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entrevista a enrique dans en la revista texturas / “los lectores quieren acceder a los contenidos en cualquier momento, dispositivo y formato”

El número 16 de la revista Texturas que está circulando desde hace un par de semanas incluye la entrevista que le hice en junio de 2011 a Enrique Dans —a la cual me referí hace unos meses—. Dans habla en esta entrevista acerca de la disrupción tecnológica, del impacto que ésta está teniendo en la industria de los contenidos, de las distintas estrategias y líneas de acción que el sector editorial podría adoptar para gestionar su reconversión hacia lo digital, de la manera como la llegada a España de los nuevos actores de la distribución de contenidos digitales puede transformar tanto la estructura como la dinámica de la cadena de valor del libro, de la necesidad de construir entornos abiertos, convergentes e integrados, de los cambios que están teniendo lugar en las prácticas lectoras gracias a las funciones sociales de ciertas tecnologías, de las necesidades y expectativas de los lectores de hoy en día, de la circulación de los contenidos, de la capacidad de generación de atención y de la monetización de ésta.

 

 

 

 

Uno de los aspectos que me parecen más significativos de esta entrevista es el énfasis que Dans pone en la experiencia del usuario, para el cual en este momento es crítico poder acceder a los contenidos en cualquier formato, dispositivo, momento y lugar según sus necesidades puntuales —es decir, de una manera sencilla, eficiente y flexible—.

 

 

 

A continuación reproduzco algunos fragmentos de la entrevista que creo que vale la pena destacar:

 

‘[Los usuarios] Queremos información con capacidad de profundizar en ella o de hacer clic y ver por qué se dice algo, en qué se basan las fuentes para decirlo y por qué se opina una u otra cosa. Por tanto, exigimos profundidad en forma de hipervínculos y capacidades sociales en la información: es decir, que no sólo la asumamos sino que también podamos reenviarla, comentarla, votarla, promoverla, etc. En fin, un montón de funciones sociales sin las que ahora nos sentimos incómodos porque nos falta algo’.

 

(…)

 

‘La gente paga por aquello que le aporta valor. ¿Qué se puede hacer con un libro en Internet? Se pueden hacer un montón de cosas: una edición social de la obra, un libro que esté abierto a que la gente comente lo que va leyendo o permitirle al lector poner sus marcadores, sus ideas y sus vínculos. Lo que quieras. Se puede hacer que la experiencia de lectura mejore porque ya no estás limitado al formato habitual del libro’*.

 

(…)

 

‘El problema es que la industria editorial no sabe qué hacer. Es lo mismo que ocurre con la música. La industria de la música sabe vender CDs y si la pones a hacer otra cosa no sabe hacerlo o lo hace mal, se niega a hacerlo y lo desprecia porque no sabe vender. Al final lo que tenemos es un problema de auténtica adaptación. Actualmente nos estamos encontrando con empresas que no saben desvincularse del libro y que si pretenden vender otras cosas no saben hacerlo cuando en realidad lo que deben hacer hoy en día es clarísimo: en cuanto tengan un contenido, sacarlo en todos los formatos posibles’.

 

(…)

 

‘Lo que tenemos que plantearnos es que hay una diversidad enorme de dispositivos y que yo como usuario quiero que el contenido sea accesible desde todos —cada uno con su limitación de formato, de tamaño de pantalla, etc.— y con una continuidad. Kindle lo ha hecho muy bien. Yo compré un Kindle y ya lo tengo instalado en mi laptop, en mi ordenador de sobremesa, en mi iPad y en mi Blackberry. No me voy a poner a leer un libro en mi Blackberry pero me gusta tener la posibilidad de abrirlo y encontrarme con que la lectura está parada justo allí donde la dejé en cualquiera de mis otros dispositivos, en la misma referencia, y que lo que yo marqué está ahí porque me viene comodísimo en algunos momentos cuando quiero citar un libro o revisar algo que anoté. Cuando yo estoy leyendo un libro éste está en mi cabeza y quiero que esté presente en cualquiera de mis dispositivos. Entonces si se llega a inventar un dispositivo en forma de pantalla enrollable y semitransparente, quiero que mi libro también esté ahí y que no existan restricciones de ningún tipo para que sea así. Estamos hablando de contenidos digitales que por naturaleza son líquidos, de bits que se mueven por todas partes’.

 

(…)

 

‘Para empezar, en el diseño de esta estrategia [de reconversión] se tendría que pensar en el producto digital como el primer producto y eso es muy difícil para quien ha defendido toda su vida el libro físico y que aún cree que el libro digital es cosa de freaks o de minorías. La industria tiene que plantearse que su producto es digital porque se expresa, se vende, se usa y se consume en la red y que en caso de que alguien lo quiera puede imprimírselo pero teniendo en cuenta que el libro en papel es un subproducto. El libro impreso pasa a ser un subproducto y el libro digital es el producto principal que se consume en la red’.

 

(…)

 

‘Cuando en una industria irrumpe una innovación disruptiva, la mayoría de los que eran líderes en la época anterior adopta una postura defensiva y de intentar no hacer nada, de preservar su modelo de negocio, de protestar contra la innovación, de intentar ilegalizarla y cosas de ese tipo. La innovación siempre proviene de fuera, de los que no estaban antes. En Estados Unidos tienes modelos como los de The Huffington Post, Weblogs, Inc., Gawker Media y toda una serie de medios que han ido apareciendo y que han aprovechado muchísimo más las características del nuevo entorno debido a que no tienen las mismas condicionantes del escenario anterior, que es lo que permite que se adapten mucho mejor’.

 

(…)

 

‘Diría que quien produce contenidos debe tener claro que cuanto más circulen éstos mejor, sea en el régimen que sea: gratuito, de pago o restringido. A mí me va mejor cuanto más se mueve mi contenido. Yo soy consciente de que en cuanto publico un contenido en mi blog éste es reproducido automáticamente en una veintena de páginas web. La licencia bajo la cual publico mi blog permite hacerlo y gracias a eso a mí me va mejor. Si yo fuera un editor clásico, tendría que perseguir a esas páginas web y denunciarlas por aprovecharse de mi contenido. Pero no me interesa porque me va mejor así. Hacer este tipo de reflexión cuesta, lleva tiempo y exige una cierta experiencia pero vamos a acabar allí. Al final te tienes que acostumbrar a que tu contenido circule mejor porque te consigue una mayor capacidad de generación de atención. Y mientras más atención tengas, mejor porque puedes monetizarla. Lo que no podemos hacer es tener un contenido, renunciar a monetizar la atención y pretender cobrar simplemente por quien quiera comprarse el ejemplar de nuestra publicación como se hacía en el quiosco porque esto ya no funciona así’.

 

***

 

Las cosas que han sucedido entre mi conversación con Enrique Dans en junio de 2011 y la publicación de esta entrevista en el número 16 de la revista Texturas permiten hacerse una idea con respecto a la creciente aceleración del ritmo de las transformaciones que el sector editorial está sufriendo actualmente:

 

‘Esta entrevista tuvo lugar el miércoles 1 de junio de 2011 mientras se celebraba la Feria del Libro de Madrid, por lo que es bastante probable que entre su realización y su publicación se hayan registrado ciertos cambios en la situación de algunos de los aspectos abordados en ella —lo cual da cuenta de la velocidad a la que se están produciendo las transformaciones que la industria de los contenidos viene viviendo desde hace unos años—. Es indudable que el panorama de la industria editorial española no volverá a ser el mismo una vez desembarquen actores extranjeros provenientes del mundo tecnológico como Amazon, Google ebooks o Kobo, que ya anunciaron que este otoño empezarán a operar en España’.

 

 

 

 

Quienes quieran descargar la entrevista pueden hacerlo apretando aquí.

 

Aprovecho la ocasión para agradecerles no sólo a Margarita María Pérez Barón por la transcripción de esta entrevista, sino también a Manuel Gil y a Manuel Ortuño por sus comentarios y recomendaciones durante el proceso de edición de ésta.

 

* Aquí pueden echarle un ojo a la edición social de Todo va a cambiar, de Enrique Dans.

fil 2011 [ 7 ] / andré schiffrin

El Centro para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC) ha traído a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) a André Schiffrin, editor de The New Press y autor de La edición sin editores, El control de la palabra, Una educación política y El dinero y las palabras. Ayer jueves 30 de noviembre Schiffrin dio en la FIL una charla organizada por el CERLALC.

 

 

 

(Schiffrin esperando el comienzo de su charla en la FIL de Guadalajara)

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En su charla Schiffrin habló acerca de los planteamientos que hace en sus libros, particularmente de la manera como han evolucionado la concentración de la propiedad en el sector editorial, del fracaso de las políticas de los grandes conglomerados que les exigen a los editores índices de rentabilidad similares a los de otras industrias que por la naturaleza de su actividad producen mayores beneficios, de la emergencia tanto de proyectos privados como de iniciativas de origen público que buscan preservar la diversidad cultural y que representan una alternativa frente a la homogeneización del mercado masivo que se deriva de la globalización o del cobro de impuestos a los proveedores de acceso a Internet, a los motores de búsqueda y a las empresas de e-commerce para proteger a las industrias culturales.

 

 

 

(Schiffrin y Fernando Zapata, director del CERLALC)

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Una de las conclusiones que Schiffrin expuso en su charla de ayer en la FIL es que los cambios que el sector editorial está viviendo desde hace unas décadas empezaron cuando la edición dejó de ser una profesión y un oficio para convertirse en una industria.

 

 

 

 

En la tarde de ayer Margarita Valencia, Juan Pablo Mojica y yo tuvimos la oportunidad de sostener una conversación con Schiffrin acerca de estos y algunos otros temas.

 

 

 

(Schiffrin, Margarita Valencia y Juan Pablo Mojica del CERLALC)

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Próximamente publicaré en [ el ojo fisgón ] esta entrevista que le hicimos a André Schiffrin gracias a la colaboración del CERLALC.

Miércoles, septiembre 21, 2011 categorizado bajo formación, formación de editores

entrevista a ana maría aragón, coordinadora del campo editorial (carrera de comunicación social, universidad javeriana) / “formamos profesionales con un perfil amplio que les abre perspectivas laborales a futuro”

El Campo Editorial que coordina Ana María Aragón es una de las áreas de concentración de la carrera de Comunicación Social de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. En esta entrevista Ana llama la atención sobre la importancia que tienen la construcción de un criterio, la adquisición de unos ciertos conocimientos relacionados tanto con las artes como con las humanidades y el desarrollo de algunas competencias prácticas durante el proceso de formación de los estudiantes. Ana expresa sus reservas con respecto al entusiasmo que en ocasiones despierta el uso de las tecnologías digitales en el sector del libro e insiste en que lo más importante son los contenidos y los criterios en los que se basa el proceso de toma de decisiones a la hora de gestionarlos.

 

Además de destacar tanto las ventajas como las limitaciones que tiene la formación de profesionales polivalentes y con un perfil amplio, Ana se refiere a la manera como algunos rasgos de la industria editorial colombiana están dificultando la inserción laboral de los egresados del Campo y su desarrollo profesional.

 

Con esta entrevista a Ana María Aragón retomamos el especial sobre formación de editores en el que venimos trabajando conjuntamente con Leroy Gutiérrez desde mediados de 2010.

 

Leroy Gutiérrez & Martín Gómez: ¿Cuál es el objetivo del Campo Editorial de la carrera de Comunicación Social de la Pontificia Universidad Javeriana?

 

Ana María Aragón: El objetivo del Campo consiste en formar a los estudiantes como editores. Hacemos una formación en lo profesional que comprende tanto el uso de herramientas como todo lo que tiene que ver con la parte operativa del oficio editorial. También queremos hacer énfasis en la formación de un editor que reflexiona y que es crítico frente a los temas de la sociedad. Eso nos parece importantísimo.

 

En la formación no nos gusta hacer distinciones entre diferentes soportes porque creemos que lo editorial es independiente del soporte en el que se trabaje. El énfasis está en los contenidos aunque teniendo en cuenta el soporte. Ahora muchas universidades le dan un lugar especial a lo digital en sus maestrías y especializaciones, que es algo que no tiene sentido porque no podemos decir “editor-papel” o “editor-digital”.

 

L.G. & M.G.: ¿Qué tipos de conocimientos y herramientas adquieren los estudiantes en los cursos del Campo Editorial?

 

A.M.A.: Es muy importante hacer que el estudiante construya criterios y defina algunos aspectos fundamentales: por qué publicar algo o por qué no, a quién va a estar dirigido lo que publica y cómo va a comercializarlo. Es lo más importante y lo más difícil porque, ¿cómo logras que los estudiantes o las personas en general construyan un criterio? Se trata entonces de un trabajo a largo plazo que parte de la intención de lograr que los estudiantes lleguen a tener un criterio que les permita evaluar un contenido.

 

Ya en lo operativo, los estudiantes aprender a hacer corrección de estilo y aspectos básicos de la diagramación —equilibrio en la página, tipografía, teoría del color, etc—. Los estudiantes también alcanzan a aprender algo sobre impresión y gestión —cómo hacer un presupuesto y cómo funciona la comercialización—. Además, estudian lo relacionado con los derechos de autor y con la propiedad de las obras y aprenden a manejar las herramientas de edición tanto para papel como para pantalla.

 

Tratamos de dar un contexto en lo estético porque es necesario que los estudiantes vean que aunque el gusto importa, también hay que seguir algunos criterios. Hay clases en las que el estudiante aprende a ver lo que transmite una imagen y a construir una riqueza estética observando el arte, la literatura y el cine y viendo qué ha pasado con los nuevos medios. En esta pequeña formación les damos a los estudiantes un poco de todo lo que debe aprender y saber un editor.

 

También hay especialidades dependiendo de lo que el estudiante prefiera: hacer un libro de arte, editar un texto escolar, programación de juegos o animación digital. De acuerdo con sus capacidades los estudiantes pueden entrar a cualquiera de estos laboratorios, que son más especializados. Les presentamos el panorama, los roles y las partes del oficio. Pero para formar a un editor pasan años…

 

Ésta es una especie de introducción al quehacer editorial pero es cierto que nuestros estudiantes salen con unas competencias que los de otras carreras no tienen. Y esas competencias son herramientas importantes. Pero los contenidos y la calidad de éstos son aún más importantes.

 

 

L.G. & M.G.: ¿De qué manera los cursos del Campo Editorial contribuyen a reforzar aquellos aspectos de los oficios relacionados con la actividad editorial que los profesionales sólo pueden aprender mediante la práctica?

 

A.M.A.: Mediante algunas clases que son de laboratorio, cuya metodología consiste en reproducir lo que sucede en una editorial. Por ejemplo, hay un comité editorial y los estudiantes deciden por qué van a publicar algo, hacen la armada —aunque no sean diagramadores— y montan la pieza. La evaluación casi siempre se hace mediante un proyecto editorial que los estudiantes deben presentar y sustentar ante sus compañeros y profesores. Hay clases en las que en un primer momento se presentan dos proyectos para que los estudiantes decidan cuál de ellos van a desarrollar a lo largo del curso. Luego hacen una entrega final con jurados, que por lo general son externos. Lo importante es que los estudiantes aprendan a presentar un proyecto y a defenderlo con argumentos.

 

L.G. & M.G.: ¿Cómo definiría usted el perfil del profesional que necesita actualmente el sector editorial?

 

A.M.A.: Este profesional debe ser una persona muy curiosa, sensible, observadora y centrada en la realidad. Que al decidir hacer un proyecto sepa cómo va a hacerlo. Cuando alguien dice ‘voy a hacer una revista’ hay que preguntarle cómo va a hacerla y de qué manera va a financiarla. Por otro lado, es necesario que este profesional sepa mucho, que tenga una cultura amplia y que le gusten disciplinas relacionadas con el ámbito de la cultura como el cine, la literatura, la música, la fotografía, etc. También es importantísimo que conozca muy bien todo lo que tiene que ver con lo gráfico y con la imagen.

 

Debe ser un buen gestor y una persona que no sólo sepa trabajar con los demás y armar equipos de trabajo, sino que también tenga mucho olfato para saber lo que quiere y de quién va a rodearse.

 

L.G. & M.G.: ¿Cree usted que los cursos del Campo Editorial y las actividades paralelas que se proponen en él de manera complementaria están ofreciéndoles a los estudiantes los conocimientos necesarios para comprender las transformaciones que está sufriendo el sector editorial y enfrentarse profesionalmente al panorama que se está configurando gracias a éstas?

 

A.M.A.: Los estudiantes están al día con respecto a lo que está pasando en el campo de la tecnología. A mí me asusta un poco que se haga tanto énfasis en la tecnología porque ésta per se no produce los cambios ni hace las cosas. Estamos hablando en gran parte de dispositivos en los que va a haber contenidos. Hay que saber manejar los dispositivos y los programas de éstos, eso es importante. Pero lo más importante es saber qué contenidos hay que hacer para los diferentes dispositivos. Para la industria editorial la tecnología se convierte en un elemento de vértigo que genera unas grandes expectativas con respecto a todas las maravillas que podemos hacer, cuando en realidad entre el libro en papel y el libro digital no ha habido mayores cambios. Sólo ha cambiado el formato. El formato digital como tal para hacer un libro aún se encuentra en una fase de exploración. Y no se llamará libro, se llamará de otra manera. Me preocupa un poco que los estudiantes se queden pensando sólo en las maravillas que podemos hacer con la tecnología o en copiar todas las cosas que se están haciendo afuera, que es lo que casi siempre pasa.

 

En el Campo se hacen charlas sobre el oficio del editor a las que invitamos a gente que no necesariamente está tan metida de lleno en lo editorial. Invitamos, por ejemplo, a un fotógrafo que hace documentales porque su trabajo puede servir para el desarrollo de un proyecto. En la charla de mayo invitamos a un editor de música que ha impulsado el movimiento de la cumbia en Colombia. Tratamos de que nuestros estudiantes aprendan muchas cosas de manera que tengan un panorama muy amplio que no se limite sólo al trabajo de hacer libros en papel o en formato digital en una editorial. Queremos que el estudiante tenga un perfil muy amplio porque esto abre sus perspectivas laborales a futuro y le permitirá incluso pensar en abrir su propia empresa.

 

 

L.G. & M.G.: ¿Qué porcentaje de los estudiantes de la carrera de Comunicación Social entra al Campo?

 

A.M.A.: En este momento en la carrera hay 1.500 estudiantes, de los cuales el 10% entra al Campo. Uno se da cuenta también de que hay muchos estudiantes que terminan en el Campo pero que no tienen el perfil necesario para ser editores.

 

L.G. & M.G.: ¿Cree que los cursos del Campo Editorial y las actividades paralelas que se proponen en él de manera complementaria están ofreciéndoles a los estudiantes los conocimientos necesarios para desempeñar los nuevos oficios que están apareciendo gracias a la emergencia de lo digital?

 

A.M.A.: Definitivamente es importante estar al tanto de lo digital pero, como te dije antes, eso no lo es todo. Por ejemplo, ahora hay una clase en el Campo que se llama “Informática para la actividad editorial”. Este curso ha evolucionado mucho porque inicialmente la daba un egresado de la carrera de Comunicación Social que les explicaba a los estudiantes qué era un computador, cómo estaba hecho y de dónde había salido. Luego en otra clase abrían un computador, veían las piezas y los estudiantes aprendían más o menos a manejar Dreamweaver. Después pasamos a desarrollar proyectos que tenían que ver con lo digital y en los que los estudiantes terminaban armando páginas Web tras recibir la formación necesaria para ver la importancia de la arquitectura de la información, de la usabilidad del sitio, de la parte informática, de las bases de datos y del lenguaje digital.

 

Ahora la nueva profesora del curso va a ser una egresada del Campo que trabaja en la revista SoHo y que planea enseñarles a los estudiantes a editar video, a hacer animación y a redactar porque a ella en su trabajo le toca hacer todas estas cosas. Mientras más herramientas conozcan los estudiantes y más lenguajes manejen, mejor. Tienen que meterse en edición de sonido y de video, en fotografía, en programación y en temas como las redes sociales, la cantidad de tráfico que tiene una página Web, la analítica de las estadísticas de visitas, etc.

 

Actualmente las editoriales nacionales son pocas y no saben muy bien qué tienen qué hacer con todo lo relacionado con la tecnología, de manera que algunas veces los estudiantes vienen con muchas ideas novedosas pero la organización ya está hecha de determinada forma y es poco flexible. Los estudiantes terminan encasillándose en una rutina de trabajo y es difícil que les dejen proponer cosas nuevas o promover cambios. Entonces algunas personas muchas veces dicen que la universidad no está formando profesionales para las necesidades de estos tiempos cambiantes pero también hay que ver que la empresa tampoco está preparada para incorporar y asimilar los cambios, de manera que en lo digital se improvisa mucho y finalmente no se consigue suficiente visibilidad.

 

L.G. & M.G.: ¿Está el sector del libro en capacidad de absorber a los profesionales que se están formando en el Campo Editorial?

 

A.M.A.: Actualmente no hay suficiente oferta de trabajo. Pero como los estudiantes salen con tantos conocimientos, no necesariamente salen a trabajar en editoriales. Entran a trabajar en empresas de todo tipo donde hay publicaciones o en las que se necesita manejar la comunicación interna o externa porque al fin y al cabo siguen siendo comunicadores sociales.

 

L.G. & M.G.: ¿Se hace un seguimiento a la trayectoria profesional de los egresados de la carrera de Comunicación Social que han cursado el Campo Editorial?

 

A.M.A.: Como los egresados de la carrera que han pasado por el Campo no son muchos —hay alrededor de 230—, estoy más o menos al tanto de lo que están haciendo actualmente. En la página de Facebook del Campo está la mayoría de los estudiantes y de los egresados. Yo creería que un 70% de los egresados está trabajando en el sector de lo editorial. Hay pocos que tienen su propia empresa y la mayoría son empleados.

 

Estamos haciendo una base de datos de egresados en parte para ver qué tan pertinente es armar la maestría y si hay posibles interesados en continuar con ésta.

 

L.G. & M.G.: ¿Cuáles son las condiciones que favorecen y dificultan la inserción laboral de los egresados de la carrera de Comunicación Social que han cursado el Campo Editorial?

 

A.M.A.: Una condición que favorece la inserción laboral es el hecho de que los egresados tengan muchos conocimientos en diversas áreas —aunque algunas veces los ponen a hacer muchos trabajos por unos salarios muy bajos y, por lo tanto, hay un poco de explotación laboral—. Algo que no es bueno es que en ocasiones los egresados tienen muchos conocimientos pero muy superficiales. En sus trabajos los ponen a diseñar pero no son diseñadores y los hacen programar sin ser programadores. Y ahora con los programas de edición y de montaje de páginas Web todos se creen editores, diseñadores y gestores de contenido. Hace falta mucha más profesionalización y que lo editorial se haga con más cuidado y con menos improvisación.

 

En ocasiones los editores terminan siendo coordinadores editoriales que están supervisando una serie de procesos pero su intervención para mejorar el contenido no existe. Ciertos editores no contribuyen a mejorar el contenido para que éste llegue más fácilmente al receptor. A veces parece que los editores fueran los enemigos del libro. Y luego también hay que tener en cuenta que la gente cada vez lee menos.

 

L.G. & M.G.: ¿Existe la posibilidad de que en un futuro el Campo Editorial deje de formar parte de la carrera de Comunicación Social y se convierta en un posgrado?

 

A.M.A.: El Campo Editorial va a seguir formando parte del pregrado porque es financiado bien sea por otros campos de la carrera a los que entran más estudiantes o bien por estudiantes que toman materias nuestras pero que no van a salir como editores. Quisiéramos convertir la formación del Campo en una maestría porque creemos que una formación especializada en edición debe llevarse a cabo en cursos de posgrado.

 

Transcripción: Margarita María Pérez Barón

entrevista a la agente literaria antonia kerrigan / “mi único logro ha sido ver a la mayoría de mis autores publicados en el máximo número posible de países”

Antonia Kerrigan empezó su carrera como agente literaria a principios de los años ochenta junto a Carmen Balcells, a quien según dice le debe todo lo que ha hecho hasta ahora y que le hizo ver que lo que realmente quería era tener su propia agencia. Y dicho y hecho: justo después de salirse de esa escuela que fue Carmen Balcells para ella, Kerrigan abrió su agencia literaria hace casi ya treinta años.

 

En esta entrevista Antonia Kerrigan habla acerca de las sorpresas que en ocasiones se ha llevado tras leer manuscritos de algunos autores desconocidos, de la racionalidad que hay detrás de las apuestas de su agencia, de la manera como Carlos Ruiz Zafón y Javier Sierra han contribuido a que el mercado anglosajón le abra sus puertas a la obra de autores hispanohablantes, del cambio de actitud de la industria editorial estadounidense frente a la literatura escrita en español, del interés que hoy en día suscita la literatura latinoamericana en España y, por supuesto, de su posición actual frente a la gestión de los derechos digitales —un tema con respecto al cual por lo menos de momento se muestra prudente y sobre el que parece tener sus reservas debido a la existencia de algunos interrogantes que en principio deberían resolverse próximamente—.

 

Con respecto a la reciente decisión de varios agentes literarios anglosajones de actuar como editores de ciertas obras de algunos de sus autores, Kerrigan comenta que le parece una línea de trabajo interesante si se trata de títulos que actualmente se encuentran descatalogados para que el público pueda volver a acceder a ellos fácilmente. Sin embargo, Kerrigan también dice que no está segura de que por cuestiones de compatibilidad sea posible ser agente y editor al mismo tiempo.

 

 

Martín Gómez: ¿Cómo definiría usted la función de una agencia literaria?

 

Antonia Kerrigan: Una agencia literaria se ocupa de los autores y de todos los asuntos relacionados con su producción creativa y con sus libros: desde leer el texto y dar una opinión hasta buscar un editor para comercializar su obra. Una vez el libro se ha publicado en su lengua original —la mayor parte de mis autores son españoles—, el siguiente paso consiste en buscar editores extranjeros que se interesen por la obra y que quieran traducirla a otros idiomas para conseguir que ésta se difunda lo máximo posible. No olvidemos que todo escritor escribe para que su obra la lea la mayor cantidad de personas posible. Por lo tanto ése es el objetivo final.

 

Por otro lado, una agencia literaria se ocupa de todos los papeles y de la parte económica: de las facturas, del dinero que ganen los autores, de pasar liquidaciones anualmente o de ver cuántos libros han vendido. En los servicios de una agencia literaria ahora también se incorpora la posibilidad de que la obra entre en libro electrónico y de que se distribuya en este formato tanto como se pueda a través de las nuevas plataformas de comercialización.

 

Una agencia literaria también puede prestar servicios de representación a agencias extranjeras, haciendo las veces de coagente o de subagente. Como yo desconozco el mercado asiático, tengo una persona allí que me sirve de coagente, que busca a los editores, que habla con ellos y que a cambio de un porcentaje vende los libros de mis autores en ese mercado. Yo hago lo mismo aquí para un agente y para una editorial que están en Estados Unidos y que necesitan a alguien que conozca el terreno que pisa.

 

M.G.: ¿Cuáles son los rasgos, los conocimientos y las competencias que a su juicio debe tener un agente literario?

 

A.K.: La verdad es que como es una profesión que no se aprende en ningún lugar ni tampoco hay ninguna universidad a la que puedas asistir, la mejor escuela a la que puedes ir es otra agencia literaria. Allí es donde hemos aprendido todos. Yo me formé en Carmen Balcells y desde que abrí mi agencia hacia 1983 o 1984 otros han aprendido conmigo y han montado las suyas propias.

 

Yo creo que hablar varios idiomas es una cosa absolutamente imprescindible. Pero aparte de eso, el único requisito es ser un buen vendedor y un buen lector. De resto no creo que haya ninguna otra cosa imprescindible más allá de tener ciertos conocimientos de humanidades y una cierta cultura, como en casi todos los trabajos.

 

M.G.: ¿Cuándo y bajo qué circunstancias empezó usted a trabajar como agente literaria?

 

A.K.: A principios de los años ochenta trabajé con Carmen Balcells, a quien le debo todo lo que he hecho hasta ahora y lo que soy porque con ella tuve la oportunidad de aprender un oficio y una profesión. Ella me hizo ver que lo que yo quería era tener una agencia literaria.

 

M.G.: ¿En qué momento y por qué motivo decidió usted abrir la agencia literaria Antonia Kerrigan?

 

A.K.: Cuando dejé la agencia de Carmen Balcells me puse manos a la obra y empecé absolutamente de cero. Si hubiera llegado a saber que iba a ser tan duro, seguramente no lo habría hecho. Pero como era mucho más joven y bastante inconsciente lo hice, perseveré y afortunadamente he tenido suerte.

 

M.G.: ¿Cómo es el proceso a través del cual la agencia literaria Antonia Kerrigan recluta a los autores que representa?

 

A.K.: Es un proceso es muy azaroso. Primero vienen autores a los que conoces, hablas con ellos, intentas colocar algún libro suyo y se recomiendan los unos a los otros. Un día un autor te llama o te manda un correo y te dice que después de haber escrito tres novelas juveniles tiene una para adultos y que cree que debería estar en una agencia. Por ejemplo, así fue como llegó Carlos Ruiz Zafón desde el otro lado del Atlántico. Y en su momento Matilde Asensi también llegó de esa misma manera cuando nadie la conocía porque cuando leyó su manuscrito una de las personas que trabaja conmigo dijo ‘este libro puede vender mucho’. Y así fue.

 

Eso es azar o suerte. Le dices al autor ‘mándame el libro’, te lo lees y dices ‘hombre qué bien, qué libro más estupendo. A ver si tiene éxito’. Y claro, cuando al autor le llega el éxito hay más gente que quiere estar en tu agencia. Hay otros factores que juegan un papel importante como la perseverancia o el hecho de tener un magnífico coagente en Estados Unidos que lee en español y que aprecia los libros que le mando porque eso me ha ayudado mucho a abrirme al mercado anglosajón.

 

Entre tanto sigo haciendo lo mismo: me ocupo de los autores que tengo pero sigo buscando y leyendo cosas nuevas. Cada vez tengo menos tiempo y tardo más en leer los libros pero de cuando en cuando encuentro alguna joya. Al final si un colaborador me dice ‘este libro es muy pero muy bueno’ siempre quiero leerlo para saber de qué va pero también hay muchos textos que se rechazan porque si alguien de la agencia dice que es imposible yo me fio plenamente de su palabra.

 

 

M.G.: ¿Cuáles son los servicios que les ofrece la agencia literaria Antonia Kerrigan a los autores que representa?

 

A.K.: Depende. Hay libros que simplemente lees, opinas y das tu parecer. En otros casos le dices al autor ‘estaría muy bien que te hicieran un editing’. Yo no hago un editing completo, así que a los autores les recomiendo a personas a las que pueden recurrir. A veces el editing lo hace la editorial pero si antes de mandarle el manuscrito a un editor creo que el autor ganaría mucho teniendo ayuda externa, sé a quién remitirlo.

 

M.G.: ¿Cómo es el proceso de búsqueda de un editor para los libros de los autores que representa la agencia literaria Antonia Kerrigan?

 

A.K.: Depende de la intuición de cada uno. Cuando estoy leyendo un manuscrito ya me estoy imaginando el tipo de editor que quiero y ya estoy viendo a la persona a la que le voy a hablar de ese libro. Es algo que viene cuando estás leyendo el manuscrito según el tipo de libro y el perfil de la editorial.

 

M.G.: ¿Cuáles son los factores que en un momento dado pueden llevar a la agencia literaria Antonia Kerrigan a apostar por un autor desconocido?

 

A.K.: Cuando nos gusta mucho un libro apostamos por él. A veces tenemos éxito y el editor se hace cómplice nuestro. Pero en muchas ocasiones nos ha pasado que hay libros a los que no hemos podido conseguirles un editor de ninguna de manera a pesar de que nos han gustado a todos. Por ejemplo, en el caso de Matilde Asensi tardamos tres años en encontrar un editor. El hecho de que apuestes por un libro no quiere decir que vayas a venderlo a la semana siguiente. Primero hay que convencer.

 

M.G.: A partir de la experiencia de la agencia literaria Antonia Kerrigan, ¿cómo percibe usted la evolución de la venta de derechos de autores hispanohablantes a otros mercados?

 

A.K.: Se ha abierto mucho. El éxito de Carlos Ruiz Zafón ha ayudado mucho más que muchísimo particularmente a que se abrieran los mercados anglosajones. Mercados como el italiano y el francés ya estaban al tanto de la literatura española pero el anglosajón era reacio a nuestros autores y de pronto con el éxito de Carlos se abrió muchísimo. Desde hace varios años se ha generado un interés por la literatura escrita en español. Ahora la mayoría de las editoriales tienen lectores en español y editores bilingües, que es algo que hasta hace diez años no existía. Antes tenían que buscar a un editor externo, mandarle el libro y fiarse de un informe de lectura pero ahora tienen editores que leen en español.

 

M.G.: ¿Cómo ve usted el posicionamiento actual de los autores hispanohablantes y de la literatura en lengua española en otros mercados?

 

A.K.: Hoy en día los autores hispanohablantes están bien posicionados, mucho mejor que hace unos años. Podrían estar estupendamente pero no todos consiguen traducirse. Sin embargo, están mucho mejor de lo que estaban antes y eso es un avance importante.

 

M.G.: ¿Cuáles son los factores que favorecen y dificultan la introducción de los autores hispanohablantes y de la literatura en lengua española en otros mercados?

 

A.K.: La temática no importa mucho. El tiempo entre costuras, de Maria Dueñas, es una novela sobre el protectorado español en Marruecos. Se trata de un tema que incluso muchos españoles desconocen y uno diría que un libro de este tipo no se va a vender nunca en Estados Unidos pero no es así porque se publicará y los americanos están muy entusiasmados con la novela.

 

Por ejemplo, Javier Sierra ayudó muchísimo a la entrada de los autores españoles al mercado estadounidense. Incluso entró a la lista de los más vendidos de The New York Times, lo cual influyó muchísimo para que los editores de Estados Unidos empezaran a plantearse la compra de obras de autores hispanohablantes.

 

 

M.G.: ¿Cómo percibe usted el estado actual y el potencial del mercado del libro latinoamericano así como su posición frente al mercado español?

 

A.K.: En España está volviendo a haber un cierto interés por lo que se está escribiendo en Latinoamérica. Hubo mucho interés con el boom, después un cierto desinterés y luego un nuevo interés durante la época del crack. Y ahora el mercado español está volviendo a interesarse por el trabajo de los escritores latinoamericanos.

 

M.G.: ¿Usted es partidaria del modelo de gestión de derechos universales en lengua española o de uno basado en la partición geográfica que presuponga su explotación en territorios limitados del ámbito hispanohablante?

 

A.K.: Ésta es una pregunta difícil de contestar. Si hay un libro que es muy pero muy mexicano, tú sabes que se trata de un libro sólo para México. Los grandes grupos suelen querer comprar derechos mundiales en lengua española porque son los que tienen filiales tanto en España como en todos los países de Latinoamérica. Como la práctica nos enseña que un libro que un gran grupo publica en un país latinoamericano —pongamos el ejemplo de Colombia— normalmente no llega a España y viceversa, yo he llegado a un acuerdo con estos grandes grupos: yo les cedo los derechos mundiales durante un período de 12 o 18 meses y si al cabo de ese tiempo el libro no está en todos los países de habla hispana, los derechos que ellos no están usando regresan al autor.

 

M.G.: ¿Qué piensa usted acerca de la reciente decisión de varios agentes literarios anglosajones como Andrew Wylie, Ed Victor, Curtis Brown y Blake Friedman de actuar como editores de ciertas obras de algunos de sus autores?

 

A.K.: Me parece interesante. Creo que hay que pensárselo mucho porque es un hecho muy reciente y hacer eso también requeriría mucha infraestructura. Y no sé si es compatible ser agente y al mismo tiempo editor. Aún no me posiciono sobre el tema pero me parece que es interesante, especialmente si los agentes van a ser editores de libros que actualmente están descatalogados. El hecho de poder darle una segunda vida a libros que se encuentran descatalogados me atrae muchísimo pero ahora mismo no tengo una opinión fija o formada sobre esto. Creo que me arriesgaría a digitalizar y a poner en libro electrónico todos los títulos que se encuentren descatalogados para que estén a disposición del público. Eso sí que me parecería muy interesante.

 

M.G.: ¿Cuál es actualmente la política de la agencia literaria Antonia Kerrigan con respecto a la gestión de los derechos digitales de las obras de sus autores?

 

A.K.: No tengo una política al respecto y explicaré por qué. Yo tengo algunas ideas que requieren muchas discusiones con editores tanto españoles como de otros países. Creo que los derechos digitales deben ser sin exclusivas, que nadie debe tenerlos todos y que los libros tienen que estar en todas las plataformas digitales que haya. Con esto me refiero a que deben estar en Amazon, en Barnes & Noble, en Libranda y en donde sea. Los editores tienden más a querer quedarse con todos los derechos digitales y creo que también debe haber una gran y profunda discusión acerca tanto de los precios que van a poner como de los porcentajes que van a darle al autor. Por tanto, en estos momentos yo estoy en una nube de interrogantes que espero que vayan resolviéndose a lo largo de los próximos meses para poder definir en un momento la política de esta agencia con respecto a la gestión de los derechos digitales. De momento nuestra política consiste en escuchar, comentar y discutir todo lo relacionado con los derechos digitales para llegar a una conclusión con respecto a qué es lo más beneficioso para el autor y a cómo hacer que las editoriales queden contentas con sus resultados. En este sentido estoy muy sintonizada con otras agencias como las que forman parte de la Asociación de Agencias Literarias de España (ADAL).

 

M.G.: ¿Cuál cree usted que es en el mediano y en el largo plazo el potencial desarrollo del mercado de los contenidos en formato y soporte digital en el ámbito hispanohablante?

 

A.K.: Yo creo que todo tenderá a ir a más. Si tenemos que seguir el ejemplo norteamericano, yo diría que todo irá a más. Ahora, predecir me parece difícil.

 

 

M.G.: ¿Cuáles han sido hasta el momento los principales logros de la agencia literaria Antonia Kerrigan?

 

A.K.: El único logro es cumplir la meta de cualquier agente, que es conseguir que todos sus autores o la mayor parte de ellos se publiquen en el máximo número posible de países. Creo que cada vez he conseguido que mis autores tengan una mayor presencia en los países europeos, asiáticos, americanos y anglosajones. Esta tendencia ha ido en aumento, lo cual es un gran logro para mí.

 

M.G.: ¿Cuáles han sido las principales dificultades con las que se ha encontrado durante su trabajo al frente de la agencia literaria Antonia Kerrigan?

 

A.K.: En una época los editores no se arriesgaban con autores que no tenían un nombre o con figuras jóvenes. Esos años fueron difíciles porque podías hacer poco si no representabas a grandes nombres. Después las cosas han ido cambiando porque he conseguido algún éxito y cuando esto pasa todos empiezan a hacerte más caso.

 

M.G.: ¿Cuál es su balance con respecto a la experiencia de la agencia literaria Antonia Kerrigan?

 

A.K.: Mi balance es que la experiencia ha valido la pena.

 

Transcripción: Margarita María Pérez Barón

“la gente estará dispuesta a pagar si puede acceder a los contenidos en cualquier momento, dispositivo y formato”: adelanto de una entrevista a enrique dans

Hace unas semanas tuve la oportunidad de hacerle una entrevista a Enrique Dans acerca de la reconversión del sector editorial. Dans es un observador atento y un analista agudo tanto de la evolución y del estado actual de la economía digital como de las transformaciones que hoy en día está sufriendo la industria de los contenidos. El trabajo de Dans se centra en gran parte en dar cuenta de lo que está sucediendo en el ámbito de los medios de comunicación tradicionales, de las industrias cinematográfica, discográfica o editorial y de las empresas nativas digitales de servicios en línea.

 

Dans tiene unas posiciones muy claramente definidas y las expresa de una manera bastante categórica y sintética. Independientemente de que se esté a favor o en contra parcial o totalmente de sus posturas, Dans contribuye a través de sus intervenciones públicas a comprender la evolución, el estado actual, las tendencias y los posibles rumbos que podrían tomar en el futuro la economía digital y la industria de los contenidos.

 

Esta entrevista a Enrique Dans será publicada en el número 16 de la revista Texturas, que saldrá este otoño.

 

 

Durante esta entrevista le planteé a Dans una serie de preguntas acerca de distintos temas relacionados con la emergencia de lo digital y con la reconversión del sector editorial: la manera como Internet está contribuyendo a la transformación de nuestros hábitos de consumo de contenidos; la actitud actual de la industria editorial española frente a la emergencia de los contenidos digitales; las estrategias a las que debería recurrir la industria editorial para construir una oferta legal de contenidos digitales amplia, diversa y atractiva que motive a los consumidores a pagar por éstos; el tamaño de la oferta de contenidos digitales que el sector editorial está poniendo a disposición de los consumidores y su repercusión tanto en la penetración de éstos como en el crecimiento del mercado; la necesidad de que la industria editorial busque nuevas fuentes de ingresos en productos y servicios diferentes del libro pero afines y complementarios a éste; los componentes que debería tener un modelo de negocio para que la industria editorial encuentre su lugar en un entorno en el que los contenidos digitales ocupan un lugar central; el impacto que los sistemas de control como el Digital Rights Management —DRM—, los entornos cerrados y las restricciones geográficas pueden tener sobre el desarrollo y el crecimiento del mercado de los contenidos digitales; la evolución, los posibles nuevos desarrollos, el potencial de penetración en el mercado, el posicionamiento en éste y la acogida entre los consumidores de los distintos tipos de dispositivos de acceso a los contenidos digitales —ordenadores de sobremesa y/o portátiles, netbooks, smartphones, tablets, e-readers, etc.—; la manera como la eventual entrada de Amazon a España —que aparentemente tendrá lugar de aquí a unos meses— podría contribuir a dinamizar el mercado de los contenidos digitales en el sector del libro; los elementos que debería incorporar la industria editorial española en su estrategia de reconversión hacia lo digital para garantizar su supervivencia al largo plazo; la repercusión que tiene la entrada en el juego de la comercialización de contenidos de actores ajenos al sector editorial como operadoras de telecomunicaciones, proveedores de servicios en Internet o empresas de e-commerce; y, por último, el balance de la experiencia de algunas plataformas de comercialización de contenidos digitales como OrbytLibranda que han sido desarrolladas y puestas en marcha por grandes actores de la industria mediática y editorial española.

 

 

A continuación reproduzco algunos fragmentos de esta entrevista a Enrique Dans en la que se tocan un par de aspectos sobre los que me parece que vale la pena llamar la atención en la coyuntura actual*.

 

- Sobre algunos de los elementos que debería tener una estrategia de reconversión del sector editorial:

 

‘La estrategia a la que debe recurrir la industria editorial para construir una oferta legal de contenidos digitales amplia, diversa y atractiva que motive a los consumidores a pagar por éstos consiste en aportar valor. La gente paga por aquello que le aporta valor. ¿Qué se puede hacer con un libro en Internet? Se pueden hacer un montón de cosas: una edición social de la obra, un libro que esté abierto a que la gente comente lo que va leyendo o permitirle al lector poner sus marcadores, sus ideas y sus vínculos. Lo que quieras. Se puede hacer que la experiencia de lectura mejore porque ya no estás limitado al formato habitual del libro. La cuestión es que tenemos que aprender que cuando el cliente tiene la posibilidad de conseguir algo va a conseguirlo y que, por lo tanto, el hecho de que intentemos prohibírselo no va a contribuir a nada. Tenemos que adaptarnos. Y adaptarse quiere decir proporcionar una oferta que tenga un precio disuasorio como para que a alguien no le compense dedicarse a buscar por debajo de las piedras una edición que va a ser peor y que no va tener los formatos o las mejoras que nosotros le podemos poner (…)’.

‘(…) En el diseño de esta estrategia se tendría que pensar en el producto digital como el primer producto y eso es muy difícil para quien ha defendido toda su vida el libro físico y que aún cree que el libro digital es cosa de freaks o de minorías. La industria tiene que plantearse que su producto es digital porque se expresa, se vende, se usa y se consume en la red y que en caso de que alguien lo quiera puede imprimírselo pero teniendo en cuenta que el libro en papel es un subproducto. El libro impreso pasa a ser un subproducto y el libro digital es el producto principal que se consume en la red. Es posible que al principio el consumo en la red sea minoritario y que haya mucha gente que por cuestiones de carácter generacional siga prefiriendo leer libros en papel. Pero la industria ya tiene que haber avanzado su estrategia para cuando eso cambie porque ya sabe que va a cambiar. La industria editorial no puede pensar que la gente va a seguir leyendo en papel dentro de dos generaciones porque no es así. Tiene que plantearse un cambio de este tipo y a lo mejor muchas de sus estructuras ya no son válidas. A lo mejor toda la inversión que tiene en distribución pasa a tener una importancia estratégica muchísimo menor’.

 

- Sobre la manera como la entrada de Amazon a España podría contribuir a dinamizar el mercado de los contenidos digitales en el sector del libro:

 

‘Es indudable que el hecho de que entre un competidor potente que se sabe la lección como Amazon va a hacer que mucho otros actores que hasta ahora no tienen dinamismo se dinamicen. Es importante que haya una cierta actividad de gente y de empresas que quieren cambiar las cosas y que tienen tanto potencia como pulmón financiero para poder hacerlo. El hecho de que el mercado del libro digital se dinamice hoy en día depende de este tipo de actores potentes.

Amazon tiene un porcentaje importante del mercado y hay personas que actualmente nos dedicamos a pedir libros a Amazon UK o Amazon.com. Es por esto que en cuanto Amazon entre a España y haya una oferta razonable y buena de títulos en español yo estoy seguro de que va a ocupar un porcentaje muy interesante del mercado’.

 

En otoño podrán leer esta entrevista completa en el número 16 de la revista Texturas.

 

¿Veremos algún cambio importante en el panorama de aquí a entonces?

 

* Transcripción: Margarita María Pérez Barón

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