esta afirmación debería venir acompañada, eso sí, por su aparente contraria: surgirán muchas otras editoriales, pequeñas y especializadas, cercanas a un grupo de lectores no necesariamente masivo, unidos por afinidades temáticas, convicciones sociopolíticas o estéticas, que hagan viable un nuevo modelo de editorial en red con presencia e inventarios virtuales’.

 

 

 

EL_PARADIGMA_DIGITAL_Y_SOSTENIBLE_DEL_LIBRO

 

 

 

Cuando leí por primera vez El paradigma digital y sostenible del libro justo después de su publicación pensé que Manuel y Joaquín exageraban en las estimaciones que hacen en su segunda aseveración, que me parecieron excesivamente pesimistas a pesar de la necesaria afirmación contraria que formulan a continuación en el párrafo citado. Sin embargo, con el paso del tiempo he empezado a creer que un escenario en el que ‘dos terceras partes de las editoriales que hoy conocemos’ podrían desaparecer no es descabellado debido a la coincidencia entre la crisis económica y el cambio de paradigma que supone la emergencia de lo digital. Teniendo en cuenta la manera como han evolucionado las cosas en España sobre todo durante los tres últimos años, yo iría más lejos e incluiría en el planteamiento de este escenario a otras empresas del sector o relacionadas con él: agencias literarias, distribuidoras, librerías, proveedoras de servicios editoriales y tecnológicos, desarrolladoras de tecnología, estudios de diseño, consultoras, centros de formación, etc.

 

Las siguientes son algunas de las razones por las que este escenario catastrófico que hace tres años encontraba exagerado empieza a parecerme cada vez más posible:

 

– la contracción del consumo como consecuencia de la crisis económica.

– los recortes en los presupuestos destinados a las subvenciones y a las adquisiciones públicas.

– los cambios en los hábitos de consumo de contenidos.

– la degradación del valor del libro.

 

Con respecto a los dos primeros puntos no hay mayor cosa que decir pero en relación con los dos últimos vale la pena hacer algunas observaciones —que ya planteé o al menos esbocé hace unos meses en la entrada “lectura y candy crush”—: por un lado, gracias en gran parte a la omnipresencia tanto de los dispositivos móviles como de la conexión a Internet hoy en día estamos expuestos a una amplia variedad de tipos de contenidos fácilmente accesibles que compiten por captar y acaparar nuestra atención; y, por otro lado, el libro como fuente de acceso al conocimiento, de entretenimiento y de ocio se ha devaluado debido al atractivo, a la rapidez, a la ligereza o a la gratificación inmediata y efímera que otras opciones de bajo coste o gratuitas como los videojuegos, la música, los vídeos o las redes sociales pueden ofrecernos más fácilmente.

 

Para poner esta reflexión en contexto veamos algunos datos del informe “Hábitos de lectura y compra de libros 2012”, que fue publicado en enero de 2013:

 

 

1_PORCENTAJE_DE_LECTORES_ESPAÑA

 

 

 

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2_PERFIL_DE_LECTORES_ESPAÑA

 

 

 

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3_FRECUENCIA_LECTURA_ESPAÑA

 

 

 

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4_LECTURA_DE_LIBROS_ESPAÑA

 

 

 

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5_LECTURA_DE_LIBROS_DETALLE_ESPAÑA

 

 

 

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6_FRECUENCIA_DE_LECTURA_DE_LIBROS_ESPAÑA

 

 

 

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7_RAZONES_DE_LECTURA_DE_LIBROS_ESPAÑA

 

 

 

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8_ACCESO_A_LIBROS_ESPAÑA

 

 

 

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9_ACCESO_A_LIBROS_DETALLE_ESPAÑA

 

 

 

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1O_ACCESO_A_LIBROS_EVOLUCIÓN_ESPAÑA

 

 

 

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11_LECTURA_POR_SOPORTES_ESPAÑA

 

 

 

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12_LECTURA_POR_SOPORTES_DETALLE_ESPAÑA

 

 

 

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Estas diapositivas del informe en cuestión nos ofrecen una amplia variedad de información con respecto tanto al tamaño como al perfil de la población lectora, a los soportes en los que lee, a sus lecturas y a la forma como accede a ellas. Hay aspectos de este informe que son particularmente interesantes: los tipos de publicaciones que se leen; las preferencias en los tipos de publicaciones por edades; la frecuencia con la que se lee cada tipo de publicación; la segmentación por franjas de edad de los índices de lectura tanto por trabajo y estudios como en el tiempo libre; las motivaciones para leer libros; la forma como se accede a los libros y la evolución de la lectura en soporte digital de los distintos tipos de publicaciones. Con respecto al modo de acceso a los libros el informe indica un comprensible descenso de la compra que viene acompañado por un aumento tanto del préstamo en bibliotecas como de las descargas de Internet —no se especifica si éstas son de pago o gratuitas—.

 

Hay quienes dicen que contrario a lo que se cree, hoy en día se lee más que nunca. Quizás en estos tiempos de hiperconexión se lean menos libros que antes y la lectura inmersiva sea una práctica cada vez menos frecuente que puede incluso tender a caer en desuso. Es probable que el libro esté en proceso de perder al menos parcialmente esa condición de vehículo privilegiado de acceso al conocimiento y a la cultura escrita que ha ostentado durante tantos años. Esta tendencia ya está más que consolidada en ciertos tipos de contenidos técnicos, especializados y de referencia para los que está claro que el libro como contenedor se ha vuelto insuficiente —manuales, diccionarios, enciclopedias y guías de viaje, por ejemplo—. En el caso de algunos tipos de contenidos la convivencia entre el formato libro y lo digital ya está en vías de consolidación mientras que en otros está emergiendo y empieza a extenderse cada vez más.

 

Lo anterior supone un desafío para la industria editorial en su conjunto, cuya facturación viene disminuyendo significativamente como consecuencia de la caída de las ventas de libros. Esta situación es particularmente crítica en ciertos segmentos específicos de la edición. El avance del informe de “Comercio interior del libro 2013” que se presentó en junio de 2014 da cuenta de la caída de la facturación del sector durante los últimos cinco años. Mientras que en 2013 la facturación del sector cayó un 11,7% con respecto al año anterior, su caída desde 2009 asciende a un 29,8%.

 

 

 

FACTURACIÓN_INDUSTRIA_EDITORIAL_ESPAÑOLA_2009_2013

 

 

 

En el “Análisis del Mercado Editorial en España” publicado en julio de 2014 por la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE) se afirma que ‘el libro sigue siendo la primera industria cultural, pese a la crisis’. Si en el mercado interno las ventas de la primera industria cultural española continúan disminuyendo y en 2013 registraron una caída del 9,7% con respecto al año anterior, es altamente probable que las demás industrias culturales se encuentren en un estado mucho más crítico. Se trata de un panorama poco alentador para la que según el informe “El sector del libro en España 2012-2014” del Observatorio de la Lectura y el Libro es ‘una de las principales potencias editoriales del mundo’ —en la edición de hace dos años de este documento se afirmaba que era la cuarta—. El avance del informe de “Comercio exterior del libro 2013” indica que durante los últimos años también han venido cayendo las exportaciones hacia América, que para la industria editorial española es un mercado natural y una posible carta de salvación.

 

Esta situación pone en aprietos no sólo a la pequeña edición que cuenta con una capacidad de inversión muy limitada y que puede ser más vulnerable frente a los efectos de ciertas complicaciones económicas, sino también a los grandes grupos que tienen un músculo financiero, unas estructuras operativas, unos costes fijos y unas deudas cuya envergadura es significativamente mayor. Si sus ventas y su facturación están cayendo sin parar debido tanto a la crisis económica como a los cambios en los hábitos de consumo de contenidos por parte de las personas, ¿qué puede hacer la industria editorial para desacelerar, detener o revertir esta tendencia?

 

Entre las posibles líneas de acción que la industria editorial podría adoptar para evitar que sus ventas y su facturación sigan cayendo, destaco las siguientes —aclaro que casi todas ya han sido expuestas por otras personas en diferentes ocasiones—:

 

– achicar y aligerar su estructura —particularmente en el caso de los grandes grupos e incluso de ciertas editoriales medianas—.

– mejorar el conocimiento de sus públicos tanto reales como potenciales y entablar una relación directa, fluida y estrecha con éstos.

– fortalecer su apuesta por lo digital y acelerar su reconversión.

– diseñar, explorar y poner a prueba nuevos modelos de negocio.

– optimizar sus procesos de producción.

– reducir su volumen de producción para ajustarlo más y mejor a la demanda.

– bajar el precio de los libros.

– buscar fuentes de ingresos alternativas a la venta de libros.

 

 

Los hábitos de consumo de contenidos de las nuevas generaciones y los cambios que estamos adoptando en este campo los mayores de treinta años le plantean a la industria editorial grandes retos con respecto a las posibilidades de supervivencia de su negocio. Si no invierte recursos en áreas como el fomento de la lectura, la construcción de públicos y la puesta en valor de lo que aportan sus productos y servicios, es difícil que en el futuro la industria editorial consiga seguir contando con una clientela que esté dispuesta a pagar por acceder a éstos —sobre todo si tenemos en cuenta que la idea de que el acceso a los contenidos debería ser gratuito o muy barato cada vez está más expandida—. Más que de hacer que los libros vuelvan a ser cool como afirma la popular frase de John Waters, se trata de resaltar tanto el trabajo que hay detrás suyo como su valor intrínseco, social, cultural y económico.

 

 

 

WE_NEED_TO_MAKE_BOOKS_COOL_AGAIN_LECTURA_Y_CANDY_CRUSH

 

 

Hay quienes dicen que cuando los e-books representen la mayor parte de la facturación de la industria editorial el libro en papel tendrá un alto valor gracias a su status de rareza o de ícono vintage. Sin embargo, mientras los e-books no constituyan el grueso del negocio de la industria editorial esta idea seguirá siendo solamente una remota ilusión futurista.

 

Para terminar les recomiendo echarle un ojo al artículo “Paying for Digital Content Still Not the Norm in the UK”, que fue publicado recientemente en eMarketer y cuya lectura podría ayudar a desmontar el mito de que no querer pagar por el acceso a los contenidos es una costumbre típicamente española o que la crisis de la industria editorial en España se debe a que éste es un país líder en piratería.

 

 

DIGITAL_CONTENTS_FREE_VS_PAYING_UK

 

 

Sé lo que están pensando y tienen razón: mal de muchos, consuelo de tontos. Pero aquí no se trata de consolarse señalando que los otros también tienen graves problemas ni de ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el ojo propio. El quid de la cuestión está en buscar pistas que permitan entender una serie de fenómenos para encontrarles soluciones a los problemas que se derivan de éstos.

experiencia de compra y elección racional: hacia un consumo reflexivo

Entre todos los puntos de venta o tipos de establecimientos comerciales que se dedican a vender libros, ¿en cuáles preferimos los lectores comprar y dejar nuestro dinero?

 

Ya que soy yo quien plantea la pregunta, a continuación comparto con ustedes mi respuesta —que obviamente está condicionada por mis intereses, inclinaciones, necesidades y posturas como lector y/o consumidor—:

 

– en librerías no especializadas que además de contar con una oferta amplia y diversa me ofrezcan una alta probabilidad de encontrar aquellos libros que esté buscando independientemente del género al que pertenezcan o de la temática de la que se ocupen.

– en librerías especializadas en aquellos géneros, temáticas, tradiciones, áreas geográficas o idiomas específicos que forman parte de mi órbita de intereses y donde casi con toda seguridad encontraré los libros que busco en relación con ésta.

– en librerías que cuenten con libreros que además de estar en capacidad de orientar y hacer recomendaciones conozcan las inclinaciones, las preferencias y los gustos de su clientela.

– en librerías que me permitan acceder lo antes posible a aquellos títulos que no tengan en stock cuando yo vaya a buscarlos, respondiendo rápidamente a necesidades urgentes.

– en librerías cuya oferta cuente con ediciones en lengua original de libros escritos en otros idiomas.

– en librerías que ofrezcan títulos descatalogados, bien sea nuevos o bien de segunda mano.

– en librerías que al tener una buena programación de actividades jueguen un rol de dinamización cultural en su entorno.

– en librerías que les den un trato justo a los editores y que estén dispuestas tanto a trabajar de manera coordinada con éstos como a ofrecerles su apoyo en aspectos como la comunicación, la promoción y el marketing.

 

 

 

 

 

Como no suele ser fácil encontrar una librería en la que todas estas condiciones se cumplan a la vez, cuando voy a comprar un libro el peso de cada una de ellas en mi decisión de ir a una o a otra varía según los rasgos de éste y mis necesidades puntuales del momento. Debido a lo anterior normalmente escojo la librería a la que iré dependiendo del tipo de libro que tenga en mente comprar. En función de mis intereses, inclinaciones y necesidades, algunas de las librerías de Barcelona en las que suelo hacer mis compras son Abracadabra, AltaïrCasa Anita, Documenta, JaimesLa Central, LaieLe Nuvole y Negra y Criminal. Aunque con frecuencia mis compras tienen algo de azaroso porque casi siempre que de manera inesperada me llama la atención algún libro que no había previsto adquirir termino llevándomelo conmigo, la mayor parte de las veces decido racional y premeditadamente qué comprar y dónde hacerlo teniendo en cuenta no sólo el tipo de título que busco sino también la capacidad de la librería de ofrecerme servicios que en cada caso obedezcan a mis necesidades y expectativas.

 

Ahora que el sector del libro está en una encrucijada por la coincidencia de la crisis económica y del cambio de paradigma —recomiendo leer las reflexiones, las observaciones y los comentarios que Manuel Gil viene publicando sobre este tema en Antinomias libro— la sumatoria de las decisiones de compra de cada consumidor y/o lector puede hacer una diferencia significativa sobre todo para aquellas librerías que están pasando por una situación financiera complicada. Es por eso que en cierto sentido esta entrada es una invitación al consumo reflexivo basado en la elección racional a partir de un balance de la experiencia que les ofrecen las librerías a sus clientes reales o potenciales.

 

Las visitas a las librerías juegan un rol central en mi vida tanto personal como profesional por lo que significa para mí no sólo salir a pasear por la ciudad y echarle un ojo a lo que se está publicando, sino también asistir a un lugar que es un punto de encuentro y que propicia el contacto con otras personas, salir del aislamiento social en el que a menudo vivimos quienes trabajamos como freelance, sacar la cabeza del hoyo negro en el que por momentos llega a convertirse el mundo de los entornos de generación 2.0 y contrarrestar la tendencia al sedentarismo que es cada vez más común en nuestros días. Debido a lo anterior prefiero seguir comprando los libros en papel en mis librerías de ladrillo y cemento favoritas al menos que la imposibilidad de encontrar allí en un tiempo prudencial y a un precio razonable lo que esté buscando me lleve a recurrir a una tienda en línea. Mi posición a favor de un espacio cuya supervivencia a futuro está seriamente amenazada es sostenible hoy en día gracias en parte a la existencia de libreros como Paco Camarasa, Jesús Casals, Josep Cots, Damià Gallardo o Ricardo Rendón, que hacen que la visita a las librerías y la experiencia de compra sean gratas para quienes vamos allí.

 

 

 

 

 

 

Varios agentes vinculados al mundo barcelonés de la cultura y del libro vienen trabajando en El Mapa de Librerías de Barcelona, un proyecto colaborativo que está construyéndose en Google Maps. Los aportes de quienes participan en la construcción de este mapa que se actualiza de manera abierta y continua pueden dar cuenta de la constante evolución del tejido de librerías de Barcelona, que desde hace un tiempo viene sufriendo modificaciones significativas —durante el último año han cerrado algunos establecimientos mientras que otros han abierto sus puertas recientemente—.

historia, disrupción y gigantes con pies de barro

¿Quién habría previsto en los años 1980 que Pan Am, Enron, Chrysler, General Motors, Blockbuster, Kodak y otras grandes compañías que gozaban bien sea de un liderazgo o bien de una posición aventajada en sus respectivos mercados se declararían en bancarrota unas pocas décadas después?

 

 

 

 

¿Recuerdan que hace unos años Yahoo! y Google no sólo le quitaban a lo largo del tiempo decenas de miles de usuarios de correo electrónico a Hotmail, sino que además competían por el liderazgo en el mercado de las búsquedas y de la publicidad en línea? ¿A alguien le suena una popular plataforma llamada Myspace que tras haber sido comprada por News Corporation en 2005 vio cómo de repente muchos de sus usuarios empezaron a huir en desbandada hacia Facebook, que había sido fundada en 2004? Éstos y muchos otros casos dan cuenta de la manera radical y acelerada a la que están transformándose la industria de los contenidos y el ecosistema de Internet debido en gran parte a la velocidad a la que están sucediendo las cosas: la generación de desarrollos innovadores, la aparición de nuevos productos y servicios que hacen que muchos de los que les anteceden se vuelvan obsoletos y caigan en desuso, la dinámica de las fusiones y adquisiciones entre compañías de distintos tamaños o el cierre de plataformas que han perdido su dinamismo y/o que nunca acabaron de despegar.

 

Tengo la impresión de que cada vez más actores del sector editorial empiezan a percibir a Amazon como “el enemigo común”. En tanto que elementos genéricos emergentes el e-book y las plataformas de venta online han perdido relevancia como amenaza para el sector porque hoy en día ésta tiene nombre propio: Amazon —no es Google Play ni tampoco la iBookstore, que según quienes tienen acceso a cifras de ventas son los directos competidores de la compañía de Jeff Bezos aunque claramente cuentan con una cuota de mercado bastante menor que la de ésta—. A nivel global hoy en día Amazon es el líder absoluto en el campo de la venta de libros tanto en papel como en formato digital y no parece que en el corto o en el mediano plazo su hegemonía vaya a verse amenazada a pesar de que es verdad que otras tiendas que cuentan con una oferta de títulos amplia, que en ocasiones les brindan mejores condiciones a sus clientes —sean editores, autores autopublicados o lectores— y que ofrecen una buena experiencia de usuario poco a poco han ido quitándole pequeñas porciones de cuota de mercado: la iBookstoreGoogle PlayBarnes & Noble o Kobo.

 

 

 

 

 

(Imagen tomada de La Opinión)

 

 

Debido a la manera como sus prácticas están repercutiendo en el desarrollo del mercado editorial recientemente Amazon ha sido objeto de diversas acusaciones por parte del gremio librero y de otros actores del sector en España, en Francia y en el Reino Unido —ver los artículos “Los libreros demandan a Amazon y buscan aliados”“Funding lifeline for French booksellers”“Godfray renews government plea on Amazon”, “Los libreros de CEGAL fichan por Tagus para sobrevivir a Amazon”“Casa del Lector ‘traiciona al libro’ con Amazon” y “Anger over authors’ website links to Amazon”—. Las acusaciones contra Amazon y las acciones que se derivan de éstas son motivadas por cuestiones como la violación de la ley del precio fijo donde ésta existe, el aumento alarmante de su cuota de mercado —a menudo mediante prácticas anticompetencia— en detrimento tanto de las librerías como de otros actores locales involucrados en la venta de libros o el hecho de que en ocasiones no pague sus impuestos allí donde operan sus tiendas online sino en países como Luxemburgo que cuentan con normativas fiscales bastante más laxas.

 

Desde hace un tiempo algunas compañías como Amazon, Apple o Google vienen consolidando cada una en sus respectivos mercados o segmentos una posición dominante en diferentes campos relacionados con la comercialización de contenidos, con la publicidad en línea, con el comercio electrónico, con la electrónica de consumo o con la prestación de servicios en la nube —cada una tiene su competencia directa en aquellos ámbitos donde es líder y en algunas áreas las tres compiten entre sí—. Hace una década estas tres compañías que han jugado un papel clave en el proceso de disrupción que viene sufriendo la industria de los contenidos eran completamente diferentes de lo que son hoy en día y es probable que dentro de diez, quince o veinte años también lo sean —asumamos que seguirán existiendo aunque visto lo visto, nunca se sabe—.

 

Si compañías como AmazonApple y Google han sido agentes disruptores en el ámbito de los contenidos es en parte porque han creado una gran variedad de nuevos productos, servicios y modelos de negocio que han hecho que una parte importante de lo que había en este campo antes de su incursión en él se vuelva anticuado u obsoleto y caduque. Estas y otras compañías han alcanzado su posición actual siendo pioneras en ciertos mercados o segmentos, mejorando lo que otros venían haciendo desde hacía tiempo mediante la introducción de diversas innovaciones —a menudo pequeñas pero significativas—, creando productos y servicios que responden a necesidades latentes o manifiestas de los usuarios, contratando a los mejores desarrolladores y comprando compañías cuyos desarrollos les han permitido fortalecer, potenciar y optimizar los diferentes elementos de sus portafolios. Y vale la pena anotar que aunque alrededor de estas compañías abundan las historias que son presentadas como casos de éxito, cada una tiene en su cuenta corporativa una buena lista de fracasos.

 

 

 


 

(Imagen tomada de Wired)

 

 

Gracias a su gran capacidad tanto de desarrollo e innovación como de presión, a su músculo financiero y al recurso a algunas prácticas que según como se miren podrían considerarse cuestionables desde el punto de vista de la competencia, estas compañías han puesto en aprietos a muchos de los actores de la industria de los contenidos y se han convertido en una amenaza para éstos. Desde hace un tiempo diversos actores de la cadena de valor tradicional de la industria de los contenidos corren el riesgo de perder parcial o totalmente su rol estratégico como intermediarios, de ser desplazados por new players hasta hace poco ajenos a su sector que están incursionando en él y que pueden terminar ocupando el lugar que les corresponde a ellos al ejercer sus funciones de una manera más eficiente, de quedar sometidos a las condiciones impuestas por éstos y de ver sustancialmente reducido su poder de negociación a la hora de definir las reglas de juego de su propio negocio.

 

¿Y si en un futuro no muy lejano AmazonAppleGoogle y otras compañías que actualmente son líderes en distintos segmentos de la economía de Internet no sólo perdieran su liderazgo en éstos sino que además terminaran volviéndose obsoletas y quedando fuera de juego como consecuencia de un proceso disruptivo? ¿Y si en algún momento estas compañías dejarán de desarrollar productos, servicios y modelos de negocio innovadores? ¿Y si además de lo anterior estas compañías fueran incapaces de reinventarse para adaptarse a un nuevo entorno cuyas reglas de juego hubieran sido definidas por agentes disruptores?

 

Aún es muy temprano para saber no sólo cuándo o de dónde podría venir una ola disruptiva capaz de poner en jaque a los actuales líderes de la economía de Internet, sino también cuáles podrían ser los agentes disruptores. Lo que está claro es que su posición actual no le asegura ni su liderazgo ni mucho menos su supervivencia a Amazon, a Apple, a Google o a cualquier otra compañía por poderosa que sea. No olvidemos que Pan Am, Enron, Chrysler, General Motors, Blockbuster, Kodak y muchas otras grandes compañías que en su momento marcaron un hito en la industria se declararon en bancarrota después de haber sido líderes en sus respectivos mercados o de haber alcanzado una posición privilegiada en éstos. Por diversas razones con frecuencia las grandes corporaciones terminan convirtiéndose en gigantes con pies de barro.

 

 

 

 

Creo que la existencia de un actor que tenga una posición dominante en un sector genera una serie de efectos negativos que resultan perjudiciales para la industria, para el mercado y para los consumidores. Y también creo que para competir con aquellos actores que tienen una posición dominante y para convertirse en una alternativa frente a éstos que permita una redistribución de las cuotas de mercado es necesario poner en marcha iniciativas innovadoras, atractivas y viables que aporten un valor que nadie más esté ofreciendo —me encantaría que la alianza entre CEGAL y Tagus consiguiera serlo y espero que lo sea—. Los lamentos y las quejas de los actores que por las razones que sean vayan quedándose rezagados no son herramientas eficaces para combatir y debilitar la posición dominante de aquellos que hayan conseguido tenerla.

una industria en busca de nuevas ideas

Estoy convencido de que el libro es una tecnología casi perfecta a la que tal y como la conocemos hoy en día se le pueden hacer muy pocas mejoras porque está muy cerca de su estado evolutivo más avanzado. Es verdad que en los procesos de producción del libro sigue habiendo muchas cosas que pueden mejorarse —principalmente para facilitar la integración de lo digital y de los posibles desarrollos que en el futuro se deriven de su evolución—. Y en lo que se refiere a la comunicación, a la promoción y al marketing aún tenemos más de una tarea pendiente. Por otro lado, la situación actual de la industria editorial pone en evidencia la necesidad de que ésta se reinvente más allá de la optimización de sus procesos de producción y de la creación de nuevos modelos de negocio.

 

Iniciativas como la Publishing Hackathon que se realizó en mayo pasado en Nueva York o The BookSmash Challenge de HarperCollins dan cuenta de que ciertos sectores y actores de la industria editorial son conscientes de la necesidad que tienen de reinventarse en distintos sentidos —una reinvención a nivel tanto interno como sectorial—. Creo que este proceso de reinvención pasa por puntos como la redefinición de la naturaleza, de la razón de ser y de la actividad de los distintos actores, la integración con otros segmentos de la industria de los contenidos, la puesta en valor de su trabajo, la búsqueda de fuentes de ingresos alternativas a las tradicionales, el fortalecimiento de los vínculos con los lectores, el mejoramiento del conocimiento que se tiene de éstos y el desarrollo de nuevas formas de empaquetar, de promocionar y de poner a circular aquello que la industria produce para garantizar no sólo que llegue a sus clientes potenciales o reales sino también que despierte su interés.

 

 

 

 

 

 

En un sector poco dado a invertir en investigación y desarrollo iniciativas como la Publishing Hackathon y The BookSmash Challenge constituyen una manera económica, rápida y potencialmente eficaz de acceder a esas ideas nuevas e incluso innovadoras que son tan necesarias sobre todo en momentos críticos como el actual, echando mano de prácticas y recursos propios de nuestra época como el crowdsourcing o eso que llaman “la sabiduría de las multitudes” —a los que ciertos sectores más dinámicos y potentes como el tecnológico, el farmacéutico y el minero vienen recurriendo desde hace tiempo—.

 

 

 

 

 

No creo que la reinvención de la industria editorial deba pasar solamente por lo digital —de hecho, insisto en la necesidad de desdigitalizar la agenda—. Independientemente de las decisiones que la industria editorial tome en medio de su proceso de reinvención y del rumbo que le dé a éste su apuesta debe pasar por seguir intentando producir y ofrecer contenidos de buena calidad, valiosos y relevantes, que es lo que mejor sabe hacer.