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miércoles, diciembre 3, 2014 categorizado bajo mis libros favoritos

mis libros favoritos de 2014

Además de algunos cambios fundamentales en mi vida personal y profesional, hasta el momento 2014 me ha traído un listado nada despreciable de buenas y variadas lecturas. Al repasar los libros que he leído durante este año que está a punto de terminar constato que la no ficción y las relecturas ocupan un lugar cada vez más importante en lo que leo. Como aunque quiero retomar la lectura de poesía sigo sin hacerlo, quizás regresar a este género podría ser un buen propósito para 2015.

 

 

 

MIS_LIBROS_FAVORITOS_2014

 

 

 

En el campo de la lectura 2014 me deja dos grandes sorpresas: el descubrimiento de la destreza narrativa de Javier Cercas y la fortuna de encontrar finalmente un ejemplar de Cuando me muera quiero que me toquen cumbia, de Cristian Alarcón —llevaba dos años buscando este libro y di con él durante un viaje a Chile, donde fue reeditado en 2013 tras estar descatalogado durante un tiempo—.

 

A continuación presento el listado de mis libros favoritos de 2014:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

West of Rome, de John Fante

Ecco

Nueva York, 2002

 

 

 

SOLDADOS_DE_SALAMINA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Solados de Salamina, de Javier Cercas

Tusquets

Barcelona, 2013

 

 

 

BIG_DATA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Big Data, de Viktor Mayer-Schönberger y Kenneth Cukier

John Murray

Londres, 2013

 

 

 

 

EL_REY_LEAR

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Rey Lear, de William Shakespeare

Austral

Barcelona, 2013

 

 

 

 

PLANO_AMERICANO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Plano americano, de Leila Guerriero

Ediciones UDP

Santiago de Chile, 2013

 

 

 

 

AQUELLOS_AÑOS_DEL_BOOM

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Aquellos años del boom, de Xavi Ayén

RBA

Barcelona, 2014

 

 

 

LA_UTILIDAD_DE_LO_INÚTIL

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La utilidad de lo inútil, de Nuccio Ordine

Acantilado

Barcelona, 2013

 

 

 

 

CUANDO_ME_MUERA_QUIERO_QUE_ME_TOQUEN_CUMBIA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuando me muera quiero que me toquen cumbia, de Cristian Alarcón

Aguilar

Santiago de Chile, 2013

 

 

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Espero que para todos ustedes 2014 también haya sido un año provechoso en materia de lecturas, que en 2015 tengan mucho tiempo para leer y que nunca dejen de tener la suerte de acertar en sus elecciones como lectores.

viernes, septiembre 5, 2014 categorizado bajo literatura, mis libros favoritos

el tiempo es escaso y hay mucho que leer

La primera vez que fui consciente de que no tenía todo el tiempo del mundo para ocuparme de todos los libros que quería leer fue en 2001, cuando tuve mi primer trabajo. Tras pasar una parte del día trabajando y la otra asistiendo a mis clases de la universidad, al final de la jornada no tenía ni fuerzas ni capacidad de concentración para leer. Durante el primer semestre de ese año pasé la mayor parte de los fines de semana estudiando y debía repartir el poco tiempo libre que tenía entre mi novia de la época, mis amigos y mi familia. Y la verdad es que no siempre era fácil repartir ese tiempo de una manera más o menos equilibrada. Vivía con una sensación permanente de que no tenía suficiente tiempo y me angustiaba constatar varias veces al día que aunque hiciera todo el esfuerzo del que era capaz, nunca llegaría a terminar en los plazos establecidos todo lo que tenía que hacer.

 

 

 

CALENDARIO

 

 

 

***

 

La evolución de mi comportamiento como lector ha hecho que mis criterios para escoger mis lecturas hayan variado en diferentes momentos. En las distintas etapas de mi historia como lector he escogido mis lecturas siguiendo algunas pautas básicas:

 

– leer los libros que mencionaban y comentaban los pocos lectores que me rodeaban —básicamente mis profesores y compañeros del colegio—.

– leer los clásicos de la literatura latinoamericana.

– leer todo lo que me caía en las manos.

– leer obras de autores representativos de la literatura colombiana de la segunda mitad del siglo XX.

– leer el canon occidental para mis cursos de la universidad y obras de autores no canónicos durante mi tiempo libre.

– leer de todo un poco durante mi tiempo libre de acuerdo con lo que me apetecía, con las recomendaciones que me hacían unas cuantas personas de confianza y con las referencias que encontraba en mis lecturas —los clásicos griegos, el teatro del Siglo de Oro, Shakespeare, el boom latinoamericano, los narradores estadounidenses de la primera mitad del siglo XX, el Nadaísmo, las novelas contemporáneas, etc.—.

– leer literatura contemporánea.

– leer lo que me gusta y explorar nuevos territorios de vez en cuando.

 

Al verla en retrospectiva creo que esta evolución ha sido muy importante para mí porque en su momento me permitió establecer los referentes básicos de mi universo lector, amoblarlo a mi medida y construir un criterio y un gusto propios.

 

***

 

En 2002 estaba empezando a hacer mi proyecto de grado de la carrera de Literatura. Mientras lo desarrollaba mi proyecto tenía un nombre de trabajo que para mí era una especie de declaración de intenciones: “Nuevas voces de la narrativa”. Al final el título de mi trabajo de grado fue “Narrativa contemporánea: ¿quién y en qué condiciones la está leyendo?”. Un día tuve una conversación sobre mi proyecto con mi profesora M.—gracias a la cual leí la Biblia como un texto literario, descubrí la novela inglesa del siglo XVIII y me aficioné a la narrativa francesa del siglo XIX—. En algún momento de nuestra conversación que yo mencioné a Santiago Gamboa mi profesora M. dijo algo que me marcó: ‘Gamboa no tiene nada que decirle a alguien que no haya crecido en Bogotá en la calle tal con tal’. Más adelante en respuesta a algo que dije sobre Jorge Franco mi profesora M. dejó caer otro comentario que iba en la misma dirección del anterior: ‘Yo creo que puedo morirme sin leer a Jorge Franco’.

 

Los comentarios de mi profesora M. confirmaban una vez más mi idea de que el Departamento de Literatura de mi universidad vivía anclado en el pasado y de que allí no existía el más mínimo interés por lo que pasaba en el ámbito de la producción literaria de nuestros días. Y en cierta medida mi proyecto era una respuesta contra esa postura reaccionaria que predominaba entre mis profesores según la cual en la literatura aparte del canon occidental había pocas cosas que valieran la pena. En síntesis, para mí esa conversación con mi profesora M. validó una vez más el sentido de mi proyecto y me dio una señal de que éste iba por un buen camino.

 

***

 

Con algunos de los libros que he empezado a leer este año he tenido una relación conflictiva. Me refiero particularmente a las siguientes novelas: La plaça del Diamant, de Mercè Rodoreda; Crematorio, de Rafael Chirbes; El abuelo que saltó por la ventana y se largó, de Jonas Jonasson; Delirio, de Laura Restrepo; y El enredo de la bolsa y la vida, de Eduardo Mendoza. Se trata de novelas con las que por razones diferentes en cada caso no conseguí conectar y a las que les di todas las oportunidades que pude. En los casos de La plaça del DiamantEl abuelo que saltó por la ventana y se largó y Delirio decidí dejar de leerlas poco antes de llegar a la mitad porque su lectura se fue tornando cada vez más insoportable pero en los de CrematorioEl enredo de la bolsa y la vida opté por terminarlas —muchas veces estuve tentado a abandonar estas dos novelas, por lo que todavía no tengo claro por qué llegué hasta el final—.

 

 

 

LECTURAS_TEDIOSAS

 

 

 

Soy ante todo un lector de ficción pero en este campo hay ciertos géneros y subgéneros que no me gustan: la épica, la ciencia ficción, la literatura fantástica y de aventuras o la novela juvenil. Es por eso que no he leído y que lo más probable es que nunca lea el Cantar de los nibelungosFharenheit 451, El señor de los anillos, Harry Potter o Juego de tronos. Estamos frente a una cuestión de intereses, afinidades y gustos de la que ni me avergüenzo ni me enorgullezco. Aunque también es verdad que me produce una satisfacción enorme tener claro lo que me gusta y ser capaz de identificar con facilidad el tipo de lectura que me resulta más apropiado para cada ocasión o circunstancia de acuerdo con mis necesidades, mis intereses, mi estado de ánimo y mi disposición del momento.

 

En el ámbito estrictamente personal que asocio a mi tiempo libre desde hace años me niego a leer hasta el final aquellos libros con los que no conecto y cuya lectura no me resulta estimulante. Considero que hacerlo para mí hoy en día supone robarles tiempo a obras que todavía no he leído y quiero leer —pienso en Gargantúa y Pantagruel, Moll Falnders, Orgullo y prejuicio, Guerra y paz, Los hermanos KaramázovBouvard y PécuchetLa señora Dalloway, La región más transparente, El siglo de las luces o Los versos satánicos, por ejemplo— a la relectura de mis libros favoritos, a Ana o a mis amigos. Ahora entiendo que el tiempo es valioso porque es escaso y por eso no soporto desperdiciarlo en lecturas que me resultan insatisfactorias o tediosas e incluso tiendo a apostar por leer libros que al menos potencialmente representan valores seguros para mí. A menudo cuestiono el pragmatismo excesivo y lo poco arriesgado de mi actitud pero estoy convencido de que cuando uno va haciéndose mayor y cuenta con ratos libres muy limitados más vale que escoja cuidadosamente lo que lee porque no dispone de mucho tiempo y en cambio sigue habiendo mucho por leer. Cito un comentario que José Antonio Muñoz hizo en Twitter hace unas semanas durante una conversación que sostuvimos a propósito del volumen de novedades de esta rentrée: ‘uno ya tiene una edad y hay que empezar a dedicarse a lo imprescindible, antes de que llegue la parca’.

 

Hace tiempo decidí que nunca más leería un libro ‘porque hay que leerlo’ y concluir que para mí este argumento carece de validez significó quitarme un peso de encima. Al fin y al cabo como dice Daniel Pennac en la primera frase de Como una novela, ‘el verbo leer no soporta el imperativo. Aversión que comparte con otros verbos: el verbo “amar”…, el verbo “soñar”…’

 

Entre los derechos imprescindibles del lector que nos sugiere Pennac al final de su libro quisiera destacar los siguientes cuatro que para mí son fundamentales:

 

1. El derecho a no leer.

3. El derecho a no terminar un libro.

4. El derecho a releer.

5. El derecho a leer cualquier cosa.

 

 

 

COMO_UNA_NOVELA

 

 

 

Considero que es fundamental que cada uno construya su criterio como lector basándose en sus intereses, afinidades, gustos y necesidades personales. Esta entrada es una invitación a leer sólo aquello que se nos antoje sin aceptar imposiciones externas de ninguna clase, a estar abiertos a acoger sugerencias de lectura de personas que nos conozcan bien y que sepan lo que nos gusta o cuyo criterio nos resulte confiable, a explorar todos los territorios que queramos, a dejarnos llevar por nuestra intuición, a estar dispuestos a equivocarnos en nuestras elecciones, a corregir el rumbo cuando tomemos decisiones deacertadas y a no creernos nunca eso de que ‘hay que leer tal o cual libro’ porque seguramente perderemos el tiempo leyendo cosas con las que no conectamos o que no nos interesan.

 

Me gustan y valoro particularmente aquellos libros que hacen que me sienta feliz de no morirme sin haberlos leído, que me dejan un vacío cuando los termino, que me cambian la vida y que marcan un antes y un después en mi experiencia vital.

la crisis, el libro y la industria editorial

En 2011 Manuel Gil y Joaquín Rodríguez hicieron los siguientes planteamientos en la introducción de El paradigma digital y sostenible del libro:

 

‘Quizá las únicas aseveraciones de las que estamos absolutamente seguros son, en primer lugar, la de considerar que no hay una sola empresa del sector del libro que tenga claro cómo va a sobrevivir a Internet; en segundo lugar, que Internet se llevará por delante dos terceras partes de las editoriales que hoy conocemos, básicamente por la imposibilidad generacional de comprender el nuevo “metamedio” y por la dificultad intrínseca de ganar dinero con la generación de contenidos. Esta afirmación debería venir acompañada, eso sí, por su aparente contraria: surgirán muchas otras editoriales, pequeñas y especializadas, cercanas a un grupo de lectores no necesariamente masivo, unidos por afinidades temáticas, convicciones sociopolíticas o estéticas, que hagan viable un nuevo modelo de editorial en red con presencia e inventarios virtuales’.

 

 

 

EL_PARADIGMA_DIGITAL_Y_SOSTENIBLE_DEL_LIBRO

 

 

 

Cuando leí por primera vez El paradigma digital y sostenible del libro justo después de su publicación pensé que Manuel y Joaquín exageraban en las estimaciones que hacen en su segunda aseveración, que me parecieron excesivamente pesimistas a pesar de la necesaria afirmación contraria que formulan a continuación en el párrafo citado. Sin embargo, con el paso del tiempo he empezado a creer que un escenario en el que ‘dos terceras partes de las editoriales que hoy conocemos’ podrían desaparecer no es descabellado debido a la coincidencia entre la crisis económica y el cambio de paradigma que supone la emergencia de lo digital. Teniendo en cuenta la manera como han evolucionado las cosas en España sobre todo durante los tres últimos años, yo iría más lejos e incluiría en el planteamiento de este escenario a otras empresas del sector o relacionadas con él: agencias literarias, distribuidoras, librerías, proveedoras de servicios editoriales y tecnológicos, desarrolladoras de tecnología, estudios de diseño, consultoras, centros de formación, etc.

 

Las siguientes son algunas de las razones por las que este escenario catastrófico que hace tres años encontraba exagerado empieza a parecerme cada vez más posible:

 

– la contracción del consumo como consecuencia de la crisis económica.

– los recortes en los presupuestos destinados a las subvenciones y a las adquisiciones públicas.

– los cambios en los hábitos de consumo de contenidos.

– la degradación del valor del libro.

 

Con respecto a los dos primeros puntos no hay mayor cosa que decir pero en relación con los dos últimos vale la pena hacer algunas observaciones —que ya planteé o al menos esbocé hace unos meses en la entrada “lectura y candy crush”—: por un lado, gracias en gran parte a la omnipresencia tanto de los dispositivos móviles como de la conexión a Internet hoy en día estamos expuestos a una amplia variedad de tipos de contenidos fácilmente accesibles que compiten por captar y acaparar nuestra atención; y, por otro lado, el libro como fuente de acceso al conocimiento, de entretenimiento y de ocio se ha devaluado debido al atractivo, a la rapidez, a la ligereza o a la gratificación inmediata y efímera que otras opciones de bajo coste o gratuitas como los videojuegos, la música, los vídeos o las redes sociales pueden ofrecernos más fácilmente.

 

Para poner esta reflexión en contexto veamos algunos datos del informe “Hábitos de lectura y compra de libros 2012”, que fue publicado en enero de 2013:

 

 

1_PORCENTAJE_DE_LECTORES_ESPAÑA

 

 

 

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2_PERFIL_DE_LECTORES_ESPAÑA

 

 

 

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3_FRECUENCIA_LECTURA_ESPAÑA

 

 

 

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4_LECTURA_DE_LIBROS_ESPAÑA

 

 

 

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5_LECTURA_DE_LIBROS_DETALLE_ESPAÑA

 

 

 

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6_FRECUENCIA_DE_LECTURA_DE_LIBROS_ESPAÑA

 

 

 

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7_RAZONES_DE_LECTURA_DE_LIBROS_ESPAÑA

 

 

 

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8_ACCESO_A_LIBROS_ESPAÑA

 

 

 

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9_ACCESO_A_LIBROS_DETALLE_ESPAÑA

 

 

 

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1O_ACCESO_A_LIBROS_EVOLUCIÓN_ESPAÑA

 

 

 

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11_LECTURA_POR_SOPORTES_ESPAÑA

 

 

 

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12_LECTURA_POR_SOPORTES_DETALLE_ESPAÑA

 

 

 

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Estas diapositivas del informe en cuestión nos ofrecen una amplia variedad de información con respecto tanto al tamaño como al perfil de la población lectora, a los soportes en los que lee, a sus lecturas y a la forma como accede a ellas. Hay aspectos de este informe que son particularmente interesantes: los tipos de publicaciones que se leen; las preferencias en los tipos de publicaciones por edades; la frecuencia con la que se lee cada tipo de publicación; la segmentación por franjas de edad de los índices de lectura tanto por trabajo y estudios como en el tiempo libre; las motivaciones para leer libros; la forma como se accede a los libros y la evolución de la lectura en soporte digital de los distintos tipos de publicaciones. Con respecto al modo de acceso a los libros el informe indica un comprensible descenso de la compra que viene acompañado por un aumento tanto del préstamo en bibliotecas como de las descargas de Internet —no se especifica si éstas son de pago o gratuitas—.

 

Hay quienes dicen que contrario a lo que se cree, hoy en día se lee más que nunca. Quizás en estos tiempos de hiperconexión se lean menos libros que antes y la lectura inmersiva sea una práctica cada vez menos frecuente que puede incluso tender a caer en desuso. Es probable que el libro esté en proceso de perder al menos parcialmente esa condición de vehículo privilegiado de acceso al conocimiento y a la cultura escrita que ha ostentado durante tantos años. Esta tendencia ya está más que consolidada en ciertos tipos de contenidos técnicos, especializados y de referencia para los que está claro que el libro como contenedor se ha vuelto insuficiente —manuales, diccionarios, enciclopedias y guías de viaje, por ejemplo—. En el caso de algunos tipos de contenidos la convivencia entre el formato libro y lo digital ya está en vías de consolidación mientras que en otros está emergiendo y empieza a extenderse cada vez más.

 

Lo anterior supone un desafío para la industria editorial en su conjunto, cuya facturación viene disminuyendo significativamente como consecuencia de la caída de las ventas de libros. Esta situación es particularmente crítica en ciertos segmentos específicos de la edición. El avance del informe de “Comercio interior del libro 2013” que se presentó en junio de 2014 da cuenta de la caída de la facturación del sector durante los últimos cinco años. Mientras que en 2013 la facturación del sector cayó un 11,7% con respecto al año anterior, su caída desde 2009 asciende a un 29,8%.

 

 

 

FACTURACIÓN_INDUSTRIA_EDITORIAL_ESPAÑOLA_2009_2013

 

 

 

En el “Análisis del Mercado Editorial en España” publicado en julio de 2014 por la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE) se afirma que ‘el libro sigue siendo la primera industria cultural, pese a la crisis’. Si en el mercado interno las ventas de la primera industria cultural española continúan disminuyendo y en 2013 registraron una caída del 9,7% con respecto al año anterior, es altamente probable que las demás industrias culturales se encuentren en un estado mucho más crítico. Se trata de un panorama poco alentador para la que según el informe “El sector del libro en España 2012-2014” del Observatorio de la Lectura y el Libro es ‘una de las principales potencias editoriales del mundo’ —en la edición de hace dos años de este documento se afirmaba que era la cuarta—. El avance del informe de “Comercio exterior del libro 2013” indica que durante los últimos años también han venido cayendo las exportaciones hacia América, que para la industria editorial española es un mercado natural y una posible carta de salvación.

 

Esta situación pone en aprietos no sólo a la pequeña edición que cuenta con una capacidad de inversión muy limitada y que puede ser más vulnerable frente a los efectos de ciertas complicaciones económicas, sino también a los grandes grupos que tienen un músculo financiero, unas estructuras operativas, unos costes fijos y unas deudas cuya envergadura es significativamente mayor. Si sus ventas y su facturación están cayendo sin parar debido tanto a la crisis económica como a los cambios en los hábitos de consumo de contenidos por parte de las personas, ¿qué puede hacer la industria editorial para desacelerar, detener o revertir esta tendencia?

 

Entre las posibles líneas de acción que la industria editorial podría adoptar para evitar que sus ventas y su facturación sigan cayendo, destaco las siguientes —aclaro que casi todas ya han sido expuestas por otras personas en diferentes ocasiones—:

 

– achicar y aligerar su estructura —particularmente en el caso de los grandes grupos e incluso de ciertas editoriales medianas—.

– mejorar el conocimiento de sus públicos tanto reales como potenciales y entablar una relación directa, fluida y estrecha con éstos.

– fortalecer su apuesta por lo digital y acelerar su reconversión.

– diseñar, explorar y poner a prueba nuevos modelos de negocio.

– optimizar sus procesos de producción.

– reducir su volumen de producción para ajustarlo más y mejor a la demanda.

– bajar el precio de los libros.

– buscar fuentes de ingresos alternativas a la venta de libros.

 

 

Los hábitos de consumo de contenidos de las nuevas generaciones y los cambios que estamos adoptando en este campo los mayores de treinta años le plantean a la industria editorial grandes retos con respecto a las posibilidades de supervivencia de su negocio. Si no invierte recursos en áreas como el fomento de la lectura, la construcción de públicos y la puesta en valor de lo que aportan sus productos y servicios, es difícil que en el futuro la industria editorial consiga seguir contando con una clientela que esté dispuesta a pagar por acceder a éstos —sobre todo si tenemos en cuenta que la idea de que el acceso a los contenidos debería ser gratuito o muy barato cada vez está más expandida—. Más que de hacer que los libros vuelvan a ser cool como afirma la popular frase de John Waters, se trata de resaltar tanto el trabajo que hay detrás suyo como su valor intrínseco, social, cultural y económico.

 

 

 

WE_NEED_TO_MAKE_BOOKS_COOL_AGAIN_LECTURA_Y_CANDY_CRUSH

 

 

Hay quienes dicen que cuando los e-books representen la mayor parte de la facturación de la industria editorial el libro en papel tendrá un alto valor gracias a su status de rareza o de ícono vintage. Sin embargo, mientras los e-books no constituyan el grueso del negocio de la industria editorial esta idea seguirá siendo solamente una remota ilusión futurista.

 

Para terminar les recomiendo echarle un ojo al artículo “Paying for Digital Content Still Not the Norm in the UK”, que fue publicado recientemente en eMarketer y cuya lectura podría ayudar a desmontar el mito de que no querer pagar por el acceso a los contenidos es una costumbre típicamente española o que la crisis de la industria editorial en España se debe a que éste es un país líder en piratería.

 

 

DIGITAL_CONTENTS_FREE_VS_PAYING_UK

 

 

Sé lo que están pensando y tienen razón: mal de muchos, consuelo de tontos. Pero aquí no se trata de consolarse señalando que los otros también tienen graves problemas ni de ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el ojo propio. El quid de la cuestión está en buscar pistas que permitan entender una serie de fenómenos para encontrarles soluciones a los problemas que se derivan de éstos.

miércoles, julio 30, 2014 categorizado bajo lecturas de verano

lecturas para el verano

Las vacaciones de verano ya empezaron para muchos mientras que para otros lo harán durante el mes de agosto, que está a punto de comenzar. Para mí las vacaciones siempre son un buen momento para ponerme al día en lecturas. Seguramente muchos de ustedes tienen un listado de lecturas pendientes que ha ido creciendo a lo largo del año. Mi listado personal de lecturas pendientes crece a pasos acelerados y no creo que vaya a dejar de hacerlo.

 

Hoy quiero dejarles algunas recomendaciones a quienes no sepan qué leer durante sus vacaciones de verano y les gusten las obras que hablan sobre los libros, la edición, la lectura y sus alrededores. Si aún no han leído los siguientes libros, tómense el mes de agosto para leerlos y evitar que entren a formar parte de su listado personal de lecturas pendientes:

 

– No leer, de Alejandro Zambra

Ediciones UDP

Santiago de Chile, 2010

 

– Llamémosla Random House, de Bennett Cerf

Trama editorial

Madrid, 2013

 

– Plano americano, de Leila Guerriero

Ediciones UDP

Santiago de Chile, 2013

 

– Jaime Salinas. El oficio de editor. Una conversación con Juan Cruz

Alfaguara

Madrid, 2013

 

– Librerías, de Jorge Carrión

Anagrama

Barcelona, 2013

 

– A dos tintas, de Josep Mengual Català

Debate

Barcelona, 2013

 

– Aquellos años del boom, de Xavi Ayén

RBA

Barcelona, 2014

 

 

 

LECTURAS_VERANO_2014

 

 

 

Y a manera de bono regalo, les recomiendo un libro cuya lectura me parece imprescindible en estos tiempos de crisis:

 

– La utilidad de lo inútil, de Nuccio Ordine

Acantilado

Barcelona, 2013

 

 

 

LA_UTILIDAD_DE_LO_INÚTIL

 

 

¡Qué tengan todos unas felices lecturas de verano!

 

[ el ojo fisgón ] estará de regreso en septiembre, de manera que nos vemos pronto.

miércoles, marzo 19, 2014 categorizado bajo editores colombianos, libros, promoción, publicidad

libros y cerveza

‘“—No dejes que nadie, nunca, te haga avergonzarte de tus intereses”.

Traté de recordar ese consejo cada vez que mis compañeros de clase

se reían de mí porque antes de que la tecnología adquiriera popularidad

ya me gustaban los ordenadores’.

Kapitoil, de Teddy Wayne.

 

 

Hace unos días la marca colombiana de cerveza Poker puso a circular una serie de anuncios que formaban parte de su campaña para el día de los amigos, que según me enteré la semana pasada se celebraba en Colombia el sábado 15 de marzo. De repente en Twitter y en Facebook empezaron a aparecer montones de expresiones de molestia e indignación de algunas figuras del mundo del libro y de la cultura, a quienes al parecer no les gustó nada el mensaje transmitido por el siguiente anuncio de la campaña en cuestión de cerveza Poker:

 

 

 

 

 

 

Quienes expresaron su molestia eran escritores, editores, libreros, periodistas, comentaristas de actualidad, etc. —en fin, gente letrada que pertenece a la intelligentsia colombiana—. Se ve que para estas personas los libros tienen un valor y una importancia altísimos. Y se ve también que estas personas se toman muy en serio su relación con los libros y su idea con respecto al lugar que éstos deben ocupar tanto en la vida de las personas como en su entorno social. Quizás muchas de estas personas consideren que los libros son algo casi sagrado y que la lectura es una práctica que enaltece el espíritu, lo cual podría explicar al menos en parte su molestia y su enojo.

 

A mí el mensaje transmitido por el anuncio de Poker no me ofende ni me molesta. Y tampoco lo encuentro reprochable. Entiendo perfectamente que así como a mí me gustan los libros, a otras personas puedan parecerle aburridos. Así como a mí no me gusta ver la Fórmula 1, ni ir a cine ni jugar Candy Crush y eso no me genera ningún conflicto con nadie, no tengo ninguna razón para ver con malos ojos el hecho de que a otras personas no les gusten los libros. Por otro lado, creo que poner los libros a reñir con la cerveza no tiene ningún sentido. Es ridículo siquiera insinuar que a una persona no pueden gustarle los libros y la cerveza a la vez. De hecho, el maridaje entre los libros y la cerveza me parece maravilloso —y supongo que en esto más de uno de ustedes coincide conmigo—.

 

 

 

 

 

 

El meollo de la polémica en torno al anuncio que la marca terminó retirando es el pretendido giro humorístico que sugiere que un libro es todo lo contrario a una cerveza Poker: es decir, una cerveza Poker es el regalo ideal mientras que un libro es un regalo aburrido. Recibir un libro de regalo es una experiencia que resulta frustrante y decepcionante. En cambio que a uno le regalen una cerveza Poker equivale casi a tocar el cielo con las manos.

 

Pero ojo, no olvidemos que estamos frente un anuncio que forma parte de una campaña publicitaria y que la función de la publicidad no es educar. A través de la publicidad se promocionan productos y servicios para construir marca, generar notoriedad y vender. Como consumidores y ciudadanos no podemos exigirle a la publicidad que nos dé aquello que ni su razón de ser ni su función dicen que está obligada a ofrecernos —de hecho, quizás ni siquiera esté en capacidad de hacerlo—. La función de la publicidad no consiste en transmitir mensajes ejemplarizantes. No obstante, es verdad que con frecuencia las campañas publicitarias apelan a este tipo de mensajes para generar empatía.

 

En la medida en que la publicidad promueve, refuerza, perpetúa, sanciona, reprueba y/o condena valores, prácticas y estereotipos existentes podríamos decir que en cierta medida es un reflejo y a la vez una proyección de la sociedad o de ciertos segmentos de ésta: gente que pertenece a una misma clase social, iglesia o tribu urbana, personas de la misma región o ciudad, hinchas de un equipo deportivo, simpatizantes de un partido político, quienes trabajan en un mismo sector o se dedican a una misma actividad, etc.

 

Debido a lo anterior lo que me parece más llamativo del anuncio de Poker es la imagen tanto de individuo como de sociedad que propone y proyecta. El anuncio echa mano de unos estereotipos muy arraigados y al parecer pretende promocionar una serie de valores y prácticas en detrimento de otros. Una cosa es ridiculizar o banalizar algún tema socialmente sensible que todos o la mayoría podríamos condenar abiertamente —la violencia intrafamiliar, el desvío de fondos públicos para favorecer intereses individuales, la pedofilia, el totalitarismo, la conducción bajo los efectos del alcohol o el racismo, por ejemplo— y algo muy diferente es hacer una broma chabacana con respecto a un elemento cualquiera de la vida social.

 

No estoy de acuerdo con otorgarle al libro un status de símbolo intocable ni con sacralizarlo. Por otro lado, el libro es un objeto genérico y está claro que desde el punto de vista del contenido existen diferencias sustanciales entre las tragedias de Sófocles, un romancero, un tratado de medicina, una novela policíaca, un manual de cálculo integral o de autoayuda, una guía de turismo rural y una recopilación de ensayos sobre el estado de la economía mundial.

 

 

 

 

 

 

En Colombia desde hace años algunas de la marcas de cerveza más populares se promocionan mediante reclamos que apelan a esa idea de lo masculino o de lo varonil que se asocia a la fuerza, a la rudeza y a la imagen del macho. En el lenguaje publicitario de las marcas colombianas de cerveza hay otros elementos particulares como las chicas Águila que a mí me parecen mucho más nefastos que la insinuación hecha en el anuncio de Poker de que los libros son aburridos.

 

Recomiendo la lectura de “Regalar libros”, la columna de Jorge Orlando Melo sobre la polémica generada por el anuncio de Poker. Estoy completamente de acuerdo con los planteamientos, el análisis y las reflexiones que Melo hace en su columna —lo cual no es difícil porque sus argumentos son muy sensatos y están expuestos de una manera clara y sencilla—.

 

Un directivo de Bavaria —la cervecera perteneciente a SABMiller que produce Poker— pidió disculpas por el anuncio y afirmó que la compañía viene ‘apoyando la cultura, el deporte y el arte de este país por muchos años’. El directivo dijo incluso que Bavaria apoya la lectura y añadió lo siguiente: ‘creemos que en Colombia no se lee lo suficiente. Y creemos que en todo este proceso que está viviendo el país el libro y la lectura cumplen un papel predominante en la cultura colombiana. Y la queremos apoyar. Y es por eso que también habíamos hablado con Alejandro Escobar, que es el director y productor de la Feria del Libro, para ver cómo apoyamos esta feria y para ver cómo estimulamos la lectura en Colombia’. Habrá que leer el informe anual de responsabilidad social corporativa tanto de SABMiller como de Bavaria para ver en qué consiste el compromiso del grupo y de su filial colombiana con la cultura.

 

Como ya he dicho en ocasiones anteriores, a menudo los libros me han ayudado a entablar nuevos vínculos con muchas personas y a fortalecer los que ya tengo con mis familiares, amigos y conocidos. Comprar, leer, comentar, recomendar, prestar y regalar libros son actividades fundamentales para mí.

 

A mí el mejor regalo que pueden hacerme es un libro, así que si alguien quiere regalarme algo le doy un consejo: regáleme un libro, que me hará muy feliz.