el editor como descubridor
Desde la semana pasada que empecé a releer La sabiduría del editor me dan vueltas en la cabeza las palabras con las que Hubert Nyssen empieza el capítulo “El arte del descubrimiento”. Dice Nyssen:
‘Joven o maduro, el editor literario se siente a veces y se pregona siempre investido de una misión de descubridor. Pues, él lo sabe, si confesara no tener más ambición que la de vender bien su mercancía (como hacen tantos hoy), sería simplemente uno de esos vendedores de papel impreso que abastece el grueso de la plantilla en la corporación editorial. En suma, para el editor, el descubrimiento es a la conquista lo que la invención es a la producción: la manifestación de su autoridad, aquello por lo que le son reconocidos el mérito de la revelación y el privilegio de la propiedad.
Mediante el descubrimiento, el editor accede a una forma de creación que le pertenece, la de su catálogo. Un lugar, ese catálogo, donde todo recién llegado, al mismo tiempo que es irradiado por el entorno que lo acoge, aporta un poco (y a veces mucho) de su propio barniz’.
Las palabras de Nyssen me hacen pensar en la idea del editor como el intermediario para que un texto encuentre a sus lectores y para que éstos den con el tipo de cosas que quieren leer de acuerdo con las necesidades, los intereses y las expectativas que dicta su disposición en un momento particular. Para jugar este rol de intermediario el editor debe ser un explorador que pone en práctica un ejercicio de observación participante en su entorno con el objetivo de identificar pistas que lo lleven a encontrar alguna perla o, en caso de tener muy buena suerte, a descubrir un yacimiento de estas piedras preciosas.
Justo ayer que estaba preparando esta entrada, Jorge Herralde se refirió a este mismo tema en el diálogo que sostuvo con Luis Solano, de Libros del Asteroide, en el ciclo Edicció. Converses amb editors/Edicció. Diálogos con editores que está realizando la librería Laie en el café de su local de la calle Pau Claris. A propósito de este tema Herralde hizo alusión, entre otras cosas, al problema que tienen los pequeños editores independientes cuando los grandes grupos sacan la chequera para seducir a los autores en los que ellos han invertido tras haberlos descubierto y dado a conocer, ofreciéndoles sumas de dinero que quienes han apostado por ellos inicialmente no están en capacidad de asumir.
Lo paradójico es que, como comentaron ayer Herralde y Luis, muchos de los nuevos editores independientes están construyendo su catálogo al menos en parte mediante la recuperación de títulos que han publicado los sellos de calidad de los grandes grupos pero que desde hace un tiempo se encuentran descatalogados porque para éstos no es rentable mantenerlos vivos. Curioso, ¿no?







@martingomez78