Desde hace varias semanas el equipo del departamento de libros de The New Yorker viene publicando en su blog The Book Bench una curiosa serie de entradas titulada The Subconscious Shelf, en la que sus miembros comentan las fotos que envían sus lectores de sus bibliotecas personales. La idea parte de la siguiente premia:
‘Usted nos envía una fotografía de su biblioteca y nosotros le decimos lo que ésta dice acerca de usted’.

Y luego cada entrada viene acompañada por un slogan que busca a incitar a los lectores a participar:
‘Recuéstese, relájese, deje que los buenos médicos de The Book Bench analicen el contenido de su biblioteca’.
‘Usted y su biblioteca, analizados a través del éter por los poco profesionales de The Book Bench‘.
‘Usted tiene libros. Nosotros tenemos el deseo de juzgarlo a partir de ellos’.
‘Su biblioteca habla a través de sus libros… Nosotros somos todo oídos’.
‘Su biblioteca y usted, uno y el mismo’.
La idea de ‘su biblioteca y usted, uno y el mismo’ me ha hecho pensar una vez más en la biblioteca personal como un proyecto de vida y en sus estanterías como un relato de pequeños fragmentos de esa vida.
¿Qué nos dicen acerca de las personas los libros que hay en su biblioteca, el estado en el que éstos se encuentran, la manera como están organizados o los objetos que los rodean? ¿Qué podemos decir de alguien a partir de la relación que tiene con su biblioteca, del tamaño de ésta o del lugar que ocupa ella en su casa? ¿Hasta dónde una biblioteca en su conjunto es un retrato más o menos fiel de su propietario?