entradas etiquetadas con “lectura”

Jueves, febrero 14, 2013 categorizado bajo donde pongo el ojo, mis libros favoritos, mis recomendados, series

donde pongo el ojo… [ 142 ]

 

 

Lecturas en curso

 

Revista Texturas, número 19 (de varios autores)

Trama editorial

Madrid, 2012


Mi recomendado de la semana

 

Tentativa de agotamiento de un lugar parisino, de Georges Perec

Editorial Gustavo Gili

Barcelona, 2013

 

Mis libros favoritos

 

Cuentos pintados, de Rafael Pombo (con ilustraciones de Ivar Da Coll)

Babel libros

Bogotá, 2008


Me llama la atención

 

Donde mueren los payasos, de Luis Noriega

Blackie Books

Barcelona, 2013

Jueves, febrero 7, 2013 categorizado bajo donde pongo el ojo, mis libros favoritos, mis recomendados

donde pongo el ojo… [ 141 ]

 

 

Lecturas en curso

 

Barcelona pam a pam, de Alexandre Cirici i Pellicer

Comanegra

Barcelona, 2012


Mi recomendado de la semana

 

The Year of Magical Thinking, de Joan Didion

Vintage

Nueva York, 2007

 

Mis libros favoritos

 

Le Spleen de Paris, de Charles Baudelaire

Folio

París, 2006

 

Me llama la atención

 

Editorial eCícero

Madrid

Martes, enero 15, 2013 categorizado bajo donde pongo el ojo, mis libros favoritos, mis recomendados, series

donde pongo el ojo… [ 140 ]

 

 

Lecturas en curso

 

The Year of Magical Thinking, de Joan Didion

Vintage

Nueva York, 2007


Mi recomendado de la semana

 

Los ejércitos, de Evelio Rosero

Tusquets

Barcelona, 2007

 

Mis libros favoritos

 

El reino de este mundo, de Alejo Carpentier

Alianza

Madrid, 2012

 

Me llama la atención

 

Punto y aparte, de Italo Calvino

Siruela

Madrid, 2012

Miércoles, diciembre 19, 2012 categorizado bajo contenidos digitales, e-book, entorno digital, literatura latinoamericana, plataformas digitales

la relación con la biblioteca personal (en papel y en digital)

El fin de semana pasado mientras leía La tentación del fracaso me encontré en el “Tercer diario parisino (1956 – 1957)” una serie de anotaciones de Julio Ramón Ribeyro con respecto a la venta de los libros de su biblioteca personal como eventual solución a sus problemas económicos. Al respecto dice Ribeyro:

 

’11 de noviembre (9 de la noche)

 

Si mañana no ocurre algún milagro, me veré obligado a vender libros, es decir, el centenar de volúmenes que desde hace unos años me acompañan, a través de mil peripecias, por los que siento un amor que no me atrevo siquiera a describir.

 

(12 de la noche)

 

Despierto insomne luego de tres horas de sueño turbulento. Sigo pensando en la manera de evitar la venta de mis libros. Ahora veo que aquello sería un crimen imperdonable, una forma de suicidio espiritual. Voy a malbaratar años de lecturas, de reflexiones, de hallazgos, de notas marginales que sólo para mí tienen sentido. Mis libros son mi pan, mi sombra, mi memoria, todo esto y más aún… ¿Dónde me voy a buscar y reconocer? Siento un dolor desgarrador y estoy a punto de echarme a llorar. ¡Cuántas veces me he privado de una comida por comprar un libro! Si ahora vendo mis libros no es para comer sino para pagar a los malditos, a los inhumanos hoteleros de París, porque sino les pago serían capaces de hacerme un daño horrible, de matarme tal vez; en una palabra, de impedirme que alguna vez vuelva a comprar libros.

 

12 de noviembre

 

¡Se salvaron mis libros! ¿Hasta cuándo?’

 

Y luego a las 11 de la noche del 14 de diciembre anota Ribeyro:

 

Le Grand Meaulnes de Alain Fournier, Dominique de Fromentin y el Benjamin Constant de Du Bos, se convirtieron en un vaso de leche y en un paquete de cigarrillos Gauloises’.

 

 

 

¿Alguna vez han estado en esta situación que describe Ribeyro o sentido la angustia que sus palabras transmiten?

 

Estas palabras de Ribeyro ponen en evidencia el valor simbólico y sentimental que tienen los libros para ciertas personas así como la racionalidad y las pasiones en las que se fundamenta ese ambicioso proyecto que es la construcción de una biblioteca personal.

 

Antes mi apego a mi biblioteca era tal, que cuando estaba planeando irme de Bogotá me daba pavor pensar que me separaría de ella y que sólo podría llevarme conmigo unos pocos libros. Mi biblioteca personal fue un proyecto en el que durante cerca de ocho años me gasté la mayor parte del dinero que caía en mis manos. En esa época a menudo fui un comprador de libros compulsivo, caprichoso, irresponsable e incapaz de planificar sus gastos sensatamente. Durante mucho tiempo mis libros fueron mi única posesión valiosa en términos afectivos y económicos.

 

Luego durante mis primeros tres años en Barcelona sólo compré unos pocos libros porque vivía en habitaciones o pisos pequeños, me mudaba a menudo y no sabía cuánto tiempo más viviría en la ciudad. Cuando tuve la certeza de que me quedaría en Barcelona de manera indefinida al menos que algún motivo de fuerza mayor me llevara a irme de la ciudad —es decir, cuando dejé de sentir que ésta era un lugar de paso para mí— empecé a comprar libros de nuevo. Sin embargo, me convertí en una de esas personas que sólo compran lo que saben que leerán en un futuro más o menos inmediato —un principio que por razones prácticas sólo quebranto excepcionalmente—.

 

Creo que mi relación con mi biblioteca personal cambió a partir de ese momento porque me di cuenta de que ya no sentía un apego irracional hacia la mayoría de mis libros y que podía vivir con sólo unos pocos de ellos. Mientras que ahora puedo decir que no tendría mayor dificultad para deshacerme de muchos de mis libros, hay una sensación de seguridad y tranquilidad que me produce el hecho de saber que unos cuantos están ahí —siempre tengo presente de manera particular La vida de mi padre. Cinco ensayos y una meditación, de Raymond Carver—.

 

¿Algún día será posible verse en la situación que describe Ribeyro o sentir su angustia en el mundo digital?

 

Lo digital trasforma radicalmente la relación que tenemos con nuestra biblioteca en los planos tanto simbólico y emocional como jurídico. Con la irrupción de lo digital el cambio del soporte en el que existen las obras que forman parte de nuestra biblioteca y del tipo de intermediario al que se las compramos supone un cambio sustancial que va más allá de no poder tocar los libros ni sentir el olor del papel o su peso. Para entender las implicaciones que supone la compra y venta de e-books recomiendo leer el artículo “The right to resell: a ticking time bomb over digital goods”, publicado recientemente en paidContent.

 

 

 

 

En la medida en que la mayor parte de las veces realmente están pagando por una licencia de acceso al contenido en formato digital, los usuarios no pueden prestar, revender o heredar sus e-books porque las políticas de las plataformas de comercialización no se lo permiten. De hecho, en algunas plataformas de venta ni siquiera es posible comprar e-books para regalárselos a otra persona. El artículo señala que la venta de libros, revistas, discos o películas de segunda en soporte físico se apoya en la doctrina First Sale que no es aplicable a los contenidos digitales, por lo cual no contempla la reventa de éstos.

 

Es legítimo que las implicaciones del concepto de propiedad cambien con lo digital —sobre todo si los contenidos digitales se conciben como un servicio y no como un producto— pero considero que hay que revisar la posición desventajosa en la que quedan los consumidores frente a los editores y a las plataformas de comercialización en este nuevo entorno cuya configuración es un proceso que sigue estando en marcha y en el que las reglas de juego todavía están definiéndose —justo debido a lo anterior vale la pena dar la batalla y aún hay mucho por hacer—. A propósito de este tema recomiendo volver sobre los planteamientos hechos por Javier Celaya y José Antonio Vázquez en los “Derechos de los lectores de libros digitales”.

 

Espero que más temprano que tarde llegue el momento en el que las reglas del mercado hagan posible que cualquier usuario pueda transferirle parcial o totalmente su biblioteca a otro porque aquí estamos hablando de un capital simbólico en el que la inversión hecha va más allá del dinero que se gasta debido a la formación de un criterio y al esfuerzo que supone la construcción de ese proyecto personal al que muchos lectores consagran una parte importante de sus vidas. Estoy seguro de que si las reglas de juego del mercado siguen estableciéndose en detrimento de sus intereses los consumidores encontrarán la manera de subvertirlas —ver estos dos ejemplos que en su momento dieron mucho de qué hablar: Calibre plugins: the simplest option for removing most ebook DRM y DRM Removal Tools for eBooks—.

Miércoles, diciembre 5, 2012 categorizado bajo destacados, mis libros favoritos

mis libros favoritos de 2012

Aunque desafortunadamente en 2012 dispuse de poco tiempo para dedicarme a mis lecturas de ocio y esparcimiento, reconozco que en términos generales tuve bastante suerte con mis elecciones —supongo que en parte porque algunas circunstancias han venido convirtiéndome en un lector conservador que salvo en contadas excepciones tiende a apostar por valores seguros y a asumir pocos riesgos—.

 

Mis libros favoritos de 2012 son los siguientes:

 

 

 

 

A Room of One’s Own, de Virginia Woolf

Penguin

Londres, 2012

 

La herencia colonial y otras maldiciones, de Jon Lee Anderson

Sexto Piso

Barcelona, 2012

 

Footnotes in Gaza, de Joe Sacco

Henry Holt and Company

Nueva York, 2009

 

 

 

 

Noche de los enamorados, de Félix Romeo

Mondadori

Barcelona, 2012

 

Si viviéramos en un lugar normal, de Juan Pablo Villalobos

Anagrama

Barcelona, 2012

 

C. M. no récord, de Juan Álvarez

Alfaguara

Bogotá, 2011

 

 

 

 

Cómo atrapar una estrella, Perdido y encontrado y De vuelta a casa, de Oliver Jeffers

Fondo de Cultura Económica

México D.F., 2006 y 2009

 

 

 

 

Correspondencia, de Thomas Bernhard y Siegfried Unseld

Cómplices editorial

Barcelona, 2012

 

2666, de Roberto Bolaño

Anagrama

Barcelona, 2004

 

La cara oculta de la edición, de Martine Prosper

Trama editorial

Madrid, 2012

 

***

 

Espero que hayan tenido unas buenas lecturas en 2012 y que 2013 sea rico y provechoso.

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