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martes, marzo 4, 2014 categorizado bajo librerías

“especies en peligro de extinción”: reseña de librerías, de jorge carrión

En el número 101 de la revista Arcadia acaba de aparecer mi reseña de Librerías, de Jorge Carrión. El título de la reseña es “Especies en peligro de extinción” y en ella comento muy brevemente algunos de los detalles del libro de Carrión que me parecen más relevantes.

 

 

 

 

 

Se me ocurren muchas formas de definir Librerías. Entre ellas hay una que prefiero porque es la que mejor se ajusta a mi lectura: se trata de una guía de viajes especializada en librerías. En el viaje que le propone al lector, Carrión recorre varias decenas de ciudades y una mayor cantidad de librerías de distintos tipos. Pero mejor que sea Carrión mismo quien le presente al lector este libro que en 2013 fue finalista del Premio Anagrama de Ensayo:

 

‘Sobre los libros como objetos, como cosas, sobre las librerías como restos arqueológicos o traperías o archivos que se resisten a revelarnos el conocimiento que poseen, que se niegan por su propia naturaleza a ocupar el lugar que en la historia de la cultura les corresponde, sobre su condición a menudo contra-espacial, opuesta a una gestión política del espacio en términos nacionales o estatales, sobre la importancia de la herencia, sobre la erosión del pasado, sobre el patrimonio inmaterial y su concreción en materiales que tienden a descomponerse, sobre la Librería y la Biblioteca como Jano Bifronte o almas gemelas, sobre la censura siempre policial, sobre los espacios apátridas, sobre la librería como café y como hogar más allá de los puntos cardinales, el Este y el Oeste, Oriente y Occidente, sobre las vidas y las obras de los libreros, sedentarios o errantes, aislados o miembros de una misma tradición, sobre la tensión entre lo único y lo serial, sobre el poder del encuentro en un contexto libresco y su erotismo, sexo latente, sobre la lectura como obsesión y como locura pero también como pulsión inconsciente o como negocio, con sus correspondientes problemas de gestión y sus abusos laborales, sobre los tantos centros y las infinitas periferias, sobre el mundo como librería y la librería como mundo, sobre la ironía y la solemnidad, sobre la historia de todos los libros y sobre los libros concretos, con nombres y apellidos en sus solapas, de papel y de píxeles, sobre las librerías universales y mis librerías particulares: sobre todo eso versará este libro, que hasta hace poco estaba en una librería o una biblioteca o la estantería de un amigo y que ahora pertenece, aunque sea provisionalmente, lector, a tu propia biblioteca’.

 

Carrión es no sólo un escritor, un crítico literario y un profesor, sino también un viajero y un pensador. Tengo la impresión de que el discurso de Carrión en torno tanto a los libros como a las librerías es altamente pasional pero que al mismo tiempo está sólidamente estructurado y se ha construido con una gran habilidad retórica. Y desde mis perspectiva personal esta combinación es una de las grandes virtudes de Librerías.

 

Los libros y las librerías son dos elementos de nuestras vidas que como sociedad —y en ocasiones como individuos— hemos convertido en fetiche. Si me pregunto por qué en general no hemos establecido un vínculo similar —y aquí el matiz es muy importante porque podemos llegar a establecerlo, sobre todo en el caso de cierto tipo de elementos que socialmente sirven como fuente de diferenciación— con los electrodomésticos, las camisas, los martillos, los manteles, las farmacias, las ferreterías, las mercerías o los supermercados, la respuesta viene inmediatamente a mí: porque los libros y las librerías tienen un alto valor simbólico. Recordemos que durante siglos el libro ha sido —o no sé si más bien debería decir que hasta hace poco lo fue— el vehículo privilegiado para la transmisión del conocimiento así como de esa parte importante del patrimonio cultural que pasa por lo impreso. Y recordemos también que a menudo las librerías son mucho más que simples puntos de venta de libros.

 

 

 

 

 

 

A los amantes de los libros y de los lugares donde éstos se venden les recomiendo leer Librerías. Y si no tienen una librería cerca o si en su librería más cercana este libro no está disponible, a través de su experiencia personal podrán entender de una vez por todas una de las principales razones por las que hoy en día las librerías tienen serias dificultades y están en desventaja para competir con las grandes tiendas de comercio electrónico —es decir, por qué son especies en peligro de extinción—.

 

Quien quiera descargar el PDF de “Especies en peligro de extinción” puede hacerlo apretando aquí. Y quien prefiera leer la reseña directamente en la página Web de Arcadia sólo tiene que seguir este enlace.

 

Antes de terminar quiero darle las gracias a Marianne Ponsford por abrirme las puertas de Arcadia al aceptar mi propuesta de publicar esta reseña de Librerías en la revista.

miércoles, febrero 5, 2014 categorizado bajo crónica, literatura argentina, literatura latinoamericana, periodismo literario

una idea sencilla de leila guerriero: la historia y el estilo

El pasado 18 de octubre fui a La Central de Mallorca para ver a Leila Guerriero, que presentaba Una historia sencilla. Ya he dicho en ocasiones anteriores que como lector los autores no me interesan. Me interesa lo que escriben y punto —otra cosa es que desde el punto de vista profesional los autores me resulten interesantes o que en el plano personal puedan llegar a interesarme tanto como cualquier otro individuo con quien tenga algún tipo de afinidad—. De hecho, en mi mundo ideal los autores no se pronuncian públicamente sobre nada y dejan que sus libros hablen por ellos. Diría incluso que en una versión extrema de ese mundo ideal los autores no existen porque los libros son escritos por máquinas inteligentes. Así es más o menos el mundo en el que me gustaría vivir como lector.

 

Y aunque normalmente no voy a presentaciones de libros porque me parecen aburridísimas, en esta ocasión quería oír a Leila Guerriero porque me interesan mucho sus reflexiones con respecto al oficio del cronista. Leila Guerriero estuvo genial y encantadora durante la presentación de Una historia sencilla. Y tengo que confesar que mientras oía hablar a Leila Guerriero con Rodrigo Fresán la autora empezó a resultarme tan admirable como su trabajo.

 

 

 

 

 

 

 

De todo lo que dijo Leila Guerriero durante la presentación de Una historia sencilla me quedo con la siguiente idea relacionada con la importancia que se les debe dar tanto al contenido como a la forma en la construcción de una crónica —y de muchos otros tipos de textos literarios, creo yo—:

 

‘A mí me parece primero que nada que si no hay historia, no hay crónica. A mí me parece que esto básicamente es periodismo. Y la historia tiene que estar contada y todas las cosas básicas del periodismo —qué, cómo, cuándo, dónde, etc.— tienen que estar contadas. O sea, el libro podría estar divinamente escrito y no contar absolutamente nada. Qué sé yo: no contar la historia del malambo o no decir de dónde viene. Todo eso sería una falla, me parece. O sea, no es nada más como periodismo con adornos. Pero yo sí creo que si no hay estilo, no hay nada. A mí sí me interesa la búsqueda de una voz. Los autores que más me interesan son los autores que tienen un estilo como claro, como definido’.

 

Al igual que los de Truman Capote, Tom Wolfe y Gay Talese, los textos de Leila Guerriero tienen la capacidad de despertar mi interés por historias que abordan temas que a priori no me interesan, de mantenerme enganchado hasta el final y de dejarme una sensación de vacío cuando termino de leerlas.

 

Quizás por deformación profesional un detalle que me llama la atención de los cuatro libros que Leila Guerriero ha publicado como autora es que cada uno de ellos ha sido editado por un sello diferente: Los suicidas del fin del mundo por Tusquets; Frutos extraños por Aguilar (Colombia)/Alfaguara (España); Plano americano por Ediciones Universidad Diego Portales (UDP); y Una historia sencilla por Anagrama. En este sentido los libros de Leila Guerriero se encuentran tan dispersos como los textos reunidos en Frutos extraños y en Plano americano, que han ido apareciendo en diferentes publicaciones periódicas de distintos países.

 

A continuación pueden ver el vídeo de la presentación de Una historia sencilla en La Central, que fue realizado por bracket cultura —véanlo completo, les aseguro que no se arrepentirán—:

 

 

 

 

 

 

Antes de terminar recomiendo leer la entrevista de Ramón Lobo a Leila Guerriero, que fue publicada en la revista Jot Down“El periodismo objetivo es la gran mentira del universo, todo es subjetivo”.

 

Y no dejen de leer a Leila Guerriero, por favor. Lean todo lo que publica, que vale mucho la pena.

lunes, julio 15, 2013 categorizado bajo literatura latinoamericana

bolaño

En una entrada de febrero 28 de 2012 expliqué las circunstancias en las que entré en contacto por primera vez con la obra de Roberto Bolaño. A continuación reproduzco los dos párrafos iniciales de esa entrada que publiqué hace ya un año y medio:

 

‘Hacia finales de 2000 o principios de 2001 mi amigo R. me contó que entre los estudiantes de la facultad de Literatura de su universidad que iban de poetas malditos o de beatniks se había puesto de moda un libro que los traía locos a todos. Se trataba de Los detectives salvajes, una novela de cerca de 500 páginas de un escritor chileno llamado Roberto Bolaño que estos muchachos llevaban orgullosamente debajo del brazo con una mezcla de irreverencia y altanería. Con R. nos preguntábamos si estaríamos frente al sustituto de Ray Loriga, de Alberto Fuguet o del escritor de culto de turno —es increíble que dos estudiantes veinteañeros puedan llegar a tener prejuicios tan fuertes. Afortunadamente muy pronto nos daríamos cuenta de lo equivocados que estábamos—.

 

Una tarde de mediados de 2001 entré a la tienda de Círculo de lectores de la carrera 15 con 85 en la que estaban saldando libros de Anagrama, entre los cuales había un ejemplar de un volumen de cuentos de Roberto Bolaño llamado Llamadas telefónicas. Le eché un ojo al libro y decidí comprarlo sólo por saber cuál era el motivo de la euforia que Bolaño estaba causando entre los estudiantes de Literatura de la universidad de R. A los pocos días empecé a leer Llamadas telefónicas y no pude parar hasta que me terminé todos los cuentos’.

 

 

ROBERTO_BOLAÑO

 

 

Después de Llamadas telefónicas leí varios libros de Bolaño en el siguiente orden: Nocturno de Chile, Estrella distante, La literatura nazi en América, Putas asesinas, Los detectives salvajes, Entre paréntesis y Una novelita lumpen. Bolaño murió el 15 de julio de 2003, faltando dos o tres semanas para las vacaciones que yo había previsto dedicar a leer Los detectives salvajes —había comprado la novela unos meses antes y estaba esperando la llegada del momento propicio para leerla—. Después de la muerte de Bolaño vino toda la expectativa generada por el anuncio de que en 2004 se publicaría esa obra de gran ambición y magnitud que es 2666. Y luego cada cierto tiempo empezaron a publicarse póstumamente nuevos títulos de Bolaño.

 

Durante siete años no volví a leer nada de Bolaño hasta que a principios de 2012 decidí embarcarme en la lectura de 2666, que es el único libro suyo publicado póstumamente que he leído hasta ahora —la verdad es que los demás no me llaman la atención pero si alguien se anima a hacerme alguna recomendación yo encantado de recibirla—.

 

De mis lecturas de la obra de Bolaño me quedo con los siguientes cuatro títulos que para mí como lector han sido fundamentales y que recomiendo leer —los pongo en orden de publicación—:

 

– La literatura nazi en América

– Estrella distante

– Los detectives salvajes

– Nocturno de Chile

 

 

 

MI_BIBLIOTECA_BOLAÑO_FUNDAMENTAL

 

 

Soy un lector que suele ser fan de libros y no de autores —y tengo que decir que en términos de calidad la obra de Bolaño me parece bastante irregular, lo cual entre otras cosas es perfectamente comprensible y normal—. No cuento con los elementos necesarios para decir si Bolaño es un autor sobrevalorado, como afirman a menudo algunas personas entendidas en estos asuntos así como los enemigos de las modas literarias de cualquier tipo. Además, se trata de una cuestión que me tiene absolutamente sin cuidado. A Bolaño le debo no sólo una serie de lecturas entrañables, sino también largas horas de conversación que en diferentes momentos me han ayudado a generar nuevas complicidades con algunos de mis amigos y a fortalecer mis vínculos con éstos.

 

Mi homenaje como lector a Bolaño cuando se cumplen diez años de su muerte consiste en evocar en esta entrada la historia de mi relación con su obra a través de mis lecturas y, sobre todo, en releer Nocturno de Chile —confieso que hacerlo también ha terminado siendo el mejor regalo que he podido hacerme a mí mismo para ocupar mis ratos libres este verano—.

los 500 títulos de la colección narrativas hispánicas de anagrama

Anagrama acaba de publicar el número 500 de su colección Narrativas hispánicas. Se trata de Antagonía, un volumen que reúne por primera vez los cuatro libros que conforman esta obra de Luis Goytisolo. La colección Narrativas hispánicas apareció en 1983 y su primer título fue El héroe de las mansardas de Mansard, de Álvaro Pombo.

 

 

 

 

Si la colección Narrativas hispánicas tiene 29 años, podríamos decir que en ella en promedio se han publicado 17,2 títulos por año. Aunque está claro que a la hora de hilar fino es mejor no fiarse de los promedios. En el cuadro de publicaciones que aparece en las páginas 66 y 67 del volumen Anagrama 40 años. 1969 – 2009 hay un registro del número de títulos que se han publicado cada año en las distintas colecciones de la editorial. En el caso de Narrativas hispánicas las cifras son las siguientes —hasta ese momento se habían publicado 450 títulos. He completado los datos del período comprendido entre la segunda mitad de 2009 y lo que va corrido de 2012 revisando los boletines de novedades publicados en la página Web de la editorial—:

 

1983: 1 título

1984: 12 títulos

1985: 15 títulos

1986: 12 títulos

1987: 16 títulos

1988: 16 títulos

1989: 16 títulos

1990: 16 títulos

1991: 18 títulos

1992: 13 títulos

1993: 16 títulos

1994: 20 títulos

1995: 21 títulos

1996: 22 títulos

1997: 26 títulos

1998: 17 títulos

1999: 18 títulos

2000: 22 títulos

2001: 24 títulos

2002: 14 títulos

2003: 17 títulos

2004: 17 títulos

2005: 19 títulos

2006: 16 títulos

2007: 21 títulos

2008: 20 títulos

2009: 18 títulos

2010: 18 títulos

2011: 12 títulos

2012 (enero – marzo): 7 títulos

Total 1983 – 2012: 500 títulos

 

 

 

 

Y hasta aquí los números porque aunque éstos son importantes, lo son todavía más la naturaleza del trabajo de Anagrama en el campo de la publicación de narrativa escrita en español y la contribución que la editorial ha hecho en este ámbito.

 

***

 

En relación con el trabajo de la colección Narrativas hispánicas hay dos aspectos sobre los que me parece que vale la pena llamar la atención:

 

En primer lugar, la continuidad en el tiempo. Anagrama fue fundada en 1969 y como ya mencioné el primer título de la colección Narrativas hispánicas apareció en 1983. En este sentido la colección Narrativas hispánicas es un proyecto de largo aliento más que consolidado que reúne una muestra importante de las voces y obras más notables de la novela y del cuento que han surgido durante las últimas décadas tanto en España como en Hispanoamérica.

 

Y, en segundo lugar, la amplitud del espectro que abarca la colección Narrativas hispánicas. De hecho, el nombre mismo de la colección ya sugiere un reconocimiento de la diversidad existente en la narrativa escrita en lengua española así como la intención de dar cuenta de ella. En la colección Narrativas hispánicas han publicado autores de distintos lugares del ámbito hispanohablante, lo cual ha favorecido la circulación, la visibilidad y la lectura de su obra por fuera de sus países de origen. El desarrollo de la carrera de muchos de estos autores ha estado estrechamente ligado a la colección Narrativas hispánicas, en la cual a menudo tanto éstos como su obra han madurado y se han consolidado.

 

 

 

(Jorge Herralde y algunos de los autores que han hecho historia en la colección Narrativas hispánicas: Javier Marías, Félix de Azúa, Vicente Molina Foix y Álvaro Pombo. Imagen tomada de la página Web de Anagrama)

 

***

 

Al igual que los pequeños y medianos editores independientes locales, las filiales de los grandes grupos editoriales españoles en los distintos países hispanoamericanos han jugado un rol importantísimo en la publicación de la producción literaria de cada país. A pesar de la fuerte implantación de los grandes grupos en Hispanoamérica y del alcance de su capacidad de acción gracias a los recursos que tienen a su disposición —ya quisieran muchas pequeñas y medianas editoriales independientes contar entre otras cosas con su estructura logística, sus redes comerciales, su aparato de difusión, su capacidad de distribución o su presupuesto de marketing—, es bastante difícil que la obra de un autor local publicado por alguna de sus filiales consiga circular por fuera de su país de origen y llegar a otros territorios. Lo usual es que la obra de un autor de este tipo empiece a llegar a otros países cuando se produce un hito en su carrera —la obtención de un premio literario de renombre, por ejemplo— o cuando éste logra un cierto reconocimiento mediático. Esta forma de operar que en principio puede parecer absurda adquiere sentido si aceptamos la premisa de que con contadísimas excepciones ni en España se venden bien los libros de los autores hispanoamericanos ni en Hispanoamérica se venden bien los libros de los autores tanto españoles como de otros países de la región. Cuando hablo de excepciones me refiero no sólo a algunas figuras vivas del boom latinoamericano como Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, sino también a autores posteriores como Isabel Allende, Alfredo Bryce Echenique, Javier Cercas, Albert Espinosa, Almudena Grandes, Javier Marías, Arturo Pérez-Reverte y Carlos Ruiz Zafón.

 

 

 

 

Además de reunir en la colección Narrativas hispánicas una muestra amplia, diversa y llamativa de obras y voces contemporáneas del ámbito de la novela y el cuento escritos en español, en general Anagrama tiene una distribución buena o al menos aceptable en una parte importante de los países hispanoamericanos. Es por esto que a través de la colección Narrativas hispánicas Anagrama ha contribuido de una manera fundamental a darles a conocer a los lectores españoles e hispanoamericanos la obra de autores hispanohablantes que normalmente son poco o nada conocidos por fuera de sus países de origen. Hay que decir además que el Premio Herralde de Novela ha servido tanto para reconocer el valor de obras puntuales de autores consagrados o en proceso de consagración como para sacar a la luz a figuras emergentes cuya carrera resulta prometedora.

 

En el texto “Recorrido por cuatro décadas” el editor Jorge Herralde llama la atención con respecto al fortalecimiento de la presencia de Anagrama en los países latinoamericanos durante el período comprendido entre 2000 y abril de 2009. Al respecto dice Herralde: ‘Uno de los rasgos más destacados en este período es la progresiva consolidación de Anagrama, reforzada por sus ediciones en América Latina, en especial en Argentina y México, y también en Colombia, Chile, Uruguay, Venezuela y Perú. De forma programática, en esta década los autores latinoamericanos se publican en su país de origen y en España, y se distribuyen en los restantes países de América Latina. Además se han realizado ediciones latinoamericanas de no pocos autores relevantes del catálogo, traducidos y españoles. En total la suma de ediciones de Anagrama en América Latina, hasta abril de 2009, asciende a 87′.

 

Vale la pena destacar no sólo que a través de las traducciones de la colección Panorama de narrativas Anagrama también ha jugado un papel clave al permitirles a los lectores hispanohablantes entrar en contacto con la obra de un buen número de grandes autores contemporáneos que escriben en otras lenguas, sino también que la colección Argumentos ha sido un vehículo eficaz para la difusión de un cierto pensamiento de ‘imaginación crítica’.

 

 

 

 

Revisando el listado de títulos publicados en la colección Narrativas hispánicas de Anagrama me doy cuenta rápidamente de que hay un montón de autores de los que además de no haber leído ningún libro, tengo poquísimas referencias. En muchos casos se trata de autores que apenas me dicen algo y hay algunos que incluso ni siquiera había oído nombrar antes. Sin embargo, el hecho de que algún libro suyo haya sido publicado en la colección Narrativas hispánicas ya me sugiere algo y hace que estos autores me despierten una cierta curiosidad. Al fin y al cabo el catálogo de una editorial también puede ser visto como una declaración de principios.

 

Aparte de las editoriales que en el campo de la narrativa publican la producción nacional de sus respectivos lugares de origen y cuyo catálogo rara vez se comercializa por fuera del mercado doméstico, hay unas cuantas que al abrirles un espacio a obras de autores de países del ámbito hispanohablante distintos del suyo están tendiendo puentes entre éstos y los lectores de toda la geografía iberoamericana. Me refiero a editoriales españolas con una larga trayectoria como AlfaguaraMondadoriPre-textosSeix Barral y Tusquets así como a otras más jóvenes —algunas de ellas latinoamericanas— como 451 editoresAlpha Decay, Barataria, CandayaDuomo, Eterna cadenciaLengua de trapo, Páginas de espumaPeriféricaSexto Piso, Trama editorialTropo editores y Veintisiete letras*. Me encantaría que dentro de cinco, quince o treinta años estas editoriales jóvenes pudieran celebrar el logro de haber hecho en sus respectivas líneas de trabajo contribuciones similares a la que Anagrama viene haciendo desde hace ya más de cuatro décadas en los distintos frentes que cubre.

 

De los títulos de la colección Narrativas hispánicas que he leído mis favoritos son: Ruleta rusa y otros cuentos, de Pere Calders —traducción del catalán—; Historia abreviada de la literatura portátil, de Enrique Vila-Matas; Corazón tan blanco, de Javier Marías; Estrella distante, de Roberto Bolaño; Ochenta y seis cuentos, de Quim Monzó —traducción del catalán—; y Fiesta en la madriguera, de Juan Pablo Villalobos.

 

Por cierto, quien quiera echarle un ojo al catálogo completo de Anagrama puede consultarlo aquí.

 

* nota: en el caso de AlfaguaraMondadori y Seix Barral me refiero a las casas matrices en España de estos sellos pertenecientes a grandes grupos mientras que en el de las pequeñas y medianas editoriales más jóvenes he puesto las que se me vinieron a la cabeza de primerazo —supongo que varias se me deben estar quedando por fuera, así que se aceptan contribuciones para ampliar y complementar este listado—.

martes, febrero 28, 2012 categorizado bajo literatura latinoamericana

descubrir a bolaño

Hacia finales de 2000 o principios de 2001 mi amigo R. me contó que entre los estudiantes de la facultad de Literatura de su universidad que iban de poetas malditos o de beatniks se había puesto de moda un libro que los traía locos a todos. Se trataba de Los detectives salvajes, una novela de cerca de 500 páginas de un escritor chileno llamado Roberto Bolaño que estos muchachos llevaban orgullosamente debajo del brazo con una mezcla de irreverencia y altanería. Con R. nos preguntábamos si estaríamos frente al sustituto de Ray Loriga, de Alberto Fuguet o del escritor de culto de turno —es increíble que dos estudiantes veinteañeros puedan llegar a tener prejuicios tan fuertes. Afortunadamente muy pronto nos daríamos cuenta de lo equivocados que estábamos—.

 

Una tarde de mediados de 2001 entré a la tienda de Círculo de lectores de la carrera 15 con 85 en la que estaban saldando libros de Anagrama, entre los cuales había un ejemplar de un volumen de cuentos de Roberto Bolaño llamado Llamadas telefónicas. Le eché un ojo al libro y decidí comprarlo sólo por saber cuál era el motivo de la euforia que Bolaño estaba causando entre los estudiantes de Literatura de la universidad de R. A los pocos días empecé a leer Llamadas telefónicas y no pude parar hasta que me terminé todos los cuentos.

 

 

 

 

Después de leer Llamadas telefónicas seguí con tres libros de Bolaño que me fascinaron cada uno por distintas razones: Estrella distante, Nocturno de Chile y La literatura nazi en América. Más adelante leí Putas asesinas, un volumen de cuentos que me gustó menos. Luego había planeado leer Los detectives salvajes durante mis vacaciones de mitad de año de 2003 y el 15 de julio de ese año en la mañana R. me llamó para decirme que acababa de leer en el periódico que Bolaño se había muerto en Barcelona. Yo no sabía ni que Bolaño tuviera una insuficiencia hepática ni que estuviera esperando un transplante. Creo que en ese momento ya había dejado de interesarme por los ires y venires de la de vida de los escritores que me gustan pero recuerdo que me encantaba leer tanto los artículos de Bolaño como las entrevistas que le hacían —de hecho, Entre paréntesis fue uno de los últimos libros que compré antes de irme de Bogotá—.

 

Tal y como había previsto, dediqué una buena parte de mis vacaciones a leer Los detectives salvajes —una lectura que me hizo muy feliz y de la que conservo un recuerdo maravilloso—.

 

 

 

 

A principios de 2005 leí Una novelita lumpen y desde entonces no había vuelto a leer nada de Bolaño. Después de este largo paréntesis, la semana pasada finalmente decidí empezar a leer 2666 —llevaba varios años esperando encontrar la ocasión para hacerlo—. Durante casi ocho años he visto a varios amigos cercanos entregados a la lectura de 2666 y ahora me ha llegado mi turno. Ahora mismo voy en la página 127 y 2666 no sólo va superando con creces mis expectativas, sino que además me ha puesto en esa tónica de utilizar cualquier pretexto o momento para dedicarme a su lectura y está produciéndome esa sensación de que hasta que no acabe el libro no habrá ninguna otra actividad que pueda resultarme más provechosa.

 

 

 

 

Está claro que mi lectura de la obra de Bolaño ha sido bastante irregular y está llena de vacíos. Como leo poquísima poesía, hasta ahora no he leído la de Bolaño. Y además de no haber leído Amuleto, Amberes, La pista de hielo y Monsieur Pain, con excepción de 2666 no me he animado a leer ninguno de los títulos publicados póstumamente —que ya suman unos cuantos—. Y la verdad es que a priori ninguno de estos libros me llama mucho la atención, así que si algún día los leo quizás sea porque alguna fuente confiable me los recomiende o porque alguna otra lectura me haga llegar a ellos.

 

En la página 30 de 2666 que pertenece a “La parte de los críticos” hay un comentario con respecto a los libros de Benno von Archimboldi que podría aplicarse a la buena acogida que desde hace unos años está teniendo la obra de Bolaño en distintos países:

 

(…) pese a que la venta de sus libros iba en línea ascendente tanto en Alemania como en el resto de Europa e incluso en Estados Unidos, que gusta de los escritores desaparecidos (desaparecidos o millonarios) o de la leyenda de los escritores desaparecidos, y en donde su obra empezaba a circular profusamente, ya no sólo en los departamentos de alemán de las universidades sino en los campus y fuera de los campus, en las vastas ciudades que amaban la literatura oral y visual’.

 

En fin, este reencuentro con la obra de Bolaño está siendo una gozada que disfrutaré mientras dure —si sigo al paso que voy podría estar hablando de algo así como tres semanas o un mes— y que cuando termine seguramente me dejará un bonito recuerdo y un vacío enorme.

 

La única molestia que he tenido con 2666 está relacionada con el volumen del mamotreto, cuyas 1125 páginas presuponen un problema tanto para abrirle un campo en mi biblioteca como para cargarlo cuando quiero salir de mi casa con él. Quizás para evitarme estos dos problemas me habría venido bien comprar una versión de 2666 en e-book pero al parecer ésta no está disponible actualmente.