entradas etiquetadas con “destino bogotá”

miércoles, julio 22, 2009 categorizado bajo editores independientes, obiei

¿en qué va el observatorio iberoamericano de la edición independiente (obiei)?

Seguimos avanzando en el trabajo que estamos haciendo en el Observatorio Iberoamericano de la Edición Independiente (OBIEI). Entre los pasos que hemos dado durante las últimas semanas vale la pena destacar los siguientes:


 

1. inicio del montaje de la página Web del OBIEI, que estará en línea pronto.


2. establecimiento de un contacto fluido con las siguientes organizaciones: Editores Independientes de la Argentina (EDINAR)Editores de ChileAlianza peruana de editores (ALPE)Red de editores independientes de Colombia (REIC)Red de editoriales independientes (REI) y Bibliodiversidad.


3. realización de una entrevista telefónica a Guido Indij, de Editores Independientes de la Argentina (EDINAR), para documentar la experiencia de esta organización.


4. envío vía correo electrónico de las preguntas de la entrevista a la gente de Editores de ChileAlianza peruana de editores (ALPE)Red de editoriales independientes (REI) y Bibliodiversidad para documentar la experiencia de estas organizaciones.


5. preparación de las charlas en las que se presentarán los resultados parciales del estudio sobre el estado actual de la edición independiente en Iberoamérica durante la 22ª Feria Internacional del Libro de Bogotá.


6. cruce de ideas con Javier López Yáñezincorporación suya en calidad de observador a la Expedición Bogotá 2009.


7. preparación de la agenda tanto de entrevistas a editores independientes que haremos en Bogotá, como de reuniones con personas del sector editorial que tendremos allí.

 



 

A quienes les interese el tema, les recomiendo echarle un ojo y responder a la encuesta de Guido Indij sobre lo que debe hacer un editor para ser considerado “independiente“.


Gracias no sólo a quienes han manifestado su apoyo al OBIEI, sino también a los que nos han ofrecido su colaboración en el proyecto. ¡Nos vemos pronto en Bogotá!

miércoles, julio 8, 2009 categorizado bajo feria internacional del libro de bogotá (filbo), obiei

javier lópez yáñez en la expedición bogotá 2009

A la expedición que haremos a partir del  próximo 10 de agosto a Bogotá para presentar eObservatorio Iberoamericano de la Edición Independiente (OBIEI) en la 22ª Feria del Libro se ha sumado Javier López Yáñez, quien además de ser el librero de la mítica librería sevillana Repiso libros ha dirigido durante los últimos siete años la Feria del Libro de Sevilla





Tras ofrecernos colaborar con el OBIEI, Javier se une a la expedición en calidad de observador. Estamos seguro de que la presencia de Javier en Bogotá y su cercanía al OBIEI será muy provechosa para todos y de que la feria será un escenario donde él podrá compartir con otras personas del sector su vasta experiencia como gestor cultural tal y como lo ha hecho con nosotros. Basta con ver en lo que se ha convertido la Feria del Libro de Sevilla desde que él está al frente suyo.


¡Bienvenido, Señor Director!

artículo “las librerías independientes en colombia”, en la revista texturas

Como sabía que en septiembre del año pasado me iba a pasar unas semanas a Bogotá, faltando pocos días para mi viaje Txetxu Barandiarán me propuso que escribiera un artículo sobre las librerías independientes en Colombia para la revista Texturas. Y aunque en ese momento mi nivel de familiaridad con el tema era más bien bajo, acepté. Sabía que hacía unas semanas habían cerrado tres importantes librerías en Bogotá y poca cosa más.

Mi plan era empezar a indagar acerca del estado de las librerías independientes en cuanto llegara a Bogotá y pedirles a algunos amigos que me orientaran un poco a la hora de abordar el tema. Al día siguiente de mi llegada tenía una cita con Richard Uribe en el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC) y como había llegado antes de tiempo me fui a curiosear un rato a la librería Arteletra, donde me encontré con que Adriana Laganis —su propietaria— era la directora de la Asociación colombiana de libreros independientes (ACLI).


En ese mismo momento concerté para el día siguiente una entrevista con Adriana, quien durante una charla de cerca de una hora y media me hizo una explicación minuciosa del panorama de las librerías independientes en Colombia en ese momento. El resultado de una breve investigación basada en la entrevista a Adriana Laganis, en charlas con otros libreros independientes y en la revisión del “Estudio de canales de comercialización del libro en América Latina y el Caribe, con énfasis en las librerías” —del CERLALC— es el artículo “Las librerías independientes en Colombia”, publicado en el número 8 de la revista Texturas.




Laganis cuestiona el lugar común según el cual en Colombia no hay lectores y explica las dificultades a las que tienen que enfrentarse las librerías independientes a partir de dos argumentos radicalmente diferentes:

‘Según Adriana Laganis, propietaria de la librería Arteletra y directora de la ACLI, lo más importante es que sí hay lectores y que queremos leer, pero existen varias dificultades: “en primer lugar, que a menudo no llega lo que quisiéramos tener. Y cuando llega, llega muy poquito; en segundo lugar, que los libreros pequeños no tenemos unas condiciones de mercado justas porque, mientras que a las librerías medianas y grandes las distribuidoras les dan comisiones del 40%, del 45% y del 50%, a nosotros sólo nos dan el 30%. Lo único que necesitamos para existir es que las distribuidoras nos den una negociación justa. Atención, no estoy pidiendo que nos den un trato privilegiado”’.


El hecho de que en Colombia los libros no tengan precio fijo es otro elemento que también debilita a las librerías independientes:


‘Al no existir una ley del precio fijo, el monto a pagar por un mismo libro puede variar sustancialmente de una librería a otra en gran parte porque las distribuidoras les dan mejores condiciones de negociación —en términos tanto de comisión como de gestión de pedidos y devoluciones— a aquellas librerías que manejan un mayor volumen de ventas. Tan es así que en ocasiones las distribuidoras les venden a las grandes superficies, como Carrefour o El Éxito, los libros a precios bajísimos porque la afluencia de público en estos establecimientos, la inserción del producto en el circuito de las compras de bienes de primera necesidad y el tipo de títulos que conforman su oferta facilitan la venta de una cantidad de ejemplares considerable, lo cual les permite establecer un precio de venta al público significativamente inferior al de las librerías’.


Otro ítem importante con respecto a este tema es ‘la falta de librerías en las ciudades secundarias y en los municipios pequeños’, que ‘es un reflejo de ese centralismo excesivo que históricamente ha caracterizado a Colombia’.



Valdría la pena averiguar si la situación de las librerías independientes en Colombia ha cambiado entre octubre de 2008 y hoy, de ser así en qué sentido y medida lo ha hecho y en qué va el trabajo de la ACLI —que, según tengo entendido, desde hace un tiempo es dirigida por Pablo Arcila—.


Quienes estén interesados en leer el artículo y no tengan acceso al número 8 de Texturas pueden descargarlo aquí.


En convalor pueden consultar la tabla de contenidos completa del número 8 de la revista Texturas.

notas sueltas [ 8 ] / procrastinar, visibilidad e impacto globales de proyectos locales y la pérdida de influencia de la cultura francesa

Entrevisté a la editora Pilar Gutiérrez Llano, de Tragaluz editores, el martes 7 de octubre de 2008 en Medellín pero sólo hasta la semana pasada publiqué la entrevista a pesar de que Margarita me había entregado la transcripción el 21 de noviembre.

Desde diciembre de 2008 una de las primeras cosas que pensaba todos los días al despertarme era que tenía que editar las entrevistas que había hecho durante mi viaje a Colombia —a Gustavo García, a Pablo Arrieta, a Pilar, a Luis Rocca y a Diego Amaral—. Sin embargo, no encontraba el momento para hacerlo. Durante meses cada lunes en la mañana me prometí con entusiasmo que esa semana empezaría a editar alguna de las entrevistas y que una vez comenzara con una todo lo demás vendría con absoluta naturalidad. Pero el miércoles ya era evidente que no lo haría. No sé cómo ni en qué momento me convertí en un experto en postergar asuntos pendientes —todo un procrastinator profesional—.

Mi conflicto con la edición de estas entrevistas tiene un origen doble: en primer lugar, me parecía impresentable responder de esta manera a la generosidad con la que Gustavo, Pablo, Pilar, Luis y Diego me dedicaron su tiempo y compartieron conmigo un testimonio acerca de su experiencia profesional así como el conocimiento que han adquirido a través de ésta; y, en segundo lugar, todas estas entrevistas son valiosísimas y dejarlas guardadas en un cajón sería un verdadero desperdicio.

También me preocupaba que su contenido caducara pero editándolas me he dado cuenta de que salvo las alusiones a temas estrictamente coyunturales, todo lo que se dice en ellas sigue teniendo vigencia y seguirá teniéndola durante mucho tiempo.

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El caso de Tragaluz editores me parece interesantísimo porque es una editorial cuyo trabajo es cuidadoso, de buena calidad y lindísimo. Sin embargo, muchas veces me cuesta transmitirle a alguien que no sea colombiano el entusiasmo que me producen los libros de Tragaluz porque el catálogo de esta editorial es 100 % local. Hasta el momento Tragaluz sólo ha publicado autores colombianos, la mayoría de los cuales son de Antioquia —el departamento cuya capital es Medellín—.

Lo que me tranquiliza cuando pienso en todas estas cosas es que además de que los libros de Tragaluz llaman la atención con sólo verlos, Pilar y Juan Carlos han escogido muy bien a los autores que han publicado. Por otro lado, supongo que nombres como Darío Jaramillo, Giovanni Quesseps, Meira Delmar, Juan Gustavo Cobo Borda, Eduardo Escobar o Jaime Jaramillo no deben ser del todo ajenos para algunos lectores no colombianos de ese género minoritario que es la poesía.

Finalmente, me entusiasma que a través de Internet un proyecto local como el de Tragaluz pueda tener una visibilidad y un impacto globales.

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A propósito de la presencia de Francia como invitado de honor a la Feria del Libro de Madrid, el pasado 13 de junio apareció en la sección de cultura de El País el artículo “Un prestigio sin lectores”. En este artículo Javier Rodríguez Marcos se refiere a un tema que me interesa muchísimo y sobre el cual quise escribir alguna cosa hasta que me di cuenta de que me hacían falta muchos elementos para decir algo sensato y sólido al respecto: la pérdida de la influencia de la cultura francesa en el resto del mundo.

Rodríguez Marcos afirma que ‘si Nueva York arrebató a París la capitalidad del arte moderno, el inglés ha terminado haciendo en la literatura lo propio con el francés’ y a continuación cita las siguientes palabras de un profesor de la Universidad de Barcelona llamado Francisco Lafarga:

‘Además de la lengua, el interés por una literatura extranjera está también en función del valor que lectores y escritores le atribuyen como foco de influencia. Es lo que pasó entre los siglos XIX y XX con la novela realista y la poesía moderna. Hace años que en España no se ve a la narrativa francesa viva como un foco’.


Luego Rodríguez Marcos anota que ‘Lafarga ve en los clásicos, las ciencias humanas y el cómic una “compensación a la pérdida de esa influencia” pues, dice, el nouveau roman fue “el último foco”. Muertos los pesos pesados, lo que quedan son “individualidades” con mayor o menor éxito y calidad: Yasmina Reza, Pascal Quignard, Houellebecq…’.

Durante la Feria del Libro de Madrid no sentí por ningún lado la presencia de Francia como invitado de honor y tampoco encontré nada que me ayudara a recuperar ‘el interés por la literatura francesa contemporánea que, salvo por la novela policíaca y el cómic, últimamente me parece tan aburrida’. Tant pis !

miércoles, abril 1, 2009 categorizado bajo diseño, diseño editorial

entrevista al diseñador pablo arrieta [ 2 / 2 ] / “aceptemos que lo que estamos haciendo en digital es bien movible y cambiable”

En la continuación de esta entrevista cuya primera parte publiqué la semana pasada Pablo Arrieta habla acerca de temas como el reto que le plantea la adopción de las nuevas tecnologías al sector editorial, la penetración de los dispositivos móviles de lectura y de los contenidos digitales en Colombia, las oportunidades que hay detrás de éstos, el impacto que tiene su emergencia sobre la manera como consumimos la información, algunos rasgos que podría llegar a tener un libro en un futuro no muy lejano y las lecciones que puede sacar la industria editorial de la cinematográfica o de la discográfica. Por otro lado, propone una interesante reflexión con respecto a la necesidad tanto de replantear la idea de propiedad intelectual en el ámbito digital como de tomar una distancia crítica frente a las herramientas en las que éste se apoya.


Pablo considera que la justificación del negocio editorial debe cambiar, llama la atención sobre una nueva concepción del rol del diseñador según la cual en lugar de la obra completa como tal él sólo crea las piezas de ésta, destaca la manera como los distintos países de América Latina se desconocen unos a otros a pesar de los parecidos existentes entre ellos y señala el riesgo de estandarización que traen consigo las herramientas digitales.

M.G.: ¿Cuáles cree usted que son los retos que le plantea la adopción de las nuevas tecnologías al sector editorial?

P.A.: Creo que lo más importante es que la gente del sector se olvide de muchas cosas que creía saber. No hay que pensar tanto en lo que vamos a aprender sino en lo que vamos a olvidar. Yo pienso que estamos en un momento en el que se ha movido el suelo en distintos niveles y etapas.

Curiosamente al principio la gente decía ‘estas nuevas tecnologías van a matar el libro’ y yo no creo que vayan a matarlo pero sí que las cosas van a cambiar. Sobre todo va a cambiar la justificación del negocio editorial, que antes y durante muchos siglos se podía sostener de una forma muy similar. De la época de Gutenberg a la nuestra no hubo grandes cambios: aparece la televisión en los años cincuenta y llena un espacio intermedio porque allí yo no puedo poner literatura.

Y por primera vez estamos frente a aparatos que sí permiten suplantar el papel. Y algunas veces lo hacen de una forma mucho más ecológica y responsable. No todo lo que se imprime es bueno y pienso que la industria editorial ha intentado vendernos la idea de que sí es así. Y por muchos años las cosas se han sostenido de esa manera. Si miras en las grandes ferias te encuentras con que hay personas que venden millones de unidades de un único título y que de los demás sólo venderán uno o dos. De esta manera realmente se pierde mucho material y mucho esfuerzo.

Con los medios digitales la industria va a tener que replantearse por qué está produciendo ciertas cosas, qué va a producir y de qué manera va a hacerlo. Es por eso que antes decía ‘bueno, seguramente algunas cosas que en este momento se imprimen dentro de unos años no tendrán que imprimirse sino que más bien se hará un documental con ellas’.


Pero la casa que antes hacía el contenido audiovisual no era una editorial. Ahora ya te das cuenta de ese giro. En algunas editoriales están teniendo su brazo armado de producción de películas. Te pongo un ejemplo: ¿Harry Potter vendió tantos millones de libros gracias a la película o la gente vio las películas porque le gustó el libro? ¿Cómo funciona esto, cómo es esa relación hermanada entre estos dos universos? Y si te pones a pensar cómo podría ser un libro en los años que vienen, muy seguramente tendrá unas partes visuales pero ya no como un libro ilustrado con algunos dibujitos sino con video incorporado. Y eso va a solucionar muchos problemas que en este momento tiene la industria editorial.

Hay mucho material que mientras se trabaja en él tiene que ser reformateado, pasado al medio impreso y distribuido. Y este tipo de material pierde la frescura que podría tener inicialmente. En industrias paralelas como la de la música, el cine y la televisión están saliendo muchos ejemplos que le van a servir a la industria editorial para replantearse ese objetivo, sobre todo porque ahora todos los medios deberían cumplir las mismas leyes.

Es una cosa muy rara: antes tú tenías las leyes de los medios impresos, las de la radio o las de la televisión y ahora lo que hay son convergencias que te llevarán a que las decisiones que antes tomaba una editorial en un futuro quizás las tome una empresa de telefonía.

M.G.: ¿De qué manera repercute la emergencia de las nuevas tecnologías en la gestión de la propiedad intelectual?

P.A.: Creo que con estas nuevas tecnologías se van a replantear fuertemente el concepto de propiedad intelectual y la importancia del lugar y del espacio en el que estamos. Fíjate que esta charla está ocurriendo en Bogotá pero la mitad de la conversación que hemos tenido se ha dado en Internet: yo consumiendo aquí en Bogotá y tú produciendo desde Barcelona. Yo pienso que el enfoque que tú tienes en lo que escribes y la manera como miras las cosas son muy colombianos. Tu punto de vista no es muy español. Tu perspectiva es muy colombiana en España y ese valor y esa diferencia son interesantes. Lo que en cierto punto es irrelevante es desde dónde estoy consumiendo yo la información: puede ser en Bogotá o en los viajes y eso es algo que nos vuelve un poquito líquidos.



La industria editorial va a tener que replantearse y la del diseño también: el diseñador es un tipo que hasta ahora creía que dejaba las cosas terminadas y que de ahí en adelante nadie las cambiaba. Ahora el usuario va a poder intercambiar mucho y tú miras y los computadores, los sistemas operativos y los programas cada vez permiten una mayor personalización. Eso no sólo quiere decir que el diseñador va a tener que cambiar la posición tan estricta y dictatorial que había tenido frente a la obra, sino que también replantea la manera como se debe enseñar el diseño. Si dejo una cosa que hasta cierto punto es abierta para que las personas puedan moldear, ¿a la hora de evaluar cómo defino qué está bien o qué está mal? Las escuelas de diseño van a tener que fomentar el conocimiento de los públicos y la correcta comunicación pero se van a acabar las grandes verdades.

Es más o menos lo que pasa con MySpace: después de que tú le has metido todo el tiempo que quieras a aprender de diseño para saber cómo se pueden hacer las cosas bien, viene una persona y en dos noches monta algo que se vuelve un éxito y a la gente empieza a gustarle eso que uno dice ‘¡pero si es horrible!’. Sin embargo, resulta que a la gente eso le gusta y le parece interesante. Quizás si tú te crees tanto que conoces ciertas reglas después te va a quedar muy difícil innovar realmente. Por eso pienso que la propiedad intelectual entendida desde el punto de vista del diseño va a tener que transformarse en aceptar que así como lo que estamos haciendo en impreso es inamovible, lo que estamos haciendo en digital será bien movible y cambiable. Y eso a un diseñador le va a tener que mover bastante el ego porque muchas veces oyes a los arquitectos decir ‘mire, es que esto es mío pero me lo han venido cambiando’.

Me ha ayudado mucho haber estudiado Arquitectura porque un arquitecto termina su obra y después llegan los habitantes al edificio y se apropian de él adaptándolo a lo que realmente quieren. Pero el edificio sigue existiendo. En el mundo digital el diseñador va a tener que dar unas pautas y unos lineamientos pero son las personas mismas quienes van a ir enriqueciendo ese universo. Desde muy temprano trabajé en impresos y en pantalla. Llevo diez años diseñando y hoy no te puedo mostrar ningún proyecto digital porque ninguno existe en este momento, lo cual es una evidencia de que esa idea que tengo de la volatilidad y del carácter pasajero de las cosas proviene mucho más de lo digital que de lo impreso.

Yo he visto cómo la industria digital demandaba inicialmente tipos hiperexpertos y en este momento la industria editorial digital necesita a alguien que tenga algo que decir y pone el diseño en un segundo lugar cuando éste es justamente el factor que hace que un sitio Web sea más aceptado que otro. No desmerito la labor del diseñador pero sí entiendo que hay que dejar que el usuario meta la mano porque de lo contrario nos vamos a enfrascar en el mismo problema que tienen otros mercados que han intentado cerrarle el acceso a la gente. Un ejemplo muy interesante en relación con esto es el de Susan Kare, que era la diseñadora de interfaces de Apple y que fue quien creó todos los iconos que hoy conocemos. En este momento Susan Kare dice que el diseñador no debería intentar diseñar la obra completa sino las piezas de la obra: los botoncitos, las imágenes, etc. y dejar que las personas mezclen todos esos elementos. Ella diseña todos esos regalitos —hamburguesas, muñecos de peluche y cervezas— que vienen en Facebook. No intentó diseñar Facebook pero sí las cosas que la gente regala y tiene una empresa que ha hecho mucha plata solamente con eso. En ese momento tú miras y dices ‘yo ya no puedo diseñar la obra de arte total sino las piezas de esa obra y puedo hacer que las personas empiecen a interactuar y a hacer modificaciones que van a ser mucho más globales pero que son mucho menos definitivas’.

M.G.: ¿Cómo ve usted la adopción de las nuevas tecnologías en el sector editorial colombiano?

P.A.: Yo pienso que hay mucha curiosidad. Si se están cerrando puertas, es porque otras se están abriendo. Yo pienso que lo que debería hacer el sector editorial en Colombia es ser un poco más agresivo en la propuesta de soluciones. Ahora mismo nadie tiene esta actitud y muy posiblemente lo que veamos a futuro es que nunca nadie la tuvo porque todas las respuestas pueden funcionar de acuerdo con el proyecto. No hay una única respuesta efectiva para todo lo que vayas a hacer.

Muchas veces lo que el mercado editorial colombiano está haciendo es fijarse en lo que hacen otros por fuera para luego implementarlo aquí. Con la pequeña diferencia de que el mercado digital gringo no tiene nada que ver con el colombiano. Lo que quiero decir es que el apetito con el que el público colombiano consume contenidos digitales es completamente distinto del que puede tener el público en los Estados Unidos, donde los textos y los libros a los que estamos refiriéndonos son mucho más accesibles. Pienso que aquí hay que ver este tema con cuidado porque si hay posibilidades puede que no se den de la misma manera que en mercados como el europeo, el asiático o el norteamericano.

M.G.: ¿Cómo ve usted las posibilidades de penetración en Colombia de los contenidos digitales, de los dispositivos de lectura de e-books y de la impresión bajo demanda?

P.A.: Las condiciones para que ese tipo de mercado se desarrolle están dadas. En este momento en Colombia ya tienes la posibilidad de venderle estos productos y servicios a la gente porque los precios de los contenidos tradicionales son extremadamente altos. Traer cosas a Colombia es carísimo por motivos de importación, de transporte y de almacenamiento mientras que el mundo digital tiene la ventaja de reducir muchos de estos costos y de terminar metiéndole casi todo el valor fuerte a una pieza de hardware.

Si en Colombia dices que los lectores digitales reemplazan al libro, van a tardar en volverse populares. Si tú compras un libro al año un lector electrónico no te sirve para nada. En cambio si al año estás comprando una cantidad determinada de libros, revistas o periódicos y todo esto converge en un único aparato, ya el costo empieza a minimizarse y tú podrías maximizar el beneficio gracias a la portabilidad.

No pienso que lo uno reemplace a lo otro sino que dependiendo del tipo de persona que seas —si te estás moviendo o si tienes que cargar contigo una gran cantidad de información— vas a darles mucho más uso a este tipo de herramientas. Pero también depende de cómo te esté llegando esa unidad de contenidos: mientras que en Europa tienes un libro que te cuesta diez euros, tener el mismo libro aquí en Colombia puede costarte cincuenta euros. Y eso es totalmente absurdo. Es ahí donde la unidad podría hacer que algunas de las personas digan ‘oiga, si yo quiero tener estos contenidos más bien me meto en la máquina y me ahorro el tiempo que tengo que esperar para que el contenido llegue a Colombia’ porque esa inmediatez no la puedes tener con el objeto físico.

Creo que ahí es donde están las posibilidades para las editoriales tradicionales, que pueden adelantarse y empezar a trabajar con impresión bajo demanda en caso de no querer que la gente se meta en tecnologías digitales de lectura. Así la gente deja de pensar que si el libro acaba de salir en Europa le va a tocar esperar varios meses hasta que llegue a sus manos. Yo veo mucho potencial ahí.

Hay dos ejemplos que me sirven para ilustrar lo que estoy diciendo: la tecnología te cambia las cosas porque, ¿cuánta música consumía un colombiano promedio o cuántos discos tenía cuando debía comprarlos? Cuando yo estaba en la facultad mis amigos sobrevivían con cuatro o cinco discos durante todo el colegio y toda la carrera. Y ahora la gente tiene toneladas de música. Puede que no la esté pagando pero consume mucha más música, conoce más sobre ésta y los conciertos se están llenando. REM vino en 2008 no porque en Colombia ahora la gente sea más bonita que en los ochenta o en los noventa, sino porque ellos se dieron cuenta de que actualmente tienen que venir aquí para lograr obtener ingresos.

El otro lado es lo que está pasando justo ahora con los periódicos. Antes era raro ver gente leyendo periódicos en Bogotá. Ahora que empezaron a regalarlos, y no creo que sea simplemente por moda, creo que va a pasar lo mismo que en las grandes ciudades: que la gente se vuelve a informar a través de la prensa escrita y le ve un valor. Me ha parecido muy curioso que desde que en Bogotá salió el periódico ADN tú encuentras gente leyendo con cuidado no sólo en una peluquería, que es un sitio donde tradicionalmente se lee, sino también en la tienda de la esquina. Ves a tres o cuatro personas con un periódico de éstos. Yo pienso que el hecho de que estos periódicos se acerquen más a un nivel adquisitivo como el nuestro hará que se popularicen y que la gente los consuma más.

M.G.: ¿En qué consiste el trabajo que usted viene haciendo para Adobe y de qué manera éste ha influenciado lo que hace como diseñador?

P.A.: Cuando empecé a trabajar me vi bastante beneficiado por Internet. Yo trabajaba desde la casa de mis padres mientras que otras personas habían montado oficinas y estudios. Como ése no era mi ideal, para mí Internet fue muy útil en dos sentidos: por un lado, como medio de comunicación; y, por el otro, como forma de ponerme en contacto con el mundo tanto para consumir información como para darme a conocer. Lo de Macromedia fue muy interesante porque cuando empecé a trabajar para ellos se me abrió el mundo de una forma muy rara. Desde el principio, en 1998, ellos me montaron en un avión para que fuera a conferencias y cuando tú vas a los Estados Unidos te cambia la percepción de las cosas porque ya no es lo que te cuentan los medios sino lo que tú ves que está pasando realmente.

Y como me decía un amigo, ‘uno viaja una vez y se vuelve un junkie de los viajes porque realmente siempre quiere más’. Después los de Macromedia empezaron a llevarme por América Latina y yo pude darme cuenta de cómo son las cosas en la región y de cómo nos parecemos mucho pero nos desconocemos entre todos. Por estar mirando hacia Europa o Estados Unidos no vemos los parecidos que tenemos ni las oportunidades que podría tener la generación de un mercado interno. El trabajo con ellos me ha cambiado y tanto mis clases como lo que yo pueda decir en ellas tienen ahora el sentimiento de que es importante salir, viajar y dejar de pensar que nuestro mercado natural es Bogotá o el público de la ciudad en lugar del mundo en general. Pienso que este trabajo me ha hecho más consiente del valor de la perspectiva. Fíjate que cuando tú miras todas las cosas desde acá lo haces con un tiempo y una velocidad completamente distintos de los que tendrías si estuvieras sentado en la mitad de Manhattan.

La perspectiva que nosotros tenemos y la ubicación que tenga cada persona con respecto al mundo deben generar un estilo de diseño completamente distinto. Por eso te decía que ahora no creo tanto como antes que se pueda decir ‘este tipo es el mejor diseñador del mundo’. Ahora yo pienso ‘este tipo es muy bueno pero para un público en particular, para una época o para un país’ y eso significa que es un error creer que su trabajo debería llevarse a todas partes. Creo que esa valoración y ese respeto de la diferencia me los ha dado la experiencia de estar trabajando con estas empresas norteamericanas.

Por otro lado, conocer todo el tiempo las nuevas versiones de los programas me da la oportunidad de entender que las mejores herramientas siguen siendo el cerebro de cada persona, el lápiz y el papel. Así como le dedico tiempo a aprender Photoshop, también le dedico mucho tiempo a leer, a observar y a intentar aprender sobre otras cosas. Yo no estoy metido en esto por ser un técnico sino por humanismo y en este sentido mientras más conozco las herramientas más me doy cuenta de la necesidad de conocer sobre otras ramas del pensamiento. Algunas veces en mis clases y en la manera como me enfrento al diseño el trabajo consiste no en hacer sino en dejar de hacer, en combinar con otras posibilidades como la comunicación o la sociología y en enriquecer el trabajo sacándose de la cabeza la idea de que siempre tienes que recurrir al último truquito de Photoshop o a la herramienta que esté de moda.


Eso también ha cambiado y ver la respuesta tan parecida que puede generar una herramienta nueva en mercados tan distintos asusta un poquito. Es decir, que cuando tú les das Illustrator a guatemaltecos, a venezolanos o a argentinos y de repente todos empiezan a diseñar igual, te das cuenta de que estás frente a un ecualizador que termina olvidando las diferencias y eso no es tan bueno.

Transcripción: Natalia Gómez