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fugas de autores

En una entrada titulada “Azúa: de Anagrama a Mondadori” que publicó ayer en Papeles perdidos —un blog de reciente aparición hecho por el equipo del suplemento Babelia del diario El País al que recomiendo echarle un ojo—, el periodista Carles Geli informa de que el escritor Félix de Azúa ha dejado Anagrama para irse a Mondadori. No es poco frecuente que un autor deje a su editor de toda la vida para empezar a publicar con otro. Basta con evocar los dos casos más sonados últimamente: como bien recuerda Geli, hace poco menos de un año Javier Cercas se fue de TusquetsMondadori y Enrique Vila-Matas pasó de Anagrama a Seix Barral.

Curiosamente en todos estos casos —al igual que en algunos otros como el del escritor Javier Marías— los autores se han ido de editoriales independientes medianas que son emblemáticas de la edición española de los últimos cuarenta años para los sellos más literarios de los grandes grupos, que por fortuna están casi todos en manos de editores que además de criterio y buen gusto tienen un amplio margen de maniobra para construir catálogos de buena calidad que —en unos casos más que en otros— conserven su identidad gracias al seguimiento de una línea editorial clara.

AUTORES_FUGADOS

Más allá de los rumores y las especulaciones que circulan con respecto a la rupturas entre esas parejas que durante años conformaron estos y otros reputados y exitosos autores con sus respectivos editores, vale la pena preguntarse cuáles son las posibles razones que hacen que una relación de éstas llegue a su fin. Así de primerazo se me ocurren varias:

- la existencia de diferencias irreconciliables entre el autor y el editor, que los llevan a pelearse.

- algún tipo de insatisfacción y/o descontento por parte de una de las partes con respecto al trabajo de la otra.

- la obtención por parte del autor de un premio ofrecido por una editorial distinta de aquella con la que suele publicar.

- el ofrecimiento al autor de un mayor anticipo y/o de un trato con unas condiciones más favorables por parte de otro editor.

- la búsqueda de una mayor visibilidad por parte del autor —en términos, por ejemplo, de una mejor y mayor presencia en puntos de venta, en medios tradicionales y en entornos de generación 2.0—.

- la ambición del autor de alcanzar una mayor proyección internacional —entendida en términos de la búsqueda no sólo de la traducción de su obra a otros idiomas, sino también del fortalecimiento de su presencia en otros mercados de su mismo ámbito lingüístico—.

Como en ocasiones las circunstancias no son tan extremas como para llevar a una ruptura, es necesario tener en cuenta que hay autores que publican con distintas editoriales según el género al que pertenezca uno u otro libro suyo o el tema y el registro de éste. Al fin y al cabo no todo tiene —o, mejor dicho, no debería tener— cabida dentro de un mismo sello.

Antes de terminar vale la pena plantear dos preguntas:

- ¿qué es lo que hace que la relación entre un autor y su editor perdure en el tiempo?

- cuando se trata de autores consagrados, ¿hasta qué punto pesa de cara tanto al mercado como al lector la editorial con la que publique sus libros?

Sin lugar a dudas en ciertos casos los relatos que se hacen de las relaciones autor-editor son fundamentales para comprender mejor la historia de una editorial, de un autor, de una obra e incluso de una coyuntura en la vida cultural y política de su entorno. Y conforme pasa el tiempo van saliendo las distintas versiones de una misma historia, lo cual permitirá tener una mejor comprensión de lo sucedido.

Lunes, octubre 20, 2008 categorizado bajo Sin categoría

destino bogotá [ 16 ] / citas: dietario voluble, de enrique vila-matas

¿Qué quiso decir Raymond Carver con eso de ‘nada de trucos’ en el texto “Escribir” que cité la semana pasada? ¿Se refería acaso a la idea de una literatura sin artificios? ¿Estaba Carver sugiriendo una escritura desde una perspectiva naturalista?

Coincidencialmente hace un par de días encontré en una de las anotaciones del Dietario voluble de Enrique Vila-Matas el siguiente comentario sobre un fragmento de las Prosas apátridas de Julio Ramón Ribeyro:



‘”Literatura es afectación”, dice Ribeyro en su inagotable Prosas apátridas. Y explica que quien ha escogido para expresarse la literatura y no la palabra (que es un medio natural), debe obedecer las reglas del juego. De ahí que toda tentativa para parecer no afectado —lenguaje coloquial, monólogo interior— acabe convirtiéndose en una afectación aún mayor. Tanto más afectado que un Proust puede ser Céline con su lenguaje coloquial de exabruptos… “Lo que debe evitarse no es la afectación congénita a la escritura, sino la retórica que se añade a la afectación”, concluye’.


Dietario voluble, de Enrique Vila-Matas. pp. 102 – 103

Anagrama

Barcelona, 2008


Es curioso porque desde que estaba escribiendo la entrada sobre el texto de Carver he estado preguntándome qué pensaría éste sobre la escritura de Vila-Matas y si en ella verdaderamente hay “trucos” de esos a los que se refiere el escritor estadounidense. Me gusta la idea de que dos escritores cuya escritura, cuyos temas y cuyos presupuestos son tan distintos puedan llegar a producirme tanta fascinación sin reñir entre sí.

Viernes, marzo 30, 2007 categorizado bajo literatura contemporánea

sobre el ranking de las mejores 100 novelas de la lengua española de los últimos 25 años

La revista colombiana Semana publicó en su último número un especial titulado ‘Las mejores 100 novelas de la lengua española de los últimos 25 años’. A propósito del IV Congreso internacional de la lengua española y de los homenajes rendidos a García Márquez debido tanto a la celebración de su cumpleaños número 80 como a la conmemoración de los 40 de haberse publicado Cien años de soledad y de los 25 de haber obtenido el premio Nobel de Literatura, “esta revista, que en 2007 celebra 25 años de vida, decidió rendirle un homenaje muy especial al castellano. Escoger, mediante una encuesta con expertos del continente americano y de España, las 100 mejores novelas escritas en lengua castellana a partir de 1982”. Entre otras razones expuestas por Semana para justificar su artículo está la importancia de la novela como punto de encuentro entre los hispanoparlantes y como “vehículo trascendental para crear una conciencia latinoamericana, más allá de las singularidades de lo local, las fronteras y las banderas”.

Semana encuestó a 81 expertos —escritores, editores, críticos literarios, entre otros—, cuyas opiniones se ven reflejadas en un ranking que aunque no pretende ser definitivo sí sugiere algunas tendencias en el estado de la opinión tanto del sector editorial como de los círculos literarios en relación con la narrativa contemporánea en lengua española.

El primer lugar lo ocupa una novela que durante el último año ha dado mucho de que hablar en Colombia y que empezará a hacerlo en todo el mundo, una vez salga la adaptación cinematográfica que actualmente está en proceso de postproducción: El amor en los tiempos del cólera, de García Márquez. Dejando de lado la belleza y la excelente calidad literaria de esta novela, no cabe duda de que en adelante los colombianos tendremos un nuevo motivo de orgullo patrio de esos que tanto nos gustan.


Consagración confirmada

Por otro lado, tres novelas de Roberto Bolaño están entre las 25 primeras de la lista: Los detectives salvajes —tercer puesto—, 2666 —cuarto lugar— y Estrella distante —puesto catorce—. Probablemente la inesperada muerte de Bolaño en 2003 contribuyó no sólo a incrementar la visibilidad que había venido alcanzando su obra debido a los reconocimientos que había recibido estando él en vida, sino también a mirarla con mucho más cuidado para valorarla como se lo merece.

De igual manera, en el ranking de las 25 mejores novelas hay un par de dos autores españoles y de un colombiano —todos ellos fundamentales: en primer lugar, Bartleby y compañía y Doctor Pasavento —lugares 7 y 24—, de Enrique Vila-Matas; en segundo lugar, Corazón tan blanco y Mañana en la batalla piensa en mí —sexto y noveno puesto—, de Javier Marías; y, finalmente, El desbarrancadero y La virgen de los sicarios —lugares 10 y 11—, de Fernando Vallejo.

La presencia de dos novelas de Vila-Matas, Marías y Vallejo en los primero lugares de este ranking es muy diciente en la medida en que confirma la consagración de estos tres autores mucho más jóvenes que otros más que consagrados como Mario Vargas Llosa, Tomás Eloy Martínez y Juan Goytisolo, cuyas obras también figuran en el ranking. Seguramente a partir de la publicación de este listado el público empezará a fijarse de nuevo o de una vez por todas— en algunas de estas novelas que el afán de la novedad no le ha dado tiempo de mirar.

Curiosamente, y a propósito de mi entrada de ayer sobre los premios literarios, obras de García Márquez, Vargas Llosa, Vila-Matas, Marías y Bolaño en su momento han recibido el premio Rómulo Gallegos.