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Lunes, abril 12, 2010 categorizado bajo 1, redes sociales, web 2.0

lecturas y conversaciones

En 1996 Gabriel Zaid hacía en Los demasiados libros el siguiente planteamiento:

‘La cultura es una conversación. Pero escribir, leer, editar, imprimir, distribuir catalogar, reseñar, pueden ser leña al fuego de esa conversación, formas de animarla. Hasta se pudiera decir que publicar un libro es ponerlo en medio de una conversación, que organizar una editorial, una librería, una biblioteca, es organizar una conversación’.

Por otro lado, en 1999 los autores del Cluetrain Manifesto postularon en la primera tesis de éste que ‘los mercados son conversaciones’.

(Imagen tomada del blog Comunicación cultural)

Esa idea de la conversación a la que tanto Zaid como Rick Levine, Christopher Locke, Doc Searls y David Weinberger se refirieron en la segunda mitad de los años noventa y que seguramente ya había sido planteada anteriormente en más de una ocasión ha encontrado su máxima expresión en los entornos digitales de generación Web 2.0, que han permitido que esa charla se amplíe de manera inusitada al incorporar a personas que pese a encontrarse a kilómetros de distancia y en ocasiones a no conocerse personalmente intercambian puntos de vista en tiempo real y de manera continua.

A la larga quienes entablamos conversaciones en la Web 2.0 no hacemos nada distinto de lo que llevamos haciendo desde hace generaciones en la mesa, en el patio del colegio, en el café, en la fila del súpermercado o en las páginas de cartas de los lectores de los diarios. Lo que pasa es que la escala, la magnitud, el alcance y la fluidez de la conversación así como el escenario en el que ésta se desarrolla han cambiado.

En mi experiencia personal la participación en esa gran conversación que se desarrolla en escenarios como la blogósfera, Facebook o Twitter ha enriquecido muchas de mis lecturas y me ha puesto tras la pista de obras y fuentes de las que hasta el momento no tenía noticias, que me han suscitado un interés enorme y que en adelante han sido definitivas.

Con los paradigmáticos, Manuel Ortuño, Javier López Yáñez, Roger Michelena, Pablo Arcila, Leroy Gutiérrez, Silvano Gozzer, Jorge Portland y Henry y Pablo Odell, entre muchos otros, llevamos meses sosteniendo una conversación bien rica que se articula alrededor de nuestro interés compartido por todo lo relacionado con el libro y la lectura. A quienes se animen a sumarse a nuestra conversación, pasen que serán bienvenidos.

Lunes, enero 19, 2009 categorizado bajo e-book

gadgets y libros

El viernes pasado una de las editoriales con las que trabajo me dio un Sony Reader para facilitar el trabajo de lectura de manuscritos. Aunque todavía no lo he explorado a profundidad, hasta el momento sólo le veo ventajas al hecho de tener un lector digital —por lo menos para cuestiones estrictamente laborales—. Lo que he visto hasta ahora confirma la buena impresión que me produjeron las demostraciones de lectura en teléfono móvil y en Sony Reader que en su momento me hicieron Javier Celaya y Pablo Arrieta.


Un par de anotaciones al respecto a partir de lo que he podido ver:

- se trata de un gadget más o menos del tamaño de un libro de bolsillo y que pesa un poco más que éste.

- tiene una buena capacidad de almacenamiento de documentos en formatos estándar —en algunos de éstos permite archivar unos 250 libros de 300 páginas—, lo cual favorece la portabilidad de éstos sobre todo cuando se tiene la necesidad o el deseo de desplazarse.

- el contraste es óptimo y no depende de la luz que haya en el ambiente.

- tiene una interfaz básica y austera, así como un sistema de navegación bastante simple.

- el cambio de página es lento.

- se pueden señalar páginas mediante una simulación del gesto de doblar una de las esquinas de la hoja del libro.

- en términos de energía es un dispositivo altamente autónomo en la medida en que gracias a la tinta electrónica sólo consume batería cuando se cambia de pantalla.

- hasta donde sé, en España todavía no se pueden comprar contenidos exclusivos para este dispositivo.

Y ya.

Hace unos días que cogí Los demasiados libros para buscar una cita recordé que allí había un ensayo titulado “La superación tecnológica del libro” en el que Gabriel Zaid da seis argumentos a favor del libro en papel. Teniendo en cuenta que desde 1996 —cuando fue publicado Los demasiados libros— el desarrollo tecnológico ha introducido transformaciones significativas en el ámbito de los contenidos digitales, valdría la pena preguntarse en qué medida el libro electrónico ha empezado a satisfacer las siguientes ventajas del libro en papel que evoca Zaid:

’1. Los libros pueden ser hojeados.


2. Un libro se lee al paso que marca el lector.


3. Los libros son portátiles.


4. Los libros no requieren cita previa.


5. Los libros son baratos.


6. Los libros permiten mayor variedad’.


Los demasiados libros, de Gabriel Zaid. pp. 57 – 63

Anagrama

Barcelona, 1996

Jueves, enero 15, 2009 categorizado bajo Sin categoría

los libros no leídos



La montaña mágica, de Thomas Mann, es una novela importantísima para mí porque representa todos los libros que no he leído y que no sé cuándo podré leer. Empecé a leerlo a principios de enero de 1998, durante las vacaciones, y nunca pude terminarlo porque a mitad de mes empezaron las clases y me quedé sin tiempo para leer cosas distintas de las de mis cursos.

Durante mucho tiempo fui uno de esos compradores compulsivos de libros que se gastan cualquier billete que les cae en las manos comprándose alguna cosita que han estado buscando o que se les atraviesa por el camino. Mi biblioteca fue creciendo rápidamente —tanto que muy pronto me quedé sin espacio en mi cuarto, que igual es más bien pequeño, y que cada cierto tiempo tenía que hacer una Operación Tetris para reacomodarlo todo— pero como mi capacidad de lectura no lo hacía al mismo ritmo la brecha entre aquellos libros míos que había leído y los que no empezó a hacerse cada vez mayor.

Como en algún momento empecé a sentirme frustrado cada vez que salía de una librería llevando en la mano una bolsa con un par de novelas porque no sabía cuándo iba a tener el tiempo para leerlas, un día decidí dejar de comprar libros. Muchas veces soñaba que por culpa de alguna enfermedad me daban de baja en el trabajo y me obligaban a quedarme en cama durante meses enteros que yo dedicaba a leer Los detectives salvajes, La isla del tesoro, El otoño del patriarca, El corazón de las tinieblas, Tres tristes tigres, Moby Dick, La guerra de fin del mundo, Diario del año de la peste, La Vorágine, Guerra y paz, El obsceno pájaro de la noche y todos esos libros que me atraían y que no había podido leer hasta entonces, que en su mayoría tampoco he leído todavía y que espero poder leer algún día —lo máximo que he conseguido hasta el momento es leer Los detectives salvajes durante unas vacaciones, justo un par de semanas antes de la muerte de Bolaño—.

Ahora sólo compro libros que sé que voy a empezar a leer en el momento. Muchas veces los dejo empezados bien sea por falta de tiempo o bien porque no conecto con ellos. Pero si los compro es porque en ese momento tengo la necesidad imperiosa de leerlos. Si no llego a tener esa necesidad considero que no vale la pena comprarlos.

A propósito de los libros no leídos, en el ensayo “Los demasiados libros” dice Gabriel Zaid:

‘La gente que quisiera ser culta, va con temor a las librerías, se marea ante la inmensidad de todo lo que no ha leído, compra algo que le han dicho que es bueno, hace el intento de leerlo, sin éxito, y cuando tiene ya media docena de libros sin leer, se siente tan mal que no se atreve a comprar otros.

En cambio, la gente verdaderamente culta es capaz de tener en su casa miles de libros que no ha leído, sin perder el aplomo ni dejar de seguir comprando más.

“Toda biblioteca personal es un proyecto de lectura”, dice un aforismo de José Gaos. La observación es tan exacta que, para ser también irónica, requiere la complicidad del lector bajo una especie de imperativo moral, que todos más o menos acatamos: un libro no leído es un proyecto no cumplido. Tener a la vista libros no leídos es como girar cheques sin fondos: un fraude a las visitas.

Ernest Dichter, en su Handbook of Consumer Motivations, habla de esta mala conciencia en los clubes de libros. Hay gente que se inscribe como si entrara a un festival de la cultura; pero, a medida que los libros llegan y se acumula el tiempo que hace falta para leerlos, cada nueva remesa, y el montón, se vuelven un reproche muy poco festivo: una acusación de incumplimiento, hasta que rompe con el club, decepcionada y resentida de que le siga enviando libros, a pesar de pagarlos’.

Los demasiados libros, de Gabriel Zaid. pág. 11

Anagrama

Barcelona, 1996

Martes, julio 31, 2007 categorizado bajo edición, editores, editores independientes, grupos multimedia, summertime

summertime [ 16 ] / libros para pequeños grupos de gente con intereses comunes


Con respecto a las ventajas que tienen los pequeños y medianos editores frente a los grandes grupos gracias tanto a la segmentación en nichos como a la mayor proximidad con su público, dice Gabriel Zaid:

‘Con raras excepciones, el mundo del libro no corresponde a los mercados masivos e indiferenciados, sino a clientelas segmentadas, a los nichos especializados, a los miembros de un club de interesados en tal o cual conversación. Pero no todos los editores, libreros, bibliotecarios, ven la importancia de darle forma al club; de hacer listas de su público interesado; de tener catálogos actualizados y boletines de lo que ofrecen; de atender y facilitar el contacto directo; de tomar en cuenta los gustos y opiniones de los participantes; de organizar conversaciones coherentes y animadas. Los éxitos que han tenido en esta dirección muchos pequeños y medianos editores, frente a los fracasos de los grandes conglomerados financieros e instituciones públicas que han comprado o puesto casas editoriales, confirma la idea de que organizar el mundo del libro es como organizar una conversación’.

Los demasiados libros, de Gabriel Zaid. pp. 37 – 38

Anagrama

Barcelona, 1996

Miércoles, julio 25, 2007 categorizado bajo summertime

summertime [ 12 ] / los libros y la conversación


En el capítulo “Los libros y la conversación” de Los demasiados libros dice Gabriel Zaid:

‘La cultura es una conversación. Pero escribir, leer, editar, imprimir, distribuir catalogar, reseñar, pueden ser leña al fuego de esa conversación, formas de animarla. Hasta se pudiera decir que publicar un libro es ponerlo en medio de una conversación, que organizar una editorial, una librería, una biblioteca, es organizar una conversación’.


Los demasiados libros, de Gabriel Zaid. pág. 31

Anagrama

Barcelona, 1996


Cada vez que leo esta frase siento que todo ha quedado dicho y que, por lo tanto, no hay nada que añadir.

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