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el boom visto por xavi ayén

Durante las últimas semanas he dedicado una parte importante de mi tiempo libre a la lectura de Aquellos años del boom, de Xavi Ayén (RBA, 2014). Aquellos años del boom ofrece a partir de diversos documentos y testimonios una visión de un fenómeno extraordinario de la literatura latinoamericana que se gestó en los años 1960. Este libro que ganó el Premio Gaziel de Biografías y Memorias 2013 es el resultado del riguroso trabajo de investigación de Ayén, que desde una perspectiva que según las necesidades de cada momento se mueve con fluidez entre la panorámica global y el detalle minucioso demuestra un conocimiento extenso y profundo del boom como fenómeno literario, cultural y político. Cuando veo en mi mesa de noche mi ejemplar de Aquellos años del boom imagino con una fascinación tremenda el conocimiento, el mapa mental, la red de relaciones tanto personales como de datos y hechos, el modo de trabajo y las notas de Ayén —lo que inicialmente fue una intuición lo he confirmado en medio de algunas conversaciones que durante el último año he tenido con Marcel Ventura, nuestro amigo en común que conoce de cerca el making-of de este libro—. Recomiendo leer el artículo “El método Ayén” que Llàtzer Moix escribió hace unas semanas para el especial “Cuando Barcelona hizo boom” del suplemento cultura/s, del diario La Vanguardia.

 

Como autor, la mayor parte del tiempo Ayén parece una figura invisible que de repente se implica personalmente y se expone en su relato cuando éste lo exige. Con respecto al boom dice Ayén en el último párrafo de la introducción de su libro:

 

‘A mí me gusta verlo, sencillamente, como una bonita historia que sucedió en mi ciudad y que acabó, aquel 12 de febrero de 1976, de un modo tan novelesco: con un filete ensangrentado en el ojo de Gabo’.

 

También vemos a Ayén implicado personalmente en su relato cuando dice que ‘el día que el boom llegó a mi ciudad yo todavía no había nacido’, que ‘cuando vine al mundo y, sobre todo, un poco después, la ciudad se convirtió en un parque temático del boom‘ o que ‘a lo mejor me crucé con alguno de aquellos escritores cuando mis padres me llevaban al pediatra, que tenía consulta en el barrio donde todos ellos vivían’. Si quieren conocer el origen de la relación de Ayén con Carmen Balcells o la manera como la agente literaria urdió su encuentro con García Márquez a finales de diciembre de 2005 en México, tendrán que leer Aquellos años del boom.

 

 

 

 

AQUELLOS_AÑOS_DEL_BOOM

 

 

 

Ayén destaca desde el principio la importancia que el libro ha tenido históricamente en Barcelona. Y en los anteriores fragmentos de las primeras páginas de su libro es evidente que para Ayén la ciudad juega un rol protagónico en el desarrollo del boom. A continuación veremos algunos ejemplos en los que se abordan estos dos temas que están estrechamente relacionados.

 

– Sobre la relación entre Barcelona y los libros:

 

‘Junto a la arquitectura de Gaudí y los triunfos deportivos del Barça, hay algo relacionado con el libro que forma parte del complejo ADN de los barceloneses. Los primeros impresores de la ciudad se remontan al siglo XV, poco después de que el invento de Gutenberg fuera introducido en la península Ibérica. La industria editorial es uno de los pilares que permiten a la segunda urbe española disputar la supremacía a Madrid. Barcelona, mediana población mediterránea, es, también, el origen del Día Mundial del Libro, fiesta que se ha expandido por diversos países y que la Unesco universalizó en 1995’.

 

– Sobre la manera como Barcelona atrajo a escritores latinoamericanos anteriores al boom como Domingo Faustino Sarmiento, Rubén Darío, Rómulo Gallegos y José María Vargas Villa:

 

‘Los autores del boom no fueron los primeros latinoamericanos en llegar a la ciudad’.

 

– Sobre el rol de Barcelona como capital cultural latinoamericana:

 

‘Algo sucedió para que en poco más de diez años la ciudad pareciera otra, para que entrados los setenta se convirtiera en la capital de la cultura latinoamericana.

Vargas Llosa recuerda que “autores de toda América Latina llegaban a Barcelona con el sueño de triunfar. Aquí estaban las editoriales que permitían llegar a públicos más amplios que los pequeños sellos que existían en nuestros países de origen. El clima era muy exultante, se vivía la literatura por todos lados, yo mismo fui jurado de diversos premios. Barcelona se convirtió en la nueva capital cultural de América Latina, como lo había sido París para mi generación. Llegaban jóvenes escritores de todos los países, Argentina, Colombia, Perú, Nicaragua… atraídos por el prestigio y la mitología de la ciudad, con fama de abierta, internacional y capaz de lanzar a un escritor al mundo”. El peruano no tiene duda: “El boom nació en Barcelona” porque “solo hubiera podido nacer en una ciudad donde el libro era el rey y en una circunstancia donde la literatura era la reina”‘.

 

– Sobre Barcelona como punto de encuentro para las figuras relacionadas con el boom:

 

‘Sucedieron cosas muy importantes en Buenos Aires, La Habana y México D. F., pero, en la etapa decisiva que va de finales de los años sesenta a finales de los setenta, Barcelona es, en palabras de Carlos Fuentes, “el meollo del asunto”, el lugar de cita de aquella constelación. Además de los escritores, aquí vivían dos elementos clave para que cuajara el boom: Carlos Barral y Carmen Balcells. “Todos lo sabíamos: había que pasar por Barcelona”, a decir de Fuentes’.

 

– Sobre la expansión y el crecimiento de la cuota de mercado de la edición barcelonesa en Latinoamérica:

 

‘El mundo semiclandestino de las editoriales en lengua catalana, por ejemplo, sale entonces a la luz: no solo Edicions 62, también la nueva Proa en 1964, Curial en 1972, Llibres del Mall en 1973 o Quaderns Crema en 1979. Su fuerza coincide con la de sellos en castellano que van a liderar la edición de todo el mundo hispanohablante. Desde aquí se editarán para toda Sudamérica diccionarios, enciclopedias, novelas, y los libros de Seix Barral, de la colección Biblioteca Básica RTVE (Salvat) o los de Bruguera, entre muchos otros, que llegarán a 300 millones de latinoamericanos. En 1967, la más importante editorial argentina se queja de que la competencia editorial que tradicionalmente han mantenido México, Argentina y España se está desequilibrando en favor de los españoles, que producen 13.000 títulos al año, frente a los 5.000 de Argentina y los 4.000 de México’.

 

– Sobre la influencia de Barcelona en los países latinoamericanos:

 

‘La brasileña Piñón asiente y cree que “quizás los propios catalanes no se dan cuenta de la importancia que Barcelona tiene en Latinoamérica’.

 

Es indudable que hoy en día Barcelona sigue siendo un importante centro de toma de decisiones en el mundo del libro en español debido a la presencia en la ciudad de un buen número de agencias literarias, editoriales y librerías que tienen mucho peso en el sector. Y las recientes fusiones y adquisiciones que dan cuenta del proceso de consolidación de la industria editorial que está en marcha actualmente —con protagonistas como Anagrama, Círculo de Lectores, Feltrinelli, Planeta, Penguin Random House, Prisa ediciones, Tusquets, la cadena de librerías La Central o las agencias literarias Carmen Balcells y Wylie— fortalecen la condición de hub de Barcelona en la edición en el ámbito hispanohablante.

 

Si al peso simbólico de la tradición que es fuente de una gran cantidad de mitos le añadimos su condición de punto de encuentro, es fácil entender la capacidad que tiene Barcelona de atraer a personas vinculadas al mundo del libro y a los distintos oficios de la edición. A menudo estas personas trabajan bien sea de manera sucesiva o bien simultáneamente como escritores, lectores, correctores, redactores, traductores, editores, encargados de prensa o periodistas —es bien sabido que en la edición abundan la rotación en los puestos y las colaboraciones externas—. Quizás durante los últimos cinco años Barcelona haya perdido una parte de su capacidad de atraer y retener a estos profesionales tanto locales como extranjeros, muchos de los cuales han optado por irse a buscar oportunidades laborales en otros países como consecuencia de la crisis económica española.

 

Ya veremos si de aquí a unos años Barcelona sigue conservando su posición dominante en la edición en español o si con el tiempo ésta se desplaza hacia otro centro más potente que tenga una influencia a nivel global no sólo en diferentes mercados, sino también en distintos ámbitos lingüísticos. Me pregunto si es posible que en algún momento la influencia histórica y actual de Barcelona se distribuya entre distintos centros de poder ubicados tanto en Estados Unidos como en Latinoamérica.

 

 

 

 

BCN&BOOM

 

 

 

Como puede verse a continuación, Ayén también aborda en Aquellos años del boom cuestiones como el estado de la industria editorial latinoamericana, la relación de fuerzas entre ésta y la española y las dificultades existentes para la circulación de la obra de los autores latinoamericanos en países diferentes del suyo —sería interesante ponerse a la tarea de comparar qué ha cambiado desde entonces en relación con estos tres aspectos—. Estos temas son abordados bien sea mediante observaciones de Ayén o bien a través de diversos testimonios que éste recoge al respecto.

 

– Sobre el boom como un fenómeno global de la literatura escrita en español:

 

‘Que un colombiano residente en México [García Márquez] publicara en Argentina era un indicio premonitorio del nuevo mercado global en español que iba a abrir el boom. Porrúa ya lo veía así, unos meses antes de publicar la novela [Cien años de soledad]:

“Será el primer caso de un narrador que ha comenzado su carrera literaria fuera del país y que va a convertirse en un escritor extranjero editado en la Argentina. Eso yo creo que sucede porque su temática es latinoamericana”‘.

 

– Sobre el estado de la industria editorial argentina a mediados del siglo XX —años antes de que la española se lanzara a la conquista de Latinoamérica mediante ese proceso de expansión al que hace referencia uno de los fragmentos citados anteriormente—:

 

‘”Nos creíamos, sin duda, la capital del boom —certifica Gloria López, nieta del fundador [de Sudamericana]—, nuestra industria editorial era entonces fuerte, la española no tanto, y toda América Latina leía nuestras traducciones, las argentinas, realizadas por nombres como Borges, Cortázar, Aurora Bernárdez, Bianco, Pessoni…”. Se habla del boom editorial argentino no solo porque los grandes autores internacionales se traducen allí sino por su capacidad de influencia en otros países y porque hay un incremento de ventas notable, que Porrúa asocia a “un crecimiento de la clase media a raíz del proceso de industrialización del país, nacen nuevos lectores, sobre todo jóvenes, universitarios”‘.

 

– Sobre la falta de editoriales en ciertas zonas de la región y las dificultades existentes para la circulación de la obra de los autores latinoamericanos en los diferentes países del ámbito hispanohablante:

 

‘Hay también motivos prácticos para que alguien que quiere emprender la carrera de escritor emigre. La América Latina de la época contaba con editoriales en Buenos Aires, Montevideo, Santiago de Chile y México. Y existían enormes trabas para que los libros circularan de unos países a otros, como denunció el mismo Nicanor Parra. El resto era un páramo. Como apuntaba el poeta venezolano Juan Liscano en 1966:

“En la zona que va desde Panamá a Bolivia prácticamente no hay casas editoras, de tal manera que los escritores de esta zona […] hallan enormes dificultades para salir a la superficie porque tienen que encontrar la manera de ser tomados por casas ya sea mexicanas, ya sea del sur del continente”‘.

 

 

 

FIGURAS_DEL_BOOM

 

 

 

Como muchos libros periodísticos y de no ficción en general, Aquellos años del boom puede leerse básicamente de tres formas diferentes —ojo, no estoy haciendo un planteamiento como el hecho por Cortázar en Rayuela ni mucho menos—: linealmente de principio a fin, de manera salteada tras abrir cualquier página al azar y siguiéndoles el rastro a personajes específicos a través del índice onomástico. Durante las dos últimas semanas yo he pasado largas horas leyendo Aquellos años del boom de estas tres maneras y podría pasar muchas más haciéndolo.

 

Ayén construye en Aquellos años del boom un relato ameno, sólidamente articulado y rigurosamente documentado que debería convertirse en una lectura de referencia en cualquier lugar donde se enseñe periodismo cultural e historia de la literatura latinoamericana. Aquellos años del boom es un libro que todo aquel que esté interesado en el periodismo cultural y en la literatura latinoamericana debería leer.

 

Espero que Aquellos años del boom llegue muy pronto a las librerías latinoamericanas para que los lectores de los distintos países de Latinoamérica puedan acceder a él porque se trata de un libro que explora a profundidad y desde perspectivas múltiples un capítulo clave de los últimos cincuenta años de nuestra historia. Para mí que a mediados de los años 1990 me inicié como lector con el boom este libro de Ayén será de ahora en adelante una referencia fundamental. Recomiendo leer Aquellos años del boom lápiz en mano —si alguien está buscando una lectura amena para estas vacaciones, ésta es una buena apuesta—. A quienes compren Aquellos años del boom les aseguro que difícilmente encontrarán una mejor manera de gastarse los 26 euros que cuesta el libro.

 

Quienes quieran leer un fragmento de Aquellos años del boom pueden acceder a través de este enlace a sus primeras páginas gracias a la edición en línea del suplemento Babelia, del diario El País.

librerías y proximidad

Para nadie es un secreto que los actuales son tiempos difíciles para las librerías. De hecho, el discurso sobre la crisis de las librerías —y sobre todas las crisis en general— ya empieza a sonar a lugar común. El origen de la crisis de las librerías se le achaca en distinta medida a diversos factores: la concentración de las ventas en las grandes superficies —El Corte Inglés, Casa del Libro, Fnac, Carrefour, etc.—, el crecimiento del e-commerce, la posición dominante y las malas prácticas de Amazon, la llegada de los e-books y la irrupción de diversos actores provenientes del mundo tecnológico en la venta de éstos —Kindle StoreiBookstoreGoogle PlayKobo, etc.—, los bajos índices de lectura, la creciente importancia tanto de los contenidos no escritos como de los dispositivos conectados a Internet en el uso del tiempo libre o la caída del consumo como consecuencia del mal estado de la economía.

 

A pesar de las dificultades existentes, en ciudades como Barcelona y Madrid mientras algunas librerías cierran otras han abierto. En Barcelona, por ejemplo, recientemente han cerrado Áncora y Delfín, Canuda, Catalonia, Excellence, Espai Proa, Platón y Roquer pero también han abierto Calders, La impossible, La memòria, Nollegiu y varios locales de Re-Read —la cadena low cost, que además ya se implantó en Madrid y Málaga—. A quienes les interese saber lo que viene pasando en este mismo campo en Madrid les recomiendo leer el artículo “El fenómeno de las nuevas librerías madrileñas”, de Paula Corroto. Desconozco en una gran medida lo que está pasando en otras ciudades españolas, así que si alguien tiene información al respecto puede compartirla en la zona de comentarios.

 

 

 

Nuevas librerías barcelonesas

 

 

 

Debido a la lógica y a la evolución del sector retail, en las ventas de libros hay unos pocos gigantes que al acaparar una cuota de mercado enorme vienen quedándose con la mayor parte del pastel. Sin embargo, al mismo tiempo cada vez son más las pequeñas librerías que están construyendo su propia clientela y fidelizándola mediante una oferta de productos y servicios que obedece a sus necesidades e intereses —de la misma manera como la creciente concentración de la propiedad de la industria editorial viene desarrollándose paralelamente al boom de la edición independiente—. Se trata de librerías que están trabajando de una manera que las diferencia de las grandes cadenas o de las tiendas de e-commerce y que están atendiendo públicos a los que éstas no están en capacidad de llegar o que quizás ni siquiera les interesan. En fin, aunque el mercado parezca estrecharse estas librerías están abriéndose un lugar en él.

 

Es verdad que debido en parte a las razones mencionadas en el primer párrafo de esta entrada hoy en día en España las librerías están teniendo serias dificultades para sobrevivir. Pero también es cierto que los habitantes de muchas grandes y medianas ciudades españolas y europeas pueden presumir de tener al alcance de la mano un puñado de librerías de un cierto nivel —algunas excelentes, unas muy buenas y otras menos buenas—. A diferencia de lo que sucede en muchas urbes latinoamericanas y estadounidenses, los habitantes de estas ciudades españolas no sólo viven en un entorno poblado de librerías sino que además normalmente no tienen que recorrer grandes distancias para llegar a ellas. Hace unos meses un amigo mexicano me contó que la librería más cercana a su casa en México D. F. está a unos seis kilómetros de distancia de allí. En la Esquerra de l’Eixample que es el barrio de Barcelona donde vivo, por ejemplo, hay unas cuantas buenas librerías de distintos tipos —varias de ellas especializadas— y no me sorprendería que próximamente abrieran algunas más. Y luego el barrio también cuenta con un buen número de librerías papelerías, cuya oferta se centra sobre todo en best sellers y libros de actualidad que normalmente tienen una rotación bastante alta.

 

Aparte de la calidad de su selección de libros —que en algunos casos supone una cierta especialización—, del ejercicio de un rol prescriptor, de las actividades y espacios que ofrecen o de su singularidad, quizás la proximidad sea una de las cartas que más réditos puede darles a las pequeñas librerías para diferenciarse y posicionarse de cara al resto del sector, a su entorno y a su clientela. Está claro que en el ámbito de las librerías también pueden calar la actitud, las prácticas y el discurso con respecto al comercio de proximidad y pequeño que a menudo se ve en el caso de los productos alimentarios, en el que además el reclamo con respecto al consumo de lo local viene adquiriendo una creciente importancia —que en algún punto quizás llegue a ser equiparable a la adquirida por lo orgánico, lo ecológico o lo biológico, cuyos productores y comercializadores a menudo también apelan a la proximidad del origen de los alimentos, a la ausencia de intermediarios y al uso de prácticas de comercio justo—. Al fin y al cabo por distintas razones de carácter económico, social y cultural no es lo mismo comprar en una pequeña librería de barrio que en un local de una cadena mediana como La Central o Laie, en una gran superficie como Casa del Libro o Fnac o en una plataforma de e-commerce como Amazon.

 

 

 

Productos locales

 

 

 

Su condición de comercio de proximidad puede ser una de las mayores fuentes de ventaja competitiva para las pequeñas librerías que a menudo están en barrios residenciales y no en zonas estrictamente comerciales porque les permite convertirse en un actor fundamental de la vida de sus comunidades. Como lo hacen las verdulerías, los bares, las panaderías, las mercerías, las charcuterías, las peluquerías o las carnicerías, las pequeñas librerías pueden asumir un papel protagónico en la construcción de eso que se conoce como “la vida de barrio”. El colectivo Llibreters de Gràcia es un caso interesante no sólo del papel que desempeñan las librerías en la construcción de la vida de barrio, sino también de la importancia que tiene la puesta en marcha de iniciativas colectivas por parte de actores de un mismo gremio y/o sector.

 

Las librerías están frente a la oportunidad de jugar un rol clave en la dinamización cultural tanto de las ciudades como de su entorno más inmediato. Una librería puede ser el escenario de toda una serie de actividades relacionadas con el libro, la lectura o los temas asociados a la oferta que hay en sus estanterías —lo cual es muy claro cuando hay una especialización determinada como en el caso de Abracadabra o de Le Nuvole en Barcelona—. Por otro lado, el caso de una librería como Pequod Llibres es la demostración de que un espacio minúsculo puede albergar una intensa actividad cultural y convertirse en un dinamizador de su entorno próximo.

 

 

 

I didn't buy it on Amazon

 

 

 

El establecimiento de un contacto estrecho y de una relación fluida con su clientela es una de las claves para el buen ejercicio de un rol prescriptor por parte del librero. Quizás las pequeñas librerías de barrio tengan una mayor facilidad para entablar un contacto y una relación de estas características que permitan acceder a un conocimiento profundo de las necesidades y los intereses de los clientes y distinguir aquellos finos matices que seguramente los algoritmos más complejos no están en capacidad de captar. En estos tiempos en los que las grandes superficies, la dependencia de los dispositivos móviles a la hora de relacionanos con el entorno tanto social como físico y de usar nuestro tiempo libre, el e-commerce, las comidas rápidas, los productos y servicios low cost o el turismo masivo tienden a imponerse, también ganan cada vez más terreno el consumo de productos y el comercio locales o el movimiento slow —que no debe gustarles nada a los inventores de Spritz, la aplicación que permite leer mil palabras por minuto—.

 

Así como a la industria editorial se le acusa de sobreproducir, vale la pena preguntarse si en España actualmente hay demasiadas librerías y qué tan óptima es la distribución geográfica de éstas —porque no es lo mismo vivir en una ciudad grande o mediana que en un pequeño pueblo—. La búsqueda de posibles respuestas a estas preguntas debería no sólo tener en cuenta los índices de lectura y de compra de libros, sino también examinar estos datos en el actual contexto de crisis económica y de cambio de paradigma en la edición.

 

Antes de terminar aprovecho para destacar la iniciativa Yo amo mi librería promovida por Txetxu Barandiarán, que invita a construir de manera colaborativa un mapa de librerías.

 

 

 

Llibreters de Gràcia

 

 

 

Finalmente, para complementar la reflexión recomiendo la lectura de los siguientes artículos:

 

– “¿Defender a todas las librerías?”, de Txetxu Barandiarán.

“Mapa de librerías independientes en España (1): las demasiadas librerías” y “Mapa de librerías independientes en España (2): líderes del absurdo”, de Bernat Ruiz Domènech.

– “Que no nos expropien el concepto de librería”, de Lucía Lijtmaer.

– La serie “Librerías con encanto”, de la revista Jot Down —cuya autora es Raquel Blanco—.

centros, periferias, redes y hubs

Una de las cosas que más me gustaron de Barcelona cuando llegué en marzo de 2005 fue tener la sensación de estar en una ciudad que ocupaba un lugar central en el mundo del libro, que a mí me interesaba desde hacía tiempo. Si a primera vista la gran calidad de la oferta de algunas librerías de la ciudad —las primeras que conocí fueron La CentralLoring art, Medios y Áncora y Delfín, que cerró en enero de 2012— y la intensa actividad cultural que había en ésta me transmitían esa sensación, la presencia de un buen número de editoriales, agencias literarias, autores y profesionales de la edición no hacía otra cosa que reforzarla. Al principio de vez en cuando me sorprendía ver en la calle a algún escritor que admiraba —recuerdo la emoción de unos amigos franceses que estaban de visita cuando vieron a Enrique Vila-Matas entrando al final de la tarde de un lunes de invierno al café de La Central del Raval—. Y durante mis primeros meses en Barcelona conocí a través de mi reducido círculo de amigos a varios jóvenes editores, traductores, diseñadores, fotógrafos e ilustradores, muchos de los cuales trabajaban como freelances o habían montado con algunos colegas sus pequeños estudios independientes. El entusiasmo y la ebullición que se respiraban en el ambiente durante mis primeros años en Barcelona contrastan radicalmente con el aumento progresivo del malestar, de la preocupación, de la incertidumbre y del pesimismo que viene provocando la crisis —cuyos últimos episodios en la escena local son el anuncio del próximo cierre de las librerías Catalonia y Proa Espais—.

 

Después de vivir toda la vida en una ciudad como Bogotá que en mi órbita de intereses se encontraba en una posición más bien periférica, había llegado a una que estaba en pleno centro. Recién llegué a Barcelona vivía a tres calles de la sede de Planeta y trabajaba al lado de la de Random House Mondadori, dos de los grandes grupos de los que sale un alto porcentaje de la producción editorial del mundo hispanohablante, que están presentes en casi todos los países de éste y algunos de cuyos sellos publican a varios de mis autores favoritos —es decir, que de repente estaba muy cerca de un centro de toma de decisiones estratégico en un ámbito con el que yo aún no tenía vínculos y que me resultaba bastante atractivo—. Esta sensación de estar en el centro se derivaba no sólo de la amplitud y de la diversidad de la oferta que había en las librerías barcelonesas, sino también del hecho de saber que la sede de muchas de mis editoriales favoritas estaba en Barcelona: Acantilado, Anagrama, Gedisa, Gustavo GiliLumen, Mondadori, Paidós, Seix Barral o Tusquets —en ese momento todavía no conocía algunas jóvenes editoriales independientes que me gustan mucho como BaratariaGlobal Rhythm PressLibros del Asteroide, Melusina o minúscula, aún no habían aparecido muchas otras de las que existen actualmente y yo no había descubierto el mundo de la edición en catalán—.

 

En síntesis, había llegado a una ciudad donde se hacen, de donde vienen y donde se encuentran los libros. Si me hubieran interesado las comunidades indígenas del Amazonas, los mercados financieros, el derecho internacional, los estudios poscoloniales o la política comparada, obviamente la sensación habría sido otra y es bastante probable que en Barcelona me hubiera sentido en un lugar periférico.

 

 

Quizás la dualidad centro-periferia no ofrezca muchos elementos para explicar la realidad del mundo hiperconectado en el que vivimos hoy en día —de hecho, me hace pensar directamente en la teoría de la dependencia que hacia 1998 todavía enseñaban con entusiasmo algunos de mis profesores de Ciencia Política—. Gracias a las herramientas de comunicación que actualmente tenemos a nuestra disposición y a las redes sociales ahora podemos no sólo establecer conexiones bien sea directamente o bien sin mayores mediaciones externas, sino también acceder a una amplia gama de contenidos a un coste relativamente bajo —incluso si se trata de oferta gratuita en algún momento terminamos pagando por los dispositivos, por el acceso a los medios de comunicación (radio, televisión, Internet, etc.) y por el consumo energético—.

 

Tiendo a pensar que actualmente nuestro lugar de residencia sólo tiene una importancia relativa debido a que estamos en capacidad de enterarnos muchas veces en tiempo real o al cabo de unos cuantos minutos de lo que está pasando en prácticamente cualquier lugar del mundo, de ser testigos de lo que sucede en un montón de eventos sin estar presentes o de asistir a ellos virtualmente y de acceder a través de una plataforma de comercio electrónico a muchos productos que no están disponibles en las tiendas físicas de nuestro entorno próximo —como mínimo en dos o tres días si son bienes materiales y de manera inmediata si son digitales—.

 

Aunque es cierto que en muchos casos las herramientas y las plataformas de comunicación que usamos cotidianamente —correo electrónico, mensajería instantánea, redes sociales, telefonía móvil o sobre IP (VoIP), etc.— no son un sustituto lo suficientemente óptimo ni de la presencia física ni de la interacción o del contacto en persona, también es verdad que a menudo contribuyen a favorecer el establecimiento y el mantenimiento de relaciones, a reducir las brechas y a permitir el acceso a aquello que no está al alcance de la mano en el mundo analógico. Ciertas relaciones que se establecen debido a la existencia de afinidades o de inclinaciones, aficiones e intereses compartidos pero que no necesariamente suponen la creación de un vínculo emocional o de amistad en el plano personal hoy en día son posibles gracias a la desintermediación, a la virtualización y a la descentralización que permiten y propician algunas herramientas y plataformas de comunicación cuyo uso cada vez es más extendido.

 

 

 

 

 

En este contexto puede ser más pertinente pensar en términos de redes y hubs que de centros y periferias. Se puede estar en las redes como observador pasivo pero para conseguir ocupar un lugar sobresaliente y jugar un rol destacado en ellas es necesario contribuir con ideas, preguntas, observaciones, opiniones o propuestas que les aporten algún valor a sus otros miembros, cuyo reconocimiento más o menos consensuado es la fuente de la que se deriva la autoridad. Si hoy en día un autor, agente, editor, librero, líder de opinión, lector, redactor, corrector, traductor, diseñador, maquetador, ilustrador, fotógrafo o cualquier otro actor que intervenga en la cadena de valor del libro quiere formar parte de una red y apoyarse en la dinámica de ésta para darse a conocer o para promocionar su marca, sus productos y sus servicios debería plantearse algunas preguntas fundamentales*:

 

– ¿A cuál(es) red(es) pertenezco?

– ¿En qué escenarios analógicos y plataformas virtuales se desarrolla de manera tanto permanente como esporádica la dinámica de funcionamiento de esta(s) red(es)?

– ¿Cuáles son los rasgos que caracterizan la dinámica de funcionamiento de esta(s) red(es) y las normas que la rigen?

– ¿Cuáles son los factores que definen mi pertenencia a esta(s) red(es)?

– ¿Qué sentido tiene para mí pertenecer a esta(s) red(es)?

– ¿Qué beneficios me reporta la pertenencia a esta(s) red(es)?

– ¿Cómo debo gestionar mi presencia en la(s) red(es) a la(s) que pertenezco?

– ¿Qué recursos y en qué volumen debo asignar a la gestión de mi presencia en la(s) red(es) a la(s) que pertenezco?

– ¿Qué aporto yo en la(s) red(es) a la(s) que pertenezco?

– ¿Cuál es el valor que los miembros de la(s) red(es) a la(s) que pertenezco les asignan a mis aportes?

– ¿Qué autoridad tengo en la(s) red(es) a la(s) que pertenezco según el valor que sus otros miembros les asignan a mis aportes?

– ¿Cuál es el valor de mis conexiones tanto para mí como para los otros miembros de la(s) red(es) a la(s) que pertenezco?

– ¿De qué maneras puedo rentabilizar mi pertenencia a la(s) red(es) y los aportes que hago en ella(s)?

– ¿Cuánto debo esperar para que las acciones que hago en la(s) red(es) a la(s) que pertenezco me generen un retorno?

– ¿De qué formas y a través de qué vías puede llegar ese retorno?

– ¿Cómo puedo medir el retorno de las acciones que hago en la(s) red(es) a la(s) que pertenezco?

 

Toda persona u organización que ya tenga un cierto reconocimiento y un buen posicionamiento en su mercado ya tendrá un terreno ganado cuando quiera empezar a formar parte de una red y a participar en su dinámica. Además de la asociaciones profesionales y las organizaciones gremiales, las ferias del libro, los festivales literarios y otro tipo de eventos de carácter cultural son escenarios en los que la dinámica de red se pone en funcionamiento. Y luego están los entornos de generación Web 2.0, por supuesto. De ahí la importancia estratégica de eventos como la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), el Festival Internacional de Literatura en Buenos Aires (FILBA), el Festival Eñe, los Hay FestivalKosmopolis, la Semana Negra de GijónBCNegra o LéaLA y de plataformas de generación Web 2.0 como Facebook, Twitter, LinkedIn, Google+, YouTube, Vimeo, Flickr o Pinterest, que constituyen puntos de encuentro para personas y organizaciones que se encuentran dispersas y que coinciden en las redes.

 

 

 

 

 

“Drawing the Global Map of Publishing Markets 2012”

International Publishers Association (IPA)

 

En un mundo hiperconectado en el que el comercio internacional y la circulación de personas de un país a otro no dejan de intensificarse, en el que hay una tendencia hacia la desintermediación, en el que lo digital está creciendo y echando raíces, en el que las barreras de entrada para convertirse en agente editor cada vez son más bajas y en el que cualquier autor que eche mano inteligentemente de ciertas herramientas de difusión y promoción puede hacer que su producción llegue a un público amplio es indudable que las redes están llenas de oportunidades y que vivir al margen de ellas supone no sólo condenarse a un cierto aislamiento, sino también aniquilar de antemano la viabilidad de muchas iniciativas interesantes y atractivas.

 

* nota: este planteamiento aplica para todo tipo de personas u organizaciones independientemente del sector al que pertenezcan.

vídeo de la mesa redonda barcelona capital editorial [ 1 / 2 ]

Los chicos de canal-L televisión me enviaron la primera parte del vídeo de la mesa redonda Barcelona capital editorial, organizada por Casa Amèrica Catalunya. Aquí va para complementar las anotaciones que hice hace un par de días.

 

 

 

Gracias al equipo de canal-L televisión.