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la persistencia del espíritu del librero según damià gallardo, de la librería laie cccb

Ponerme al día en la lectura de las revistas y los blogs que sigo habitualmente fue la tarea que más me costó trabajo al regresar de mis vacaciones de finales de septiembre. Gracias a una entrada del blog Los futuros del libro llegué tardíamente a un artículo de Damià Gallardo —responsable de la librería Laie CCCB y coordinador de contenidos Web y redes sociales— titulado “Nada debe cambiar el espíritu del librero”, que apareció en El Periódico el pasado jueves 15 de septiembre. Damià empieza su artículo explicando por qué la escala del mercado, la extensión del territorio y los hábitos de compra de los consumidores hacen que extrapolar algunos aspectos de la experiencia de Amazon en Estados Unidos al ámbito de Catalunya —me imagino que los argumentos en los que se basa su planteamiento son aplicables al resto de España— sea imposible. Al respecto anota Damià:

 

‘Un país con un mercado único de más de 300 millones de consumidores, con una extensión tal que muy a menudo la librería más cercana puede estar a cientos de kilómetros de una casa, donde la compra por catálogo (y Amazon es justamente eso, pero mejorado con herramientas digitales) tiene una aceptación y una tradición incomparablemente más altas que aquí, y con otras muchas otras diferencias importantes que nos indican que, para obtener la perspectiva justa, es necesario mirar más cerca, a Francia por ejemplo’.

 

 

 

 

Más adelante Damià se refiere a un aspecto en el que Amazon difícilmente podrá superar a librerías como Laie que se ocupan de atender las necesidades específicas de ciertos nichos y que tienen una clientela más o menos fidelizada:

 

‘Sí, Amazon es una referencia indiscutible, pero la referencia principal como libreros es la experiencia adquirida con el trato con los clientes, entre los que hay escritores, editores, periodistas culturales, críticos literarios y otros profesionales del mundo del libro. Una librería especializada es, por lo tanto, como una red social: los libros que hay en las mesas de novedades y las estanterías son el resultado de este trato, que genera incontables interacciones a lo largo de una jornada, entre consultas, comentarios y conversaciones’.

 

 

 

 

Finalmente, Damià llama la atención sobre las virtudes de la librería como espacio cultural, describe brevemente la manera como Laie está desarrollando su experiencia en la Web y sugiere que los libreros pueden aprender al menos alguna cosa de ese ‘referente indiscutible en la venta de todo tipo de productos a través de Internet’ que es Amazon:

 

‘Contra el bombardeo informativo que nos asedia cada día desde las pantallas de los ordenadores, los teléfonos móviles y la televisión, la librería aparece como un espacio ordenado y tranquilo que invita a la reflexión y al silencio. Nuestra aspiración no es copiar a Amazon, sino trasladar la experiencia de pasear por la librería a internet. Por esa razón, muchos libreros, como los de Laie, que sienten pasión por los libros, se ocupan ellos mismos de la actividad en las redes sociales (blogs, Twitter y Facebook) en lugar de encargarlo a empresas externas. Evidentemente, Amazon puede inspirar algunas mejoras, pero no nos puede cambiar el espíritu’.

 

Tengo que confesar que si no conociera de cerca el trabajo que está haciendo Damià en Laie CCCB y que si no viera los buenos frutos de éste, sus planteamientos me parecerían bonitas reflexiones más cercanas a un deseo cuya probabilidad de cumplirse es remota que a una posible realidad futura. Pero afortunadamente la manera como se están haciendo las cosas en Laie me da suficientes razones para ser optimista.

Miércoles, noviembre 2, 2011 categorizado bajo destacados, editores, industria editorial, ventas de libros

la cadena de valor del libro: actores de siempre vs. new players

Uno de los puntos en los que se viene insistiendo reiterativamente cada vez que se habla de la emergencia de lo digital en el sector del libro es que este fenómeno disruptivo les plantea a los diferentes actores de la cadena de valor el reto de reinventarse. La incursión en el sector del libro de actores ajenos a él —como empresas nativas digitales del ámbito de los contenidos, compañías de desarrollo de hardware y software, operadores de telecomunicaciones, proveedores de servicios en línea, etc.— que pueden tener la intención de desplazar a los actores tradicionales de la cadena de valor para ocupar el lugar que les corresponde a éstos pone en evidencia la urgencia, la conveniencia y el carácter estratégico de esta reinvención. Este proceso debe pasar por la reformulación de los modelos tanto de producción como de negocio, por el replanteamiento de algunos roles, por la creación de nuevas ofertas de contenidos y por la búsqueda de diferentes fuentes de valor agregado en los productos y servicios que los distintos actores les ofrecen tanto a sus clientes dentro del sector como al consumidor final —es decir, al lector—.

 

 

 

 

Ahora que es evidente que Amazon está apostando por convertirse en editor —según un artículo aparecido el pasado 17 de octubre en The New York Times, este otoño prevé publicar 122 títulos en sus distintos sellos— y que Kobo ha anunciado que está trabajando en el montaje de una división editorial, está claro que estas compañías ahora empiezan a competir también con los editores y ya no sólo con los libreros. Al desarrollar proyectos editoriales propios éstas y otras compañías —al igual que algunas agencias literarias anglosajonas— están no sólo montándoles la competencia a los editores tradicionales, sino también ejerciendo una presión sobre ciertos actores que puede acelerar el proceso de reinvención del sector del libro. A raíz de la inminente emergencia de lo digital y de la irrupción de nuevos actores ajenos al sector, desde hace un tiempo muchos editores deben estar preguntándose cómo reaccionar frente a la dinámica de transformación acelerada de su entorno y qué hacer tanto para adaptarse a las nuevas condiciones de éste como para asumir un papel que les permita incidir en su configuración.

 

 

 

Según informaba The Bookseller a finales de 2010Amazon anunció que a través del Nielsen BookScan les ofrecería a los autores que usan su servicio Author Central información acerca del desempeño de las ventas de sus libros en todo el territorio estadounidense. De la misma manera, en Estados Unidos los grupos Simon & Schuster, Random House y Hachette Book Group anunciaron recientemente que sus autores también podrán acceder a informes con datos sobre las ventas de sus libros —ver el artículo “Authors to Get Sales Data Online From 3 Big Publishers”, publicado el 19 de octubre en The New York Times—. Con la oferta de este servicio a sus autores tres de los grupos pertenecientes al Big Six le están pagando a Amazon con su misma moneda, utilizando estrategias similares a la suya que les permiten mejorar su ventaja competitiva con el propósito de proteger su posición en el mercado e incluso de ampliar su participación en él. Casos como éste ilustran cómo la presión de los new players podría estar llevando a los actores del sector editorial a dar pasos hacia su reinvención y a acelerar este proceso.

 

 

 

 

¿Qué otras estrategias podrían poner en marcha los editores para seguir mejorando su ventaja competitiva con respecto no sólo a los new players sino también a sus competidores de siempre?

 

Se me ocurre que en la reformulación de ciertas prácticas de siempre se podrían encontrar algunas pistas:

 

- centrarse en la selección de contenidos y en la gestión de éstos para hacerle al lector una oferta de buena calidad que satisfaga sus necesidades, intereses, expectativas y exigencias, haciendo lo que en principio saben hacer mejor que nadie y reforzándose justo allí donde ya son fuertes.

 

- construir alianzas tanto con editoriales como con otros actores del sector con los que tengan afinidades y similitudes de diferentes tipos.

 

- crear nuevas ofertas de contenidos transmedia que tomen el libro como punto de partida y que se articulen alrededor de éste pero que integren muchos otros elementos.

 

- ofrecerles mejores anticipos a los autores —sin llegar a las cifras exorbitantes que en ocasiones se pagaban hasta hace unos años—.

 

- negociar un modelo de royalties dinámicos en el cual el porcentaje de los ingresos generados por las ventas que reciben los autores se incremente proporcionalmente al crecimiento del volumen de ejemplares vendidos.

 

- aprovechar la relación que han construido con los distribuidores y los libreros para garantizar una implantación óptima de los títulos en los puntos de venta.

 

- optimizar la gestión de la promoción, el marketing y la comunicación en torno tanto a los títulos como a los autores.

 

En este momento de cambios profundos y acelerados la reinvención del sector no debe limitarse solamente a asimilar lo digital, en cuya emergencia entran en juego no sólo la producción y la venta de e-books sino también muchos otros aspectos relacionados con la gestión de la comunicación, la promoción y el marketing, con el canal de ventas, con las instancias de prescripción, con el soporte en el que se comercializan y se leen los contenidos y con la naturaleza misma del acto de la lectura.

Lunes, octubre 17, 2011 categorizado bajo destacados, e-book, edición, edición digital, industria editorial

la no ficción y los microformatos digitales

La actual abundancia de contenidos en distintos formatos, la competencia entre todos ellos por acaparar la limitada atención de los consumidores, la contracción del consumo provocada por la recesión económica y el fuerte arraigo que tiene en ciertos circuitos la cultura del acceso gratuito seguramente están incidiendo en la transformación del valor percibido de los libros, la música o las películas. Debido a lo anterior vale la pena plantearse las siguientes preguntas: ¿cuál es el valor que les atribuimos hoy en día a los contenidos? ¿Por cuáles de ellos estamos dispuestos a pagar? ¿Cuánto estamos dispuestos a pagar por ellos?

 

Sobre todo en el campo de la no ficción, los microformatos podrían ser una alternativa interesante a explorar para contrarrestar las dificultades que presuponen las circunstancias enumeradas en el párrafo anterior. Cuando hablo de microformatos en el campo de la no ficción me refiero a textos que no son ni lo suficientemente cortos para ser un artículo ni lo suficientemente largos para ser un libro convencional pero que en cualquier caso pueden ofrecer elementos valiosos para comprender ciertas cuestiones de interés. Estos textos cuya extensión intermedia puede resultar un poco incómoda desde el punto de vista de la creación de un producto comercial funcionan como unidades de contenido autónomas que al ser empaquetadas como libros se definen fundamentalmente a partir de dos rasgos particulares: son de lectura rápida y su precio es accesible —aunque no necesariamente bajo si se establece teniendo en cuenta criterios como los costes asociados a su producción y su valor intrínseco—.

 

Estos microformatos pueden funcionar particularmente bien en el caso de los libros de actualidad cuyos contenidos caducan rápidamente porque se ocupan de coyunturas específicas que en muy poco tiempo pueden evolucionar de manera radical e incluso dejar de suscitar interés. Al eliminar los tiempos y costes asociados a la impresión, al almacenamiento, al transporte y a la distribución, la publicación de estos libros de actualidad directamente en formato digital puede ser una buena forma de ganar tiempo frente a la rápida evolución de las coyunturas que abordan y de reducir al menos en parte el riesgo económico. Aquellas editoriales que tengan una alta capacidad de reacción frente a la actualidad para producir contenidos relacionados con coyunturas susceptibles de despertar interés pueden encontrar un filón riquísimo en este tipo de libros, satisfaciendo con ellos la demanda que se genera cuando el público quiere saber más sobre los temas que están dando de qué hablar en un cierto momento.

 

Entre los casos interesantes de colecciones de libros digitales de no ficción en microformatos se destacan tres proyectos muy diferentes entre sí que fueron lanzados bajo una alianza con Amazon a través de los Kindle SinglesThe Domino Project, TED BooksGuardian Shorts, del diario The Guardian.

 

 

 

En junio pasado Random House Mondadori lanzó ENDEBATE, una colección digital del sello Debate que se ocupa de temas de actualidad y que en su página Web el grupo presenta en los siguientes términos:

 

‘En las inundaciones lo primero que falta es agua potable. Igualmente, en la sobreabundancia acelerada de noticias que hay en la actualidad, se echa de menos la información inteligible; un término medio entre la superficialidad de las redes sociales y la profundidad de los reportajes monográficos que cada vez tenemos menos tiempo de leer.

 

Para llenar ese hueco y plantar cara al desafío digital, Random House Mondadori inaugura ENDEBATE, con la voluntad de que autores reconocidos y prestigiosos expertos traten en aproximadamente 10.000 palabras un tema con el detalle necesario para aclarar la realidad detrás de los titulares y los tópicos, y con la inmediatez y la brevedad que requieren las nuevas tecnologías. La potencia de dichos textos viene dada por la rapidez con que se pueden generar, por no ser muy extensos y por el respaldo del sello Debate y de sus autores’.

 

 

Otras iniciativas interesantes que están recurriendo a los microformatos en el ámbito digital son el sello 40kBooks y la colección Quick Reads, que Apple creó recientemente en su iBookstore.

 

 

En su artículo “In E-Books, Publishers Have Rivals: News Sites” publicado en The New York Times el pasado 18 de septiembre Julie Bosman y Jeremy W. Peters se refieren a la potencial fuente de ingresos que representa para los medios tradicionales la publicación de libros breves en los que se haga un trabajo no tanto de agregación como de ampliación, profundización y enriquecimiento de contenidos que ya han sido desarrollados previamente. En últimas se trata de aprovechar los recursos disponibles —plantilla periodística y técnica, fuentes, infraestructura, bases de datos de clientes, departamento de promoción y marketing, red de distribución y capital económico— y de rentabilizar una materia prima de la que ya se ha hecho uso y cuya producción probablemente todavía no haya acabado de amortizarse del todo. Además de The Guardian, medios como The New Yorker, Vanity Fair y The Huffington Post ya están trabajando en esta línea.

 

Los microformatos son una alternativa interesante para todos en un momento en el que la amplitud de la oferta de contenidos es inversamente proporcional a la disponibilidad de tiempo, de atención y de dinero que muchos consumidores tienen hoy en día. Por lo menos en el campo de la no ficción hay montones de temas por explorar, de necesidades por satisfacer y de oportunidades por aprovechar en estos tiempos convulsos en los que están sucediendo tantas cosas que necesitamos que nos expliquen, en los que la segmentación de los mercados en nichos tiende a ser cada vez mayor y en los que la hiperespecialización del conocimiento nos impide abarcar todos los temas que nos interesan y que en ocasiones nos gustaría explorar para saciar nuestra curiosidad.

 

Dicho esto, las preguntas vuelven a ser las mismas de siempre: ¿cuáles son los tipos tanto de contenidos como de temas que mejor se adaptan a estos microformatos —no sólo en digital sino también en papel—? ¿Cuáles son los elementos alrededor de los cuales debería estructurarse un modelo de negocio que garantice la viabilidad y la sostenibilidad de una iniciativa de producción de libros en microformatos? ¿Cómo establecer el valor y el precio de venta al público de estos libros en microformatos?

la biblioteca inagotable

‘El universo (que otros llaman la Biblioteca) se compone de un número indefinido, y tal vez infinito, de galerías hexagonales, con vastos pozos de ventilación en el medio, cercados por barandas bajísimas. Desde cualquier hexágono, se ven los pisos inferiores y superiores: interminablemente. La distribución de las galerías es invariable. Veinte anaqueles, a cinco largos anaqueles por lado, cubren todos los lados menos dos; su altura, que es la de los pisos, excede apenas la de un bibliotecario normal. Una de las caras libres da a un angosto zaguán, que desemboca en otra galería, idéntica a la primera y a todas. A izquierda y a derecha del zaguán hay dos gabinetes minúsculos. Uno permite dormir de pie; otro, satisfacer las necesidades finales. Por ahí pasa la escalera espiral, que se abisma y se eleva hacia lo remoto. En el zaguán hay un espejo, que fielmente duplica las apariencias. Los hombres suelen inferir de ese espejo que la Biblioteca no es infinita (si lo fuera realmente ¿a qué esa duplicación ilusoria?); yo prefiero soñar que las superficies bruñidas figuran y prometen el infinito… La luz procede de unas frutas esféricas que llevan el nombre de lámparas. Hay dos en cada hexágono: transversales. La luz que emiten es insuficiente, incesante’.

Tomado de “La Biblioteca de Babel”, de Jorge Luis Borges. En Ficciones. Madrid: Alianza. 1997.

 

 

No hay nada que me resulte más frustrante como lector que entrar a una librería y no encontrar el libro que estoy buscando. La situación es aún más grave y empieza a tornarse desesperante si esto mismo pasa de manera sucesiva en varias librerías. Y es todavía peor si resulta que el libro en cuestión está agotado o descatalogado. Como siempre, las dificultades para acceder a algo y la imposibilidad de hacerlo alimentan compulsivamente el deseo de poseerlo.

 

La siguiente anécdota ilustra esta situación: entre las lecturas obligatorias del curso “Cuatro narradores norteamericanos” que tomé en el segundo semestre de 1999 se encontraban algunos cuentos del libro Un árbol de noche, de Truman Capote. Anagrama había publicado en 1989 este libro que según la profesora en ese momento era prácticamente imposible de conseguir en las librerías de Bogotá, por lo cual ésta nos pasó unas fotocopias que había mandado a sacar de su propio ejemplar. Como los cuentos que debíamos leer para la clase me gustaron tanto, terminé leyéndome el libro completo y quedé tan fascinado que tener un ejemplar propio se me convirtió en una obsesión.

 

A partir de entonces fui tanto a mis dos librerías de viejo de confianza como a muchas otras de segunda a preguntar por el libro y cada vez que se me atravesaba una librería en el camino entraba a buscarlo. Aunque siempre que entraba a una librería sabía de antemano que no iba a encontrar lo que estaba buscando, la frustración al salir era inevitable. Y así pasaron tres años hasta que un viernes después de salir del trabajo encontré en la Panamericana de la calle 72 con cerrera 15 una edición de bolsillo de Un árbol de la noche publicada en Buenos Aires por Sudamericana —a pesar de la variación en el título se trata de la misma traducción que hizo Juan Villoro para Anagrama—. Para cerrar el tema debo decir que como en ese momento no tenía dinero a la mano, tuve que esconder el libro detrás de una estantería e ir a comprarlo al día siguiente a primera hora.

 

En 2004 Anagrama resolvió el problema de una vez por todas tras publicar el volumen de los Cuentos completos de Capote, cuya portada viene ilustrada con una maravillosa foto del autor tomada en 1947 por Henri Cartier-Bresson en Nueva Orleáns.

 

 

Gracias a la creciente expansión, popularización y penetración de los e-books, de las plataformas de comercialización —tanto de compra de archivos mediante descarga como de venta de licencias de acceso a contenidos para su lectura en la nube— y de la impresión bajo demanda podríamos estar cada vez más cerca de la utopía de una biblioteca que es no sólo inagotable, sino también totalmente accesible en cualquier momento y desde cualquier lugar. Se trate bien sea de títulos viejos que han sido digitalizados o bien de novedades que aparecen directamente en digital independientemente de que también hayan sido publicadas en papel o no, estamos frente a la posibilidad del fin de la escasez cuya expresión máxima son los libros agotados y/o descatalogados.

 

 

La idea es que los lectores puedan acceder sin mayores obstáculos aquíahora y en cualquier formato a todo libro que en su momento despierte un mínimo interés y que la industria esté en capacidad de poner a su disposición todo título que más adelante sea susceptible de hacerlo para que también sea accesible. Basta con que se arregle todo lo relacionado con la gestión de derechos y con que una vez creados con el mayor cuidado posible los archivos se cuelguen en todas las plataformas de comercialización que se desee —lo cual no es poca cosa—. Esta nueva situación podría favorecer tanto a los editores que estén interesados en trabajar con nichos de mercado y en construir públicos dentro de éstos como a los lectores con intereses muy específicos —pienso, por ejemplo, en los amantes de algún tipo de literatura de género o en los expertos con un alto nivel de especialización en disciplinas, áreas de estudio y temas particulares—.

 

En síntesis, se están creando las condiciones para ampliar y facilitar el acceso al grueso de la producción editorial de todos los tiempos: tanto a las obras de dominio público que hayan sido digitalizadas como a aquellas que todavía estén sujetas a derechos de autor y cuyos editores firmen un convenio con alguna plataformas de distribución digital.

 

 

Se supone que hasta el momento la falta de una oferta legal amplia, diversa y atractiva ha sido uno de los frenos al consumo de contenidos digitales en España. Lo normal sería que el desembarco próximamente de las grandes plataformas de comercialización como Amazon, Google ebooks y Kobo —y de las demás que seguramente vendrán más adelante, independientemente de su origen y de su tamaño— contribuyera a dinamizar el mercado de los contenidos digitales en el sector del libro español y a que éstos se convirtieran en un producto familiar y cercano para el gran público.

 

Está claro que en el ámbito local algunos actores de la cadena de valor tradicional verán con recelo la llegada de players extranjeros provenientes del mundo tecnológico pero también es verdad que si éstos no aportaran su experiencia y su know how en los negocios en el ámbito online, su infraestructura tecnológica, su fondo y su músculo financiero el consumo de contenidos digitales en el sector del libro español tardaría más en despegar y se quedaría mucho más tiempo patinando debido a una mezcla de inmovilismo —por reticencia o por temor al riesgo— y de puesta en marcha de iniciativas que han sido concebidas y planificadas de manera errónea o que se han lanzado muy tímidamente.

 

 

En un escenario en el que la escasez de antes tiende a ser sustituida por una explosión y por una abundancia excesiva de contenidos —ojo que por ahora ni siquiera me referiré a la autoedición, que amerita un capítulo aparte—, la capacidad de los lectores de acceder a éstos depende en gran parte de que tengan visibilidad y de que puedan encontrarse fácilmente. Para que esto sea posible es importante que los editores trabajen cuidadosamente en la puesta en marcha de campañas de promoción y marketing en entornos digitales, en la gestión de metadatos, en la identificación de sus públicos y en la construcción de una relación fluida y dinámica con éstos. En este escenario de abundancia de contenidos lo que escasea es la atención de los lectores, que se encuentran con que su capacidad de lectura, su tiempo y sus recursos económicos son limitados.

 

Quedan en el aire algunas preguntas a las que seguramente la evolución de la situación les irá dando respuesta durante los próximos meses: ¿qué impacto tendrán en el sector del libro español la entrada de las grandes plataformas de comercialización de contenidos digitales y la ampliación de la oferta de éstos? ¿Cómo responderán los lectores frente a la ampliación de la oferta de contenidos digitales? ¿Quién se beneficiará y quién saldrá perjudicado con este cambio? ¿Cómo reaccionarán los distintos actores del sector frente a esta transformación de su entorno? ¿Cuáles actitudes y estrategias adoptarán éstos no sólo para adaptarse a este nuevo entorno, sino también para jugar un rol activo en su configuración? ¿Cuál lugar ocuparán en este nuevo entorno las plataformas locales de comercialización de contenidos digitales —tanto las ya existentes como las que aparezcan en el futuro—?

 

 

Una vez los títulos estén disponibles en todos los formatos y en todas las plataformas posibles, al lector le corresponderá escoger de qué manera acceder a ellos según sus preferencias y sus condiciones particulares. Mientras la aceptación, la adopción y la asimilación de lo digital se extienden de manera significativa, lo más probable es que el papel siga siendo la solución más óptima para una parte importante del público lector.

Miércoles, noviembre 24, 2010 categorizado bajo auto edición, destacados, e-book, edición digital

rebelión en la red: the people vs. amazon?

Hace un par de semanas Amazon volvió a protagonizar una polémica debido a la aparición en su Kindle Store de The Pedophile’s Guide to Love and Pleasure, un e-book autopublicado por Phillip R Greaves 2nd. Al parecer todo empezó con una entrada publicada el 10 de noviembre en TechCrunch en la que se alertaba sobre la presencia en el catálogo de la Kindle Store de un libro sobre pedofilia que se vendía por 4.79 dólares.

Según reportó TechCrunch en una actualización de la entrada en la que lanzó la alerta, la respuesta que Amazon dio en su momento a las manifestaciones de los usuarios en contra de la presencia de The Pedophile’s Guide to Love and Pleasure en su Kindle Store fue la siguiente:

Amazon cree que es censura no vender ciertos libros solamente porque nosotros u otros crean que su mensaje es objetable. Amazon no apoya ni promueve actos criminales o de odio pero sí apoya el derecho de cada individuo a tomar sus propias decisiones de compra’.

Ante esta situación la reacción de un grupo de usuarios de Internet no se hizo esperar: el libro recibió una una cascada de votos negativos en la Kindle Store, se creó un grupo en Facebook llamado “Boycott AMAZONnow for Carrying The Pedophile’s Guide to Love and Pleasure y en Twitter miles de personas hicieron eco de la noticia y sentaron su posición al respecto —una parte importante de ellas en contra de Amazon—. Y, claro, adicionalmente las ventas del libro se dispararon.

Supongo que debido no sólo a las presiones de los usuarios sino también a la manera como los comentarios aparecidos en la prensa —sobre todo en las publicaciones que se ocupan de la actualidad del sector editorial— podrían perjudicar su imagen, finalmente el 11 de noviembre Amazon decidió ceder y retirar el libro de la Kindle Store. Desde entonces el resultado que arroja la búsqueda del libro en Amazon es el siguiente:

Esta situación me lleva a plantearme dos preguntas: ¿cuál es el precio que deben pagar los miembros de la cadena de valor del sector editorial por publicar o comercializar contenidos que fomenten, promuevan o exalten posturas, prácticas y actitudes que van en contra de los valores establecidos, de lo comúnmente aceptado o de la legalidad? ¿Cuál es en este caso la responsabilidad de Amazon en su condición de proveedor de una plataforma tanto de autopublicación como de comercialización de contenidos?

Ni éste es el primer escándalo protagonizado por Amazon ni ésta es la primera vez que los usuarios montan un boicot en contra suya debido a sus salidas en falso. Entre otros boicots de algunos grupos de usuarios que han tenido lugar en Amazon se destacan los siguientes:

- la campaña contra las editoriales que suscriben el agency model en el Reino Unido —Hachette, Penguin y HarperCollins— en señal de protesta contra su política de precios. Esta campaña consistió en invitar a los usuarios a no comprar e-books de estas editoriales y a darles votos negativos a los títulos de sus grandes autores (ver el artículo “Customer anger at agency ‘price fixing’ in Kindle forum”, de The Bookseller).

- la iniciativa contra los e-books que costaban más de 9.99 dólares (ver la entrada “Readers Boycotting Kindle Titles Priced Above $9.99″, de O’Reilly radar).

También vale la pena recordar otras acciones polémicas de Amazon que no sólo han provocado enfrentamientos tanto con diferentes actores del sector como con los usuarios que han visto vulnerados sus intereses, sino que también han dado mucho de qué hablar:

- el retiro por parte de Amazon del botón de compra de su oferta de e-books de la filial estadounidense de Macmillan al no llegar a un acuerdo con ésta en torno al precio de venta de sus títulos (ver los artículos “Macmillan US chief: Amazon deal ‘near to hand’” y “Macmillan US and Amazon.com settle e-books dispute”, de The Bookseller).

- el retiro tanto de 1984 como de Animal Farm, de George Orwell, de la biblioteca digital de los usuarios que habían comprado en la Kindle Store estos dos títulos que Amazon estaba vendiendo sin la autorización de su editor (ver los artículos “Amazon Erases Orwell Books From Kindle”, de The New York Times, y “Amazon likened to Big Brother after deleting 1984 from Kindles”, de The Bookseller).

- el intento de incorporar en el Kindle 2 una funcionalidad a través de la cual se pretendía que una voz generada por ordenador leyera en voz alta los textos de los e-books (ver el artículo “New Kindle Audio Feature Causes a Stir”, de The Wall Street Journal).

En la mayoría de estos casos Amazon ha terminado por llegar a acuerdos con los actores del sector que han ejercido una presión en su contra tras ver sus intereses vulnerados por algunas de sus políticas y prácticas, por modificar algunos de sus planteamientos con respecto a éstas o por pedir disculpas a los perjudicados por sus acciones.

Gracias a la capacidad de diseminación y de movilización que tiene Internet, noticias como la publicación de The Pedophile’s Guide to Love and Pleasure y las reacciones suscitadas por ésta tienen en la Web un eco y una repercusión impensables en el mundo offline. Esto quiere decir que no escuchar las demandas del usuario, desconocer sus derechos y pasar por encima suyo hoy en día puede tener un coste altísimo cuyos efectos pueden ser particularmente perjudiciales para empresas nativas digitales que tienen un posicionamiento, un reconocimiento y una reputación que no se derivan de una presencia previa en el mundo analógico. En síntesis, “el que la hace, la paga” —como dice el slogan de la campaña de Transports Metropolitans de Barcelona para evitar que la gente se cuele en el transporte público—.

Aunque no cabe duda de que todas estas situaciones han perjudicado la imagen de Amazon, también es verdad que las políticas globales y las acciones puntuales siempre se pueden rectificar —aunque está claro que el importe de la cuenta de cobro depende no sólo de la naturaleza y de las razones del enfrentamiento, sino también de cómo y cuándo se reaccione—. Al respecto hay que decir dos cosas: en primer lugar, que tanto la velocidad a la que se desarrollan los acontecimientos como la avalancha de flujos de información a la que estamos sometidos hacen que hoy en día la actualidad sea bastante efímera y que lo que es noticia en un momento dado sea olvidado rápidamente; y, en segundo lugar, que si se quiere recuperar la memoria de una situación particular que haya tenido una cierta publicidad actualmente es posible desenterrarla del olvido y reconstruirla gracias a ese gran repositorio de contenidos que es la Web.

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