entradas etiquetadas con “destino bogotá”

Martes, septiembre 23, 2008 categorizado bajo librerías

destino bogotá [ 4 ] / la librería ausente: aldina

Antes de que Bogotá se llenara de esos centros comerciales monstruosos y de mal gusto que hay por todas partes, cada barrio tenía su cine. Cuando yo era niño mi mamá nos llevaba a mis hermanos y a mí al teatro Arlequín, del barrio La Soledad —donde viví hasta los diez años—, o al Teusaquillo —que estaba a medio camino entre nuestra casa y el colegio—.


Con el paso del tiempo los cines de barrio se convirtieron en salas de cine porno que, a su vez, fueron sustituidas años después por templos de La Oración fuerte al Espíritu Santo.


Al igual que las salas de cine de barrio, muchas librerías han desaparecido en Bogotá. Pornografía, fanatismo religioso y libros: tres cosas que dicen mucho de los valores, los intereses, las necesidades y las carencias de una sociedad. Tal vez en una tan fragmentada y conflictiva como la nuestra el porno y la religión ofrezcan una vía de escape mucho más eficaz que los libros.


Por otro lado, ya sabemos que el montaje y la gestión una librería son actividades complicadas, arriesgadas y muchas veces ingratas —como muchos otros de los oficios involucrados en la cadena de producción editorial—. Los libros son caros, no son un bien de primera necesidad, hay devoluciones y en términos de entretenimiento hay otras actividades que para mucha gente resultan bastante más atractivas que la lectura.


Hoy caminando por Chapinero se me ocurrió hacer una serie de entradas sobre aquellas librerías bogotanas que conocí alguna vez y que hoy han desparecido. La idea de esta serie consiste en tomar fotos de cómo es hoy en día el espacio en el que solían funcionar estas librerías.

Librería Aldina. Carrera séptima con calle 71.

Lunes, septiembre 22, 2008 categorizado bajo Sin categoría

destino bogotá [ 3 ] / mi bibilioteca en bogotá

Aunque me fui de donde mis papás hace cuatro años, ayer cuando mi papá abrió la puerta de su casa me dijo: ‘siga, mijo, que ésta es su casa’.

Cuando entré a mi cuarto de siempre para dejar mis cosas, lo encontré en este estado:



Mi mamá es una maniática de la limpieza y durante dos años limpió dos veces por mes cada uno de mis libros para evitar que estuvieran llenos de polvo hasta que decidió cubrir mi biblioteca con unos plásticos de esos de pelotitas en los que vienen envueltos los electrodomésticos. Una vez quité los plásticos —que pondremos de nuevo cuando yo regrese a Barcelona—, ésta era la vista de mi biblioteca.


Como mi cuarto no es muy grande y cuando estaba en la universidad era un comprador compulsivo de libros, en algún momento tuve que empezar a utilizar cualquier rinconcito para meter mi biblioteca. El panorama es éste:


Cuántos libros por leer —y por releer sólo en mi biblioteca y qué poco tiempo para hacerlo. De momento me conformaré con poder cogerlos, tocarlos y hojearlos.

Viernes, septiembre 19, 2008 categorizado bajo Sin categoría

destino bogotá [ 2 ] / estampas bogotanas


‘- Sí, eso es muy bueno, Ricardo -reconoció Foción. Ricardito Patiño estaba sonrosado, confuso de placer.

- Muy bueno-confirmó el tío Alejo. -Es que son pendejadas, los europeos tienen muy buenas cosas: el Partenón, Notre Dame, la Torre Eiffel...

- Con Lucía vamos a ir a París a fin de año, después de que nazca el niño -reveló el primo de chaleco. -En fin, a toda Europa. El Partenón, Grecia, Pisa, Jerusalén…

- ¡Ah, Grecia! -roncó monseñor Boterito Jaramillo.

- Tienen que ir al Bois -aconsejó Lulucita Pineda. -Con papá y mamá, cuando vivimos en París, vivíamos en el Bois.

Al tío Alejo le subía una risa de la barriga hacia arriba, le agitaba la papada y los rollos de la nuca, le brotaba en gotitas de sudor en la calva:

- Es que con el Partenón es fácil. Pero imagínate… pero imagínate -lloraba de la risa- imagínate un poema aquí al templo de Chapinero!

Todos rieron, contagiados de risa.

- ¡O a la iglesia de Monserrate! -dijo la tía Lucía, vagos los ojos. El tío Pablo se secó los suyos con un pañuelo, y luego se secó la calva. Ernestico Espinosa intervino:

- Es que Monserrate no rima sino con alpargate.

Todos rieron de nuevo. La prima flaca, roja de placer, rio alzando la cara: una venilla tibia le palpitaba en la garganta, bajo el collar de perlas. Su marido de chaleco quiso perfeccionar todavía más el chiste:

- ¡O con aguacate! -chilló casi, reventando de risa.

Pero el regocijo amainó. Ricardito Patiño, que había soltado risas casi obscenas, quiso lucir sus talentos de poeta a sueldo de la burguesía improvisando una cuarteta cómica:

Pobre señor de Monserrate:

en vez de palio, un mal petate;

y promeseros de alpargate

le ofrecen yuca y aguacate.

Todos rieron otra vez descontroladamente. Ernestico Espinosa, que lanzaba carcajadas perfectas de dentista, golpeó los hombros de Ricardito con potentes palmadas de felicitación, y murmuró algo al oído del yerno de chaleco y de la prima embarazada y tímida. Se derrengó sobre los hombros flaqueantes de Ricardo, con una risa que a Escobar, en su creciente cólera, le pareció fingida. Pero el idiota de chaleco reía también, dando fuertes zapatazos de la risa en el piso, y lo mismo reía la prima flaca, protegiéndose el vientre y el pecho con los antebrazos recogidos, ruborizada hasta las sienes. Se sentía mareado de rabia. Tenía razón en todo Federico, e inclusive el imbécil de Diego León Mantilla: burguesía dependiente hasta los tuétanos, hasta la risa, hasta las heces. ¿Con qué derecho se reían? ¿De qué?.

- No veo de qué se ríen -dijo con voz helada. -¿De qué te ríes tú, tío Pablo? Te gusta declamar sonetos al Partenón. ¿Pero con qué plata vas tú con tía Lucía a conocer el Partenón? Con la que sacas de tus siembras de aguacate, que te dan tanta risa. Con la plata que le sacas a una pobre gente de alpargate, que te da mucha risa, pero que es la que te recoge tu cosecha de aguacate.

- Yo siembro cebada, mijo. Y tengo vacas Holstein. No digas beberías.

Escobar se volvió acusador hacia Foción: bancos, urbanizadoras, contratos petrolíferos. Pero no pudo hablar. Foción reverberó a través de su enfisema:

- No digas boberías, mijo: tú vives de tu mamá, que vive de sus rentas.

- Eso es lo que digo, tío. Todos vivimos de lo que da esta tierra, pero ustedes se avergüenzan, les parece ridícula, indigna. No creen que esta tierra que les produce plata puede producir versos. Y al contrario: antes de producirles plata a ustedes, produjo versos. Don Juan de Castellanos la vio y dijo:

Tierra buena,

tierra que pone fin a nuestra pena…

- Es verdad -confirmó el tío Pablo. -Aquí en la Sabana tenemos muy buena tierra.

- Pero muy sobrevaluada, don Pablo -opinó el cuñado de chaleco, vehemente. -La fanegada está más cara que la mejor tierra de Florida.

No decía La Florida, sino Flórida. La prima flaca, con los ojos brillantes, desafió a Escobar:

- ¿Y usted por qué no le escribe unos versos a la Sabana, Ignacio? A ver, atrévase’.


Tomado de Sin remedio, de Antonio Caballero.

Jueves, septiembre 18, 2008 categorizado bajo Sin categoría

destino bogotá [ 1 ] / 21.09.08, aterrizaje a las 14.20

21.09.08, en Bogotá a las 14.20.

Una ciudad en la que en algún momento pensé que me quedaría toda la vida —y ya han pasado cuatro años desde que me fui—.

‘Una tristeza sórdida de buses y busetas, de semáforos muertos, de edificios a medio construir en medio de charcos amarillos, de parques de los que se han robado los columpios, de vacas pensativas, que pastan al pie de las estatuas de los próceres, de basurales, de desempleados, de niños vestidos con uniforme militar’.

Tomado de Sin remedio, de Antonio Caballero.


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Un mes durante el cual mantendré el ojo bien abierto y que promete muchas cosas buenas.

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