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Sábado, septiembre 8, 2007 categorizado bajo lecturas de fin de semana, literatura colombiana, literatura contemporánea

lecturas de fin de semana [ 45 ] / ‘más best seller que gran literatura’

Tal vez la investigadora y escritora Luz Mary Giraldo sea la persona que ha hecho los estudios más rigurosos y sistemáticos sobre la evolución de la narrativa colombiana contemporánea y el estado de ésta en distintos momentos. Entre sus trabajos sobre este tema se destacan los estudios Narrativa colombiana: búsqueda de un nuevo canon y Fin de siglo. Narrativa colombiana, así como las antologías de relatos Nuevo cuento colombiano. 1975-1995, Cuentos de fin de siglo, Cuentos caníbales, Ellas cuentan y Cuentos y relatos de la literatura colombiana.


A continuación reproduzco un interesante artículo bastante crítico a propósito de los rasgos que caracterizan la escritura de los autores jóvenes colombianos que escribió Luz Mary a propósito de Bogotá 39 y que fue publicado en la edición de esta semana de la revista Cambio.


Más best seller que gran literatura

Por Luz Mary Giraldo

Es frecuente oír, sobre todo a través de los medios, que la literatura colombiana “goza de buena salud” porque es exitosa en publicidad y ventas. La reciente convocatoria al encuentro internacional de escritores llamado Bogotá 39, realizada por la Secretaría Distrital de Cultura y Hay Festival, obedeciendo al reconocimiento de la UNESCO a Bogotá como Capital Mundial del Libro, de manera particular propuso, quizá caprichosamente, reunir autores menores de 39 años de diversos países de Latinoamérica, para tomarle el pulso a la literatura. Fue evidente la ausencia de poetas, dramaturgos o ensayistas, confirmando así la hegemonía de un género que muchos aprovechan para hacer de su biografía materia literaria, antes que asumir el carácter reflexivo, crítico o meditativo que exigirían los otros géneros o autores.


Sin duda el encuentro fue interesante: escritores con mayor o menor número de publicaciones no solo tuvieron la oportunidad de conocerse entre sí sino la de presentarse en diversos escenarios y ante distintos públicos, dejando ver inquietudes comunes y manifestando algunos claridad sobre cómo, por qué, para qué y sobre qué escriben. Si se hiciera un balance más amplio de lo que está pasando en la literatura colombiana, es necesario reconocer la existencia de los otros géneros e ir más allá de las edades de unos autores.


Si tomamos como paradigma el boom narrativo latinoamericano que en la década de los 60 definió la literatura a partir de unos autores claramente comprometidos con las ideas revolucionarias de entonces, es claro percibir en ellos conciencia de la historia, necesidad de buscar y experimentar nuevos lenguajes, de construir ficciones a partir de realidades concernientes a todos, y de reconocerse en sus propios países y ante el mundo. Estimulados por lectores universitarios, traductores y críticos y, según señalaron autorizados escritores y estudiosos, fueron inicialmente convocados por una destacada editora y un notable escritor, a partir del deseo de internacionalizar la novela latinoamericana, agregando también que era necesario aprovechar el vacío literario que había en Europa y Norteamérica. Como a las fiestas, encuentros o congresos no fueron invitados todos los autores, algunos de los “desconocidos” no sólo vivieron la injusticia poética, sino hicieron un silencioso camino, mientras otros contando con más fortuna han logrado, especialmente en los espacios académicos o gracias a lectores rigurosos, ser rescatados del olvido.


En el caso colombiano, Gabriel García Márquez (autor del boom) y Álvaro Mutis son definidos como figuras tutelares de la narrativa colombiana. La crítica o sus lectores no vacilan en aceptar de manera reverencial sus escritos. Dolorosamente algunos de sus contemporáneos no han logrado o no lograron merecido reconocimiento nacional o internacional. Mirando las últimas décadas, es necesario subrayar que en Colombia existen, como en Latinoamérica, autores que deslindados del boom o del macondismo, se dieron a la tarea de explorar en la vida y la experiencia de la ciudad y sus individuos, en la historia y sus procesos, en las diversas formas de pensamiento y escritura, llegando a ser, como lo dijera a mediados de los 70 y vaticinadoramente el crítico uruguayo Ángel Rama, “contestatarios del poder”. Críticas e irreverentes, sus ficciones no siempre apelan a un lector corriente ni hacen concesiones: participan de la crisis de la modernidad y les corresponde vivir el desencanto de las utopías, lo que claramente se percibe en esas obras que indagantes reflejan nexos con la tradición, experimentan e ironizan, expresan la interioridad y juegan con diversos recursos que les permitan la creación de entes de lenguaje y seres de ficción.


Con el paso del tiempo a algunos interesa menos lo experimental y acuden a relatos que reflejan la tensión y el estado alarmante de nuestra realidad y cultura, haciendo señalamientos a la crisis de valores y del lenguaje. Si el cine europeo neorrealista y existencialista incidía en las visiones de mundo de los anteriores, el periodismo, la literatura negra, el llamado realismo sucio, el vértigo del cine contemporáneo, la música en sus variantes del rock o del pop, la cibernética, la velocidad, entre muchas de las formas actuales de expresión, rigen su cotidianía y sus expresiones literarias.


Con pocas excepciones, los menores de 39 y otros “mayorcitos”, llamados “hijos de los hippies” por uno de los invitados al último encuentro, responden en general al espíritu del presente: renuncian a los grandes pensamientos y a las exploraciones estilísticas. Escépticos antes que desencantados, exponen la realidad desde su experiencia o biografía, al apelar a temas destacados por el periodismo rojo o amarillista, contribuyendo así al interés de la cultura masiva que las editoriales y los medios facilitan en búsqueda de un mercado en el que lo que importa es lo que se vende.



Todo autor quisiera ser best seller. Pero no a todos los autores les interesa hoy escribir la obra literaria. En la perversa ley del mercado es más importante lo que más venda, situación problemática si define políticas culturales cuando no se cuestiona si todo lo que brilla es oro. Me viene a la memoria un comentario que le oí hace varios años a una reconocida escritora, cuando afirmó que quería hacer una literatura no para la posteridad sino para vivir más que decorosamente, así fuera escribiendo guiones para telenovelas o seriados, o relatos sobre temas que llamaran la atención de un público amplio. Optó por lo último y le va muy bien. Recuerdo, también, lo que en alguna mesa redonda de escritores de diversa trayectoria, afirmara hace un tiempo uno de los autores que asistió a Bogotá 39: “a mí me gusta escribir y si eso da billete, mejor todavía”. Juzguen los lectores. Esto sucede hoy cuando otros autores nuestros y de otros contextos conservan una actitud contestataria radical y no hacen pactos con la sociedad de consumo

summertime [ 34 ] / bogotá 39

Con motivo del evento Bogotá, capital mundial del libro 2007, se abre la convocatoria Bogotá 39 en la que un jurado compuesto por los escritores colombianos Héctor Abad, Óscar Collazos y Piedad Bonnett elige a los 39 mejores escritores latinoamericanos menores de 39 años. El listado de autores seleccionados fue dado a conocer el pasado 26 de abril durante la Feria del Libro de Bogotá.


En principio Bogotá 39 puede llegar a cumplir tres objetivos fundamentales:


1. Darle relevancia al evento Bogotá capital mundial del libro 2007 marcando un antes y un después en la narrativa latinoamericana contemporánea mediante la etiqueta “generación Bogotá 39”


2. Proponer un canon dentro de la nueva generación de autores contemporáneos de América Latina


3. Darles visibilidad a los autores seleccionados y, por lo tanto, echarles un empujón a las ventas de sus libros —algunos de ellos creados especialmente para la ocasión como la compilación de relatos de autores colombianos Calibre 39, de Villegas editores, y la Antología del cuento latinoamericano, de Ediciones B—


La semana pasada los escritores que forman parte de Bogotá 39 participaron en una serie de eventos en la capital colombiana que acapararon la atención de los medios y que dieron pie para algunos pronunciamientos con respecto a la convocatoria y a los autores seleccionados. Entre estos pronunciamientos se destacan los siguientes:


- La columna de Ana Roda, gerente de Literatura del Instituto Distrital de Cultura y Turismo —que tiene un tono marcadamente institucional—, en las Lecturas Dominicales de el periódico El Tiempo


- El texto de la escritora y profesora Piedad Bonnett, quien fue uno de los miembros del jurado, en la revista piedepágina


- Las opiniones expresadas por Diego Trelles Paz, Edmundo Paz Soldán, Fernando Iwasaki, Jesús Ernesto Parra, Jorge Carrión, Julio Ortega, Luis Fernando Afanador, Ramón González y Salvador Luis en la revista piedepágina


- El texto “Los asesinos prudentes“, de la ensayista y traductora Margarita Valencia ex gerente de Bogotá, capital mundial del libro 2007 y actual directora de la Biblioteca Nacional de Colombia en la revista Arcadia


Anteriormente me había referido a la convocatoria Bogotá 39 en las siguientes entradas:


- lecturas de fin de semana [ 9 ], ‘bogotá 39′

- calibre 39: una antología de relatos de quince jóvenes escritores colombianos, entrevista a luis fernando charry, de villegas editores

- lecturas de fin de semana [ 27 ], ‘hay que abrirles campo’

lecturas de fin de semana [ 27 ] / ‘hay que abrirles campo’

El escritor colombiano Héctor Abad Faciolince, que fue uno de los jurados de la convocatoria Bogotá 39 —a la que me referí a finales de abril y a mediados de mayo—, publicó en la página de cultura de Página/12 un artículo sobre la actualidad literaria latinoamericana y sobre lo que presupone la escogencia de 39 escritores latinoamericanos menores de 39 años teniendo en cuenta la sensibilidad de nuestra época y la influencia de las nuevas tecnologías de la información sobre ésta.


Hay que abrirles campo

Por Héctor Abad Faciolince


La literatura no es como el deporte o la farándula, donde la juventud es un requisito esencial: dejas de ser joven y dejas de ganar carreras y de aparecer en MTV. La actualidad literaria de algunos octogenarios (Saramago, Gordimer, Szymborska, García Márquez) así lo demuestra. La literatura es un larguísimo maratón que dura toda la vida, no una carrera de cien metros planos. Sin embargo, este oficio tampoco puede estar dominado por una gerontocracia que define los nombres y los gustos. Como el mundo cambia tan aceleradamente en los últimos decenios, expresar las sensibilidades del presente requiere una constante renovación generacional. En El amor en los tiempos del cólera las relaciones amorosas avanzaban a través de mensajes enviados por telégrafo. Un amor de hoy va por mails, por teléfono, chat, sms, emoticones y melodías que viajan de celular a celular… De esa otra sensibilidad el portavoz difícilmente será alguien que sólo escribe a máquina. Mark Twain fue un pionero, el primer novelista que entregó a las editoriales sus libros escritos a máquina. Algunas cosas cambian y otras permanecen. Los sentimientos quedan, hasta las palabras para expresarlos se repiten, pero el medio y la sensibilidad se renuevan.


Para que nos cuenten cómo es eso, o si no hay ningún cambio, se juntan y se convoca a los escritores más jóvenes de América latina que ya hayan publicado al menos un libro destacado. La revista Granta lo hace en Inglaterra y en Estados Unidos. De vez en cuando publica antologías con límite de edad, en narrativa (y podría hacerse también en poesía), para esquivar la tiranía de los ancianos de la tribu. Queremos ver qué proponen los nuevos. Hay que abrirles campo. Además, en este caso, se mantienen así abiertos los vasos comunicantes entre los países latinoamericanos. Si los políticos y la economía no unen a nuestros países, al menos la cultura tiene que tener ese poder vigoroso de borrar nuestras fronteras, que son mucho más artificiales que reales.


La geografía, la historia, la lengua compartida nos obligan a estar juntos, a enriquecernos con las ideas, hallazgos e iniciativas del vecino. Aprender consiste en intercambiar, en crecer gracias a lo que al otro se le ocurre. Ponemos a circular ideas, estilos, propuestas literarias. Eso queremos. Que haya una gran reunión de 39 jóvenes escritores latinoamericanos menores de 39, dentro de unos meses en Bogotá. Esperamos que el jurado haya tenido buen olfato, dentro de otros 20 años nos juzgarán a ver si lo tuvimos o no. Si entre estos 39 narradores no hay un gran escritor, uno solo, dentro de 20 años entonces habremos fracasado en el intento, y ojalá ya no estemos aquí para pagarlo. Pero también dependemos de los vasos comunicantes que nos ayuden a crear el periodismo, las editoriales, los agentes, los lectores, los privados. Tratamos de ver todo aquello que se nos propuso con un espíritu abierto, amplio y generoso, más atento a los valores literarios que a los publicitarios.


¿Qué encontramos? Una serie de islas, un archipiélago con leves aires de familia: narrativa urbana, sexo, drogas, pero también historia. Prosa nerviosa, algo histérica, pero también morosa y preocupada por la contención formal y el cuidado de las palabras. No quisimos privilegiar ningún estilo. Nos dejamos guiar por el propio gusto, pero también por los gustos ajenos, pues no podemos saber si platos que nos parecen hoy ásperos al paladar, serán los preferidos de mañana.

Miércoles, mayo 16, 2007 categorizado bajo edición, editores independientes, literatura colombiana, literatura contemporánea

calibre 39: una antología de relatos de quince jóvenes escritores colombianos / entrevista a luis fernando charry, de villegas editores

Desde hace varios años Villegas editores —fundada en 1985— ha venido ganándose un merecido reconocimiento en Colombia y en algunos otros países por el cuidado con el que son editados sus libros ilustrados de gran formato, que han terminado por convertirse en una especie de insignia nacional. En 2000 esta editorial decidió empezar a publicar una serie de colecciones rústicas de bolsillo que incluye textos tanto de interés general como literarios. Aprovechando la coyuntura de la convocatoria Bogotá 39 —de la cual hablé el pasado 28 de abril—, Villegas acaba de publicar en su colección Turquesa una antología de relatos de quince autores colombianos menores de 39 años cuyo nombre es Calibre 39.


El escritor y editor Luis Fernando Charry nos habla acerca no sólo del origen de la idea de hacer esta antología, sino también de la diversidad de registros que hay en las voces que ésta recoge —entre las que se encuentran Juan Álvarez, Andrés Burgos, Juan Esteban Constaín, Antonio García, Adriana Jaramillo, Ricardo Silva y Antonio Ungar. Si de antemano es evidente que las trayectorias de estos quince escritores son bastante distintas, según Charry su registro, sus temas y los mundos que construyen también lo son.


Martín Gómez: ¿Cuándo y por iniciativa de quién surge la idea de publicar Calibre 39?


Luis Fernando Charry: A finales del año pasado estuve hablando con Benjamín Villegas sobre la posibilidad de hacer una antología de autores colombianos menores de 39 años. La idea, por supuesto, era jugar un poco con los 39 menores de 39 a nivel latinoamericano.


M.G.: ¿Cuáles son las motivaciones que condujeron a la publicación de Calibre 39?


L.F.Ch.: En principio ha sido parte de los proyectos literarios de la editorial de este año. Por otro lado, la antología se podría entender como la conformación casi definitiva de un ‘grupo’ de escritores más o menos jóvenes —tal vez faltan y sobran un par— y más o menos decorosos que están tratando de escribir su propia obra.


M.G.: ¿Cómo fue el proceso de selección tanto de los autores como de los textos incluidos en Calibre 39 y quiénes participaron en él?


L.F.Ch.: El único requisito era que todos los autores incluidos hubieran sido publicados en libro anteriormente. En este proceso participaron los editores de Villegas y Roberto Rubiano Vargas, quien es el autor del prólogo.


M.G.: ¿En qué se diferencia Calibre 39 de otras antologías como Cuentos caníbales, Cuentos y relatos de la literatura colombiana, ¡Aaaaahhhhh…! o Fricciones urbanas?


L.F.Ch.: En lo fundamental: es un libro de editor, no de autor. O sea, no es lo mismo aparecer en Planeta que aparecer en Villegas. Cada editorial tiene —o al menos eso me gustaría creer— su propio temperamento.


M.G.: ¿Cuáles son los diferentes registros tanto narrativos como temáticos que encuentra en los textos y autores incluidos en Calibre 39?


L.F.Ch.: Hay quince tonos distintos, quince temáticas distintas, quince mundos distintos. De eso habla Rubiano en el prólogo. Y tal vez eso justifica su existencia: la diversidad del panorama permite que el lector se maree menos. Eso es lo bueno de las antologías: lees lo que te interesa y punto. Claro, lo anterior se aplica a los buenos lectores.


M.G.: ¿Encuentra algunos elementos en común entre los autores incluidos en Calibre 39?


L.F.Ch.: Ninguno.


M.G.: ¿Hasta el momento cómo ha sido la recepción de Calibre 39?


L.F.Ch.: En cuanto a la crítica, hay dos bandos: aquellos que están a favor de la selección y aquellos que están en contra. En cuanto a las ventas, se mueve bastante bien.


M.G.: En Colombia desde hace ya muchos años Villegas editores es una institución en el mercado de los libros ilustrados. ¿En qué momento y por qué la editorial decide crear colecciones en otros campos que implican una diversificación de sus actividades?


L.F.Ch.: Esta pregunta se la podría formular a Benjamín Villegas. Supongo que tiene que ver con su modo de ver el mundo editorial y su propia vida: Benjamín es un tipo infatigable, que siempre —y cuando digo siempre estoy hablando de cualquier día de la semana, de cualquier hora del día o de la noche— está pensando en sus proyectos. En algún momento de descuido, supongo, mientras terminaba de diseñar un libro de gran formato, se le debió ocurrir sacar un par de colecciones literarias. Y al día siguiente, no me cuesta creerlo, se puso en la tarea.


M.G.: ¿Villegas editores prevé seguir apostándole a incluir en su catálogo libros de narrativa de autores jóvenes?


L.F.Ch.: Por supuesto que sí.


M.G.: ¿Podría mencionarnos algunos autores y/o libros que le gustaría incluir en el catálogo de la colección de narrativa?


L.F.Ch.: De autores extranjeros hay un montón que me gustaría publicar. La lista sería bastante larga. De los colombianos me gustaría publicar a Juan Esteban Constaín, por ejemplo. De todas maneras, estamos recibiendo propuestas.

lecturas de fin de semana [ 9 ] / ‘bogotá 39′

Hace dos días en la Feria del Libro de Bogotá el jurado de la convocatoria Bogotá 39 —compuesto por los autores colombianos Piedad Bonnet, Oscar Collazos y Héctor Abad Faciolince— dio a conocer los nombres de los 39 escritores menores de 39 años más importantes del momento en América Latina. Esta convocatoria fue realizada por la organización tanto del Hay Festival que tuvo lugar en Cartagena hace un par de meses como de Bogotá Capital Mundial del Libro 2007. El listado es, según sus organizadores, “el resultado de una amplia convocatoria a nivel latinoamericano en la que los lectores, las editoriales, los agentes literarios y los escritores mismos postulen a sus escritores candidatos menores de 39 años y, por supuesto, una ocasión para leer y dialogar con la narrativa latinomericana actual”.

Sin lugar a dudas, al prescribir un catálogo de autores una iniciativa de este tipo contribuye a la configuración de un canon de la narrativa contemporánea, a orientar a los lectores y a redefinir los intereses de la industria editorial. De igual manera, les da una mayor visibilidad a los 39 autores elegidos —de quienes se empezará a hablar mucho en los medios, lo cual hará que sus nombres empiecen a ser cada vez más familiares para los lectores y, por lo tanto, muy seguramente repercutirá sobre las ventas de sus libros— y puede terminar por ir condenando lentamente al olvido a los que se han quedado por fuera del listado.



A continuación reproduzco la información —bastante incompleta y no pocas veces imprecisa, por cierto— que publicó el periódico El Tiempo con respecto a cada uno de los 39 seleccionados:

- Andrés Neuman, de Argentina
30 años. Sus novelas Bariloche (1999) y Una vez Argentina (2003) fueron finalistas del Premio Herralde de Novela.

- Pedro Mairal, de Argentina
37 años. Publicó obras como Tigres como los pájaros (Mención Premio Fortabat), Una noche son Sabrina Love (Premio Clarín de Novela). Su última publicación, Consumidor final.


- Gonzalo Garcés, de Argentina
33 años. Dos novelas publicadas: Diciembre y Los impacientes, con la cual ganó el Premio Biblioteca Breve.


- Rodrigo Hasbún, de Bolivia
27 años. Obtuvo el Premio Nacional de Literatura Santa Cruz de la Sierra en 2002 y en 2006 publicó el libro titulado Cinco.


- Veronica Stigger, de Brasil
34 años. Su obra más exitosa es O trágico e otras comédias


- Santiago Nazarian, de Brasil
30 años. Ganador del Premio Fundación Conrado Wessel de Literatura en 2003 con su obra Olivio.


- Adriana Lisboa, de Brasil
37 años. Recibió el Premio José Saramago (2003, Portugal). Sus obras más importantes son: Os fios da memoria, Sinfonía en Bronco y Caligrafías.


- João Paulo Cuenca, de Brasil
29 años. Ha publicado novelas como Cuerpo presente (2003) y ha participado en antologías como Paralelos y Prosas cariocas, entre otras.


- Alejandro Zambra, de Chile
32 años. Poeta también, es autor de una primera novela titulada Bonsái publicada por Anagrama.


- Alvaro Visama, de Chile
32 años. Ha escrito Postales urbanas y Zona cero, ejerce como crítico literario para varios medios de comunicación de su país.


- Juan Gabriel Vásquez, de Colombia
34 años. Ha publicado tres novelas, entre ellas Los informantes, que ha comenzado a ser traducida en varios países.


- Antonio Ungar, de Colombia
30 años. Ha publicado un libro de relatos cortos, titulado Trece circos comunes, De ciertos animales tristes, Zanahorias voladoras y Las orejas del lobo.


- Ricardo Silva, de Colombia
32 años. Poeta, autor de teatro, ha publicado en narrativa: Relato de Navidad en la Gran Vía y Parece que va a llover.


- Pilar Quintana, de Colombia
35 años. Cosquillas de lengua fue su primera novela. Acaba de publicar Coleccionista de polvos raros.


- John Junieles, de Colombia
37 años. Ha publicado Papeles para iniciar el fuego, Temeré por mí al terminar estas líneas y Con la luz que me queda basta.


- Antonio García, de Colombia
35 años. Ganador del Premio Iniciativa Artística Rolex para Mentores y Discípulos en el que trabajó un año con el escritor Mario Vargas Llosa. Ganador del Premio Rolex de Novela, ha escrito Su casa es mi casa y Recursos humanos.


- Karla Suárez, de Cuba
38 años. Su primera novela, Silencios, fue galardonada con el Quinto Premio de Lengua de Trapo.


- Ena Lucía Portela, de Cuba
35 años. Ha escrito El pájaro: pincel y tinta china; El viejo, el asesino y yo, Premio Juan Rulfo, entre otras obras.


- Rolando Menéndez, de Cuba
37 años. Ha escrito tres libros de relatos, Alguien se va lamiendo todo, premio David (de Cuba), El derecho al pataleo de los ahorcados, Premio Casa de las Américas y La piel de Inesa, Premio Lengua de Trapo Narrativa, entre otros premios.


- Wendy Guerra, de Cuba
37 años. También es poeta, ha publicado la novela Todos se van y ha participado en compilaciones de literatura dentro y fuera de Cuba.


- Leonardo Valencia, de Ecuador
38 años. Entre sus obras principales se cuentan El desterrado y La luna nómada.


- Gabriela Alemán, de Ecuador
39 años. Ha escrito En el país rosado, Maldito corazón, Zoom y el guión para teatro, Acróbata del hambre, entre otras obras


- Claudia Hernández, de El Salvador
32 años. Ha escrito Otras ciudades, Mediodía de frontera, Olvida uno. Es ganadora de los premios Juan Rulfo y Anne Seghers, este último en Alemania.


- Eduardo Halfon, de Guatemala
36 años. Algunas de sus obras son: El ángel literario, Esto no es una pipa y Saturno.


- Jorge Volpi, de México
39 años. Autor de A pesar del oscuro silencio, La paz de los sepulcros, El temperamento melancólico y ha sido ganador de los premios Biblioteca Breve, Deux Oceàns y Grizane Cavour.


- Guadalupe Nettel, de México
35 años. Ha escrito: Juegos de artificio y El huésped, entre otras obras. Ha sido galardonada con varios premios en México y Francia.


- Fabrizio Mejía Madrid, de México
39 años. Ha publicado obras como Viaje alrededor de mi padre, Pequeños actos de desobediencia y Entre las sábanas.


- Álvaro Enrigue, de México
38 años. Ha escrito: La muerte de un instalador, Hipotermia y Virtudes capitales, entre otras. Recibió el premio Joaquín Mortiz.


- Carlos Wynter Melo, de Panamá
36 años. Ganador del Premio Nacional de Cuento José María Sánchez, entre sus obras se encuentran: El escapista, Desnudo y otros cuentos.


- José Pérez Reyes, de Paraguay
34 años. Su obra más conocida, Ladrillos del tiempo, representa a la generación del 90, narradores surgidos después de la caída de la dictadura.

- Ivan Thays, de Perú
39 años. Ganó el Premio Príncipe Klauss de Holanda y fue finalista del Premio Rómulo Gallegos, de Venezuela, por la novela La disciplina de la vanidad.

- Santiago Roncagliolo, de Perú
32 años. Ha publicado la novela El Príncipe de los caimanes y, en el 2003 fue elegido como nuevo talento por la cadena de librerías FNAC. Con la novela Abril rojo recibió el premio Alfaguara en el 2006.

- Daniel Alarcón, de Perú
30 años. Su primer libro, Guerra a luz de las velas, fue finalista del premio Pen/Hemingway 2006. Su primera novela, Radio ausencia, será publicada en español en julio de 2007.

- Yolanda Arroyo, de Puerto Rico
37 años. Es autor de un libro de cuentos Origami de cuentos y de la novela Los documentados.


- Junot Díaz, de República Dominicana

39 años. Ha escrito Israel Drown, una colección de cuentos escritos en inglés y está escribiendo su primera novela, The Cheaters Guide to Love. Participó en el Encuentro Internacional de Escritores, Otras Literaturas, en el marco de Bogotá, Capital Mundial del Libro.


- Pablo Casacuberta, de Uruguay
38 años. Ha escrito Aquí y ahora, Ahora le toca al elefante, La parte de abajo de las cosas y Esta máquina roja, entre otras.

- Claudia Amengual, de Uruguay
38 años. Es autora de las novelas La Rosa de Jericó y Vendedor de escobas.


- Slavko Zupcic, de Venezuela
37 años. Ha recibido numerosos galardones, varios de ellos por ser también escritor para niños. Ha publicado Dragi sol, Vinko Spolovtiva ¿quién te mató? y 5831204: pizzas, pizzas, pizzas.

- Rodrigo Blanco Calderón, de Venezuela
26 años. Ganador del Concurso de autores inéditos de la editorial Monteavila, mención narrativa 2005, con el libro Una larga fila de nombres.