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jueves, noviembre 14, 2013 categorizado bajo distribución, e-commerce, periodismo

“el lado oscuro de amazon”: reseña en el cultura/s, de la vanguardia

Todos dicen que Amazon es “el enemigo común”: agentes literarios, editores, distribuidores y libreros. Y también sus competidores en el negocio tanto del comercio electrónico como de la venta de contenidos digitales. Como señala David Streitfeld en el blog Bits de The New York Times, ‘quizás era inevitable que Amazon tuviera una relación difícil con los editores de libros. Los editores son analógicos, Amazon es digital. Los editores son Nueva York, Amazon es Seattle. Los grandes editores tradicionales no sabían mucho acerca de sus clientes y en realidad no les importaba. Amazon sabe mucho acerca de sus clientes y le saca el máximo provecho’.

 

Llevamos un tiempo oyendo hablar con cada vez más frecuencia e insistencia de la manera como Amazon está bien sea acabando con el negocio de la industria editorial o bien quedándose con él —si no totalmente, al menos en parte—. Pero en esta ocasión no quiero hablar de la industria editorial. El tema del que voy a ocuparme esta vez son las políticas laborales de Amazon y las condiciones en las que trabajan decenas de personas en sus almacenes logísticos. Justamente de esto se trata En los dominios de Amazon, el libro de Jean-Baptiste Malet publicado recientemente por Trama editorial en su colección Tipos móviles.

 

 

 

 

 

 

En el número de ayer del suplemento cultura/s de La Vanguardia apareció la reseña “El lado oscuro de Amazon”, en la que doy cuenta de mi lectura personal de En los dominios de Amazon. Los invito a leer esta reseña, que es además una invitación a reflexionar sobre las implicaciones que tiene hoy en día cada una de las decisiones que tomamos como consumidores —un tema al que ya me referí hace un par de meses en la entrada “experiencia de compra y elección racional: hacia un consumo reflexivo”—.

 

Así empieza la reseña:

 

‘Poco antes de las fiestas navideñas de 2012 el periodista Jean-Baptiste Malet se infiltró como temporero en el almacén logístico de Amazon de la ciudad francesa de Montélimar. Tras pasar un minucioso proceso de selección, en su primer día de trabajo Malet entra al almacén “decidido a romper el secreto que Amazon ha guardado tan minuciosamente alrededor de sus actividades logísticas”. En los dominios de Amazon recoge el testimonio de esta experiencia, así como una serie de reflexiones con respecto a las prácticas de la compañía y a los métodos que ésta utiliza para alcanzar sus objetivos. Malet pone en evidencia el dispositivo puesto en marcha cada vez que un consumidor compra en Amazon un libro, un DVD, un jersey o una batidora para que éste conozca esa secuencia de movimientos invisible desde su pantalla que hace posible que reciba su pedido al cabo de pocos días’.

 

Si el tema les interesa, en el blog de la revista Texturas pueden encontrar una recopilación de contenidos sobre En los dominios de Amazon que han sido publicados en distintos medios.

 

 

 

 

 

 

Gracias al equipo de Trama editorial por mandarme En los dominios de Amazon, a Sergio Vila-Sanjuán por encargarme la reseña para el cultura/s y a Ramon Homs por enviarme el PDF de la publicación —que puede descargarse apretando aquí.

experiencia de compra y elección racional: hacia un consumo reflexivo

Entre todos los puntos de venta o tipos de establecimientos comerciales que se dedican a vender libros, ¿en cuáles preferimos los lectores comprar y dejar nuestro dinero?

 

Ya que soy yo quien plantea la pregunta, a continuación comparto con ustedes mi respuesta —que obviamente está condicionada por mis intereses, inclinaciones, necesidades y posturas como lector y/o consumidor—:

 

– en librerías no especializadas que además de contar con una oferta amplia y diversa me ofrezcan una alta probabilidad de encontrar aquellos libros que esté buscando independientemente del género al que pertenezcan o de la temática de la que se ocupen.

– en librerías especializadas en aquellos géneros, temáticas, tradiciones, áreas geográficas o idiomas específicos que forman parte de mi órbita de intereses y donde casi con toda seguridad encontraré los libros que busco en relación con ésta.

– en librerías que cuenten con libreros que además de estar en capacidad de orientar y hacer recomendaciones conozcan las inclinaciones, las preferencias y los gustos de su clientela.

– en librerías que me permitan acceder lo antes posible a aquellos títulos que no tengan en stock cuando yo vaya a buscarlos, respondiendo rápidamente a necesidades urgentes.

– en librerías cuya oferta cuente con ediciones en lengua original de libros escritos en otros idiomas.

– en librerías que ofrezcan títulos descatalogados, bien sea nuevos o bien de segunda mano.

– en librerías que al tener una buena programación de actividades jueguen un rol de dinamización cultural en su entorno.

– en librerías que les den un trato justo a los editores y que estén dispuestas tanto a trabajar de manera coordinada con éstos como a ofrecerles su apoyo en aspectos como la comunicación, la promoción y el marketing.

 

 

 

 

 

Como no suele ser fácil encontrar una librería en la que todas estas condiciones se cumplan a la vez, cuando voy a comprar un libro el peso de cada una de ellas en mi decisión de ir a una o a otra varía según los rasgos de éste y mis necesidades puntuales del momento. Debido a lo anterior normalmente escojo la librería a la que iré dependiendo del tipo de libro que tenga en mente comprar. En función de mis intereses, inclinaciones y necesidades, algunas de las librerías de Barcelona en las que suelo hacer mis compras son Abracadabra, AltaïrCasa Anita, Documenta, JaimesLa Central, LaieLe Nuvole y Negra y Criminal. Aunque con frecuencia mis compras tienen algo de azaroso porque casi siempre que de manera inesperada me llama la atención algún libro que no había previsto adquirir termino llevándomelo conmigo, la mayor parte de las veces decido racional y premeditadamente qué comprar y dónde hacerlo teniendo en cuenta no sólo el tipo de título que busco sino también la capacidad de la librería de ofrecerme servicios que en cada caso obedezcan a mis necesidades y expectativas.

 

Ahora que el sector del libro está en una encrucijada por la coincidencia de la crisis económica y del cambio de paradigma —recomiendo leer las reflexiones, las observaciones y los comentarios que Manuel Gil viene publicando sobre este tema en Antinomias libro— la sumatoria de las decisiones de compra de cada consumidor y/o lector puede hacer una diferencia significativa sobre todo para aquellas librerías que están pasando por una situación financiera complicada. Es por eso que en cierto sentido esta entrada es una invitación al consumo reflexivo basado en la elección racional a partir de un balance de la experiencia que les ofrecen las librerías a sus clientes reales o potenciales.

 

Las visitas a las librerías juegan un rol central en mi vida tanto personal como profesional por lo que significa para mí no sólo salir a pasear por la ciudad y echarle un ojo a lo que se está publicando, sino también asistir a un lugar que es un punto de encuentro y que propicia el contacto con otras personas, salir del aislamiento social en el que a menudo vivimos quienes trabajamos como freelance, sacar la cabeza del hoyo negro en el que por momentos llega a convertirse el mundo de los entornos de generación 2.0 y contrarrestar la tendencia al sedentarismo que es cada vez más común en nuestros días. Debido a lo anterior prefiero seguir comprando los libros en papel en mis librerías de ladrillo y cemento favoritas al menos que la imposibilidad de encontrar allí en un tiempo prudencial y a un precio razonable lo que esté buscando me lleve a recurrir a una tienda en línea. Mi posición a favor de un espacio cuya supervivencia a futuro está seriamente amenazada es sostenible hoy en día gracias en parte a la existencia de libreros como Paco Camarasa, Jesús Casals, Josep Cots, Damià Gallardo o Ricardo Rendón, que hacen que la visita a las librerías y la experiencia de compra sean gratas para quienes vamos allí.

 

 

 

 

 

 

Varios agentes vinculados al mundo barcelonés de la cultura y del libro vienen trabajando en El Mapa de Librerías de Barcelona, un proyecto colaborativo que está construyéndose en Google Maps. Los aportes de quienes participan en la construcción de este mapa que se actualiza de manera abierta y continua pueden dar cuenta de la constante evolución del tejido de librerías de Barcelona, que desde hace un tiempo viene sufriendo modificaciones significativas —durante el último año han cerrado algunos establecimientos mientras que otros han abierto sus puertas recientemente—.

historia, disrupción y gigantes con pies de barro

¿Quién habría previsto en los años 1980 que Pan Am, Enron, Chrysler, General Motors, Blockbuster, Kodak y otras grandes compañías que gozaban bien sea de un liderazgo o bien de una posición aventajada en sus respectivos mercados se declararían en bancarrota unas pocas décadas después?

 

 

 

 

¿Recuerdan que hace unos años Yahoo! y Google no sólo le quitaban a lo largo del tiempo decenas de miles de usuarios de correo electrónico a Hotmail, sino que además competían por el liderazgo en el mercado de las búsquedas y de la publicidad en línea? ¿A alguien le suena una popular plataforma llamada Myspace que tras haber sido comprada por News Corporation en 2005 vio cómo de repente muchos de sus usuarios empezaron a huir en desbandada hacia Facebook, que había sido fundada en 2004? Éstos y muchos otros casos dan cuenta de la manera radical y acelerada a la que están transformándose la industria de los contenidos y el ecosistema de Internet debido en gran parte a la velocidad a la que están sucediendo las cosas: la generación de desarrollos innovadores, la aparición de nuevos productos y servicios que hacen que muchos de los que les anteceden se vuelvan obsoletos y caigan en desuso, la dinámica de las fusiones y adquisiciones entre compañías de distintos tamaños o el cierre de plataformas que han perdido su dinamismo y/o que nunca acabaron de despegar.

 

Tengo la impresión de que cada vez más actores del sector editorial empiezan a percibir a Amazon como “el enemigo común”. En tanto que elementos genéricos emergentes el e-book y las plataformas de venta online han perdido relevancia como amenaza para el sector porque hoy en día ésta tiene nombre propio: Amazon —no es Google Play ni tampoco la iBookstore, que según quienes tienen acceso a cifras de ventas son los directos competidores de la compañía de Jeff Bezos aunque claramente cuentan con una cuota de mercado bastante menor que la de ésta—. A nivel global hoy en día Amazon es el líder absoluto en el campo de la venta de libros tanto en papel como en formato digital y no parece que en el corto o en el mediano plazo su hegemonía vaya a verse amenazada a pesar de que es verdad que otras tiendas que cuentan con una oferta de títulos amplia, que en ocasiones les brindan mejores condiciones a sus clientes —sean editores, autores autopublicados o lectores— y que ofrecen una buena experiencia de usuario poco a poco han ido quitándole pequeñas porciones de cuota de mercado: la iBookstoreGoogle PlayBarnes & Noble o Kobo.

 

 

 

 

 

(Imagen tomada de La Opinión)

 

 

Debido a la manera como sus prácticas están repercutiendo en el desarrollo del mercado editorial recientemente Amazon ha sido objeto de diversas acusaciones por parte del gremio librero y de otros actores del sector en España, en Francia y en el Reino Unido —ver los artículos “Los libreros demandan a Amazon y buscan aliados”“Funding lifeline for French booksellers”“Godfray renews government plea on Amazon”, “Los libreros de CEGAL fichan por Tagus para sobrevivir a Amazon”“Casa del Lector ‘traiciona al libro’ con Amazon” y “Anger over authors’ website links to Amazon”—. Las acusaciones contra Amazon y las acciones que se derivan de éstas son motivadas por cuestiones como la violación de la ley del precio fijo donde ésta existe, el aumento alarmante de su cuota de mercado —a menudo mediante prácticas anticompetencia— en detrimento tanto de las librerías como de otros actores locales involucrados en la venta de libros o el hecho de que en ocasiones no pague sus impuestos allí donde operan sus tiendas online sino en países como Luxemburgo que cuentan con normativas fiscales bastante más laxas.

 

Desde hace un tiempo algunas compañías como Amazon, Apple o Google vienen consolidando cada una en sus respectivos mercados o segmentos una posición dominante en diferentes campos relacionados con la comercialización de contenidos, con la publicidad en línea, con el comercio electrónico, con la electrónica de consumo o con la prestación de servicios en la nube —cada una tiene su competencia directa en aquellos ámbitos donde es líder y en algunas áreas las tres compiten entre sí—. Hace una década estas tres compañías que han jugado un papel clave en el proceso de disrupción que viene sufriendo la industria de los contenidos eran completamente diferentes de lo que son hoy en día y es probable que dentro de diez, quince o veinte años también lo sean —asumamos que seguirán existiendo aunque visto lo visto, nunca se sabe—.

 

Si compañías como AmazonApple y Google han sido agentes disruptores en el ámbito de los contenidos es en parte porque han creado una gran variedad de nuevos productos, servicios y modelos de negocio que han hecho que una parte importante de lo que había en este campo antes de su incursión en él se vuelva anticuado u obsoleto y caduque. Estas y otras compañías han alcanzado su posición actual siendo pioneras en ciertos mercados o segmentos, mejorando lo que otros venían haciendo desde hacía tiempo mediante la introducción de diversas innovaciones —a menudo pequeñas pero significativas—, creando productos y servicios que responden a necesidades latentes o manifiestas de los usuarios, contratando a los mejores desarrolladores y comprando compañías cuyos desarrollos les han permitido fortalecer, potenciar y optimizar los diferentes elementos de sus portafolios. Y vale la pena anotar que aunque alrededor de estas compañías abundan las historias que son presentadas como casos de éxito, cada una tiene en su cuenta corporativa una buena lista de fracasos.

 

 

 


 

(Imagen tomada de Wired)

 

 

Gracias a su gran capacidad tanto de desarrollo e innovación como de presión, a su músculo financiero y al recurso a algunas prácticas que según como se miren podrían considerarse cuestionables desde el punto de vista de la competencia, estas compañías han puesto en aprietos a muchos de los actores de la industria de los contenidos y se han convertido en una amenaza para éstos. Desde hace un tiempo diversos actores de la cadena de valor tradicional de la industria de los contenidos corren el riesgo de perder parcial o totalmente su rol estratégico como intermediarios, de ser desplazados por new players hasta hace poco ajenos a su sector que están incursionando en él y que pueden terminar ocupando el lugar que les corresponde a ellos al ejercer sus funciones de una manera más eficiente, de quedar sometidos a las condiciones impuestas por éstos y de ver sustancialmente reducido su poder de negociación a la hora de definir las reglas de juego de su propio negocio.

 

¿Y si en un futuro no muy lejano AmazonAppleGoogle y otras compañías que actualmente son líderes en distintos segmentos de la economía de Internet no sólo perdieran su liderazgo en éstos sino que además terminaran volviéndose obsoletas y quedando fuera de juego como consecuencia de un proceso disruptivo? ¿Y si en algún momento estas compañías dejarán de desarrollar productos, servicios y modelos de negocio innovadores? ¿Y si además de lo anterior estas compañías fueran incapaces de reinventarse para adaptarse a un nuevo entorno cuyas reglas de juego hubieran sido definidas por agentes disruptores?

 

Aún es muy temprano para saber no sólo cuándo o de dónde podría venir una ola disruptiva capaz de poner en jaque a los actuales líderes de la economía de Internet, sino también cuáles podrían ser los agentes disruptores. Lo que está claro es que su posición actual no le asegura ni su liderazgo ni mucho menos su supervivencia a Amazon, a Apple, a Google o a cualquier otra compañía por poderosa que sea. No olvidemos que Pan Am, Enron, Chrysler, General Motors, Blockbuster, Kodak y muchas otras grandes compañías que en su momento marcaron un hito en la industria se declararon en bancarrota después de haber sido líderes en sus respectivos mercados o de haber alcanzado una posición privilegiada en éstos. Por diversas razones con frecuencia las grandes corporaciones terminan convirtiéndose en gigantes con pies de barro.

 

 

 

 

Creo que la existencia de un actor que tenga una posición dominante en un sector genera una serie de efectos negativos que resultan perjudiciales para la industria, para el mercado y para los consumidores. Y también creo que para competir con aquellos actores que tienen una posición dominante y para convertirse en una alternativa frente a éstos que permita una redistribución de las cuotas de mercado es necesario poner en marcha iniciativas innovadoras, atractivas y viables que aporten un valor que nadie más esté ofreciendo —me encantaría que la alianza entre CEGAL y Tagus consiguiera serlo y espero que lo sea—. Los lamentos y las quejas de los actores que por las razones que sean vayan quedándose rezagados no son herramientas eficaces para combatir y debilitar la posición dominante de aquellos que hayan conseguido tenerla.

jueves, mayo 23, 2013 categorizado bajo contenidos digitales, e-book, precio, ventas de libros

¿crecerán las ventas de e-books si se aplica un modelo low cost?

El pasado jueves 16 de mayo en lainformacion.com apareció el interesante artículo “Amazon lanza un pulso a los editores: bajad a 8 euros los `e-books´ para que el mercado sea rentable” cuyo autor es David González, de aviondepapel.tv.

 

Acerca de la posición de Amazon con respecto tanto a los precios de los e-books como a la presión que la compañía ejerce sobre los editores para que manejen esta variable de acuerdo con sus lineamientos dice David en su artículo:

 

‘Cada vez que entra en un país, su mantra, en contra del repetido por los editores españoles, es siempre el mismo: bajad, bajad y bajad los precios.

 

En los últimos tres años, la plataforma de comercio electrónico lo ha conseguido presionando a las editoriales españolas. No en vano, si revisamos los históricos, hoy un e-book puede costar casi el 30% menos que cuando desembarcó en nuestro país Amazon.

 

Sin embargo, aún no es suficiente. Amazon quiere que los editores, los agentes literarios y los autores apuesten por taladrar el suelo de los 10 euros’.

 

Y, claro, quien hoy dice que el precio máximo de los e-books debería ser 8 euros más adelante podría decir que más bien habría de ser 6, 3 o 1.

 

 

 

 

El reclamo de Amazon puede tener sentido aunque sólo hasta cierto punto porque una reducción excesiva del precio puede llevar a una degradación del valor percibido de los e-books y, por lo tanto, a la devaluación de éstos. Si para incentivar el crecimiento de un mercado una industria vende determinados bienes y servicios a unos precios muy bajos, ¿cómo hará para convencer al consumidor de que pague por éstos más de lo establecido inicialmente cuando la demanda alcance la suficiente masa crítica? Ofrecer e-books gratuitamente o venderlos a un precio inferior a 1,99 euros es razonable en el caso tanto de obras autopublicadas como de ciertos títulos publicados por editoriales establecidas —en el segundo caso las razones para optar por este límite pueden ser muy diversas y dependen básicamente de los objetivos que se tengan en materia de promoción, posicionamiento, ventas y recuperación de la inversión—.

 

¿Aparte de Amazon qué empresa puede darse el lujo de vender a pérdida durante años para incentivar el crecimiento de un mercado, convertirse en su líder y alcanzar una posición dominante en él? Es indudable que Amazon ha jugado un papel fundamental en el desarrollo del mercado de los e-books y en el aumento tanto de la demanda como de la penetración de éstos pero también es verdad que la manera como esta compañía ha jugado sus cartas para conseguir este objetivo en cierta medida puede terminar resultando perjudicial para el sector en su conjunto.

 

En fin, comparto con Manuel Gil la premisa de que “sin precios bajos no hay consumo” —sobre todo en momentos de crisis económica como éste—. Sin embargo, no creo que la solución para el crecimiento del mercado de los e-books consista en aplicar modelos de precio como el 1X1 de McDonald’s, la Euromanía de 100 Montaditos o la venta de San Miguel a 1 euro que abunda en ciertas zonas de Barcelona.

 

 

 

 

El precio de venta al público de los e-books debe permitir cubrir los costes de producción y dejarle al menos un pequeño margen a cada uno de los actores involucrados en el proceso de su puesta a disposición en el mercado. De ahí la importancia que tiene en este momento para la industria editorial reinventar sus modelos de producción y de negocio así como optimizar al máximo el uso de los recursos que tiene a su disposición. Si para que cada actor de la cadena de valor pueda llevarse su margen por pequeño que sea es necesario que los e-books se vendan a precios astronómicos, hay algo que la indutria no está haciendo bien. Los precios de venta al público de los e-books deben ajustarse tanto al poder adquisitivo como a las expectativas del consumidor y permitir no sólo que los costes de producción se cubran, sino también que quienes hacen posible que el producto sea accesible cobren lo que les corresponde por su intervención en este proceso.

 

La puesta a disposición de un e-book en óptimas condiciones técnicas supone unos costes que si el producto se vende a un precio muy bajo sólo pueden cubrirse vendiendo decenas de miles de descargas de archivos. Basándose en las carácterísticas de su modelo de acceso a los contenidos 24symbols se apuntó un gran acierto al contruir su marca argumentando ser “el Spotify de los libros”. ¿Alguna editorial o plataforma de venta de e-books se atrevería a darle una vuelta de tuerca al branding para construir su marca vendiéndose como “el Ryanair de los libros” a partir de una estrategia que consistiera en ofrecerle al consumidor un catálogo low cost de calidad cuestionable como los productos y/o servicios que ofrece la aerolínea irlandesa?

 

 

 

 

 

En España cada vez son más los editores que desde hace un tiempo están haciendo experimentos con el precio de venta al público de los e-books. Según me han dicho algunos editores con los que he tenido la oportunidad de comentar los resultados de sus experiencias con la variación del precio de los e-books a lo largo del tiempo —una práctica conocida como la aplicación de precios dinámicos— y/o con la realización de promociones agresivas en momentos puntuales, actualmente no tienen del todo claro qué estrategias funcionan pero por lo menos han podido identificar algunas que no funcionan. Está claro que una cosa es bajar en un momento dado los precios de determinados productos con motivo de una promoción y que otra muy distinta es tirarlos por los suelos de manera permanente.

 

Justo mientras escribía esta entrada David publicó en lainformacion.com otro artículo relacionado con este tema cuyo título es “Si juegas con el precio de tu `e-book´, llegarás a la lista de los 10 títulos más vendidos”. Este artículo cuyo título puede resultar engañoso sugiere varias ideas interesantes, por lo que recomiendo su lectura.

 

Para comprender la cuestión del precio de los e-books en sus distintas dimensiones y estar al tanto de su evolución recomiendo leer los aportes que con respecto al tema hacen Mike Shatzkin, Joe WikertManuel Gil y Anatomía de la edición así como los informes analíticos que cada martes publica Digital Book World sobre los títulos más vendidos en formato digital en Estados Unidos.

 

Con respecto a los diferentes temas que abordo aquí también recomiendo la lectura de las siguientes entradas:

 

“La mercadonarización del libro” y “Sin precios bajos no hay consumo”, de Manuel Gil

“¿Debemos macdonalizar la edición?”, de Bernat Ruiz Domènech

 

 

 

 

Antes de terminar considero necesario destacar que en 2008 ya Manuel Gil y Javier Jiménez estaban analizando la aparición de la tendencia low cost en la edición como puede constatarse en El nuevo paradigma del sector del libro —el título con el que Trama editorial inauguró en octubre de ese año su estupenda colección Tipos móviles—.

la persistencia del espíritu del librero según damià gallardo, de la librería laie cccb

Ponerme al día en la lectura de las revistas y los blogs que sigo habitualmente fue la tarea que más me costó trabajo al regresar de mis vacaciones de finales de septiembre. Gracias a una entrada del blog Los futuros del libro llegué tardíamente a un artículo de Damià Gallardo —responsable de la librería Laie CCCB y coordinador de contenidos Web y redes sociales— titulado “Nada debe cambiar el espíritu del librero”, que apareció en El Periódico el pasado jueves 15 de septiembre. Damià empieza su artículo explicando por qué la escala del mercado, la extensión del territorio y los hábitos de compra de los consumidores hacen que extrapolar algunos aspectos de la experiencia de Amazon en Estados Unidos al ámbito de Catalunya —me imagino que los argumentos en los que se basa su planteamiento son aplicables al resto de España— sea imposible. Al respecto anota Damià:

 

‘Un país con un mercado único de más de 300 millones de consumidores, con una extensión tal que muy a menudo la librería más cercana puede estar a cientos de kilómetros de una casa, donde la compra por catálogo (y Amazon es justamente eso, pero mejorado con herramientas digitales) tiene una aceptación y una tradición incomparablemente más altas que aquí, y con otras muchas otras diferencias importantes que nos indican que, para obtener la perspectiva justa, es necesario mirar más cerca, a Francia por ejemplo’.

 

 

 

 

Más adelante Damià se refiere a un aspecto en el que Amazon difícilmente podrá superar a librerías como Laie que se ocupan de atender las necesidades específicas de ciertos nichos y que tienen una clientela más o menos fidelizada:

 

‘Sí, Amazon es una referencia indiscutible, pero la referencia principal como libreros es la experiencia adquirida con el trato con los clientes, entre los que hay escritores, editores, periodistas culturales, críticos literarios y otros profesionales del mundo del libro. Una librería especializada es, por lo tanto, como una red social: los libros que hay en las mesas de novedades y las estanterías son el resultado de este trato, que genera incontables interacciones a lo largo de una jornada, entre consultas, comentarios y conversaciones’.

 

 

 

 

Finalmente, Damià llama la atención sobre las virtudes de la librería como espacio cultural, describe brevemente la manera como Laie está desarrollando su experiencia en la Web y sugiere que los libreros pueden aprender al menos alguna cosa de ese ‘referente indiscutible en la venta de todo tipo de productos a través de Internet’ que es Amazon:

 

‘Contra el bombardeo informativo que nos asedia cada día desde las pantallas de los ordenadores, los teléfonos móviles y la televisión, la librería aparece como un espacio ordenado y tranquilo que invita a la reflexión y al silencio. Nuestra aspiración no es copiar a Amazon, sino trasladar la experiencia de pasear por la librería a internet. Por esa razón, muchos libreros, como los de Laie, que sienten pasión por los libros, se ocupan ellos mismos de la actividad en las redes sociales (blogs, Twitter y Facebook) en lugar de encargarlo a empresas externas. Evidentemente, Amazon puede inspirar algunas mejoras, pero no nos puede cambiar el espíritu’.

 

Tengo que confesar que si no conociera de cerca el trabajo que está haciendo Damià en Laie CCCB y que si no viera los buenos frutos de éste, sus planteamientos me parecerían bonitas reflexiones más cercanas a un deseo cuya probabilidad de cumplirse es remota que a una posible realidad futura. Pero afortunadamente la manera como se están haciendo las cosas en Laie me da suficientes razones para ser optimista.