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Miércoles, septiembre 23, 2009 categorizado bajo 1, destacados, escritura, marketing, promoción, redes sociales

marketing para escritores: una herramienta para los autores al servicio de la promoción de sus libros

Aunque terminar de escribir un libro debe exigirle un esfuerzo importante a su autor, su trabajo está lejos de terminar aquí porque éste es sólo un punto intermedio en la trayectoria que aquello que ha escrito debe seguir hasta llegar a los lectores: antes hay que buscar un editor, negociar con éste las condiciones del contrato y someter el manuscrito a todo el proceso de producción editorial.

 

Si un escritor cree que al recoger de la bandeja de su impresora casera el manuscrito al que le acaba de poner el punto final se terminan sus problemas, está muy equivocado. Seguramente los escritores que ya han publicado al menos un libro lo saben o por lo menos lo intuyen. Y es bastante probable y absolutamente comprensible que aquellos que hasta ahora no han publicado nada, por el contrario, lo ignoren por completo.

 

 

MARKETING_PARA_ESCRITORES

 

 

Hace unas semanas salió Marketing para escritores, un libro en el que mi amiga Neus Arqués les presenta a quienes aspiran a publicar lo que escriben los distintos eslabones de la cadena de producción editorial por los que suele pasar un manuscrito antes de ser publicado, les da algunas pistas para aproximarse tanto a un agente literario como a un editor y les explica una serie de acciones que deberían emprender para promocionar su libro y darle visibilidad. Aunque es probable que quienes ya hayan publicado algún libro no necesiten que les digan en qué consiste el sistema de devoluciones o cómo conectarse con un agente, muy probablemente en lo relacionado con la promoción estén tan crudos como los autores noveles.

 

¿Y por qué un autor va a encargarse ahora de gestionar la promoción de sus libros? Justamente porque con los entornos digitales de generación 2.0 dispone de las herramientas necesarias para hacerlo por sí mismo sin poner esta gestión totalmente en manos del departamento de prensa, comunicación y marketing de su editorial, que muchas veces no la emprende con la diligencia que él esperaría ni con el mismo empeño que él pondría. No es raro oír a los autores quejarse de que sus editores no hacen el esfuerzo suficiente por promocionar sus libros.

 

La experiencia de Neus con su novela Un hombre de pago, alrededor de la cual ella misma generó y dinamizó una conversación que sigue viva cuatro años después de su publicación, da cuenta de todo lo que puede hacer un autor para dar a conocer su libro y conseguir que éste encuentre a sus lectores. Dice Neus en la presentación de Marketing para escritores que ’he escrito el libro que me hubiera gustado leer cuando empecé. Me hubiera ahorrado unos cuantos batacazos’.

 

Este libro puede ser particularmente útil para quienes quieren publicar su trabajo y no estén familiarizados con algunas de las extrañas peculiaridades del sector editorial. Cuando presentamos el Observatorio Iberoamericano de la Edición Independiente (OBIEI) en la Red Nacional de Talleres de Escritura Creativa (RENATA) durante la 22ª Feria Internacional del Libro de Bogotá los talleristas nos expresaron su total desconocimiento del funcionamiento del mundo editorial y sus profesores nos hablaron acerca de las dificultades que habían tenido ya sea para publicar sus libros o ya para que sus editores los promocionaran.

 

A quienes les interese el tema les recomiendo no sólo leer Marketing para escritores, sino también rastrear la experiencia de Neus con sus novelas Un hombre de pago y Una mujer como tú.

 

También recomiendo echarle un ojo a la entrada en la que presento la manera como Javier Moreno promocionó su libro Lo definitivo y lo temporal (inventario de objetos perdidos).

¿por qué los escritores que escriben en español se leen poco en países hispanohablantes distintos del suyo?: ideas de maría moreno y javier moreno

En [ el ojo fisgón ] he escrito varias entradas sobre las dificultades existentes a la hora de difundir la obra de los autores hispanoamericanos en otros países hispanohablantes distintos del suyo: “venir a españa para poder ir al país de al lado: ¿la paradoja de los escritores hispanoamericanos?”, “¿qué deben hacer los escritores hispanoamericanos para cruzar la frontera?” y “una cuestión de derechos”.


En estas entradas intenté dar cuenta de algunas razones que explicaran por qué es tan difícil encontrar en cualquier país latinoamericano un libro de un autor de otro país de la región. Para mí en ese momento estaba claro que la razón que explicaba este fenómeno era que un escritor chileno o mexicano que no fuera conocido en Venezuela o Perú difícilmente encontraría allí un editor local que apostara por publicar sus libros, que si en su propio país publicaba con un gran grupo transnacional éste sólo llevaría sus libros a otros países en caso de que se tratara de un autor de mucho renombre y que si esto llegase a suceder lo más probable sería que no vendiera más que unos cuantos ejemplares —sólo autores cuyo nombre es una marca posicionada como Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Arturo Pérez-Reverte o Isabel Allende están en capacidad de garantizar grandes ventas en cualquier país—.


La existencia de una lengua común debería dar pie para que los libros circularan con mayor fluidez de un país a otro e incluso para la creación de un mercado común. Sin embargo, parece que de momento en el ámbito hispanohablante las fronteras políticas pesan más que el hecho de contar con cerca de 500 millones de lectores potenciales —al cual claramente no se le está sacando provecho—.





Dicho esto, en los comentarios a la entrada “¿qué deben hacer los escritores hispanoamericanos para cruzar la frontera?” se desarrolló una breve conversación entre María Moreno, editora de Veintisiete Letras, y Javier Moreno, coeditor de HermanoCerdo, en la que ambos dan cuenta de otros elementos que yo no consideré y que además de muy interesantes me parecen cruciales.


Como entonces no tenía mayor cosa que añadir con respecto a los argumentos de María y Javier, en ese momento me hice a un lado aunque con la intención de volver más adelante sobre este tema porque estaba convencido de que aún había mucho por decir y de que valía la pena seguir dándole un impulso a la discusión. A continuación reproduzco el intercambio de opiniones que sostuvieron María y Javier por si alguien quiere comentar algo al respecto o aportar nuevos puntos de vista —pongo en negrillas los aspectos sobre los que me gustaría llamar la atención—.


Dice María:


‘Habláis de los problemas de mercado y distribución, pero creo que debemos preguntarnos antes por el interés real que existe entre los lectores -no ya ocasionales, sino habituales- por lo que se escribe en español. Qué interés suscita la creación y el pensamiento en español en el mundo hispanohablante. Yo creo que muy poco. Dentro de cada país, se hace “algo” de caso a los autores nacionales (y sólo a algunos) y se acabó.


En España. “España da la espalda a América Latina”. Se trata de una frase que hace año y medio escuchamos repetidamente de distribuidores y libreros cuando presentamos Veintisiete Letras. Y que seguimos escuchando. ¿Por qué no interesa a los lectores españoles lo que se escribe en nuestro idioma? No hablo sólo de autores jóvenes. Hablo de obras consagradas por la crítica, de clásicos vivos, de premios nacionales… ¿Por qué no son “tendencia” las letras hispanoamericanas? Aclaro que los autores españoles sólo funcionan a medias…


Son varias las razones que se me ocurren: un desprecio (o poco aprecio) por el idioma en sí mismo y por el placer de leer en “versión original”; los manidos efectos del boom, que son muy reales y parecen haber saciado el interés de generaciones y generaciones posteriores de lectores; la radical falta de curiosidad por la cultura contemporánea latinoamericana: sería precisa una integración más natural, más viva y visible de sus manifestaciones en la vida cultural cotidiana de nuestro país (ahora se limita a ciertas esferas e instituciones en absoluto influyentes en la opinión pública); y también, hay que decirlo, los prejuicios con los que hoy un españolito se relaciona con la realidad iberoamericana, relación muy condicionada por el fenómeno de la inmigración.


Por mucha apuesta que hagamos las editoriales y por muy razonable que sea el espacio que dedican los medios a estas obras, si los hispanohablantes no tenemos interés en leer español “original”, poco más se puede hacer’.


Dice Javier en respuesta al comentario de María:


‘Buena aclaración, María. A Herralde lo escuché decir algo muy parecido alguna vez. Sospecho, sin embargo, que la observación no se extiende a América Latina.


En Latinoamérica la defensa de “lo propio” no es tan acentuada (al menos a nivel de idioma y literatura) como en España (tan es así que los autores latinoamericanos que publican en España -no importa de dónde sean- luego se venden con mediano éxito en toda latinoamérica. De hecho casi cualquier autor español medianamente serio de una editorial con interés por el mercado americano (esto es, que distribuya) se consigue en Bogotá o Lima o Quito o México D.F. sin mucha dificultad)). Naturalmente hay una predilección por los autores locales (“porque hablan de uno”) pero esta nunca llega al nivel de impedir que autores extranjeros no lleguen y se vendan.


El mercado está ahí’.


Dice María, contestándole a Javier:


‘No sé, no sé… Os doy un dato más para la reflexión: nosotros hemos empezado a exportar libros a Hispanoamérica a través de una empresa española. Aunque nuestro catálogo es muy pequeño aún (14 títulos), los autores americanos tienen un protagonismo clarísimo. No se trata de autores noveles, sino de escritores con amplia reputación y obra en sus respectivos países. Su recepción crítica en España ha sido muy buena (han tenido una más que razonable repercusión en prensa). Y, sin embargo, a nuestro exportador sólo le llegan pedidos de México, Colombia o Perú referidos a la “cara b” del catálogo: clásicos como Trotsky, Colette o Rougemont. Ningún interés por los demás’.


Para terminar, Javier le responde de nuevo a María:


Yo sospecharía que detrás de esos pedidos no hay estudios de mercado sino prejuicios y comodidad de los distribuidores. Al fin y al cabo, publicitar un clásico siempre es más fácil que presentar y popularizar un autor contemporáneo sin suficiente nombre.


Un problema adicional es el precio: En pesos colombianos los libros de Veintisiete Letras deben ser medianamente caros. Conozco distribuidoras de libros pubicados en España que etiquetan sus libros con un precio en pesos que es casi dos veces el precio en euros en España. Eso definitivamente reduce el atractivo de los libros importados.


Y bueno, hay muchos factores más. El problema ciertamente no se restringe a la distribución: La literatura en latinoamérica es en últimas un negocio con un público limitadísimo, con poca publicidad y con nulos espacios divulgación por fuera de los libros editados por los grandes grupos editoriales’.


Los planteamientos de María y Javier son bastante interesantes y vale la pena continuar con la conversación que ellos empezaron. En esta semana añadiré un par de comentarios al respecto.

Martes, junio 23, 2009 categorizado bajo contenidos digitales, e-readers, librerías

el mundo digital y el contacto personal

Hace poco Javier Moreno estuvo en Colombia y cuando regresó a Lyon le pregunté cómo le había ido. De la respuesta de Javier me quedó dando vueltas en la cabeza un fragmento que reproduzco a continuación:

‘Aunque me agobia la ciudad disfruto mucho viendo a mi familia y encontrándome con amigos. Es una lástima que esto de las distancias sea tan radical. No importa lo que avance la tecnología, la sensación nunca cambia: Las redes digitales no sustituyen el contacto’.


Pensando justamente en el comentario de Javier, hace poco me di cuenta de que desde que una de las editoriales con las que trabajo me dio un e-reader para leer manuscritos apenas tengo contacto personal con las editoras porque Gloria me envía los textos por correo electrónico para que yo los descargue. Una de las cosas que me gustaba de ir a recoger manuscritos a la editorial era charlar tres minutos con Patricia, Ivonne y Bea. Durante esa conversación breve intercambiábamos impresiones sobre el clima, nos contábamos qué habíamos hecho el fin de semana anterior, nos quejábamos de la cantidad de trabajo que teníamos, registrábamos cambios en el corte de pelo o subidas y bajadas de peso, alguien botaba algún comentario sobre su próximo viaje y todos los demás nos moríamos de la envidia o simplemente quedábamos para salir a tomar un café o a cenar.

Supongo que el sacrificio del contacto personal y de la charla es el precio que tengo que pagar por no tener que desplazarme para recoger los manuscritos, por no volver a verme obligado a ir a la editorial con el carrito de la compra para traerlos o por no subir cada dos semanas los seis pisos de mi edificio cargando veinte kilos de papel a cuestas.



Lo cierto es que mi e-reader me ha solucionado la vida por cuestiones tanto de portabilidad de mi trabajo como de disponibilidad de espacio físico en mi casa: por un lado, para mí es maravilloso poder ir a cualquier parte con una novela histórica de 587 páginas sin que sea necesario llevar una mochila enorme y sin lesionarme la espalda o no tener que llevar una bolsa llena de papeles cuando salgo de viaje —las dos últimas veces que he ido a Colombia la mitad de mi equipaje ha estado compuesto por manuscritos y desde que tengo mi e-reader he podido hacer todos mis viajes llevando sólo un backpack pequeño—; por otro lado, ya no tengo que utilizar una parte significativa de una de las estanterías de mi cuarto para poner pilas de manuscritos que además de dejarme sin espacio para poner mis libros acumulaban toneladas de polvo.

***


Yo nunca he comprado un libro por Internet pero sé que el sistema de recomendaciones de Amazon está bastante afinado y suele funcionar muy bien porque cuando busco alguna referencia de algún libro los títulos incluidos en el apartado “Customers Who Bought This Item Also Bought” normalmente tienen una relación bastante puntual con mi búsqueda. Compraré mi primer libro por Internet cuando no pueda acceder a él de otra manera.



Sin embargo, el contacto con el librero es un detalle en el que la compra por Internet dejaría un vacío en mi experiencia personal. En Bogotá me encantaban la amabilidad de los dependientes de la librería Lerner de la Avenida Jiménez que estaban ahí desde que yo entré a la universidad o las recomendaciones de Álvaro Castillo, que como había detectado mi gusto por la narrativa estadounidense cada vez que yo iba a San Librario me sacaba del cajón de su escritorio alguna joyita que llevaba semanas o meses guardando para mí.

Y en Barcelona Jesús Casals y Damià Gallardo me han fidelizado aún más a La Central del Raval y a la Laie del CCCB respectivamente. Es cierto que tanto la variedad de la oferta de La Central y de Laie como lo acogedor que resulta el espacio de estas dos sucursales en particular son dos de las razones por las que me gusta ir allí. Pero también lo es que la charla, las recomendaciones y la complicidad de Jesús y Damià pesan mucho incluso para que algunas veces pase por allí sólo para saludarlos a ellos.

A pesar de que por estar afiliado a Abacus allí me ofrecen un descuento superior que en La Central, la mala leche de sus dependientes, el olor a humedad del local de Balmes y la escasa variedad de la oferta en ciertas áreas específicas hacen que a la hora de comprar un libro la mayoría de las veces prefiera ir a otra librería.

No sé, supongo que esa necesidad del contacto personal y la importancia que le doy a éste es un síndrome que también padecen muchos otros “inmigrantes digitales”.

Viernes, junio 12, 2009 categorizado bajo Sin categoría

bloomsday ’09, convocatoria de el lamento de portnoy


Si no tienen nada que hacer el próximo martes 16 de junio o les queda algo de tiempo libre, les recomiendo responder a la convocatoria que lanza Javier desde El Lamento de Portnoy:


‘El próximo 16 de junio se celebra el Bloomsday, el día en que transcurre la acción del Ulises de James Joyce. Con ese motivo quisiera proponer una especie de Bloomsday entre blogs que intentaría narrativizar nuestra vida cotidiana. Cada uno de los participantes intentaría crear, a modo de entrada de diario, una historia sobre lo que realiza durante el día 16 de junio.


Quien esté interesado el día 16 crearía una entrada titulada “Bloomsday”, en principio vacía o con la anotación “work in progress” (título provisional del Finnegan’s wake) y mandará la dirección URL de la entrada a:


bloomsday2009[arroba]gmail[punto]com


(EDITADO: No olvidéis indicar en que ciudad del mundo transcurre vuestro bloomsday)


Luego, por la noche (territorio de Molly Bloom) o al día siguiente escribiría, sin restricciones en cuanto a extensión, estilo o forma, sobre lo acaecido (realidad o ficción, aunque al final siempre es ficción) durante el día 16.


De alguna manera (improvisando, claro) intentaré coordinar todos los enlaces que mandéis.


Quien quiera participar que deje un comentario o me mande un email o que lo haga sin más… el caos siempre es productivo.


Esperemos que, como las “rocas errantes” del capítulo diez del Ulises, nos crucemos y entrecrucemos en la inmensidad (finita) de la red’.


Javier Moreno, que cuando se entusiasma con un proyecto se convierte en un mercenario imparable, ya empezó a botarle corriente al tema en su blog.


¿Quién se anima a registrar cómo transcurre su Bloomsday?


Domingo, abril 19, 2009 categorizado bajo sant jordi, sant jordi 2009

sant jordi o día del libro 2009 [ 9 ] / las recomendaciones de javier moreno, de la revista hermanocerdo


Aquí van las recomendaciones de Javier Moreno, de la revista HermanoCerdo, para este Sant Jordi / Día del libro.

1. ¿Cuál(es) libro(s) recomienda para regalar el próximo 23 de abril?



- The Collected Stories, de Lorrie Moore


- Netherland, de Joseph O’Neill (Publicada en español por ed. El Aleph)


- The Lazarus Project, de Aleksandar Hemon


- Revolución en el jardín, de Jorge Ibargüengoitia (ed. Reino de Redonda)


2. ¿Cuál(es) libro(s) regalará el próximo 23 de abril?

- On Cats, de Doris Lessing


- Ratio: The secret codes behind the craft of everyday cooking, de Michael Ruhlman


3. ¿Cuál(es) libro(s) le gustaría que le regalaran el próximo 23 de abril?


- Atlas of Human Anatomy and Surgery, de Jean Marc Bourgery


- Codex Seraphinianus, de Luigi Serafini

Me regalé (porque no hay que esperar nada del mundo):


- The Children’s Hospital, de Chris Adrian


- The Princeton Companion to Mathematics, ed. por Tim gowers


- Everything Ravaged, Everything Burned, de Wells Tower


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