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viernes, diciembre 18, 2009 categorizado bajo 1

invitación de hermanocerdo a compartir las lecturas de 2009

Al igual que el año pasado, los chicos de la revista HermanoCerdo invitan a sus ‘amigos, colaboradores y lectores a que les digan qué lecturas han leído y disfrutado este 2009‘.

 

CERDO

 

Yo estoy preparando un breve comentario sobre mis lecturas de 2009. ¿Quién se anima a compartir las suyas?

 

Pueden enviar los comentarios sobre sus lecturas a hermanocerdo@gmail.com

¿por qué los escritores que escriben en español se leen poco en países hispanohablantes distintos del suyo?: ideas de maría moreno y javier moreno

En [ el ojo fisgón ] he escrito varias entradas sobre las dificultades existentes a la hora de difundir la obra de los autores hispanoamericanos en otros países hispanohablantes distintos del suyo: “venir a españa para poder ir al país de al lado: ¿la paradoja de los escritores hispanoamericanos?”, “¿qué deben hacer los escritores hispanoamericanos para cruzar la frontera?” y “una cuestión de derechos”.


En estas entradas intenté dar cuenta de algunas razones que explicaran por qué es tan difícil encontrar en cualquier país latinoamericano un libro de un autor de otro país de la región. Para mí en ese momento estaba claro que la razón que explicaba este fenómeno era que un escritor chileno o mexicano que no fuera conocido en Venezuela o Perú difícilmente encontraría allí un editor local que apostara por publicar sus libros, que si en su propio país publicaba con un gran grupo transnacional éste sólo llevaría sus libros a otros países en caso de que se tratara de un autor de mucho renombre y que si esto llegase a suceder lo más probable sería que no vendiera más que unos cuantos ejemplares —sólo autores cuyo nombre es una marca posicionada como Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Arturo Pérez-Reverte o Isabel Allende están en capacidad de garantizar grandes ventas en cualquier país—.


La existencia de una lengua común debería dar pie para que los libros circularan con mayor fluidez de un país a otro e incluso para la creación de un mercado común. Sin embargo, parece que de momento en el ámbito hispanohablante las fronteras políticas pesan más que el hecho de contar con cerca de 500 millones de lectores potenciales —al cual claramente no se le está sacando provecho—.





Dicho esto, en los comentarios a la entrada “¿qué deben hacer los escritores hispanoamericanos para cruzar la frontera?” se desarrolló una breve conversación entre María Moreno, editora de Veintisiete Letras, y Javier Moreno, coeditor de HermanoCerdo, en la que ambos dan cuenta de otros elementos que yo no consideré y que además de muy interesantes me parecen cruciales.


Como entonces no tenía mayor cosa que añadir con respecto a los argumentos de María y Javier, en ese momento me hice a un lado aunque con la intención de volver más adelante sobre este tema porque estaba convencido de que aún había mucho por decir y de que valía la pena seguir dándole un impulso a la discusión. A continuación reproduzco el intercambio de opiniones que sostuvieron María y Javier por si alguien quiere comentar algo al respecto o aportar nuevos puntos de vista —pongo en negrillas los aspectos sobre los que me gustaría llamar la atención—.


Dice María:


‘Habláis de los problemas de mercado y distribución, pero creo que debemos preguntarnos antes por el interés real que existe entre los lectores -no ya ocasionales, sino habituales- por lo que se escribe en español. Qué interés suscita la creación y el pensamiento en español en el mundo hispanohablante. Yo creo que muy poco. Dentro de cada país, se hace “algo” de caso a los autores nacionales (y sólo a algunos) y se acabó.


En España. “España da la espalda a América Latina”. Se trata de una frase que hace año y medio escuchamos repetidamente de distribuidores y libreros cuando presentamos Veintisiete Letras. Y que seguimos escuchando. ¿Por qué no interesa a los lectores españoles lo que se escribe en nuestro idioma? No hablo sólo de autores jóvenes. Hablo de obras consagradas por la crítica, de clásicos vivos, de premios nacionales… ¿Por qué no son “tendencia” las letras hispanoamericanas? Aclaro que los autores españoles sólo funcionan a medias…


Son varias las razones que se me ocurren: un desprecio (o poco aprecio) por el idioma en sí mismo y por el placer de leer en “versión original”; los manidos efectos del boom, que son muy reales y parecen haber saciado el interés de generaciones y generaciones posteriores de lectores; la radical falta de curiosidad por la cultura contemporánea latinoamericana: sería precisa una integración más natural, más viva y visible de sus manifestaciones en la vida cultural cotidiana de nuestro país (ahora se limita a ciertas esferas e instituciones en absoluto influyentes en la opinión pública); y también, hay que decirlo, los prejuicios con los que hoy un españolito se relaciona con la realidad iberoamericana, relación muy condicionada por el fenómeno de la inmigración.


Por mucha apuesta que hagamos las editoriales y por muy razonable que sea el espacio que dedican los medios a estas obras, si los hispanohablantes no tenemos interés en leer español “original”, poco más se puede hacer’.


Dice Javier en respuesta al comentario de María:


‘Buena aclaración, María. A Herralde lo escuché decir algo muy parecido alguna vez. Sospecho, sin embargo, que la observación no se extiende a América Latina.


En Latinoamérica la defensa de “lo propio” no es tan acentuada (al menos a nivel de idioma y literatura) como en España (tan es así que los autores latinoamericanos que publican en España -no importa de dónde sean- luego se venden con mediano éxito en toda latinoamérica. De hecho casi cualquier autor español medianamente serio de una editorial con interés por el mercado americano (esto es, que distribuya) se consigue en Bogotá o Lima o Quito o México D.F. sin mucha dificultad)). Naturalmente hay una predilección por los autores locales (“porque hablan de uno”) pero esta nunca llega al nivel de impedir que autores extranjeros no lleguen y se vendan.


El mercado está ahí’.


Dice María, contestándole a Javier:


‘No sé, no sé… Os doy un dato más para la reflexión: nosotros hemos empezado a exportar libros a Hispanoamérica a través de una empresa española. Aunque nuestro catálogo es muy pequeño aún (14 títulos), los autores americanos tienen un protagonismo clarísimo. No se trata de autores noveles, sino de escritores con amplia reputación y obra en sus respectivos países. Su recepción crítica en España ha sido muy buena (han tenido una más que razonable repercusión en prensa). Y, sin embargo, a nuestro exportador sólo le llegan pedidos de México, Colombia o Perú referidos a la “cara b” del catálogo: clásicos como Trotsky, Colette o Rougemont. Ningún interés por los demás’.


Para terminar, Javier le responde de nuevo a María:


Yo sospecharía que detrás de esos pedidos no hay estudios de mercado sino prejuicios y comodidad de los distribuidores. Al fin y al cabo, publicitar un clásico siempre es más fácil que presentar y popularizar un autor contemporáneo sin suficiente nombre.


Un problema adicional es el precio: En pesos colombianos los libros de Veintisiete Letras deben ser medianamente caros. Conozco distribuidoras de libros pubicados en España que etiquetan sus libros con un precio en pesos que es casi dos veces el precio en euros en España. Eso definitivamente reduce el atractivo de los libros importados.


Y bueno, hay muchos factores más. El problema ciertamente no se restringe a la distribución: La literatura en latinoamérica es en últimas un negocio con un público limitadísimo, con poca publicidad y con nulos espacios divulgación por fuera de los libros editados por los grandes grupos editoriales’.


Los planteamientos de María y Javier son bastante interesantes y vale la pena continuar con la conversación que ellos empezaron. En esta semana añadiré un par de comentarios al respecto.

miércoles, mayo 6, 2009 categorizado bajo notas sueltas

notas sueltas [ 5 ] / una rareza de fitzgerald, gomorra por martín franco y hermanocerdo 23

Desde que Seix Barral hizo a principios de 2007 una edición ampliada de Prosas apátridas he comprado ese libro varias veces porque siempre termino regalándoselo a algún amigo. Hace un mes largo no tenía nada que hacer un sábado en la tarde, así que decidí ir a comprar otro ejemplar de Prosas apátridas porque desde hacía tiempo tenía miedo de que la edición se agotara y yo no quería dejar de tener ese libro en mi biblioteca personal —estuvo descatalogado durante muchos años y desde que descubrí a Ribeyro en 2004 lo busqué hasta el cansancio—.

Fui a La Central del Raval a comprarlo y aproveché que estaba allí para echarle un ojo a las estanterías. Cuando estaba en la parte de narrativa anglosajona traducida, en una caja abierta que había debajo de una estantería me encontré con un ejemplar de un libro de Scott Fitzgerald que no conocía y que me pareció curiosísimo: El crucero de la Chatarra Rodante, editado en 1990 por Anagrama y traducido por Enrique Murillo.


El crucero de la Chatarra Rodante es el relato de un viaje que el escritor estadounidense y su esposa Zelda hicieron por la costa este de los Estados Unidos durante el verano de 1920 y viene acompañado de unas imágenes lindísimas. Según dice el autor de la introducción, Fitzgerald había escrito el texto para The Saturday Evening Post que lo rechazó y se lo vendió a la revista Motor.




Es una coincidencia que en medio del resurgir del interés por Fitzgerald a raíz de la salida de la adaptación cinematográfica de El curioso caso de Benjamin Button —al cual me referí hace un tiempo en la primera entrega de estas notas sueltas— yo me encuentre un libro publicado en 1990 que estoy seguro de no haber visto nunca antes porque en una época estuve a la caza de libros de Fitzgerald.

El libro me pareció demasiado barato para pertenecer la colección Panorama de narrativas —aunque es del tamaño de un compacto de los grandes—: 7.22 euros. Pero lo que más me llamó la atención del precio del libro es que debajo de la etiqueta en la que éste estaba indicado —que fue puesta el 1 de abril de 2009— había otra mas pequeña de la Distribuidora popular con un precio en pesetas. Cuando esta etiqueta fue puesta —necesariamente antes de 2002— el libro de Fitzgerald costaba 9.207 pesetas.


¿Dónde habrá estado este libro todo este tiempo? ¿Por qué estaba fuera de circulación? ¿Cuántos ejemplares quedan de la edición y dónde están éstos? ¿Se prevé reeditarlo?

***


En semana santa conocí al periodista colombiano Martín Franco, que actualmente vive en Madrid y en ese momento estaba de paso por Barcelona. Mientras hablábamos Martín me contó que estaba leyendo Gomorra para hacer un artículo para una revista pero que le daba mucha pereza seguir leyéndolo. Según me dijo, le molestaba que en todas partes se hablara tanto de Roberto Saviano y tan poco del libro como tal.



Por curiosidad compré Gomorra en Guadalajara y empecé a leerlo en diciembre pero lo dejé hacia la página 80 porque no me enganchó. En febrero o marzo volví a cogerlo para leerlo en el metro o antes de irme a dormir pero siguió sin engancharme y hablando con Martín no sólo me di cuenta de que llevaba alrededor de diez días sin abrirlo, sino que también decidí que no iba a leer las 45 páginas que me hacían falta para terminarlo. Sinceramente creo que lo mejor que tiene Gomorra es la imagen de Andy Warhol que ilustra la portada —al menos en la edición de Debate que yo tengo, por lo cual al final todo el mérito es para el artista estadounidense—.

Durante nuestra charla Martín y yo concluimos que a pesar de que la historia puede ser interesante y de que todo parece estar muy bien documentado, el libro carece de un hilo argumental bien articulado, el relato está bastante mal escrito —un problema de estilo que le da a Saviano el beneficio de la duda porque se les puede atribuir a los traductores— y la lectura es aburridísima.

En fin, el pasado 22 de abril Martín publicó en su blog una entrada titulada “El último grito de la moda” en la que declara lo siguiente:

‘No pude terminar Gomorra. Lo intenté varias veces, postergué su lectura, lo empaqué día tras día en el morral con la esperanza de leerlo. Pero siempre que lo veía volteaba la cara. Tampoco logré encontrar una crítica al libro porque, según parece, ventilar ante el mundo a esta mafia le ha dado el ansiado tótem de la inmunidad. Tal vez por eso nadie dice que es un libro denso, fragmentario, que carece de un hilo conductor e introduce personajes que aparecen y se esfuman con una facilidad asombrosa; o que en repetidas ocasiones el narrador se pierde en una enumeración de datos que bien podrían ser una especie de copy-paste de los archivos que durante meses le facilitó la policía para su investigación. Gomorra es aburrido y está mal contado; esa especie de reportaje-novela narrada en primera persona que vuelve otra vez sobre el mundo de la mafia no me agarró nada. Será en otra ocasión, Saviano’.


Completamente de acuerdo, Martín. Nunca mejor dicho.

***


Hace un par de semanas salió el número 23 de HermanoCerdo, que entre otras cosas contiene reseñas de dos novelas que fueron premiadas recientemente en los premios de Anagrama y Planeta, crónicas sobre La Habana y Tokio, un cuento de Leonard Michaels y mucho más.

Les recomiendo echarse una pasada por la página de HermanoCerdo.

domingo, abril 19, 2009 categorizado bajo sant jordi, sant jordi 2009

sant jordi o día del libro 2009 [ 9 ] / las recomendaciones de javier moreno, de la revista hermanocerdo


Aquí van las recomendaciones de Javier Moreno, de la revista HermanoCerdo, para este Sant Jordi / Día del libro.

1. ¿Cuál(es) libro(s) recomienda para regalar el próximo 23 de abril?



The Collected Stories, de Lorrie Moore


Netherland, de Joseph O’Neill (Publicada en español por ed. El Aleph)


The Lazarus Project, de Aleksandar Hemon


Revolución en el jardín, de Jorge Ibargüengoitia (ed. Reino de Redonda)


2. ¿Cuál(es) libro(s) regalará el próximo 23 de abril?

On Cats, de Doris Lessing


Ratio: The secret codes behind the craft of everyday cooking, de Michael Ruhlman


3. ¿Cuál(es) libro(s) le gustaría que le regalaran el próximo 23 de abril?


Atlas of Human Anatomy and Surgery, de Jean Marc Bourgery


Codex Seraphinianus, de Luigi Serafini

Me regalé (porque no hay que esperar nada del mundo):


The Children’s Hospital, de Chris Adrian


The Princeton Companion to Mathematics, ed. por Tim gowers


Everything Ravaged, Everything Burned, de Wells Tower


miércoles, febrero 4, 2009 categorizado bajo agentes literarios, literatura latinoamericana, premios literarios, reseña

¿qué deben hacer los escritores hispanoamericanos para cruzar la frontera?

‘Me sentía tentado a asomarme al otro lado, a ver qué había allí. Me preguntaba qué sensación se experimentaba al cruzar la frontera. ¿Qué sentía uno? ¿En qué pensaba? Debía tratarse de un momento de gran emoción, de turbación, de tensión. ¿Cómo era ese otro lado? Seguro que diferente. Pero ¿qué significaba “diferente”? ¿Qué aspecto tenía? ¿A qué se parecía? ¿Y si no se parecía a nada de lo que yo conocía y, por lo tanto, era algo incomprensible e inimaginable? Pero, en el fondo, mi más ardiente deseo, mi anhelo tentador y torturador que no me dejaba tranquilo, era de lo más modesto, pues lo único que me intrigaba era ese instante concreto, ese paso, ese acto básico que encierra la expresión cruzar la frontera. Cruzarla y volver enseguida, con eso —pensaba— me bastaría, saciaría esa inexplicable y, sin embargo, muy acuciante sed psicológica’.

Viajes con Heródoto, de Ryszard Kapuściński. pp. 16 – 17

Anagrama

Barcelona, 2006


***



Hace poco Javier Moreno escribió en HermanoCerdo una nota llamada “El nuevo rostro de las letras dominicanas” en la que hablaba acerca de lo difícil que es encontrar en cualquier país latinoamericano un libro de un autor de otro país de la región debido a que las editoriales que los publican no hacen el esfuerzo de llevarlos ni siquiera a los territorios vecinos —muchas veces apenas los mueven en los suyos propios—. Javier dice lo siguiente:


‘Es una lástima que buena parte de estos autores jamás trasciendan las fronteras de su país. Ojalá que encontráramos maneras de mover sus trabajos. Lo más triste es que este no es ni siquiera un fenómeno aislado: conseguir autores jóvenes colombianos en Lima es imposible, y lo mismo ocurre de, digamos, Caracas a Chile. ¿Cómo conseguir literatura joven ecuatoriana en el DF? Son poquísimos los autores latinoamericanos que logran liberarse de sus fronteras políticas y casi siempre ocurre mediante publicaciones en España (detalle que hace todo esto más absurdo, si posible.) Considerando que todos hablamos más o menos el mismo idioma, la falta de distribución no es sólo insultante sino terriblemente torpe: el mercado de todas esas editoriales en español podría multiplicarse varias veces si se aliaran y montaran esquemas efectivos de distribución y promoción internacional’.




Aunque parezca ridículo, cuando un autor latinoamericano quiere atravesar la frontera hacia su país vecino o darse a conocer en cualquier otro lugar de la región lo normal es que sólo lo consiga una vez haya saltado el charco. En una entrada del 25 de octubre de 2007 titulada “venir a españa para poder ir al país de al lado: ¿la paradoja de los escritores hispanoamericanos?” hice la siguiente afirmación:


‘En síntesis, premios como el Herralde, el Alfaguara o el Biblioteca Breve ponen en evidencia que tal vez la obtención de algún tipo de reconocimiento en España sea la mejor forma que tienen los escritores hispanoamericanos de darse a conocer en los países vecinos. Aunque en apariencia es una paradoja que estos escritores tengan que pasar por España para poder atravesar la frontera que los separa del país de al lado, a la larga esta lógica tiene mucho sentido debido tanto al tamaño de la industria editorial española como a la influencia que ésta ejerce en Hispanoamérica’.


Releyendo esta entrada me doy cuenta de que hay dos elementos que en ese momento no tuve en cuenta:


– en primer lugar, los mecanismos que utilizan los agentes literarios para la gestión de los derechos en el ámbito hispanohablante: universal para lengua castellana o por partición geográfica.


A quienes estén interesados en este tema al que espero referirme en una próxima entrada, les recomiendo leer el apartado “El reinado de Carmen Balcells” de Pasando página. Allí Sergio Vila-Sanjuán explica los cambios que ha propiciado en la gestión de derechos en castellano esta agente literaria que, según el autor, marca un antes y un después en la edición española —y de la que tanto se ha vuelto a hablar debido a su negocio en el ámbito de los contenidos digitales—.





– en segundo lugar, el papel que han jugado ciertas revistas como Etiqueta negra, El malpensante, Letras libres, Quimera, Gatopardo e incluso SoHo —y ahora HermanoCerdo, eso está claro— a la hora de dar a conocer a autores de otros países latinoamericanos allí donde se publican y, en ocasiones, en un ámbito más amplio gracias a sus Websites.


En su nota Javier llega a una conclusión que me gusta mucho porque se deriva de su actitud de no limitarse a quejarse y de hacer el esfuerzo de plantear soluciones o por lo menos de prever posibles escenarios futuros:


‘Hay un mundo mejor, no muy lejos de acá, con una tienda Amazon (o similar) especializada en Latinoamérica. Eso ya sería un buen paso hacia una posible unificación. La impresión bajo demanda y el uso inteligente de la red por parte de las editoriales también pondrán su granito de arena en este proceso’.