la pelea por los nichos
Una de las razones por las que siempre me han interesado las editoriales independientes es que en un mercado cada vez más homogéneo muchas de éstas suelen abrirse un lugar mediante una estrategia que consiste en diferenciarse construyendo un catálogo con un registro propio que busca sintonizar con las necesidades de pequeños nichos de lectores que tienen intereses específicos. Y el hecho de que las editoriales independientes sean un espacio propicio para la apuesta por nuevos valores fue una de las razones que en su momento motivó la creación del Observatorio Iberoamericano de la Edición Independiente (OBIEI).
Cuando abordan el tema de la larga cola en su libro Comment le web change le monde, Francis Pisani y Dominique Piotet señalan una paradoja de esa economía de la abundancia y de la diversidad que resulta bastante llamativa:
‘Una de las consecuencias económicas paradójicas radica en el hecho de que las grandes empresas son las que mejor están preparadas para sacar partido de la extensión del mercado a los nichos. Un punto subrayado por Anderson y que confirma Hal Varian, profesor de economía de la Universidad de California-Berkeley, autor del libro Information Rules y actualmente jefe económico de Google. En una entrevista que tuvimos con él declara que “el más grande es el mejor posicionado cuando se busca la diversidad”. Los pequeños pueden sacar su parte pero, según Varian, “deben especializarse en géneros: películas de terror de los años 1950 o música irlandesa, por ejemplo. Gracias a la publicidad basada en los motores de búsqueda los consumidores serán capaces de encontrarlos”‘.
No deja de ser interesante constatar que al apuntarle a todo los grandes grupos editoriales consiguen estar presentes en una amplia gama de segmentos del mercado e incluso posicionarse bien en algunos nichos específicos mediante la publicación de obras y autores que los públicos de éstos consideran fundamentales. En un momento en el que los grandes grupos tienden a optar por la disolución de la identidad de sus sellos y colecciones, la publicación de obras y autores de gran impacto con el propósito de dar un pelotazo parece pesar más que la definición y el desarrollo de una línea editorial clara. La pregunta es: ¿de qué sirve cubrir el máximo número de segmentos posible si en casi ninguno de ellos se hace un trabajo sistemático que permita cautivar públicos y ser la marca líder —o por lo menos estar cerca de serlo—?

Quizás es en la construcción de públicos y en la fidelización de éstos donde la transversalidad excesiva puede terminar jugando en contra de los grandes que se dedican a echar tiros al aire a ver qué cae y, por el contrario, favoreciendo a aquellos editores que construyen catálogos con líneas claramente definidas a través de los cuales satisfacen las necesidades de un cierto tipo de lector con el que intentan conectar ofreciéndole lo que está buscando.








