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andré schiffrin habla sobre the new press en la revista el librero / “el funcionamiento de la industria editorial se basa en la censura del mercado”

En el número 19 de la revista El Librero que empezará a circular la próxima semana en Colombia coincidiendo con la 25ª Feria Internacional del Libro de Bogotá aparece la entrevista que durante la pasada Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) le hice a André Schiffrin, el editor de The New Press. En esta entrevista cuyo título es “El funcionamiento de la industria editorial se basa en la censura del mercado” Schiffrin habla acerca del origen, de la naturaleza, del modelo de funcionamiento y de la evolución de The New Press, que en 2012 está cumpliendo veinte años. Uno de los temas que más me ha interesado desde que abrí [ el ojo fisgón ] es la edición independiente, un ámbito del cual Schiffrin y The New Press son dos iconos emblemáticos.

 

Entre los temas a los que Schiffrin se refiere en las respuestas a las preguntas planteadas en esta entrevista me gustaría llamar la atención sobre los siguientes:

 

– el impulso que los aportes de algunas fundaciones le dieron en sus inicios a The New Press y la búsqueda permanente de fondos por parte de la editorial para financiar el desarrollo de proyectos concretos.

 

– el hueco que The New Press se abrió en un ámbito de la edición del que en principio deberían ocuparse las editoriales universitarias.

 

– el rol que juegan los consejos de expertos a la hora de definir la perspectiva desde la cual se abordan temas altamente especializados en relación con problemas críticos que están siendo total o parcialmente desatendidos y con respecto a los que todavía hay algo que decir.

 

– la manera como algunos títulos que The New Press ha publicado alrededor de algunos temas críticos no sólo han contribuido a darles visibilidad a éstos, sino que también se han convertido en los libros de referencia en sus respectivas áreas temáticas.

 

– la repercusión que ha tenido sobre la sociedad estadounidense el creciente aislamiento cultural de Estados Unidos frente al resto del mundo.

 

 

 

 

Aprovecho esta entrada para darles las gracias a varias personas que jugaron un papel clave en la realización y en la publicación de esta entrevista: en primer lugar, a Juan Pablo Mojica del Centro para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC) por facilitar y coordinar el encuentro con André Schiffrin; en segundo lugar, a Margarita Valencia por su contribución al desarrollo y al enriquecimiento de la conversación; en tercer lugar, a Silvia Chaves O’Flynn por la transcripción de la conversación; y, last but not least, a Marcel Ventura de El Librero tanto por manifestar su interés por este trabajo como por sus comentarios y sugerencias durante el proceso de edición del texto.

 

 

 

 

Quien quiera leer la entrevista puede descargarla apretando aquí.

el best translated book award (btba) 2012 y las dificultades para traducir en estados unidos

Hace dos días se dio a conocer la longlist del Best Translated Book Award (BTBA) 2012, que organiza el proyecto Three Percent —al cual me referí hace exactamente un año—. En la lista hay libros escritos inicialmente en diversas lenguas: alemán, español, francés, hebreo, húngaro, italiano, noruego, polaco, portugués, serbio y sueco. Llama la atención la gran cantidad de obras traducidas del francés (8) y en menor medida del español (4) y del alemán (3) que hay en la lista.

 

 

 

 

En la conversación que sostuvimos en la pasada Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) el editor estadounidense André Schiffrin señaló algunas de las dificultades a las que editoriales como The New Press tienen que enfrentarse para publicar traducciones en Estados Unidos. Entre las dificultades señaladas por Schiffrin se encuentran las siguientes:

 

– el creciente aislamiento cultural de Estados Unidos, que se ve en la falta de interés que existe allí con respecto a lo que sucede más allá de sus fronteras.

 

– la poca cantidad de traductores que hay incluso en el caso de lenguas tan populares como el francés y la falta de fondos para pagar traducciones —un panorama que en su opinión contrasta radicalmente con el europeo—.

 

– los plazos que se manejan en la realización de las traducciones debido al volumen de trabajo que tienen los pocos traductores que hay —que al verse desbordados a menudo no están disponibles para atender los encargos que les hacen los editores—.

 

– el hecho de que muchos de los traductores al inglés se encuentren sobre todo en el Reino Unido.

 

– la supresión por parte de las universidades del aprendizaje de una lengua extranjera como requisito para sus estudiantes, que repercute tanto en el interés de los lectores por otras tradiciones culturales como en las competencias lingüísticas de éstos.

 

Durante nuestra conversación Schiffrin llamó la atención sobre el trabajo de Dalkey Archive Press, que según él es la principal editorial independiente de ficción extranjera en Estados Unidos.

 

 

 

 

Me imagino que el trabajo de Open Letter BooksDalkey Archive Press, Europa Editions y otras editoriales que se centran en la publicación de libros traducidos está contribuyendo a que entre los habitantes de ese país de inmigrantes que es Estados Unidos crezca el interés por lo que se escribe en otros lugares del mundo y en otras lenguas. O al menos espero que así sea.

 

Sam Jordison publicó ayer en el Books blog de The Guardian la entrada “Are we finally getting the hang of foreign fiction?”, en la que pone sobre la mesa una reflexión con respecto al grado de apertura tanto del mercado editorial como de los lectores británicos frente a los libros traducidos de otras lenguas.

 

 

 

 

Una última cosa antes de terminar: en la entrada “three percent y su base de datos de traducciones en estados unidos” hice referencia al artículo “The Translation Gap: Why More Foreign Writers Aren’t Published in America”, de Emily Williams. En el número 16 de la revista Texturas apareció la traducción al español de este artículo que inicialmente fue publicado en Publishing Perspectives, así que quienes quieran leerlo ya saben dónde encontrarlo.

fil 2011 [ 7 ] / andré schiffrin

El Centro para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC) ha traído a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) a André Schiffrin, editor de The New Press y autor de La edición sin editores, El control de la palabra, Una educación política y El dinero y las palabras. Ayer jueves 30 de noviembre Schiffrin dio en la FIL una charla organizada por el CERLALC.

 

 

 

(Schiffrin esperando el comienzo de su charla en la FIL de Guadalajara)

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En su charla Schiffrin habló acerca de los planteamientos que hace en sus libros, particularmente de la manera como han evolucionado la concentración de la propiedad en el sector editorial, del fracaso de las políticas de los grandes conglomerados que les exigen a los editores índices de rentabilidad similares a los de otras industrias que por la naturaleza de su actividad producen mayores beneficios, de la emergencia tanto de proyectos privados como de iniciativas de origen público que buscan preservar la diversidad cultural y que representan una alternativa frente a la homogeneización del mercado masivo que se deriva de la globalización o del cobro de impuestos a los proveedores de acceso a Internet, a los motores de búsqueda y a las empresas de e-commerce para proteger a las industrias culturales.

 

 

 

(Schiffrin y Fernando Zapata, director del CERLALC)

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Una de las conclusiones que Schiffrin expuso en su charla de ayer en la FIL es que los cambios que el sector editorial está viviendo desde hace unas décadas empezaron cuando la edición dejó de ser una profesión y un oficio para convertirse en una industria.

 

 

 

 

En la tarde de ayer Margarita Valencia, Juan Pablo Mojica y yo tuvimos la oportunidad de sostener una conversación con Schiffrin acerca de estos y algunos otros temas.

 

 

 

(Schiffrin, Margarita Valencia y Juan Pablo Mojica del CERLALC)

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Próximamente publicaré en [ el ojo fisgón ] esta entrevista que le hicimos a André Schiffrin gracias a la colaboración del CERLALC.

jueves, febrero 24, 2011 categorizado bajo destacados, industria editorial estadounidense, three percent, traducción

three percent y su base de datos de traducciones en estados unidos

Ya suena a lugar común decir que en Estados Unidos se suelen publicar anualmente poquísimos títulos traducidos de otras lenguas. En síntesis, la premisa repetida una y otra vez de todas las maneras posibles es la siguiente: hay una relación enormemente asimétrica entre la cantidad de títulos escritos en otras lenguas que se traducen y publican en Estados Unidos y el volumen de títulos escritos en inglés por autores estadounidenses que son traducidos y publicados en otros países —para ahondar en este tema recomiendo echarle un ojo al artículo de Emily Williams titulado “The Translation Gap: Why More Foreign Writers Aren’t Published in America”, que Publishing Perspectives publicó hace un año y al que hice referencia en la entrada “antonia kerrigan y la gestión de los derechos de traducción”—.

 

André Schiffrin ilustra esta situación y establece un contraste en L’argent et les motsEl dinero y las palabras— cuando comenta que en Francia el Centre National du Livre (CNL) contribuyó con 1.615.000 euros a la traducción al francés de 330 títulos mientras que ese mismo año en Estados Unidos el National Endowement for the Arts solamente destinó 200.000 dólares para traducir 13 libros al inglés.

 

Hasta aquí no hay nada nuevo.

 

 

 

 

Hace poco conocí Three Percent, un proyecto sobre literatura internacional desarrollado por el programa de estudios de traducción literaria y la editorial de la University of Rochester. El nombre del proyecto se deriva de la ‘estadística citada frecuentemente (establecida inicialmente por Bowker), según la cual sólo el 3% de los libros publicados en Estados Unidos son traducciones’.

 

Entre las iniciativas relacionadas con Three Percent se encuentran su blog, la editorial universitaria Open Letter Books —que publica literatura traducida—, el Best Translated Book Award, el programa de Literary Translation Studies y una base de datos de traducciones que lleva un registro de los libros traducidos en Estados Unidos desde 2008. Three Percent presenta su base de datos de traducciones en los siguientes términos:

 

‘Sospechábamos que el 3% [la parte que representan los libros traducidos en el total de títulos que se publican en Estados Unidos] era una cantidad un poco elevada pero no teníamos cómo confirmar nuestras sospechas —no había un registro del número de traducciones publicadas año tras año—.

 

Por eso decidimos hacer un seguimiento nosotros mismos. Mediante la recolección de tantos catálogos como pudimos y preguntándoles directamente a los editores, hemos logrado construir un registro bastante preciso de los libros publicados en traducción desde el 1 de enero de 2008. Por el bien de nuestra salud mental limitamos nuestra recolección de datos a traducciones originales de ficción y poesía publicadas o distribuidas en Estados Unidos. Por “originales” nos referimos a títulos que nunca antes se habían publicado en inglés (al menos en Estados Unidos). Por lo tanto, ni las nuevas traducciones de títulos clásicos ni las reimpresiones de libros publicados anteriormente están incluidas en nuestra base de datos. Nuestra atención se centra en identificar cuántos nuevos libros y cuántas nuevas voces se están poniendo a la disposición de los lectores angloparlantes’.

 

¿No resulta bastante diciente el hecho de que para un departamento de Literary Translation Studies de una universidad —que como suele suceder en el área de las Humanidades y las Ciencias Sociales no debe ser ni el más grande ni el que cuenta con más recursos— sea posible construir una base de datos en la que se lleva un registro de los libros que se traducen en un mercado tan grande como el estadounidense?

 

 

 

La información que contiene la base de datos de traducciones con respecto a los libros traducidos que están registrados en ella es la siguiente:

 

– ISBN

– Título en inglés

– Nombre y apellido del autor del libro

– Nombre y apellido del traductor del libro

– Editorial

– Género

– Precio

– Mes y año de publicación

– Lengua de origen

– País de origen

 

En la página Web de Three Percent pueden descargarse las versiones de 2008, de 2009, de 2010 y de 2011 (en construcción) de la base de datos de traducciones. Sería bueno que un día no muy lejano tuviéramos la posibilidad de consultar la base de datos de traducciones a través de una aplicación online en lugar de tener que descargar los archivos necesariamennte.

 

Este conjunto de iniciativas desarrolladas por el programa de Literary Translation Studies y la editorial Open Letter Books de la University of Rochester pone en evidencia la diversidad de intereses que hay en las universidades estadounidenses y la gran cantidad de recursos de todo tipo que éstas destinan a la construcción de fondos documentales, de colecciones de patrimonio cultural y de bases de datos sobre la más amplia variedad de temas. Por ejemplo, en varias ocasiones he oído decir que una buena parte de los programas y de las bibliotecas más importantes de literatura latinoamericana de todo el mundo se encuentran en universidades de Estados Unidos —lo cual es todo menos extraño—.

 

 

Esta base de datos de traducciones debería ser una fuente de información fundamental para quienes están interesados en el mercado editorial estadounidense, en la presencia que tienen en éste los libros traducidos y en la traducción en general. Aunque es cierto que los datos puros y duros no permiten hacer más que un trabajo meramente descriptivo, también es verdad que puestos en contexto y cruzados con información cualitativa éstos pueden ser el punto de partida para la realización de análisis mucho más complejos, detallados, ricos y jugosos.

 

La utilidad de esta base de datos de traducciones demuestra la importancia estratégica que tiene el hecho de contar con un buen volumen de información amplia y sólida sobre distintos aspectos relacionados con los mercados —un tema que abordé hace unas semanas cuando hablaba acerca de la transparencia y la opacidad y al cual también se refirió Manuel Gil en la entrada “Las cifras de la edición 2010: de la epopeya a la elegía (o sobrealimentado de datos e infranutrido de información)” del blog Antinomias libro—.

 

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A manera de bonus track les dejo el vídeo de la presentación “Why Sell eBooks in Spanish in the U.S. and How to Make it Happen in 8 Months” —”Por qué vender e-books en español en Estados Unidos y cómo lograrlo en ocho meses”— hecha por Patricia Arancibia, de Barnes & Noble.com, en la conferencia Tools of Change for Publishing (TOC) 2011 que tuvo lugar en Nueva York entre el 14 y el 16 de febrero pasados.

 

 

la edición independiente hoy vista por andré schiffrin: un florecimiento no exento de problemas

André Schiffrin abre la introducción de su libro L’argent et les motsEl dinero y las palabras— comentando la evolución que ha tenido el panorama editorial francés desde la publicación de La edición sin editores en Francia, que tuvo lugar hace ya una década. Dice Schiffrin con respecto a la reacción que en su momento suscitó este libro en Francia:

‘La situación que yo describía en el mundo anglosajón en efecto era crítica y lamentable pero tal evolución era imposible en el país de la excepción francesa, donde la diversidad cultural forma parte integrante del sistema. A decir verdad la reacción en España, donde el libro apareció un tiempo después, fue sensiblemente la misma. Hoy aquellos que leyeron el libro me reprochan haber sido demasiado optimista. La situación actual es aún peor que la que yo describía e incluso peor que lo que yo esperaba. Porque yo también pensaba que en la situación francesa el peso de los dos grandes grupos, Hachette y Vivendi, podría permanecer felizmente equilibrado por el tercer grupo, el de los independientes, que es lo suficientemente poderoso e influyente para mantenerse en pie frente a la presión de los conglomerados y a la tendencia hacia la globalización’.

Si en Francia los editores independientes conforman un bloque ‘lo suficientemente poderoso e influyente para mantenerse en pie frente a la presión de los conglomerados’, ¿qué podemos decir al respecto en el caso español?

Schiffrin explica la repercusión que el modelo de gestión de los grandes grupos está teniendo sobre su actividad editorial, lo cual está representando una oportunidad para el número creciente de pequeñas editoriales independientes que desde hace unos años vienen enriqueciendo el panorama de la edición tanto en Europa como en los Estados Unidos. Además de describir la situación en la que se encuentran actualmente los buenos editores que aún quedan en los grandes grupos, Schiffrin destaca el fenómeno del florecimiento de la edición independiente al mismo tiempo que llama la atención sobre las dificultades a las que deben enfrentarse las pequeñas editoriales pertenecientes a este segmento para dar a conocer y distribuir los títulos que editan. Al respecto anota Schiffrin:

‘En este mismo orden de ideas, en los grandes grupos estadounidenses y europeos se da una tendencia centralizadora: editoriales hasta el momento independientes se han fundido en conjuntos más vastos, lo que permite despedir todavía a más gente (…)

Todo esto no quiere decir que los grandes grupos vayan a desaparecer de la circulación, como algunos han sugerido. Lo más probable es que continúen publicando best sellers año tras año y beneficiándose de las ventas de su fondo, construido en tiempos más propicios. Su flujo de novedades va a reducirse a su mínima expresión y a limitarse a los títulos susceptibles de generar beneficios. Es una época difícil para los buenos editores todavía numerosos en estos grupos, que intentan mantener la práctica del oficio que han venido ejerciendo hasta el momento y que consagran lo esencial de su capacidad a mitigar la presión incesante de sus propietarios.

Sin duda ellos estarían de acuerdo en afirmar que los libros que solían publicar y que querrían continuar publicando tienden a ser publicados cada vez más a menudo por las pequeñas editoriales independientes que se han multiplicado en los últimos años en Europa y en los Estados Unidos. (En Italia han aparecido literalmente cientos de nuevas editoriales en los últimos diez años).

Este florecimiento es un signo alentador, sobre todo si tenemos en cuenta que muchas de estas editoriales han sido creadas por jóvenes. Pero ellas se enfrentan a grandes dificultades tanto para lograr un equilibrio financiero como para asegurar su difusión y su distribución. Para aceptar a un editor los grandes distribuidores exigen un volumen de negocio anual importante, lo cual excluye a la mayor parte de las pequeñas editoriales que por esto deben arreglárselas para hacer su propia difusión y distribución’*.

Tras haber enunciado los principales problemas a los que debe enfrentarse hoy en día la pequeña edición independiente, más adelante Schiffrin plantea que las ayudas públicas son el eje alrededor del cual debería articularse una estrategia orientada a su fortalecimiento. Según Schiffrin estas ayudas deberían materializarse en fondos para financiar la edición de proyectos puntuales o la traducción de textos escritos en otras lenguas cuya viabilidad comercial es baja, para pagar el salario de los empleados o el alquiler de las oficinas y para que las bibliotecas públicas incluyan en sus adquisiciones títulos de estas editoriales.

Aunque soy consciente de que ciertas ayudas públicas son críticas para que el desarrollo de algunas iniciativas editoriales sea posible, tengo mis reservas con respecto a una cultura tan altamente subvencionada como la que propone Schiffrin. Además de que no creo que la viabilidad y la sostenibilidad de ningún proyecto privado deban depender de manera significativa de los fondos públicos, cada vez que se convocan y se asignan ayudas oficiales se lleva uno más de una ingrata sorpresa al ver a dónde van a parar esos recursos y lo que se hace con ellos.

Me pregunto qué pensará Schiffrin acerca de las posibilidades y las oportunidades que la emergencia de lo digital les abre a los pequeños editores para encarar no sólo el proceso de edición de sus libros y la construcción de su oferta, sino también aspectos operativos vitales como la comunicación, la promoción y la comercialización —un tema al que estamos dándole vueltas en el grupo “Las estrategias de la edición independiente” de Ediciona, al que todos están invitados a unirse—. Creo que hoy en día la omisión de este tema en un libro que intente dar cuenta de la evolución del sector editorial, de su estado actual y de las dificultades a las que deben enfrentarse algunos de sus segmentos sólo es justificable si, como dicen a menudo los informes de investigación académica, abordarlo ‘rebasa los límites de este trabajo’ —Words & Money, la edición original de L’argent et les mots, salió en noviembre de 2010 (casi al tiempo que la traducción francesa)—.

Más adelante comentaré otros de los temas que Schiffrin aborda en L’argent et les mots con la agudeza y el sentido crítico que lo caracterizan.

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A propósito del estado actual de la edición independiente recomiendo estar atentos a lo que suceda en “Otra mirada, el 1er Encuentro de Librerías y Editoriales Independientes Iberoamericanas” que organiza la librería Cálamo de Zaragoza y que tendrá lugar los próximos días  24, 25 y 26 de febrero (ver el programa). Y para terminar recomiendo leer el comentario sobre “Otra mirada” que Manuel Gil publicó hoy en Antinomias libro, cuyo título es “Paco Goyanes, kamikaze o visionario”.

* nota: gracias a Gabriela Torregrosa por su colaboración en la traducción de este fragmento de L’argent et les mots.